Inusitado viaje que acabó en sexo
La noche anterior quedó inconclusa, pero la tensión no ha hecho más que crecer. Cuando ella decide volver, él ya no espera; la recibe sin barreras y la tensión se convierte en fuego. Esta vez, no habrá vuelta atrás.
Tras la fallida felación de la joven, transcurrió más de una hora, constatando ambos que ninguno de los dos podía conciliar el sueño. No obstante, poco a poco, éste les venció, y pudieron pasar la noche. A la mañana siguiente, el hombre se levantó, con cierto enfado, se ducho, colocó la ropa, y al ver que la joven seguía dormida, le dejó una nota. Brevemente, le dejó escrito que marchaba a la Feria, pero que esta vez regresaría algo tarde, casi en la noche. Que la llamaría cuando estuviera llegando. Le dejó algo de dinero para que desayunara en un restaurante.
Ese día Casimiro se notó alterado, y que le costaba concentrarse en el trabajo. No sabía que le pasaba, ya que no dejaba de recordar lo ocurrido la noche anterior con la joven. Pese a su enfado hacia aquella, al no poder terminar la felación, la justificó, pensando que quizás la joven tenía razón, y que se había sobrepasado. Pero, cada vez que recordaba a la joven, notaba como se endurecía su pene. Aquella situación le estaba sobrepasando. Apuró las reuniones para poder llegar más temprano al hotel. No sabía si la joven volvería a venir esa noche, ante lo ocurrido. Temía que lo sucedido, hubiera hecho desistir a la joven, y decidiera regresar a dormir al albergue. Había descendido la ola de calor, pero aún este era bastante notable.
Le remitió un wasap cuando estaba llegando al hotel, pero no recibió respuesta. Entró en la habitación, y decidió darse una ducha, y descansar un momento.
Erica, al ver la nota en la mañana, se quedó igualmente pensando en lo ocurrido. Se duchó, desayunó y tras dejar las cosas en el albergue, marchó a las Jornadas. Tampoco se llegó a concentrar. Se notaba alterada, hasta el punto de que algunos alumnos de la Jornada se molestaron por su comportamiento. Tanto, que le llevó ausentar de la última de las charlas. Se notaba estresada, alterada y sin ganas. Una vez en la calle, comprobó que el tiempo parecía haber mejorado. Pensó en no regresar más a la habitación del hotel, y quedarse en el albergue. Se echó sobre la cama del albergue, y pronto el calor que aún se concentraba en el interior de las habitaciones, la comenzó a sofocar. Volvió alterarse. En ese momento, observó que ya empezaba anochecer, y pensó en lo agradable que se estaba en el hotel, y, hasta echó de menos la compañía de Casimiro.
Tras más de media hora sin saber que hacer, pensó en regresar al hotel. No sabía si el hombre se había marchado a cenar al ver que no regresaba. Había visto el mensaje de wasap, pero ella no le había contestado. Era consciente de que, si volvía, esa noche no iban solo a dormir. Había comprobado que el hombre estaba molesto por no haber acabado la felación, y sabía que era ella quien lo había incitado.
Espero un poco más. Aquella tétrica habitación, iluminaba con una tenue luz, las paredes que parecían llevar tiempo sin haber sido enjalbegadas, la ponían enferma. El calor, pese a que había amainado en la calle, dentro de la habitación continuaba siendo infernal. No pudo más. Eso la llevó a decidirse. Se incorporó de la cama, tomó una vestimenta para poder ponerse al día siguiente, y marchó en dirección al hotel. No le contestó al wasap, sino que accedió al interior del hotel como en otras ocasiones, y pronto alcanzó la habitación. No sabía si el hombre iba a estar dentro, pero, nada perdía por intentarlo. Toco a la puerta, y esperó.
Casimiro se había quedado casi dormido sobre la cama, únicamente con un slip. Había descartada que la joven volviera. No obstante, había comprado algunas cosas cuando marcho a cenar que dejó en la pequeña nevera de la habitación. Al escuchar el toc toc de la puerta, preguntó ¿quién era? Al comprobar que era la joven, se agitó. No esperaba que volviera. Se hallaba únicamente con el slip puesto. Pese a todo, no se lo pensó dos veces y salió a recibirla portando únicamente dicha prenda. La joven se ruborizó al ver que la recibía de aquella manera. Mientras miraba de reojo el slip, escuchó al hombre decirle: me quedé dormido sobre la cama. ¡Anda no te quedes en la puerta, pasa!
Le joven entró, y dejó la bolsa, girándose para hablar con el hombre. Casimiro se había sentado en la cama. Erica lo observó. No sabía cómo empezar ni como disculparse. Se fue acercando, con cautela, indecisa, sin saber por donde empezar. Mientras se acercaba, percibí su alteración. Observar aquel hombre, corpulento, con todo su torso desnudo, la estremeció. En el fondo, ansiaba sentir las caricias de aquel hombre, que apenas había conocido, pero que tanto le atraía. Al llegar junto al mismo, aceptó la proposición del hombre quien la tomó de la mano para que se sentara sobre uno de sus muslos desnudos.
Erica se agitó ante aquella pretensión. No obstante, terminó aceptando, sentándose sobre uno de los muslos desnudos del varón. Casimiro la abrazó. Al tener aquella jovencita, que parecía una muñeca sentada sobre su muslo, no pudo evitar atraerla hacia él. La tomó por la barbilla, la miró fijamente, y sin más acercó sus labios a los de la joven. Era la primera vez que la besaba. Observando que Erica aceptó sus labios, por lo que no dudo en besarla ardientemente, logrando que aquella abriera su boquita, y sus lenguas se entremezclaran.
Esos besos enloquecieron a la joven, que además venía necesitada de cariño. Sintió como el hombre la abrazaba entre sus poderos brazos, mientras besaba todo el contorno de su cuello, sus orejas, haciéndola estremecer. Su cuerpo se puso de piel de gallina cuando sintió las grandes manos de Casimiro acariciar sus senos por encima de la camiseta que llevaba. No se opuso, lo dejó hacer, comprobando como el hombre atrapó entre sus manos los senos, aún sobre la tela, sintiendo verdaderos calambrazos. Era una de las partes mas sensibles de su cuerpo.
Oh…Casimiro….. se limitó a exclamar, viendo como casi sin darse cuenta, el hombre le había subido la camiseta y alcanzado sus pechos. No acostumbra a colocarse sostén, por lo que el hombre pudo contemplar por ver primera su torso desnudo, sus senos de buen volumen, contemplando que los pezones, algo negruzcos, se habían empitonado con las caricias.
Casimiro se recreó mirando aquellos pechos: uhm Erica que preciosidad.
¿Le gustan?, le preguntó la joven agitada al instante.
Que si me gustan. Uhm son perfectos. Nenita eres todo un bombón. Y mirando su entrepierna, le dijo: ¿has visto como me la has puesto?
La joven se ruborizó al percibir como comenzó a crecer el bulto del slip del hombre. Instintivamente, su manita izquierda, se depositó sobre el slip, ansiosa por palpar de nuevo el abultamiento. Oh nenita. sí acaríciala con tu mano…exclamó el hombre ante la acción de la joven.
Pero no se detuvo. La siguió besando, hasta acercar su boca y besar por primera vez los desnudos senos de la jovencita. No solo los beso, sino que lamio, estrujé entre sus labios los pezones, para luego llegar a meterse una buena parte de uno de los senos en su boca, realizando movimientos de succión, que hicieron retorcerse a la joven sobre su muslo.
Eso terminó de decidir a Erica, quien osadamente introdujo la mano por encima del slip, bajando hacia abajo hasta alcanzar el pene, que ya emergía con una erección notable. Mientras correspondía a los besos y caricias del hombre, Erica, en ningún momento soltó el falo, que pronto comenzó a masajear entro del propio slip, acariciándolo desde arriba hasta la misma base, desplazando su manita desde arriba hasta abajo.
-Oh preciosa. ¡me las estas poniendo otra vez a punto! - Le comentó Casimiro a la joven, mientras besaba de nuevo el lóbulo de la oreja, pasando su mano por la nuca, atrayéndola hacia él para volver a besarla intensamente. Viendo que la joven, no cesaba de acariciar de arriba abajo su falo, añadió: Nenita ¿te gusta acariciar mi pene? ¿Sientes, lo grande que me la estas poniendo? ¡Me la estas poniendo bastante dura!
La joven respondió de forma agitada: Si..…., ¡se le ha puesto bien grande! Y mirando a la cara al hombre añadió: ¿Le gusta que se la toque?.
-Oh si Erica. Tus caricias me la están poniendo cada vez más grande.
Casimiro se percató de que la joven, podía estar pensando en lo que ocurriría su decidiera penetrarla. Era poco probable que la joven aceptara, pero ansiaba poder hacerlo, o al menos, intentarlo. Viendo que la joven parecía entregada, se atrevió a subir la faldita que llevaba la joven, alcanzando por primera vez la braguita, que acarició con sus dedos por encima de la suave tela, diciéndole: oh nenita…¡Te noto muy mojadita!. Tienes toda la braguita empapada. ¿Me dejas ver tu coñito?
-Oh. Casimiro. No se…je je. ¿Para qué quiere verme la vagina? - le contesto agitada la joven, excitada ante la intención del hombre.
-Bueno, tú has visto mi pene. ¿Qué hay de malo que pueda ver tu coñito? ¿Seguro que debe ser una preciosidad? Le contestó el hombre, quien, sin esperar respuesta, bajó su mano y comenzó a toquetear por vez primera los pechos de la joven sobre la blusa que portaba. Al ver que la joven no se decidía, le volvió a preguntar: ¿seguro que no te lo depilas? ¿Lo tienes peludito?, ¿verdad?
La palabrería del hombre mantuvo a la joven encelada. Tenía recelos de mostrarle su vagina aquel hombre mayor. Su recelo fue doble, al darse cuenta que era cierto que apenas se depilaba. Era consciente, de que lo había hecho en algunas ocasiones, pero llevaba tiempo sin hacerlo. Sabía que los vellos habían crecido desde la última vez, y éstos rodeaban toda su vagina, formando una verdadera maraña de vellos. Por ello, tenía reparos de mostrarle su vagina de esa forma, con tanto vello. De ahí que su reticencia fuera mayor.
Casimiro estaba lanzado. Se había olvidado de sus prejuicios, y quiso disfrutar del momento y de la ocasión que se le brindaba. Su mano logró apartar un poco la braguita, para comenzar a manosear los labios de la concha de la joven. Un estremecimiento lo invadió al comprobar la abundancia de vello que sus manos detectaron, llevándole a exclamar: Oh nenita…que coñito más suave tienes. Anda dime, lo tienes bien peludito, ¿verdad?
Erica sumamente agitada por las preguntas capciosas del hombre le contestó: es que llevó tiempo sin depilarme. De verdad. ¡No me gusta que lo vea así!
-Relájate. Seguro que será una verdadera delicia. Mi mujer se lo depila completamente, pero a mí me gusta más, al natural. Anda preciosa, déjame vértelo.
Erica, pese a su indecisión, se notaba sumamente excitada. Pese a todo, deseaba complacer al hombre. Ello la llevó a retirar la manita del slip del hombre, e incorporándose, se puso de pie, y metiendo sus manitas por debajo de la falda, alcanzó los laterales de su braguita, retirándola por sus piernas. Acto seguido, se levantó un poco la falda, mostrándole al hombre poco a poco su entrepierna. Casimiro quedó impresionado ante la mata de vellos que mostraba la entrepierna de la joven, que permitía distinguir fugazmente los labios vaginales. No pudo retenerse más, y alargando la mano, pasos sus dedos por la ranura de joven, de arriba abajo, comprobando el alto grado de excitación de la joven, que se puso de manifiesto en la abundante lubricación que aparentaba. ¡que coñito más delicioso! Uhm lo tiene bien mojadito.
Erica a esas alturas estaba super cachonda. Sentir los gruesos dedos del hombre frotando sus labios vaginales y adentrarse en el interior de su vagina, era más de lo que podía soportar. Se acercó al hombre que se mantenía sentado, y lo volvió a besar ardientemente. Oh Casimiro ¿qué me está haciendo? ohhh….
El hombre en lugar de responderle, la tomó y la recostó sobre la cama, boca arriba. Con extrema delicadeza le fue abriendo las piernas, para poder contemplar por primera vez el rosado coñito de Erica. Se recreo visionando despacio la ranura, abriendo los labios vaginales suavemente para verificar el interior. Se percató de que la joven no era virgen, pero una cosa era evidente: “le parecía estrechísimo”. Con la yema de sus dedos óscultó y abrió el huequito. Mas dudas le entraron. El coñito de la joven parecía tan estrecho que era manifiesto que no podía entrar su pene en él. No obstante, constató el clítoris, que como un botón sobresaliente se mostraba. Miró la carita de la joven, que le observaba ansiosa, como esperando a ver su próxima reacción.
Casimiro supo al instante lo que debía hacer. Su experiencia, le indujo a lamer suavemente las ingles de la joven, entre la amalgama de vellos, para irse acercando hasta lamer suavemente los abultados labios vaginales. Viendo la agitación que produjo a la joven, barrió toda la ranura de arriba abajo con su lengua, haciéndola gemir: Oh sii.. ¡Cómame, lámeme no me hagas sufrir más.. ooooo!... ¡Ahhh, qué rico!... gritaba mientras percibía la lengua del varón, que exploraba, lamía y chupaba toda la extensión de su raja. Tras varios minutos moviendo su lengua de arriba abajo, llegando hasta el ano de la joven, haciéndola suspirar, constató como la jovencita, tomó su cabeza hundiéndola y apretándola contra su vagina. Se percató que a la joven le llegaba el primer orgasmo de la noche, entre sacudidas violentas.
Casimiro escuchó el gritó de forma alocada de la joven, quien se revolvió en la cama, batiendo sus caderas, en un intento de disfrutar cuando podía de la comida de coño que le estaba prodigando.
La joven intentó separarse, casi de forma violenta, presa de auténtica locura, ante el placer que le producía la lengua del varón. El orgasmo se dilató algún tiempo más, llenando con sus jugos el rostro y boca de Casimiro. Al finalizar, observó la cara del hombre entre sus piernas, le sonrió morbosamente, diciéndole: oh..¡..me he corrido a gusto….llevaba tiempo sin hacerlo…!
Ante la sorpresa de Casimiro, la joven procedió a incorporarse, e instó al mismo a recostase sobre la cama. Lo miró, con erizante morbosidad, y echándose sobre éste comenzó acariciar el amplio torso del varón, manoseando sus grandes pectorales, jugando con sus vellos, besando sus tetillas, para ir bajando, hasta alcanzar el ombligo. Tras uno momentos lamiendo el obligo, continuó descendiendo, hasta alcanzar al slip que casi había vuelto aprisionar el pene. Al comprobar el tremendo abultamiento, de un tirón dejó la verga al descubierto. Se alteró al ver como emergió como un auténtico misil, parada, medio descapullada, con las venas requintadas por la acumulación de sangre. Erica sintió un estremecimiento ante la contemplación de semejante falo. ¡Oh que grande…!…jo..¡la tiene enorme…!. Exclamó mientras su manita volvía apoderarse de pene, manoseándolo y recorriendo el mismo de arriba abajo.
Esa excitación y alteración, devino en auténtica locura, cuando observó los testículos del hombre. Hasta la fecha, solo había tenido ocasión de tocar y ver el falo, pero nunca los testículos. Al retirar totalmente la prenda, había dejado a la vista todo el apartado masculino. Si el pene le parecía grande, los testículos le parecieron desorbitados. Se mostraban sumamente proporcionados, grandes, del tamaño de dos pelotas de golf. No pudo resistirse a palpar y tomar los mismos en su manita, comprobando que debían tener una buena carga. Esa apreciación excitó aún más a la joven. Casimiro no solo parecía disponer de un pene de buenas proporciones, sino que disponía de unos testículos igual de grandes, y que tenían toda la pinta de llevar una buena carga seminal.
Con tremenda agitación, casi descontrolada, Erica comenzó a sobar la glándula genital masculina, al tiempo que miró a la cara del hombre, al escuchar como le preguntaba: ¿te gustan?
La joven se ruborizo, esperando un momento antes de contestarle -¡Son enormes!. ¡Nunca había visto unos huevos tan grandes! Le dijo sin dejar de palpar aquellos, tomándolos en su manita, repasando entusiasmada todos los pliegues de éstos, alternando con nuevos masajes al pene con descensos para continuar acariciando nuevamente los testículos. En un momento dado, Casimiro se sorprendió al escuchar como la joven le preguntó: ¿Cuánto hace que no se corre? ¡Parece tenerlos bien repletos!
El hombre la sonrió, contestándole: Es cierto nenita. Llevo sin correrme más de una semana. Ya sabes, tu presencia en la habitación,… ¡no me he atrevido a masturbarme…!
Erica no salía de su asombro, notándose claramente excitada. Su cabeza comenzó a barajar la situación. Sopesó la posibilidad de clavarse aquel pene, pero le pareció tan grande y su vagina tan estrecha, que eso la retenía. Esos pensamientos parecieron ser nuevamente escuchados por el hombre, quien le preguntó: ¡Tienes ganas de clavártela, pero dudas! Bueno… podríamos intentar disfrutar de otra forma: ¿qué te parece si se sientas sobre ella, y deslizas tu coñito por encima de mi pene como si estuviéramos follando, sin introducírtela?
La carita de la joven se iluminó al instante. Se percató que era una idea factible. Restregar su coñito por encima del vástago del hombre. Aquella era una idea que igualmente la excitaba. Necesitaba sentir el contacto y roce aquel sable sobre los labios de su coñito. No se lo pensó dos veces. Bajó hasta sentarse sobre los muslos del hombre, avanzando hasta llegar a la altura del pene, que continuaba emergiendo como un mástil, empinado hacia el cielo.
Alargó su manita, y recostó el pene sobre el vientre el hombre, colocándolo de forma horizontal. Aun así, le pareció un sable bien grandote. Se incorporó un poco, avanzando hasta dejarse caer sobre la verga que se mantenía horizontal, constatando como los labios de su coñito, abrazaron al instante el poderoso falo. El contacto de su vagina con el látigo del hombre, la agitó. La sensación no podía ser más placentera y morbosa.
-Anda ve moviéndote ahora, de atrás hacia delante. -le instó el hombre.
Erica acató las instrucciones del hombre, y comenzó a realizar movimientos de cintura, y con sus piernas, impulsando su cuerpo hacia delante y hacia detrás, desplazándose sobre los muslos de Casimiro. Esos movimientos conllevaron que sus labios vaginales abrazaban el pene del hombre mientras se desplazara hacia delante y hacia atrás, teniendo como eje siempre el pedazo de carne. El roce y frotamiento de la vagina, especialmente el contacto de sus abiertos labios vaginales, deslizandose sobre la verga del hombre, comenzaron a inducirle continuas y permanentes sensaciones eléctricas que recorrieron su pequeño cuerpo. El gozo que esos movimientos le otorgaban, la incitaron a continuar.
Casimiro por su parte no podía ocultar la emoción y sensación que le producía tener a la joven sobre sus muslos. Sentir los labios vaginales vírgenes de la joven, deslizarse directamente sobre verga, de adelanta hacia atrás, y al inverso, sobre la longitud de su pene, lo estaba excitando al máximo. Se atrevió a tomar a Erica por las caderas, en un intento de coadyuvar a que aquella pudiera realizar los movimientos de adelante y hacia tras, aumentando el placer y espoleando aún más el morbo en la joven.
-Oh que bueno Casimiro…. Oh si… me gusta…. Comenzó a exclamar la joven, presa de la esfervecenia, burbujeo y ardor que le producía el contacto y rozamiento de sus labios vaginales con el grueso pene del varón.
-¿sientes mi pene bajo tu conchita? ¿Sientes cómo se abren tus labios vaginales?
La joven afirmó con la cabeza de forma sonriente, moviéndose con más ánimo, deslizándose sobre aquella vara que la estaba excitando al máximo. Era una sensación única, excitante, morbosa, que le gustaba. Se dejó llevar, cerrando los ojos, mientras se recreaba en el momento, sin parar de realizar los movimientos de adelante hacia atrás, y de atrás hacia delante. Casi sin pensarlo, se vio realizando esos movimientos casi de una forma autómata, totalmente entregada. Constató agitada como sus jugos vaginales fluían, mojado y embadurnando claramente todo el enorme pene del hombre. La emanación de sus jugos era tan abundante que descendía por la tranca de Casimiro mojando sus grandes testículos.
Esos movimientos, culminaron cuando la joven sintió como le llegaba de nuevo el orgasmo. En ese momento, sus movimientos se intensificaron, gritando de júbilo y de apoteosis mientas alcanzaba el climax: oh siii…me vengo… oooo siiiii Sintió como llegaba al orgasmo, entre gestos de placer, y gritos que mostraban su satisfacción.
Casimiro estuvo a punto de venirse también. No obstante, se contuvo, y esperó paciente que la joven acabara alcanzando su orgasmo. Se percató de la carita de satisfacción de la joven, quien agachó su cuerpo, recostándose sobre su pecho, pasa besarlo en la boca de forma apasionada. La joven estaba entregada y hasta cierto punto agradecida. Tras los besos, permaneció durante unos momentos encima del hombre, aún sentada sobre el pene en horizontal del hombre, al tiempo que le dijo: ¿No pensé que se pudiera disfrutar de esta forma? Me he vuelto a correr bastante… Se hecho un poco más adelante, sentándose sobre la pelvis del hombre, y echando la mano hacia atrás, atrapó el duro pene de Casimiro, diciéndole con la sonrisa en sus labios: “tiene un buen pene”. ¡Si no fuera tan grande, me lo clavaria ahora mismo! ¿Veo que aún sigue en pie de guerra?
Casimiro sabía que era difícil penetrar el coñito de aquella joven, pero se encontraba tan excitado, que necesitaba al menos intentarlo. Por ello, le contestó: ¿Y, porque piensas que no va a entrarte? La vagina de la mujer está preparada para ello. Solo necesita que este bien lubricada, y mucho cariño, a fin de que no te duela mucho al principio. Pero, ¡sé que luego disfrutarás como nunca!
La joven le miró, mostrando su agitación ante aquellas palabras. ¿Aún sigue pensando en clavarme? ¡Sabe que me abriría mucho! Contesto Erica recostándose en la cama, boca arriba al lado del hombre. Se abrió de piernas, mientras tocó su coñito, diciéndole: Oh Casimiro…¡ha visto que lo tengo bastante estrecho!. Y vd tiene un pene bien grande.
-Lo se. “Pero en el fondo ansias sentirte clavada por un pene grande y duro como el mío”. Imagínate como te sentirás con el mismo dentro de tu coñito. Nunca va a poder disfrutar de nada semejante. Le contestó el hombre, quien intentó en todo momento, con sus palabras, convencer a la joven para que accediera a ser penetrada.
Erica, pese a no estar convencida, volvió a mirar el pene del hombre, tomándolo de nuevo en su manita. La sensación de sentir aquel pedazo de carne, grueso y duro, era algo que la tenía enloquecida. Jamás había visto una verga tan…gruesa…poderosa con las venas sobresalientes y con el portentoso glande. El deseo la invadió, comprobando como le mandaban mensajes del cerebro a su coñito, imaginándose penetrada por semejante vástago. Ello la hizo comenzar a lubricarse aún más. La gran cantidad de jugos lubricantes, le llevó a desear sentirla dentro.
Sin decirle nada, levanto una pierna sobre el abdomen del hombre, acomodándose, tomo el erecto miembro con su mano, dirigiendo la hinchada cabeza hacia su húmeda abertura. Le pareció enorme. Aun así, decidió restregar la gruesa punta del pene contra su mojada raja, dando lugar a que se mezclaran las viscosidades que segregaban sus sexos. Casi sin pensarlo, la cabeza del pene fue desplazando los empapados labios, invadiendo aquella mojada y cálida gruta. Quedó sorprendida al comprobar como el enorme glande, había entrado invadiendo su cueva. Eso la animó a continuar un poco más, sin sentir presión alguna por parte del hombre que la dejó hacer.
Descendió un poco, forzando, viendo como encajaba casi una tercera parte del pene. Pero la fricción con las paredes de su vagina, la hizo detenerse. Oh es demasiado. Me va abrir.
Casimiro no le contestó, sino que se limitó a mirarla. Su mirada fue como un reto para la joven. Erica veía como el poderoso sable se había introducido en ella, aunque solo una parte. Miró hacia el encuentro de ambos sexos, y aún le quedaba una buena parte, mucho más de la mitad. Resopló, tomó aire, intentando tranquilizarse. Ello le permitió que casi sin pensarlo, el falo penetrara otro poco más. Volvió a mirar y tenía casi la mitad del pene dentro de su coñito. Se notaba abierta, casi parecía no poder sacarse el falo, como si hubiera quedado estancado, encajado. Sin poder salir ni entrar.
Casimiro al ver la alteración de la joven, la tomó por sus nalguitas, y la sostuvo un poco, aliviando a la joven. Oh.. ¿no creo que entre más…?. Me está abriendo totalmente…
-relájate. Intenta realizar movimientos de subir y bajar. Eso te ayudara.
Erica apoyándose un poco en las manos del hombre, se impulsó hacia arriba, viendo cómo se desencajaba el falo, saliéndose de su coñito. Lo volvió a intentar, volviendo a clavárselo, bajando poco a poco. Realizó esta acción varias veces. Cada vez que bajaba sentía como tope las manos del hombre en su trasero. Eso la confió. Ello permitió que, casi sin quererlo, el pene fuera penetrando su coñito, más y más. La joven sentía como aquel templado pedazo de carne iba invadiendo su cuerpo, volvió a resoplar nuevamente… tomando aire. Sentía que aquella tranca la estaba abriendo más y más. Inclino su cuerpo tratando de ver como su vagina asimilaba el tremendo pene, comprobando que aún faltaba un tramo para introducírselo. Volvió a salirse una vez más, para volver a descender. En ese momento, Casimiro, tiró de las caderas de la joven hacia abajo. Erica, sintió como la tremenda barrena se terminó de incrustar totalmente, quedando su cuerpo sobre la pelvis del hombre. ¡La penetración había sido total!. Un alarido de dolor, y sorpresa salió de la garganta de la joven. Oggg noooo
Aquello había sido demasiado para la joven. Tras unos momentos, observó que la totalidad del miembro del hombre había desaparecido dentro de su cuerpo. La sensación de sentirse llena por semejante verga desencadenó una serie de sensaciones en sus entrañas, que recorrieron todo el cuerpo de Erica. Sentía la tranca del hombre incrustada dentro, como si la hubiera roto completamente. Le costaba respirar. Pese a todo, sentir que había podido con tremendo vástago, compensaba el dolor.
-Oh creo que me ha roto dentro…. Oh ¡me duele mucho…!. contesto con voz casi lastimera.
-ya está. Lo has conseguido. “Has podido con toda”. Eres una verdadera campeona. Espera un poco, deja que tu coñito se vaya adaptando. Pronto vas a disfrutar de lo lindo. Le comentó Casimiro, que aún no se creía que la joven se hubiera ensartado la totalidad de su cipote.
La joven esperó unos momentos. Miró al espejo, y comprobó que se haya sobre el cuerpo de aquel gran semental, encima del mismo, sentada entre sus muslos, y completamente empalada. Era una visión que siempre recordaría.
Tras unos momentos quieta, casi inerte sobre los muslos del varón, comenzó a realizar movimientos, intentando subir y bajar, sintiendo como su vagina se iba adaptado a las dimensiones del tremendo sable del hombre. Cada vez sentía menor dolor, y eso la animó. Poco a poco ese dolor se fue transformando en placer. Percibía hasta la más mínima rugosidad del pene del hombre, al abrirse paso dentro de ella. Su estrecha vagina, estaba sumamente abierta, albergando aquel tremendo monstruo. ¡Todavía no se lo acababa de creer! Parecía increíble que su pequeña vagina se hubiera abierto tanto, hasta el punto de permitir el paso del enorme sable de Casimiro.
-Oh nenita. Ya me tienes dentro. Ahora vas a disfrutar. ¿Me notas? ¿Notas como mi pene te abre el chochito por dentro?
La joven, en lugar de responderle, comenzó a retorcerse, apretando las paredes vaginales en un intentado inútil de estrujar al tremendo falo que la tenía ensartada. Sentir la dureza de aquella barrena dentro de ella, más la agitaba. A instancias del hombre comenzó a realizar movimientos de subida y bajada, comprobando como se desclavaba una buena parte del pene, para luego volver a clavárselo en su totalidad. Los abundantes jugos vaginales suavizaban estos movimientos. Pronto esos movimientos fueron en incremento, y cada vez imprimía más velocidad a sus pequeñas cabalgadas. Ese ritmo frenético, la llevó alcanzar un nuevo orgasmo con el pene de Casimiro en sus entrañas.
El hombre la ayudo, impulsándola, hasta que la joven comenzó a retorcerse de placer, con movimientos circulares, apoyada en la pelvis de Casimiro, mientras se venía una y otra vez, en una serie de pequeños microrgasmos.
Cuando por fin acabó, se notó agotada. Había tenido una serie de continuas venidas, que la llevaron a un placer inaudito. La sensación de sentirse abierta por un pene de aquellas características, le hizo alcanzar el mayor de los placeres. ¡Nunca había sentido nada igual!
Al terminar, sin desclavarla, el hombre la hizo girar sobre la cama, quedando la joven debajo y posicionándose encima Casimiro. Pese a envergadura de su cuerpo, este logró posicionarse entre las piernas de la joven sin apoyarse sobre ella, para no aprisionarla. Luego, abrió bien las piernas de la joven, constatando que su falo permanecía dentro de aquella. Decidió entonces
propinar pequeñas embestidas al chochito, que poco a poco fueron en aumento, sintiendo como pese a todo su potente pene desaparecía una y otra vez dentro de la joven.
Erica, sentía los empujes del hombre, percibiendo como le abría su coñito cada vez que entraba en ella. Notaba que la cabeza del pene le llegaba profundamente. Sabía que la tenía toda dentro, ya que notaba los testículos del hombre golpear sus nalguitas en cada embestida. Una y otra vez.
Casimiro llevaba tiempo sin correrse, y tener aquella joven, clavada por su cipote, le llevó a unas sensaciones tan placenteras, que se dio cuenta que de un momento a otro iba a terminar corriéndose. Había logrado retener su eyaculación varias veces, pero sentí que no podía aguantar más. Recogió las piernas de la joven, hasta colocarlas flexionadas sobre el vientre de aquella, permitiendo con ello tener a su disposición todo el coñito de la joven. Fue entonces cuando comenzó una penetración dura y constante, sintiendo como su mástil ingresaba completamente en el coñito de la joven, para volver a sacarlo y repetir la acción una y otra.
Oh me va a reventar…. Oh Casimiro…. Me llega muy adentro….
Pese a su juventud, la joven era capaz de saber cuándo el hombre estaba a punto de correrse. Lo intuyó. Sentimientos encontrados hicieron su aparición. Quería y ansiaba sentir la leche de aquel semental dentro de ella, que la regara, pero, al propio tiempo era peligroso. No creía que estuviera en sus días fértiles, pero tampoco estaba nada segura. Por ello, le comentó: ¿No pretenderá correrse dentro? Lo estamos haciendo sin protección.
Casimiro se retuvo, y le preguntó: ¿No te cuidas? Al ver que la joven le contestó con una negativa con su cabeza, añadió: Pero, ¿no estas en días fértiles verdad?
-No creo. Pero tampoco estoy segura. Mejor…oh….se va a correr dentro… oo.. joder….
Casimiro en cuanto escuchó que no estaba en días fértiles, no esperó a escuchar el resto. Estaba muy necesitado. Al instante su pene soltó la primera lechada dentro del coñito de la joven, al que le siguieron varias lechadas más.
Oh..como lo siento….. oh no lo está haciendo…oo
El hombre se apoyó fuertemente sobre la joven, clavando su potente mástil hasta la misma base, quedándose quieto dentro de la joven. Sabía que su falo había entrado profundamente. Las restantes lechadas fueron depositadas bien adentro, cerca del útero de Erica. Sentía como se deslechaba dentro de aquel cálido coñito, que era toda una delicia. No supo saber cuánto tiempo se estuvo viniendo, pero recordó que pocas veces se había corrido con tanta pasión y tan copiosamente.
Erica, igualmente estaba sorprendida. Percibió claramente cada una de las lechadas del hombre, que, al ser tan profunda, le regaron abundantemente todo su útero. No llegaba a entender como aquel hombre casi sexagenario tenía tanta potencia, y conservaba aún tanto semen. Tuvo claro que le regó los ovarios como jamás ningún joven lo hubiera hecho antes.
-¡Casimiro…me ha llenado!. Siento que me ha llenado totalmente…
-Uf nenita. Llevaba mucho tiempo sin hacerlo. Lo necesitaba. Eres una verdadera diosa. Le contestó al tiempo que soltó los pies de la joven, para que pudiera extenderlos, acercando su boca a la de la joven, para besarla ardientemente.
Cuando salió de la joven, Erica, miró rápidamente su entrepierna. Se sorprendió al ver como su pequeño coñito se hallaba tremendamente abierto, tanto que hasta la asustó. Pese a que los labios comenzaron a plegarse cerrando el hueco, aún continuó resumiendo jugos y restos de semen. Miró al hombre, que contemplaba el espectáculo, y le dijo: ¡mañana, seguro que no podré ni caminar! ¿ha visto como me lo ha dejado? Lo tengo todo abierto…
El hombre se recostó sobre la cama y la atrajo hacia él, haciendo que la misma se subiera sobre su pecho, diciéndole: eres una chiquilla deliciosa. Jamás me había ocurrido algo igual. Pero no me arrepiento lo más mínimo.
La joven le confesó igualmente que jamás pensó que su enorme vara le entrara, pero que había sido una experiencia inolvidable.
Luego, al ver que la sesión de sexo le había dado ganas de comer, devoraron la comida que Casimiro, con previsión había adquirido. Una vez repuestos, y volvieron a la cama. Esta vez no tuvieron reparo en dormir abrazados plácidamente hasta la mañana siguiente.
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