Perdiendo las bragas
Bea siempre creyó que su vida sexual con Fran era privada, pero esa noche en Ámsterdam, la línea entre lo secreto y lo público se desdibuja. Con Nadia como catalizadora, descubrirán que el verdadero placer no está en esconderse, sino en ser vistos.
Fran y yo llevábamos un tiempo pensando en hacer una escapada de fin de semana largo, pero entre unas cosas y otras no lo conseguíamos.
La semana pasada me decidí, me metí en internet y busque un viaje que fuera diferente, a pesar de eso empecé mirando los típicos, Venecia, Paris.
Después de dar una vuelta por toda Europa, perderme por Oceanía, estar tentada por algún país latino americano, me decidí por Róterdam. Era vuelo directo por lo menos de ida, y ofrecían un combinado de hotel con Ámsterdam salíamos, la vuelta era un poco infierno y con escala. A finales de septiembre podíamos permitirnos ese viaje, por trabajo y por todo.
Fran quedo un poco impactado pero le encantó la idea, los dos viajando por esos paises, era un planazo.
El viaje no empieza cuando sales si no cuando empiezas a planearlo, Róterdam tiene mucho que ofrecer y Ámsterdam tenía ese punto canalla, pinta un fin de semana perfecto.
Llegamos por la tarde a Róterdam, dejamos las cosas en el hotel y los lanzamos a conocer la ciudad, al final habíamos decidido que solo estaríamos una noche, la parte canalla de Ámsterdam nos tiraba mucho más. Había un tren que nos llevaba en 45 minutos, por lo que era casi un paseo. En la estación estábamos un poco perdidos y el holandés es un idioma que no conocíamos, con el inglés nos pudimos apañar más o menos.
Pero una vez allí intentar localizar andén y tren no fue tan sencillo, pero la vida aprieta pero no ahoga.
- Perdonen el tren para Ámsterdam, es en el andén 4, yo voy para allí. Nos dijo una mujer con mucho acento pero con un castellano casi impecable.
- Muchas gracias, la verdad estábamos un poco perdidos. Contesto Fran.
Nadia se llamaba, nos acompañó hasta el tren y de hecho se subió a él, ella también iba a Ámsterdam. Hicimos muy buenas migas, nos contó que era de Ámsterdam, que había estudiado y vivido en España, en Granada, pasamos un muy buen rato. No llevábamos ni veinte minutos que ya nos habíamos dado los móviles, y se ofrecía a ser nuestra guía. Nadia era una mujer muy atractiva, con una sonrisa de esas que te alegra el día, Fran estaba encantado con su escote, y a ella no le parecía molestar ni lo más mínimo.
La calentura de Fran me excitaba, notar como sus ojos se le iban. Los trenes tienen algo afrodisiaco, no sé si será el vaivén, el vibrar de las ruedas sobre las vías, hay algo diabólico en ellos. Nuestra nueva amiga no hacía más que proponer planes.
- Lo que no podéis dejar de visitar es el Barrio Rojo, os va a encantar. Decía dejando la mano sobre la pierna de Fran.
Seguía narrando como eran las chicas, los sexshops, los bares espectáculos, sin dejar detalle o morbosidad por comentar, mientras mi pobre Fran podía notar como se ponía malísimo. La tensión seguía subiendo, hasta que pase de mera espectadora a participe, su mano dejo la pierna de Fran y se posó sobre la mía. No le di importancia al principio, pero comencé a sentir que no era solo un contacto involuntario, ahora era yo la que se estaba sulfurando, menos mal que llegamos a la estación.
Nos indicó como llegar a nuestro hotel, quedamos en llamarnos más tarde para conocer Ámsterdam con ella, y al despedirnos nos plantó un beso a cada uno.
Caminamos un par de metros en silencio, pero no resistimos más.
- A ti te ha puesto mucho esta mujer. Le dije a Fran. Un poco más y la desnudas, tus ojos han estado en todo su cuerpo.
- Uno no es de piedra, y como contaba lo de los espectáculos, parecía que trabaja en uno de ellos. Dijo Fran.
Hasta que llegamos a la habitación hablamos de ella, y todo eso nos calentó demasiado. Los viajes despiertan la lívido, pero con estos añadidos son incontrolables. El hotel daba al barrio rojo y aunque aún no había despertado del todo, ya había algo de gentío por las calles. Nuestra habitación daba al canal, y aunque era un tercer piso para nosotros era casi un escaparate más. Nadia había abierto mi apetito y el de Fran, no sabía si desnudarme, desnudar a Fran, asomarme como lo hacían las chicas de abajo, o todo a la vez. Sé que no hay que quedarse con las ganas, pero esta ciudad nos llamaba, y sonora raro pero era una llamada sexual. Quería que Fran me follase y sé que Fran también lo quería, pero no sé cómo lo sabía, pero sabía que si lo posponíamos un poco el polvo para que se volvería polvazo.
Me puse un vestido para la ocasión, si te tienen que tomar por puta que sea en Ámsterdam, y con todo ese subidón nos lanzamos a la calle. Empezamos de menos a más, primera parada el museo del sexo. Estaba bien y quizás en otras circunstancias no lo habríamos disfrutado tanto, pero con el calentón todo parecía mejor y se disfrutaba más. Era un templo al sexo, esculturas, fotos, consoladores, lencería, todos los fetiches que a lo largo de la humanidad rodeaban al sexo estaban allí. Era como la caja de pandora del mundo sexual, todo eso combinado con alguna sala más oscura que otra y muy poca gente, en un abrir y cerrar de ojos habíamos pasado de visitar un museo a nuestro propio juego de exhibición. Fran estaba imparable y cachondo, yo me derretía por dentro, las manos de Fran estaban más debajo de mi vestido que en ningún lado, mis bragas estaban ya intratables. Conseguimos ver el museo entero sin que nos echaran a la calle, seguramente por qué había poca gente y seguridad, y desde luego no fue por portamos bien, incluso le saque rápidamente la polla a Fran y le di una inocente chupadita. Para cuando salimos estábamos listos para ir de vuelta al hotel, pero no sé queríamos tensar un poco más la cuerda, siguiente parada un sex shop. La idea era solo mirar pero acabamos picando y de qué forma, ya en el mostrador pagando estábamos cogiendo carrerilla para salir corriendo al hotel. Con los juguetes en la bolsa, las bragas mojadas, Fran listo para la batalla y mil ideas para disfrutar sin media alguna.
No corríamos hacia el hotel pero el paso era ligero, conseguiríamos llegar a la habitación. A tres manzanas del hotel sonó mi móvil, en la pantalla aparecía “Nadia Zorrita Amsterdam”, Fran se rio por como la había guardado, y a pesar del calentón que llevábamos me hizo seña que la cogiera.
Nadia estaba en nuestro hotel, había venido a buscarnos para ir a tomar algo, era una sensación extraña, por un lado nos apetecía mucho pero con el calentón que teníamos y el cargamento de artículos no era el plan que queríamos. Intente por todos los medios posponer la quedada, pero fue muy insistente. Al estar tan cerca del hotel tuvimos que andar un poco en sentido contrario para no llegar demasiado pronto.
Mientras que Fran subía las cosas a la habitación, las dos nos pedimos algo de beber en el bar.
Si ya esta mañana prometía, ahora vestida con ese vestidito de verano pasaba al siguiente nivel. Fran no tardo nada en bajar y unirse a nosotras, se le notaba que no quería perder detalle de nuestra nueva amiga y todas sus virtudes. Mientras que decidíamos los planes sonó su móvil, si ya era sexy hablando en castellano cuando se puso a hablar suponemos que en holandés, todo subió un nivel más.
- Chicos vamos a este bar, es un clásico de la ciudad. Creo que os va a encantar.
Fran estaba que se salía, caminando por la calle con esas dos mujeres, se notaba con su ego crecía, además sin ningún tapujo desviaba su mirada hacia cada uno de nuestros culos.
El local por fuera parecía otro bar, Nadia saludo al portero, se notaba que se conocían, y pasamos al interior, a primera vista era un bar amplio con escenario. Una vez sentados y cuando nuestros ojos se fueron adaptando a la luz, los cuadros de las paredes eran mucho más que insinuaciones, las camareras eran mucho más que provocadoras. Fran y yo nos miramos, y Nadia intercepto la mirada con una sonrisa pícara. Pedimos algo de beber y cuando estábamos a punto de brindar arranco una música y una espectacular mujer entro en escena. Tardamos poco en darnos cuenta que esto no era un local al uso, que tampoco era un local de striptease, era un show porno en vivo en toda regla, lo que le falta al calentón que llevábamos.
A esa primera mujer se le unió una segunda, que estaba disfrutándosela y haciéndola disfrutar. Yo estaba empapada, Fran listo para atacar y Nadia se recreaba supongo que igual de mojada que yo.
- Si queréis podemos ir a un palcos, estaremos más…Dijo Nadia.
Tendimos nuestras manos a las suyas, tomamos nuestros vasos, dejamos nuestras vergüenzas si es que alguna vez las hubo y seguimos a nuestra anfitriona.
Nada más entrar antes incluso de sentarnos, Nadia me beso, un beso profundo, un beso con manos y caricias, un beso lleno de lujuria.
- Bea te importa que le coma la polla a tu marido, mira el pobre como esta. Dijo ella soltando mis labios y me tiendo su mano entre las dos piernas de Fran.
No dije ni que sí, ni que no, tan solo me senté para ver como ella sacaba la polla de Fran de sus pantalones y la tomaba en su manos. Durante nuestras aventuras rara vez era Fran el homenajeado, quizás porque era más sencillo encontrar hombres dispuestos que mujeres. Este placo daba una relativa privacidad, estábamos en una medio penumbra pero no nos librábamos de las miradas de algunos espectadores más atraídos por el efecto del show en la gente que por el show como tal. Fran seguía de pie y los labios de la zorrita estaban a punto de engullir a su presa. De rodillas, mano en polla, mirada perversa, me dijo.
- ¿De verdad quieres que le coma la polla? No seas tímida, pídemelo.
Fran suplicaba con la mirada y yo estaba deseosa de verlo, me sentía rara, pero muy cachonda. Habíamos fantaseado mucho con algo parecido, pero esto no era fantasía, esta desconocida se iba a meter la polla de Fran sin pudor, y por su mirada con glotonería.
- Cómele la polla a mi maridito, dije mientras ella fagocitaba sin pudor.
No pensaba que ver como la polla de Fran era chupada me fuese a turbar tanto, lo mismo era también por todo lo vivido a lo largo del día, el museo, el sex-shop, pero sentía un deseo irrefrenable de tocarme allí y ahora.
Me acomode, deje que mis piernas se abrieran, mi mano fue bajando hasta llegar donde la estaban esperando, con un dedo aparte mi pobre mojada tanga, y al rozar mi clítoris un escalofrió me recorrió. Todo mi cuerpo se relajó y se sumió una nebulosa, tan solo me sentía flotar. De repente note una mano acariciar mi pierna y salí de ese trance algo sobresaltada, era Nadia.
- Dile a tu mujer que no sea egoísta, que abra bien esas piernas y nos enseñe como disfruta. Dijo Nadia hablando a través de Fran.
Las palabras de Fran fueron mucho más crudas que las que Nadia, y mucho más directas.
- Quítate esas bragas putita mía y enseña a esa señora como te tocas para nosotros, y hazlo como la putita que eres.
Nadia se comía a Fran mientras de reojo me miraba, dos de mis dedos entraban y salían de mí, con la otra mano tocaba mi clítoris. Fran seguía dándome órdenes, que separara más las piernas, que las subiera para poder ver mejor como me follaba a mí misma, que me sacara las tetas, era el juguete de ellos dos. No sé cómo Fran estaba aguantando tanto, como la chupaba Nadia, no pensé que me calentara tanto ver cómo otra mujer se comía la polla de Fran, era como mi propia película porno. Llevada por todo esto era ajena a todo, estaba casi a punto de correrme cuando note una presencia. Allí estaba ese hombre mirando cómo me masturbaba, como Nadia se comía sin control a Fran, nunca me había sentido tan expuesta en mi vida y hasta ese momento ni pensé que eso podría ocurrir.
- Ahora no te hagas la modosita, me dijo Fran. Ni se te ocurra parar zorrita.
La vergüenza se mezcló con la excitación, mire de nuevo a Fran y sus ojos me obligaban a seguir, Nadia dejó de chuparle y me miraba de la misma manera. El extraño sin mediar palabra tomó mi mano y la acompañó para hacerme seguir, mis dedos entraron de nuevo en mí, su otra mano se hizo con mis pechos, me quería resistir pero no encontraba ni el valor ni la decisión. En medio de esa locura, note que había más manos de las debidas, otro se adueñaba de mí desde el otro lado, ante la atenta mirada de Nadia y de Fran.
- Bea fóllate como sabes. Decía Fran mientras los dos desconocidos me sobaban a placer.
Las manos de uno me masturbaban uniéndose a las mías, las de otro buscaban ni ano y subiendo más mis piernas para poder usarme mejor, estaba siendo abusada en toda regla, mientras Nadia admiraba y devoraba. No sé de dónde o cómo pero Fran tenía un condón puesto, se iba a follar a Nadia, era eso. Mientras esos desconocidos me metían mano, ellos iban a follar delante de mí. Fran se sentó frente a mí y Nadia se sentó en su polla, podía ver como entraba y se quedaba en su interior.
La cabeza de Fran apareció desde un lado y me miró mientras Nadia subía y bajaba clavándose su polla.
- Cómele el coño a Nadia, dijo fijando su mirada en mí. Sonámbula de sexo me levante, metí mi lengua y mi boca mientras la polla de Fran subía y bajaba.
Nadia hablaba, y aunque no entendía nada, creía entender que eran palabras de placer, como tantas veces yo había sacado por mi boca cuando la polla de Fran se clavaba en mí.
Así casi de rodillas las manos de estos nuevos devotos seguían buscando mi placer, pero parecía que querían más. Podía notar como me estaban colocando y separando las nalgas, mi esfínter quedaba expuesto y listo para ser tomado, ese señor me iba a dar por el culo, y no le había visto la polla, no sé pero imagine que seria enorme. Abierta como una flor, sus dedos untaban algo en mi esfínter y en gran cantidad lo que me hacía pensar en su tamaño, el otro empujaba mi cabeza hacia el coño de Nadia lo que me impedía moverme. Me había convertido en satisfyer de Nadia, el juguete de Fran y la puta de dos desconocidos y aún no habíamos llegado a la hora de la cena.
- Diles que se la follen por el culo. Dijo Fran
- Eso les digo pero has visto la polla, le está poniendo gel. Dijo Nadia.
El corazón se me salía del pecho, temblaba solo de pensarlo.
Uno de ellos hacía de mamporrero, mientras el otro apoyaba su tranca en mi esfínter. Notaba como la mano separaba más mi apertura para que se pudiera abrir paso, era tremenda, un escalofrío recorrió mi espalda. Recordé cuando Darneb en una de esas Puti Fiestas que yo era la heroína me metió un tremendo vibrador, imaginaba que poco se llevaría a ese consolador negro con el glande rojo.
Esa espada se iba abriendo camino, lenta pero segura, mientras yo perdía el aliento el coño de Nadia seguía llenando mi cara de sus jugos. Con esfuerzo y tesón siguió ganando terreno en mi culo hasta que noté como mis nalgas chocaban con su cuerpo. La verga empezó a moverse en mi interior y notaba que casi perdía la consciencia, mi única manera de encontrar calma era dedicarme a los labios y clítoris de Nadia. Pero en un momento todo se descontroló. Fran entendió que yo estaba empalada, lo que le hizo despegar y arremeter contra Nadia, Nadia manoseada por uno de ellos y follada por Fran se dejó llevar.
El enculador viendo todo lo ocurrido se creció y me daba como si no hubiera mañana soltando palabras ininteligibles pero cargadas de morbo. Me corrí, se corrió, nos corrimos, se corrieron, ruidosamente, sin prejuicios, en varios idiomas, como perras, como animales.
Cuando salimos de ese terremoto, nos dimos cuenta que habíamos pasado a ser la atracción principal y la casi totalidad de la sala nos rodeaba mientras intentábamos recomponernos. La sensación era extrañísima, una mezcla de vergüenza y plenitud, les faltó aplaudirnos como si hubiésemos ganado una final.
- Pero qué puta eres me dijo Nadia, sellando su afirmación con un morreo en toda regla.
Los tres salimos del local escoltados, casi aupados y manoseados por nuestros improvisados fans, mis bragas nunca volvieron. Uno de ellos me las pidió como trofeo. Follada, colmada y medio desnuda caminaba con Fran y con Nadia rumbo al hotel, una ducha y algo de comer, era lo que necesitábamos los tres.
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