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Su corrida en mi garganta

El riesgo de ser descubiertos no es un obstáculo, es el combustible. En el silencio de un baño público, ella decide no solo someterse, sino dominar el momento más íntimo y violento, tragando su secreto y su placer hasta el fondo de su garganta.

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Después de un año sin nada empecé a quedar con un chico. Teníamos una conexión muy buena, única en opinión de los dos, y la relación fue intensísima desde el primer día. Algo me decía que saldría mal, y todo iba tan rápido que en algunas cosas me parecía que ya estábamos en fases de pareja madura, para mal, y en otras de pareja nueva, para bien.

El sexo era absolutamente increíble, y ya los dos alucinamos desde el primer beso. Él era agresivo en el sexo y no entendía otra cosa que no fuera el sexo duro, pero a la vez era extremadamente sensible. Sabía dónde tocar, y exactamente cómo, cuándo y dónde, no entiendo cómo podía entender tan bien el cuerpo de una mujer, y eso que decía que tampoco había estado con muchas. Su polla me encantaba, no sería la mejor del mundo pero desde luego tenía muy buen tamaño y grosor y me llenaba entera. Y se corría muchísimo, que me encantaba.

Algunas veces que discutíamos, según él más de la cuenta para lo poco que llevábamos, lo solucionábamos cuando uno de los dos directamente empezaba a desnudar al otro. ¿Para qué discutir si podíamos follar como animales con la persona con la que mejor sexo habíamos tenido nunca? La verdad es que estaba claro que no podía durar, pero mientras duraba yo lo disfrutaba y solo esperaba que encontráramos la manera de hacer funcionar la relación.

Una tarde vino a recogerme a la puerta de la oficina después del trabajo. Fuimos al bar de un hotel que estaba a cinco minutos, en la azotea y en una tarde con temperatura perfecta de primavera. La conversación fue normal, fundamentalmente de temas de trabajo, y él simplemente me tocaba el pelo o los hombros mientras hablábamos, pero nada que no haga una pareja normal.

De pronto su mano empezó a tocarme la espalda pero tocando directamente mi piel debajo de la camisa. A él le encantaba mi piel, decía que era muchísimo más suave que cualquier otra mujer, y creo que ni siquiera su gesto estaba siendo inapropiado. Pero bastó solo eso para que nos miráramos el uno al otro y nos quedáramos en silencio, con los ojos transformados. Empezamos a hablar de cómo solucionar la situación, los dos con la voz mucho más grave y con ojos de querer comernos. Teníamos la broma del sexo en baños públicos desde el principio, y en realidad una vez ya lo habíamos hecho. Localizó el baño con la mirada, me dio la orden de que fuera y que le escribiera por Whatsapp si podíamos hacerlo y en qué baño entraba. Él mientras tanto pagaría la cuenta para que no nos buscaran mientras follábamos en el baño.

Fui nerviosa y ya me notaba mojadísima. De hecho, y no es broma, en general con él estaba siempre mojada, a veces lo notaba aunque estuviéramos hablando completamente normal y sobre otro tema. Llegué al baño y era perfecto. No había nadie y había tres espacios, y en cada uno de los tres la puerta iba desde el suelo al techo, no se podía ver nada desde fuera.

Me senté con la respiración entrecortada y dispuesta a todo. No contemplaba que la situación no pudiera salir bien a partir de aquí, solamente necesitaba ser follada contra la pared. Le escribí solamente “En el baño de la izquierda, ven ya”. Contestó inmediatamente “Ok” y empezó a entrarme un calor increíble, un segundo después ya notaba que estaba sudando.

Me levanté como un resorte en el momento en que oí que se abría la puerta del baño y cuando entró en mi espacio ya tenía mi mano encima de su pantalón antes de que cerrara la puerta del todo. Me agarró del pelo con su mano izquierda y me puso contra la pared mientras me besaba muy violentamente. Con la derecha me iba tocando por todas partes por encima y por debajo de la ropa, siempre en el sitio exacto, con la fuerza exacta y en el momento exacto. Yo también pasaba mi mano izquierda por todo su cuerpo pero me aseguraba de tener siempre la derecha agarrándole la polla por fuera del pantalón. Solo podía pensar en esa polla follándome la boca y follándome el coño todo lo fuerte que pudiera. Desde luego él estaba tan cachondo como lo estaba yo, y el saberlo nos puso a los dos todavía más a mil.

Estábamos disfrutando mucho besándonos así, pero estaba claro que él necesitaba follarme cualquier parte del cuerpo y yo necesitaba su polla dentro de mí por cualquier agujero. Empezamos a desabrochar cada uno los pantalones del otro torpemente y a toda velocidad. Llegamos a la vez a nuestros destinos y pude sentir como su dedo recorrió mis labios empapados de un extremo al otro, pero en ese momento yo ya estaba agachándome para tener su polla en mi garganta.

Normalmente me gustaba chuparle la polla poco a poco: primero acariciarle cerca, después darle besos, después lamerla y cuando ya estuviera desesperándose metérmela en la boca, y un rato después ya metérmela hasta la garganta, lo que le volvía totalmente loco. Este día era yo la que no podía esperar tanto para volverle loco y me la metí directamente entera en la boca hasta follarme la garganta mientras le miraba a los ojos y le rodeaba con mis brazos haciendo fuerza para que me entrara más polla. Gemí un poco, en parte porque tenía ganas de gemir de verdad y en parte porque sabía que le encantaría. Éxito, el me respondió con otro gemido y apretando mi cabeza contra él todavía más.

Siguió follándome la boca un rato y yo empecé a adorar su polla de más maneras. Me la restregaba por la cara, me daba golpes en la cara con ella empapada, le daba besos mientras le miraba a los ojos y me la volvía a meter hasta la garganta… Adoraba esa polla de verdad y no paraba de imaginarme la cantidad de semen que se estaría generando para mí. Él siempre decía, medio en broma medio en serio, que la cantidad de corrida era proporcional al placer del polvo.

Sabía que esta situación no iba a durar porque cuanto más cachondo le ponía más necesitaba atravesarme el coño y partirme en dos. Me levantó violentamente agarrándome de los brazos y me sorprendió cuando él se agachó y me abrió las piernas para comerme el coño. Agradecí el gesto, sabía que él pensaba igual que yo en el sexo y que su mayor disfrute venía de hacerme disfrutar a mí al máximo, y eso creaba un círculo virtuoso que es lo que hacía nuestro sexo tan increíble.

No obstante le levanté y agarrándole del pelo le dije “fóllame”, casi la única palabra que dijimos cualquiera de los dos hasta que todo terminó. Él quería comerme el coño, pero desde luego que tampoco iba a rechazar por fin follarme y atravesarme. Me dio la vuelta y me bajó un poco más los pantalones mientras yo sacaba el culo todo lo que podía, buscando su polla. No tardé en notar en mi coño empapado el calor que acababa de sentir en mi boca y entonces me atravesó. Con lo mojada que estaba su polla me entró directamente hasta los huevos y yo solté un gemido más alto de lo que debería para estar en un baño público. Tras unos segundos para notarla los dos bien dentro empezó a follarme metiéndola y sacándola casi entera, mientras yo sacaba el culo al mismo ritmo para que me entrara todavía más. Yo me podía haber corrido a los diez segundos, pero yo lo empapaba todo con mis orgasmos y eso no me lo podía permitir en un baño público y con los pantalones por los tobillos, así que decidí no sacármela para no correrme e inundarlo todo, pero desde luego en cualquier caso ya estaba siendo el polvo de mi vida. Él ya me había bajado el sujetador y me apretaba las tetas desde detrás más fuerte que nunca, bajando su mano derecha a veces para tocarme el clítoris.

Se sentó en el váter y no hizo falta hablar para saber que yo tenía que sentarme encima de él en menos de un segundo y seguir follándomelo y follándomelo. Me senté de espaldas a él y me recliné mucho hacia delante, en esa postura sabía mover el culo muy rápido, cosa que sabía que le encantaba y con la que podía llegar a hacer que se corriera. Me moví lo mejor que pude, y casi mejor que su polla era notar sus manos recorriéndome mi culo, mi espalda, mis tetas, mi cuello y todo mi cuerpo, siempre en el lugar y momentos perfectos.

Ya no podía follar más de espaldas, necesitaba verle la cara de violencia que ponía cada vez que follábamos, y más esta vez que estaba siendo la mejor de todas. Me di la vuelta, me quité los pantalones del todo y menos de un segundo después ya estaba follándomelo otra vez sentada sobre él.

Primero nos besamos muy fuerte como al principio, mientras le cabalgaba. En mitad de ese beso me tiró del pelo y al tener que levantar mi cara me puso la otra mano en el cuello, dificultándome respirar. Eso me encantaba y saqué pecho para ponerle las tetas más cerca de su cara, si en ese momento me hubiera desmayado asfixiada de sexo creo que habría muerto siendo la mujer más feliz del mundo. Empecé a gemir como quería de verdad, dándome igual si alguien entraba en el baño. De hecho probablemente eso me habría gustado todavía más por sentirme más puta para él. Siguió follándome y follándome, pero sabía que el momento de su enorme corrida se acercaba.

Me levanté, le puse de pie contra la pared y caí de rodillas al suelo. Empecé a comerle la polla lo mejor que pude mientras pensaba en qué podía hacer para que disfrutara todavía más. Esa era mi única obsesión y estaba dispuesta a todo. Quería hacer algo que yo no hubiera hecho nunca y que no le hubieran hecho nunca.

Mientras estaba entregada a su polla seguía pensando. Si llegamos a estar en mi casa le habría pedido que me follara el culo. Yo nunca lo había hecho pero quería hacerlo con él, pero no me pareció el lugar para ponerme a hacer ese experimento.

También si llegamos a estar en mi casa le habría suplicado que se corriera en mi cara, yo nunca lo había hecho y no sé si él lo había hecho, pero alguna vez sí me había dicho sin presionarme que para los tíos eso era lo máximo. Estando en un baño público salir con mi cara cubierta por su corrida desde luego me ponía cachonda porque no podía ser más de puta, pero incluso estando lo cachonda que estaba eso era demasiado locura.

De pronto me vino la idea. Había otra cosa que era lo máximo para él, y era que me metiera su polla entera follándome la garganta. De eso sí que estaba completamente segura de que nunca nadie se lo había hecho antes, vista su reacción cuando se lo hacía yo, sobre todo las primeras veces. Junté las dos ideas y lo tuve claro: no le iba a hacer una paja con mi mano y mi boca para que se corriera en mi boca, le iba a hacer una paja directamente con mi polla y mi garganta. Iba a hacer que se corriera mientras tenía su polla follándome la garganta.

Paré un momento dejando solo la punta de su polla en mi boca mientras le miré a los ojos. Él me devolvió la mirada, y creo que notó que iba a pasar algo especial. Lo primero que hice fue agarrar su mano y ponerla directamente en mi nuca, me pareció un gesto de puta auténtica que sabía que no iba a pasársele desapercibido a un tío tan sensible como él. Efectivamente, en el momento que lo hice respiró fuerte e inmediatamente me apretó contra su polla hasta que la tuve follándome la garganta. Mi plan empezaba bien.

No dejé de mirarle a los ojos en ningún momento y él no apartó la mirada hasta el final. Empezó a follarme la boca y la garganta, cada vez más rápido y cada vez jadeando más. Él se estaba haciendo una paja con mi garganta y notando como su tremenda corrida iba a llegar en cualquier momento.

Cuando llegó al punto de no retorno me dijo “me voy a correr”, suponiendo que yo iba a bajar el ritmo de la paja, dejarme solo la punta de su polla en la boca y dejarle descargar en ella litros y litros de su deliciosa corrida, para después tragármela de forma visible cuando todo hubiera terminado, lo que le ponía a mil.

Pero ese no era mi plan. Le ignoré, seguí pajeándole con mi garganta durante dos segundos más y entonces me la metí hasta el fondo, mirándole a los ojos y esperando a averiguar qué se sentía cuando un hombre se corría directamente detrás de tu garganta. Quería matarlo de gusto, y sabia que así lo iba a conseguir.

Durante un momento me miró confundido pero enseguida lo entendió. En ese momento me agarró fuerte de la cabeza haciéndome tocar su tripa con mi nariz y sus huevos con mi lengua, como si quisiera meter mi cabeza entera dentro de él, o su cuerpo entero dentro de mi boca. Arqueó el cuerpo entero para entrar en mi boca aún más si podía y levantó la cabeza con los ojos cerrados.

Noté como hacía fuerza con su polla, milímetro a milímetro, para expulsar la mayor cantidad de semen posible y lo más fuerte posible dentro de mi garganta, y desde luego lo logró. Con el primer chorro de semen su polla se hinchó tanto que mi garanta casi no podía soportarlo. Después vinieron uno y otro y otro chorro de semen, que iban directamente a mi tripa mientras yo estaba en el cielo todavía más que él. Es una sensación rara de calor directamente en el pecho, pero lo que me hacía morirme de placer era saber que para él estaban siendo los mejores segundos de su vida. Lo estaba matando de gusto.

Siguió y siguió durante interminables segundos en los que no sé cómo pude aguantar la respiración sin demasiado esfuerzo. Cuando dejó de correrse bajó la cabeza mirándome sin poder creerse lo que acababa de pasar. Aguanté un segundo más y me retiré muy lentamente, haciéndole disfrutar en el proceso. Cuando me la saqué del todo tragué, aunque en realidad no había semen sino solo saliva con sabor a su polla, que me encantaba. Seguía mirándole a los ojos.

Cerró los ojos un segundo y pensé que iba a desmayarse de verdad, pero solo estaba preparándose para su próxima acción. Me levantó del suelo violentamente, me puso contra la pared, esta vez de frente, y agarrándome del pelo con una mano y levantándome una pierna con la otra volvió a meterme la polla. Al principio ni se movía mucho ni me besaba, solo me miraba pensando qué hacerme para compensar lo que acababa de hacerle, sin saber que yo lo había disfrutado más que él.

“Córrete”, “aquí no puedo”, y lo entendió. Siguió follándome medio minuto más porque no quería tener su polla fuera de mí, pero ya el cansancio de la corrida le llegó y paró antes de volver a correrse, si es que le quedaba algo. Siguió abrazado a mí durante un minuto, sin sacar su polla de dentro de mí y besándome.