Xtories

La urbanización del deseo (Capítulo 25)

El masaje era solo el pretexto. Mónica no venía por contracturas, sino por él. Y cuando la camilla se convierte en cama, la vecina tímida desaparece para dar paso a una mujer que no pide permiso, sino que toma lo que desea.

Sylke and Friends12K vistas9.6· 40 votos

La Urbanización del deseo

Sylke & Álvaro

Capítulo 25

Me quedo un poco bloqueado cuando Mónica me confiesa que le encanta verme excitado tocándola.

– “Te agradezco enormemente tu sinceridad, Alex, me encanta sentir tus dedos, pero más todavía sabiendo que eso te gusta a ti hasta esos límites. Me siento halagada por tus palabras y más todavía viniendo de ti”

– “Gracias, no querría por nada del mundo que te sintieras incómoda, me importas mucho, de verdad” - afirmo

Ella se queda callada, mirándome, pero cuando iba a disculparme me dice:

– “Guauuuu, Alex, que palabras más bonitas...”

– “No lo digo por decir... ya lo sabes”.

En ese momento, Mónica se incorpora hasta quedar sentada en la camilla y agarrada a mi cuello, tras pegar ese pecho aceitoso al mío, me planta un cálido y tierno beso en los labios. Notar la suavidad de esos labios gruesos abarcando los míos, me dejan impactado como pocas veces, por no hablar de esos pechos pegados a mí. Mi reacción inicial es quedarme plantado y parece mentira que, después de todo lo vivido en estos días, esa chiquilla logre desconcentrarme como nunca.

Cuando su boca se separa de la mía y noto que su mirada brilla con intensidad.

– “Uy, perdona, Alex... me he pasado, pero... “- dice tímidamente viendo que me quedo bloqueado.

– “No, no... me ha encantado, ni me creo que haya sentido esos labios” -respondo.

Ella observa mi camiseta que ha quedado manchada con el gel al haber apoyado sus pechos aceitosos en ella.

– “Uy, lo siento, te he puesto perdido” - dice tocando sus pechos ligeramente y luego mi torso que ha quedado pringado con el aceite.

– “No te preocupes, esto se lava”

Ella, más decidida, agarra la camiseta por la parte baja y la saca por mi cabeza con esa sonrisa que muestra sentirse bastante cachonda.

– “Así no te mancho más” - añade y observa mis pectorales pasando sus dedos por el dibujo que hacen mis abdominales.

– “Uf” - suspiro.

Me encanta ver la cara de mi joven vecina dibujando con la yema de sus dedos sobre mi torso y luego mis brazos. Y de pronto baja la mano y agarra mi bulto por encima del pantalón, que está tan duro por su culpa.

– “Mmmm ¿qué noto aquí abajo?” - dice con un susurro.

– “Uffff, Mónica”

– “¿Qué ha pasado?” - dice de forma inocente.

– “Uf, creo que es la respuesta a tu anterior pregunta y la consecuencia de tener a un bellezón como tú aquí delante” - afirmo entre cortadamente cuando ella aprieta esa dureza.

– “Pues, ya que has ayudado con la contractura, algo habrá que hacer para bajar esta inflamación, ¿no?” - dice ella volviendo a humedecerse los labios y sonreír traviesamente.

Es la primera vez que veo a Mónica tan lanzada, creo que mis masajes ya le han soltado completamente y está desbocada, creo que tanto como yo.

Mi joven vecina, con las piernas abiertas colgando de la camilla, logra atraerme hacía ella tirando de mi cintura y con un ágil movimiento desata el cordón de mi pantalón, después desabrocha el botón y esa prenda cae inmediatamente al suelo. Mis bóxers no disimulan tampoco lo evidente, la erección es brutal y Mónica se queda impactada cuando con suavidad baja esa única prenda quedando mi polla a la vista.

– “Guauuu, menuda tranca Alex, que grande y gorda es” - dice abriendo sus ojos como platos al tiempo que veo sus carrillos enrojecer.

Me hace gracia que la tímida Mónica le llame tranca a ese miembro que está precisamente apuntado a ella, muy hinchado con todas venas marcadas y ella se divierte con sus finos deditos dibujan cada relieve.

– “Perdona si soy tan bruta, pero... es que es enorme... y preciosa. Nunca había visto nada así”

– “Bueno, no creo que sea para tanto, lo que pasa es que estoy muy excitado Mónica”

– “Pues crees mal, la de mi chico está muy bien, pero la tuya es todavía más gorda”

– “Es que me tienes a tope” - afirmo notando esos dedos que empiezan a mecerla suavemente.

– “¿Te pongo a tope? ummmmm bueno es saberlo”

– “¿Acaso lo dudas?” - digo yo, acariciando de nuevo ese pecho entre mis dedos, esta vez de forma lasciva.

– “Yo pensaba que teniendo a tantas mujeres alrededor, pues bueno... yo no te iba a despertar ningún tipo de curiosidad”

– “¿Bromeas, Mónica? Tú eres muy especial, nada que ver con todas las mujeres que he tocado. Tú me vuelves absolutamente loco. Y... en todos los sentidos” - me sincero notando sus delicados dedos abarcando mi verga.

– “¿Sabes, Alex? Tú a mí también” - añade sin tapujos apoyando sus tiernos labios en los míos.

Respondo a ese beso y no conformarme con sentir sólo sus labios, sino que mi lengua se introduce entre ellos, descubriendo que la suya también quiere entrar en ese juego.

Por un momento nos quedamos mirando fijamente, ella sin dejar de pajearme suavemente, apretando mi tensión y yo al tiempo dibujando esos senos por enésima vez.

- “Cómo te deseo, Mónica... siempre he soñado con este momento” - afirmo.

- “Mmmm, Alex... ¿de verdad?” - abre los ojos asombrada.

En ese momento me agacho frente a sus piernas y agarrando el tanga por los costados lo bajo lentamente por sus muslos al tiempo que los acaricio con suavidad, admirando la forma de esas preciosas piernas, de esos delicados pies... Su cuerpo desnudo es una auténtica locura y me quedo pasmado.

Sus piernas abiertas dejan a la vista un coño rasurado de un tono ocre, en el que aflora el color rosáceo de sus labios internos y separándolo con mis dedos noto el pequeño agujero que se ve visiblemente lubricado.

- “¡Qué maravilla, Mónica!” - afirmo entusiasmado dibujando esa rajita empapada, con la que juego con la yema de mis dedos arrancándole un largo suspiro a esa preciosa mujer.

A continuación, es mi boca la que ataca ese sexo rezumante y mi lengua entra en acción descubriendo el delicioso sabor de mi bella vecina, que se agarra a mi nuca mientras yo comienzo a chuparle con más fuerza, aferrado a los cachetes de su trasero.

- “mmmm... joder, Alex, qué gusto” - exclama ella apretando mi cuello y temblando ante mis lamidas en su sexo.

Me esmero en dibujar con mis labios cada pliegue de ese coño cálido y terso, añadiendo unos toques mágicos con la punta de mi lengua en ese botón, a cortos espacios de tiempo, pero sabiendo que ella está flotando en una nube del placer.

Siento como sus dedos se enredan en mi cabello y como sus piernas tiemblan como flanes en lo que se avecina como un gran orgasmo y no me equivoco cuando me dedico de lleno a su clítoris, en lamidas más prolongadas, mientras mis dedos acarician esos redondos senos.

- “¡Ay, ayyyy... siiii, joderrrrr!” - exclama mi vecina en un dulce gemido.

Es maravilloso ver como todo su cuerpo se transforma, en una especie de escalofrío, acompañado de pequeñas convulsiones y una respiración profunda que acaba en un largo jadeo de placer.

Cuando levanto la vista, veo que ella me sonríe acariciando mi pelo, en señal de gratitud y sus ojos brillan de forma espectacular.

- “Eres increíble, Alex” - me dice.

- “Tú sí que lo eres...” - añado pasando mi pulgar por ese sexo que acabo de comerme con todas las ganas.

- “Bueno, ahora veamos si esa polla está tan deliciosa como dicen” - comenta traviesa y de un salto se pone de pie frente a mí.

- “¿Qué? ¿Quién lo dice?” - pregunto estupefacto.

Mónica hace un silencio, mira hacia mi tiesa polla que aprieta entre sus dedos y luego me mira a los ojos para decirme:

- “Bueno, eso dice mi tía...”

Ella, sin soltar mi polla se pone de rodillas en el suelo frente a mi cuerpo desnudo para empezar a masturbarme mirándome a los ojos y sin dejar de sonreír.

- “¿Tú tía...?” - empiezo a decir, pero mi cuerpo tiembla cuando ella le pega un chupón a la punta y la succiona con fuerza entre sus labios.

- “Síii....mmm y tiene razón, está muy rica y durísima”

- “Espera, tu tía te ha dicho que...” - vuelvo a empezar a decir.

Mónica no da pie a réplica y esta vez se traga casi la mitad de mi polla, pudiendo notar como se aloja en su garganta.

- “¡Diossss!” - exclamo al sentir eso.

- “Sí, mi tía vino con una cara de felicidad que no es normal y al final acabó confesando que habíais ido a por mí regalo y que le regalaste otra cosa... o mejor dicho varias cosas” - me dice dándole varios meneos a mi miembro y para seguir chupando esta vez queriendo profundizar más en su boca.

- “¡WoW!” - digo teniendo que apoyar mi culo en la camilla, pues esa chica sabe cómo hacer una mamada.

Mónica se entretiene con mi frenillo, golpeándolo suavemente con la lengua y apoya los dientes de forma lasciva y juguetona.

- “¿Pero tu tía... te ha dicho... todo?” - pregunto en un hilo de voz cuando esos labios se apoderan de mi glande de nuevo.

- “Si, todo... soy muy persuasiva, insistente y convincente” - añade.

- “Ya lo veo... ya... ahhh”

La chica se afana en esa mamada que practica con todo el ímpetu y se ve que no es la primera vez...

- “Es cierto lo de esta polla... es increíble, mi tía no mentía. Está riquísima”

La chica se esmera en chupar, noto ciertas succiones de sus labios al tiempo que hace todo lo posible por tragar mi miembro, pero no contenta con eso, apoya todo mi tronco en el canalillo de sus pechos y agarrándolos por los costados empieza a hacerme una cubana frenética, mirándome con cara de niña mala.

- “¡Joderrr... Mónicaaaa!” - exclamo viendo como mi polla es mecida por esos pechos preciosos y de vez en cuando la punta roza sus labios y su lengua.

Resulta asombroso ver el color pálido de mi polla abrazada por esos pechos morenitos. Ella, tomando la iniciativa, se levanta de pronto dejando mi miembro oscilante, casi huérfano después de haber estado tan bien abrigado.

- “¡Ahora quiero sentir eso dentro de mí! Quiero saber si es tan buena como dice mi tía.”

- “¡Joder!” - alucino con todo.

La chica se gira y se pone de espaldas a mí, con su cuerpo apoyado contra la camilla, de tal modo que su pecho queda encima de ella, mientras que se me ofrece su culazo en pompa. Mis manos, de forma instintiva, van a ese pandero y lo acaricio ensimismado alargando mi mano para acariciar su espalda y volver de nuevo a su redondísimo culo.

- “¿A qué esperas Alex?” - dice ella abriéndose las nalgas y ofreciéndome su rajita húmeda.

Ni qué decir tiene que no tiene que repetirlo y agarrado a su cintura con una mano, apoyo mi glande contra la entrada de ese jugoso coño al que no me cuesta penetrar, notando cómo esas paredes tibias se aferran a mi tronco a medida que voy entrando en ella.

- “¡Uy, Diossss... Alex…!” - grita justo cuando mi pelvis está pegada a su trasero y todo mi miembro dentro de ella.

- “¡Cómo te siento!” - afirmo entre jadeos, sacándola y metiéndola lentamente.

- “¡Qué gorda!”

El bamboleo de mi pelvis va in crescendo, a modo de vaivén incesante y cada vez más atolondrado, casi frenéticamente me veo follando a esa preciosa chica, llegando a desplazar ligeramente la camilla cada vez que la embisto y sólo se escuchan nuestras respiraciones y el choque de nuestros cuerpos desnudos.

Mónica, empieza a gemir con más intensidad, mientras yo me agarro a ese culazo y veo como mi polla se cuela en ella una y otra vez, hasta que un largo suspiro sale de su garganta convertido en un jadeo intenso, que indica que se está corriendo de gusto y en poco tiempo, sus gemidos pasan a ser casi alaridos, algo que produce una sensación extraña en mí y cuando quiero darme cuenta, noto como un espasmo recorriendo mi espalda, para convertirse en una corrida intensa dentro de ese estrecho agujero apenas unos instantes después.

Tras unos cuantos segundos dentro de ella aferrado a sus caderas, la saco, todavía dura, notando como un río de semen se escurre entre sus muslos.

- “¡Madre mía!” - digo exhausto.

- “Uf, sí.... ¡ha sido increíble!” - añade ella en un largo suspiro.

Sigo sin creerme lo que acababa de suceder y tras recuperar la consciencia y la respiración, ambos nos reponemos, Mónica se gira, sentada de nuevo sobre la camilla, para agarrarse a mi cuello y sellar ese momento con un tórrido beso.

Y no se queda ahí, porque apenas unos instantes después, no sé de qué manera, he acabado tumbado en la camilla y el hermoso cuerpo de Mónica sobre mí, follándome al tiempo que nuestras lenguas no dejan de jugar dentro y fuera de nuestras bocas.

Esa preciosa chica ha logrado volverme loco de placer y es que no salgo de mi asombro, pensando en qué ha sucedido para que toda esa suerte me esté acompañando en apenas unos días. Esa chica soñada, deliciosa, un bomboncito que hace temblar a cualquiera me ha dejado prácticamente seco.

Estoy acariciando esas tetas que cuelgan sobre mí, mientras ella intenta mantener dura mi polla dentro de su cuerpo, algo que resulta increíble pero cierto, pero es que esa forma de moverse hace que no se baje ni por asomo. Antes, normalmente... necesitaba un tiempo de reacción tras un orgasmo, ahora creo que estoy preparado para lo que me echen.

- “Eres increíble Mónica! - digo sin dejar de acariciar esos duros y grandes senos.

- “Tú sí que eres increíble... eres un sueño hecho realidad” - responde ella, dándome pequeños piquitos.

- “¿De veras?”

- “Lo mejor que me ha pasado”

- “Pues tú no te has quedado atrás. Eres mejor que cualquier sueño”

Me vuelve a besar y añade.

- “Entonces, ¿me he ganado ver esos conjuntos?”

- “¿Cómo?” - pregunto confuso.

- “Si, Alex, sé que me habéis comprado unos conjuntos de lencería, de esos carísimos de la tienda de la urbanización y que mi tía no quiere decirme cómo son... aunque ahora tú... me los vas a enseñar ¿a que sí?” - dice como una gatita, al tiempo que aprieta los músculos de su vagina contra mi tronco totalmente insertado en ella.

- “Uf, Mónica”

- “Vamos, Alex... ¿no me vas a dar ese capricho?”

- “Pero, no puede ser, es una sorpresa de tu tía... uffff”

- “¿Y no te parece suficiente sorpresa en lo que ha acabado tu masaje?”

Beso esos labios agarrando su cabeza y notando de nuevo su lengua juguetona.

- “¿No me digas que has hecho todo esto para ver esos conjuntos?” - le pregunto sonriendo.

- “Alex, por Dios... ¿acaso dudas que todo esto es porque me vuelves loca?”

- “Desde luego te he visto entregada”

- “Soy tuya y eres lo mejor que me ha pasado y para serte sincera, sentí envidia cuando mi tía confesó lo que habíais hecho en el probador” - confiesa ella apretando de nuevo su pelvis.

- “¡Joder!”

- “¿Me crees ahora verdad?”

- “Sí, sí, te creo... “- digo entre espasmos notando como los músculos de su vagina vuelven a aferrarse.

- “Sé que mi tía no te ha entregado su culito, pero yo sí”

- “¿Qué?”

Sin previo aviso, ella levanta ligeramente su pelvis y agarrando mi polla por la base, la ubica en dirección a su esfínter y lentamente se deja caer. La punta ha entrado en su agujero posterior y todos los poros de mi piel se abren como uno.

- “Oh, Mónica” - digo al sentir esa estrechez queriendo expandirse ante mi intrusión.

- “¿Me crees ahora que yo te entrego todo a ti?” - añade y tras un largo suspiro se deja caer más adentro.

Siento como toda mi polla se cuela en ese estrecho camino hasta tenerla totalmente empalada.

- “¡Ah!, ¡qué grande, joder!” - exclama ella abriendo la boca cogiendo aire.

- “¿La saco?, ¿Te duele?” - pregunto jadeante viendo su cara desencajada.

- “¡Me duele, pero no la saques por Dios!, ¡qué pasada!” - suspira ella posando su boca en mi frente y sus pechos a la altura de mi boca.

Entonces empieza una danza lenta que ella misma va marcando en un ritmo cadencioso y continuado, acompasado por algún suspiro y un pequeño gritito. Es increíble que mi polla haya entrado en ese culito.

Volvemos a besarnos y ella insiste, como una cría queriendo ver cuál es su regalo antes de tiempo.

- “¿Te parece poco esto? ¿Ahora me los vas a enseñar?”

Sí que es persuasiva y es fácil caer en la tentación.

- “Si lo hago tú tía me mata, lo quiere guardar en secreto hasta tu cumple” - exclamo suspirando y notando la estrechez de su ano.

- “No se tiene por qué enterar. Ni de que te estás follando mi culo antes que el suyo... ¡Ohhh!”

- “¡Uff... Mónica...! Pero es un gran secreto, le prometí no desvelar nada”

- “Pues pídeme lo que quieras. Soy tuya para lo que quieras” - me dice con su nariz sobre la mía.

Veo ese maravilloso cuerpo danzando sobre mí y cómo mi polla se ha colado en ese estrecho agujero de forma increíble, notando como me abraza ese cálido lugar, mientras su lengua juguetea con mis labios. No me puedo creer estar escuchando eso de que es mía para lo que quiera... creo que pocas mujeres me han dicho eso.

- “¿Estarías dispuesta a cualquier cosa? ¿Tanto te intriga tu regalo?” - le pregunto entre gemidos.

- “Me intriga mucho y haría cualquier cosa, siempre que me dejes verlos y probármelos y aparte de eso... haría cualquier cosa que me pidieras, aunque no me los enseñaras” - añade de forma traviesa jugando con su lengua, esta vez en mi nariz.

- “¡Joder, Mónica! ¿Cualquier cosa?” - vuelvo a preguntar.

- “No lo dudes. Alex, lo que tú me ordenes” -responde entre sumisa y desafiante.

La imagen de mi compañera viene a la mente y casi recuerdo sus mismas palabras, dispuesta a lo que fuera, si soy capaz de ponerle a Mónica en bandeja.

- “¿Serías capaz de comerte un coño?” - suelto de pronto.

- “¿Cómo?” - pregunta confusa, separando su cara intentando ver en mis ojos de que va todo eso y parando sus embestidas sobre mí.

- “Sí, un coño... y que otra mujer te coma el tuyo” - digo apretando mi pelvis como si quisiera atravesarla.

Mónica cierra los ojos y lanza un largo suspiro sintiendo que la tengo totalmente empalada.

- “Alex... lo que me pidas. Soy tuya” - dice deteniendo su vaivén y poniendo su frente sobre mi cabeza, sus ojos parecen clavarse en los míos.

Continuará...

Sylke & Álvaro