Xtories

Creí que no, pero sí (7)

El peso de la soledad se rompió cuando él llegó a su puerta. Ahora, entre el miedo de enfrentar a su pasado y la calidez de un nuevo comienzo, Valeria descubre que la libertad tiene un precio: aprender a confiar en quien realmente la ve.

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Capítulo 7

Sebastián

Valeria volvió a su casa y yo me fui para el club, de camino en la moto no dejaba de pensar en esa mujer, ya nada de lo que le pasaba me era indiferente, me preocupaba más de lo que hubiera pensado.

Si bien su divorcio era inminente, tenía claro que nada pasaría con ella, no en un momento así, donde su vida daba un giro de timón semejante, teniendo que comenzar una nueva vida, pero yo iba a estar ahí para lo que necesitara, lo que estaba sintiendo por ella me llevaba a eso.

Me levanté temprano ese sábado, no sabía a qué hora iría a casa de su padre y quería estar preparado.

Su mensaje llegó a eso de las nueve y media, para ir a la casa de su padre a las once, y como para conversar algo con ella antes, le dije que se viniera a tomar unos mates.

A las diez y media sonó el timbre y le abrí, y como siempre, la esperé en la puerta del departamento.

Al verme me sonrió y al estar frente a mí, me dio un abrazo y un beso, como siempre.

Tomamos unos mates conversando y a las once salimos para City Bell, allí es donde vive su padre.

Me sentía muy bien haciendo lo que fuera por ella, tenerla sentada detrás de mí, tomándome de la cintura, era todo cuento deseaba.

Casi media hora después, llegamos a casa de su padre, y le dije que la esperaba allí, en la vereda, pero unos metros más adelante.

Entró a esa casa y me quedé pensando en cómo le iría con su padre, ya me había contado que su relación no estaba en sus mejores momentos.

Sabiendo que el enfermo de su marido no estaba, al salir pensé en invitarla a almorzar, pero seguramente dependería de cómo le fuera con su padre.

Casi una hora después, por el espejo de la moto la vi salir de la casa, junto al que supuse su padre, que luego de despedirse de Valeria me saludó con la mano en alto, saludo que devolví de igual forma.

Valeria caminó hacia la moto, y ya me di cuenta que le había ido bien con su padre, su sonrisa me lo decía.

Se puso el casco y salimos, al llegar al camino Belgrano, con el semáforo en rojo me detuve y Valeria extendió su mano y me mostró un manojo de llaves diciéndome:

-Ya tengo donde vivir Seba!

-Buenísimo!

La luz se puso verde y crucé el camino, me detuve a media cuadra para poder hablar.

-Que bueno Vale!

-Es un departamento que mi viejo alquila por días por esa aplicación, está en el centro y todo amueblado!

-Qué bueno!

-Sí! Al menos una preocupación menos!

-Vale, ¿tenés que volver a tu casa?

-No tengo apuro, ¿por?

-¿Qué te parece si almorzamos algo por acá?

-¿No tenés que trabajar?

-Ya hablé con mi jefe y me dio el día!

Nos reímos los dos y me dijo:

-Dale! Pero no tengo mucho dinero…

-No hace falta dinero… solo hambre!

Me sonrió y me dijo:

-Está bien! Vamos! Pero cuando consiga más trabajo invito yo!

-Bueno!

Busqué algún lugar lindo para almorzar, quería que fuera un buen momento, al menos que por un rato se despejara.

Encontramos un restaurante que tenía unas mesas en un amplio parque al costado, el día estaba lindo y nos sentamos en una de las mesas de afuera.

Pedimos la comida y no podía dejar de mirarla, la veía relajada, sin dudas sabiendo que en poco tiempo su vida cambiaría, que se alejaría de ese tipo que la había encerrado con su desquiciada forma de tratarla.

-Seba, estaba pensando en que quizás hoy sea el día, ya no quiero estar un día más en esa casa, bajo el mismo techo que él, ya no lo soporto…

-Sabés que podés contar conmigo para lo que haga falta!

-Lo sé Seba… Ya lo sé… y te lo agradeceré siempre…

-Si necesitás que te acompañe, tan solo me lo tenés que decir, no sea cosa que se ponga violento o algo por el estilo…

-Prefiero que no te vea, no quiero que se la agarre con vos, que pueda direccionar su odio hacia vos, si te hiciera algo, no me lo perdonaría…

-Está bien! Pero puedo estar en la puerta por si hace falta…

-Te agradezco Seba! Mi viejo me dijo lo mismo, pero necesito enfrentarlo yo sola, decirle todo y dejar esa casa para siempre!

Eran casi las tres de la tarde cuando terminamos el café, luego del almuerzo, realmente fue un buen momento, cuando dejamos de hablar del marido, Valeria me empezó a contar lo que tenía pensado para su vida de allí en adelante.

Pagué la cuenta, y de camino a la moto me dijo:

-¿Vamos a conocer el departamento?

-Dale!

Volvimos a La Plata y paramos frente al céntrico edificio, nuevo, con el frente vidriado, sin dudas de categoría, frente a la Plaza Malvinas.

Entramos y subimos al quinto piso, un amplio estar comedor fue lo primero que vimos, con un amplio balcón que daba a la plaza, una cocina bien equipada separada del comedor por una barra de madera, luego por un pequeño pasillo, el gran baño con una bañera enorme y el amplio dormitorio con una cama de dos plazas y un gran placard, que daba al contra frente.

-Guau! Es hermoso Vale! Y no le falta nada!

-No me puedo acostumbrar a esto… sin dudas no podría pagar el alquiler de algo así…

-Nunca digas nunca! Quien te dice… quizás a partir de ahora tu vida tome otro rumbo y vaya todo a mejor…

-Dios te oiga…

-Tenés que tener fe! Todo va a estar bien!

Me miró como para decir algo, pero no lo dijo, y no quise presionar la situación.

-¿Nos tomamos unos mates Seba?

-Por supuesto!

Fue a la cocina, había de todo, solo faltaba yerba, y bajamos para ir a comprar al supermercado de la esquina, con algo para comer también.

Cuando entramos le dije:

-Vale, ya que estamos, ¿por qué no compras lo que te haga falta, no sé… para comer, para tomar, cosas de limpieza…

-Sí! Debería… pero ahora no puedo…

Bajó la mirada, supuse que porque no tenía dinero para esa compra, pero si iba a vivir allí, necesitaría algunas cosas básicas, al menos para los primeros días.

En ese pasillo del súper, me paré frente a ella, la miré y le dije:

-Vale, en cualquier momento vas a vivir en ese departamento, vas a necesitar cosas cuando ese momento llegue, compremos lo que haga falta!

Un par de lágrimas rodaron por su mejilla y me conmovió.

-No tengo dinero Seba… Gano muy poco en la escuela… no me importa no comer… solo quiero salir de esta vida…

-Te entiendo Vale, pero tengo dinero ahorrado, compramos lo que haga falta, después ves…

Se acercó a mí y me abrazó, sin dudas estaba en un momento tormentoso de su vida, dependiendo económicamente de su marido, que adrede se había comportado así con ella.

-No se diga más! Vamos!

Tomé un carrito y comenzamos a poner cosas en él, artículos de limpieza, yerba, café, té, latas de conserva, papel higiénico, artículos de perfumería, cada vez que la miraba, parecía que con su gesto me pedía perdón, no queriendo que compráramos tantas cosas.

Por último unas galletitas, pan y una torta para el mate.

Salimos del supermercado con seis bolsas de cosas, caminamos esos metros hasta el edificio y subimos.

Le ayudé a guardar todo y nos sentamos a tomar unos mates, ya eran más de las cinco de la tarde y le pregunté:

-Vale, ¿tenés que volver?

-Voy a volver cuando él ya esté… hoy será el día… esta noche dormiré aquí… que sea lo que Dios quiera…

-Todo va a salir bien! Ya vas a ver!

Sentados los dos en el sillón, uno junto al otro, las lágrimas volvieron a rodar por sus mejillas y tan solo me salió abrazarla, trayendo su cuerpo hacia el mío, sin ninguna resistencia.

No dijimos nada, pero a mí me hacía sentir muy bien estar allí con ella, era un momento complicado de su vida y me gustaba estar ahí, con ella, quería que se sintiera comprendida y acompañada, que supiera que no estaba sola.

Un rato después, volvimos a preparar el mate, pero esta vez nos sentamos en las sillas del balcón, viendo el movimiento de gente en la plaza, ya casi atardeciendo.

Desde allí escuchamos que sonaba su teléfono, y sin que se fijara ni me lo dijera, ya sabía que era el pelotudo de Guillermo, queriendo saber dónde estaba su esposa.

Valeria fue a buscar su teléfono, volvió al balcón, me mostró la pantalla donde se veía el nombre del imbécil, pero no contestó la llamada.

Un momento después, volvió a sonar, y luego otra vez, y otra más, pero en ninguna de ellas Valeria respondió.

Me imagino la calentura que tendría el salame ese, que se joda.

Luego llegaron los mensajes, textos y audios que entraban uno detrás del otro, pero Valeria ni siquiera abrió la aplicación.

La miré, su semblante relajado había desaparecido, entendí que el momento había llegado y estaba tomando el impulso necesario para afrontar la situación que le cambiaría la vida.

Miraba su teléfono en silencio, hasta que levantó la mirada que se clavó en la mía y me dijo:

-Seba, ¿me podés llevar a casa?

-Por supuesto!

Cerramos todo, bajamos, nos colocamos los cascos, subimos a la moto y de camino me dijo que fuéramos para mi casa, de allí se iría a la suya.

Al llegar al edificio, me dio el casco y ya lo veía en su cara, entre nerviosa y preocupada, la miré a los ojos y le dije:

-Ya sabés… Acá estoy…

-Ya lo sé Seba! Gracias!

Y antes de irse me dio un abrazo, un sentido abrazo que duró algo más que lo habitual.

Me quedé allí parado, viéndola irse, sabiendo lo que estaba por pasar, queriendo estar ahí con ella, por lo que pudiera pasar, pero entendí que necesitaba hacerlo ella, dar ese paso para el comienzo de su nueva vida.

***

Valeria

Salí de casa de mi padre mucho más tranquila, no solo tendría un lugar para vivir, lo más importante para mí, fue volver a sentir su apoyo, a sentir que se preocupaba por mí, por lo que me estaba pasando.

Seba me dijo de almorzar allí en City Bell, por supuesto que quería, pero no tenía dinero, y no podía pretender que él lo pagara, aunque me dijo que ese no era el problema.

Fue un momento muy lindo, en un lugar hermoso, por fin sentí que podía disfrutar de algo sin estar pensando en lo que podría pasar luego en casa, ya eso, empezaba a no preocuparme.

Ese almuerzo con Seba me hiso sentir muy bien, bueno… él me hace sentir muy bien, me siento considerada, apoyada, tenida en cuenta, sin dudas su presencia a mi lado en estos momentos era muy importante para mí.

Luego le dije de ir al departamento de mi padre, quería conocerlo y que él también lo conociera, me sentía tan bien con él, que quería que viera que allí sería siempre bienvenido.

Fue una tarde de lo más agradable, fuimos al supermercado y aunque me dio mucha vergüenza, Seba me insistió en comprar un montón de cosas para el departamento, y razón no le faltaba, desde que salí de casa de mi padre, sentía que ese iba a ser el día, que esperaría a que Guillermo volviera de estar con alguna mujer y estallaría todo, y luego de eso, esa noche ya dormiría allí.

Dicho y hecho, eran casi las siete de la tarde y mi teléfono empezó a sonar, estábamos en el balcón y entré a buscarlo, veía su nombre en la pantalla, pero decidí no atenderlo, llamó varias veces y tampoco lo atendí, luego empezaron a llegar audios y mensajes que ni siquiera miré.

El momento había llegado.

Le pedí a Seba que me llevara a casa, salimos con la moto y en el corto trayecto hasta la que hasta ese momento fuera mi casa, iba más que nerviosa, pensando en el momento que tendría que pasara al llegar a casa.

Le dije a Seba que fuéramos hasta su casa, no quería que lo viera conmigo, que se la agarrara con él también, no podía permitir que quedara en medio.

Nos despedimos con un abrazo y me fui para casa, la cara de Seba lo decía todo, sin dudas de preocupación por lo que me tocaba pasar.

Antes de llegar a casa, por las dudas, decidí llamar a mi padre, que me contestó al instante.

-Hola hija! ¿Todo bien? ¿Qué pasó?

-Hola Pa! Estoy por entrar a casa, Guillermo llegó y yo no estaba, debe estar re caliente y no me importa, lo voy a enfrentar!

-Esperame que voy para allá!

-No pa! Tranquilo!

-Si te vuelve a poner la mano encima, me va a conocer! Hagamos una cosa, te hago una videollamada antes de que entres, y si se pone loco, yo lo voy a ver y escuchar.

-Bueno dale!

Faltaban veinte metros para llegar y me entró la videollamada de papá.

-No le digas que lo estoy escuchando! Que no se dé cuenta de la llamada!

-Dale! Ya estoy en la puerta!

Puse la llave en la puerta y abrí. Al entrar, Guillermo estaba parado en el comedor con la ira en sus ojos, podía verla.

-¿Se puede saber donde carajo estabas? Te llamé un montón de veces y no respondiste! ¿Quién carajo te pensás que sos pelotuda? ¿De dónde mierda venís?

-A vos que te importa!

-Contestame hija de puta! ¿O querés que te desfigure esa cara de trola que tenés?

-¿Qué? ¿Me vas a volver a pegar?

-Te voy a pegar cuantas veces se me dé la gana! Para eso soy tu marido! Por no darme pelota! Por no contestarme el teléfono! Por no lavarme la ropa! Por no estar acá cuando yo vuelvo! ¿Quién te creés que sos? Trola de mierda! Por todo eso te voy a dar todos los cachetazos que te merecés!

Se acercaba a mí, sin dudas para golpearme, pero me quedé quieta, cuando faltaban unos pasos para estar delante de mí, levanté el teléfono.

-Viste pa! Ya me va a pegar otra vez!

Y se escuchó al otro lado la vos de mi padre.

-La volvés a tocar, pelotudo de mierda y te separo la cabeza del cuerpo! ¿Te queda claro? ¿O preferís que vaya en persona?

Guillermo se detuvo a un par de pasos, entonces le dije:

-Y me voy a divorciar de vos! Es más en este mismo momento me voy a la mierda!

-¿A dónde vas a ir? Muerta de hambre! Si no tenés un peso ni donde vivir pelotuda! No tenés donde caerte muerta! Forra!

-Antes que vivir con vos, prefiero vivir debajo de un puente idiota! Y no solamente por el maltrato, también por tus infidelidades! ¿Qué te creíste, el macho de América? Ya sé que te cogés a la mujer de Marchioni!

-Qué decís tarada!

-Y no solamente lo sé yo! Él también lo sabe!

-Estás hablando boludeces!

-¿Sí? ¿Estás seguro?

Su cara se transformó, sin dudas sabiendo la que se le venía con su jefe, y sin darle respiro le dije también:

-El viernes pasado en tu cogiditas de los viernes, te vimos, él y yo! Los dos vimos cuando la levantaste en el centro y se fueron al hotel de Gonnet! No sabés en la que te metiste! Ni te imaginás la que te espera! A vos y a su mujer! Y ahora te vas a quedar quietito ahí, mientras yo saco mis cosas de esta casa! No pienso quedarme un minuto más con un poco hombre como vos!

Se quedó en silencio, sin dudas pensando en la que se le venía, y además, sabiendo que mi padre lo estaba escuchando.

En un bolso puse un poco de ropa, como para un par de días, ya volvería por el resto, y en la mochila puse mi notebook y algunas cosas personales.

Salí de la habitación y él seguía parado ahí, me acerqué y aunque estaba temblando de los nervios, me paré frente a él, y sin que se lo esperara, le di un rodillazo en la entrepierna que lo hiso doblarse por el dolor.

Volví a tomar el bolso, me colgué la mochila y salí de esa casa, por fin.

***

Sebastián

Luego de que Valeria se fuera, subí rápidamente a mi departamento y por la ventana del dormitorio la vi llegar a su casa, y luego de un momento al teléfono, la vi entrar.

Me quedé muy preocupado, queriendo estar allí con ella, para que ese tipo no pudiera volver aponerle una mano encima.

Me quedé allí, esperando a que saliera, nervioso como pocas veces, hasta que casi media hora después, la vi salir con un bolso en la mano y una mochila, caminando, seguramente, hasta casa.

Bajé rápidamente y al salir del edificio, la vi a unos treinta metros, acercándose a mí.

Caminé en su dirección y al estar frente a frente, tomé su bolso y me dijo:

-Abrazame Seba!

Y claro que la abracé, temblaba como una hoja, sin dudas por el momento vivido.

Caminamos para el edificio y subimos, aún nerviosa se sentó en el sillón, y me contó lo que había pasado en esa casa, y por suerte, su padre estaba al teléfono y ese hijo de puta no pudo ponerle la mano encima otra vez.

Como para que se relajara, preparé unos mates y nos quedamos en la cocina.

-Ahora tengo que conseguir más trabajo… con lo que gano no me alcanza para vivir!

-Ya lo vas a conseguir, a partir de ahora vas a poder hacer lo que quieras hacer!

-Tampoco quiero quedarme todo el tiempo en el departamento de mi viejo…

-Tranquila… todo va a estar bien!

Cuando nos dimos cuenta, eran las ocho de la noche, entonces le pregunté:

-Vale, ¿querés quedarte a cenar?

-Ay Seba! Ya te estoy jodiendo demasiado…

-No jodés Vale! No tengo nada que hacer…

-Bueno… está bien… pero después ¿me podrás llevar al departamento?

-Sí, claro! Cuando quieras!

Salí a hacer unas compras y Valeria se quedó en casa, no sea cosa que el estúpido la viera conmigo.

Compré todo para hacer un pastel de papa y un par de cervezas.

Entre los dos preparamos la comida, mientras nos tomábamos unas cervezas y conversábamos, yo tratando de contarle cosas de mi vida para sacarla del tema.

Luego de cenar, a eso de las once de la noche, me dijo que ya se iba, había sido un día muy estresante y ya quería que terminara.

Fui hasta mi habitación, y del cajón de mi mesa de luz, saqué el dinero que tenía, no era mucho, pero como para vivir una semana, le alcanzaría.

Bajamos, nos subimos a la moto y la llevé hasta su nueva casa.

Al llegar, sin intenciones por mi parte de quedarme, no me bajé de la moto, y del bolsillo saqué el dinero.

-Vale, espero que no me digas que no!

-¿A qué Seba?

-Tomá! No es mucho… pero para unos días te puede servir!

-No hace falta Seba! Ya veré como me arreglo!

-Por eso… mientras tanto, vas a necesitar algo, aunque sea para comer!

-Gracias Seba! ¿Tenés que ir a trabajar?

-Hoy ya no! Iré mañana!

-¿Querés subir a tomar un café?

-Sí claro! Pero un ratito! Así podés ir a descansar! Mañana empieza tu nueva vida!

-Ya empezó… Hoy voy a dormir tranquila…

Estacioné la moto y subimos, para que mentir, no solo quería tomar ese café con ella, también hubiera querido quedarme con ella, abrazarla hasta que se durmiera, pero bueno, ya se vería de allí en adelante, como seguirían las cosas.

Luego del café, ya viéndola más tranquila, le dije que ya me iba, así podía ir a descansar.

Me acompañó hasta abajo y nos despedimos con un abrazo.

-Gracias Seba! Gracias por todo… Sos un sol…

-No tenés nada que agradecer… para lo que necesites, sabés que estoy…

-Ya lo sé…

Me subía a la moto y volví para casa, de camino no pude dejar de pensar en Valeria, en lo que había tenido que pasar, en lo que podía ser su vida de ahora en más, y en lo que me gustaría estar en ella.

***

Valeria

Antes de irme a la cama, me di un baño, el primer baño en mi nueva casa, aunque estaría allí el menor tiempo posible, tenía que conseguir más trabajo, para poder llegar a un salario que me permitiera vivir, alquilar mi propia casa y mantenerme, era consciente de que no sería fácil, pero lo iba a lograr.

Ya en la cama, reviví cada momento de ese día, la conversación con papá y su apoyo, sin dudas una sensación que hacía tiempo no tenía, la de sentir a mi padre, como tal, como un padre apoyando a su hija en un momento difícil.

Luego los nervios de enfrentar a Guillermo, nunca creí que me tocaría vivir una situación así, y pensé también en que haría con su trabajo, no quisiera saber lo que le tocará cuando enfrente a Marchioni.

Y Seba… por Dios… que importante es para mí sentir su apoyo, saber que cuento con él, que se preocupa por lo que me pasa… cada vez lo siento más cercano a mí, y pienso muchas veces en por qué es así conmigo, sin dudas porque tiene un corazón inmenso, pero… ¿le pasa algo más conmigo? ¿O solo lo hace como un amigo?

Es cierto que nunca he tenido un amigo varón, tan solo buenos compañeros de trabajo o de la facultad, pero nunca a un hombre tan cercano a mí… y preocupándose de la manera en que lo hace, sin dudas, tenerlo cerca es muy lindo… bueno… él es muy lindo…

Mi nueva vida comenzaba, lo que seguía era el divorcio de Guillermo, que por suerte contaba con mi padre para eso, aunque soy consciente que nada me corresponde, la casa es de él.

Desperté el domingo, miré mi teléfono y eran casi las once y media de la mañana, hacía mucho tiempo que no dormía hasta esa hora, incluso me quedé un rato más en la cama, nadie me apuraba, a nadie tenía que atender, ni darle explicaciones.

El sol entraba por la ventana, corrí las cortinas, me preparé el mate y volví a la cama, ya luego vería que hacer.

Mientras mateaba, pensé que el martes en la escuela, hablaría con la directora, para que me tuviera en cuenta si se producían vacantes, y también prepararía un curriculum para buscar horas en otras escuelas también.

Pensé en enviarle un mensaje a Sebastián, pero seguramente estaría trabajando, y si le decía de vernos, dejaría de hacerlo, pero no quería cortarle su jornada, pero en verdad lo extrañaba.

Por la tarde hablé con mis amigas, les conté que había dejado a Guillermo y que a partir de ahora, volvería a juntarme con ellas en esos encuentros que tanto extrañaba.

También hablé con mi papá, me llamó para decirme que al día siguiente por la mañana, iríamos a la que fuera mi casa a buscar el resto de mis cosas y para arreglar el tema del divorcio.

Esa noche, cruzamos con Sebastián varios mensajes, donde le conté de mi viejo, de mis amigas y de buscar trabajo en otras escuelas, mi nueva vida había comenzado a rodar.

***

Sebastián

Ese domingo, cerca del mediodía salí a trabajar, siempre tenía mucho trabajo, sobre todo al mediodía, y aprovecharía para ganar unos pesos.

Durante todo el día estuve tentado de escribirle a Valeria, pero tampoco quería ser denso ni generar ninguna situación incómoda para ella, le daría su espacio, pero quería hacerle saber que podía contar siempre conmigo.

Fue recién en la noche, a los pocos minutos de llegar a casa, que recibí un mensaje de ella, y me estuvo contando lo que harían con su padre al día siguiente. También me contó que había hablado con sus amigas para volver a verlas, y le dije que estaba muy bien.

El lunes, cuando llegué al club, Mariano me llamó aparte, necesitaba hablar algo conmigo.

-Seba, el sábado hablé con un profe, y me preguntó por un entrenador de arqueros, le dije que tenía uno, y por eso quería hablar con vos.

Desde hacía un tiempo, yo venía entrenando con los arqueros del plantel, que entrenan diferenciado, me había gustado y lo hacía bastante bien.

-¿Para donde Mariano?

-Es un salto importante! Pero es tan solo por cuatro o cinco meses! En la reserva de….! ¿Qué decís?

-Uh! Primera división! ¿Creés que estoy como para eso?

-Por supuesto! Acá lo hacés muy bien!

-¿Y sería todos los días?

-Ahí sí! Pero las condiciones son muy buenas! El sueldo es casi cinco veces lo que ganás acá! Y el club te da un departamento para vivir! Lo único que tenés que trabajar todos los días e ir a los partidos con el equipo, además te dan ropa y la comida! ¿Qué decís?

-Qué sí!

-Bien! Es poco tiempo pero sirve para hacerte conocer! Además es buena plata!

-Ya lo creo!

-Yo le paso tu teléfono a Ernesto Morales, de… Y arreglás con él!

-¿Sabés cuando tengo que arrancar?

-Creo que la semana que viene! Al profe titular lo tienen que operar del fémur y tiene para esos meses de recuperación!

-Gracias Mariano! Pero ya estoy nervioso!

-Tranquilo que lo vas a hacer bien! Y después volvés para acá! No te vas a quedar sin trabajo!

Luego de esa charla, nos fuimos para el entrenamiento, aunque no podía dejar de pensar en la propuesta, sin dudas, excelente.

Llegué a casa a eso de las ocho y media, no había tenido noticias de Valeria y decidí enviarle un mensaje.

-Hola Vale! ¿Cómo fue todo?

Esperé su respuesta, pero no llegó sino hasta las once de la noche.

-Hola Seba! Estaba cenando con mi padre! Mañana en la escuela te cuento! Un beso!

-Dale! Un beso!

Me había preocupado, ya me imaginaba cualquier cosa, pero por suerte todo parecía ir bien, al menos la relación con su padre, había mejorado con todo esto.

***

Valeria

Como habíamos quedado, papá me pasó a buscar por casa a las ocho de la mañana, para llegar antes de que Guillermo se fuera para el estudio, si es que tenía los huevos para enfrentar a su jefe.

-Hija, esas maletas son para que saques todas tus cosas, si no entran ahí, tengo unas bolsas grandes, así podés llevarte todo lo tuyo de un solo viaje!

-Gracias Pa! No tengo muchas cosas, mi ropa, mis libros y poco más, el resto que se lo meta en el culo!

-Tal cual!

Fue mi padre quien con una carpeta en la mano, tocó el timbre de la que fuera mi casa, Guillermo abrió con carita de bueno, que pedazo de cagón.

Pasamos sin siquiera saludar, una vez dentro, no yo me lo esperaba, mi padre se paró frente a Guillermo y le dio vuelta la cara de un cachetazo.

-Eso por levantarle la mano a mi hija! Y si no querés que te haga desaparecer de este mundo, vas a firmar todo lo que yo te diga! ¿Está claro?

Ni escuché su respuesta, con las maletas fui a la que fuera mi habitación y saqué toda mi ropa del placard, también mis cosas de perfumería, mis libros y un par de cosas que eran mías, algunos recuerdos, carpetas, fotos, pero nada que tuviera que ver con él.

Cuando salí de la habitación, Guillermo estaba sentado en la mesa firmando los papeles del divorcio, que sería de común acuerdo, para que sea más rápido.

Luego mi padre le dijo:

-El auto lo compraste ya estando casados, así que le corresponde el cincuenta por ciento a mi hija, pero te doy a elegir, se lo queda ella o te hago mierda en un juicio por maltrato físico! Vos elegís!

Guillermo lo miró sabiendo que tenía todas las de perder y le dijo:

-Está bien! Que se lo quede…

Papá sacó de la carpeta los formularios del traspaso de titular ya sellados y se los hiso firmar en blanco.

Cargué las maletas y las dos bolsas en el auto y nos fuimos, por supuesto, sin siquiera despedirnos.

De camino a mi casa papá me dijo:

-Vista la cara de corderito que tenía el pelotudo!

-Ni pensé en el tema del auto…

-Algo le tenías que sacar a ese malnacido!

-Pero yo no manejo papi!

-No importa! Ya firmó el cero ocho! Lo vendés y te quedás con la plata!

Descargamos todo en casa y me preguntó si podíamos cenar esa noche, le dije que sí, y quedamos en que me pasaría a buscar a las ocho de la noche.

Todo empezaba a estar mejor, sin dudas el dinero de la venta del auto me vendría bien, como para unos meses, hasta que consiguiera más trabajo.

Acomodé todas mis cosas, luego salí a hacer algunas compras y volví para preparar el almuerzo.

A la tarde, salí a una casa de copias a imprimir mi currículum, al día siguiente ya comenzaría a buscar más trabajo.

Volví a casa, me di un baño, me cambié y esperé a que mi padre me pasara a buscar.

Puntual a las ocho me tocó el timbre, bajé con sus maletas vacías para devolvérselas y nos fuimos a cenar a un restaurante del centro, cerca de casa.

Estábamos eligiendo la comida, cuando me llegó un mensaje de Sebastián, pero como estaba con papá, decidí contestarle al volver a casa.

Mi vida estaba tomando un nuevo rumbo, tenía que empezar de nuevo, y sin dudarlo, sentí que en este nuevo comienzo, quería a Sebastián cerca de mí, pero... ¿Qué tan cerca?

Papá me dejó en casa, eran más de las once de la noche, pero de todas formas decidí enviarle un mensaje, diciéndole que al día siguiente en la escuela, necesitaba contarle todo...

Continuará…

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