Creí que no, pero sí (2)
Guillermo la controla, la vigila y la humilla, pero Sebastián solo la mira con respeto y la escucha. Cuando el viento cierra la puerta y la deja atrapada, él es el único que puede abrirla el camino. Ahora, la invitación a un café no es solo cortesía, es la primera grieta en su matrimonio.
Capítulo 2
Sebastián
Esa misma tarde, un par de horas después, me llegó un mensaje de un número desconocido, no sabía si era Valeria o el esposo, pero me decían que pasara el sábado a las once de la mañana para dejar todos mis datos y los de la garantía para hacer el contrato.
Puntual a las diez de la mañana estaba tocando el timbre, esta vez atendió un hombre, me presenté como Sebastián Paredes y estrechamos las manos.
Un tipo casi de mi altura, de pelo corto, un poco regordete, aunque sin llegar a gordo, y con cara de pocos amigos.
Le dejé todos mis datos, la copia de la escritura de la casa de mis viejos y luego me dijo:
-Cuando tenga el contrato listo te aviso. Tus padres deberán venir a firmarlo!
-Si claro! Cuando usted me diga!
De gesto serio tirando a cara de culo, pocas palabras y el seño fruncido!
-El tema de los gastos, te lo confirmo cuando esté el contrato, que sería a partir del primero de octubre, y descuento de ahí, la seña que dejaste!
-Perfecto!
-Me dijo mi esposa que estás estudiando! Desde ya te aclaro que nada de jodas nocturnas! No quiero escuchar quilombo a la hora de dormir!
-Perfecto!
-Tampoco quiero un desfile de gente!
-Quédese tranquilo! Solo vendrán algunos compañeros a estudiar!
-Tampoco quiero desfile de minitas! Esto es un hogar serio!
-Quédese tranquilo! Si vienen chicas serán compañeras de estudio! No tengo novia!
-Otra cosa! Nada de meter a vivir a alguien más! El alquiler es solo para vos! ¿Se entiende no?
Lo escuchaba y me empezaba a arrepentir de haber alquilado, ese tipo parecía un sargento, con mala onda y cara de culo.
-Además de estudiar también trabajo, incluso los fines de semana, así que estaré poco tiempo!
-Mejor así! No me gusta el quilombo!
Me despedí del tipo con otro apretón de manos, esta vez, apretando su mano un poco más, no me iba a intimidar con su forma de hablar.
El martes de la semana siguiente, me dijo que ya estaba listo el contrato, que me lo enviaba por mail para que lo imprimiera y lo leyera y si estaba de acuerdo, que le avisara que día vendrían mis padres a firmar como garantes.
Finalmente firmamos el contrato el viernes de esa semana, y le dije que la semana siguiente haría la mudanza, y con su interminable derroche de simpatía, me entregó las llaves y me dijo que no quería problemas ni líos en el pasillo durante la mudanza.
Esos días que fui a su casa, no volví a ver a Valeria, y me dio por pensar que este tipo la tenía cagando.
Mis amigos del otro departamento me ayudaron con la mudanza ese miércoles dos de octubre, un día completamente nublado con amenaza de lluvia, que por suerte aguantó hasta que terminamos de entrar todas las cosas, que siendo cinco, las bajamos rápido de la camioneta.
Acomodé los pocos muebles que tenía, la cama, la mesa con las sillas, el sillón, una pequeña biblioteca, la heladera y mi ropa en el placard, antes de la noche ya tenía todo acomodado.
Pasaron varios días hasta que volví a ver a la dueña del departamento, fue una mañana de sábado que salía con la bicicleta para ir a la casa de mis amigos a comer un asado organizado por Miguel, y Valeria estaba barriendo la vereda.
-Buenos días Valeria!
-Hola Sebastián! ¿Y, cómo va todo? ¿Ya terminaste de acomodar los muebles!
-Sí! Bueno… en verdad el mismo día que me mudé! No tengo muchos muebles!
-Ni me enteré cuando te mudaste!
-El miércoles pasado a la tarde!
-Yo estaba acá! No escuché nada!
-No hicimos ruido! Tu esposo me había dicho que no quería nada de ruidos!
-Uff Qué tipo! No le des bolilla! Es un poco hincha…
Para mis adentros pensé, ¿un poco nomás? Es tan asqueroso como amargo ese tipo!
-No pasa nada! Igual ya le dije que entre el trabajo y la facu, ni me van a ver casi!
-Es verdad! En estos días ni me enteré de que ya estabas! Bueno Bienvenido! Espero que todo vaya bien! Cualquier problema con el departamento me avisás!
-Dale!
Nos despedimos y mientras pedaleaba para mi anterior departamento, fui pensando en que estos dos eran el día y la noche, Valeria muy simpática y amable y el marido una cucharada de bilis.
A partir de ese día, cada vez que nos cruzábamos nos saludábamos amablemente y charlábamos un par de cosas triviales.
Los primeros días de noviembre, toqué el timbre de la casa y me abrió Valeria.
-Hola Valeria, buenas tardes!
-Hola Sebastián!
-Venía a dejarte la plata del alquiler!
-Justo no está mi marido, por el recibo digo…
-No hay problema! Te dejo el dinero y después me lo dan!
Volví a mi departamento a prepararme para salir a trabajar y una hora y media después, salía con mi bicicleta por el pasillo, cuando escuché gritos en casa de mis vecinos, el marido le decía a Valeria, “que tiene que venir este boludo a pagar el alquiler cuando yo no estoy! Si sabe a la hora que estoy!”
Seguí caminando por el pasillo, definitivamente me había montado en un huevo a ese boludo.
Pasaron varios días sin novedad, sin cruzarme con ninguno de los dos, lo que menos quería era cruzarme con ese tipo, al que por supuesto, no trataría amablemente.
Los primeros días del mes de diciembre al momento de pagar el alquiler, para no verle la cara al tipo, puse el dinero en un sobre, le puse mi nombre y lo pasé por la boca de correo que tienen en la puerta del frente de su casa.
Al volver del trabajo en la noche, encontré pasado por debajo de la puerta del departamento, el recibo del alquiler, y así fue a partir de ahí.
Ese mes, varias tardes vinieron compañeros a preparar un examen final, pero los dueños ni se enteraron.
Varias noches también llegué acompañado de algunas chicas que se han quedado a dormir, luego de unas noches de pasión.
Pasé las fiestas de fin de año en Magdalena con mis viejos y con los amigos de allí y me quedé hasta mediados de mes, luego volví, tenía que preparar dos finales para rendir en marzo.
Desde hacía un tiempo, venía pensando en comprarme una moto para el trabajo, aunque sea usada, me serviría para hacer más entregas por día.
A finales de enero, terminé comprándole a un compañero de la aplicación, una moto, ya que le entregaban la moto nueva que se había comprado y vendía la vieja, encima me daba la posibilidad de pagársela en cuatro cuotas.
Pensé en no entrar a casa con la moto, el pasillo era largo y no tenía opción de dar la vuelta, tendría que salir como entraba, además, no sea cosa que la moto perdiera aceite o algo y manchara el pasillo, me tendría que bancar al nabo ese diciéndome algo.
Pregunté en los comercios del barrio por alguna cochera y el dueño de la carnicería, me dijo que por unos pocos pesos la podía dejar en el garaje que tenía el local, que él no lo usaba.
Así fue que unos días después, ya tenía moto, que usaría solo para los delivery, y que guardaría a media cuadra de casa, aunque para ir a la facultad y a otros lados, seguiría usando la bicicleta.
Era el mes de febrero, el verano se hacía notar con un buen calor, esa tarde amenazaba lluvia y antes de que se largara a llover, me fui para casa.
Eran cerca de las seis de la tarde, guardé la moto, conversé unos minutos con el carnicero luego de comprar para la cena y fui para casa, ya con las primeras gotas cayendo.
Cuando me faltaban unos metros para llegar, vi alguien sentado en la puerta y me di cuenta que era Valeria, que al verme, casi que se puso contenta.
-Hola Sebastián!
-Hola Valeria! ¿Cómo estás?
-Ay! No sabés lo que me pasó… salí a sacar la bolsa de la basura y se me cerró la puerta con el viento!
-Uhh!
-Estoy sin llaves y sin teléfono! No podía llamara a Guillermo! Y encima se largó a llover!
-Que justo! Decime como te ayudo! ¿Querés llamar a tu esposo? Te doy el teléfono! O podés esperar en casa si querés!
-Estaba pensando… la puerta del patio de casa está abierta, ¿te animás a saltar la pared del pasillo al patio y me abrís la puerta?
-Sí claro!
Abrí la puerta del pasillo y entramos, vi por donde podía trepar, la pared no era tan alta, serían dos metros, apoyé la bolsa de la compra en el piso, me colgué de un salto, trepé la pared y salté a su patio.
Entré a su casa, abrí desde adentro la puerta de su casa y le dije:
-Pase usted! Siéntase como en su casa!
No pudo evitar la risa, nos reímos los dos.
-Muchas gracias Sebastián!
-No hay nada que agradecer! Para eso estamos los vecinos!
-Perdón que no quise llamar a mi esposo, pero me dijo que tenía una reunión importante y seguramente no me hubiera atendido!
-Claro!
-Y si me atendía me hubiera dicho de todo por salir de la casa sin las llaves…
-Tranquila! Por suerte llegué justo!
-Sí! Muchas gracias! Me salvaste!
Me dio la bolsa que había levantado del piso, nos despedimos y me fui para casa.
Mientras me tomaba unos mates pensé que no me equivocaba con ese tipo, la tenía cagando, pobre mujer, ¿como se lo aguantaba…? ¿Cómo podía vivir con un tipo así? ¿Cómo existían hombres así todavía? Parecían esos machos posesivos del siglo diecinueve.
Pero ella… ella me agradaba…
***
Valeria
Luego del sermón que me diera por el tema de la seña que había dejado ese chico por el departamento, me dijo que él se ocuparía de todo, para que yo no volviera a hablar con él.
Y cuando ese chico volvió a dejarle todos los datos, ni aparecí por allí mientras ellos conversaban, pero desde la cocina pude escuchar la forma de hablar y las cosas que Guillermo le dijo a ese chico.
Una tarde estaba barriendo la vereda cuando lo vi salir del pasillo, no sabía si ya se había mudado y hablamos un momento, confirmándome que ya estaba viviendo, ni lo había escuchado mudarse.
Volvió a parecerme un buen chico y le di la bienvenida, diciéndole que cualquier inconveniente en el departamento, me avisara.
Al mes siguiente, sonó el timbre de casa y vi que era Sebastián, le abrí y me dijo que venía a traer el dinero del alquiler, sabiendo lo que quería Guillermo, le dije que él no estaba para darle el recibo, y así fueron los problemas que tuve cuando Guillermo llegó.
Estábamos en la cocina, por tomar unos mates y le dije:
-Guille, hoy vino el chico del fondo y me dejó la plata del alquiler, le dije que después le alcanzabas el recibo.
Puso cara de pocos amigos y levantando la voz me dijo:
-Que tiene que venir este boludo a pagar el alquiler cuando yo no estoy! Si sabe a la hora que estoy!
-No sé Guille! Me trajo la plata y se fue! ¿Por qué me gritas así?
-Porque no tenés nada que hablar con ese pendejo! ¿Está claro?
-Está bien… pero no es para que te pongas así…
-Me pongo como se me da la gana! Y si ese pendejo hace quilombo lo rajo a la mierda!
-No hace ni ruido! Ni sabía que ya se había mudado…
-A partir del mes que viene, que venga cuando yo estoy! Y si no estoy, que vuelva después!
-Está bien…
Cada vez se hacía más normal ese trato, aunque luego se tranquilizaba y me decía que estaba nervioso por el trabajo.
Hacía unos días habíamos vuelto de las vacaciones en la costa, una semana que realmente no disfruté, Guillermo estaba todo el día pendiente del teléfono y casi no hablábamos, tan raras habían sido esas vacaciones, que ni siquiera allí hicimos el amor.
Una tarde de febrero, que amenazaba lluvia, salí a sacar la bolsa de basura antes de que se largara a llover y tuve tanta mala suerte que la puerta de casa se me cerró con el viento.
La puta madre, me quedé afuera, sin llaves y sin teléfono.
Ya me imaginaba la bronca que me comería cuando llegara Guillermo y me encontrara en la vereda.
Pensé en pedirle prestado el teléfono a algún vecino para llamarlo, pero si lo interrumpía en su trabajo para decirle lo que me había pasado, la cosa se pondría peor.
Me senté en el escalón de la puerta de casa a esperar que llegara Guillermo, pero media hora después comenzó a llover, una llovizna, pero el cielo estaba todo negro.
Estaba pensando en que hacer, cuando a lo lejos lo vi venir a Sebastián, al menos podría entrar al pasillo para no esperar a Guillermo bajo la lluvia.
Cuando llegó, nos saludamos y le conté lo que me había pasado, me ofreció su teléfono o que esperara a Guillermo en su casa, pero las dos opciones me traerían problemas.
En ese momento recordé que la puerta del patio estaba abierta, y con mucha vergüenza le pregunté si se animaba a saltar la pared del pasillo al patio de casa y abrirme.
Inmediatamente me dijo que sí y entramos al pasillo con su llave.
Saltó la pared y me abrió la puerta del pasillo, y me causó gracia que me dijera “Pase usted! Siéntase como en su casa”. Me sentí aliviada de que Guillermo no se enterara de lo que había ocurrido y le agradecí que me hubiera ayudado.
En verdad me parecía un buen chico, con buenos modos y muy respetuoso, ya vería la forma de agradecerle.
***
Sebastián
El día siguiente estudié toda la mañana, comí algo, estudié un par de horas más y a eso de las dos y media de la tarde, cuando me estaba preparando para salir a trabajar, escuché que golpeaban la puerta, sin dudas era alguno de mis vecinos.
Me puse la remera y abrí la puerta. Me encontré a Valeria con un plato en la mano y una sonrisa, vestida como siempre, a pesar del calor, con esos pantalones largos y anchos y una remera larga también.
-Hola Valeria!
-Hola Sebastián! Esto es para vos! Por el favor de ayer!
-No hacía falta! Pasá por favor!
-Está bien! Solo quería darte la torta! Como agradecimiento! No quería molestar
Sin dudas era una torta casera que tenía una buena pinta!
-No es molestia! Justo estaba por hacer unos mates! Pasá por favor! ¿Te tomás unos mates?
-Buen, dale…
Me entregó el plato, que dejé sobre la mesa.
-Sentate por favor!
Se sentó en una de las sillas mientras yo fui a la cocina y puse a calentar el agua, mientras tanto, llevé un cuchillo, servilletas y un par de platitos.
-Tiene pinta de casera!
-Sí! La hice yo! Espero esté rica!
Ni siquiera le pregunté, le serví una porción y le entregué el plato, fui a la cocina, preparé el mate y volví al comedor, probé el bizcochuelo y estaba riquísimo!
-Uff! Está buenísima! Me hace acordar a las que hace mi vieja!
Ella también probó mientras cebaba el mate y se lo pasaba.
-Sebastián, nunca te pregunté que estabas estudiando…
-Estudio educación física, este año curso el último y si Dios quiere, me recibo!
-Ah! Yo también soy profesora, pero de historia!
-¿Y estás dando clases?
-Sí! En una escuela secundaria. Tengo cuatro cursos!
-Qué bueno!
-¿Pensás trabajar en escuela?
-Sí! La verdad es que me gustaría! Aunque también me gustaría ser preparador físico en algún deporte!
-También podés trabajar en algún gimnasio… o como personal trainer!
-También! Pero me gusta más el laburo de profe!
-Claro!
-Los gimnasios son un embole y pagan dos mangos! Y lo de personal trainer, no sé… no me veo…
-Lo de ser profe me encanta! Si fuera por mí, trabajaría más horas, pero…
-Tu esposo no quiere!
-Siempre dice que ni siquiera haría falta que trabaje! Con lo que él gana, me podría quedar en casa…
-Pero te gusta trabajar…
-¿Y si no para qué estudié?
-Y sí… claro…
No se quedó mucho en casa, terminó su porción de torta, se tomó tres mates y me dijo que ya se tenía que ir. Se puso de pie y caminó hacia la puerta, pero antes de salir, se giró y me dijo:
-¿Te puedo pedir un favor?
-Sí, claro!
-No comentes con mi esposo que estuve tomando unos mates acá, si se entera me va a hacer problemas…
-Quedate tranquila! Nunca diré nada, además…
-Sí, ya sé… no te cae bien mi esposo…
No quise defenestrar a su marido, me mordí la lengua para no decir lo que estaba pensando.
-En verdad, casi no tengo trato con él…
-Me imagino que por eso dejás el alquiler en un sobre por el buzón…
-Así es! Digamos que las veces que hemos hablado, han sido… ásperas digamos…
-Me imagino… Guillermo tiene ese carácter seco con la gente… supongo que por su profesión…
-Puede ser…
-Y además es muy celoso… posesivo digamos! Y… no le gusta mucho verme hablar con otros hombres…
-Entiendo… Quedate tranquila, nunca diré nada!
-Gracias Seba!
Caminó hacia su casa y entró por la puerta del pasillo.
Me volví a sentar y me comí otra porción de torta mientras pensaba, sobre todo en que me haya llamado Seba, por supuesto no me molestaba, todos me decían así, pero que ella lo hiciera, daba muestras de “cierta confianza”.
Pero… ¿Qué hacía con un tipo así? Celoso, controlador y amargo, claro está, no tenía un matrimonio feliz.
Valeria me parecía una mujer súper simpática y amable, me caía muy bien, por qué no decir que me resultaba atractiva, su mirada, su sonrisa, su voz suave, su forma de hablar, no sé… tenía algo que me atraía…
No quise comentarle lo que había escuchado aquella tarde, ni en el tono en que su marido le había hablado, ¿para qué? Seguramente haría que se sintiera mal, y era al pedo, al menos en ese momento…
***
Valeria
Al día siguiente, como no me tocaba trabajar, decidí agradecerle a mi vecino con una torta, en la mañana salí a comprar todo, haría dos, una para dejar en casa y otra para llevarle en agradecimiento por lo del adía anterior.
Luego de almorzar, puse una de las pequeñas tortas en un plato, salí al pasillo y le golpeé la puerta, tan solo le daría la torta y me volvería a casa, antes de que llegara Guillermo.
Me abrió con una sonrisa y me invitó a pasar, me dijo de tomar unos mates y acepté, aunque solo me quedaría un momento.
Preparó el mate y cortó torta para los dos, le encantó y estuvimos conversando un rato.
Cada vez más, me parecía un chico muy amable y simpático, nunca dijo nada fuera de lugar ni con segundas intenciones, me contó lo que estaba estudiando y yo le conté que era profesora también, tenía volver a casa, pero la conversación estuvo muy entretenida.
Antes de irme, le dije que no comentara nada con Guillermo, sabía que le estaba diciendo algo que quizás no correspondía, pero no quería tener problemas con mi marido, ni que él tampoco los tuviera con Guillermo.
Me dejó tranquila cuando me dijo que nunca diría nada, y sabía que así sería, claramente a Sebastián no le caía bien Guillermo.
Al llegar a casa, me quedé pensando en lo que habíamos hablado y en lo ameno que me había resultado hablar con él, en ese momento no tenía mucha gente con la que hablar de mis cosas y quizás podría encontrar en Sebastián a un buen amigo, ahí a unos pocos metros y sin tener que salir de casa.
Pero era plenamente consciente de que Guillermo nunca se tendría que enterar de que yo hablaba con nuestro inquilino, me montaría flor de escándalo.
Y sumado a eso, a pesar de no ser un chico demasiado atractivo… tenía lo suyo… quizás su carácter o su forma de hablar o su sonrisa, no sé… me parecía una persona con buenos sentimientos, de buen corazón, y por como hablaba de sus padres, parecía de buena familia, criado con amor y con buenos valores. Una persona interesante…
***
Sebastián
Acostumbrado a la moto, poco a poco fui dejando la bicicleta, llegaba más rápido a todos lados y el gasto no era tan importante, aunque seguía pedaleando cuando no tenía apuro.
Comenzaron las cursadas del último año, si todo iba bien, a fin de año o a más tardar en marzo del año siguiente, ya sería profe de educación física, se lo debía a mis padres por el esfuerzo que habían hecho.
Una mañana, entre dos clases, me encontré en un pasillo con Mariano García, un profesor del año anterior con el que había hablado varias veces, era un tipo joven y con buena onda.
El profesor de la clase siguiente no llegaba aún y en la conversación me preguntó que pensaba hacer luego de recibido, le dije que me gustaría dar clases en escuelas y también ser preparador físico de algún equipo, de futbol, o básquet o vóley. El profesor llegó, nos despedimos y entré a clases.
Un par de días después, al terminar una clase, salí al pasillo y me lo volví a encontrar Mariano.
-Hola Mariano! ¿Cómo andás?
-Hola Sebastián! Te estaba esperando! El otro día que hablamos me quedé pensando, soy preparador físico del equipo de primera de… y con el cuerpo técnico estuvimos pensando en un profe más, como ayudante y se me ocurrió que te podría interesar.
-Sí, claro!
-En un principio serían tres o cuatro días a la semana, entrenamos en ambos turnos pero alternado, bueno… sé que cursas de mañana, sería tan solo en las tardes, ¿qué decís?
-Qué sí! Ya te lo digo!
-Al comienzo sería solo en los entrenamientos, a los partidos voy yo. El sueldo no es gran cosa, pero para empezar te puede servir, al menos hasta que termines la carrera!
-Buenísimo! Ya! Decime cuando arranco y me tenés ahí!
-Mañana a las cinco de la tarde! Agendá mi número y cualquier cambio te aviso!
El equipo en cuestión, era de futbol de un club de la ciudad que estaba en tercera división con posibilidades de ascender a segunda.
No cabía dentro de mí de la alegría, no solo haría algo que me entusiasmaba, sino que además ganaría unos pesos por ello! Mariano me dijo que el sueldo no era gran cosa, pero para mí estaba bárbaro, bastante más de lo que ganaba en ese momento, y además los días que no iba al club, podía seguir con el delivery.
Al día siguiente fui al club a las cinco de la tarde, Mariano me presentó primero al cuerpo técnico y luego al plantel, en cada momento de la práctica, Mariano me iba explicando cada cosa que iban haciendo los jugadores, me explicó todos los momentos del entrenamiento y las técnicas.
Llegué a casa más contento que perro con dos colas, pero mientras cenaba pensé que tendría que comprarme algunas ropas deportivas y zapatillas.
Esa tarde, llegué de la facu, comí algo, estudié un par de horas y salí para ir al centro.
Saqué la moto del garaje, hablé un momento con el carnicero y salí en dirección al centro.
Al llegar a la avenida, vi a Valeria en la parada del colectivo y paré para saludarla sacándome el casco.
-Hola Valeria!
-Hola Seba!
-Hacía un montón que no te veía!
-Es verdad!
-Voy para el centro, ¿te puedo alcanzar a algún lado?
-También voy al centro! A la empresa de telefonía, creo que no me funciona el chip.
-Vamos que te llevo!
Creo que dudó un momento, pero terminó aceptando. Me bajé, levanté el asiento, saqué el otro casco y se lo di.
De camino no pudimos hablar mucho, con el casco y el viento es algo complicado.
Llegamos al local de su empresa de telefonía, me agradeció y le dije:
-Tengo que comprar zapatillas y algo de ropa, después vuelvo para casa, si querés te espero!
-No quiero molestarte tanto Seba!
-No es molestia! Para que están los vecinos!
-Bueno, dale!
-Te espero y después compro las zapatillas!
Entró al local mientras yo ataba la moto y la esperaba en la vereda.
Tardó apenas quince minutos y al salir, con el teléfono funcionando, caminamos hasta la cuadra siguiente donde estaba la casa de ropa deportiva a la que yo iba.
Allí entramos los dos, mientras me probaba unas zapatillas Valeria estuvo mirando la ropa exhibida y la zona de zapatillas.
Había dos modelos que me gustaban y no me decidía por una, me puse una de cada par y mientras me miraba al espejo, se acercó Valeria y al verla a mi lado, le dije:
-¿Cuál de las dos?
-A mí me gustan más las blanca! Pero no sé a vos…
Me volví a mirar y le hice caso, me decidí por las blancas. Luego elegí un par de remeras, medias y un pantalón corto.
Pagué y salimos del local, caminando a buscar la moto.
Quizás era un atrevimiento lo que estaba pensando, pero me gustaba tanto su compañía, que decidí tirarme el lance.
-Valeria, ¿tenés que volver ya a tu casa?
-Hoy no me toca dar clase, ¿por?
-¿Te puedo invitar un café!
Me miró con un gesto que no entendí, creo que no se lo esperaba…
Continuará…
Continúa en
- Relato #220761— title-regex: contiguous parts (1 -> 2)
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