Pecado
La insatisfacción de Chaima se transforma en una tentación incontrolable cuando su vecino, un hombre maduro y musculoso, se cruza en su camino. Lo que comienza como una fantasía solitaria se convierte en una realidad prohibida cuando él la invita a su casa. ¿Podrá resistirse a la tentación de ser poseída por el hombre que siempre soñó?
Hacía ya dos años que Chaima se había casado con un chico marroquí, Saad. Cinco años mayor que ella. Vivían juntos en un piso humilde y aún no se habían decidido a tener hijos. Él disfrutaba con ella en la cama, pero Chaima no podía decir lo mismo. Estaba insatisfecha sexualmente. Él nunca quería probar cosas nuevas, además era muy tradicional en el sexo y buscaba más su satisfacción que la de ella. Tanto fueron cayendo las relaciones sexuales que Chaima se masturbaba en solitario, cuando no estaba su marido, viendo porno o usando su imaginación.
En algunas ocasiones, muy pocas, se había tocado pensando en su vecino del piso de abajo. Un madurito de 40 y pico años, divorciado y muy deportista. Tenía un cuerpo fuerte y musculoso. Aunque luego se sentía culpable, le ponía muy cachonda.
El dinero escaseaba en casa, Chaima no tenía trabajo y estaba ya cansada de buscar y solo encontrar trabajos que pagaban muy poco o temporales. Saad encontró trabajo con un camión y ahora pasaba semanas fuera de casa, por lo que se sentía un poco sola y triste.
Una mañana volviendo de la compra se cruzó con su vecino en el portal. Al verle, Chaima se puso tan nerviosa que se le cayó la compra. Su vecino le ayudó a recoger.
-Vaya! Se te va caído todo... ¿estas bien?
-Si, perdona... Estoy torpe últimamente. -dijo Chaima.
-Eres la vecina de arriba ¿verdad? ¿La marroquí? Te veo algunas veces con tu marido. Nunca nos hemos presentado, me llamó Alberto.
-Encantada -dijo Chaima.
-¿Tu cómo te llamas?
-Perdona, me llamo Chaima.
-Anda te ayudo a subir las cosas
-No, no hace falta, yo puedo.
-Anda va, no me cuesta nada.
Chaima al final accedió a su ayuda y subieron los dos por el ascensor. Ella estaba nerviosa, pues era la primera vez que tenía contacto con él y recordaba las veces que se había tocado en soledad.
-¿Cómo van las cosas? -preguntó Alberto.
-Bien, gracias. ¿Y tú?
-Estupendamente, acabo de llegar del gym, voy a darme una ducha y refrescarme.
-Que bien, yo voy a preparar la comida. -contestó Chaima
En ese momento se abrió la puerta del ascensor y Alberto le dejó la compra en la puerta de su casa. Chaima se fijó en su cuerpo sudado del gym y notó un calor que le subía por todo el cuerpo. Le ponía mucho. El hombre de despidió de ella y Chaima se agachó a recoger la compra de una manera un poco sexy, dejándose notar su culo a través del vestido largo, no supo porque lo hizo, pero estaba un poco caliente por dentro. Chaima vio como Alberto le miro el culo y luego bajó la escalera.
Cuando entró a la casa pensó en lo que había hecho y le dió un poco de sentimiento de culpabilidad... pero consiguió apartarlo de la cabeza. Tampoco era para tanto.
Chaima se fue a la ducha para refrescarse, pero el agua no salía, algo se había estropeado, era domingo y la fontanería estaba cerrada. Tampoco tenía agua para fregar los platos. Esa noche llamó a su marido y le contó lo que había pasado con el agua. Saad se enfadó, porque solo tenían problemas en esa casa y se alteró. Chaima se despidió y le colgó, del cansancio se iba a ir a dormir cuando escuchó que en la casa de su vecino de abajo había agua. Pero en la suya no...
Entonces decidido bajar a preguntar.
-Buenas noches Alberto, perdona que te moleste. ¿Tienes agua?
-¿Si, por?
-En la mía no hay y no sé por qué...
-Eso debe de ser que se ha atascado y no sube el agua al piso de arriba... Y mañana lunes es fiesta y tampoco habrá fontaneros...
Chaima se empezó a agobiar, tenía que ducharse y hacer las tareas del hogar...
-Mira, no te agobies, podemos hacer una cosa...
-¿Qué cosa?
-Si quieres, yo me voy a ir ahora que he quedado con unos amigos, dúchate aquí en mi casa y cuando acabes te vas y cierras la puerta.
-¡¡¡Que!!! ¡¡¡Tú estás loco!!! ¡¡¡Como me voy a duchar en tu casa!!! -respondió Chaima escandalizada.
-Mujer, es una opción...
-Ya, pero que no... me da mucha cosa, por respeto a mi marido...
-Ya como tú quieras, si quieres ir a tu casa a por las cosas y mientras te lo piensas, yo a las once me voy, tienes una hora...
-No se... Bueno ya te digo algo...
Chaima subió a su casa, la idea de ducharse en la casa de aquel hombre la incendió por dentro tanto, que le dieron ganas de masturbarse apenas entrara por la puerta de su casa.
Esa idea fue la que la empujó a coger las cosas e irse a ducharse a la casa de su vecino.
-Buenas, al final me voy a duchar aquí. -Dijo la morita entre tímida e intentando parecer simpática.
-Vale pasa, voy a coger mis cosas y salgo.
Chaima entró, la casa estaba muy limpia para ser de un hombre soltero. Todo bien cuidado. Se sentó en el sofá y se quitó el pañuelo, dejando su pelo suelto. Alberto se le quedó mirando.
-Que pelo tan bonito tienes.
-¡Gracias! bueno, ¿te vas ya? Quiero ducharme pronto.
-Jajajaja ya me vas a echar de mi casa y todo jajaja anda cuando acabes cierra bien la puerta, ¡¡ciao!!
Chaima se despidió y se fue directa a la ducha. Estaba cachondísima de estar en aquel lugar. Se metió a la ducha y se relajó, dejando caer el agua a lo largo de su cuerpo. Pensando que minutos antes él se había duchado en ese mismo lugar
Poco a poco se iba poniendo más cachonda, al punto que se comenzó a masajear las tetas, pensando que eran las manos de Alberto, llevo una de sus manos al clítoris y luego se introdujo dos dedos en el coño. Comenzó a gemir, pero por otro lado el sentimiento de culpa la hizo dejar aquello, vestirse y salir de allí. Al pasar por la habitación de Alberto no pudo evitar entrar, en esa cama de matrimonio podía imaginarse a Alberto, con aquellas chicas con las que solía venir acompañado algún fin de semana loco, a las cuales alguna que otra vez había escuchado gemir. Y allí se vio ella, siendo poseída de la misma forma, penetrada por Alberto y gimiendo como una perra en celo. Se acercó a la cama y se tumbó. Ya no podía evitarlo, estaba a mil y allí tumbada Chaima tuvo un buen orgasmo, en la cama de Alberto, se masturbo hasta correrse.
Después de que aquella fuente de placer se desbordara. Chaima sintió un fuerte sentimiento de culpa y salió de allí corriendo y llorando. No tenía duda de que su marido nunca le daría ese placer que tanto anhelaba.
Estando en su casa, después de todo aquello, una explosión de adrenalina le subió hasta la cabeza.
¡¡¡¡Mierda!!!! ¡¡¡Me he dejado las bragas en la cama de Alberto!!!
Al día siguiente Alberto subió a casa de Chaima para interesarse por el atasco del agua. Le ofreció arreglarlo, pero esta estaba muerta de vergüenza por lo de las bragas, seguro que las había visto. Al principio pensó en no abrirle la puerta, pero sabía que era un tema que tendría que sacar e inventarse alguna excusa
Le dejó pasar en parte por ver si le solucionaba lo del agua y por ver cómo solucionar lo de las bragas...
Alberto vestía un pantalón corto y una camiseta de tirantes, dejando ver su musculatura. Chaima vestía aún su pijama. Alberto empezó a mirar donde estaba el atasco y se mojó la camiseta marcando aún más sus músculos, aunque tenía más de 40 años y algunas canas, estaba de muy buen ver.
-Chaima tráeme una toalla por favor. -pidió Alberto.
Chaima fue al baño a por una toalla y Alberto se incorporó a cogerla. En ese momento agarró a la morita por la cintura y se la pegó a su pecho. Le estampó un beso en los labios y le puso una mano en el culo apretándolo con fuerza. Chaima se quedó en shock y le correspondió el beso. Hasta que empezó a notar un bulto sobre su coño. Era la polla de Alberto, que se estaba poniendo cachondo, se separó rápidamente.
-¡¡¡Pero qué haces loco!!!
-Tú sabrás, que ayer me dejaste tus bragas en mi cama... y un olor a perra en celo…
Chaima se quedó en shock... No sabía que decir y se puso a llorar. Alberto se acercó a ella y la acompañó a sofá, ella mantenía las distancias pero al notar su polla y esa mano sobre su culo la mecha estaba encendida, la mecha de algo que al final explotaría.
Alberto le acarició el pelo e intentó tranquilizarla, la morita intentó excusarse, pero él no la dejó.
-No quiero saber por qué dejaste tus bragas en mi cama. Solo quiero saber si lo que acaba de pasar te ha gustado.
Chaima dudo un poco y acabo diciendo: -sí.
-He estado con muchas mujeres a lo largo de mi vida, y se cómo te sientes. Nunca te escucho gemir cuando lo haces con tu marido, no estas satisfecha. Y no eres de piedra.
La morita se sonrojo un poco, pero se sintió comprendida.
-Soy fiel a mi marido, no le quiero hacer un cornudo...
-Lo que pase aquí, aquí se quedará, no tienes que preocuparte por eso.
-No quiero ser infiel, además en mi religión es pecado.
-Se que te gusta, te ha gustado lo que has sentido y lo que estas sintiendo ahora...
Las caricias de Alberto fueron bajando, hasta casi rozar los pechos de Chaima por encima del pijama. No llevaba sujetador, por lo que pudo sentir mejor sus manos
Alberto le metió la mano por debajo de la camiseta del pijama y le masajeo las tetas y los pezones. La bomba había estallado, le quitó la camiseta y comenzó a chupárselos y saborearlos. Gemía, su coño se empezó a mojar, era lo que siempre había soñado.
Alberto le cogió la mano y se la puso sobre su polla, Chaima quería sacarla, pero con una mano no podía. Era la segunda polla que tocaba después de la de su marido.
Alberto se bajó el pantalón y dejó salir su pedazo de polla, la morita la miró y se sorprendió de lo grande que era. La agarró y empezó a hacerle una paja. Alberto metió su mano por dentro del pantalón y las bragas de Chaima y le metió dos dedos en el coño. Estaba chorreando. Ambos se empezaron a masturbarse y esta se corrió como nunca, gimiendo como una auténtica perra. Alberto la cogió con sus enormes brazos como si fuera una muñeca y se la llevó al dormitorio, donde dormía con su marido. Al llegar la tiró a la cama y le quitó el pantalón y las bragas, lo poco que le quedaba puesto, y le dijo: te voy a hacer lo que no te han hecho nunca, te voy a llevar al cielo.
Chaima al escuchar estas palabras se puso cachonda de nuevo. Alberto se agacho y empezó a mamarle el coño, a saborearlo y a meterle su lengua hasta el fondo. La morita gemía y pedía más, le apretaba la cabeza contra su coño, corriéndose en dos ocasiones seguidas. Estaba en shock de recibir el placer que nunca le habían dado. La cama estaba mojada de sus orgasmos.
Después de esto Alberto se puso encima de Chaima y empezó a restregar su polla contra su coño, le gustaba esa sensación de tener a su macho encima. Pero de nuevo el sentimiento de culpa. Se había casado virgen y solo su marido la había penetrado.
-No, no me la metas por favor. -pidió la morita.
-Tranquila solo la puntita.
-¡No!
-Lo estas deseando, y más este pedazo de polla. Se te está derritiendo el coño putita...
Chaima, después de tantos orgasmos se estaba volviendo a calentar, Alberto le estaba rozando con la punta de su polla la entrada de su coño. El cabrón sabía cómo hacerlo para que no le rechazarán, se notaba su experiencia con mujeres.
Comenzó por la puntita y poco a poco se la estaba metiendo. Chaima ya no era consciente de sus actos, solo acertó a decir: ponte el condón. A lo que Alberto le contestó: si quieres condón lo vas a tener que poner tú perrita. Y sin usar las manos.
Chaima fue al cajón donde guardaba los condones que usaba con su marido y sacó uno. Estaba ya poseída y con ganas de ser penetrada. Lo abrió y fue a ponérselo, pero la polla estaba algo blanda.
-Chúpala un poco que se ponga dura y luego pones el condón. -le ordenó Alberto.
Esta obedeció sin rechistar. Era la primera polla que se metía en la boca, pues su marido no la dejaba, decía que eran cosas de putas.
Después de notar como la polla de Alberto crecía en su boca, se la saco y le puso el condón. Con la boca. Él estaba tumbado en la cama y le dijo: súbete y cabálgame, clávate tu misma la polla con la que harás cornudo a tu marido. Chaima se subió y se fue metiendo poco a poco la polla de Alberto, era bastante grande. Después empezó el mete saca hasta que esta se volvió a correr. Alberto tenía mucho aguante, pero también estaba a punto. Tumbo a la morita y se echó encima suya, y en esa postura la penetró. Le dió muy duro entre gemidos, ya de ambos
Alberto no aguantó más y se corrieron juntos, primero Alberto y después Chaima al notar el semen que salía de aquella polla en su coño y que quedaba atrapado en el condón
Quedaron sudorosos en la cama por unos minutos, estaban reventados de follar. Alberto la sacó del coño y se quitó el condón. Se lo tiro entre las tetas y le dijo: para que tengas un recuerdo de este día, putón. Se vistió, se despidió de ella y se fue.
Y allí quedó Chaima en la cama, con el sudor de ambos y el condón sobre su cuerpo. Allí, en la cama donde dormía con su marido, ahora cornudo.
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