Todo por culpa de un tanga
Richi nunca imaginó que una simple mirada a la espalda de otra madre desataría un torbellino de deseo prohibido. Lo que comenzó como una fantasía solitaria en la oscuridad de su casa, pronto se convirtió en una realidad ineludible bajo el techo de Nerea. Ahora, con las niñas jugando a metros de distancia, la tentación ha cruzado el límite y la infidelidad se vuelve inevitable.
Era miércoles. Richi llegó al cole, como todos los martes y miércoles, con tiempo de sobras. Aún faltaban unos quince minutos para que su princesita saliera de clase y, mientras se acercaba la hora, se entretuvo charlando con el grupo habitual de papas y mamas.
Cuando se abrió la puerta, los críos salieron en estampida, como una manada de búfalos salvajes. Cada uno gritaba a su manera, buscando a su familia. Richi esperó donde siempre, junto a los padres con quien solía charlar. Pero ese día, todo fue diferente.
Cuando Noah salió la más veloz al frente de la manada, su mami Nerea, hasta entonces charlando tranquila con Richi y algunos más avanzó algunos pasos y se agachó para recibir a su hija. Rodilla en tierra, abrió los brazos tanto como pudo, se inclinó hacia delante y la llamó. Llevaba un vestido pantalón ancho y vaporoso, estilo hippie, y al reclinarse así, su tanga se transparentó totalmente.
“¡Joder!”, no pudo evitar exclamar para su interior Richi. El culazo que se le marcaba a Nerea era de infarto, y Richi se excitó instintivamente. La finura de la tela del vestido permitía identificar perfectamente el contorno de la pieza de ropa interior, el patrón del bordado e incluso adivinar el color.
Se trataba de un tanga de encaje en forma de T. La tira superior recorría toda su cintura formando ondulaciones en forma de flor. Por debajo, únicamente un minúsculo triangulo de tela nacía de la parte central trasera, tapaba lo indispensable, y desaparecía mansamente entre las pendientes de sus nalgas.
“Madre mía, qué culazo. Jamás me habría imaginado a Nerea vistiendo una cosa así. Joder, eme ha puesto cardiaco, qué coño hago…”
Con sus ojos clavados en el trasero de la madre, ni siquiera se percató que su propia hija Ale con su habitual parsimonia, se acercaba tranquila y feliz, se detenía junto a su amiguita Noah y se reían juntas de sus cosas. Nerea, queriendo participar de la conversación, dijo algo y acto seguido se giró para invitar a unirse al padre de Ale, y al hacerlo lo pilló de lleno mirándole el culo.
“¡Mierda! ¡Ahora voy a quedar como un pervertido!”, pensó Richi apartando la mirada al instante. Torpemente, se arrodilló también para entrar en la interacción entre las dos amigas, pero se sentía avergonzado en lo más profundo. Jamás antes había mirado a Nerea con ninguna intención oculta, ni siquiera con un deseo especial, y ahora, por culpa del puñetero tanga y de una reacción instintiva, estaba seguro de que había quedado como un cerdo.
Evitando a toda costa girar la cabeza hacia la madre, siguió la conversación entre las dos crías hasta que las dos dejaron a los pies de sus progenitores sus respectivas mochilas, tomaron su merienda, y corriendo se fueron a jugar con otras compañeras.
Al levantarse ambos, fue inevitable, y los ojos de Richi se cruzaron con los de Nerea. Para su asombro, no parecía molesta, sino que más bien lo miraba divertida.
El rato de recreo se le hizo eterno, al pobre Richi. A pesar de refugiarse de vuelta en el grupo de padres para esquivar la presencia de Nerea, la imagen de su trasero se le había quedado grabada y volvía a su mente una y otra vez. Cuando el grupo ya se separaba, a pesar de sentirse ridículo por ello, cedió a la tentación de quedarse atrás para echarle otra ojeada, y aunque sin las ventajas de la pieza de lencería trasparentarse totalmente por la posición, volvió a encenderse imaginando el culo de esa madre, a la que ni siquiera conocía tan profundamente.
Hasta que después de cenar su mujer arropaba a Ale en la cama y le leía un cuento no tuvo Richi la oportunidad de encontrarse solo. *Estaré en el cuarto de la colada planchándome un par de camisas, vale, amor?”, le dijo a su mujer. Pero, en cuanto cerró la puerta y se sintió seguro, soltó un hondo suspiro mientras su cuerpo cedía literalmente a la presión y se tenía que sostener con sus brazos contra la lavadora mientras intentaba eliminar de su mente los hechos del día.
Tarea fútil. Con el electrodoméstico por único apoyo, en la sórdida soledad del cuarto de planchar, su cerebro alternaba en bucle dos imágenes que lo perturbaban: la de la prenda de fantasía que había podido apreciar secretamente en la por otro lado discreta Nerea y la de la traviesa sonrisa que esta le había dirigido después. Intentó respirar hondo y apartar esas instantáneas de su cerebro, pero la tira de un tanga sensual escondiéndose como el sol poniente entre las nalgas de Nerea se imponía. Para horror suyo, pronto su mano se dirigió a su entrepierna y empezó a acariciarse por encima de la ropa. En cuestión de segundos, su miembro adquirió una dureza inusitada y sus dedos encontraron el camino hacia el interior del pantalón de pijama. De manera inconsciente, empezó a jalarse la polla. En contra de su propia voluntad, Richi se descubrió masturbándose por el cuerpo de otra mujer. Mientras su mano cogía mayor y mayor ritmo, de su boca escapaban quedos jadeos. Asustado por una sensación que no podía dominar, su instinto más primario había tomado el control. Se pajeó cada vez más rápido, cada vez mas fuerte, hasta que finalmente se corrió sobre el suelo del cuarto de la colada.
Quería exclamar “Joder, ¡qué me pasa!”, pero de su boca solo salió un tenue “Nerea…”
Los jueves siempre era su esposa quien iba a recoger a Ale, pero precisamente esta semana tuvo que pedirle a Richi que fuera él, a causa de cierta reunión en el trabajo. ¡Maldición!
“Bueno”, pensó Richi. “Juro por todo lo más sagrado que ni la voy a mirar. Me mantendré tan lejos como pueda”.
- ¡Hola Richi! – lo saludó ella separándose del grupo y acercándose hacia el rincón más alejado donde él se había quedado.
“¡Mierda, no! ¡No vengas!”
Pero Nerea se acercó a él con toda naturalidad, con su discreta sonrisa característica, y Richi se encontró sin escapatoria posible. Entonces no pudo evitar pegarle un repaso de arriba abajo, y a pesar de que nunca le había llamado especialmente la atención, hoy que la examinaba atentamente por primera vez le pareció atractiva. Hoy llevaba unos jeans ajustados y una camiseta básica que, sin ser ajustada, marcaba ligeramente su silueta. No pudo evitar fijarse que, aunque sus pechos no fueran grandes, quedaban muy bien sobre su más bien flacucha figura. Su melena azabache, a pesar de no ser su color favorito, era decididamente bonita. Y bajo sus jeans… Richi no podía dejar de pregunrtarse qué llevaría.
- Hola Nerea, ¿Cómo estás?
- Yo muy bien, y tú qué haces aquí solito?
- Nada, nada, acababa de llegar y.. eeh.. estaba haciendo una llamada. – improvisó el pobre hombre.
- Ah vaya, pues yo solo venía a hacerte compañía, pero si molesto te dejo solo -replicó ella, iniciando un giro para volver donde estaba.
- No, tranquila, no mol…
“Joder, mierda. Otra vez. Ahora no puedo dejar de mirar la redondez de su culo bajo los ceñidos tejanos”.
- Cómo dices?
- No, nada, que no molestas…
- Qué bien, me alegro. -Y atención, ahora se complica la cosa- Me gusta charlar contigo.
¿Cómo? Nunca antes habían intercambiado a solas más que saludos educados, así que Richi no entendía a qué jugaba Nerea. ¿Era una indirecta? ¿O simplemente era una mujer educada?
La conversación, sin embargo, se rebeló amena de verdad. No fue sido necesario fingir. Fueron apenas unos minutos, pero Richi disfrutó de esta, ahora sí, primera charla. La disfrutó y la sufrió, porque Nerea se le ha metido “under his skin”.
El fin de semana transcurrió sin ninguna notoriedad y asimismo lo hizo el lunes, pero el martes fue diferente a los anteriores. Ese martes, Richi anticipó e imaginó el rato a la salida del colegio durante todo el día, y lo hizo con unas mariposas en el estómago que hacía muchos años que no sentía.
Lo mismo ocurrió el miércoles. Y lo mismo ocurrieron las semanas siguientes. Nunca volvió a tener la suerte de vislumbrar la ropa interior de su nueva amiga, pero dos días a la semana por lo menos, no perdía ocasión de, con toda discreción, escanear su cuerpo. A medida que transcurría el tiempo, se fraguaba una complicidad en apariencia inocente, pero que no es exactamente lo que parece.
Se había prendado de ella. A pesar de no haber reparado antes en ella como mujer, ahora no podía negar que la deseaba. Era una chica normal, resultona. Pequeñita y discreta. Su figura era fina y, su melena, exuberante. De proporciones muy contenidas pero muy correctas. Tetitas entre normales y pequeñas, culito redondito y respingón. Sus ojos verdes brillaban junto a su eterna sonrisa tras unas gafas que le daban un aire interesante. Era despreocupada y ligera, tanto cuando hablaba como cuando se movía. Un halo de frescor emanaba de ella y embriagaba a Richi.
Se había acostumbrado a dejarla situar por delante de él cuando las niñas salían correteando, de manera que así podía admirar su trasero sin disimulo. Richi tenía la sensación que ella lo sabía y se prestaba al juego, pero nunca estaba seguro. Quizás lo hacía a propósito, o quizás no, pero Richi disfrutaba como un enano viéndola contonear las caderas delante de él. En todo caso, cada martes y cada miércoles, tras llegar a casa, encontraba una excusa y un rincón para masturbarse imaginando a Nerea. Sus ensoñaciones siempre eran vacías de contenido, no se atrevía a dotarlas de conversación, ni de palabras, ni de hechos. No era capaz de imaginarse consumando el deseo que lo mortifica, pero tampoco de sustraerse a él. Por eso simplemente cerraba los ojos, visualizaba su pequeña figura, rememoraba las curvas que dibujaba los días que llevaba tejanos y la tímida sonrisa que siempre llevaba puesta en el rostro, pero, por encima de todo, recuperaba la indeleble imagen del glorioso tanga que un cada vez más lejano día tuvo la suerte de descubrir. Y se corría, cada día, con la imagen de un culo ajeno en la cabeza.
A fuerza de corretear cerca de sus respectivos padres mientras estos charlaban, Ale y Noah se hicieron amigas. Cada vez protestaban más antes de irse a casa. Richi permitía gustoso que los ratos de juego en el parque fueran cada vez más largos, y admitía para si mismo, aunque con reparo, que si lo hacía no era únicamente para complacer a su hija. Normalmente era Nerea quien terminaba despidiéndose y yéndose antes, para desespero suyo. A veces se marchaba primero él: algunas veces porque se sentía en peligro, y otras, las más, para mantener su dignidad y el equilibrio en la relación, aunque luego se arrepintiera de haberse alejado de ella y lo pagara con un par de días de pajas múltiples por cualquier rincón.
Los días se hacían también cada vez más largos, y eso ayudaba. Aunque, por otro lado, el calor iba apretando, tanto por fuera como por dentro. Porque a medida que la primavera avanzaba, la ropa se hacía más ligera. Aunque aún no había vuelto a otear el producto de su obsesión, la ropa interior de Nerea marcándose bajo sus prendas exteriores, ahora sentía como que cualquier día podría pasar. Que ahora que llevaba falditas en vez de pantalones, y ahora que cada vez más llevaba telas finas y encima holgadas, cada movimiento era una oportunidad. Lo que sí había podido vislumbrar en alguna que otra ocasión eran los bordes del sujetador. O simplemente las tiras, al descubierto sobre sus hombros cuando lleva camisetas de tirantes. Y eso solamente ya es suficiente para excitarlo. Sobretodo cuando descubría algún detallito más y podía ver que el bra, aún no siendo de copa exuberante, era bonito y sensual.
Su mujer no lo notaba ni sabía nada, y tampoco tenía razón. Richi la quería como siempre, y se decía a si mismo que “mirar a otras personas” era normal, y que no había hecho “nada malo”. Ya, bueno, dirían sus colegas si lo supieran.
Pero finalmente llegó el final de curso. Y luego las temidas vacaciones. “¿Voy a dejar de verla?”, se preguntaba Richi. “Tengo que encontrar la manera de que sigamos viéndonos. Por las niñas, que quieren jugar juntas”. Ya, bueno, si tú lo dices, que diría su amigo Ernesto.
Richi y Nerea empezaron a chatear por Whatsapp. Les había costado atreverse hasta que el final de curso les había obligado como única vía de contacto. Así llevaban las últimas tres semanas, y aunque los mensajes eran muy espaciados, Richi los esperaba con mucha ansiedad. ¡La echaba de menos, coño! Y lo mejor era su foto de perfil: Una estampa veraniega, con la campiña de fondo, y Nerea vista desde atrás a contraluz. No se veía su cara, pero su silueta se dibujaba perfectamente y encendía su libido. Y lo mejor: llevaba el vestido hippie con el que todo empezó…
N: Acabo de pillar vacaciones, alguien tiene que estar con la niña hahaha. ¿Cómo lo tienes para llevarlas a la piscina?
¡Joder! ¡La piscina! Eso sería la leche, la podría ver en bikini el día entero, pero por desgracia Richi aún no tenía vacaciones-
R: ¡Ufff, qué suerte! Yo aún trabajo, lo tengo crudo.
N: OOhhh…
R: Bueno, espera… Quizás un martes o un miércoles, que salgo del curro a mediodía. Podemos ir por la tarde. ¿Te apetece?
N: ¡¡Me encantaría!!
“¡Bien! ¡Voy a verla en bikini!” Al mediodía, durante la hora de la comida en el trabajo, Richi corrió a encerrarse en un cubículo, abrir la foto de perfil de Nerea en Whatsapp y cascarse una paja de campeonato. Es la oficina, no podía hacer ruído, pero en silencio hizo que sus labios dibujaran su nombre mientras se acercaba el clímax. “Nerea, Nerea, NEREA, NEREA!!!”, gritó en silencio sin dejar de observar la única foto que tenía de ella. El lefazo fue espectacular. Le llevó un buen rato limpiarlo, pero había valido la pena. Qué buena paja se acababa de pegar gracias a ella!
Llega el día, y Richi estaba nervioso. “¿Le gustaré yo a ella?” Richi era un hombre corriente. De soltero siempre tuvo un éxito moderado. De complexión normal, y, aunque armoniosa en líneas general, por desgracia no tan bien mantenida como unos años atrás, su mejor arma eran sus ojos, sin duda.
Cuando salió del trabajo, por desgracia el día había empezado a nublarse. Corrió a casa de sus suegros a recoger a la pequeña Ale, se dirigieron en coche a la piscina municipal y, de camino, se desató el diluvio. “¡¡¡Oh no!!!”, se lamentaba, Richi.
- ¡Chicas, que mala suerte, se ha puesto a diluviar! Creo que tendremos que dejarlo para otro día… - le explicaba por teléfono a su “amiga”
- No, no, ¡ni hablar! Tenemos que vernos… -wow, Nerea parecía realmente disgustada por el giro de los acontecimientos
- Pero…
- Lo digo por Noah, claro, que tiene muchas ganas de ver a Ale…
- Ya, sí, nosotros también de veros…
- Y yo, digo…, y nosotras. Bueno, venga, veniros para aquí.
- ¿A tu casa?
- Sí, claro. Así… las niñas se ven y juegan un ratito.
Richi cambió el destino y en 10 minutos se plantó en la dirección que Nerea le acababa de pasar. Estaba alejada del centro del pueblo, era una casa mona en una zona muy tranquila. Muy bonita.
-Hola guapetonas – saludó Richi con una efusividad que no le salió del todo natural.
-Hola princesita, ¡bienvenida! – saludó encantadora Nerea dirigiéndose a Ale - Hola guapetón, bienvenido – añadió tras una pausa para Richi -… me alegro mucho de verte…
El consiguiente abrazo llenó a Richi de felicidad, pero enseguida tuvo que apartarse. Su miembro estaba reaccionando al instante y empezaba a erguirse de manera difícil de disimular.
“¡¡Madre de Dios!!” Nerea lo había recibido como si ya estuvieran en la piscina. Llevaba el bikini puesto, y aunque la parte inferior quedaba semioculta bajo un pareo, su torso solo lo cubría el sujetador del bikini.
Las niñas tardaron dos minutos en superar su timidez y ponerse a jugar en el comedor. Nerea condució a Richi a la cocina americana, situada en el mismo espacio abierto pero unos escalones por encima. Desde allí controlaban a las niñas y a la vez estaban en otro ambiente.
- ¿Qué te apetece tomar?
- ¿Un café?
- Si quieres te hago uno, pero yo iba a tomarme una copa de vino. ¿Me acompañas?
- Claro, sí, me encantaría…
- Es que con este calor…
Richi se acordó de sus tiempos de soltería. El vino, en medio de un tonteo, por discreto que fuera, solía ser un signo claro. ¿Lo era también ahora? ¿Valían las mismas reglas a los 40 años y tras casi una década de matrimonio? ¿O el mundo había cambiado?
Richi iba a ciegas, no sabía muy bien a qué atenerse. Nerea estaba tan agradable como siempre y muy educada, pero tampoco daba ningún paso más, y están en su casa. Era su terreno, era justo esperar que hiciera ella un movimiento. Aunque por otro lado era la casa que compartía con su marido… Joder, que lío, pensaba Richi.
- Oye, ¿y el papá de Noah?
- ¿Charlie? Nada, trabajando… Sus horarios son complicados. Hasta las 21:00 de la noche no llega…
- Claro, por eso siempre vienes tú a buscar a Ale, ¿verdad?
- Exacto. Total, que por las tardes estoy siempre sola, ¿sabes?,… Bueno, y ahora que estoy de vacaciones, pues todo el día. Igual que Ale, me apetecía quedar con un amigo para “jugar”…
Si la frase ya era una insinuación, el guiño con el que la acompañó lo era aún más. Richi quería mirarla, pero no era capaz de sostener la mirada, porque se daba cuenta del marrón en el que se había metido. Y es que fantasear es gratis y no hace daño, pero ahora parecía que la fantasía podía cumplirse, y… ¿entonces qué? A pesar de las ganas que le tenía a Nerea, nunca había querido ponerle los cuernos a su mujer.
- Bueno, pues yo estoy aquí… -a pesar de sus dudas, le salió así. Mientras su mente intentabe echar el freno, su cuerpo tiraba solo para adelante.
- Sí, estás aquí… Ehem… estamos aquí…
Sentados a la mesa de la cocina, ambos tenían una mano sobre la superficia de la misma, la que empuñaba la copa de vino, y la otra escondida debajo.
- Pues sí… ¿a qué te gustaría jugar, Nerea?
- No se… ¿tienes alguna propuesta? - ¿Era la impresión de Richi, o las manos de ambos estaban cada vez más cerca?
- Ehhh,… No sé…
En el momento de la verdad, Richie no supo qué decir.
- Y si no, simplemente charlar también está bien…
Richi sintió como el momento se desvanecía. “Uff, menos mal”, pensó. “Qué cerca he estado…”
Casi mejor, pensaba. Pero la conversación tomo otros derroteros más superficiales, y se estancó, y esa sensación no era tan agradable. La decepción era palpable para ambos.
Al cabo de unos minutos Nerea, quizás frustrada, se levantó para llevar los platos del picapica improvisado al fregadero. Y, enteonces sí, ocurrió:
Al reclinarse ligeramente sobre el fregadero, Nerea sacó un poquitín el culo hacia fuera. Suficiente para que el culotte de su bikini se bikini se trasluciera tras el pareo blanco. Precioso. No se trataba de un tanga, pero el mismo efecto que esa primera y fatídica vez sacudió a Richi como un calambre: la tela del culotte metiéndose entre los dos cachetes, resaltando la redondez de las nalgas de Nerea. Aquello que llevaba meses soñando casi a diario, la tentación por la que había deseado con fervor que el diablo bajara a ofrecerle un trato, volvía a aparecerse ante sus ojos. Tan cerca, tan perfecto. Y esta vez estaban “solos”.
Mientras ella lavaba los platillos en silencio, Richi se levantó se acercó a ella desde atrás, y sin ser muy consciente de lo que hacía, posó una mano en su cintura.
Nerea soltó un suspiro que le salió del alma. Con calma depositó los platos en el fondo del fregadero, y cerró los ojos.
Richi se acercó un poco más, y posó la otra mano al otro lado de la cintura de ella.
Nerea suspiró de nuevo.
Apenas a unos metros de ellos, las dos niñas jugaban en el comedor. Desde la altura superior de la cocina donde estaban y ocultos tras la isla, las niñas nunca hubieran podido ver nada. Nerea, congelada, se dejó hacer. Y Richie, empezó a masajear su cintura. Nerea sacó un poquitín más el culo hacia afuera. Las manos de Richie encontraron el nudo que ataba el pareo, lo deshicieron y lo dejaron caer.
- Mmmm… - gimió ella.
-Ne… Nerea… - balbuceaba él…
Las manos de Richie se posaron bien abiertas sobre los glúteos de ella y empezaron a sobarlos. Su sueño se estaba haciendo realidad, y su sexo estaba reaccionando rápidamente. Richie se pegó completamente a ella por detrás, encastando su crecida erección entre las nalgas que eran su obsesión, y posó las manos sobre la encimera, a lado y lado de Nerea, cubriéndola entera.
-Nerea...
-Sí… dime, Richi…
- Esto es una locura… - susurró él a su oído. – Me vuelves absolutamente loco, mi niña…
Nerea sintió un escalofrío recorrer su espalda y decidió abandonarse del todo.
-Ven – le dijo. Y, tomando a Richi de la mano, se lo llevo pasillo adentro hacia el interior de la vivienda.
Entraron en una habitación, Nerea cerró la puerta detrás suya, y entonces se lanzó a los brazos de Richie y lo besó. Sus lenguas se encontraron y bailaron juntas, hasta que Richie, poseído por su obsesión, la hizo girar, la empujó cara a la pared, y volvió a sobarle el culo a manos llenas, esta vez sin dejar de besarle el cuello y lamer detrás de su oreja desde atrás.
Nerea jadeaba, excitada sobremanera, y gustosamente ofrecía y mostraba su culo. Los dedos de su amante cubrían un área creciente en sus caricias, y ya rozaban también sus labios vaginales.
- Richie, sí… me encanta, no pares por favor…
Richie no tenía intención de parar. Más bien lo contrario. De un tirón, llevó su musa hasta la cama, la hizo tumbar bocabajo, y él se tumbó encima. La presión esta vez ya era absoluta. El sexo de él se frotaba completamente contra el culo de ella, que movía las caderas desesperadamente buscando más. Sin embargo, demasiada ropa encima.
- Quítate los pantalones, por favor – le pidió ella.
- Quítamelos tu si es lo que quieres, mi niña -replicó el, separándose por primera vez para darle espacio.
Nerea se dio la vuelta como un rayo, arrancó el polo con que iba ataviado Richie y también el bañador. Debajo, no había nada más. Ya lo tenía desnudo para ella. Y le gustaba lo que veía ¡Mucho! Sin dudarlo, se lanzó a devorar el enhiesto cohete que entre sus piernas apuntaba al cielo.
Richie la ayudó a posicionarse de lado, de modo que mientras ella chupaba y se tragaba su falo, él acariciaba toda su espalda e incluso su culo.
- ¿Te gusta, cariño? Dime lo que quieres que te haga
- Me encanta, niña, sigue así… lámeme de arriba abajo - le pedía Richie.
- ¿Así? – preguntaba ella mientras exageraba el recorrido Norte-Sur que su lengua propinaba sobre el sexo de Richie.
- Sí, bonita, así…
Nerea se estaba esforzando, no había duda. Richi disfrutaba viendo como ella le miraba mientras se la chupaba, como procuraba excitarlo. La mujer empezó a acariciarse con su mano libre sin dejar de clavar sus ojos en los de su amante, invitándolo a más. Sus delicados manos se posaron sobre sus propios pechos pidiendo a gritos que fueran las de él las que los tomaran, pero Richie, absorto en las maravillosas sensaciones que ella le regalaba, no se daba cuenta.
- Tócame las tetas, por favor, Richie…- le rogó sin dejar de mover su manita arriba y abajo del pene de él.
- Ven, preciosa, dámelas.
Nerea, aún con las dos piezas del bikini puestas, se sentó sobre el cuerpo desnudo de él. Richi estaba sentado contra la pared, con su fantasía encima de él. Sus manos se dirigieron otra vez a sobar el culazo que tanto le gustaba, pero ella sola liberó sus pequeños pechos del sujetado sacando los brazos de los tirantes y tirando de la pieza hacia abajo.
No eran muy grandes, pero a Richie le encantaron. Sus aureolas apenas eran un borde alrededor de unos pezones muy redonditos, de tamaño medio, que coronaban unos pechos que, quizás por su modesto tamaño, se mantenían muy bien en su sitio.
Richie tomó una de sus tetas, pero ella rápidamente tomó la otra y la dirigió a sus labios, que, felices de la imposición, aceptaron al visitante en su interior. Richie empezó a devorar las tetas de su nueva amante mientras ella se frotaba desesperada contra él.
No podían gritar, las niñas no andaban tan lejos, pero a veces se escapaba algún gemido demasiado fuerte. Nerea le pedía que le mordiera los pezones, y Richie obedecía temeroso de lastimarla. Pero no, cuanto más fuerte mordía, o cuanto más fuerte agarraba su culo, más parecía gozar ella. Y él se iba animando más y más.
- Toma, nena, por ser una niña mala – soltó Richie sincronizando el mordisco en su pezón derecho con una fuerte sobada en su nalga izquierda.
- ¡Ah, amor, me encanta!
- A mi también, princesa. Voy a follarte, no puedo aguantarme más, así es cuánto me gustas…
- Sí, por favor…
- Túmbate.
- ¿Así? - Nerea se dejó caer sobre la cama y se abrió de patas tanto como pudo.
- No, gírate, bonita.
- ¿Así? – Ahora se había girado, y poniendo el culo en pompa, se lo ofrecía a Richie.
- Sí, así, amor… déjame deleitarme con tu precioso cuerpo… Qué bonita eres, qué curvas…
- Te gusta mi culo, verdad, ¿Cariño?
- Sí, así es, cariño… Tu culo me ha obsesionado durante meses… Pero ahora que lo conozco todo, me gusta todo.
- Fóllame, por favor. Métemela dentro.
- Espera, niñita, espera. Antes va esto…
Richie apartó el tanga a un lado, se arrodilló detrás del culo de su amante y empezó a lamerle el coño desde atrás.
- ¡Dios mío! ¡Me matas! ¡¡Oh!!
Richie lamía y lamía. Escondido entre sus piernas, agarrando con una mano cada cachete, sobándolos mientras los apartaba para facilitar el camino a su lengua, sentía un poder sin parangón. Tanto le gustaba, que se deleitaba sin ni siquiera atisbo de prisa en lamer sin cesar. De afuera adentro, de arriba abajo. La postura no era cómoda, pero la visión era perfecta.
Nerea se estremecía y se sobaba los pechos solita mientras su hombre la satisfacía agazapado tras su trasero.
Richi sentía como sus grititos de placer iban aumentando de volumen conforme su placer también lo hacía.
- Ssshhh, vigila, nenita, que no nos escuchen las niñas…
- Ay, sí, perd…. OOOÓN!
- Voy a tener que taparte la boca, veo.
Richie se incorporó, depositó la puntita de su polla delante de la entrada de su cueva, y volvió a cubrirla depositando todo su cuerpo sobre el suyo.
- Voy a follarte así, desde atrás…
- Hazlo como quieras, pero hazlo ya…
- Te voy a follar así, y te voy a tapar la boca para que no nos oigan…
Acto seguido, Richie abrazándola desde atrás, tomó con su derecha una de sus tetas y con la izquierda cubrió sus labios. Y entonces, empujó y su polla se abrió camino hasta el interior de la vulva de Nerea.
-¡¡Toma amor!!
-¡¡Aahhh!! – exclamaba ella con la boca cubierta.
Y así, con las niñas jugando en la cocina, Richi y Nerea follaban en la habitación de invitados.
Richi estaba en el séptimo cielo. Cuando bajaba el ritmo, se incorporaba ligeramente sobre sus brazos y observaba como su manubrio se abría camino entre los dos promontorios del culo de ella.
Y Nerea, cuando así sucedía, giraba la cabeza y pedía un poquito más.
Y más. Y más, Y más. Al cabo de unos minutos, cuando Richie ya estaba por terminar, Nerea se giró y le obligó a tumbarse él, para, acto seguido sentarse a horcajadas sobre su vientre y colocarse a punto para cabalgarlo.
-Ahora me toca a mí, amor. Quiero sentirla hasta el fondo.
-No me queda mucho, bonita. Eres una pasada.
-No. SOMOS una pasada. Me ha encantado como me has follado, Richie.
- Y a mí, Nerea.
-Dime que habrá más.
-Vas a querer más?
-Claro. Más, mucho más. ¿No te ha gustado?
- Está siendo increíble, mi niña, pero…
- No digas nada. No hay peros. Los dos queremos… fóllame más. Dime que me follarás más.
- ¿Pero y tu marido? ¿Y mi mujer?
-¡¡Calla y fóllame!!
Y mientras decía esto, Nerea se ensartaba hasta el fondo y sin previo aviso el excitadísimo pene de su amante.
Como siempre cuando la veía andar, el contoneo de sus caderas volvió loco a Richie, que en poco más de un minuto sintió como estaba a punto de llegar al clímax.
- Me voy a correr, mi niña… me lo haces tan bien… Ya no aguanto, me voy a correr, ¡¡amor!!
- ¿Dónde quieres correrte, Richie? ¿Quieres correrte sobre mis tetas? ¿En mi boca? ¿Sobre mi culo? Todo es para ti…
- Quiero correrme dentro, preciosa, quiero regarte entera y que sientas como te relleno…
- ¡¡No!! ¿Eso no, estás loco? – se exclamó ella saliendo de golpe y dejando la polla de él prisionera entre su propio vientre y los labios mayores de su coño
- Tengo la vasectomía hecha, no hay peligro…
- ¿En serio?
- En serio…
- Joder…
- ¿La quieres dentro? Tú eliges princesa. Me correré donde tu quieras, te lo has ganado…
- Joder -seguía ella mientras retomaba un excitado vaivén, frotando con lujuria todo su sexo contra el de él- Quiero que te corras sobre mi culo, pero…. Uf, qué morbo… ¿De verdad quieres correrte dentro?
- Claro… me vuelves loco amor. Quiero darte mi leche…
- Joder, que fuerte, cariño… me gustaría, pero…
- Por favor nenita, sabes que lo deseas…
- Sí, sí, claro que lo deseo, pero…
- Siéntela, mira qué dura está… si sigues moviéndote así me voy a correr así mismo…
- Joder, Richie, cariño… sí, joder, venga, dámela toda – se decidió finalmente, volviendo a introducir la polla de Richie en su dilatada vagina. – Venga amor, córrete dentro, ¡dame tu leche, qué morbo, qué ganas!
- Sí. Sí, sí, princesa. Ya viene, ¿lo sientes?
- ¡Sí! ¡Cómo se hincha! La siento, la siento muy grande… oh, siento como sube…
- Sí, Nerea, ¡tómala! Ven, bésame mientras me corro dentro de ti
Y Nerea se dejó caer, uniéndose a Richie en un morreo desenfrenado mientras su amante se derramaba como un toro en su interior.
Pasado el momento del clímax, sabedores que las niñas seguían jugando solas en el salón, no tuvieron más remedio que volver a la cocina para echarle un ojo, pero debajo de la mesa no dejaron de acariciarse en ningún momento, mientras se sinceraban:
- ¿Cómo hemos llegado aquí? ¿Qué nos pasó?
- La culpa es tuya, nenita. Todo empezó el día que me mostraste sin querer ese increíble tanga…
- Hahaha, es verdad, ya me acuerdo… Tendrías que haber visto tu cara. Nunca nadie me había mirado con un deseo tan evidente… Me encantó.
- ¿Y no te asustaste de que te mirara como un salido?
- ¿Asustarme? A mi ya me gustabas desde hacía tiempo… fue maravilloso sentir que por fin te fijabas en mí.
- Entonces… ¿lo del tanga fue a propósito?
- -No, hahaha, para nada. Pero me alegré un montón de que ocurriera. Fue el destino, que nos lo puso en bandeja.
- Desde entonces no pude dejar de mirarte.
- Lo sé. Y me esforcé en que así fuera. Me ponía guapa especialmente para ti los días que sabía que te tocaba venir a buscar a la niña al cole.
- ¿En serio?
- En serio... Ya te he dicho que tú me gustabas desde antes.
- ¿Desde cuándo? ¿Y por qué?
- Uf… Yo creo que casi desde siempre. Desde que empezaste a aparecer por el cole. Han sido dos años y pico de verte aparecer de vez en cuando y pensar “Qué hombre tan guapo”. Solo que, con el tiempo, cada vez te deseaba más. Y cuando empezamos a hablar, encima, me encantaste.
- Pues como tu a mi, princesa…
- Así me gusta...
Y para su sorpresa, Richie vio como Nerea le daba un piquito relámpago.
- ¿Y de ahora en adelante qué hacemos? -la interrogó él.
- Pues espero que muchas cosas… Pero por el momento, fíjate que las niñas siguen distraídas, yo creo que tenemos tiempo para otra “partidita” -explicaba Nerea mientras arrastraba a Richie a un rincón de la cocina desde la que no se podía ver el comedor.
- ¿En serio?
- Va, venga, una rápida… Ya verás, yo solo me pongo de cara a la pared, saco mi culito a fuera… No me dirás que no te gusta mi culito…
- Serás mala…
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