Xtories

Karma 3

Oscar guarda un secreto que podría destruir su empresa y su amistad. Ana, ciega por la confianza, no ve que el viaje es una trampa para descubrir quién está vendiendo su alma. Mientras Beto coquetea con su destino, la verdad se desnuda en la oscuridad del hotel.

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2013, Mayo 13, Lunes

07.45 hs

Lago Chas es un vigoroso pueblo agro ganadero, famoso por su entorno de grandes lagunas, está ubicado sobre la ruta atlántica, a ciento cuarenta kilómetros de la gran capital.

Sobre la ribera que bordea la zona céntrica, se ubican los mejores hoteles, codiciados tanto por los empresarios que vienen a concretar negocios, como por los turistas más adinerados que vienen a disfrutar de un fin de semana o disfrutar de la pesca en las lagunas.

Tienen reserva en uno de ellos, perteneciente a una cadena internacional y se alojan en habitaciones contiguas en un sexto piso con vista a la laguna. Luego de desempacar, toman los portafolios y bajan a desayunar y planificar el día de trabajo mientras Beto aprovecha para publicar sus famosos videos de Facebook con vistas de la laguna.

Han sido convocados por uno de sus mejores clientes de la zona. Una empresa agro exportadora que maneja los embarques de los mayores productores de la región, así como sus inversiones.

El motivo de la convocatoria es complejo, en los últimos meses sus rendimientos de inversión han mermado considerablemente sin motivo aparente, ya que su nivel de negocios no ha disminuido y han solicitado una revisión completa de su programa de inversiones. Además, dado que han sido incapaces de encontrar por sí mismos la brecha por la que se escurren sus ganancias, les solicitaron una auditoría forense y la puesta al día con las últimas actualizaciones del programa de gestión que les vendieron oportunamente.

Mi convocatoria como contadora forense es lógica, piensa Ana, pero se me escapa que hace aquí Beto, a pesar de que es su zona de influencia ni por qué la actualización del programa la va a realizar Oscar personalmente y no uno de nuestros técnicos. Mucho menos entiendo el por qué de la palpable tirantez entre Oscar y mi marido, a pesar de haberles preguntado por separado.

Antes de partir, Oscar la instruyó para que dedicara el día a auditar intensivamente la contabilidad de la empresa según los libros, le alcanzó a Beto una lista de empresas de la zona para promocionar el programa junto con las llaves del auto, y se auto asignó la revisión y actualización del software.

Beto, estamos ante un problema muy delicado y necesitamos abrir el paraguas por si perdemos a este cliente. Hay media docena de empresas que se dedican a este negocio en cincuenta kilómetros a la redonda, tienes dos días completos para hacerlo. Pasado mañana tenemos que estar en Villa Dolores.

Pero…

Sí, sí, lo sé, yo no quise que lo hicieras en su momento, pero solo porque esta empresa es la más grande y no teníamos tanta infraestructura como para expandirnos más en la zona, pero ahora es una cuestión de vida o muerte. y si llega a ser por culpa de nuestro programa, mucho peor.

Y qué culpa puede tener el programa. Pregunta Ana extrañada.

No te olvides que una de sus funciones es la de analizar variables y calcular estadísticas de tiempos de riego, siembra y cosecha, así como también proyectar estadísticas de rendimiento en las distintas inversiones.

¿Por eso has venido tú en persona?

Veo que me conoces. Sí, quiero verificar en persona el algoritmo principal, recuerda que soy el único que tiene acceso.

¿Y lo de hacer contabilidad forense en sus libros? No es algo que nos compete.

Sí que lo es. Tengo que estar seguro de que los problemas no vienen por ahí.

Se levantan y llegan a la empresa a las nueve de la mañana, se presentan a los directivos y luego del saludo formal solicitan el ingreso a sus lugares de trabajo, exigiendo la no intervención del personal local, a lo que acceden con gusto dada la magnitud del problema.

Se abocan a la tarea y luego de un frugal almuerzo, terminan la jornada a las seis de la tarde y se detienen a tomar un café de camino al hotel, para intercambiar impresiones.

Por lo que llevo visto hasta el momento, la contabilidad es impecable, pero es notoria la merma en las inversiones y la proporción entre ingresos y egresos.

Oscar, que luce un cansancio difícil de atribuir a tan corto viaje o al día de trabajo, abre su maletín y le entrega un folio con una lista de anotaciones.

Quiero que mañana dejes de auditar la contabilidad, no vas a encontrar nada, en esos documentos tienes una lista de comprobantes de compra de cosechas y equipamiento, que quiero que corrobores con las empresas emisoras, no son montos significativos en forma individual pero todas juntas suman una cifra considerable. Por otro lado también tienes las fechas, según actas, que decidieron realizar las inversiones que menos ganancias han dejado, quiero que verifiques si en el ínterin hubo algún movimiento extraño, lo mismo con la fecha en que decidieron vender. También necesito que corrobores según nuestros registros, que personal de nuestra empresa visitó la zona este año, en que días lo hicieron y donde se alojaron. Y lo más importante, no quiero que comentes nada con Beto, apelo a nuestra vieja amistad para pedirte esto.

Ese pedido la deja helada, verlo tan abatido y que Oscar apelara a un viejo juramento de sus años más jóvenes, donde se prometieron estar en forma incondicional uno para el otro, sin imponer condiciones ni importar el tiempo, la distancia o la realidad de sus vidas futuras, le indica a las claras que algo grave está sucediendo.

Perdona Oscar y te aclaro que puedes estar seguro de que respetaré nuestro juramento aunque me muerda la lengua por preguntar.

No hace falta que lo hagas, ya te enterarás de todo en su momento. Aunque si no se te ha freído el cerebro por la compañía, te darás cuenta tu sola mucho antes.

No hace falta que te pongas en esa posición de superioridad cuando hablas de mi marido, lo que le falta de preparación lo tiene de don de gente y perdóname que te lo diga, tú de eso careces bastante. Ahora si lo que te sucede es que te molesta lo haya elegido como mi pareja, no me hagas opinar de la tuya.

Sabes bien que no lo he dicho por eso, ambos somos libres de tomar nuestras decisiones sin tener que pedirle permiso al otro, siempre lo hemos respetado y así lo será siempre.

¿Entonces?

Lo que vamos a encontrar cuando lleguemos al hotel va a hablar por mí. No te preocupes.

Dedícate mañana a hacer todo lo que te pedí desde la sala de negocios del hotel sin que nadie te escuche y después me cuentas si lo entiendes. Tienes hasta el mediodía

Y cómo seguimos después de eso.

Nos reunimos en el bar frente a las oficinas de la empresa al mediodía y si lo que encuentres confirma lo que pienso, llamamos a una reunión a la cabeza de la junta directiva, a nadie más.

¿Qué tan serio es?

Como para obligarnos a mentir para no quedarnos sin empresa. Hasta estoy cometiendo un delito para ver si zafamos.

A pesar de las miles de preguntas que le hubiera gustado seguir formulando, acepta sin reparos. Su viejo amigo está de vuelta, como antes de que la zorra se lo arrebatara y sus intentos para evitarlo fracasaran.

2006, Noviembre 3, Viernes

De tal palo, tal astilla

Convencidos mutuamente de que los motivos de la disputa familiar obedecen a algún tema menor de vecindad, Oscar y Liliana abandonan la biblioteca y montados en el flamante deportivo de la joven, se dirigen a su casa a tomar un café.

Concentrada en el denso tráfico de la zona céntrica, Liliana se atreve a preguntar

¿Cómo va lo tuyo con Ana?

¿Qué cosa?

¿No son pareja? Siempre están juntos.

No, por Dios, para nada. Ana es como mi otro yo, mi hermana, mi ángel guardián.

Me sorprende, nunca se los vio en pareja con otra persona.

Porque no se dio, nunca fuimos demasiado populares.

¿O sea que nunca has estado con una mujer?

En una relación estable no, nunca más allá de rollos ocasionales o romances de verano e imagino que lo mismo Ana. Ese es el único tema vedado en nuestras charlas.

¿Y de qué hablan entonces?

De sueños, de proyectos para el futuro, de nuestras carreras, de nuestros amigos. No sé, de lo que hablan dos amigos. Yo soy de volar demasiado y ella es mi cable a tierra.

Suena aburrido.

Puede ser, pero nosotros la pasamos genial. Nos divertimos mucho el poco tiempo libre del que disponemos.

Liliana no contesta. Una idea le ronda la cabeza.

Una vez arribados y después de que Oscar bajara a abrir el garaje, entran el auto, e ingresan a la sala de estar después de cruzar el jardín frontal.

Espérame un minuto acá, me pego una ducha y vuelvo. Pide Liliana.

Tiempo que aprovecha Oscar para sentarse en el sillón del tresillo y repasar mentalmente los algoritmos que debía terminar de desarrollar en la biblioteca y dejó de lado por ayudar a su vecina.

Algoritmos que quedaron de lado una vez más, cuando quince minutos más tarde, retorna Liliana vestida con un mini pantalón elastizado y una corta remera que apenas contiene sus opulentos senos dejándolo con la boca abierta

Parece que te gusta lo que ves.

Discúlpame es que… e… eres hermosa.

¿Más linda que Ana?Pregunta coqueta sin medir las consecuencias.

Ana es mi mejor amiga, ya te lo he dicho, no sé por qué insistes en hablar de ella.

Replica Oscar molesto y haciendo amago de levantarse, cosa que impide Liliana sentándose a horcajadas sobre sus piernas.

Discúlpame, no quise molestarte, lo hice por pura vanidad, no tengo nada contra tu amistad con ella.

No lo parece, desde que salimos de la facultad estás con el mismo tema.

Es que tú me pones mucho y me pone celosa verlos tan compenetrados.

No mientas con ese tema que es delicado, tú siempre jugaste en otra liga. Una en la que Ana y yo nunca participamos.

Una liga de valores fugaces que se guía solo por la apariencia, pero que cuando quieres profundizar te das cuenta que son cáscaras vacías.

Y de todo eso te diste cuenta en una sola tarde.

No, lo de hoy solo sirvió para confirmar lo que siempre creí de ti, te ofreciste a ayudarme y ni una sola vez me insinuaste nada impropio. Hace más de dos años que trato de que me prestes atención y tú no te das por enterado.

¿Y no piensas que quizás no me gustes?

Demuéstramelo.

Y cómo haría eso.

Sin darle una respuesta concreta, Liliana se cuelga de su cuello y refregando sus erectos pezones en el pecho de Oscar le da un beso profundo al que él premeditadamente no reacciona, aunque sí otra parte de su cuerpo.

¿Ahora me crees?

¿A ti, o a lo que siento entre las piernas? Contesta Liliana mirándolo excitada con una sonrisa, para después besarlo nuevamente. Beso al que Oscar responde apasionadamente, hace mucho tiempo ya que no tiene una relación íntima con una mujer. Y Liliana es mucha mujer.

Se besan con intensidad mientras las manos se afanan en buscar la piel del otro, pronto vuelan las remeras y los torsos quedan piel con pie, mientras las pelvis se friccionan molestas por las barreras de tela.

Barreras que la excitada hembra no tarda en hacer desaparecer a los tirones, luego de bajarse de sus piernas y arrodillarse entre ellas para contemplar con satisfacción, que los atributos del muchacho hacen juego con el tamaño de su cuerpo, atributo al que no tarda en hacer honores llevándoselo desesperada a la boca y provocando su estallido en una par de minutos. Estallido del que Liliana no desperdicia ni una gota, para separarse luego de su presa y tragarlo mirando a su nuevo amante, con lujuria desatada sin dejar de pajearlo y comprobar que el objeto de su deseo sigue firme y dispuesto a seguir dando batalla.

Sabía que no me ibas a decepcionar- Sin esperar respuesta, Liliana se levanta, vuelve a sentarse sobre su regazo y se empala lentamente sin apartar la mirada de ese rostro desfigurado por la lascivia.

Ahora la cópula es pausada y sentida. Un baile armonioso, donde sentimientos que desconocían afloran a la superficie, sin que ellos puedan hacer nada por contenerlos y cuando toman conciencia y las pieles se achinan por el descubrimiento, el ritmo de las caderas acelera y a medida que se acercan a la meta se vuelve furioso.

Sobre el filo de sus fuerzas se besan con desesperación y en el momento en que Oscar se para con ella a cuestas como si fuera de pluma, la incrusta de espaldas contra la pared y comienza a empotrarla a un ritmo demencial, Liliana pierde el control de sus actos y explota en una orgasmo descomunal que anuncia a los cuatro vientos con un grito desaforado, al que sigue el de su amante llenándola nuevamente con su esencia.

Y así quedan, encastrados, agitados y satisfechos, tumbados contra la pared sin moverse, por miedo a que a Oscar, a quien su amante no suelta con sus piernas enroscadas a la cintura, le fallen las piernas.

La mierda que polvazo. -dice la niña- Lo que me perdí todos estos años.

Ni que lo digas - Responde el todavía erecto muchacho- Pero la tarde todavía no termina.

No podría estar más de acuerdo- contesta Liliana entre risas.

Finalmente, con las fuerzas repuestas, fundidos en un solo cuerpo y guiados por Liliana, se dirigen al dormitorio de los padres, del que no salen hasta la hora de la cena siendo ya pareja.

Pasan la noche juntos fornicando con hambre atrasada y deciden esperar unos días hasta contárselo a sus amigos. La familia puede esperar, hay conflictos que aclarar primero.

Y es esa noche de sexo la que sella el fracaso de Ana en intentar alejar a su amigo de las garras de Liliana. Contemplar cómo su viejo colega cae rendido ante la belleza de su rival, sumado a la pérdida de su diara compañía y la burla permanente en el rostro de Liliana cada vez que se la cruza por la calle, deja a Ana en un estado de vulnerabilidad tal, que no pasa indiferente para un cazador experimentado como Beto el día que la encuentra almorzando sola en el bar de la universidad, perdida en sus pensamientos.

Diez peniques por tus pensamientos.

Por cien dólares empezamos a hablar. Contesta con acidez.

No necesitas ser tan borde. ¿Me Permites sentarme?

No te lo puedo prohibir. ¿Estás enfermo?

Ja, ja, ja, ¿Por qué lo dices?

Quizás porque siempre fuiste un prepotente como para tener la decencia de pedir permiso o tal vez, simplemente, porque me extraña que después de tantos años siendo vecinos te intereses por mis pensamientos.

Tú tampoco te has interesado nunca por los míos.

Los tuyos han sido transparentes en lo que respecta a las mujeres, no ha sido necesario preguntar.

Ja, ja, ja, pero a ti jamás te he importunado, además tampoco me hubiera atrevido.

¿Por respeto o por la compañía?

No te voy a negar que Oscar impone, pero no fue por eso, menos sabiendo que solo eran amigos. Siempre te he respetado y a él también, precisamente por ser diferentes a todos los que se acercan a mí por interés.

¿Entonces por qué si ahora?

Porque hace días que te veo sola y melancólica y supongo que tiene que ver con que Oscar cambió de gustos.

¿Acaso crees que Oscar es capaz de acercarse a alguien por una cuestión de gusto? Podemos estar sin vernos cien años y nuestra amistad estará intacta.

¿Entonces por qué te ha dejado de lado?

Porque es hombre Beto, y también tiene sus necesidades, necesidades que yo no podría cubrir con alguien que es casi un hermano.

Bueno…Algunos hermanos…

No sigas por ahí que terminamos mal, no todos tenemos en la cabeza los valores de mierda que tú manejas.

Perdona, perdona, tienes razón, disculpa. ¿Por qué no hacemos una cosa, si no tienes nada mejor que hacer? La tarde está hermosa, termina de almorzar y vamos a tomar un café al bar que está frente al parque. Así nos ponemos al día y nos conocemos más. Me gustaría ser tu amigo, sin ninguna otra intención.

Quizás es la soledad que anida en su corazón por el amigo ahora lejano, o porque no tiene nada mejor que hacer, lo que la lleva a aceptar tomar ese café con Beto, el eterno rival de la zorra. O quizás solo es el mezquino interés de intentar que le preste atención a pesar de tanta hembra que lo rodea. Eso y la tentación de averiguar si los rumores sobre su intimidad tienen real asidero, la verdad hay que decirla. Para su sorpresa, y no es porque ella no tenga también lo suyo, la atención sobre su persona es inmediata.

Empujado por la curiosidad del súbito interés de Ana por sus chorradas, Beto cae a sus pies como un corderito, sin condiciones y vaya si era cierto lo que se rumoreaba, para colmo Ana se estrena con él y acaba caminando torcida por una semana.

Aunque pronto comprueba que para su gusto, lo que le sobra de arma le falta de entrega y dedicación.

2013, Mayo 13, Lunes

19.00 hs

Regresan caminando en silencio, concentrado Oscar en sus misterios y preocupada ella por lo extraño de la situación. Al llegar a la puerta del hotel, se encuentran con un hecho, que no por lo habitual, deja de ser molesto, porque si bien ayuda a la promoción del producto, compromete la confidencialidad del trabajo y lo que es peor, le da cierta razón a Oscar.

Una multitud de jóvenes mujeres, pugna por la firma de un autógrafo del famoso de las redes, mientras este se prodiga en satisfacer sus deseos dejándose sobar a su gusto.

Entran por una puerta lateral y luego de una cena liviana se retiran a descansar. Tienen mucho en que pensar, Oscar en los problemas que se niega a compartir y ella en tratar de desentrañar si realmente es así, o solo se lo está mostrando en forma de acertijo como solía hacer en el pasado y ella no lo alcanza a resolver.

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