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Mía por despecho (Capítulo 5)

Eva no solo le permite acostarse con otros, sino que le graba todo para que lo vea. Esta vez, las imágenes son tan explícitas que el marido no puede contenerse. Pero mientras disfrutan de su perversión compartida, él no ha dejado de buscar a los hombres que la destruyeron.

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Capítulo 5

Justo a la hora de la cita de Eva con su ex y en mi casa precisamente, salía yo en busca de la puñetera marquesina y de ahí comenzar por la cuarta salida a la derecha, en busca de algo que no tenía nada claro lo que era, pero que de encontrarlo me llevaría a dar con los cabrones que violaron a mi mujer.

Después de media hora, me di la vuelta para volver a salirme por la quinta y más tarde por la sexta salida, pero ya no me quedaban más ganas de seguir buscando esa tarde, así que tomé el camino de regreso a casa y mañana sería otro día y ahora a ver lo que me encontraba allí, porque la verdad es que había llegado a un acuerdo con mi esposa, de forma que seguiríamos con nuestro comportamiento promiscuo, pero no me cuadraba mucho que ella hubiera aceptado verse con Raúl en nuestra casa esa tarde, para echarse unos polvos con él, eso no tenía mucho sentido y hasta pensé que podría ser ella misma la que seguramente lo habría citado.

El otro día fue pasto de un lloriqueo culpable y a las veinticuatro horas me pedía irse de noche de chicas con sus amigas, Raúl y Martín también, además de ser éste al que acompañó a la calle a pegarse unos morreos con él. Tendría que vigilarla más de cerca por ver si ésta forma de proceder se debía a algo puntual o estaba influenciado por lo que le ocurrió la noche de marras.

Serían las siete de la tarde cuando entraba en casa, encontrando a Eva en el salón leyendo una revista.

-Hola preciosa, ¿Todo bien? -La saludé.

-Hola corazón, sí todo genial. -Me correspondió al saludo.

-Vengo un poco cansado, ha sido un día muy agobiante en la empresa, cielo. -Le dije mientras me dejaba caer a su lado para darle un pico en los labios.

-¿Quieres que te prepare el jacuzzi? Sabes que eso te relaja mucho. -Me dijo.

-¿Contigo o ya te has duchado? -Le pregunté.

-Claro que me he duchado, ¿Qué te crees después de eso? Pero si quieres, me meto en el jacuzzi contigo. -Me respondió con una sonrisa maliciosa.

-Entonces supongo que ha estado aquí tu amigo, -admití ante su cuestión-, y también supongo que esta vez no era solo para hablar contigo.

Ella negaba con la cabeza, al tiempo que intensificaba la sonrisa que me dedicó antes.

-Esta vez no era para hablar, desde luego que no y tengo algunas grabaciones para atestiguar lo que digo. -Ahora eran unas risas lo que me ofrecía.

Un rato más tarde ella me llamaba desde arriba para que subiera a meterme en el jacuzzi que había preparado para los dos. Cuando subí no dudó en desnudarme con cierta parsimonia.

-Parece que has sido tú el que ha participado en una batalla sexual, te veo demasiado cansado. -Volvió a reír siguiendo con sus bromas picantes.

-Tienes el culo amoratado, se ve que te ha nalgueado bastante bien, aparte del chupetón en el cuello que te va a durar varios días. -La advertí.

-Todo el mundo sabe que estoy casada con un marido muy fogoso, -me dijo siguiendo con sus puyas-, te echo la culpa a ti y ya está.

-Menuda putita estás hecha. -Le dije dándole un cachete para colorearle un poco más esa nalga.

Al parecer todo su tema de conversación desde que llegué a casa eran esas aluciones a lo que se había traído hacía unas horas con su ex, pero sin hacer una mención expresa, por lo que al final se lo tuve que preguntar.

-Cuéntame cómo ha sido vuestro encuentro de hoy. -Le pedí.

-Pues mira, llegó a las dos de la tarde ya almorzado y yo le estaba esperando con el camisón de seda blanco y un tanga, bueno y mis tacones rojos que no me los he quitado en ningún momento. Primero nos hemos estado abrazando y besando en el salón, luego se desnudó y se sentó en el sofá y yo se la he estado chupando un rato, lo normal, más tarde ya nos vinimos al dormitorio y aquí hemos estado hasta las cuatro y media que él se ha marchado.

-¿Abajo en el salón habéis follado también? -Le pregunté.

-Sí, pero a mí me gusta más en la cama y aunque estábamos muy bien ahí abajo, me lo he subido aquí para seguir con lo que estábamos haciendo. Además que en la cama también nos manejamos mejor para poder hacer los vídeos y las fotos que a mí me gustan. Espera que te enseño algo.

-No, cielo, no hace falta que me lo enseñes, eso es para ti y tus recuerdos. No quiero ver nada más del cabrón ese.

-No seas así, con el trabajo que nos ha dado grabar todo esto, deja que te enseñe un poco. Hacemos como la otra vez, yo te toco y cuando te diga empieza a pasar las fotos y los vídeos, verás que chulo.

Enseguida preparó la primera foto de la tanda que tendría que ir pasando y me dio el móvil, mientras ella se colocaba medio vuelta hacia mí y me iba sobando la polla que no tardó mucho en ponerse a tope y es que esa primera foto era de un beso que se estaban dando los dos vestidos, aunque ella con el camisón que me dijo que apenas le cubre las nalgas. Esa foto estaba tomada desde el espejo que había a la entrada de nuestra casa y él la tenía agarrada por el culo y por una teta y ella con un brazo rodeándole el cuello y el otro con el móvil en la mano apuntando al espejo. La foto era de una nitidez increíble y es que el móvil que le regalé tenía un montón de mega-píxeles y ahí estaba el resultado.

-Ya estás dispuesto para seguir con todo lo demás, cielo, ve pasando a las siguientes imágenes y vídeos que están mezclados.

Le hice caso y pasé a la siguiente donde él estaba ya en camisa y ella seguía con el camisón, pero más separado de su cuerpo por la mano de Raúl que le amasaba una teta con el brazo metido desde abajo del mismo. A la tercera ya no había camisón, solo el tanga y él únicamente con el bóxer mostrando una buena tienda de campaña en el mismo. Lo cierto es que conforme iba pasando las fotos más explícitas eran, hasta que llegó el primer vídeo de ella chupándole la polla a cuatro sobre él que estaba tendido en el asiento del sofá.

-¿Verdad que te da morbo? -Me animaba a que le diera una respuesta positiva.

-Esta vez es más largo que el del otro día, -le dije para no responderle a su pregunta concreta-, se ve con mucho detalle. ¿Se corre al final? -Le pregunté yo ahora, mientras veía como intensificaba la mamada.

-No, hoy se ha corrido dos veces, ya lo verás, pero las dos han sido en nuestra cama. En el sofá solo me he corrido yo.

-No se pone condón para follarte, -le dije lo evidente-, espero que tengas claro lo que haces con él.

-Sí, todas las chicas nos hacemos análisis, lo mismo que Vicente y Raúl, ahora también se los va a hacer Martín, pues a él solo le dejamos hacerlo con preservativo.

Le tenía que ir diciendo que no acelerase tanto la masturbación que me hacía, porque no iba a durar ni medio minuto y es que con esa maniobra era cierto que no sentía nada de celos, solo ese morbo que según ella sentiría y que me estaba provocando unas ganas enormes de follármela allí mismo en el jacuzzi.

Resumiendo porque las grabaciones eran inacabables y los vídeos muy largos mostrando todo el detalle de lo que estaban haciendo. Destacaban si acaso sobre todo lo demás, los orgasmos de ella y las dos corridas de él, la primera en las tetas y parte de la cara y la segunda, claramente más floja directamente en la boca de mi esposa.

-Las últimas fotos son de él vistiéndose en el salón y de mí desnuda como estaba desde el principio. Después ya sin fotos nos hemos tomado un café y unas pastas sentada en su regazo y luego nos hemos dado unos besos en la entradita cuando ya se iba.

-Supongo que Raúl se lo contará a Vicente, así que no me extrañaría que éste último te pida otra sesión con él.

-Seguro que se lo cuenta, pero no te preocupes que con Vicente no lo haré hasta que nos venga bien una noche nuestra de chicas.

-A ver que te cuenta mañana cuando empieces de nuevo tu entrenamiento.

-Si Raúl se lo cuenta, seguro que me dice algo, mañana te lo diré cuando vuelvas a casa del trabajo.

Estaba en un estado superlativo por las ganas de echarle un polvazo a mi mujer, así que nos secamos y nos fuimos a la cama, como a ella más le gustaba y allí le provoqué un sinfín de orgasmos y luego me corrí en su rostro para que viera que su verdadero macho era yo, pues la dejé hecha unos zorros, en este caso una zorra de cuidado.

Luego no tenía cuerpo ni para cenar una ensalada que yo mismo le tuve que preparar, porque estaba derrengada. A ver si se pasaba el resto de la semana sin ganas de verga.

El martes volví al rastreo de las salidas a la derecha de esa puñetera vía y al final creí dar con lo que buscaba en la novena salida y es que había muchas. No era precisamente un bosque, pero sí que había muchos árboles cercanos a ese desvío y al final había una especie de barriada con bastantes casas, pero antes y junto al vial, se encontraban cinco naves de las que sospeché enseguida que una de ellas podría ser la que utilizaron esos dos cabrones para violar a mi esposa. Del coche que ellos utilizaron no encontré señales de ningún tipo, pero también había una especie de ventorro donde probablemente esos tipos se llegarían a tomarse unas cervezas. El problema es que no podía preguntar por ellos sin más porque me daría a conocer. Solo entré allí sin siquiera saludar, me pedí una cerveza y me quedé en la barra concentrado aparentemente en mi móvil, para no dar pie a que alguien entablara conversación conmigo.

La gente entraba y salía casi siempre acompañada por otra persona o por varias, solían hablar muy alto y yo no perdía comba intentando oír alguna vez los nombres de los que estaba buscando, pero nadie los llegó a mencionar y hora y media después de haber entrado allí, decidí pagar la cerveza y el café que me tomé después y me largué con viento fresco.

Al día siguiente alquilé un coche mediano y primero me fui a dar una vuelta por esas naves, de las cuales había dos que no tenían ninguna posibilidad de ser la que buscaba y las otras tres siempre las encontraba cerradas, como si no tuvieran ninguna actividad. El jueves cambié el turno para verlas por la mañana y sobre las once aparecieron tres individuos que se acercaron a una de las naves cerradas para abrirla y no tuve ningún problema en ver que se parecía una barbaridad a un taller de coches. Al fondo pude ver un cuadro de madera pegado a la pared con todo tipo de herramientas colgadas de él. Con el mismo móvil hice un montón de fotos de esos tres tipos para luego estudiarlas en casa, también hice unas cuantas de la propia nave y de los alrededores por si Eva fuera capaz de identificar algo de todo aquello.

Entre aquellos hombres no se encontraba el alto que según mi esposa se llamaba Joaquín, sin embargo el que estuvo dándole Vodka y las pastillas, el tal Gabi, sí que podía ser uno de ellos. Con mucha precaución acerqué el vehículo a esa nave y bajé todos los cristales de las ventanillas del coche, pero estos jodidos no hablaban a voces como los que iban al ventorro, por lo que no pude oír nada. Entonces me retiré prudentemente hasta una suficiente distancia, donde detuve el coche y me quedé a la espera de que esas personas decidieran irse de allí, con la idea de seguirlos cuando se pusieran en marcha.

No tardaron en hacerlo, porque se ve que solo se habían llegado a dejar o llevarse algo y no me fue nada difícil seguirlos debido al poco tráfico que había en esa carretera, después fue mucho más complicado cuando se adentraron en la principal, bueno la que ubicaba a la dichosa marquesina, ahí sí que me tuve que pegar más a ellos, pero me daba igual porque no podían ni sospechar que yo les estuviese siguiendo. Tampoco duró demasiado la persecución ya que enseguida se adentraron en las primeras calles de la ciudad y se detuvieron ante un taller de coches, ¡Toma ya!

Aparqué cerca de allí y me di unas vueltas desde la acera de enfrente observando que había una buena actividad en ese taller. Además tuve la suerte de que un coche se acercó a ese portón y salió al momento un tipo alto que se quedó hablando con la persona que acababa de llegar conduciendo ese vehículo. Ese tipo sí que podría ser Joaquín o Juaqui, como le llamaba su compinche. Como pude conseguí hacerle varias fotos sin que ellos me pillaran y me retiré de allí mirando de reojo a todas partes por si alguien se había dado cuenta de lo que hice, pero había mucha gente y nadie reparó en ello, lo que me dio pie a realizar una pasada por delante del taller, aunque no oí que el recién llegado le llamara por su nombre o se mencionara el del otro criminal y como estaba dando un poco el cante con tanto traje y corbata, me monté en mi coche de alquiler y me marché de allí.

A un kilómetro más o menos estacioné a la derecha de la vía y busqué rápidamente el taller a través de Google Maps, pero solo mostraba una foto de la fachada casi idéntica a la que yo acababa de hacer, aunque sí facilitaba el número del teléfono fijo del negocio, del que tomé nota en una captura de pantalla, pues no lo quería dar de alta en los contactos. A continuación me fui a mi casa, ya seguiría con la investigación la semana siguiente, pues el siguiente día ya era viernes y no sabía lo que me esperaba con la zorra de mi esposa para ese día.

El martes ella estuvo en el fitness y como no, Vicente, el gilipollas de antes y listillo de ahora, le tiró los tejos para follársela en su vestuario independiente, lógicamente después de confesarle que sabía lo que había hecho el día anterior con Raúl, pero ella le dijo que no y que uno de sus viernes de chicas venideros ya vería, pues no quería que él insistiese cada vez que fuera al gimnasio.

Durante la semana tampoco tuvo otros contactos con sus amigas para quedar ese viernes y nosotros habíamos decidido hacerlo por nuestra cuenta sin ninguna otra compañía.

Cuando llegué a casa ella estaba hablando precisamente con su amiga Rocío y al final pensaron que podrían quedar para la semana siguiente, dado que yo estaba en casa y no quería dejarme solo nuevamente como hizo la semana anterior.

-¿Pero ellas sí van a salir? -Le pregunté cuando me explicó lo acordado con su amiga.

-Ellas sí salen y además Rocío va a llevarse a Martín a su casa otra vez, pero ahora con el análisis ya hecho, por lo que lo van a disfrutar sin gomitas ni nada. -Me respondió.

-¡Joder con Quique! Me quedé impactado cuando me lo dijiste. -Le volví a reafirmar la sorpresa que me llevé cuando me lo contaba el otro día.

-Desde novios ella ya le había pedido que le dejara libre esos viernes y él no le puso ninguna pega para que esa noche hiciera lo que quisiera, luego ya casados lo volvieron a hablar y él le pidió hacer un trío de vez en cuando con alguno de los que ella se ligara. Te dije que Martín les cayó muy bien a los dos y ya llevan varios encuentros de a tres, -me quiso aclarar mi esposa-, ahora Rocío es mucho más selecta para ligar y si lo ve factible, se lo lleva a su casa y si no, pues se lo queda solo para ella.

-¡Qué fuerte! -Exclamé con unas risas.

-Espera que te enseño un pequeño vídeo muy corto, pero muy explícito de uno de sus tríos con Quique y Martín. -Me ofreció buscando ya en su móvil.

-Ven, siéntate a mi lado, -me pidió y yo la obedecí-, ¿Quieres que te toque mientras lo ves?

-Sabes que me encanta que me toques, tú ni me preguntes cuando quieras hacerlo.

-Ya, pero como es para que te de más morbo... -Me siguió explicando mientras me abría la cremallera del pantalón y me sacaba la pija medio morcillona.

Al final me dio el móvil con el vídeo en pausa, solo pendiente de que yo mismo le diera al play y esperé su orden cuando ella terminara de prepararme por ahí abajo. Eva me estaba calibrando mi grado de erección y cuando le pareció que estaba idóneo, me pidió que lo pusiera en marcha.

Los primeros planos eran de Quique al que casi no conocía y de Rocío besándose en el sofá de su casa, pero vestidos y de inmediato cambió el plano y ahora era Martín el que se besaba con ella de forma intensa, estrujándole una teta y ella tocándole el bulto del pantalón. Luego era otra vez el matrimonio el que se alternaba para chuparle la polla al invitado que estaba de pie ante ellos. Después hacían lo mismo, pero los tres desnudos y de camino me fijé en las buenas tetazas de Rocío y también en la polla escasa de Quique, que todo hay que decirlo. Los siguientes planos eran más bien de Martín follándose a ella que se corrió con la ayuda de su marido, seguido de una buena descarga de leche en la cara del matrimonio y para finalizar otra más pequeña de Quique encima de las tetas de su mujer.

La zorra de mi esposa quiso seguir dándome hasta el final sabiendo que me encontraba cerca de acabar y cuando iba a explotar, se metió media polla en la boca y se tragó casi todo lo que le eché y no paró hasta dejármela limpia de polvo y paja, nunca mejor dicho. Luego mientras yo terminaba de resoplar, me estampó un besazo de los que suelo denominar guarro del todo, traspasándome parte de lo que era mío hasta hacía un momento.

-¿Qué te ha parecido el vídeo? -Me requirió con una medio sonrisa y algo de cachondeo.

-Ahora que me he corrido me sigue pareciendo muy fuerte, cielo. -Le respondí.

-Bueno, precioso, dime lo que sentiste antes de correrte, cuando sentías más morbo.

-No sé... -terminé soltando unas risas-, mejor no te lo cuento.

-¿A que te hubiera gustado estar en el lugar de Martín? -Me ofreció ella la respuesta que no le quería dar.

-Qué puta eres, cabrona, pues sí, seguro que a mí y a mi amigo Carlos, Raúl, Vicente y todos los demás. ¿Qué quieres que te diga?

-Por mi amiga Rocío, cuando tú quieras. Ella sabe el pollón que te gastas, aunque sería mejor que le enviara una muestra de tu poderío, no es lo mismo verlo que contarlo. -Me seguía calentando ofreciéndome ahora a su amiga.

-Lo que me ha sorprendido más es las mamadas de Quique a Martín, eso tampoco me lo esperaba. -Le dije al recordar ese detalle del que no habíamos hablado ni siquiera cuando lo visionábamos.

-No vayas a pensar que es marica o algo por el estilo, ellos follan varias veces en semana, pero a él tampoco le importa mamársela a un tío, dice que así comparte mejor esa polla con su mujer.

-¿Tú has hecho algún trío? -Le pregunté para despejar dudas.

-Con Rocío he compartido a Martín, pero con dos tíos hasta ahora nunca lo he hecho sola, pero sí acompañada una vez con Rocío y dos ligues y otras dos veces con otras de mis amigas y nuestros ligues. Con Raúl o Vicente, nunca.

-Me gustaría que te fueras moderando, cielo, creo que estás teniendo más sexo de la cuenta, parece incluso que estás obsesionada con eso. -Le dije algo preocupado por el entusiasmo de ella por acostarse con otros tíos.

-Ya te dije que es solo sexo y que me gusta disfrutarlo. Ya has visto todo lo que grabo y es raro el día que no veo unos cuantos. No sabes la de orgasmos que he tenido viéndolos.

-Te voy a comprar un portátil para que los puedas copiar del móvil, cielo. No deberías llevarlo siempre encima, no sabes lo fácil que sería para un experto sacarte una copia de todo eso.

-Está bien, en cuanto me lo des lo copio todo, solo me quedaré con lo que le tenga que enseñar a Rocío. A ella le dejo ver lo último que he grabado todas las veces que quiera, pero nunca le dejo una copia, aunque por su parte hasta me los envía por WhatsApp.

-Mañana te lo compro, ese va a ser tu regalo de cumpleaños. -Le dije con unas risas.

-No te lo crees ni tú. El regalo tiene que ser algo para lucirlo ante mis amigas. -Me rebatió con un pellizco en el brazo de propina.

El viernes por la mañana le compré a mi mujer el dichoso portátil que por supuesto no iba a ser el regalo de cumpleaños, entre otras cosas porque le faltaban diez meses para el evento. Al final logré que me planificaran los primeros viajes para el lunes de la otra semana posterior a la próxima y se comprometieron a tenerme de vuelta cada fin de semana.

-Toma, aquí tienes el ordenador, cielo, -le di el portátil en cuanto llegué a casa al mediodía-, ya lo ha preparado el informático de la oficina para que puedas empezar a trabajar con él cuando quieras.

Ella lo lo sacó del maletín y lo miró por fuera poniendo cara de circunstancias.

-Es feo el puñetero, joder, todo gris de arriba abajo. -Me decía.

-Pero Eva, cariño, que es de lo más avanzado que hay en el mercado. -Traté de convencerla con el mejor argumento que supuse le gustaría conocer.

-Pues vaya, qué bien, qué mal gusto tienen los de Apple, cielo. Lo pondré arriba, a ver si me animo a utilizarlo.

-Hazlo ya, mi amor, no me gusta que sigas con todo eso encima tuya. -Le dije y ya no insistió más en todo el día, pero tampoco hizo las copias la muy cabrona.

Tal como habíamos acordado, más tarde nos arreglamos y nos fuimos a cenar a un buen restaurante del centro. Luego nos dimos un paseo por la alameda que estaba allí al lado y nos sentamos en una terraza a tomarnos una copa.

-Al final la semana se nos ha dado bastante tranquila, -le comenté-, menos mal que esta noche no has quedado con tus amigas.

-Ellas sí han quedado, pero yo no he querido ir estando tú aquí, lo hice el viernes pasado por la insistencia de Raúl por hablar conmigo y después ya viste para lo que era. -Me justificó porqué teníamos esa tranquilidad.

-Bueno, pero él ya te lo pudo contar debidamente el lunes. -Le dije con un poco de cachondeo en mi cara.

Ella se quedó pensativa unos segundos y luego soltó esas risas suyas que tanto me gustan.

-Qué cabrón eres, pero no te oculté nada y hasta te lo grabé todo para que lo pudieras ver.

-¿A él no le enseñas tus vídeos?

-Los míos con él, sí y más de una vez, también algunos de Rocío que a él le gustan mucho y seguro que cualquier día termina por acostarse con ella.

-No está mal tu amiga, nada que ver contigo que sigues siendo la número uno, pero tiene un polvazo la muy zorra. -Le confirmé la admiración de Raúl porque en verdad ella valía la pena.

-Pues cuando quieras te preparamos una cita, si quieres en nuestra casa, te lo pasarías muy bien con nosotras dos, no sabes lo bien que nos compenetramos.

-Joder, putita, me acabo de empalmar con solo imaginarlo. -Le respondí a su propuesta.

-El grupo ha quedado hoy en la otra disco, en realidad a la que casi siempre vamos. Si quieres nos tomamos una copa allí, dentro de una hora estará ya animada, aunque en ésta se está mejor porque es un poco más grande y te deja más espacio libre.

-¿Qué me estás insinuando putita mía? -Le pregunté lo que ya se veía venir.

Ambos soltamos unas risas mientras ella se pensaba la respuesta. Luego me lo soltó con toda la osadía.

-Ya lo sabes tú bien, quedamos allí con Rocío antes de que se vaya con alguien y nos vamos a casa a pasar la noche con ella, -me respondió con el mayor de los desparpajos-, ¿No te gustaría follarnos hasta caer rendidos? Ni me respondas porque ya veo que el bulto te ha crecido medio metro.

Otra vez tuvimos que reírnos, por su desparpajo y por soltar un poco de la adrenalina que estábamos acumulando desde hacía unos minutos. ¿Qué responderle a esa provocación? Joder, follarme al pibón de mi mujer y de camino echarle un buen polvo a la puta de su amiga Rocío, que ya sabía como se las gastaba la cabrona en la cama.

-No sé, mi amor, estaría bien tener una velada así, pero sin compromisos para hacer luego algo con Quique, ya sabes. -Le estaba diciendo que sí y ni yo mismo me lo podía creer.

-No, eso no, bueno tú no, pero más adelante sí lo haremos las dos con su marido. -Me tranquilizó.

-Ya veremos entonces. -Le dije para finalizar nuestra caliente charla y dedicarnos más a nuestra propia vida cotidiana.

-Gonzalo, cielo, estoy pensando en abrir un negocio de diseño de interiores, en la costa no paran de construir urbanizaciones enteras con unas casas de ensueño y ellos necesitan de una profesional como yo.

-Me parece estupendo, mi amor y me alegro de que tengas esas iniciativas de emprendedora en mente. Te ayudaré en todo lo que me pidas, eso también lo sabes.

-Sí, lo sé, cariño. Empezaré con una ayudante y luego ya veremos como se desarrolla el proyecto. Tendremos que darnos a conocer al mundo de la construcción, estudios de arquitectos, incluso me gustaría trabajar en diseños para eventos también.

-No conozco mucho esos temas, pero te apoyaré en todo lo que pueda, cuenta conmigo, mi vida. La semana que viene estaré aquí todo el tiempo, así que dispón de todos los recursos de nuestra empresa para poner en marcha lo tuyo.

Tal como habíamos acordado, una hora más tarde llegamos a la otra discoteca, que aunque parezca mentira solo la conocía por fuera y de oírla nombrar a mi esposa, pero llevaba razón, ésta era más amplia que la otra y disponía de más rincones poco iluminados alrededor de toda ella. No solo vimos a las amigas del grupo, sino que nos acercamos a saludarlas una por una. A Rocío no la vi, pero Eva se tranquilizó enseguida al saber que solo había ido al aseo. Luego nos cogimos una mesa con un pequeño sofá de dos plazas y al momento disfrutábamos ya de dos copas y del ambiente de la disco que estaba muy animada.

Desde donde estábamos situados nosotros, teníamos una visión completa del rincón del grupo, si bien debido a la poca iluminación, no se apreciaban los detalles característicos de cada persona y en cuanto regresó Rocío del aseo se vino directamente a vernos.

-Hola pareja, qué guapos estáis los dos. -Nos saludó ella.

-Mira quien lo va a decir, -le respondió Eva-, tú sí que estás para comerte, cabrona.

-Yo no digo nada, que si digo lo que pienso, mi esposa me mata. -Le solté con unas risas que ellas la acompañaron.

Ella nos dio dos besos a cada uno y luego se sentó en la butaca que teníamos a nuestro lado, colocando su bebida encima de la mesita. Sus muslos bien torneados se hicieron notar claramente a pesar de la poca luz que los alumbraba y el escote que traía era de pecado mortal y no pude evitar recordar cómo eran sus tetas después de haberlas visto tan recientemente. Tampoco Eva iba muy recatada que digamos, sobre todo por la parte de arriba después de haberse quitado la chaqueta de cuero blanco que se había puesto esa noche. Su escaso sujetador dejaba a las claras esos pechos perfectos que yo disfrutaba en nuestra intimidad, bueno yo y algunos otros también, joder.

-¿Como es que habéis venido por aquí? -Comenzó diciendo Rocío-, no me habías dicho nada.

-Lo hemos decidido hace un rato mientras tomábamos una copa en una terraza de la alameda. -le respondió mi esposa-, ¿Tienes algo para esta noche?

-No, de momento no, lo que salga, si es que sale alguna cosa, ya sabes que si no me gusta el chico, me voy a casa con mi Quique de mi alma. -Soltó con unas risas.

-Lo mismo viene Martín en tu busca, ya sabes que se ha hecho los análisis, te lo dije ¿No?

-Sí, sí, pero hoy no sería para ir a mi casa, ya quisiera yo, pero mi marido me ha dicho que hoy pasa del tema.

-Pues nosotros hemos estado hablando durante el tiempo que estuvimos en la terraza que te he dicho y mi marido sí que está dispuesto a compartirnos esta noche, ¿Qué te parece?

-¡Uy hija! Casi me da un soponcio, -nos dijo abanicándose con la mano-, pero hija, ¿De donde ha salido eso?

-Muy sencillo, le he puesto uno de tus vídeos con Martín y Quique y no veas como se le ha entusiasmado el rabo, -le respondió con más risas de los tres-, ahora está dispuesto a pasar toda la noche con las dos.

-Uhmmm... no sé si tendrás lo suficiente para nosotras tú solo, -se dirigía a mí Rocío siguiendo con las bromitas-, si quieres nos llevamos a uno de nuestros amigos para que te releve en tus tiempos muertos, ¿No se dice así en tu baloncesto?

El cachondeo que se traían estas dos conmigo ya lo veía venir desde antes de llegar a la disco, pero bueno, luego me desquitaría con unos contundentes pollazos que las dejaría con desgana para un mes.

-Muerta vais a quedar las dos cuando saquéis las banderas blancas de rendición, so cabronas, -les dije-, llevaros todo el lubricante y calmante anal que podáis, porque os va a hacer falta. Trae tu mano y toca aquí, ¿Ves? Pues esto no decae en toda la noche.

La verdad es que más que tocar, por poco me hace una paja la muy zorra.

-Uyyyy... chica no veas como está esto, -le decía a mi esposa cuando más agarrado me tenía-, ¿Pero qué coño haces tú tirándote a esos cabrones, teniendo esta herramienta en tu casa?

Al final tuvo que retirar la mano rápidamente porque se acercaba uno de sus amigos, bueno en verdad era Martín, que ya bien que lo conocía, vamos que me enseña solo la polla y ya sabía de quien se trataba.

-He estado hablando con Quique, -le decía a Rocío-, y al final quiere que vayamos a tu casa.