Xtories

El puto juego 2

Jorge la tenía arrodillada, usando su cuerpo como válvula de escape para su ira y su fracaso. Pero esa tarde, el juego cambió de lado: quien creía tenerla sometida descubrió que ella ya había ganado la batalla, y fue José Luis, el silencio cómplice, quien finalmente le ofreció la mano para levantarse.

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Junio 7

Martes 6.30 AM

Después de cepillarse el cabello, María se esmera en maquillar las ojeras, no quiere que sus hijos la vean así. La imagen que le ha devuelto el espejo hoy por la mañana es coherente con la mala noche que ha pasado.

Cuando se siente satisfecha con el resultado, sale del baño y observa compungida a su esposo. Hoy duerme relajado. Como si el hecho de haberla agredido injustamente le hubiera dado paz. Ni siquiera presenta su habitual media erección.

¿Acaso ese es el precio a pagar? ¿Ser el saco de descarga de sus frustraciones e inseguridades? -Reflexiona preocupada.

No puede evitar sentirse indignada, avanza en silencio hasta su placard, toma la ropa que necesita y se viste en el baño del pasillo. Luego pasa a despertar a los mellis.

7.15 AM

Pide un taxi por su móvil mientras les sirve el café con leche luego de excusar a su padre y en tanto se tuesta el pan, les revisa las mochilas para que no se olviden nada.

7.45 AM

Se abrigan y salen a la calle. Antes de partir, escuchan el grito de su padre.

¡PUTA MADRE! Me quedé dormido.

7.55 AM

Deja a sus hijos y luego de asegurarse de que ingresan al edificio, decide hacer el resto del trayecto a su oficina a pie, tiene mucho en que pensar. Hoy su mundo se ha puesto de cabeza, su esposo la ha violado, su trabajo está en peligro y la estabilidad de la familia está a punto de derrumbarse.

A pesar del tibio sol, siente que la mañana está más fría, el cielo más gris y las calles más tristes. De pronto nota la angustia que la rodea, busca una sonrisa en los rostros con que se cruza y no la encuentra. El crudo invierno ha dicho presente y se ha instalado en el ánimo de la sufrida sociedad.

8.00 AM

Antonio abandona la casa a las apuradas, sin bañarse ni afeitarse. A esa hora el taller ya debería estar abierto y su hermano no llega hasta las nueve.

No recuerda cuándo fue la última vez que se quedó dormido, pero de lo que sí está seguro, es de que, es la primera vez que su esposa lo deja estar sabiendo el problema que le causa. Y algo de razón tiene, se ha comportado como un animal, y eso le duele.

Quizás María crea que dormí toda la noche, pero nada más lejos de la realidad. Pasé muchas horas meditando antes de caer agotado. No puedo entender lo que me ha pasado para lastimar así a lo más importante que me pasó en toda mi existencia. Amo a mis hijos más que a la vida, pero podría haber vivido sin tenerlos. En cambio sin Maria…

Un escalofrío recorre su cuerpo de solo pensar en la idea.

¿Tanta lucha, tantos sufrimientos para terminar así? Porque estaba seguro que algo se había roto la última noche.

¿Insultarla por pretender intimidad? ¿Casi violarla por celos? ¿En qué clase de animal se había convertido?

Pero cómo explicarle su impotencia, posible fruto de no poder escapar de los problemas que lo hunden cada día. ¿Qué pensaría de su hombre? Si además ella, para mayor daño a su orgullo, tuvo que salir a trabajar para que no pasaran hambre.

El taller es su vida, si lo pierde no sabría cómo seguir. Hasta su padre vivió su último momento de lucidez entre esas máquinas. ¿Cómo olvidar la cruel mañana en que se quedó parado mirándolo fijo, duro como una estaca producto del ACV?

Maldito accidente que se llevó por delante todos sus sueños a la temprana edad de cincuenta años.

¿De qué valieron sus años de esfuerzo? Si ni siquiera pudo disfrutar de la casita que con tanto esfuerzo construyó en el campito de sus suegros en la sierra. Ni pudo realizar su sueño de conocer la tierra de sus amados abuelos. Si hasta le puso sus nombres Antonio Giovani. Angio para sus amigos.

Sí, de acuerdo, vivió cuatro años más, pero convertido en una cáscara vacía y él tuvo que sacar las familias adelante sin su consejo sabio. ¿Qué le diría si aún viviera y viera desmoronarse la obra de su vida? ¿Cómo lo miraría a la cara sabiendo que ni siquiera se siente un hombre entero, capaz de satisfacer a su mujer?

Cuidar de su padre enfermo ante la incapacidad de su madre de hacerle frente a su enfermedad, tratar de que su hermano termine el último año de su tecnicatura y llevar adelante a su propia familia hubiera sido imposible sin la comprensión de María. Todavía la recuerda embarazada, ayudando en el taller con su pancita de pocos meses.

Sin una queja por haberla defraudado al dejar sus estudios de ingeniería, -a pesar de la promesa de que nunca lo haría-, siempre apoyando, siempre empujando. ¿Y él le paga así? ¿Drogándose para casi violarla solo para no decir la verdad? ¿Pero cómo confesarle su frustración producto de todo lo que le pasa?.

La puta apertura de las importaciones lo dejó sin clientes, ¿Quién va a querer sus artesanales herrajes de alambre estampado si de China vienen regalados?

Hoy como ayer, cuando el gigante invencible que encarnaba su padre cayó talado por un derrame cerebral, de no ser por su viejo amigo y cliente Don Saúl y ahora gracias a su hija Lucía, estaría perdido.

La única empresa del rubro, que a pesar de ser una de las más grandes importadoras del país, no quiso perder el toque artesanal del producto autóctono. Y eso a pesar del malparido de su yerno.

Un figurín musculado de gimnasio, de pelo tintado rubio y lentillas de ojos claros que sería incapaz de levantar ni el más pequeño de los rollos de alambre de mi taller. -Piensa con rencor.

De ser por él ya estarían en la quiebra. Solo alcanza con ver la arrogancia con que entra a su taller. O el desprecio de su mirada las pocas veces que se lo cruza durante las entregas de mercadería en su lujosa casa en un barrio cerrado de la periferia. Porque Antonio es el único proveedor al que Don Saúl distingue recibiéndolo en su casa. Como hacía con su padre. El resto, su hermano incluido, debe pedir turno y hacer cola en los galpones de la empresa.

La misma cara de asco que debe poner ese galán, modelito de pasarela por el que suspiran las más hermosas damiselas para intimar con su esposa Lucía, -piensa sin poder evitar una sonrisa-, porque la verdad hay que decirla, la naturaleza no ha sido generosa con su vieja amiga.

El desgraciado ha dado un braguetazo en toda regla. Dicen que ha estudiado empresariales en una Universidad privada de las más exigentes y que se ha recibido con honores. De ahí su arrogancia.

También cuenta a quien lo quiera escuchar, que en ese prestigioso lugar conoció a Lucía y se enamoró de ella, cosa que el viejo zorro de Don Saúl no se traga y por eso lo tiene poco menos que como cadete para bajarle los humos, o para que desaparezca de la vida de su querida hija. El viejo zorro no se engaña, quiere a su hija con toda el alma, pero no puede negar que de agraciada no tiene nada.

Todo lo contrario de Carmen, la voluptuosa secretaria personal de Lucía, una rubia de treinta años con porte de modelo por la que babea el galán, sin lograr que la dama le preste la más mínima atención.

Vestida siempre con pantalón holgado y chaqueta, con dos niños pequeños y casada con David, el ortodoxo gerente ejecutivo de la empresa, sobrino político de Don Saúl y veinte años mayor que ella, la hermosa mujer no se cansa de repetir a quien la quiera oír, que la lealtad y la fidelidad de la pareja es un mandato de Dios y como tal debe cumplirse. Jamás la vio Antonio saludar de beso a su interlocutor, ya sea hombre o mujer, solo se limita a un fuerte apretón de manos, muestra de su férreo carácter.

Carmen es la encargada de recibir los pedidos que entregan los proveedores y chequear la calidad de los mismos.

Resulta hasta gracioso contemplar los nervios de los talleristas, hombres curtidos y duros, antes de someter sus productos a su férreo control -Piensa Antonio con otra sonrisa-

Con la excepción, claro está, de su querido hermano Beto, cuyo pasotismo y desenfado, logra siempre sortear el mal trago sin inmutarse.

8.25 AM

Como siempre en horario, María ficha su ingreso, saluda al viejo segurata y recibe de sus manos un sobre. Lo abre sin que la vean, aunque sabe que contiene su tarjeta de ingreso y la memoria con el presupuesto, tal como se lo prometió su salvador. Se dirige a su oficina, ficha el ingreso y abre con su huella digital la puerta blindada del sector tesorería, saluda a Karen la recepcionista y antes de dirigirse a su escritorio, pasa por el de Jose Luis para agradecerle su apoyo.

Tenías razón, gracias.

Aquí no, luego hablamos -le contesta su compañero mirando a los lados

De un rápido vistazo, comprueba que María B está mirando extrañada en su dirección, quizás tratando de escuchar lo que están hablando, Roxana en cambio está iniciando su ordenador como siempre.

Fabi la tesorera y Carla la contadora, aún no han llegado.

9.30 AM

Llega Jorge y luego de la sobada a sus compañeras, la llama a su oficina con una sonrisita sobradora.

¿Has visto como no era tan difícil? Anoche cuando recibí el mensaje supe que no me había equivocado contigo. ¿Ha estado todo bien? ¿Has encontrado algún error? Porque has tardado bastante en revisar la propuesta. Inquirió con un toque de ansiedad.

Todo bien, solo he querido ser meticulosa. -Mintió María sin saber por qué no podía decir la verdad, pero José Luis así se lo había pedido y para ella era suficiente. Volvería a confiar, ya le había demostrado su lealtad-. Aquí tienes el USB.

Gracias. Me parece bien que así sea, continúa así y verás como mejoran las cosas para tí

Gracias a ti por confiar en mi trabajo, pero trata de no forzarme a incumplir con mi familia.

¿Acaso tu esposo llega siempre temprano a casa?¿Nunca tiene reuniones de trabajo o atrasos que cumplir?¿Va muy seguido a retirar a sus hijos al colegio? No me jodas la paciencia Maria, vive en un mundo moderno, más aún si la que para la olla eres tú.

Y tú como sab...

No tuvo tiempo de preguntar, Jorge la interrumpió y le indicó la salida. Mientras volvía a su escritorio, una mezcla de ira y angustia le carcomía el estómago. Ira porque se sentía abusada y angustia por tener que reconocer que el hijo de puta, algo de razón tenía.

12.25 PM

A los treinta años María Beatriz, -María B como la llaman-, es una bella mujer de pelo negro y ojos grises. Una hembra de curvas rotundas y risa fácil, que fue abandonada por su esposo dejándola tirada con dos niños pequeños sin volver a dar señales de vida.

Su magro sueldo apenas alcanza para pagar la renta de su diminuto departamento y darle de comer a sus hijos. Para poder solventar todo lo demás, ha debido prostituirse con su jefe y ceder a todos sus caprichos.

No es tan malo como suena -piensa- tiene lo que necesita para vivir y alimentar a los niños y Jorge le da todo el sexo que necesita. -Sobre todo en días como hoy, en los que parece especialmente eufórico.

Manteniéndola arrodillada sobre el sillón de la oficina y tomándola de las caderas, su jefe la fornica con una pasión inusitada mientras espera una llamada telefónica que según él, le cambiará la vida.

Por alguna extraña razón, María B disfruta de ser tomada con esa euforia que la tiene al borde del orgasmo, el que le llega de forma violenta cuando, en una morbosa jugada, Jorge moja su dedo pulgar en el aceite de la ensalada sobrante del almuerzo que yace sobre el escritorio y se lo entierra con violencia en su puerta trasera.

Sin compadecerse de su desfallecida amante, el hombre sigue martillando con su cadera las indefensas grupas de la morocha, sin dejar de observar la pantalla de su móvil que en ese preciso instante da señales de vida.

Baja el ritmo para atender la llamada y su pene se inflama ante la expectativa. Escucha con asombro mal disimulado y cuando corta la llamada, todos sus planes se han ido al garete. Entonces la ira lo domina, enervando aún más, si es posible, su exacerbada virilidad.

Baja la vista, divisa el inflamado ojete que parece balbucear llamándolo, retira su falo de la cálida vagina y lo entierra doblegando los esfínteres sin compasión alguna, provocando un alarido de su amante que lo excita aún más.

Enloquecido buscando su propio goce, cachetea las nalgas de la hembra con furia enajenada, sin darse cuenta que en su euforia y sin pretenderlo, la lleva de un orgasmo al siguiente sin solución de continuidad.

12.45 PM

Cuando finalmente explota en sus entrañas, María B queda desfallecida con la cabeza enterrada en los cojines. Sin apiadarse de ella, Jorge la toma de los pelos y la echa desnuda de su oficina, le arroja las ropas con furia y se encierra a revisar los números.

¿Cómo pudo ser posible? Esa idiota es incapaz de descubrir algo así y corregirlo sin avisarme, sin este trabajo se moriría de hambre. Encima está buena de cagarse la hija de puta y tiene una cara de mal cogida que se cae. -Piensa con rencor mientras reinicia su máquina.

Carga el pen drive, verifica que continúa encriptado en solo lectura y chequea cifra por cifra confrontándolo contra el informe presentado por Maria sin encontrar ninguna diferencia.

Desorientado y sin entender, recibe otra llamada y su modo de vida se va a la mierda.

1.00 PM

Al retornar del almuerzo María encuentra la oficina cerrada y el guardia de seguridad le comunica que permanecerá así hasta el día siguiente. Al salir, se encuentra a José Luis que la está esperando en la puerta y la invita a tomar un café, lo que ella acepta agradecida.

Para no llamar la atención, caminan separados hasta llegar a su vehículo y montando en él, se dirigen a un centro comercial ubicado en la periferia de la ciudad conversando animadamente.

02.00 PM

Al llegar al lugar estacionan y se dirigen a las terrazas donde se halla la confitería, descartan las mesas del exterior y se sientan frente a una ubicada junto a la ventana. A pesar de que el día está soleado, el tiempo permanece fresco.

Después de mucho tiempo, María se siente cómoda en compañía de un amigo. La conversación fluye fresca y espontánea, como si se conocieran de siempre.

Dime Jose Luis ¿Me vas a aclarar qué es lo que está pasando? Y no me vengas con que eres un simple empleado. Tu sabias lo que se cocinaba en esa oficina.

José Luis la mira con una sonrisa, por primera vez en su presencia se quita los lentes oscuros y la contempla un segundo en silencio desde la profundidad de sus ojos, como si la estuviera descubriendo por primera vez.

Por supuesto que lo sabía, pero no te lo podía decir. Ahora sí, porque sé positivamente que eres de confianza.

Las inquietudes de María se desvanecen en las aguas mansas de su mirada y se atreve a preguntar.

¿Tenías alguna duda?

Alguna, sí. Si bien me di cuenta pronto que no comulgabas con Jorge, también noté que yo no era de tu agrado. Pero cuando te pedí que confiaras en mí lo hiciste y para mí eso es lo que vale. Gracias a tu confianza tuve las pruebas para demostrar la deslealtad del traidor y poder desbaratar la red de corrupción que nos estaba haciendo tanto daño.

¿Y qué harás cuando vuelva Gabriela?

Gabriela no va a volver, era parte fundamental en el esquema de corrupción, pero cuando la descubrieron y teniendo en cuenta su embarazo, negoció su salida limpia a cambio de ventilar todo.

¿Entonces te quedarás?

Solo hasta entrenar al nuevo Gerente.

¿Y ya lo han elegido?

Si aceptan mi sugerencia, lo tengo delante mío.

María se queda helada. Cuando reacciona, salta de su asiento y rodeando la mesa abraza a José con todas sus fuerzas.

Gracias, gracias. No sabes cuánto significa para mí y cuánto lo necesito, pero no si voy a estar a la altura de esa responsabilidad

José Luis la toma suavemente de sus hombros, la aleja de su cuerpo y mirándola con una sonrisa encantadora que ella nunca le había visto, deposita un corto beso en su mejilla, muy cerca de la comisura de los labios. Beso que María recibe con agrado y el vello de la nuca erizado.

No tienes nada que agradecer, te lo has ganado y en cuanto a tu preparación, no temas, yo me encargo de ponerte al día, al fin y al cabo hacías todo el trabajo de Jorge.

Pero si Gabriela no va a volver. también necesitaremos una nueva contadora. Yo de eso no sé nada.

Por eso te preocupes, enviarán una de otra sucursal.

Entonces no tengo nada que objetar.

Profundamente emocionada al sentirse valorada, lo vuelve a abrazar y mirando a través de la ventana, descubre que no todo es gris a su alrededor. Hay mucha belleza oculta en la esbelta silueta de los árboles desnudos de hojas y un arrebatador brillo en los ocres de los que aún las conservan.

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