Iris, la mujer que me cambió (6/6)
Jorge creía haber superado a Iris, pero una grabación oculta revela que su vida estuvo a punto de costarle la vida. Al enfrentarla, el rencor se transforma en una lujuria cruda y destructiva, un último polvo que sella el fin de una era y desata una cadena de violencia que ya no tiene vuelta atrás.
La noche del accidente, saliendo de la academia, allá por el 2015
«Lamento que hayas presenciado esa escenita.»
«La verdad es que no sabía que Rober me tenía tanta manía. Tampoco conocía esa faceta suya.» Dije mientras íbamos Enrique y yo hacia mi coche.
«No creo que sea manía. Lo que pasa es que es muy gañán. Tiene miedo de que, si estudio, lo deje solo con sus mierdas.»
«No sé, pero me ha asustado. Se le veía nervioso.»
«Mañana hablaré con él. Espero que se le haya bajado la cogorza. Tampoco tiene nada que ver estudiar con dejar de ir con los colegas. Tú lo haces, y has estudiado.»
«Pero es muy gañán, como bien dices.»
Enrique y yo íbamos de camino a mi coche. Había aparcado cerca de la academia donde impartía las clases de repaso, a la que iba Enrique para estudiar. Se estaba sacando el graduado escolar, pues dejó los estudios siendo muy joven, como Rober. Hacía escasos minutos, Rober se presentó drogado a pedirle dinero y a insultarme. Estaba como fuera de sí. Nunca había visto a Rober así. «Tú lo que tendrías que hacer es irte a tu puta casa y no molestar a nadie, pijo de mierda, pollo. Siempre mirándonos a todos por encima del hombro.» Me decía Rober mientras el conserje forcejeaba con él.
De los nervios que me dio la situación, el corazón me iba a mil y le pedí a Enrique que condujese él.
Domingo 9 de junio de 2024, por la mañana
Desperté sobresaltado. «¿Qué hora es?» Roxana se quejaba entre balbuceos incomprensibles. «Ah, las 8 de la mañana.» Es lo malo de tener la rutina establecida, que te acuestes a la hora en la que te acuestes siempre te levantas a la misma hora. Aunque esa mañana fueron 2 horas más tarde de lo que acostumbraba. Lo bueno, que teníamos hasta las 11 para abandonar la habitación.
Fui a la ducha para quitarme de encima el olor a sexo, y al salir Roxana se despertó e hizo lo mismo que yo.
«Hostias, se nos olvidó desconectar la cámara. Su puta madre, 6 horas de grabación. ¿Pero cuánto tiempo estuvieron follando?» Dije sorprendido al ver la duración de la grabación en la pantalla del ordenador.
«¿Cómo?»
«Esta cámara se activa cuando hay movimiento o voces. Al parecer se quedarían hablando o algo en la cama.»
«Bueno, pues ahí tienes material para rato. ¿No te apetece ver lo que hicieron cuando dormimos?» Dijo Roxana con voz de viciosilla.
Y reproduje el vídeo en el momento en el que dejamos ya de visionar la grabación.
Aquella madrugada, en la grabación
Debo decir que era como ver Gran Hermano. Gente diciendo tonterías y fumando. Con la diferencia de que Rober se estaba pintando unas rayas. Lo que me sorprendió fue que Iris le siguió. Cómo puede echarse a perder una persona en tan poco tiempo. La verdad es que Rober tenía una personalidad que atraía y te sacaba el monstruo que todo el mundo no sabe que lleva dentro.
Pasadas unas horas, se despidieron de Oscar y desaparecieron de la imagen, pero aún se les oía, y a eso de las 4 de la madrugada, cuando quedaban escasos 35 minutos de grabación oí una conversación que nos heló la sangre a Roxana y a mí. Eran Rober e Iris. Empezaba ella a hablar:
«Oscar ya te ha dicho que no te rayes, que él pasa ya. Además, ha ganado pasta con el vídeo de anoche. Seguramente más aún que con Roxana. Que se la quede el soplapollas de mi ex.»
Nunca imaginé que Iris me llamaría así.
«Los cojones. A ese subnormal hay que enseñarle quién manda. Y si tengo que liarle para follarme a su actual novia, lo haré, como hice contigo.»
No entendía cómo Iris podía tolerar esa humillación viniendo de Rober.
«De todas formas, podría también cargármelo. Ya maté una vez. Tampoco es tan difícil hacerlo una segunda vez.»
«¿Cómo?»
«Sí, tú no lo conoces, pero tu novio sí. Era más que un amigo. Era un hermano para mí.»
«Si era como tu hermano, ¿por qué lo mataste?»
«Porque se estaba convirtiendo en un mierdecilla, como tu ex.»
«No te entiendo.»
«En un principio la cuadrilla de amigos éramos cuatro: Miguel, Joaquín, Enrique y yo. Nos conocíamos desde el colegio, Enrique y yo éramos los que defendíamos a Miguel y a Joaquín. Hasta que un día Jorge entró en el grupo, y todo se fue a la mierda.»
«Jorge me dijo que erais inseparables.»
«Bueno, yo nunca lo tragué. Siempre supe que era un gilipollas y un pijo de mierda. Como vivía en una casa con piscina, tenía una PS2 pirateada con un huevo de juegos y más, todos querían ser sus amigos. Encima le iba bien en la escuela.»
«Oigo envidia en lo que dices, hehehehehe.» Rober la miró con cara seria. Nunca le había visto así. Y le soltó un bofetón que sonó como un papel rasgándose. Y mi novia se puso las manos en la cara. Después, Rober le dio un abrazo y le besó la frente.
«Perdona, a veces me pongo algo nervioso. No me ha gustado eso que me has dicho.»
«Discúlpame a mí. Se te ve afectado.» Dijo Iris mientras se frotaba los ojos y sorbía los mocos. Estaba a punto de llorar.
«Como te decía, el muy cabrón a los pocos meses se hizo amigo de todos y hasta lideró el grupo. Todos querían ser como él.»
Hubo un silencio, e Iris se acercó a él y le besó en los labios. «Tranquilo, amor, no te pongas triste. Ahora me tienes a mí. Nos iremos al piso donde nos conocimos. Llegué a un acuerdo con él y el muy pringao ha tragado con que yo me quede con el piso. Encima de cornudo, pone el piso.»
Rober se rio, y continuó con su relato.
«Cuando pasaron los años, nos quedamos Enrique y yo.» Continuó Rober, ajeno a lo que Iris le acababa de decir. «Trapicheábamos por el barrio. Fueron años buenos, ganábamos mucho pasando droga, éramos los amos del barrio. Hasta que volvió a aparecer Jorge. Fue hace diez años, a primeros del 2014, que Enrique me dijo que quería volver a estudiar. Recuerdo esa fecha porque mi padre era del Atlético de Madrid y hacía poco que falleció Luis Aragonés.»
«Jorge me dijo que antes de que empezase la carrera la cosa iba mal entre vosotros. No era lo mismo.»
«Claro. Porque él lo jodió todo. Siempre venía con su sonrisa, su actitud positiva y sus mierdas hippies. Quiso que Enrique estudiase para que así dejase la calle, como si él fuera a cambiar de la noche a la mañana.»
«¿Y entonces, ¿qué pasó?»
«Enrique era como mi hermano, nos habíamos criado juntos, nuestras madres nos intercambiaban hasta los pañales y la leche que mamábamos. Nos criaron como hermanos. Y él se iba a ir, Enrique, mi hermano. Sabía que si estudiaba dejaría de traficar, dejaría el barrio. Ya casi me dejó de lado cuando se echó novia. Y cuando ella lo dejó, cuando lo dejó hecho una mierda y sin un euro yo estaba ahí. No Jorge, ni Miguel, nadie. Yo. El chungo, el delincuente de mierda.»
«Lo siento mucho.»
«Me enteré de que iba a una academia, donde trabajaba Jorge, para sacarse el graduado escolar. Y supe también que cuando acababa las clases Jorge lo acompañaba en su coche de vuelta a casa. Hablé con Oscar para que me ayudase a joderle el coche, pero estaba en la cárcel. Entonces lo hice yo. Le jodí el mecanismo de cierre del cinturón de seguridad y el airbag del conductor, y también manipulé los frenos. La idea era que el conductor, Jorge, muriese.»
Iris lo miraba, como ida. Se veían claramente cómo abría los ojos sorprendida. Estaba hablando con alguien que quiso atentar contra mí y estaba impasible. Tocándole la muñeca y acariciándole las mejillas.
«Pero no fue así. Esperé a que entrasen en la academia y fue cuando manipulé el coche. No sé por qué, pero Jorge no fue quien condujo, sino Enrique. Antes del accidente temí por la vida de Enrique y esa tarde me acerqué hacia allí, a esa academia, para asustarles y que así Enrique no fuese con Jorge. Así minimizaría riesgos. La lie, me puse nervioso y el puto gordo del conserje amenazó con llamar a la policía. Y después se subieron al coche. Irían en carretera y seguramente Enrique intentaría frenar y se cayeron por un terraplén. Jorge salió casi ileso, algunas heridas en la clavícula y cara roja por el impacto del cinturón y del airbag. Mientras que Enrique no solo se abrió la cabeza contra el volante, sino que se desangró como un cerdo.» Rober estaba con la mirada perdida hacia la nada. «Los médicos dijeron que fue rápido.»
Iris le cogió de la cara, se la acercó a la boca y le dio el beso más apasionante que dos enamorados han compartido nunca. Le dijo. «Lo has tenido que pasar fatal, amor mío.»
«Sí. Pero esta vez no la cagaré. Intentaré picar al subnormal de Oscar para que lo reviente a hostias. Que seguro que el muy capullo quiere venganza por lo de Roxana.»
Dicho eso, se besaron y durmieron.
Quedaban pocos minutos antes de que se acabase la grabación. Y se apagó.
Roxana y yo nos quedamos mirando. Nuestras caras delataban todas las diferentes acepciones y sinónimos que tiene el diccionario con la palabra miedo.
«Jorge, me estoy asustando. ¿Qué piensas?»
«Siempre fui de las personas que jamás quiso que los estudios interfirieran en mi relación de amistad con la cuadrilla de amigos. Obviamente, las cosas no serían igual, pero una cosa no quita la otra. Pasada esa noche, tras el accidente, pasaron años en los que quería hablar con Rober. Me sorprendió que no fuese ni al entierro. ¿Tal vez porque no quería verme? Si hasta vino Oscar, que me tenía una tirria… Durante la pandemia me entró la morriña. Retomé el contacto con Miguel y Joaquín. Hasta echábamos partidas a en línea a videojuegos que teníamos abandonados. Cuando me enteré de que Rober se había echado novia, intenté hablar con él, pero siempre se mostraba esquivo. Ahora sé por qué. Ese accidente… estaba todo preparado para que fuese yo la víctima. Pero no lo fui, y nunca me lo perdonó por lo que se ve.»
«¡Pero no es culpa tuya!»
«¿Y quién se lo dice? ¿Ves a Rober como una persona que atienda a razones? Nunca ha destacado en inteligencia, y para saber perdonar hay que demostrar una inteligencia y sensibilidad superior, de la que él carece.»
«Vale. Mira, ahora los dos estamos muy nerviosos. Dudo mucho de que esto pare hasta que tú mueras, y no me gusta. Deberíamos ir a la Policía…»
«Claro. Les decimos que hemos allanado una propiedad para chantajear a mi ex y por casualidad nos hemos encontrado con esta confesión. No sé cómo son las cosas en tu país, pero aquí no s…»
Roxana comenzó a hacer pucheros; estaba a punto de romper a llorar. La abracé para que se tranquilizase. «Perdón. Me he puesto muy borde contigo y no te lo mereces.»
«No, tienes razón, soy tonta e ingenua… Pero tengo miedo.»
«Y yo. Estoy acojonado.»
«Espera. Se me ha ocurrido un plan.» Concluyó Roxana.
Domingo 10 de junio de 2024, 11.35 h, en la puerta de Oscar
«Bună ziua, Oscar (Buenos días, Oscar).» Dijo Roxana al abrir Oscar la puerta.
«Debéis tener cojones para venir aquí. De Roxana me lo esperaba, ¿pero de ti?» Dijo Oscar mirándome fijamente.
«Tenemos cierta información que te gustaría conocer.» Siguió Roxana. «Es sobre Enrique.»
«¿De qué coño habláis?»
«Fue Rober.» Dije mirando a Roxana y después a él.
«¿Cómo?»
«Quiso que tú manipulases el coche de Jorge, para matarlo, pero estabas en la cárcel.» Continuó Roxana.
«Espera. ¿Qué coche? No sé de qué me estáis hablando.»
«Tenemos grabada la confesión de Rober, donde planeaba matar a Enrique y liarte a ti también. Como estuviste en la cárcel no pudiste hacer el trabajo.»
«Mira, chaval. He estado muchas veces en la cárcel y si quieres vuelvo a entrar otra vez después de rajarte la tripa de arriba a abajo. No sé de qué mierdas me habláis.» Oscar se acercó a mí y sacó su navaja. Pero Roxana le mostró el pendrive con la grabación.
«Está todo aquí. ¿Recuerdas la sesión de anoche? Os grabamos y, cuando te fuiste, Rober le confesó todo a Iris.» Dijo Roxana dándoselo en la mano. «Espero que no seas tan gilipollas de destruirlo; tenemos más copias.»
«¿Por qué nos grabasteis? ¿Te va ese rollo, viciosillo?» Oscar cogió el pendrive mientras me miraba riéndose.
«Quería reunir pruebas de que Iris me era infiel para así ir a juicio con ella y tener ventajas a la hora de la separación de bienes. Cuando acabasteis de follaros a Iris siguió la grabación y… bueno, ya lo verás.» Continué.
«Entonces tendré que verlo para creerlo, porque lo único que sé es que me jodisteis anoche y me entran ganas de daros de hostias a los dos.»
«Vámonos mejor, Jorge. Oscar, si necesitas hablar, ya sabes cuál es mi teléfono.» Y Roxana cerró la puerta.
Durante esa conversación sentí vergüenza y miedo. Miedo de que se torciese todo y me ocurriera vete tú a saber qué. Y vergüenza porque Roxana era la que mostraba la iniciativa. No sé cómo la situación había escalado tanto. Hace un mes estaba yo aún con Iris, y hace un año acabábamos de mudarnos.
Mientras íbamos de camino hacia el coche sonó mi teléfono. Era Iris.
«Dime»
«Hola, Jorge. ¿Recuerdas que hoy era cuando teníamos el piso?»
Joder. Se me había olvidado por completo. A la mañana siguiente de la noche de las setas le dije a Iris que a partir del día 7 de junio tendríamos nuestro piso. En realidad, fue mucho antes, pero entre una cosa y otra…
«Sí, es verdad. Se me pasó por completo.»
«Vale. Recuerda que te ibas a ir. Rober quiere venirse a vivir conmigo. Podemos quedar esta tarde para que recojas tus cosas y ya vamos quedando para firmar los papeles.»
«De acuerdo, pero no quiero ver a Rober por ahí.»
«Vale. Nos vemos a las 16 h.»
Iris colgó y Roxana me miraba como extrañada.
«¿Te pasa algo, cariño?»
«Ya te lo contaré en detalle, pero al parecer ayer tenía disponible el piso. Me ha llamado Iris para que vaya a recoger las cosas.»
«Genial. Será buena oportunidad para que le muestres el vídeo. Me gustaría ver la cara que pone mientras le pones el vídeo.»
«Y a mí me gustaría que no estuvieses. Hemos acordado que Rober no estará, así que me parecería un error que tú sí que estuvieses.»
«Vale. Me jode, porque quería ver la cara que pone, pero no pasa nada. Ya me contarás. De todas formas, creo que tendré que ir a ver a Oscar para terminar de recoger mis cosas.»
«Espero que no te haga nada. Está muy loco de siempre. Desde que éramos críos.»
«Tranquilo. Yo me lo sé manejar.» La verdad es que Roxana inspiraba confianza y seguridad. Tiene pinta de ser de esas personas que, a pesar de su juventud, tuvo que crecer y madurar muy pronto.
Domingo 9 de junio, 14 h
Entré en el piso y vi algunas bolsas de basura con ropa de Iris. Estaban tal y como las dejamos antes de que viniesen a fumigar. Entré a mi despacho y estaba intacto.
«Hola, ¿Jorge? ¿Estás ahí?» Dijo Iris desde el comedor.
«Sí. Acabo de llegar.»
«Vale. Yo estoy en el comedor. Cualquier cosa, me dices.»
Ahora quedaba lo más difícil y que me ponía más nervioso. El chantaje. Tenía pensado no mostrarle lo que hablaron después, sobre matarme, y solamente centrarme en los cuernos.
«Iris, ¿puedes venir al dormitorio un momento?»
«Voy.»
La vi muy cambiada. Desde que estaba en ese piso no la había visto aún. Iba en bragas y con una camiseta ancha, sin sostén debajo. Bueno, tampoco es que hubiese nada que no haya visto antes.
«¿No ibas a recoger tus cosas? Quiero que te vayas antes de que acabe el día, que Rober se enfadará si sigues por aquí.»
«Tranquila, mejor sin prisas, que hay algo que quiero mostrarte.» Y le puse la grabación en mi ordenador portátil.
Iris se quedó helada. Nunca había visto esa cara. Se mordía el labio inferior pero no de excitación, sino de nerviosismo. «¿Cómo has visto eso? No sabía que tenías Only»
«No. Es otra cámara que te puse en su casa. Como sabía que me ponías los cuernos, quise grabarte para chantajearte. ¿Te gustaría que este vídeo lo viesen tus compañeros de oficina? ¿Tus padres? ¿Tus amigos?»
«Hijo de… ¿qué quieres? ¿Hay más copias?»
«Por supuesto que sí. No iba a ser tan tonto de mostrarte el original. Una copia la tiene mi novia, la rubia a la que le comes el coño en el vídeo, y la otra la tengo guardada en la nube. Por si las moscas.»
«Eres un hijo de puta… cabrón… Serás…» Y se puso a llorar. Lágrimas de impotencia. Lágrimas de torpeza. Lágrimas de frustración… «Te pagaré lo que sea. Pero quiero ese video fuera de mi vista y de los míos.»
«Bien. En eso estamos de acuerdo. Abandona este piso y cede con lo que te pida nuestro abogado para que todo esté a mi favor y borraré todas las copias posibles.»
«¿Cómo sé que lo harás? No puedo fiarme de ti.»
«Pues tendrás que hacerlo, así como yo confié en ti cuando me ponías los cuernos con Rober.»
«Él es más hombre que tú. Me folla mejor y su polla es más bonita que la tuya. Me hace sentir mejor y más mujer. Contigo estaba amargada.»
«Bueno. Después de lo que me has dicho, tal vez me quede una copia para mí. Para pajearme un poco. Ahí se te ve muy guarra y viciosa. Mírate, comiéndote un buen coño.» Iris se quedó fija mirando la pantalla durante un buen rato. Respiraba raro.
«Eres un cornudo hijo de puta.» Y empezó a reírse. «¿Crees que después de exponerme en el directo, tengo miedo de que los míos me reconozcan? Es cuestión de tiempo que me descubran. Seguramente grabe más vídeos con Oscar, así que, haz lo que quieras.»
Joder. A tomar por culo el chantaje.
Por suerte, ella rompió el silencio. «Si quieres, págame lo que puse de entrada para el piso, 15.000 €, y os dejo a ti y a tu putita vivir aquí.»
Y cuando me quise dar cuenta, mi ex, Iris, me estaba tocando el paquete. Fue muy poco sutil e hizo que me sintiese incómodo. No me lo esperaba, la verdad. Y me empezó a dar besos en el cuello, que rechacé. Le hice la cobra totalmente.
«Iris, no he venido a eso. Además, ¿tú no estabas con Rober?»
«¿Y tú con la rumana esa? ¿Sabes que es puta? Vete tú a saber la de pollas que se habrá comido por ahí, la de mierdas que tendrá en el cuerpo.»
«No hablemos de putas, porque lo tuyo es de ser muy puta. Y además tonta, porque al menos Roxana cobraba por ello. Tú te degradas de gratis.»
Me dio un bofetón en toda la mejilla. Sentí un hormigueo en la cara. Una lágrima le corría desde el ojo hasta la barbilla. Y le devolví el bofetón con un escupitajo en su cara. Rompió a llorar.
Gimoteaba como una cría. Debo confesar que ella siempre había sido muy llorona. Cuando se frustra porque no consigue lo que quiere siempre llora. Hacer, no hace una mierda para solucionar la situación, solo llorar y gimotear. Luego era yo el que tenía que sacarle las castañas del fuego, así que no me sorprendía lo más mínimo.
«Que sepas que estoy enamorado de Roxana, y vamos a vivir juntos. Debo agradecerte que me pusieses los cuernos con el perdedor de Rober porque así he podido conocer a la mujer más encantadora del planeta.»
«Y la más puta también.» Dijo después de sonarse los mocos.
«Pues sí. Mira si tú eres tan poco interesante para mí que hasta he preferido irme con una puta antes de arrastrarme contigo. Si hasta me has metido mano.»
Se abalanzó sobre mí y me empezó a pegar golpes en el pecho mientras seguía gimoteando. «Hijo de puta. Cabrón. Eres un cornudo. Rober me ha dado cosas que tú nunca me las has dado. Él me hace sentir mujer. No como tú. Mierda, que eres un mierda.»
Intentando forcejear con ella le cogí por el cuello. No sé qué me pasó por la cabeza, pero le besé los labios. Le di un segundo beso con lengua, que ella correspondió. Y estuvimos un tiempo besándonos mientras ella gemía y me metía mano. Sus besos me estaban poniendo muy cachondo, y no dudé en meterle mano yo también. Le tocaba sus erizados pezones y metía los dedos en su chocho. Lo tenía muy mojado.
«No te emociones. Esto será un “hasta nunca”. Te echaré un polvo y desapareceré de tu vida.» Interrumpió nuestro beso.
«Me vale. Te dejaré bien follada.»
«Jajajaja. Oscar sí que me dejó bien follada. Me ha llegado a sitios a los que tú nunca…»
Le di un bofetón, la tiré a la cama y le arranqué las bragas. Lo tenía precioso, aunque no tanto como el de Roxana. Se abrió de piernas para recibirme.
«Sí. Cómemelo. Eso sí que sabes hacerlo de maravilla, cornudo. Eres un comecoños.»
Lo tenía depilado, pero con algún pelillo. No como mi Roxana. Pero me lo comí como si fuera un manjar y yo fuese un náufrago sediento. Tenía un fuerte sabor a coño. Sus flujos eran muy dulces y abundantes. Tenía ganas de que se lo comieran. Así que comencé a lamer toda la superficie de su vulva hasta introducir mi lengua en su interior. Quería succionar todo el flujo. Bebérmelo. Para después recrearme con su abultado clítoris.
«Síííííí. Come, come, cómemelo. Noto cómo me chupas bien. ¿Huele bien?»
«Huele a puta. Seguro que no te lo has lavado.»
«Pues esta mañana me follé a Rober y no me lo lavé. ¿Con eso te vale?»
«Eres una guarra.»
Estuve un buen rato comiéndoselo hasta que me empezó a doler la lengua. Cuando bajé la intensidad ella me empezó a apretar la cabeza. «Estoy a punto. No pares, mamón. Quiero correrme en tu boca.»
Continué así. Quería que se corriese en mi boca. Su corrida era mi premio. Quería darle placer hasta que se viniera completamente. Acto seguido lo hizo. Me llenó todos los labios y la boca de su corrida, blanca y espesa. Siempre ha sido de soltar mucho flujo.
Cuando salí de ella fue directa a mi boca. Me sujetaba de la cabeza para besarme. Así que aproveche para bajarme los pantalones.
«Túmbate y te como la polla.» Dijo, cachonda perdida.
«No. Te voy a follar. Ponte a cuatro patas.»
«No, que me va a do…»
Le di un bofetón en la cara.
«Te he dicho que te pongas a cuatro. Ni a Oscar ni a Rober les hiciste ascos, así que ahora te voy a follar como a la puta que eres. ¿Está claro?»
«Sí, pero poco a poco.»
«Bueno. Más te vale rubricar, porque quiero cobrarme venganza.»
Y empecé a refregarme con mi polla en su coño.
«Haces como le hacía Rober a tu novia. A la puta. Te pone hacerlo, ¿no? Ella disfrutaba mucho con su polla. Rober estuvo a punto de follarse a tu novia. Le gustó su polla. Tenía mucha envidia de mí. Me lo dijo.»
Le di una palmada sonora en el culo, y ella empezó a reírse, hasta que se la metí de pleno. Hasta mis cojones.
«¡¡AHHH!!» Pudo gritar, pero de manera entrecortada. Como si se le hubiesen escapado las palabras por la penetración.
«¿Te ha comido la lengua el gato? Ten polla.»
Empecé con las embestidas, bombeando, y ella no decía nada. Solo gemía y se quejaba.
Hasta que sus gemidos de dolor se tornaron en gemidos de placer. Como aquella noche sobre el sofá de Rober «No pares, cabrón. Fóllame como a tu puta rumana. Dame como lo le das a ella.»
«Ella está más buena que tú, y no es rumana, es moldava.»
«Pues para gustarte tanto esa puta moldava, bien que me estás follando ahora.»
«Porque necesito un coño donde meterla.»
Estaríamos como cinco minutos en esa postura. Nunca había tenido a Iris a cuatro patas. Me encantaba. Como tenía mucho culo, podía cogerme bien a sus caderas para embestirla mejor. La sacaba y la metía, entraba desde la punta hasta los cojones. Intensamente. Despacio. Constante. Hasta que empecé a sentir que estaba a punto de correrme.
«Me voy a correr. Trágatelo.»
«¿Eso quieres? Pues sácala y me pongo de rodillas. ¿Tienes mucho para descargar?»
«Sí. Tengo mucho. Y te lo vas a tragar todo como una buena puta.»
Comencé a masturbarme delante de su cara, y ella ponía una cara de zorra brutal. Sabía que estaba a punto de correrme en su boca, pero me bloqueé. Pensaba en Roxana. Le estaba siendo infiel con mi ex. ¿Lo había superado? Si mi actual novia está más buena que Iris. Roxana la supera en todos los aspectos. A excepción de su coño… El coño de Iris es mágico. Muy estrecho, aunque se haya metido el salchichón de Oscar. Es un buen coño. Mejor que el de Roxana.
«¿No te corres? Rober ya se habría corrido. Él sí que tiene leche para mí.»
Y la cogí del cuello. Ella me miraba asustada. Y me dijo: «Cabrón. ¿Ahora te gusta maltratar a las mujeres?»
«Menos lobos. Que sé que te gusta.»
«Pues es verdad. ¿Quieres mi coñito? A Rober no le gusta, pero sé que a ti sí.»
Así que se lo comí. Me amorré al pilón de su coño sudado y rociado de líquido preseminal y flujos vaginales. Me gustaba degustar tan rico néctar, hasta que me cansé de chupar y quise más.
Y empecé a penetrarla mientras yo estaba encima de ella. «He echado mucho de menos tu polla. Rober folla, pero tú sabes hacer el amor. Y a mí de vez en cuando eso me gusta. Como ahora.»
Me estuvo mirando fijamente, sonriendo y gimiendo. Mientras, me hablaba. «La tienes más gorda que la suya.» Sabía que me quedaba poco. Ella sabía cómo hacer para que me corriese dentro de su coño. Sabía cómo ponerlo estrecho para mí.
«Imagina que es Roxana la que te chupa los huevos mientras me penetras.» Me dijo mientras me tocaba los testículos con sus dedos. «Ella lo disfrutaría si te corrieras dentro.»
«Es… estoy a pu… estoy a punto, cari.» ¿Por qué le dije “cari”?
«Lléname, cariño, por los viejos tiempos. Que esta vez sea inolvidable. Ojalá no fuera la última vez. Quiéreme, cari. Quiéreme mientras me llenas. Lléname.»
Me corrí mucho dentro de su coño. Notaba cada eyaculación como un golpe en la sien. Conté cinco descargas. Nunca había sido así. Sobre todo, después del polvo con Roxana. Me sonreía y asentía, como al principio de nuestra relación. Y notaba sus besos en los labios en cada eyaculación.
Nos quedamos unos minutos mientras notaba que ya no eyaculaba más y mi erección se bajaba. Quería estar así, dentro de ella, con mi polla erecta dentro de su coño húmedo. pero se empezaban a secar nuestros fluidos. A excepción de mi semen, que bajaba por su coño y empepaba la cama. E Iris empezó a llorar mientras me acariciaba la cara. No le dije nada, simplemente me quedé ahí callado mirándola y sonriendo. Era su manera de decirme que lo nuestro era imposible. Si buscas en un diccionario el sintagma “polvete de despedida”, apareceríamos nosotros como ejemplo. Debo admitir que me gustó mucho.
Después del polvo, Iris y yo nos quedamos abrazados, besándonos y acariciándonos. «Me hubiera gustado envejecer aquí contigo. Tener hijos. Tú querías dos niñas… Rober no quiere.»
«Pero tú ya elegiste. Y elegiste a Rober.»
«Sí. Pero voy a dejarlo por Oscar.»
«¿Cómo?»
«No sé. Hay algo de él que no me gusta.»
«Pues Oscar no es que sea mejor.»
«Lo sé, aunque me iré a vivir con él. Después de lo de anoche, con Oscar es diferente. Además, Oscar me ofreció grabar más vídeos para él. ¿Sabes que en una sesión me puedo levantar la mitad de lo que gano en un mes?» Irrumpió la conversación un mensaje de Whatsapp al teléfono de Iris. «Es de Oscar, que quiere que vaya a su piso a grabar. ¿Ves lo que te decía? Mi rollo lolita se ve que les gusta a los pervertidos, así que seguramente lo compaginaré con mi trabajo actual o echar toda la carne en el asador con el Only. Ya iré viendo.»
«Pues, si te soy sincero, te deseo lo mejor.»
Nos despedimos con un beso en las mejillas. La dejé sola para que recogiese sus trastos y al día siguiente ya entraríamos Roxana y yo. Pues esa noche tenía pensado dormir con ella en el hotel.
Domingo 9 de junio, 21 h, en el hotel
Cuando llegué al hotel intenté disimular que me había follado a Iris. Roxana ya estaba, acababa de ducharse. Yo, en cambio, estuve paseando durante horas e intentando olvidar lo que había hecho con Iris antes. El olor intenso a perfume de mujer embriagaba toda la habitación. Iris no se echaba nunca nada. Como mucho desodorante y algún que otro discreto perfume en escasas ocasiones. Tampoco es que me parezca muy importante. Pero el perfume que usaba Roxana me recordaba a nuestras tutorías.
«¿Ya has llegado? ¿Y qué tal con Iris?» Dijo Roxana toda desnuda. Las tetas le botaban mientras caminaba por la habitación, y tenía el chocho depilado, como la noche anterior.
«Bien. Ha accedido, pero a cambio de que le dé 15.000 € que ella puso de entrada y he accedido.»
«Me hubiera gustado verle esa cara de tonta que tiene. Entonces, ¿cuándo nos mudamos?»
«Mañana entraremos en el piso. Como la habitación la tenemos pagada hasta mañana antes del check-in, nos iremos a primera hora.»
«Qué raro que te pidiese dinero.» Preguntó Roxana extrañada.
«Pues sí. De hecho, le da igual que la gente sepa que graba directos de Only. Al parecer, se quiere ir a vivir con Oscar para grabar más.»
«Joder con la mosquita muerta. Pues menuda cagada, la verdad. Oscar es un embaucador. Pero bueno, se lo tendría bien merecido.»
«Por cierto ¿Tienes todo lo tuyo? ¿Qué tal te fue con Oscar?»
«Bien. Ya recogí mis cosas, las tengo ahí.» Dijo mientras señalaba una mochila y dos bolsas. «Es mi material para los directos y cuatro cosas más. No lo usaré, tranquilo, pero me costó dinero en su día. En tal caso, venderé todo a ver qué me dan.»
«Bueno. Algo de dinero nunca viene mal.»
Roxana me besó y me sonrió.
A continuación, me duché, pues debería oler mal después del polvo con Iris. Mientras estaba en el cuarto de baño me miré al espejo y noté algo raro en mí. Mi cara era de cansancio. Me veía más mayor. Tal vez esta situación me había cambiado de tal forma que me costaba reconocerme en un espejo. Iris me cambió en todos los aspectos. Aprendí cosas conviviendo con ella que nunca había experimentado. Tras entrar por el umbral de la puerta de nuestro piso tenía la sensación de que 15 años me caían encima. Como si tuviera que asumir las cosas que se esperaba de mí como adulto. Iris, mi vida junto a ella, me cambió en muchos aspectos, y viendo cómo se había desarrollado todo, entendí que ya no habría vuelta atrás.
Después estaba mi encuentro con Iris. Cuando eyaculé dentro de ella yo no sentía el mismo deseo que sentía al principio de nuestra relación. Lo veía como algo mecánico. Un polvo de rigor, como el de una pareja que follaba por rutina y por combatir el lento desgaste del tedio matrimonial. No estábamos del todo casados. Compartíamos hipoteca, pero me sentía como cansado. Cuando nos besamos, debo admitir que lo hice por corresponderle, pues no sentía amor. No la quería. Buscaba en ese polvo una redención. Mostrarle lo que se perdía y tener yo una última vez con ella.
Tras la ducha nos pusimos a zapear en el televisor, a ver qué ponían. Y apareció la segunda película de Kill Bill 2. En seguida me acordé de Iris i de Rober, de aquella tarde y de aquella noche. Fue cuando golpeé a Rober con ese rodillo. Fue cuando me liberé de Iris. A partir de ahí todo se aceleró. Todo tomó un camino rápido y precipitado.
«Nunca supe por qué Bill hizo todo eso.» Dijo Roxana al pasar por esa película y leer el título.
«¿Cómo?»
«Sí. La película de Kill Bill. Que nunca supe por qué Bill mató a toda su gente.»
«Es una historia de amor. Bill estaba enamorado de Beatrix Kiddo.»
«Pero si mató a todo el mundo. Incluso quiso matarla a ella.»
«Sí. Porque Bill negaba el rechazo de ella hacia él. No podía soportar que ella prefiriese a otro hombre. Bill odiaba que Beatrix prefiriese abandonar su anterior vida por abrazar otra más convencional. Bill estaba enamorado de ella y no lo llevó nada bien.»
Entonces me acordé de aquella noche. Tal vez, si aquella noche hubiésemos visto la segunda parte y yo hablase sobre lo que acababa de decir Rober entendería que él fue Bill y Enrique Beatrix. ¿Entendería que él estaba dolido con Esteban porque éste prefirió otra vida que junto a él?
Roxana rompió el silencio: «No sé. En su momento no entendí esa película. Tal vez porque era muy pequeña. Además, la vi en inglés y sin subtítulos.»
«Ya. No sé si sabes entender la ironía, pero Rober me parece mucho a Bill en ese sentido.»
Roxana miró fijamente a la pantalla y rompió a llorar.
«¿Qué ha pasado?» Pregunté extrañado. No sabía por qué se había roto tan repentinamente. Qué le había pasado. Debo confesar que Iris era un libro abierto. Siempre sabías si había tenido un mal día. Roxana, en cambio, siempre ha sido fría y distante. Seguramente es su mecanismo de defensa.
Roxana se acercó a mí y me abrazó.
«Oscar ha… ha ma… ha matado a Rober. Delante de mí. Cuando e… estaba en su piso, vi a una compañera con la q… con la que hacía directos, y estuvimos hablando.»
«Espera, espera. Empieza desde el principio.»
Roxana cogió un pañuelo, se sonó los mocos y se secó las lágrimas. Y después retomó la conversación.
«Cuando llegué al piso de Oscar él no estaba, así que aproveché para ir a mi habitación y recoger las cosas. En ella estaba Ioana, una amiga con la que he hecho algún vídeo. Le dije que me iba y me ayudó a recoger todo. Al salir estaban Oscar y Rober discutiendo. Rober le sacó una navaja y Oscar le pegó un tiro.»
«Jo-der. Eso es que habrá visto el vídeo.»
«Sí. Me dijo que habló con Rober y éste se lo negó todo. Entonces coincidió que le puso el vídeo cuando estaba en mi antigua habitación. Al salir, vino lo del disparo. Sonó como un petardo. Me dijo Oscar que si no contaba nada a nadie él no nos delataría por lo del vídeo. Que asumiría todas las culpas.»
Y Roxana continuó llorando. Así que no quise insistir.
Aquella noche dormimos juntos y ella no se quiso acercar a mí. Intenté abrazarla, pero no quiso ni tocarme. No sé por qué reaccionó así.
No asumí que Rober estaba muerto. ¿E Iris? ¿Ella lo sabría? Estaría esperándole en nuestro antiguo piso y al ver que él no aparecía, ¿qué haría?
Como cuando follamos Roxana y yo por primera vez, me di cuenta de que me había dormido al despertarme con la luz del sol en la cara.
«Tienes que vestirte. La Policía está abajo esperándonos.» Dijo Roxana mientras estaba vistiéndose. Se la veía tranquila. Como muy desenvuelta por la situación. ¿Habría delatado a Oscar? ¿Oscar fue quien llamó a la Policía?
Obedecí.
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