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Dos madrugadas que cambiaron mi vida (5)

La madrugada lo puso frente a ella, temblando y asustada, pero fue la confesión de sus miedos y secretos lo que encendió algo en él. Ahora, entre mates y magdalenas, Andrés navega la delgada línea entre ser su protector y convertirse en su amante, mientras ella descubre que el deseo puede florecer donde menos se espera.

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Dos madrugadas que cambiaron mi vida (5)

Segunda madrugada: Nunca lo hubiera imaginado. Las vueltas que tiene la vida.

Parte 3

Agachado frente a ella, tratando de ver si estaba golpeada, aparté un mechón de su cabello, para darme cuenta quién era esa chica…

Las casualidades me habían puesto allí, esa noche, en ese preciso momento, y la llamé por su nombre:

-Fernanda!

Al escucharlo, levantó la vista reconociéndome, con los ojos hinchados de llorar y la expresión de miedo en su cara.

En ese momento, sus brazos, que estaban al costado de su cuerpo, rodearon mi cuello, atrayendo mi cuerpo al suyo, y continuó llorando, pero ahora apoyada en mi pecho.

También la abracé, tratando de tranquilizarla, durante un momento.

-Ay Andrés! Pensé que me mataba!

-Tranquila Fernanda! Ya pasó! ¿Estás golpeada? ¿Te hizo algo el tipo?

-No Andrés, me golpeé la rodilla al caerme, me duele la rodilla y el hombro!

No dejaba de temblar, me separé un momento de ella y la ayudé a ponerse de pie, cuando ambos estuvimos parados, me volvió a abrazar, tomándome de la cintura.

-Gracias Andrés! No sé a quién, pero le agradeceré siempre que pasaras por acá justo en este momento!

-Ya pasó! Tranquila! Decime donde te golpeaste!

-Separándose, miró hacia su rodilla izquierda, dándome cuenta que el jean estaba roto y manchado de sangre, y la rodilla se veía hinchada.

-¿Te duele para apoyar el pie?

-Creo que no!

-Fernanda, creo que mejor nos vamos de acá! No sea cosa que se les dé por volver! Vení, sentate en el auto!

Abrí la puerta del acompañante, le ayudé a descolgarse la mochila y se sentó con la pierna estirada, abrí la puerta trasera del auto, rebatí los asientos traseros, levanté la bicicleta, para meterla dentro del auto, dándome cuenta que la rueda delantera estaba rota, sin dudas por el golpe con el cordón al tratar de subir a la vereda.

Cargué la bicicleta en el auto, cerré la puerta trasera y me subí, Fernanda aun lloraba y seguía temblando.

-Tranquila Fernanda! ¿Querés que vayamos a una guardia para que te vean la rodilla? ¿Te duele algo más?

-Creo que es solo el golpe!

-Yo la veo un poco hinchada! ¿Querés hacer la denuncia?

-No Andrés! Me parece que es al pedo! Si no me alcanzó a robar! Ni siquiera los van a buscar!

-Tenés razón! Bueno! Decime donde te llevo!

-Iba para casa, vivo en quince entre cuarenta y cuarenta y uno.

-Vamos!

Arranqué el auto y fuimos para la dirección de su casa, que no era tan lejos de allí, tan solo unas diez cuadras.

De camino me decía:

-Cuando me di cuenta de los dos tipos de la moto, ya me puse re nerviosa, cuando vi que paraban, quise subir a la vereda para irme hacia el otro lado, pero cuando quise subir al cordón, por los nervios fue cuando caí, golpeándome contra el cordón.

-Qué momento! Estos hijos de puta no descansan! Te vieron sola y te siguieron! Los vi dar la vuelta por calle cinco en contramano!

Me indicó cual era su casa y estacioné. La ayudé a bajar y luego bajé su bicicleta.

Vive en un departamento al fondo, detrás de una casa que daba al frente y se accedía por un largo pasillo.

Caminaba delante de mí con cierta dificultad, yo iba detrás de ella llevando la bicicleta y al llegar a la entrada de su departamento, abrió la puerta y entramos.

-La bici dejala acá en el pasillo Andrés por favor!

Así hice y entré detrás de ella, que se sentó en el sillón y pude ver con buena luz, como tenía su rodilla.

-Fernanda, creo que abría que lavar esa rodilla, ¿tenés agua oxigenada o algún antiséptico?

-Creo que no! Ya me fijo!

Mientras se levantaba y caminaba con dificultad por el pasillo, seguramente en dirección al baño, miré en mi teléfono las farmacias de turno, por si no tenía nada para limpiar esa herida.

Volvió del baño rengueando y me dijo que no tenía nada.

-Ok, ya me fijé las farmacias de turno, ahora vengo!

-Andrés! Llevate las llaves!

Me dijo antes de que saliera de su departamento.

Fui hasta la farmacia que no estaba muy lejos, por suerte a esa hora no había nadie y me atendieron enseguida, compré agua oxigenada, gaza estéril, algodón, un rollo de cinta medicinal, un antiséptico en aerosol, una crema cicatrizante y una caja de ibuprofeno para el dolor.

Cuando regresé casi media hora después, la encontré sentada en el sillón, se había sacado el pantalón largo y se había puesto otro aparentemente recortado a manera de bermuda, que dejaba su rodilla a la vista, y allí pude ver la lastimadura y lo hinchada que tenía la rodilla.

Saqué todo de la bolsa, abrí el algodón y con el agua oxigenada, me agaché frente a ella y limpié con cuidado la herida, una raspadura profunda pero que ya no sangraba.

Aunque veía su cara de dolor, no dijo nada, aunque sin dudas le estaría ardiendo la herida.

Luego, le puse el antiséptico y mientras le ponía una gaza sujeta por unas tiras de cinta cubriendo la herida, le dije:

-Fer, creo que no estaría de más que te viera un médico, sobre todo para que te hagan una radiografía, por si hay alguna fisura o algo.

En ese momento levanté la vista y me di cuenta que me estaba mirando.

-Andrés, ¿cómo agradecerte todo esto? Gracias a Dios alguien pasaba por ahí y eras justamente vos! No solo me salvaste de esos tipos, también por todo esto que hacés por mi!

-No tenés nada que agradecer Fer! Además las magdalenas te salen muy bien!

Y en ese momento volvió su sonrisa.

-Creo que hacerte magdalenas no alcanzaría para agradecerte todo esto!

-Lo importante es que no pasó nada peor! Tan solo un buen susto y un golpe!

-Gracias a vos! Te juro que en ese momento creí lo peor! Después de ver tantas noticias, se puede esperar cualquier cosa de esta clase de gente!

-Ya está, ya pasó!

-Me gusta que me digas Fer! ¿A vos cómo te dicen?

-Muchos me dicen Andy, los que tienen más confianza, otros solo Andrés!

-Me gusta Andy! No quiero atrasarte más! Ya has hecho demasiado! Y debe ser muy tarde!

-Tranquila! Mañana no trabajo y… bueno… nadie me espera en casa!

-¿Vivís solo?

-Desde hace tres años y medio, cuando quedé viudo!

-¿Viudo? Ay perdón Andy! Perdoname, no quise ser chusma!

-Tranquila no pasa nada!

-¿Alguna enfermedad?

-Un accidente de auto, volvía de una cena de su trabajo y por el accidente, las heridas fueron tan graves que no pudieron salvarla.

-Cuanto lo lamento Andy! Perdón por preguntar!

-Tranquila no pasa nada! Ya en algún momento te contaré los detalles!

Miré mi reloj y eran las cuatro y media de la mañana, y veía la rodilla de Fernanda cada vez más hinchada.

-Fer, vamos a una guardia! Si no es nada al menos te quedás tranquila, quizás te den alguna otra indicación!

-No te quiero molestar más Andy! Ya hiciste demasiado!

-Dale! Así me quedo tranquilo!

-Creo que no me rompí nada!

En verdad me preocupaba que algo más le estuviera pasando, llevarla a un médico no me costaba nada.

Finalmente accedió, la ayudé a ponerse de pie, de su mochila sacó una especie de riñonera que se colgó, dentro tenía su documentación y su teléfono.

La esperaba en la puerta, caminó hacia allí y al llegar a mí me dio un abrazo, lo sentí tan sincero que mis brazos rodearon su espalda correspondiéndole.

-Gracias Andy! Sos un sol!

Y con una sonrisa le contesté:

-Todo sea por unas magdalenas!

-Eso dalo por hecho!

Caminamos lentamente por ese largo pasillo, subimos al auto y fuimos hasta la guardia de una clínica privada, por su cobertura médica.

Llegamos a la guardia, esperamos unos quince minutos hasta que un médico dijo su nombre y apellido, que en ese momento supe, Fernanda Vallejos.

Cuando iba camino al consultorio, como yo no fui detrás de ella, se dio vueltas haciéndome señas con la mano para que la acompañara, y a estas alturas, no hubiera deseado otra cosa.

Le explicó al médico lo ocurrido, luego la hizo sentarse en la camilla, sacó el vendaje y le fue moviendo la rodilla preguntándole donde le dolía. Después le miró también el hombro y los movimientos.

Luego de revisarla, ambos volvieron a sentarse y el doctor le dijo:

-Aparentemente no hay ningún hueso roto o articulación con problemas, pero para descartar alguna fisura en los huesos o cartílagos de la rodilla, te vas a hacer una placa. En el hombro tampoco hay ninguna lesión, tan solo es un golpe. Hacete la placa y volvé que la miro y ahí te digo lo que tenés que hacer luego.

Así lo hicimos, la acompañé hasta la sala de rayos X, le hicieron la placa y volvimos a ver al médico.

Efectivamente no había ninguna lesión ósea o de la articulación, por lo que le recetó antiinflamatorio cada ocho horas para el dolor y hielo para bajar la hinchazón, que le duraría unos días.

Salimos de la clínica a eso de las cinco y media de la mañana y volvimos para su casa.

Entramos al departamento y viendo que ya había cumplido con lo que creí que había que hacer, ahora le tocaría tan solo descansar, aunque en verdad me daban ganas de quedarme a cuidarla.

-Fer, ¿mañana tenés que trabajar?

-Ayer fue mi último día de trabajo, estoy de vacaciones por dos semanas, tengo que preparar un par de finales.

-¿Qué estás estudiando? No sabía que estudiabas!

-Estudio medicina, estoy en el último año! Por eso te decía que creía que no me había roto nada!

-Muy bien! Ya te falta poco!

-Me cuesta con el trabajo, pero le pongo toda la onda tratando de ir lo más al día posible!

Y su pregunta me vino al pelo para seguir allí con ella, aunque sea un rato más.

-Andy, ¿te tomás unos mates?

-Dale!

Se fue a levantar, pero en ese momento le dije:

-Fer, quedate, yo lo hago!

-En el mueble del medio está el mate y la yerba, el termo está sobre la mesada, y en la puerta de la derecha, hay una lata con galletitas.

Fui hasta la cocina, llené la pava eléctrica y mientras se calentaba el agua, preparé el mate.

En esos minutos me quedé pensando en todo lo ocurrido, esas casualidades de la vida me habían hecho tomar esa calle, estar ahí cuando todo pasó, ¿era realmente una casualidad? ¿O era una cuestión del destino? Estar en el momento preciso, en el lugar correcto… ¿Acaso el universo, Dios o quien sea me había puesto ahí?

Fernanda en los últimos tiempos no me había resultado indiferente, de hecho deseaba verla cada mañana en la estación de servicio, incluso me decepcionaba cuando no la encontraba, aquel gesto de la semana de la dulzura me había hecho verla de otra manera. Aunque… ¿que podía llegar a pretender un tipo de mi edad con una chica mucho más joven? Me parecía una locura, tan solo llegar a pensar en eso, pero bueno, Fernanda me provocaba algo que iba más allá de un interés por llevarla a la cama, incluso ni se me había ocurrido pensar en algo así con ella.

Volví al estar con el mate y las galletitas y Fernanda se había quedado dormida en el sillón.

Me dio pena despertarla después de esa noche de tanta tensión, y decidí llevarla a su habitación y recostarla en su cama.

Pasé mi brazo izquierdo por debajo de sus piernas y con el derecho la tomé suavemente por su cintura para levantarla.

Dormida como estaba, cuando la alcé, como automáticamente, me tomó del cuello con ambas manos, sin decir nada y sin abrir los ojos, como si siguiera en su sueño.

No sabía cuál era su habitación, pero al pasar por la primera puerta, vi que era el baño, seguí unos pasos más hasta la otra puerta, la empujé con el pie abriéndola y sin encender la luz, la apoyé lentamente en uno de los lados de su cama de dos plazas, boca arriba, acomodé sus piernas para que quedara en una posición más cómoda, mientras pensaba como haría para irme dejándola durmiendo, tendría que ir hasta el frente, abrir la puerta que da a la calle, luego volver, cerrar la de su departamento y volver a salir, pero quedaría abierta.

Estaba en esos pensamientos mientras tomando el cubrecama del lado libre y la tapaba para que no tuviera frio.

Estaba terminando de acomodar la manta, cuando como entre sueños, sin abrir los ojos y con la voz un tanto apagada, me dijo:

-No te vayas, no me dejes sola…

Caramba! No es que tuviera ganas de irme, nada me gustaría más que quedarme a cuidarla, pero no sabía si era correcto hacerlo, además, también estaba reventado y con ganas de acostarme, menos que menos podría pretender hacerlo en esa cama junto a ella.

En voz baja le dije:

-Dormí tranquila! Me quedo hasta que te despiertes…

Siguió durmiendo, ya con las primeras luces del día, antes de salir de su habitación, la volví a mirar, dormía plácidamente y reparé un momento en su cabello, el que a pesar de ver a Fernanda tantas veces en la estación de servicio, nunca lo había visto hasta esa noche. Largo hasta un poco más de los hombros, de color castaño claro con unas largas ondas, que en verdad la hacían ver diferente a la imagen que tenía de ella a diario.

Salí de la habitación y me recosté en el sillón, el cansancio y le tensión, hicieron que en unos minutos, rememorando lo ocurrido en esa madrugada, me quedara dormido.

No sé cuánto tiempo pasó, pero me desperté con un grito de Fernanda, “No” y la sentí llorar, mientras caminaba hacia su habitación.

Me la encontré casi sentada en su cama, llorando, con el cabello alborotado y con sus manos cubriendo su cara. Me senté a su lado y la abracé y ella rodeó mi espalda con sus brazos entre sollozos.

-Tranquila Fer, fue solo un mal sueño! Ya pasó!

Me quedé un momento abrazándola y cuando se fue calmando, le ayudé a volver a recostarse y la volvía a tapar cuando me dijo:

-Quedate acá conmigo… un ratito…por favor…

¿Cómo me iba a negar a eso y dicho de esa manera? Miré mi teléfono y tan solo eran las siete menos diez de la mañana, no habíamos dormido más que una hora.

Pensando en si hacía lo correcto, me recosté al otro lado de la cama, dejando distancia suficiente entre ambos, y así vestido como estaba.

Poco a poco me fui quedando dormido, recuerdo haber pensado en cómo de un regreso a casa después de un asado, la noche había terminado en casa de Fernanda, durmiendo junto a ella y en su propia cama.

Me desperté un poco desorientado y con algo de resaca, aun estaba en la misma posición, pero al ser consciente de mi cuerpo, me di cuenta que Fernanda estaba apoyada sobre mí.

Abrí los ojos para encontrarme con una imagen que jamás hubiera siquiera imaginado.

Fernanda dormía aún, con su cabeza apoyada en el costado de mi pecho y su brazo derecho sobre mi cuerpo a la altura de la panza.

Aunque necesitaba ir al baño para vaciar la vejiga, me quedé quieto tratando de no despertarla, y porque no decirlo, disfrutando en parte esa situación, aunque fuera involuntaria.

No quería moverme para tomar mi teléfono que estaba sobre la mesa de noche y ver la hora, eso sin dudas la despertaría.

Calculé que una hora había pasado en esa postura, desde la cual no podía ver el momento en que Fernanda abriera los ojos.

Pero creo que un movimiento de su brazo hizo que se despertara, al juzgar por el cambio en su respiración.

Un momento después, casi en un susurro, Fernanda preguntó:

-¿Estás despierto?

Y también en voz baja le respondí:

-Sí... desde hace un rato…

Fue en ese momento que fue consciente de la situación y enderezó su cuerpo despegándose del mío.

-Perdón Andy! No me di cuenta!

-No pasa nada! Ya lo supuse! ¿Cómo estás? ¿Te duele la rodilla?

-Un poco, menos que anoche!

En ese momento tomé mi reloj y me di cuenta que estaba sin batería.

-Uf! Me quedé sin batería! Quería ver la hora…

Fernanda tomó el suyo de su mesa de noche y se fijó:

-Las tres menos diez!

-Uf! Qué manera de dormir!

-Es que nos dormimos tarde! Muero por unos mates!

-Ahora te preparo!

-Yo lo hago! Ya hiciste mucho por mí!

-No pasa nada! Paso por el baño y lo hago!

-¿Sabés qué Andy?

-¿Qué?

Hizo una pequeña pausa y con una sonrisa me dijo:

-Es la primera vez en mi vida que me despierto con un hombre en mi cama…

-Vaya! Qué honor el mío!

-Pero bueno… quizás hubiera estado mejor en otras circunstancias…

Ese comentario me tomó por sorpresa, y traté de contestar sin segundas intenciones.

-Sin dudas, pero bueno… las cosas se han dado así…

-Gracias Andy por todo esto… por estar ahí, por llevarme al hospital, por cuidarme, no sé como agradecerte todo esto que has hecho por mí…

-No tenés nada que agradecerme! Lo importante es que no pasó nada peor! Y me alegra haber estado ahí! Por cierto, no conocía tu pelo, siempre que te he visto ha sido con el gorro de la empresa!

-Claro! Aunque bueno… digamos que en este momento no debés estar viendo la mejor versión de mi cabellera!

-Al contrario! Ese peinado salvaje te sienta bien!

Nos reímos los dos y me levanté para ir al baño y preparar el mate.

Estaba en la cocina esperando que se calentara el agua, cuando apareció Fernanda.

-No vi bien anoche, pero creo que se me rompió la bicicleta, ¿no?

-Sí, se hizo pelota la rueda de adelante, seguramente contra el cordón! Si querés, cuando me voy le llevo a una bicicletería que hay cerca de casa que trabaja los sábados, quizás la pueda arreglar para hoy mismo.

-No hay apuro Andy! Ya te jodí bastante! Después la llevo yo!

-Tranqui, yo la llevo!

-Mientras tomamos los mates, ponete hielo en la rodilla, así se va desinflamando!

-Sí, voy a hacer eso!

-Esperá! Sentate en el sillón que yo te lo llevo!

-Yo puedo Andy!

-Ya lo harás cuando estés sola! Sentate que ya te lo llevo!

Puse el agua en el termo, yerba al mate y de la heladera saqué unos hielos, los puse en una bolsa de nylon y lo envolví con la toalla del baño.

Fui para el estar, le entregué el hielo y comencé con el mate.

-Andy, contame algo de vos! Ni tu apellido conozco! Tan solo sé que trabajas en un ministerio y supongo que tendrás algún cargo importante, y por eso vas de traje todos los días, bueno… salvo los viernes que solés ir más informal.

-Así es! Los viernes suelen ser más descontracturados, salvo que tenga alguna reunión! Pero tenés razón! Es que nunca hemos hablado de cosas personales!

-Bueno… ahora también sé que sos viudo!

-Muy bien! Aquí va mi biografía autorizada!

Eso le causó gracia y esa hermosa sonrisa iluminó su cara.

-Soy Andrés Cueto Pérez, tengo treinta y ocho años, hijo único, soy Contador Público Nacional y vivo en cuarenta y siete entre veinticinco y veintiséis. Tengo dos trabajos, uno en una dependencia del ministerio de salud, donde desde hace unos meses, interinamente soy el director general, el titular de la institución está de licencia por problemas de salud, y estoy ocupando su lugar, hasta que regrese, o en caso de que se jubile, hasta que otro director sea nombrado, mi puesto allí es director de administración. Y el otro trabajo, el que en verdad es el que me apasiona, es como docente universitario en la facultad de Ciencias Económicas, allí fue donde estudié, me recibí y donde desde entonces doy clases. ¿Qué más? Bueno… cómo ya te conté soy viudo desde los treinta y cinco años y no tengo hijos. Mis padres fallecieron hace año y medio regresando de un viaje en su camioneta, les encantaba recorrer el país, pero un camionero se quedó dormido y los chocó de frente, fallecieron en el acto.

-Cuanto lamento eso Andy!

-Los amaba con el alma y los extraño cada día, pero me reconforta que se fueron juntos y haciendo lo que les apasionaba.

-Que seguido de lo de tu esposa!

- Así es! Pero buen… las cosas de la vida! Tengo dos amigos de fierro, Leonardo y Gabriel, esos que de verdad son amigos, pase lo que nos pase, siempre estamos los unos para los otros, y cuando pasó lo de Alejandra, así se llamaba mi esposa, no me dejaron solo, estuvieron en todo momento, y se los agradeceré de por vida, también cuando fallecieron mis padres.

-Me imagino! Debe haber sido un momento muy difícil…

-Uff! La verdad es que sí! Pero no solo por su muerte… esa misma noche me enteré que mi esposa me estaba siendo infiel!

-Noo! Ay Andy! Por Dios!

-Era viernes por la noche, tenía una cena con inversores de la consultora donde trabajaba, yo la he acompañado muchas veces a esas cenas, pero dejé de ir los viernes, porque como los sábados doy clases a las ocho de la mañana, me costaba mucho ir con pocas horas de sueño.

-Claro!

-Me desperté y me llamó la atención que no hubiera vuelto aún, nunca regresaba tan tarde, decidí esperar hasta las cuatro de la mañana para llamarla, podía entender que se extendiera, pero que no me avisara me había enojado, unos minutos después sonó mi teléfono y era su número, pero no ella la que llamaba, era el policía que me avisó del accidente y para decirme que la habían llevado al hospital de Gonnet. Salí para el hospital, y bueno… después de horas de quirófano, me dijeron que no habían podido salvarla.

Mis dos amigos estaban conmigo en ese momento y cuando bajamos, hablé con el policía que había estado en el lugar del accidente, el que me había llamado, y ahí me dijo extraoficialmente que mi esposa no iba sola en el auto, el tipo que manejaba murió en el acto dentro del coche, también me dijo que el tipo iba con los pantalones por la rodilla y mi esposa estaba sin ropa interior bajo el vestido y que seguramente estaban en algún tipo de acto sexual y eso pudo motivar que perdiera el control del auto y volcaran dando contra una alcantarilla de la ruta.

-Por Dios Andy! No te puedo creer!

-Días después, el juez que intervino en la causa me citó, me mostró el expediente y las pericias, me entregó el auto, que estaba a mi nombre y las pertenencias de mi esposa, entre ellas su teléfono.

-Y ahí supiste todo… ¿Nunca habías sospechado nada?

-En verdad no! Tardé varios días en mirar su teléfono, bueno… fueron días difíciles la verdad, pero bueno… cuando pude, lo revisé y me di cuenta de que no había sido solo esa noche, ya había habido otros encuentros anteriores, el tipo era un ingeniero que le alquilaba a mi esposa, la casa donde ella vivía antes de venirse a vivir conmigo y allí habían estado juntos varias veces.

-Me imagino cómo te sentiste en ese momento, dolor por su fallecimiento y también por enterarte de todo eso!

-No fue fácil, la verdad, pero bueno… yo me había enamorado de ella, incluso habíamos hablado de tener un hijo, pero por su trabajo fundamentalmente lo fuimos postergando. Fue todo muy doloroso, pero poco a poco fue pasando, y en gran parte gracias a Leo y a Gaby.

-¿Te puedo decir algo?

-Claro!

-No te daba treinta y ocho años! Creí que no tenías ni treinta y cinco!

-Los tengo, aunque trato de cuidarme un poco! ¿Vos cuantos años tenés Fer?

-Yo tengo veintiséis! Los cumplí el trece de mayo!

-Ya te conté un poco de mi vida, ahora contame algo de la tuya!

-Pero antes habría que arreglar este mate!

Me levanté para cambiar la yerba y calentar más agua, miré la hora en mi teléfono y eran casi las seis de la tarde, la hora se me pasó volando, mientras se calentaba el agua, pensé si en ese momento quisiera estar en otro sitio, y definitivamente, me sentía muy hablando con ella, salvo con mis amigos no le había contado a nadie lo ocurrido aquella madrugada, pero con Fernanda me salió hacerlo, era muy fácil para mí hablar con ella.

Volví al estar, me senté y arranqué otra ronda de mates.

-¿Qué te cuento de mi vida? Nací y viví en Saladillo hasta que me vine a estudiar a la universidad de aquí. Mi papá tenía una ferretería y mamá trabajó muchos años en una panadería.

Gracias a ellos pude venirme, ellos me bancaban, pero papá tuvo problemas de salud, en ese momento decidió vender la ferretería, con eso compraron una casa más nueva para ellos y este departamento para que no pagara más alquiler. ¿Qué más? Tuve mi primer novio a los diecisiete, allá en Saladillo, pero no fue una buena experiencia. Nos pusimos de novios en mi último año de secundaria, al principio iba todo bien, incluso tuve sexo con él por primera vez.

Cuando terminé la secundaria, aún no me terminaba de decidir, de venirme a estudiar y me quedé el año siguiente en el pueblo, trabajando en un par de lugares, en la panadería donde trabajaba mamá haciendo una suplencia y un par de meses en una casa de ropa deportiva. En esa época, Miguel, el que era mi novio, se empezó a comportar distinto, muy celoso, controlador de cómo me vestía, que si hablaba con hombres en el trabajo, mis horarios, y el trato empezó a ser cada vez más áspero, incluso en la intimidad, donde casi que me obligaba, aunque yo no tuviera ganas.

Aguanté unos meses, incluso eso ayudó a que tomara la decisión de venirme, y cuando se lo dije se pudrió todo, unas semanas después, le dije que ya no quería estar con él y ahí se puso más violento que nunca, hasta llegó a darme un cachetazo y obligarme a tener sexo con él, aunque me negué varias veces.

-Uff! Ese tipo te violó!

-Así lo sentí! Y después de eso ya no quise verlo más! Iba a mi casa tantas veces a buscarme, que le tuve que contar a papá lo que había pasado, para que lo echara y ya no regresara.

-Para colmo en un pueblo donde se conocen todos!

-Tal cual! Así que al año siguiente me vine a estudiar y ya no tuve más contacto, incluso las veces que he ido a visitarlos o en las vacaciones, no me lo crucé ni supe nada de él.

-Bueno! Momentos de la vida que uno no desea atravesar, pero que en parte sirven para aprender lo que se pretende en una relación.

-Tan mal quedé con esa relación, que al llegar aquí no quería saber nada con ningún hombre y en el segundo año de la carrera conocía a…

Hizo un silencio breve bajando la mirada, y entonces le dije:

-Tranqui Fer, no es necesario que me cuentes todo.

-Es que no quisiera que pienses mal de mí…

-¿Por qué pensaría mal de vos? Nadie puede juzgar las decisiones de otras personas, al menos así lo pienso!

-Conocí a Lucía, cursábamos juntas varias materias, nos empezamos a hablar, a conocer y a estudiar juntas, después de unos meses me dijo que era bisexual y que yo le gustaba mucho, yo nunca había ni siquiera pensado en tener una relación con una mujer, pero unos meses después, comenzamos una relación, nos llevábamos muy bien, nos entendíamos a la perfección, tanto que unos meses después, se vino a vivir aquí conmigo.

-No podría juzgarte ni pensar mal de vos porque te hayas enamorado de una mujer, el amor es el amor y si se dio con una mujer, está muy bien. ¿Qué es lo importante en una relación? Quererse, respetarse, cuidarse, amarse mutuamente, lo demás y los demás, no tienen que importar, aunque sé que en esos casos, los cánones sociales suelen ser muy crueles y muchas veces una relación homosexual es mal vista, aunque poco a poco mucha gente ha ido cambiando esas actitudes, pero aún queda mucha gente muy cuadrada y pacata que hipócritamente siguen criticando.

-Así fue muchas veces, pero no nos importaba, no nos metíamos con nadie, ni tampoco es que anduviéramos a los besos por todas partes, sabiendo eso, nuestra relación era en gran parte, puertas adentro, y no nos importaba mucho el qué dirán.

-Y así debe ser, la gente debe dejar de meterse en la vida de los demás y ocuparse de la propia. Pero… supongo que algo ocurrió, dado que ella ya no está aquí…

-Así fue! Casi dos años estuvimos juntas, el segundo y tercero de la carrera, incluso nos fuimos juntas de vacaciones al terminar ese año de facultad a Villa Gesell, pero al comenzar el cuarto año, en la facultad ingresó una chica colombiana de nombre Sara, que una tarde, nos preguntó por un aula y Lucía se puso a hablar con ella, que desde cuando estaba en Argentina, de cosas de su país y otros temas que hablamos entre las tres. A partir de ahí, esa chica nos buscaba para hablar, pero fundamentalmente lo hacía con Lucía. En ese momento lo veía normal, Sara no conocía a nadie y nos buscaba. Tiempo después, ya las veía hablando solas a las dos, cada vez con más confianza y en parte me empecé a preocupar, incluso Lucía hablaba mucho de Sara cuando estábamos juntas.

Un fin de semana me fui a Saladillo porque era el cumpleaños de mi mamá, nunca les conté a mis padres de la relación con Lucía, sentía que con su mentalidad de pueblo no lo entenderían, así que me fui sola. Volví el domingo en la noche y al entrar, Lucía me esperaba sentada aquí mismo, y por su cara sabía que algo ocurría, lo que no me esperé, fue que me dijera que se había enamorado de Sara y que nuestra relación se terminaba.

-Uff! Qué momento! Me imagino cómo te sentiste…

-Terrible! Esa misma noche ya no durmió en casa y días después vino a buscar todas sus cosas, me pidió mil veces perdón, pero… ¿Qué le iba a decir? Si se había enamorado de Sara, no quedaba otra que aceptarlo. El último día en que vino por sus cosas, me terminó confesando que el sábado en la noche, cuando estaba yo en Saladillo, se había quedado a dormir aquí con ella. Me volvió a pedir perdón y se fue, de aquí y de mi vida!

-¿Y la has seguido viendo en la Facultad? Qué bajón!

-Sí, pero solo el año pasado, este año no las he visto, ni a ella ni a Sara, no sé si dejaron la facultad o se fueron a otra.

-Y supongo que costó remontar esa situación… ¿no ha aparecido ninguna otra chica?

-En verdad no he sentido atracción por otras chicas, supongo que entraré en el colectivo bisexual, porque por un tiempo estuve sola, enfocada en los estudios, pero me he sentido atraída por un hombre, por eso te digo lo de bisexual!

-Y está muy bien! ¿Y ese hombre no te ha dado bola?

-Bueno… creo que es algo que no sé si pueda llegar a ser, no sé… quizás tan solo es una atracción, pero bueno, me sorprendo muchas veces pensando en él, y cuando lo veo, bueno… pues…. Me siento rara, por momentos hasta nerviosa, no quiero que se vaya, pero… no sé… creo que el tiempo lo dirá...

-Bueno, ya verás quizás ese hombre se dé cuenta o le pase algo parecido también!

-Puede ser, no lo sé…

Se quedó un momento en silencio y con la mirada baja.

-Perdón Andy, tengo que ir al baño!

-Sí, claro!

Caminó rengueando hacia el baño y un sentimiento extraño me atravesó, el saber que hay algún un hombre en su vida, por el que siente atracción, me hizo sentir raro… ¿celos?

No hay razón para eso. ¿Pero qué esperabas Andrés? ¿Qué se fijara en vos? Un tipo que le lleva doce años! Aunque conversen, contándose cosas de sus vidas, no se fijaría en vos, ya sos un viejo para ella, olvidate.

Pero por otro lado me sentía tan bien junto a ella…, creo que como hacía tiempo no me sentía, que... bueno…

Volvió del baño y en ese momento le dije:

-Bueno Fer, ya me voy para casa, necesito darme un baño y cambiarme de ropa.

-Sí! Claro Andy! Y gracias por todo! Has sido un sol conmigo!

-Nada que agradecer! Escuchame, agendá mi número de teléfono, cualquier cosa que precises me llamás! A cualquier hora! Ah! Y me llevo la bici!

-No te quiero molestar tanto Andy!

-No es molestia Fer! Al contrario!

Caminando despacio por el pasillo me acompañó hasta la puerta de la calle, cargué la bici en el auto y volví para saludarla, mi intención era darle un beso en la mejilla, pero al acercarme me abrazó, dándome ella un sonoro beso en la mejilla y me dijo casi al oído “Gracias Andy”

Creo que hasta me puse nervioso con ese abrazo y sus palabras casi como en un susurro. Uff!

Me subía al auto y antes de arrancar, bajé el vidrio del acompañante y desde el auto le dije:

-Y Felices vacaciones!

-Gracias! Renga y de vacaciones voy a aprovechar para estudiar!

Un último saludo con la mano y me fui.

De camino a casa, que no eran tan lejos, seguía pensando en todo lo ocurrido y en el acercamiento que había tenido a esa chica, que ya desde antes no me resultaba indiferente, un lindo bodrio en mi cabeza.

Me di un baño, preparé algo sencillo para cenar y me senté a comer con una cerveza, mientras miraba un poco de tv.

Terminé de comer, miraba tv terminando la cerveza cuando me llegó un mensaje, al mirar mi teléfono, vi que era de Fernanda, lo abrí y decía.

-Mil gracias por todo Andy! Después que te fuiste me quedé rememorando todo lo que pasó y lo que podría haber pasado si no hubieras estado allí! Fuiste mi ángel guardián! Una casualidad que agradeceré siempre, sobre todo porque hayas sido vos! Gracias! Gracias! Gracias!

Y al final del mensaje, un emoticón de carita sonriente.

Puff! Ese mensaje me hacía pensar en muchas cosas, pero no me podía ni siquiera llegar a hacer ningún tipo de ilusiones.

Tenía que contestar el mensaje, pero en el momento no sabía bien que escribir, no pretendía decir nada digamos…, comprometedor, ni para ella ni para mí. Finalmente le terminé enviando:

-Gracias a Dios no pasó algo peor! Lo importante ahora es que te puedas olvidar de eso y recuperar esa rodilla! Que descanses! Un beso!

Y la misma carita sonriente al final.

Inmediatamente me llegó un nuevo mensaje suyo:

-Un beso también para vos y que descanses! Ya te di mucho trabajo!

Sonreí solo al leerlo, caramba! ¿Qué me está pasando con esta chica? Andrés no te enamores de ella, es doce años menor y además hay otro hombre en su vida!

Y en ese momento decidí que luego de estos días, dejaría de pasar por la estación de servicio, al menso cada mañana, no podía alimentar ninguna falsa esperanza.

El lunes al salir de casa por la mañana, pasé por la bicicletería para dejar la bici de Fernanda, el muchacho me dijo que para la tarde estaría reparada, le dije que a eso de las cinco de la tarde la pasaba a buscar, y de allí me fui al trabajo sin pasar por la estación de servicio.

Al salir por la tarde del trabajo, pasé a retirarla y me fui para casa. Mientras me tomaba unos mates, le mandé un mensaje a Fernanda.

-Hola Fer, ¿cómo va esa rodilla? Ya está la bicicleta reparada! Ni bien pueda te la llevo.

Inmediatamente me respondió:

-Hola Andy! Bastante mejor! Un poco más deshinchada y no duele tanto! Por la bici tranquilo! No hay apuro! De todas formas con la rodilla así no voy a poder usarla por unos días! No te compliques!

-Hoy estoy complicado y mañana doy clases por la tarde al salir del trabajo, pero seguramente el miércoles te la llevo antes de ir para la facultad!

-Si no podés no pasa nada! Pero si podés venir el miércoles, te esperan unas magdalenas! Te las debo!

Uff, yo pensando en alejarme de a poco de ella y ella diciéndome que me espera con magdalenas, esto va a ser difícil. El miércoles entraba a las seis de la tarde, pero pasaría a eso de las cinco como para no quedarme mucho tiempo.

-Ok, tipo cinco de la tarde poné la pava! Un beso!

-Dale! Un beso!

Me cambié y me fui a correr al parque, aunque no dejaba de pensar en esta nueva situación que se había presentado en mi vida.

Iba por la segunda vuelta, cuando escuché que me llamaban desde atrás, era Anabela, que al verme, apuró el paso para alcanzarme.

-Hola Andy! Te vi pero no te podía alcanzar!

-Hola Anabela! ¿Cómo estás?

-Muy bien! Hoy tocó un poco de trote!

Si bien nos veíamos en el trabajo, no hablábamos de cosas personales y hacía días que no la encontraba!

-¿Cómo van las cosas con Federico?

-Hasta ahora muy bien! Salimos varias veces, tranqui! Aunque hasta ahora no llegamos a la cama, pero bueno… todo viento en popa por ahora, la verdad que estoy muy entusiasmada, creo que va a funcionar!

-Me alegro mucho! Ojalá pueda valorarte como te merecés! Y lleguen a tener algo lindo!

-Gracias Andy! Aunque te digo que extraño esos fines de semana!

-Bueno, yo también, pero… hay que mirar hacia adelante!

-Así es, en esas estoy con Fede! ¿Y vos? ¿Andás mirando para adelante? ¿Se cruzó alguien?

-Algo así! Aunque creo que aún es pronto, tan siquiera para imaginar algo! Quizás solo sean ideas mías…

-Te está gustando alguna mujer! Seguro! Pero no te da bola!

-Al contrario! Me da bola pero es mucho más joven y me tiene un poco confundido, la verdad!

-¿Es del trabajo?

-No, por suerte no! Ya sería más complicado aún! Ya te contaré que pasa!, bueno si algo pasa!

Dimos otra vuelta y nos despedimos cuando enfiló para su casa.

Al día siguiente pasé por la estación de servicio, sabiendo que Fernanda no estaría y Melany me contó lo que le había ocurrido a Fernanda, que creo no le había contado que yo había estado ahí, por lo que me hice el sorprendido, quizás no quería que se enteraran en el trabajo y por eso no me había nombrado.

El miércoles al salir del trabajo, con la bici cargada en el auto, hice un poco de tiempo y fui directamente a lo de Fernanda, avisándole con un mensaje.

Al llegar, ya estaba esperándome en la puerta, con una remera larga y un pantalón de jogging, como de andar por casa, pero esta vez, con el pelo arreglado y atado atrás con una hebilla.

Bajé la bici y al acercarme, me saludó con un beso.

-Hola Andy!

-Hola Fer! ¿Cómo va esa rodilla?

-Cada vez mejor, por suerte! Pasá que tengo el mate listo!

Caminamos por el pasillo, ella delante y yo detrás llevando la bicicleta, que dejé fuera del departamento junto a la puerta.

Sobre la mesita frente al sillón, estaba el mate preparado y a su lado un plato con varias magdalenas.

Nos sentamos y ofreciéndome uno, arrancó con el mate.

-Están buenísimos!

-Creo que es lo que mejor me sale!

-A mí se me da muy bien la cocina! Mucho tiempo he vivido solo y he tenido que aprender, pero me gusta cocinar, me entretiene!

-A mi me da mucha pereza cocinar, porque entre el trabajo y la facu, a veces llego reventada y me hago cualquier cosa rápida.

Tres magdalenas me terminé comiendo, mucho más de lo que suelo comer por las tardes, pero estaban realmente buenísimas.

Miré mi teléfono y ya eran las seis menos venite.

-Bueno Fer! Me tengo que ir a dar clases!

-Me tenés que decir cuánto salió el arreglo de la bici!

-Nada Fer! Ya está! No es nada!

-No, en serio Andy!

-Fue poco dinero! El bicicletero me conoce y me hizo precio!

Me puse de pie para irme y le dije:

-Gracias por los mates y por esas terribles magdalenas!

-No es nada esto! Pero esperá!

Fue hasta la cocina y volvió con una caja como de alfajores, atada con una cinta de color violeta, igual que la de aquella vez, y con esa hermosa sonrisa me dijo:

-Estas son para que te lleves!

-No hacía falta! Ya me llevo unas cuantas puestas!

-Cada vez que haga magdalenas, habrá una caja para vos! La podés venir a buscar o te la puedo llevar a la estación de servicio!

-Gracias Fer! No hace falta que hagas para mí!

-Es lo menos que puedo hacer! Además me di cuenta lo que te gustan!

-Mucho!

Me acompañó hasta la calle y nos despedimos rápidamente con un beso, estaba justo de horario.

-Ya sabés! Estoy de vacaciones estas dos semanas! Pasá cuando quieras!

-Dale! Te aviso!

Nos despedimos con la mano y me fui para la facultad, pensando en que difícil se me estaba haciendo esto, parado en un semáforo, miraba la caja que dejé en el asiento del acompañante y en su carita al entregármela. Andrés! Por favor, no te enamores de esa chica!

Días después, en varias ocasiones estuve tentado de escribirle para preguntarle por su rodilla, pero me contuve, si la idea era no seguir enganchándome con ella, ese no era el camino.

En esas dos semanas, no volví a pasar por su casa, tan solo, para no parecer descortés, le pregunté cómo andaba de la pierna.

La semana siguiente, me aguanté y no pasé por la estación de servicio, aunque ganas de verla no me faltaron, incluso cargué nafta en otra.

El jueves nos encontramos con mis dos amigos a eso de las siete de la tarde para tomarnos unas cervezas y conversar un rato y les terminé contando lo que me estaba pasando con Fernanda, luego de aquella madrugada, y contra todos mis pronósticos, pensando en que me dirían que era una pendeja y que nunca se fijaría en mí, los dos me terminaron diciendo que la diferencia de edad, nada tenía que ver, que en muchas parejas, las mujeres jóvenes buscan a hombres mayores, más adultos antes que los de su edad, que son más proclives a la joda y a no encarar relaciones serias.

A eso de las nueve de la noche nos despedimos y de camino a casa iba pensando en todo esto, supongamos que yo no le diera importancia a la diferencia de edad con Fernanda, pero de todos modos, había otro hombre en su vida, ¿qué tenía yo que hacer ante eso?

En las dos semanas siguientes, en las que suponía que Fernanda habría vuelto a trabajar, no pasé por la estación de servicio y suponiendo que su rodilla ya estaría bien, tampoco le envié más mensajes.

Aunque no lograba hacerlo, tenía que dejar de pensar en ella, quizás así mi vida podría volver la normalidad, definitivamente tenía seguir adelante.

Continuará…

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