Dos madrugadas que cambiaron mi vida (4)
La rutina de las mañanas se rompió cuando el destino cruzó sus caminos en la oscuridad de una calle solitaria. Él creía haber cerrado un capítulo, pero la adrenalina de salvarla solo era el comienzo de un giro inesperado.
Dos madrugadas que cambiaron mi vida (4)
Segunda madrugada: Nunca lo hubiera pensado. Las vueltas que tiene la vida.
Parte 2
Esa semana estuvo lleno de miradas cómplices cada vez que nos cruzábamos sin gente delante, creo que ambos estábamos ansiosos.
Cuando salí del trabajo ese jueves, pasé por un sexshop y compré un lubricante, aunque iba pensando que quizás sería mejor dejarlo para el sábado en la noche que tendríamos más tiempo, y de camino a su casa le mandé un mensaje.
Al llegar, ya me esperaba en la puerta del edificio con su mochila, ya traía la ropa para ir a trabajar el viernes directamente desde casa, aunque no llegaríamos juntos para no levantar comentarios.
Fue una noche caliente, y cuando le propuse jugar con su culito el sábado, estuvo de acuerdo, tendríamos todo el tiempo que hiciera falta, aunque no me privé de comérselo bien comido.
El viernes se volvió a quedar en casa, pero al igual que el día anterior, no fue una sesión muy larga, aunque sí muy intensa, yo al día siguiente tenía que ir a dar clases.
En un recreo de las clases, le envié un mensaje, diciéndole que antes de volver compraba comida para almorzar, y me contestó al momento, diciéndome que me esperaba, y que le dijera como quería que me recibiera. Me reí y le dije que me esperara tan solo con la tanguita y una remera sin corpiño debajo, me gustaban estos juegos, que me calentaban tanto como a ella.
Almorzamos liviano, tomamos un café y nos fuimos a dormir una pequeña siesta, hasta las cuatro menos cuarto que me desperté, encontrándome con Anabela ya despierta, tan solo con la tanguita y mirándome.
Conversamos un momento y ya entre besos y abrazos, comenzamos. La tanguita poco le duró, al igual que mi bóxer, su primer orgasmo fue por el trabajo de mi lengua en su clítoris, junto con mi dedo índice en su culito.
Luego fue ella quien me la chupó casi hasta hacerme acabar, mientras mis dedos seguían yendo de su conchita mojada a su culito.
-Andy, ya lo quiero probar! Dale! Estoy ansiosa!
-Muy bien señorita! Vamos a jugar con ese culito hermoso!
Me levanté a buscar el lubricante y volví a la cama, acostada boca abajo, levantó su potente culo que devoré con ansias mientras mis dedos fustigaban su clítoris, llevándola hasta casi el orgasmo, pero me detuve para tenerla en ese punto.
Apreté el pomo descargando una buena cantidad de lubricante en su culito, para luego empezar a jugar en su esfínter con mis dedos. El índice entraba y salía con facilidad, y luego de un momento, el dedo mayor lo acompaño, sacándole un hermoso gemido a Anabela, que metiendo su mano bajo su cuerpo acariciaba ella misma su conchita, viendo como sus dedos la recorrían, introduciendo dos dedos dentro, para luego volver a su clítoris.
Los dos dedos ya se deslizaban con facilidad, incluso ya los giraba dentro sin problemas.
Un tercer dedo le introduje y los movimientos de su mano se aceleraron, sin dudas estaba más que excitada.
-Metela Andy! Metémela ya por favor! Me tenés re caliente!
-¿Sí? ¿La querés sentir en el culito?
-Sí! Meteme esa pija hermosa en el orto por favor! Haceme la cola Andy! Ya la quiero adentro! Quiero que seas vos el primero!
Le dije que se pusiera de costado, yo lo hice detrás de ella, haciendo la cucharita, embadurné mi pija de lubricante y la apoyé en su esfínter.
-Relajate Ana, quedate flojita! No hagas fuerza!
-Si Andy! Lo que vos me digas!
Comencé con una leve presión, haciendo que su esfínter se estirara un poco recibiendo mi glande, jugué un buen rato tan solo entrando levemente, buscando que estuviera relajada, pero cada vez con más ganas de sentirlo.
-Voy despacio Ana! No quiero hacerte mal!
-Me gusta! Seguí!
Poco a poco mi glande fue entrando, sentía la presión de su esfínter sobre él, lentamente se iba abriendo paso, Anabela estaba quieta, supongo que sintiendo la intrusión, aunque aun con cierto reparo.
Unos buenos minutos estuve jugando con mi glande sin terminar de meterlo, hasta que ella misma, tiró de su cuerpo para atrás, haciendo que entrara todo el glande, una fuerte exhalación de aire, me hizo dar cuenta de que lo había sentido, ya con el glande dentro, el resto iría sin tanta oposición.
-Sí Andy! La siento! Siento como me abre! Seguí! Metela toda!
Comencé con lentos movimientos, sacándola apenas unos milímetros para volver a entrar cada vez un poquito más, volví a poner lubricante en mi pija y seguí mi trabajo.
Me excitaba sobremanera ver mi pija hundirse poco a poco en el tremendo culo de Anabela, hasta que mi pelvis se apoyó en sus nalgas.
-Ya la tenés toda adentro Ana! ¿Te duele?
-No, creí que me iba a doler, pero no, solo se siente raro, pero me gusta!
Los movimientos volvieron a comenzar, estaba todo tan lubricado que mi pija resbalaba entrando y saliendo, tan solo unos centímetros, pero cada vez a mayor ritmo.
Luego me quedé un momento quieto, buscando que fuera ella quien se moviera y así fue, poco a poco sus movimientos fueron ganando en intensidad, al compás de sus gemidos, su mano castigaba su clítoris y las mías, sus pezones.
Su culo cada vez se acercaba a mi cuerpo con más velocidad y profundidad, y entre jadeos me dijo:
-Dale Andy! Cojeme! Rompeme el culo! Dejámelo bien abierto! Dale que te acabo!
Comencé a moverme yo también haciendo que cada vez que su culo se acercaba a mi cuerpo, yo movía el mío hacia ella, haciendo que las penetraciones fueran bien profundas.
-Uff Ana! No voy a aguantar mucho más! Este culo me vuelve loco!
-Ya aca..bo yo tam…bién An..dy! Llena…me el cu..lo de le…che! Acaba…me en el or..to!
Me decía con la respiración acelerada y la voz entrecortada por la excitación, y en el momento que tensó sus piernas y apretó con su esfínter mi pija por el orgasmo, me dejé ir en sus entrañas. Una locura!
Nos quedamos un momento así, yo aun dentro de ella, esperando que mi pija se bajase para sacarla con cuidado, buscando no hacerle daño.
-No la saques Andy todavía! Dejame sentirla un poquito más!
-Claro que sí hermosa! Lo que quieras!
-Ahh! No pensé que me iba a gustar tanto! Que tarada! Cómo no lo probé antes!
-Tenés un culo tremendo Ana! Me tiene loco!
-Bueno! Ya lo estrenaste! Es tuyo cuando quieras! Aunque me vas a tener que dar un descanso!
-Por supuesto! Lo que haga falta.
Cuando ya la erección había terminado, la saqué lentamente!
-Uff! Hasta para salir la siento!
-La saco despacito!
Miré mi pija para comprobar cómo había salido, por si traía algún resto, pero no, de todas formas me levanté y fui al baño a higienizarla.
Anabela quedó tendida en la misma posición, me recosté detrás de ella, la abracé haciendo la cucharita, ella tomo mis brazos y en unos minutos nos quedamos ambos dormidos, sin dudas había sido una sesión intensa, al menos para ella.
Me desperté cuando Anabela se movió, necesitaba ir al baño, solté mi abrazo y se levantó, la esperé en la cama y cuando volvió, se acostó y me besó.
-Andy, me encantó! Gracias por tenerle paciencia a mi culito!
-Lo más importante era que lo disfrutaras, si no lo hacías no tenía sentido para mí!
-Eso me gusta de vos! Y ya sabés! Mi culito es tuyo también! Jaja, ero lo único virgen que me quedaba!
-Y gracias por permitirme estrenarlo! Ya sabés que me encanta es culo que tenés!
-Y me encanta que te guste! Creo que nadie le ha dado tanta atención! Y me eso me gusta!
Nos levantamos desnudos, preparé el mate mientras Anabela hacía unas tostadas y nos sentamos en el sillón a merendar.
Salimos a cenar esa noche y al volver, hicimos el amor nuevamente, aunque le dimos un descanso a su culito, no así a su conchita, que mucho trabajó esa noche, dándome cinco orgasmos en mis dos acabadas.
Sin dudas disfrutábamos de nuestros cuerpos, nos entregábamos al placer, aunque siendo conscientes que no existían sentimientos más profundos, éramos algo así como amigos con sexo, y que sexo!
Cuatro fueron los fines de semana que pasamos juntos, algo así como dos meses, todos los encuentros en casa, dando rienda suelta al placer, volvimos a practicar sexo anal tres veces más, y le terminó encantando.
Un jueves por la tarde, estaba en mi despacho, cuando me llegó un mensaje de Anabela, preguntándome si podíamos vernos en la tarde, al salir del trabajo, y creí que andaría caliente y con ganas de empezar el fin de semana un poco antes. Le dije que no había problema y que pasaría por su casa al salir.
Me esperó con el mate preparado y cuando nos sentamos en el sillón me dijo:
-Andy, perdón que te hice venir con tanto apuro, pero necesitaba hablar con vos!
-No hay problema! Aquí estoy!
-Quería que lo supieras por mí, y antes que nadie, Federico me habló ayer al salir del trabajo, me dijo que hace casi un mes que cortó con su novia, que le gustaría que nos veamos fuera del trabajo y me invitó el viernes a cenar!
Me miró como si me estuviera pidiendo perdón por lo que me estaba diciendo, pero yo tenía en claro que nuestros encuentros, y sobre todo el sexo que teníamos, tenían fecha de vencimiento, y tomándola de las manos la miré a los ojos y le dije:
-Tranquila Ana! Sabíamos que esto podía ocurrir, ambos éramos conscientes de que no estábamos enamorados, que tan solo lo pasamos de puta madre juntos y que tenemos un sexo tremendamente placentero! Y de corazón te digo que ojalá las cosas con Federico se puedan dar! Que puedas iniciar con él algo lindo, que te haga feliz! Sos una buena mina, súper copada y te merecés un buen tipo a tu lado, que te haga feliz!
-Gracias Andy! Tenía un poco de miedo de que lo tomaras a mal! Que sintieras que te usé este tiempo! Nunca lo sentí así! Me gustó la complicidad que logramos y me hiciste gozar como nadie!
-Nunca sentí que me usaras, ni tampoco sentí que te usé, somos dos adultos que nos pusimos de acuerdo, dejando las cosas claras y disfrutamos de darnos placer y tener, al menos en mi caso, el mejor sexo de mi vida!
-Y yo ni te cuento! Te juro que esto que pasó entre nosotros lo voy a recordar siempre, como algo muy lindo y placentero! Y no me arrepiento ni de un segundo de los que estuvimos juntos ni de lo que hemos hecho!
-Ni yo Ana! Lo único que me gustaría es que sepas que te deseo lo mejor con Federico y que sepas que siempre podrás contar conmigo, como amigo te lo digo!
-Gracias Andy! Sos un tipazo! Estoy feliz de haber conocido al hombre detrás del director! Espero también que una mujer que te merezca aparezca en tu vida y te haga feliz! Te lo merecés después de tanto dolor!
Nos abrazamos, Anabela con lágrimas en los ojos y yo casi.
Luego de decirnos todo eso, seguimos tomando mate, haciéndonos bromas sobre lo que podría pasar con Federico y con alguna mujer que apareciera en mi vida, tanto era la confianza, que en un momento me dijo:
-Solo espero que Federico no la tenga chiquita!
Nos reímos a carcajadas y le dije:
-Solo espero no enamorarme de una frígida! Y que Federico te coja bien!
-O de un hombre!
Dijo entre risas.
-Callate boluda! Al menos por ahora me gustan las mujeres! Y sobre todo si tiene tremendo culo como el tuyo!
-Basta boludo que me la voy a creer!
Finalmente me quedé a cenar con ella, aunque no me quedé a dormir, ya vería, si iba bien la cosa con ese chico, buenísimo y si no, bueno… quizás tendríamos oportunidad de volver a disfrutarnos.
Cuando nos despedimos, le dije que cuando pueda me cuente algo de su cena, para ver cómo había ido.
Recién el lunes por la tarde tuve noticias de ella, cuando me mandó un extenso mensaje, contándome que hasta ahora todo había ido más que bien, también se habían visto el sábado un momento, ya que ese fin de semana estaba con Sofía y que aún no habían llegado a la cama.
Me alegré por ella y ya empezaba a barajar la posibilidad de hacerles caso a mis amigos, le había tomado el gustito a tener sexo a menudo y me iba a costar volver al celibato, aunque ahora eran ellos los que tenían pareja, por lo que salir “de levante” los tres, lo descarté y hacerlo yo solo, lo veía un poco más complicado.
Una mañana, pasé por la estación de servicio, cargué nafta y como era ya habitual, entré a comprar un café, que ese día, lo tomaría allí mismo, ya que iba con tiempo.
Atendía Fernanda, que al verme, después de tantos días sin encontrarla por las mañanas, me dijo extendiendo su mano a modo de saludo desde el otro lado del mostrador:
-Hola Andrés! Tanto tiempo!
-Hola Fernanda! ¿Estabas de vacaciones?
-Hasta hace dos semanas, después estuve cubriendo a Candela por la tarde dos semanas!
-Con razón hace como un mes que no te veía!
-Pero ya volví a mi horario!
Le pedí el café y como siempre, me senté, un momento después, se acercó con la bandeja y la dejó sobre la mesa, como siempre con una sonrisa.
Cuando terminé el café, como cada día, acerqué la bandeja y se la entregué, saludándola y deseándole un buen día, deseándomelo ella también!
Durante esa semana, todas las mañanas me atendió ella, y cada vez que no tenía gente que atender, conversábamos un momento, cosas triviales, pero era normal que así lo hiciéramos.
Me resultaba una chica adorable, su mirada, sus gestos, su sonrisa y su amabilidad en el trato, me hacían verla más allá de la empleada del local, y el que siempre que tenía un hueco en el trabajo se acercara para hablar o lo hiciera desde atrás del mostrador si no había otros clientes, me hacía sentir muy bien.
La ropa holgada de la empresa, más el gorro que siempre cubría su cabello, no me daban una real imagen de la mujer detrás de ese uniforme.
Desde hace unos años, en Argentina, promovida sin dudas por las empresas de golosinas, se instauró la primera semana del mes de julio, como “La semana de la dulzura” donde se suele regalar una golosina, que según reza el slogan, es agradecida por un beso.
Tal es así que ese día, al ver el afiche que promociona esa semana en un kiosco, decidí comprar una buena cantidad de bombones para obsequiar a las personas cercanas del trabajo, como un detalle.
Esa mañana al llegar a la estación de servicio, tomé dos bombones, por si estaban ambas chicas, pero al entrar, estaba tan solo Fernanda.
Aprovechando que no había otros clientes, antes de pedirle el café, saqué un bombón del bolsillo del traje y se lo entregué
-Para vos Fernanda! Por la semana de la dulzura!
-¿Para mí? Ay… gracias!
Y tomándolo de mi mano, salió de detrás del mostrador, para acercarse a mí y darme un beso en la mejilla, apoyando su mano en mi brazo.
La verdad es que no me esperaba esa reacción, y creo que se me deben haber subido los colores.
-Gracias Andrés! Sos el único que me ha regalado un dulce!
-Bueno… aún quedan unos días!
Su sonrisa no desapareció mientras me preparaba el café, que como siempre, llevó hasta mi mesa.
Cuando me iba ya para el trabajo, terminaba de atender a un cliente que salió luego y cuando me despedí, con una hermosa sonrisa me dijo:
-Gracias Andrés por el bombón!
-No hay que darlas! Que tengas un buen día!
-Vos también! Hasta mañana!
No tenía bien en claro lo que me pasaba con esa chica, bastante menor que yo, pero que me provocaba una sonrisa y una sensación de bienestar cada vez que la veía.
Ese día en el trabajo, me sentí…, como decirlo, con entusiasmo, como con buena onda, ni siquiera los problemas del trabajo, me sacaron la sonrisa.
Al día siguiente, al llegar a la estación de servicio, entré al local y me recibió Fernanda con una sonrisa, y como no había otros clientes, nos saludamos y luego de pedir el café, me senté como siempre en una de las mesas.
Un momento después, se acercó Fernanda con la bandeja y la apoyó sobre la mesa, para encontrarme, junto al café, una magdalena envuelta en un nylon transparente y atado con una cintita de color violeta.
-Por la semana de la dulzura Andrés! Pero estas las hice yo!
-Guau! Muchas gracias!
Y poniéndome de pie, me acerqué a ella y le di el correspondiente beso en su mejilla, lo que hizo que esta vez, fuera a ella a quien se le subieron los colores.
Sin abandonar su sonrisa, volvió al mostrador, en el momento en que entraba otro cliente.
Abrí el envoltorio y probé la magdalena, estaba exquisita y me la comí con el café.
En un momento que volvimos a quedar solos, le dije:
-Estaba buenísima Fernanda! Mirá que buena mano tenés para la cocina!
-Gracias Andrés! Aunque solo me da por las cosas dulces! Para la cocina soy un desastre!
Luego me levanté para acercar la bandeja al mostrador y cuando me despedí, sacando otra magdalena de debajo del estante, me dijo:
-Tomá! Otra para el camino!
-Muchas gracias Fernanda! Esta me la guardo para el mate de la tarde cuando llego a casa! Que tengas un buen día!
-Vos también! Hasta mañana!
Salí del local pensando en la facilidad que tenía esa chica para alegrarme las mañanas, aunque no podía pensar en otra cosa, creo que por la diferencia de edad, ni siquiera me atrevería a pensar en algo más que tan solo ser un buen cliente, pero me hacía bien pasar por allí cada mañana.
A partir de ese día, nuestras conversaciones se fueron repitiendo cada vez con más asiduidad, casi siempre cuando no había otros clientes en el local, aunque cerca de dos meses después, me dijo que por un tiempo tenía que cambiar de turno y estaría por las tardes.
Varias veces estuve tentado de pasar por allí alguna tarde, pero no quería quedar como un baboso, que solo iba para verla.
A mediados de septiembre, estábamos organizando un asado con mis dos amigos, al que se sumarían otros compañeros de la secundaria con los que a veces también quedábamos, seríamos siete y estábamos buscando una fecha en que pudiéramos todos.
Nos terminamos poniendo de acuerdo para el segundo sábado de octubre, ya que al día siguiente, ninguno tenía que trabajar, haríamos un asado en la casa de Leonardo, que tenía un quincho independiente de la casa y así no molestaríamos con el alboroto a su mujer.
Nos organizamos para las compras y todos iríamos temprano, para la picada y la charla mientras se hacía el asado, en esta oportunidad, Leonardo oficiaría de asador, por ser el dueño de la casa.
A las siete de la tarde ya estábamos los siete tomándonos unas cervecitas y armando la picada mientras Leonardo encendía el fuego.
Las anécdotas, las risas y el ponernos al día de nuestras vidas, hizo que cuando nos quisimos dar cuenta, ya eran las nueve de la noche y el asado estaba casi listo.
Nos sentamos a degustar el exquisito asado que había hecho Leonardo, con el clásico “aplauso para el asador.
Ya terminados de cenar, la sobremesa se extendió hasta casi las dos de la mañana, y luego de juntar. Limpiar y ordenar todo, nos despedimos en la puerta entre abrazos, prometiendo repetir pronto.
Las cervezas de la picada, más el vino de la cena, más la copa de champagne para brindar, me habían dejado bastante tocado, aunque no borracho.
Consciente de eso, de camino a casa tomé por calles internas, esquivando las avenidas, que es por donde suele haber controles de tránsito los sábados, por las dudas, no tenía intenciones de comerme una multa por el alcohol que llevaba encima.
Iba por la calle cuarenta y uno en dirección a casa, cuando antes de llegar al cruce de la calle cinco, dobló una moto con dos tipos, pero en contramano por calle cinco.
Lógicamente me llamó la atención y mantuve cierta distancia con ellos, no me daban buena espina, a esa hora y a contramano, no era descabellado pensar que se tratara de dos ladrones, motochorros como se les suele llamar.
No alcancé a hacer una cuadra más cuando a la distancia pude ver que iba una bicicleta delante de los tipos, aceleré para acercarme hasta que a unos cuarenta metros, vi que la luz de freno de la moto se encendía a unos metros y ya me di cuenta que el ciclista era la víctima.
Aceleré para acercarme cuando el tipo de atrás se bajaba y corría en dirección al ciclista, que al acercarme y a pesar de la poca luz de los faroles, que por los árboles, dejaba a oscuras buenas partes de la cuadra, me di cuenta de que era una chica con una mochila colgada en su espalda.
Al darse cuenta de que el tipo sin dudas le iba a robar, e intentó subir a la vereda, pero con tanta mala suerte, que al intentarlo, cayó al piso junto con la bicicleta.
Yo venía manejando tranquilo, algo atontado por lo que había tomado con mis amigos, pero lo que estaba pasando frente a mí, me había producido un shock, que sé yo, como de adrenalina viendo lo que estaba por ocurrir.
El que manejaba la moto quedó sobre la calzada, sin dudas listo para rajar, cuando su compañero de ilícitos le sacara las cosas a esa pobre chica. Yo iba a buena velocidad y al estar a diez o quince metros clavé los frenos, calculando en pegarle al de la moto desde atrás.
Y así fue, le pegué con la trompa del auto a la parte de atrás de la moto, haciendo que cayera junto con el conductor.
Bajé rápidamente del auto dejando la puerta abierta, y rodeándolo, me fui hacia otro, que aprovechando que la chica estaba en el piso con sus dos manos cubriendo su cabeza, intentaba arrebatarle la mochila.
En esa fracción de segundo, casi sin pensarlo, y quizás por el alcohol que llevaba y envalentonado por la situación, con toda la fuerza que pude, al tipo que agachado lidiaba a los tirones tratando de arrancarle la mochila a la chica que gritaba “No!” “No!”, le di una patada en el estómago que lo hizo doblarse por el dolor, soltando las correas de la mochila para tomarse el estómago.
En ese momento, el otro caco, que ya había levantado la moto, le gritaba “vamos boludo!” “Ya fue, vamos! Dale pajero!”.
El tipo aún doblado por el dolor, caminó como pudo hasta la moto, se subió y salieron huyendo a toda velocidad.
En ese momento me acerqué a la chica, que aún estaba con sus brazos cubriendo su cabeza, tirada en el piso con una pierna flexionada y la otra estirada, llorando junto a su bicicleta.
Me agaché y apoyé una mano en su espalda, para darme cuenta que la pobre temblaba como una hoja.
-Ya está muchacha! Tranquila que ya se fueron! ¿Estás bien? ¿Te golpeó?
La chica miraba para abajo, su cabello largo tapaba su cara y no dejaba de llorar, sin dudas el pánico la dominaba, estaba en shock.
-Tranquila! Ya está! ¿Estás bien?
En ese momento, viéndola en ese estado, me acerqué aún más, me arrodillé junto a ella, y la abracé diciéndole:
-Tranquila corazón! Ya todo pasó! Por favor, decime si estás golpeada! Ya se fueron!
En ese momento bajo sus brazos descubriendo su cabeza, aun seguía llorando mirando hacia abajo y su cabello tapaba su cara.
-Tranquila! Ya pasó!
Agachado frente a ella, tratando de ver si estaba golpeada, aparté un mechón de su cabello, para darme cuenta quién era esa chica…
Continuará…
Continúa en
- Relato #214423— title-regex: contiguous parts (3 -> 4)
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