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Dos madrugadas que cambiaron mi vida (3)

El cargo de director y la discreción del entorno laboral no pueden frenar la tensión acumulada. Cuando la lluvia los atrapa bajo el mismo techo, la barrera profesional se derrumba y comienza un fin de semana que promete cambiarlo todo.

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Dos madrugadas que cambiaron mi vida (3)

Prólogo

Soy Andrés Cueto Pérez, viudo desde hace poco más de tres años, actualmente tengo treinta y ocho y desde hace poco más de un mes, estoy ocupando el cargo de director general de la institución donde trabajo desde hace años, aunque interinamente, el vice ministro me pidió que lo ocupara en el tiempo en que el titular de ese cargo se reincorpora luego de su enfermedad o en caso de que no lo hiciera, hasta que otro director fuera nombrado.

También sigo con mi gran pasión, la que me ha dado en tantos años, las mayores satisfacciones de mi vida, la docencia en la facultad de ciencias económicas de mi ciudad, la que me formó y de la que no he podido ni he querido alejarme.

Luego de los sucesos de aquella madrugada fatídica, otro dolor me atravesó hace casi dos años, la muerte de mis padres, aunque en este caso, lo sentí de otra manera, luego de ese primer gran viaje a Perú en la camioneta, vinieron varios más y mis padres estaba felices de hacerlos, fueron al sur del país por casi un mes, luego a Salta, a las Cataratas del Iguazú, a Uruguay y el último a Ushuaia recorriendo la Patagonia por la costa del Océano atlántico, y fue en el regreso de ese viaje, cuando ya estaban volviendo para La Plata, que en una ruta de la provincia de Chubut, un camionero que venía por la mano contraria, se quedó dormido y embistió de frente a la camioneta de mis padres, perdiendo ambos la vida en el acto, pero me conformé pensando en que habían muerto haciendo lo que tanto les gustaba, recorrer las rutas, y sobre todo que lo hicieron juntos, como todo en sus vidas.

Sé que allí donde estén, juntos por supuesto, estarán velando por mi felicidad.

Segunda madrugada: Nunca lo hubiera imaginado. Las vueltas que tiene la vida.

Parte 1

Unos meses después de que falleciera Alejandra y luego de deshacerme de todas sus cosas, decidí vender mi casa y comprar otra, si bien tenía muchos buenos recuerdos vividos en ella, los últimos claramente no lo eran, muchas cosas me recordaban a mi esposa y se me venían muchos sentimientos cruzados, algunos buenos y otros no tanto.

Tardé casi cinco meses en encontrar otra casa que pudiera pagar y para mi fortuna, el vendedor, aceptó mi antigua casa en parte de pago, poniendo tan solo el resto que fui pagando a través de un préstamo bancario.

La casa anterior era más grande, pero la actual es más nueva y en una zona muy tranquila, de casas mayoritariamente bajas y lo más cómodo, sin problemas para estacionar en la puerta, y luego de un tiempo, fui conociendo a los que al día de hoy son mis buenos vecinos.

También, el año pasado pude cambiar el auto, de mi viejo “fiestita”, el que había podido comprar con lo que me dio el seguro por el accidente. Pasé a un Ford Fiesta con dos años de antigüedad, que le compré a un vecino de la cuadra, un señor mayor que lo tenía desde cero kilómetro y que por problemas de salud, ya no podía conducir, estaba tan poco usado que las puerta de atrás estaban como duras de casi nunca haber sido abiertas, tenía tan solo siete mil cien kilómetros, casi nuevo.

Continuaba aún con mis dos trabajos, el que me permite tener el estándar de vida muy cómodo y el que me da las satisfacciones, ser profesor.

Desde mi nueva casa, para ir al trabajo, tenía una estación de servicio YPF tan solo desviándome un par de cuadras, y esa comenzó a ser la habitual para la carga de combustible.

Una mañana salí bastante ajustado de tiempo y no tomé nada en casa, paré a cargar nafta y luego entré en el local de cafetería de la estación, me compré un café y dos medialunas para llevar al trabajo.

La chica que me atendió, fue de los más amable, con una hermosa sonrisa y correctos modales, de nombre Fernanda, y no porque se lo haya preguntado, sino porque al igual que la otra chica, vestían su uniforme de trabajo, un pantalón azul amplio, una casaca beige con el logotipo de YPF, y un gorro que cubría su cabeza donde además, quedaba también dentro, el pelo recogido de ambas chicas y un pequeño cartel colgado con sus nombres.

Le entregué mi tarjeta para pagar la compra y al devolvérmela, me dijo:

-Muchas gracias señor Andrés! Qué tenga usted un buen día!

Sin dudas supo mi nombre por la tarjeta, pero me resultó tan simpáticamente formal su saludo, que le respondí:

-Muchas gracias señorita Fernanda! Qué usted también lo tenga!

Su sonrisa me hizo sonreír a mi también y me fui del local aun sonriendo camino al auto.

Esa pequeña acción, me hizo sentir tan bien, después de tanto tiempo, que manejé unas cuadras aún con la sonrisa.

Días después, volví a cargar combustible de camino al trabajo y volví a entrar a comprar un café, esta vez iba mejor de tiempo y me lo tomaría sentado en las mesas del local.

Fernanda me volvió a atender con la misma amabilidad y con su amplia sonrisa y luego de hacer el pedido y decirle que lo tomaría allí, me dijo que tomara asiento, que en cuanto estuviera listo me lo alcanzaba.

Unos minutos después, se acercó con la bandeja, la dejó sobre la mesa, le di las gracias y me entregó un pequeño papel.

-Esta es la red wifi del local y la contraseña, por si lo necesita.

-Muchas gracias!

En ese momento pude verla de cuerpo entero, ya que del otro lado del mostrador, tan solo veía la mitad visible.

No era muy alta, quizás un metro sesenta, de cuerpo normal, pechos más bien pequeños, caderas no muy anchas y de cola pequeña pero se veía, al menos con el pantalón un poco holgado, en buena forma, lo que no podía ver era su cabello, bien guardado dentro del gorro de la petrolera.

Desde que enviudé y que en poco tiempo todos lo supieran, aunque no sobre las circunstancias precisas de los eventos, cosa que solo sabían mis dos amigos, muchas mujeres poco a poco se me fueron acercando, sobre todo en mi trabajo de la mañana, algunas compañeras de trabajo, otras de la otra dependencia que está junto a la nuestra y también recibí algunas indirectas de algunas de mis alumnas de la facultad, aunque siempre supe dividir los tantos, sobre todo porque eran chicas muy jóvenes.

No es que sea un prototipo de hombre que llame la atención, tengo un cuerpo normal, una cara del montón y tampoco me mato para mantener el físico, tan solo trato de comer sano, tomar poco alcohol, y desde que me quedé solo, salgo en la bicicleta o a correr algunas tardes a un parque que tengo a tres cuadras de casa.

Entre esa féminas que se me han ido acercando, estuvo Anabela, una chica que trabaja en la oficina de personal, según sé desde hace tiempo, divorciada y con un hijo en la escuela primaria.

Por temas laborales hemos tenido reuniones formales junto a otras personas e informales en mi oficina, pero siempre por cuestiones de trabajo, un poco más baja que yo, unos tres o cuatro años más joven, de carita redonda con pecas, ojos entre celestes y grises bien claros y una linda sonrisa, de pechos normales, más bien pequeños, caderas algo anchas y una cola que nunca mostraba, creía yo que por vergüenza.

Una tarde estaba corriendo en el parque, cuando en dirección contraria a mí, venía haciéndolo ella con otra mujer algo mayor.

Nos detuvimos para saludarnos, me presentó a la mujer como su vecina, y en esa breve charla, supe que vivía también cerca del parque, pero del otro lado, opuesto al mío.

La charla fue breve y una vez más nos volvimos a cruzar de frente en la siguiente vuelta, esta vez no me resistí, y giré para ver su retaguardia, para encontrarme con una más que buen culo, quizás un poco más grande que la media, pero en buena forma, dentro de una calza deportiva que le favorecía, bastante por cierto. Incluso pensé en ese momento, mirá lo que escondía Anabela!

A partir de ese día, nos cruzamos varias veces más, y en esas ocasiones iba sola, hasta que en uno de esos días, no sé si adrede, lo hacíamos en la misma dirección.

Iba detrás de ella sin haberla visto aún, pero faltando unos metros para alcanzarla, ya que iba un poco más rápido que ella, la reconocí, digamos que por su calza y por su culo.

Al llegar junto a ella, bajé la velocidad hasta la suya y la saludé:

-Hola Anabela!

Giró su cara, me sonrió y me devolvió el saludo.

-Hola Andrés! Hoy voy a contramano!

-Ya veo! ¿Puedo correr con vos?

-Si, claro! Es más, me ayudaría a mantener el ritmo!

-Ok! Vamos!

Dimos una vuelta completa al parque y luego bajamos la velocidad y seguimos caminando mientras conversábamos de varios temas, aunque nada muy personal.

Esa no fue la única vez que corrimos y caminamos juntos, y a partir de ahí, nuestras conversaciones, incluso en el trabajo fueron cada vez más fluidas.

Una mañana, al llegar a la estación de servicio, cosa que se me había hecho habitual, aunque no pasaba todos los días, me atendió otra de las chicas, Melany su nombre, como rezaba el cartelito colgado en su pecho. Un poco más alta que Fernanda, de piel bien blanca, un cuerpo algo desequilibrado, al menos para los cánones de belleza femenina impuestos, los pechos bastante grandes, pero su cadera angosta y su cola chata, no la hacían entrar en el estándar, pero con carita de buena y la sonrisa a flor de piel, tan amable y servicial como las otras chicas.

Esa mañana también tomé el café sentado allí, y en el momento que tan solo estábamos Melany y yo, con el mando a distancia de la pantalla, a unos metros de mí, me preguntó:

-Voy a poner música! Cómo sos el único cliente, podés elegir! ¿Qué te gustaría escuchar?

-Bueno, gracias por la atención! Me gusta el rock nacional, pero podés poner lo que quieras! Yo en un momento me voy y la que seguirá escuchando serás vos!

-¿Charly García o Soda Estéreo?

-Por mí, Charly!

A los pocos segundos, comenzó a sonar Piano Bar, como si supiera que es una de mis canciones favoritas.

-Ahora sí! Al menos mientras terminás el café, escuchas lo que te gusta!

-Gracias Melany! Muy amable!

-No hay de que!

Segundos después entró otro cliente y ella fue al mostrador para atenderlo, bueno, visto lo visto, no había elegido mal el lugar donde comenzar el día.

Terminé mi café y esperé hasta que no hubiera otros clientes en el mostrador para acercarme, como siempre que les alcanzaba la bandeja antes de irme.

-Muchas gracias Melany por el detalle! Así da gusto tomar el café aquí!

-De nada! Y que tengas un buen día!

-Gracias! También para vos!

Me despidió con una amplia sonrisa y salí del local rumbo al auto.

Esa mañana, Anabela vino a verme por cuestiones de trabajo y al retirarse de mi despacho, se dio vuelta, y me dijo:

-Gracias Andrés! Nos vemos a la tarde!

-Dale! Nos vemos luego!

Salí del ministerio, ese día no daba clases por la tarde en la facultad, llegué a casa, me saqué el traje y me puse la ropa deportiva con la que suelo salir a correr, como aún era temprano, salí a hacer algunas compras para la cena, el día estaba completamente gris, aunque bastante pesado por el calor y la humedad, y encima, amagaba llover. Volví a casa, guardé todo y salí para el parque a eso de las seis de la tarde.

Corrí una vuelta completa y cuando empezaba la segunda, desde la vereda de enfrente del parque, Anabela me llamaba, en verdad no la había visto.

Cruzó la calle cuando el tráfico de la calle cincuenta y cuatro se lo permitió y nos saludamos con un beso.

Caminamos casi una vuelta completa, y luego arrancamos el trote, cuando lo hacía con ella, bajaba un poco mi ritmo para que corramos a la par.

No habíamos completado la vuelta, cuando se largó un chaparrón, una cortina de agua repentina, y cruzamos los dos la calle, para refugiarnos bajo el toldo de un kiosco frente al parque.

Aunque la maniobra fue rápida, igual nos habíamos mojado, cosa que en verdad no me preocupó, por el calor que hacía.

Esperamos bajo el toldo unos minutos, pero el cielo se había puesto completamente gris y tenía pinta de no parar pronto de llover.

En un momento de la conversación, Anabela me dijo:

-Esto no para más! Vivo acá en cincuenta y seis, casi veinticinco, ¿querés venir a casa a tomar unos mates?

-Dale! Porque aunque pare de llover, el parque va a ser una laguna! Creo que por hoy se terminó el trote!

-Tal cual!

En un momento que calmó un poco la lluvia, salimos en dirección a su casa, yo iba unos pasos por detrás de ella, refugiándonos en los balcones y aleros de las casas, pero de todas formas, nos mojamos otro poco.

Llegamos al edificio donde vivía Anabela y subimos hasta el cuarto piso, abrió la puerta y entramos.

Anabela fue para la cocina mientras me iba diciendo:

-Pongo el agua para el mate y me cambio, tengo toda la ropa mojada!

-Dale!

Yo también estaba bastante mojado, pero no podía sacarme la ropa, no allí.

Volvió unos minutos después, y fue directamente a la cocina, preparó el mate y vino al estar comedor, se había puesto una remera pegada al cuerpo y un short de jean bastante corto, que dejaba ver sus piernas justo hasta el comienzo del culo, en verdad le quedaba muy bien. Yo aun estaba de pie, para no mojar el sillón o las sillas, apoyó la bandeja con el mate en la mesita baja, y me dijo:

-Ahí vuelvo!

Un momento después, volvió con dos toallones y me dio uno para que me secara y el otro lo dobló en cuatro para que me sentara sobre él, mientras me decía:

-No te digo de ofrecerte algo para que te puedas sacar la ropa mojada, porque no tendría que darte!

-Tranqui Anabela, no pasa nada, con esto está bien!

Nos sentamos los dos en el sillón, yo sobre el otro toallón y arrancamos con el mate!

Si bien habíamos hablado en muchas ocasiones, el estar solos en su casa, creo que me cohibía un poco y como para conversar de algún tema le pregunté:

-¿Y tu hija?

-Sofía está con el padre, fin de semana por medio está con él, la va a buscar los jueves a la escuela al mediodía, y como los viernes no trabaja, desde ese día se queda en su casa hasta el domingo, que la trae a la hora de cenar.

-Ah, claro!

-¿Vos no tenés hijos, no?

- No! No llegamos a eso!

- Perdón! No quería ser indiscreta!

-No pasa nada! Así fueron las cosas, llevábamos un tiempo juntos y lo habíamos postergado por temas de trabajo, pero no pudo ser!

-¿Cuánto hace ya de lo de tu esposa?

-Poco más de tres años! Pero bueno, la vida debía continuar!

-Claro! Aunque supongo que no debe haber sido fácil!

-Los primeros tiempos, la verdad es que no!

-¿Y has estado en alguna relación desde entonces?

-No, hasta ahora no, pero no porque no haya querido, tan solo porque no se dio la oportunidad con nadie!

-Te entiendo! A mí me pasa algo parecido, desde que me divorcié del padre de Sofi, hace más de cuatro años, no he estado con nadie, ni siquiera para… bueno para eso…

-Te entiendo! Quizás con Sofía viviendo con vos, es un poco más complicado!

-En parte sí, pero de todas formas, si quisiera podría aprovechar los fines de semana que está con el padre, pero que se yo, no se ha dado!

-Pero sos una chica joven y hermosa, cuando menos te lo esperes ya aparecerá alguien!

-Hay alguien por ahí… me gusta mucho un chico, bueno… creo que a él le pasa algo también, pero está en una relación que según me dice tiene los días contados, pero bueno… Mis amigas siempre me dicen que soy una boluda, que estando sola podría aprovechar a voltearme un chongo diferente semana por medio, pero no soy así, no me sale salir a levantar tipos, definitivamente no es lo mío.

-Me pasa igual, tengo dos grandes amigos que después de un tiempo de quedar solo, me empezaron a sacar a bares para que enganchara alguna chica, sin compromiso, para pasar la noche digamos, pero tampoco me sale, bueno, en verdad nunca fui ese tipo de hombres que son conquistadores a la primera, que se yo, a mí me va más conocer a la persona, no soy de “toco y me voy”, no me sale!

-Tal cual!

Seguíamos tomando mate y conversando, pero por momentos veía la forma en que Anabela me miraba, como queriendo decirme algo sin atreverse, y quizás podía imaginar por donde iba la cosa, pero después de todo trabajábamos en el mismo lugar.

-Andrés, ¿puedo decirte algo?

-Por supuesto, ya me pareció que había algo por ahí que no te animabas a decir, pero hablá tranquila, creo que la confianza que tenemos, nos permite eso!

-Tenés razón, no he hablado nunca así con un hombre, pero… no me gustaría que eso cambiara, me parecés un buen tipo, súper educado y amable, caballero y que no es como otros directores que te miran por sobre el hombro, vos sos todo lo contrario!

-Trato a la gente como me gusta que me traten, y no me importa el título, el cargo o el puesto!

-Ya lo sé! Justamente hace unos días hablaba con Mónica, la chica de limpieza y me decía que sos el único director que la saluda, la trata bien y la considera!

-Es que soy tan empleado como ella, y su trabajo es tan importante como el mío!

Hizo un pequeño silencio con la mirada baja, luego me miró a los ojos y me dijo:

-Y por eso me gustás Andrés! Y perdón que te diga esto, pero es lo que me pasa, no podría decir que me enamoré de vos, pero me siento bien cuando estoy con vos, no sé, siento que no tengo que mostrarme de tal o cual manera, que puedo ser como soy, ser yo misma!

-Bueno Ana, quizás yo no te haya dicho nunca nada, primero porque no es mi estilo, segundo porque a mí me da lo mismo, pero tengo un cargo y hacer ciertos comentarios pueden ser mal interpretados, y jamás diría o haría algo que haga sentir incómodo a un compañero, tenga cargo o no! Y tercero por respeto a vos!

-Por eso es que me haces sentir tan bien! Justamente siento eso! Pero también tengo miedo de lo que puedas pensar de mí, que pienses que lo que te digo tiene otra intención, me moriría si llegaras a pensar eso de mí!

-Tranquila Anabela, nunca pensaría algo así de vos, salvo que me demuestres lo contrario, además en este momento somos una mujer y un hombre conversando como adultos, expresando nuestro sentir, nada tiene que ver con lo laboral. Por sobre todas las cosas, me parecés una hermosa mujer y me gusta compartir esto con vos!

-Entonces me voy a permitir decirte algo, pero espero que no lo tomes a mal!

-Dale, no me tomaré a mal, nada sincero que me digas!

-Lo he pensado varias veces, imaginando el momento, pero ahora que creo que podría serlo, casi que no me animo!

En ese momento, me acerqué un poco a ella y tomé su mano con la mía.

-Dale! Animate y yo te digo!

Volvió a hacer un pequeño silencio, tomó aire y me dijo:

-Si no tenés planes y si querés, me gustaría que te quedaras y pasáramos la noche juntos!

La miré a los ojos, esbocé una sonrisa y le contesté:

-Me encantaría!

Se le subieron los colores y le salió una sonrisa nerviosa, como que se le estaba dando lo que había imaginado, entonces le dije:

-Y no es porque me lo hayas ofrecido, también lo pensé, pero como bien dijiste, me daba reparo proponer algo así y parecer un aprovechador.

-Te juro que no lo hubiera sentido así!

Estaba todo mojado, sin otra ropa, sin bañarme y en pocos segundos se me ocurrió proponerle otro plan.

-Te propongo algo, démosle un poco de suspenso, mañana ambos tenemos que ir a trabajar, ¿qué te parece si mañana salimos a cenar y luego pasamos la noche juntos, acá o en mi casa, donde más te guste!

-Me parece muy bien! Aunque creo que voy a estar ansiosa todo el día!

-Bueno! Un pequeño adelanto!

Me acerqué más a ella, corrí a un costado un mechón de su cabello y la besé suavemente en los labios, me separé un momento, nos miramos a los ojos y nos volvimos a besar, pero esta vez, ella fue participe activa en el beso, hasta que nuestras lenguas se encontraron y terminó siendo un beso cargado de pasión.

-Ana, ¿podrás aguantar hasta mañana? Yo haré lo posible!

-Creo que después de tanto tiempo sin nada de nada, puedo esperar un día más! Además me da tiempo para arreglarme un poco mejor!

-Ni falta que hace! Me gustás como sea!

Mi erección ya era visible, el short deportivo no podía ocultarla, y al darse cuenta, se volvió a poner colorada.

Conversamos un momento más y le dije que me iba a casa, aprovechando que había parado un momento de llover, me acompañó hasta abajo y antes de abrir la puerta de salida del edificio, se colgó de mi cuello y nos volvimos a besar.

Mientras caminaba para casa, iba pensando, casi que podía escuchar a mis amigos diciéndome, “por fin querido, se te iba a oxidar”, pero también tenía que ser cauto en lo que vendría, no me interesaban los comentarios en el trabajo, sobre todo por mi cargo y porque odiaba las habladurías de pasillo.

En la mañana del viernes tan solo nos cruzamos dos veces en los pasillos, y en ambos, nuestras miradas y sonrisas cómplices lo dijeron todo.

Antes de irse, ya con su cartera colgada, Anabela pasó por mi despacho y me entregó una carpeta.

-Permiso Andrés, te dejo los expedientes de los contratos que me pediste!

-Gracias Anabela!

Y bajando el tono de voz, porque la puerta del despacho estaba abierta, le dije:

- A las nueve te paso a buscar, ¿está bien?

-Perfecto! Te espero lista!

Con una sonrisa dejó la oficina y yo tampoco pude evitar la mía.

Salí del ministerio casi dos horas después, llegué a casa cerca de las seis de la tarde, con tiempo para tomarme unos mates, descansar un poco antes de darme un baño y cambiarme.

Me vestí informal pero bien arreglado y puntual llegué a su casa, toqué el portero eléctrico y su voz respondió:

-Ya bajo Andrés!

Un momento después la vi salir del edificio, con un vestido que no le llegaba a las rodillas, abotonado por delante, con una corta chamarra y unas sandalias de taco alto, en verdad estaba muy linda.

Subió al auto y nos saludamos con un corto beso en los labios.

-Estás muy linda Ana! Nunca te había visto con pollera!

-Muchas gracias Andrés! Es que nunca uso polleras!

-¿Por qué no? Si te quedan muy bien!

-No sé! Quizás por vergüenza o por no mostrar el cuerpo!

-No reniegues de tu cuerpo! Tenés un hermoso cuerpo!

-Gracias Andrés!

Fuimos conversando de varias cosas por el camino, al llegar al restaurante, bajamos del auto y caballerosamente apoyé mi mano en su espalda para ingresar.

La cena estuvo muy bien, conversamos contándonos cosas, nos reímos y un poco nos entonamos por la botella de vino tinto que liquidamos entre los dos.

-Creo que en otra circunstancia, te hubiera invitado a tomar un trago, pero creo que lo podemos dejar para otro momento, ¿qué te parece?

-Me parece perfecto! El trago puede esperar!

-¿Te parece ir a casa?

-Llegado este momento de la noche, llevame donde quieras!

Subimos al auto y en menos de quince minutos estábamos en casa, entramos, Anabela se sentó en el sillón y le ofrecí una bebida, tan solo tenía whisky o gin para un gintonic.

-Un gintonic Andrés! Me vendría bien un trago, aunque no lo creas estoy un poco nerviosa, hace ya mucho tiempo que no estoy con un hombre!

-Tranquila! No hay apuro!

-¿Te puedo decir Andy?

-Claro que sí, mucha gente me dice así!

-Pero en el trabajo te voy a seguir llamando Andrés! No quiero que después se anden diciendo cosas por los pasillos!

-Me parece bien!

Le entregué su copa y me senté a su lado en el sillón, mientras conversábamos yo acariciaba sus manos, o sus brazos o su cabeza apartando su cabello a un costado, terminamos las bebidas y dejando los vasos sobre la mesita, me acerqué a ella y le besé, suave al principio, pero ganando en intensidad con el correr de los segundos.

Mis brazos rodearos su cuerpo juntándolo al mío, los suyos rodearon mi cuello y ya nuestras respiraciones se iban acelerando.

-Como me gustan tus besos Andy!

-Como me gustás vos!

Mi boca bajó a su cuello, besando desde allí hasta la parte libre de sus hombros, para luego volver a su boca.

Me puse de pie, extendí mi mano, ella la tomó y también se paró, de la mano la llevé hasta mi habitación, encendí la luz de la mesa de noche y la cubrí con un pañuelo, dándole una semi penumbra al dormitorio.

Nos volvimos a besar al costado de mi cama, y luego fui desprendiendo uno a uno los botones delanteros del vestido, cuando llegué a su cintura, podía ver a través del encaje de su corpiño blanco, sus oscuros pezones que ya se veían erectos.

Deslicé el vestido por sus hombros, hasta que cayó por su propio peso al suelo, encontrándome con una pequeña tanguita también blanca, a juego con el corpiño.

Luego fue su turno, desprendiendo los botones de mi camisa y quitándola para que cayera también al piso, después fue el turno de mi cinturón y de los botones del pantalón, que metiendo sus dos manos por los costados hizo que también llegara a mis tobillos.

Con solo el movimiento de mis piernas me deshice de los zapatos y del pantalón, quedando solo con el bóxer que ya no ocultaba mi erección.

Nos volvimos a besar, mientras le desprendía el corpiño por detrás, que luego ella misma se quitó, dejándome conocer dos hermosas tetas, tamaño en la media, pero de una hermosa forma, con sus pezones bien duros.

Sus manos poco a poco fueron bajando mi bóxer, hasta que mi erección quedó frente a ella, que mientras me besaba, la tomó con una mano y la acarició suavemente, como reconociéndola.

Me siento en la cama con ella frente a mí, mirándola comienzo a bajar lentamente la tanguita blanca, para encontrarme, al bajar mi mirada, con una conchita perfectamente depilada, sin un solo bello, que es realmente tentadora para recorrerla con mi boca.

Ya desnudos los dos, nos acostamos y creo que en ese momento, se olvidó de sus nervios, nuestras manos no paraban de recorrer nuestros cuerpos, acostada boca arriba, llevé mi cuerpo sobre el suyo, pero sin recargar mi peso, besé su boca, su cuello y bajé a sus tetas, recorriéndolas con mi boca y mi lengua, lamiendo y chupando sus erectos pezones, lo que provocó sus primeros jadeos.

Seguí bajando con mi boca por su cuerpo, lamiendo su ombligo y bajando aún más, hasta llegar a su conchita, que ya estaba mucho más que húmeda.

Mi lengua la recorrió al completo, hasta llegar por último a su clítoris, lamerlos y atraparlo entre mis labios, hasta que me sorprendiera su orgasmo entre gemidos.

-Por favor Andy! Qué delicia! Cuanto tiempo hacía que no sentía algo así!

-Me encantó! Y esto solo es el comienzo!

Ya quería penetrarla, me estiré hasta la mesita de noche, abrí el cajón y saqué la cajita de preservativos que había comprado al salir del trabajo, mientras Anabela me masturbaba suavemente.

-Andy, estoy sana y tengo un DIU, si querés no te pongas forro, me gustaría sentirte bien!

-También estoy sano! Y nada me gustaría más que sentirte sin gomita!

Antes de volver a acomodar mi cuerpo sobre el suyo, Anabela se corrió a un lado y con su mano en mi pecho, hizo que me recostara, para luego bajar desde mi boca, besando mi pecho y mi panza, hasta llegar a mi pija que terminó dentro de su boca, dándome una oleada de placer al sentirlo.

Me la chupó por varios minutos, me estaba llevando de a poco a la eyaculación, y decidí decirle:

-Ana, si seguís me hacés acabar! Y necesito cogerte ya!

-Cogeme toda Andy! Me muero por sentirte adentro!

No me hice de rogar y acomodé mi cuerpo sobre el suyo y no hizo falta ubicarlo, mi glande se apoyó en su entrada y empujé lentamente.

No es que sea un superdotado, me creo en la media, pero recuerdo cuando Miriam me había dicho que le encantaba porque no era tan larga, pero si más gorda.

Fui metiéndola poco a poco, entrando y saliendo de ella lentamente, hasta que me dijo:

-Metémela toda Andy! Quiero sentirla!

Y en un par de embestidas la vi desaparecer en su interior, para comenzar un ida y vuelta cada vez más intenso.

-Que buena pija! Cómo la siento! Seguí Andy! Seguí que te acabo otra vez!

Y seguí. Cada vez más intensamente, hasta que la tensión de sus piernas y el temblor de su cadera me anunciaban un nuevo orgasmo. Pero no me detuve, tan solo aminoré un poco las embestidas, para luego retomar el ritmo.

Un nuevo orgasmo de Anabela me sorprendió y me llevó a la eyaculación en su interior, en verdad me había gustado mucho y cuando se lo iba a decir, Anabela dijo:

-Qué locura Andy! Que placer por Dios! Cómo me hiciste acabar!

-Fue una locura Ana! Me encantó! Me encantan tus orgasmos!

-Te juro que es la primera vez en mi vida que tengo tres orgasmos tan seguidos! Nunca he acabado así!

Me salí de ella y nos quedamos abrazados, desnudos los dos, hasta que el sueño nos atrapó.

El sábado por la mañana, abrí los ojos temprano como siempre y miré a Anabela, que dormía boca abajo, con sus brazos bajo la almohada y una de sus piernas recogidas, dándome un excepcional vista de su tremendo culo, porque es eso un tremendo culo, algo más grande de lo que suele decirse “normal” pero un señor culo.

No me pude aguantar y se lo empecé a acariciar, cosa que hizo que un momento después, Anabela se despertara y sin cambiar de posición, me dijera:

-Qué lindo despertar con esas caricias!

-Me tentó ese hermoso culo que me apuntaba! No me pude resistir!

-Tengo un culo muy grande Andy!

-Me encanta tu culo! Y desde ya te digo que te lo voy a estar tocando todo el tiempo!

-¿De verdad te gusta?

-¿Te lo digo en criollo? Es un señor culo! Y no creo que haya tipo que no te lo mire!

-No soy de mostrarlo!

-Ya me di cuenta! Te lo conocí recién en el parque la primera vez que nos encontramos!

-¿Me miraste el culo ese día?

-Por supuesto! Ese día y todos los demás!

-Que loco estás!

Se acercó a mí y nos besamos suavemente, me dijo que necesitaba hacer pis y fue al baño, por supuesto le miré el culo cuando se iba.

Luego fue mi turno, también hice pis y me lavé los dientes, volví a la habitación, pensando si hacer el desayuno o volver a empezar.

Finalmente me volví a acostar junto a ella, nos besamos, y volvimos a empezar, esta vez fue directo a chupármela.

-Me encanta tu pija Andy! Y mucho tenerla en la boca! ¿Me vas a dejar algún día hacerte acabar con la boca?

-Cuando quieras!

-¿Puedo ahora?

-Cuando quieras!

Le dije mirándola con una sonrisa.

Y vaya si me la chupó, y de qué manera, no tardé mucho en avisarle que estaba por acabar, por si quería sacarla de su boca, pero no fue así, siguió hasta que mi eyaculación mañanera terminó dentro de su boca, y aún así, siguió chupándola un momento más.

-Me encantó! Es la primera vez que me acaban en la boca! Y lo quería probar! Y qué mejor que con esta hermosa pija!

-Fue sublime Ana! Me hiciste acabar como un caballo!

Me sentí en deuda con ella, y luego de besarla y devorar sus pezones, le saqué un orgasmo con la lengua.

Luego sí, nos levantamos y fuimos a desayunar, ese sábado me quedaba en casa, era feriado y no daba clases.

El día estaba gris y decidimos quedarnos en casa, luego del almuerzo, nos volvimos a la cama, bajé la persiana para que no entrara la luz del día y lo volvimos a hacer dos veces en esa siesta que se extendió hasta casi las seis de la tarde.

Anabela me había sorprendido gratamente, era una mujer muy caliente y se dejaba llevar por la excitación, fueron varios sus orgasmos de esa tarde, y no paraba de decirme que ni ella lo podía creer.

Como para salir un rato de la cama, también salimos a cenar esa noche, no sin antes pasar por su casa para que se cambiara, esta vez, con una pollera bastante más corta y una camisa turquesa.

Luego de la cena volvimos para casa y le seguimos dando, creo que Anabela más que yo, estaba recuperando el tiempo perdido.

Cuando nos acostamos, mientras nos besábamos y tocábamos, la hice poner boca abajo en la cama, quería deleitarme comiéndome ese apetitoso culo, bajé besando y lamiendo desde su nuca hasta su culo, mientras se lo tocaba con ambas manos.

Una de mis manos se coló entre sus piernas buscando su conchita, que estaba empapada y aprovechando que levantó el culo para que pudiera llegar mejor, mi boca llegó hasta su esfínter y lo recorrió, jugando en él y metiendo mi lengua suavemente, para luego apoyar mi cuerpo sobre el suyo y penetrar su conchita desde atrás hasta el orgasmo.

Tampoco perdonamos el domingo, al despertar y por la tarde luego de almorzar y antes de que Anabela tuviera que volver a su casa, para estar allí cuando su ex llevara a su hija.

Cuando llegamos a la puerta de su casa, a eso de las siete y media de la tarde, antes de bajar del auto me dijo:

-Me encantó Andy! Me volviste loca de placer!

-A mi también! Y mucho! Espero que se repita!

-Ya lo estoy deseando! Dentro de quince días seguro! Pero si no aguanto lo hablamos!

-Me parece bien Ana! Pero no sé si voy a aguantar quince días!

Durante la semana en el trabajo, nos comportamos como siempre, varias veces estuvo en mi despacho, pero como no suele estar cerrada la puerta, tan solo tuvimos algunas miradas cómplices y comentarios casi en secreto.

El viernes por la tarde, me mandó un mensaje para decirme que su hija tenía el cumpleaños de una compañerita de la escuela el sábado por la tarde, desde las tres hasta las seis de la tarde y que si no tenía planes, podíamos aprovechar esas horas.

Le dije que me parecía una excelente idea y me pasó la dirección de la casa de fiestas infantiles, ella dejaría a su hija y yo la esperaría a una cuadra, nos iríamos para casa y luego la llevaría nuevamente para retirar a su hija.

Aprovechamos muy bien esa tarde, ni bien llegamos a casa, nos fuimos para mi habitación, entre besos nos fuimos desnudando y dimos rienda suelta a la pasión.

Me encantaba de Anabela como se soltaba en la cama, fuera de ella era una mujer normal, educada, bien hablada y muy ubicada, pero en la cama se desbocaba y eso me calentaba más, no se cortaba a la hora de gemir, ni de llamar a las cosas por su nombre, a la pija, pija, a la concha, concha. Metémela toda!, haceme acabar!, como me coges! Como me gusta esa pija! Acabame en la boca! Rompeme la concha! Comeme el culo! Y otras más, eran frases repetidas en los momentos de mayor calentura, y eso me encantaba.

Ese sábado no teníamos mucho tiempo, pero de todas formas me dio cuatro orgasmos y yo le acabé dos veces, una en su boca y otra en su conchita, fueron dos rounds de lo más intensos, pero con un pequeño descanso.

Cuando ya no nos quedaba más tiempo, nos levantamos, nos duchamos juntos, aunque Anabela no se lavó la cabeza, y mientras lo hacíamos, me dijo:

-El fin de semana siguiente, si no tenés planes y lo pasamos juntos, me gustaría probar el sexo anal, nunca lo hice y tengo curiosidad por probarlo.

-Me encanta la idea, y con lo que me gusta ese culo hermoso que tenés, creo que me voy a volver loco!

-No sé si podré, pero lo quiero intentar! Me encanta cuando me comés el culo y jugas con tus dedos! Me excita mucho!

-Lo vamos a hacer despacio, sin apuro, para que lo puedas disfrutar sin sufrirlo!

-Uff! Ya quiero que sea viernes!

-Y yo!

Nos despedimos con un beso en la esquina de la casa de fiestas infantiles, antes de que bajara del auto.

-Gracias Andy! Me encantó!

-A vos hermosa! No sé si hubiera aguantado hasta el finde que viene!

-Jaja, yo no aguantaba!

Esa semana estuvo lleno de miradas cómplices cada vez que nos cruzábamos sin gente delante, creo que ambos estábamos ansiosos.

Continuará…

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