Dos madrugadas que cambiaron mi vida (2)
La madrugada del accidente lo cambió todo. Lo que creía un matrimonio sólido se desmorona cuando la policía revela los detalles de la última noche de su esposa. Pero la verdadera devastación no llega con la noticia de su muerte, sino con lo que él encuentra en su teléfono.
Primera madrugada: No me lo esperaba, no lo vi venir.
Parte 2
Fueron llegando los invitados y Alejandra me los iba presentando, entre ellos su jefe, que nos saludó muy amablemente, aunque no estaba con su esposa.
La idea de esa reunión, era ofrecerles una posibilidad de inversión en un nuevo emprendimiento inmobiliario a desarrollarse en un terreno de veinte hectáreas con todos los servicios en una zona entre City Bell y Villa Elisa, donde se había proyectado un loteo para casas particulares y también una zona de locales comerciales, de servicios y unidades multifamiliares, a manera de edificios bajos con departamentos amplios y de excelente calidad, como así también zonas deportivas con canchas de tenis, pádel, futbol, básquet, piletas de natación, gimnasio, espacios comunes de recreación y varias plazas con juegos para niños.
Según me había contado Alejandra y por lo que pude ir escuchando durante la cena, era un proyecto ambicioso, pero el target de gente allí reunida, que son los que no tienen problemas de solvencia, sin dudas les podría interesar las futuras ganancias.
Al parecer, a varios de ellos les interesó la propuesta, sobre todo respecto de la inversión en los semipisos, que luego podrían vender a un excelente precio.
Luego de la cena, las luces de esa zona bajaron su intensidad y proyectada en una de las blancas paredes de uno de los costados del lugar, Rogelio y Alejandra, de pie frente a todos, mostraron un video donde se podía ver a nivel del suelo, y desde el aire, sin dudas filmado con un dron, como era el predio, desde el ingreso, donde ya estaban construidas las arcadas de entrada y salida del predio, a cada lado de la gran cabina, casi como una casa, de la gente de seguridad y administración del barrio.
Desde el aire, se podían ver las calles internas, las zonas de juegos para niños, todo el terreno totalmente parquizado, incluso una amplia zona con una arboleda, que el jefe de Alejandra explicaba que se había respetado, quedando como una de los lugares de esparcimiento.
La filmación aérea continuaba, mostrando las canchas de los distintos deportes ya construidas, las dos grandes piletas de natación en construcción, y también el gimnasio, avanzando según contó Alejandra a buen ritmo.
Realmente el lugar era impresionante y sin dudas no sería barato vivir allí, pero hay mucha gente que se puede dar esos lujos.
El video terminaba, mostrando varias garitas de seguridad, distribuidas en todo el perímetro del predio, antes de fundirse la imagen en gris y rojo con el logotipo de la consultora.
Las luces se volvieron a encender, y entre Alejandra y Rogelio, entregaron a todos los presentes, una carpeta con toda la información del emprendimiento y los contactos de la consultora, para un asesoramiento más pormenorizado.
Sin dudas la cena y la presentación fueron un éxito, ya de camino a casa, a eso de la una y media de la mañana, Alejandra me comentó que ya tenían agendadas ocho reuniones para asesoramiento individual.
Me sentía orgulloso de ella, de la manera en que se desenvolvía, la seguridad y las ganas que le ponía a su trabajo.
Nos besamos ni bien entramos a casa y nos fuimos directo a la cama, aunque no fue una noche larga, nos hicimos el amor muy calmadamente, pero dándonos placer hasta llegar al orgasmo.
Sin temor a equivocarme, esa cena fue un punto de inflexión en el trabajo de Alejandra, a esas reuniones de asesoramiento le siguieron varias más, incluso por fuera de su horario de trabajo, acomodándose a los posibles inversores.
Casi un mes después, una noche al llegar a casa, me contó que el sábado siguiente por la noche, la consultora realizaría una cena para los nuevos inversores del proyecto, que orgullosamente Alejandra me dijo que eran casi treinta personas, empresarios, funcionarios y deportistas, entre ellos dos jugadores del plantel de primera división de Estudiantes de La Plata, que en todas las entrevistas que hicieron con Rogelio, habían podido conseguir, tanto que el consejo directivo de la consultora los había felicitado y premiado con una semana en Cariló todo pago, tanto a Rogelio y su esposa, como a nosotros dos.
Ese sábado, Alejandra volvió a estar espléndida, con un nuevo vestido de color bordó, entallado y con algo más de escote, aunque sin ser provocativo, y con la espalda casi descubierta, por lo que volvió a ir sin corpiño, estaba radiante.
En esta oportunidad, la consultora había reservado un pequeño pero coqueto restaurante, también de City Bell, pero tan solo para esa cena, sin más comensales que los inversores, sus parejas y la gente de la consultora, algo así como setenta personas.
En criollo sería, “una cena a todo culo”, no faltó nada, excelente comida, servicio y ambientación.
Luego de la cena, una zona del restaurante estaba preparada como para bailar, y la barra de tragos libres para todos.
Algunas parejas fueron a bailar, y muchos de los invitados se dirigieron a la barra por unos tragos, hacia allí íbamos con Alejandra, cuando un hombre trajeado de unos treinta y cinco o treinta y ocho años, se dio vuelta con su bebida en la mano y al ver a Alejandra, se le dibujó una sonrisa.
Alejandra se acercó a él y lo saludó con un beso, luego se giró hacia mí y nos presentó:
-Amor, te presento a Martín Sánchez Brito, él es el ingeniero que alquila mi casa! Martín, él es Andrés, mi marido!
-Mucho gusto Martín!
-Igualmente Andrés! Por fin te conozco! Ale me ha hablado de vos!
Nos saludamos con un apretón de manos, y en ese momento me llamó la atención de que Alejandra nunca me había hablado de él como un inversor, aunque imaginé que lo habría hecho para promocionar el proyecto, dado que si estaba esa noche allí, sin dudas lo había convencido de invertir en el proyecto.
Conversamos los tres un momento y luego de despidió de nosotros, volviendo a su mesa con el trago.
Pedimos nuestras bebidas y estuvimos bailando un buen rato, hacía tiempo que no lo hacíamos.
Cerca de las dos de la mañana, la gente se comenzó a retirar, Alejandra los iba despidiendo junto a Rogelio en la puerta del restaurante.
Casi no quedaba gente ya, cuando Martín se acercó a la puerta, me saludó con un apretón de manos y se despidió de Alejandra con un medio abrazo y un beso, diciéndole que todo había estado muy bien y seguían en contacto.
Creo que ante tanta simpatía y familiaridad, cualquier hombre podría llegar a sospechar, pero sabiendo como es de dada Alejandra y que las relaciones en ese ambiente son de vendedor a comprador, entendía esa confianza.
De regreso a casa, Alejandra estaba más que conforme con la velada y con lo bien que iba el proyecto, aunque aún no se había comercializado ni la tercera parte del mismo.
Entendía la disponibilidad que suponía su trabajo, pero poco a poco, sus horarios de llegada a casa, se fueron extendiendo, incluso algunas veces me avisaba que cenaban con algún inversor y llegaba a eso de las once o doce de la noche.
Esas reuniones nocturnas se fueron haciendo más normales y cada sábado solía acompañarla a esas cenas, incluso fui a una un viernes en la noche, pero al volver a eso de las tres y media de la mañana, le dije que si no lo tomaba a mal, ya no la acompañaría los días viernes, ya que los sábados por la mañana, entraba a la facultad a las ocho, y me había costado mucho dar clases con tan pocas horas de sueño.
Alejandra me dijo entonces que trataría de que esas reuniones fueran los sábados por la noche, ya que le gustaba que yo la acompañara, porque la pasábamos muy bien, y entre otras cosas, para evitar a los pesados que, viéndola sola, buscarían proponerle alguna cosa.
Así fue que en el mes de octubre, a una cena de un viernes, fue Alejandra sola por primera vez, y aunque no me inquietaba que lo hiciera, le pedí que cualquier cosa me avisara.
Esa madrugada la escuché llegar a la una de la mañana, entró a la habitación sin hacer ruido, y al saludarla me dijo:
-Perdón amor, no quería despertarte!
-No pasa nada corazón, te escuché al entrar! ¿Cómo estuvo la cena?
-Muy bien! Cuatro inversores más! Pero dormí, mañana te cuento!
Se sacó el vestido, pasó por el baño y se acostó junto a mí, nos abrazamos y minutos después, ya estaba dormida.
Las ventas de los paquetes de inversión iban muy bien, Alejandra me contaba a menudo de cómo ya habían comenzado a construir dos de los edificios de departamentos, y que ya había más de treinta casas privadas en construcción, el gimnasio ya estaba terminado, al igual que la pileta y el barrio se veía cada vez mejor.
Las cenas de algunos viernes se volvieron a repetir, y Alejandra volvió a ir sola, aunque las que eran los días sábado por la noche, yo la acompañaba.
Eran los primeros días del mes de diciembre, cuando un martes por la tarde me dijo que ese viernes, tenían la cena, pero por primera vez en el espacio multiuso del predio con los inversionistas y futuros inversores, a modo de inauguración del espacio, con un servicio de catering en el lugar.
Nos despedimos a eso de las siete y media de la tarde, Alejandra y Rogelio querían llegar antes que los invitados, para controlar que todo estuviera en orden.
Nos mensajeamos hasta cerca de las diez de la noche, hora en que los invitados ya estaban llegando, deseándole mucha suerte en el evento.
Terminé de comer una tarta con una cerveza, después me senté en el sillón con otra botellita a mirar un capítulo de la serie que me tenía enganchado, tanto que con otro botellín, me miré dos capítulos. Ya casi a las once y media, me di una ducha y me acosté a leer un poco, como cada noche, leí tan solo un par de páginas de la novela que me tenía atrapado, hasta que me dio sueño y me dormí.
Raro en mí, pero achacándoselo a las cervezas que me había tomado, me desperté con ganas de hacer pis, Alejandra no había llegado aún, me levanté al baño y al volver miré la hora en mi teléfono y me sorprendió que siendo las cuatro menos veinte de la mañana, Alejandra no hubiera llegado aún, y no tenía ningún mensaje suyo.
Pensé en llamarla para ver si estaba todo bien, pero no quería parecer controlador de sus horarios, quizás la noche se había extendido algo más por la inauguración.
No me quedé tranquilo, me costó volver a conciliar el sueño y decidí que si a las cuatro de la mañana aún no llegaba, la llamaría, más que nada por si había tenido algún problema con el auto o por si necesitaba que la fuera a buscar, en el caso de que el alcohol hubiera sido mucho.
No me pude volver a dormir, me extrañó que sabiendo que la fiesta se extendía, no me hubiera avisado, no me quería enojar, pero luego se lo diría, que al menos me avisara para quedarme tranquilo.
Estaba en esos pensamientos, cuando sonó mi teléfono, era ella y antes de responder, vi que eran las cuatro menos cinco de la mañana.
-Hola Ale! Estaba preocupado! ¿Todo bien?
Y del otro lado, una voz masculina me dijo:
-Buenas noches, soy el oficial Bermúdez de la policía de la provincia, es usted el familiar de Alejandra Guzmán?
-Sí, soy el esposo…
-Lo llamo para comunicarle que su esposa, ha tenido un accidente con el auto y tuvo que ser trasladada de urgencia al Hospital de Gonnet.
-¿Ella está bien?
-No tengo esa información caballero! La ambulancia la trasladó a dicho nosocomio hace aproximadamente diez minutos, y dentro del auto encontré este teléfono y usted era el primer contacto de la señora.
-Gracias oficial! Ya voy para el hospital!
Al escuchar eso se me aceleró el corazón, y antes de terminar la llamada, ya me había levantado y tomé lo primero que encontré para ponerme, una campera y salí con la moto a lo que dio, en menos de quince minutos estaba entrando a la guardia del hospital.
Me acerqué a un mostrador y pregunté por Alejandra, me informaron que estaba en el shockroom, pero que no tenían información para darme, que me acercara a la sala de emergencia, para cuando saliera el médico me pudiera dar información de ella.
Estaba tan nervioso que no me podía quedar quieto frente a esa puerta.
Recién a las cinco y diez de la mañana, salió de allí un médico, aun con el ambo verde, el gorro y el barbijo que se quitó al verme.
-¿Es usted familiar de Alejandra Guzmán?
-El esposo! ¿Cómo está ella?
-La situación es delicada, su esposa entró en paro en la ambulancia de camino aquí, pudieron reanimarla antes de llegar, pero ya en el shockroom, tuvo un nuevo paro. Pudimos reanimarla nuevamente, pero el panorama no es bueno, tiene un golpe en la cabeza, varios en el cuerpo, fractura expuesta en una pierna, fractura en el brazo izquierdo, un pulmón perforado y suponemos que alguna otra lesión interna, debido a las hematomas que vimos, logramos estabilizarla, la intubamos y la subimos a quirófano, le harán allí una tomografía y seguramente será intervenida quirúrgicamente.
-¿Puedo verla?
-Por el momento no, lo lamento pero los médicos están trabajando. El quirófano está en el primer piso, allí le darán información llegado el momento.
No sabía lo que había pasado, Alejandra no solía tomar mucho alcohol, menos aún si tenía que conducir, ¿alguna mala maniobra? ¿El reventón de un neumático? ¿Algún otro coche? No tenía ninguna certeza de lo que había pasado.
Ya en el primer piso, solo me tocaba esperar a que por aquella puerta saliera algún médico y me dijera algo, las horas pasaban y no tenía ninguna noticia de ella.
A las ocho menos cuarto de la mañana, llamé al titular de la cátedra para avisarle que ese día no podría dar clases y le expliqué la situación.
Minutos después, una pareja también subió al piso y me dijeron que su hijo también estaba allí, por un accidente con su moto.
Los nervios me consumían, a cada médico que veía le preguntaba por Alejandra, pero nada, el no saber nada me estaba volviendo loco.
A las ocho y media de la mañana, los llamé a Leonardo y a Gabriel, necesitaba estar con alguien, que mejor que mis grandes compañeros de la vida.
Veinte minutos después, Gabriel me abrazaba en ese pasillo y no pude contener las lágrimas.
Mientras le contaba lo que sabía, apareció Leonardo, que también me abrazó diciéndome que todo estaría bien.
Los dos se quedaron conmigo tratando de darme ánimos, de convencerme de que todo saldría bien, pero fue recién a las once y media de la mañana, que un médico salió por esa puerta preguntando:
-¿Familiares de Alejandra Guzmán?
-Soy su esposo!
-Lamento decirle que su esposa no pudo lograrlo, lo siento mucho, hicimos todo lo posible, pero las heridas eran múltiples y de gravedad, sus órganos vitales terminaron fallando, su corazón se detuvo y ya no pudimos reanimarla. Tenía un pulmón perforado, el hígado destrozado, el baso roto, fracturas en brazo, piernas, costillas y en el cráneo. En verdad lo siento mucho.
Ya no pude decir más nada, creo que no terminé en el piso porque Gabriel y Leonardo me sostuvieron, me quedé en shock, sin terminar de entender lo que acababa de decirme ese médico.
Mis amigos me abrazaron tratando de consolarme, hasta que rompí en llanto, y lloré no sé cuánto tiempo. Amaba a esa mujer y el solo pensar que ya no la tendría a mi lado me rompía el corazón en pedazos.
Gabriel se quedó conmigo y Leonardo bajó para saber que tenía que hacer ahora, y yo seguía sin entender lo que había pasado.
Un rato después subió Leonardo y me dijo que el oficial Bermúdez, el que había intervenido estaba abajo y quería hablar conmigo.
Bajé junto con mis amigos y el oficial estaba de pie frente a la ventanilla de informes del hospital.
-Soy el oficial Bermúdez, interviniente en el siniestro de su esposa, fui yo quien lo llamó por teléfono. Lamento mucho su pérdida, pero el accidente fue realmente grave.
-¿Se sabe qué pasó?
En ese momento miró a mis amigos y les dijo:
-Por favor caballeros, ¿me permitirían hablar un momento a solas con el señor?
Gabriel y Leonardo asintieron y se retiraron, diciéndome que estarían fumando afuera del hospital.
-Ante todo, decirle que lamento el fallecimiento de su esposa, y necesito comunicarle que la causa fue elevada al juez de turno.
-¿Hay alguien más implicado?
-Mire Andrés, me pongo en su lugar y le voy a comentar algunos detalles que no debería, por razones de la causa, pero creo que tiene que saberlos, aunque luego lo sabrá de manera oficial por el juzgado.
-¿Qué cosa?
En ese momento me mostró su teléfono donde aparecía una foto de mi auto totalmente destruido, volcado hacia un costado, en la que se veía la patente.
-¿Este es su auto verdad?
-Si oficial.
-Su esposa no iba sola en el auto, el hombre que lo conducía falleció dentro del coche, algún ciudadano llamó al 911 y los primeros en llegar fuimos nosotros, y ese hombre ya estaba sin vida. Su esposa estaba con la mitad de su cuerpo fuera del auto, pero aun respiraba, aunque nos dimos cuenta que su estado era grave, cinco minutos después llegó la ambulancia y la trasladaron de inmediato. Quizás los detalles que le daré no sean de su agrado y menos en este momento, pero esto fue lo que encontramos, el hombre estaba con sus pantalones por las rodillas, y en nuestra experiencia, sabemos que no fue producto del accidente, el cinturón del pantalón estaba desprendido. Además su esposa estaba sin su ropa interior, lo que nos hace suponer que el accidente pudo haber sido causado por una mala maniobra, producto de algún hecho que se llevaba a cabo dentro del auto, ¿no sé si me entiende?, las pericias preliminares indicarían que se salió de la cinta asfáltica y al intentar volver, dio un volantazo que hizo que el auto volcara de costado, suponemos que dio un par de tumbos hasta estrellarse en la alcantarilla, de ahí la gravedad del impacto.
-¿Sabe usted quien era ese hombre?
-Encontramos su documentación dentro del bolsillo de su saco, era un ingeniero de YPF, de nombre Martín Ariel Sánchez Brito, oriundo de la ciudad de Las Flores, ¿lo conocía?
-Sí.
-¿Tenía alguna relación con su esposa? Perdón por la pregunta…
-Es… era quien alquilaba una propiedad de mi esposa y era inversionista de la consultora donde ella trabajaba.
-Lo siento, pero tenía que decírselo, no puedo darle más datos, pero creí que antes de que el juez lo citara, era oportuno decirle lo que encontramos. Las pertenencias de su esposa, el teléfono, la cartera, unas carpetas y demás cosas que encontramos en el auto, estarán en el juzgado interviniente, cuando el juez lo cite, seguramente se las entregarán.
-Gracias!
Y estrechándome la mano, se despidió diciéndome:
-Lo siento mucho compañero! Cualquier cosa me podés encontrar en la comisaría de Villa Elisa, tan solo preguntá por mí.
-Gracias.
El oficial salió y al verlo irse, mis amigos volvieron a entrar.
-¿Qué pasó Andy?
Preguntó Gabriel y sin entender del todo aún lo que acababa de escuchar, le respondí:
-Alejandra iba con un tipo en el auto y se murió también…
-¿Y sabés quien era el tipo ese?
Preguntó Leonardo, ya algo alterado.
-El tipo que alquilaba la casa de Alejandra y estaba invirtiendo en un proyecto de la consultora.
-¿Lo conocías?
-Lo conocí hace poco tiempo en un evento del trabajo de Alejandra.
Entonces Gabriel me preguntó:
-¿Y creés que tenía algo con ese tipo?
-Por lo que me dijo el oficial, el tipo iba con los pantalones bajados hasta las rodillas y Alejandra sin ropa interior.
-La puta madre que lo parió! Bien muerto el hijo de puta!
Dijo Leonardo elevando el tono de su voz y al momento Gabriel le dijo:
-Callate boludo!
-Está bien chicos, el oficial me dio a entender que venían haciendo algo dentro del auto y perdió el control, además manejaba el tipo.
-La puta madre…!
Dijo Gabriel mientras salíamos del hospital, me acompañaron hasta el auto de Gabriel, me quedé allí sentado mientras ellos se ocupaban de todo dentro del hospital.
Eran casi las tres de la tarde cuando Gabriel me llevó a casa, Leonardo venía detrás de nosotros con mi moto, ya luego iría buscar su coche.
Esos dos tipos increíbles que agradezco tener como amigos, no me dejaron solo, Leonardo a eso de las ocho de la noche se fue a buscar su auto al hospital y luego ir al cumpleaños de sesenta de la madre de su reciente novia, no quería hacerle el feo a su novia en esa fiesta.
Gabriel habló por teléfono con su esposa, contándole como había sido todo y le dijo que esa noche se quedaba conmigo.
Preparó algo para cenar, pero yo apenas pude tragar bocado y a eso de las diez de la noche me fui a la cama, había sido sin dudas, el peor día de mi vida.
Antes de quedarme dormido, no podía dejar de pensar en lo que estaba viviendo, no solo porque ya no tendría a mi lado a la mujer de la que realmente me había enamorado como, y por el otro, según parecía, que mi amada esposa, tuvo algo esa noche con otro hombre, una gran putada todo.
Me desperté el domingo y antes de abrir los ojos, le pedí al universo que todo sea tan solo un mal sueño, pero al mirar hacia el costado, su lado de la cama estaba vacío, y no pude evitar las lágrimas.
Me levanté, pasé por el baño y casi que en automático, fui a la cocina a preparar, como cada mañana, el mate, para caer nuevamente en la realidad, al ver a Gabriel, aún durmiendo en el sillón del estar.
Tomaba mate sentado en la cocina, perdido en mis pensamientos, cuando una palmada en la espalda, me hizo volver al presente, Gabriel se había levantado y no siquiera lo había escuchado.
Tomamos unos mates, hasta que a eso de las nueve y media, escuchamos la puerta, Leonardo había vuelto con unas medialunas.
Antes del mediodía, Gabriel se fue para su casa y fue Leonardo quien se quedó haciéndome compañía ese triste y doloroso domingo.
Esa tarde, mientras hablaba con Leonardo, me di cuenta de que tendría que avisarle a los familiares de Alejandra, al único que conocí era a su único hermano que vive en la ciudad de Córdoba, y al que había conocido un sábado en la tarde en que había viajado a Buenos Aires a un congreso, y se llegó hasta La Plata para visitar a su hermana y conocerme.
Tomé mi teléfono y toqué su contacto para llamarlo, no era la forma de comunicar tan desagradable noticia, pero no me quedaba otra, sonó el tono de llamada un par de veces y atendió.
-Andrés! Que sorpresa tu llamada! ¿Cómo estás?
-Hola Darío, ¿cómo estás? Perdón que te diga esto por teléfono, pero tenés que saberlo…
-¿Qué paso Andrés?
-Tu hermana tuvo un accidente con el coche y fue tan grave que no pudieron salvarla.
-¿Cómo? Pero que me estás diciendo Andrés? ¿Qué Alejandra está muerta?
-Si Darío! Lamento decirte esto por teléfono!
-La puta madre que me parió! ¿Pero qué pasó?
-Volvía a casa en la madrugada del sábado de una cena de trabajo y aparentemente perdió el control del auto, dio varios tumbos y se estrelló contra una alcantarilla, la ambulancia la llevó al hospital, pero eran tan graves las heridas, que luego de varias horas de quirófano, no pudieron salvarla.
-Por Dios Andrés!
-Lo lamento Darío! Lamento tener que darte esta noticia!
-Joder macho! También lo lamento por vos Andrés! Era mi hermana, pero también tu esposa! Ya me voy para La Plata!
-Bueno Darío, venite para casa, por si no la recordás te paso la dirección.
-Dale! Seguramente llegue mañana a primera hora!
-Te espero! Un abrazo Darío!
-Otro Andrés! Nos vemos mañana!
Luego lo llamé al titular de la cátedra, para contarle lo que había ocurrido y le dije que me tomaría en un principio dos semanas de licencia, pero que seguiríamos en contacto por los temas que estaba dando en las clases.
Esa noche Leonardo se quedó a dormir en casa, y al día siguiente se iría directamente a su trabajo.
El lunes temprano, llamé al ministerio, hablé con el director general, le expliqué la situación y le dije que me tomaría en un principio dos semanas de licencia, ya luego vería si volvía o la extendía quince días más, también llamé a la filial de la consultora, para comunicarle a Rogelio, el jefe de Alejandra lo que había ocurrido, el hombre no lo podía creer, y me pidió que le avisara cuando sería el sepelio.
Darío llegó a casa el lunes cerca de las nueve de la mañana, al abrir la puerta, nos saludamos con un abrazo, dándonos mutuamente las condolencias, mientras tomábamos unos mates, le conté los hechos, tal cual yo los sabía, sin omitir la posibilidad de que su hermana me estuviera engañando esa noche, aunque no tenía la certeza.
También hablamos de la casa de su hermana, de la que le entregué las llaves, ya que no me correspondía nada a mí de esa casa, que era de Alejandra desde antes de que nos casáramos.
El velatorio fue al día siguiente, cuando el juez lo habilitó, fueron tan solo un par de horas, y allí estuvimos Darío y yo, mis amigos, las amigas de Alejandra y varios compañeros y directivos de la consultora, incluso Rogelio, el jefe de Alejandra con su esposa.
De lo que ocurrió con la familia de ese hombre que iba con Alejandra en el auto nada supe, supongo que desde el juzgado o la policía se habrían encargado de contactarlos.
Esa semana fue la más dolorosa de mi vida, Darío se volvió a Córdoba el miércoles por la mañana, mis dos amigos estuvieron todos los días conmigo, uno, el otro, o los dos, aunque ya no se quedaron a dormir, les dije que siguieran con su vida, a pesar de la tristeza y el dolor, tenía que empezar a pensar en cómo seguiría mi vida a partir de esto.
La semana siguiente, once días después de esa fatídica madrugada, me citaron del juzgado para que me presentara al día siguiente y en verdad me sorprendió la celeridad de la justicia.
Me presenté bien temprano, pero igualmente tuve que esperar casi dos horas en la sala de espera del juzgado.
Un secretario del juez, me hizo pasar a un despacho, donde me explicó que la causa se había cerrado, ya que no había otras implicancias que investigar.
Me entregarían el auto que había sido peritado y estaba en un depósito judicial y las pertenencias de Alejandra que estaban dentro del auto.
Me mostró y me hizo leer el expediente donde constaban los informes policiales, médicos y periciales, los dictámenes de la justicia y otros documentos.
Firmé todo sin siquiera leerlo, ya lo haría en algún momento en casa, ya que me daban una copia.
Por último, el hombre del juzgado me entregó una caja donde estaban las cosas de Alejandra que estaban dentro del coche, su cartera, su teléfono móvil, varias carpetas de su trabajo, un estuche con maquillaje que solía tener en la guantera, un paraguas plegable, un par de zapatillas y un abrigo.
Firmé otro documento por esa entrega y con la caja en la mano, me volví para casa en un taxi.
Al entrar, dejé la caja sobre la mesa y me senté en el sillón sin poder evitar nuevamente las lágrimas, la puta madre, tenía en el teléfono de Alejandra la posibilidad de conocer más detalles de lo que había ocurrido, pero… ¿valía la pena? ¿Serviría de algo saber si en verdad Alejandra me había sido infiel? Si así fue,¿ habría sido tan solo esa noche o por más tiempo?
Dejé la caja en el piso junto al mueble, ya decidiría luego que hacer, tan solo saqué de allí las carpetas de la consultora para llevárselas, no tenía sentido que yo las tuviera.
Pedí una semana más de licencia en ambos trabajos, en verdad no sabía qué hacer en casa, y volver a mis actividades haría que dejara de pensar todo el tiempo en lo mismo, cada vez que entraba a casa o me sentaba en el sillón, veía esa bendita caja. Esa tarde tomé la decisión, saber todo lo que hubiera que saber y darle un cierre a esta etapa de mi vida, que definitivamente tenía que continuar.
En la tardecita fui a la cocina, me destapé una cerveza, mi amiga de los últimos días, le di dos tragos camino al estar, abrí la caja y saqué el teléfono, que por supuesto estaba sin batería, lo puse a cargar.
Me terminé la cerveza mirando la pantalla que marcaba cinco por ciento de carga, le di al botón de encendido y fui a la cocina por otra cerveza.
Cuando volví, ya había encendido y pude ver la foto de fondo de pantalla que ya conocía, una de los dos en Mar del Plata.
El teléfono indicaba varias llamadas perdidas y un montón de mensajes recibidos de muchas personas, fui directamente al whatsapp, para ver sus últimos chat, sin dudas buscando conversaciones con ese hombre.
Recorrí la lista de chat, donde muchos tenían mensajes nuevos, pero no veía ningún Martín, fui a los contactos, hasta la letra M, pero no había ningún Martín, tan solo tres “Martina”, una Villar, otra Cácers y una “Martina S”, ni tampoco Sánchez en la S. En ese momento, se me ocurrió que quizás no lo tenía agendado con su nombre, pero tampoco lo tenía como “inquilino”.
Volví a los chat y comencé a mirar desde arriba, es decir los últimos, hasta que diez chat más abajo, el primero sin mensajes nuevos, que era con “Martina S”, el último mensaje era de Alejandra y decía: “esta tarde no puedo, pero nos vemos esta noche en la fiesta” y era del viernes previo a la fatídica madrugada. Ahí me di cuenta que era ese tipo.
Fui hasta los mensajes más viejos, de hace más de un año atrás, los primeros, durante varios días, eran por cuestiones del alquiler de la casa, todos sobre ese tema.
Luego de un par de meses, Alejandra le escribió para decirle que le transfiera el alquiler a una nueva cuenta y le pasa los datos. Luego algún que otro mensaje en varios meses, por temas de la casa, hasta que casi tres meses atrás, Alejandra le había escrito preguntándole si lo podía llamar.
Diez minutos después, el mensaje de la llamada que había durado dieciocho minutos, y al día siguiente, el le escribió un mensaje diciéndole que le podría interesar la inversión, pero que le gustaría reunirse con ella personalmente.
Dos días después se encontraron, y a partir de allí, los mensajes fueron más seguidos, casi todos los días, incluso uno de ella invitándola a esa fiesta en que lo conocí, por la fecha me di cuenta.
Luego de eso según pude leer, hubo otros encuentros, en un café y una noche a cenar, cosa que Alejandra nunca me había contado, hasta que unos días después, el le decía en un mensaje que le había encantado ese encuentro en su casa, pero que había tenido gusto a poco y que estaba deseando repetir.
Y sí repitieron, cómo si enterarme de eso fuera poco, días después, el tipo le pedía fotos y mi esposa le había enviado una tomada en el baño de casa, aparentemente recién bañada, porque aún tenía su pelo mojado y con un conjunto de ropa interior blanco, bastante diminuto y que dejaba poco a la imaginación, donde solo se veía de su cuello a sus rodillas, para que inmediatamente el tipo le contestara que hubiera querido que se le viera la cara, para ver su cara de putita mientras se sacaba la foto, fue muy fuerte para mí, se me aceleró el corazón, pensando en que en esos momentos, creía yo que teníamos una relación sólida y que no teníamos secretos, y menos de esta clase.
Un momento después, mi amada esposa le enviaba una selfie, esta vez de espaldas al espejo del baño, donde desde un poco más arriba, se sacaba la foto, viéndose su cara en primer plano y su espalda, sin el corpiño y con la pequeña tanga, su culo reflejado en el espejo, recibiendo varios mensajes que hubiera preferido no leer. Que boludo, que decepcionado me sentí en ese momento, aunque ya de nada me servirían esos sentimientos.
Y como si fuera poco, como el clavo que le faltaba a mi cruz, en un mensaje de varios días después, el tipo le decía: “me encantó cogerte ese culito hermoso” y uno más a continuación, “te dije que te iba a gustar, putita linda, ya quiero repetir”.
Ya no seguí leyendo los mensajes, con el dedo fui deslizando hasta mensajes más actuales, tan solo me detuve para ver una foto que mi fiel esposa le había enviado, mostrándole las tetas en el reflejo del espejo de un baño, supongo en su trabajo, por la hora del mensaje.
Llegué hasta los últimos días, habían arreglado y ella pasó el miércoles de esa semana por su casa, y sin dudas, había sido ese el último encuentro y seguramente su último polvo.
Apagué el teléfono, lo volví a dejar dentro de la caja y llevé la caja al lavadero, ya vería que hacer con eso en otro momento.
Al día siguiente, comencé a juntar y embolsar todas las cosas de Alejandra, de momento dejaría todo eso en el lavadero, ya vería luego que hacer, necesitaba no ver más nada suyo.
Fui a buscar otra cerveza, me volví a sentar en el sillón y me quedé pensando en que seguramente esa noche irían a su casa a coger antes de venir, y que habrían comenzado en el viaje de regreso, si el tipo estaba con los pantalones por las rodillas, y ella sin ropa interior, sin dudas se irían tocando o incluso ella se la iría chupando y al boludo se le fue el auto a la banquina, y ahí se acabó todo.
Creo que hice bien en mirar eso, de alguna forma me sirvió para estar al tanto de lo que venía ocurriendo a mis espaldas, ¿Qué hubiera ocurrido si el accidente no hubiera existido? ¿Hubieran seguido esos encuentros? ¿Seguirían sus infidelidades? Nunca tendré esas respuestas.
No hubiera creído que algo así me pasaría, me había enamorado de esa mujer, que en esa maldita madrugada se fue de mi vida, pero se fue haciéndome saber que era un cornudo.
Dos dolores que se retorcían en mi alma, haciendo de ese dolor algo mucho más duro, pero de alguna forma que quizás no logre entender, el saber de sus mentiras, de sus ocultamientos y de sus infidelidades, hizo que de algún modo, se deshiciera la imagen que tenía de ella y de nuestra relación y buscara la forma de dar un paso hacia adelante, de volver a los carriles de mi vida, aunque no sería nada facil.
Una semana después, volví a mis dos trabajos.
Continuará…
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- Hetero: Infidelidad
Crisis de los 40- 2°Parte (2)
Luis creía haber superado a Clara, pero la noche de la boda de Rosa desentierra viejas heridas.
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Mi esposa quería una vida social activa
La barbacoa en su jardín se convirtió en el escenario de su humillación cuando él entró sin invitación.
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Salvando a Livia: Capítulos(6 y 7)
La prensa ha destrozado su reputación, pero el peligro real acaba de irrumpir en la mansión.
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Quid pro quo
Marco y Caty nunca imaginaron que sus novios fueran amantes del pasado. Ahora, la verdad los ha atrapado en una red de celos y deseo prohibido.
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El amigo de la pareja Parte 1 (relato )
Mario siempre supo que David no era rival. Pero cuando la oportunidad de tocar a Marcia se presenta bajo la sombra de un secreto oscuro, la amistad…
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