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Dos madrugadas que cambiaron mi vida (1)

Ella ya no es la estudiante tímida que necesitaba sus clases; ahora es la subjefa que domina la sala de reuniones. Él la mira desde la sombra, consciente de que el vestido sin corpiño no es solo moda, sino una invitación silenciosa a lo que queda por hacer.

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Prólogo

Fueron dos madrugadas, poco más de tres años pasaron entre ambas, pero las circunstancias en cada una de ellas, hicieron que mi vida diera un giro de timón inesperado, alterando por completo mis días, mis sentimientos y mis proyectos de futuro.

Soy Andrés Cueto Pérez, contador público nacional, egresado de la Universidad Nacional de La Plata hace ya doce años. Actualmente soy director en una dependencia del área de salud del gobierno provincial y docente de la facultad de ciencias económicas de la universidad en la que me formé, y es esa en verdad, mi gran pasión.

Hijo único de Gualberto Cueto Vargas, nacido en Huancayo en el vecino Perú, vino al país a estudiar ingeniería civil y se quedó a vivir aquí, tan solo volvió a su país natal para visitar a sus familiares que quedaron allí.

El motivo por el que se radicó en Argentina, Inés Magdalena Pérez, mi madre, profesora de matemáticas, su gran pasión, y creo que de ella heredé el amor por la docencia. Se conocieron mientras papá estudiaba, se enamoraron, se casaron, años después nací yo y hasta sus últimos días estuvieron juntos. No hay día en que no los tenga presentes en mi memoria.

Primera madrugada: No me lo esperaba, no lo vi venir.

Parte 1

Sé que no todo el mundo puede decir lo mismo, pero yo tuve una infancia y una adolescencia feliz, nuestra familia siempre fue muy unida, papá y mamá se llevaban muy bien, y siempre se ocuparon de mí, de mis necesidades, mis gustos y por supuesto de mi futuro.

Siempre fui consciente y agradecido con ellos por su forma de ser y de tratarme, y también siempre intenté ser un buen hijo, y creo que lo he sido.

Tengo dos grandes amigos, de esos de verdad, con los que sé que puedo contar siempre, Leonardo y Gabriel, nos conocimos en la escuela secundaria y desde entonces no nos hemos separado, y por supuesto, ellos también pueden contar conmigo para lo que sea.

En el tradicional viaje de fin de curso de la secundaria a San Carlos de Bariloche, conocí a la que fue mi primera relación formal de novios, Miriam. Ella también vivía en La Plata y coincidimos en ese viaje porque ambos colegios lo hicimos por la misma empresa.

No pasó nada en ese viaje, tan solo nos conocimos y hablamos varias veces, me gustó desde que la vi aquella primera noche de discoteca y no me detuve hasta que logré que me diera su número de teléfono cuando regresamos a La Plata.

Sin demasiadas expectativas, unos días después la llamé, y para mi sorpresa aceptó encontrarnos una tarde para tomar un café.

Casi dos meses después, ya éramos novios y para mí fue algo tan lindo como deseado.

Ya había tenido algunas experiencias sexuales previas a conocerla, pero nada importante, polvos de una tarde o noche, pero nada reseñable, y fue con Miriam que podría decir que comenzó mi vida sexual y regularmente activa.

Al año siguiente, ambos comenzamos la universidad, Miriam en la de derecho y yo en la de ciencias económicas, y nuestros momentos para vernos, se fueron achicando, solo uno o dos días a la semana y los fines de semana.

En ese año, conocí a su familia y ella a mis padres, sin dudas nuestra relación iba para largo.

Faltando un par de meses para que termináramos el primer año de carrera, un sábado por la tarde, mientras tomábamos unos mates en su casa luego de un excitante encuentro de pasión, Miriam me comentó que la carrera de abogacía no era lo que ella creía y que al año siguiente, había pensado comenzar la carrera de trabajo social.

Suele ser muy común que chicos y chicas, al terminar la secundaria, no tenga bien en claro lo que quieren para su futuro, y este parecía ser el caso.

Le dije que tenía que estudiar lo que realmente le gustara, eso sería su futuro profesional y tenía que ser a su gusto.

Así fue que al año siguiente, Miriam empezó su nueva carrera y yo el segundo año de la mía, y al igual que el año anterior, nuestros encuentros después de vernos casi todos los días del verano, se volvieron a espaciar.

A Miriam parecía gustarle más esa carrera, aunque le insumía más dedicación, incluso estudiando o haciendo trabajos los fines de semana, por lo que nuestros encuentros, y sobre todo los íntimos se fueron espaciando.

Era el mes de mayo, cuando luego de casi tres semanas sin vernos, de tan solo hablar por teléfono algunos días, nos encontramos un sábado a la tardecita, antes de que ella se fuera a una fiesta en su facultad, tomábamos un café en un bar del centro, y luego de contarnos algunas cosas de nuestros días, la notaba como nerviosa o con alguna preocupación y se lo pregunté:

-Miri, ¿estás bien? ¿Te pasa algo?

-Andy, en verdad tengo que decirte algo…

No sé por qué, pero en ese momento imaginé por donde soplaba el viento.

-Decime!

-Creo que me está pasando algo con otro chico, un compañero de la facultad!

-¿Me estás diciendo que te enamoraste de otro?

-No lo sé, pero me pasan cosas…

-¿Por eso hace tantos días que no nos vemos?

-En parte sí!

-Una sola pregunta te voy a hacer y espero que me contestes con la verdad! ¿Ya te acostaste con él?

Mientras hablaba me miraba a los ojos, pero cuando hice esa pregunta, bajó la mirada, y no hizo falta que me lo dijera, ya lo había hecho con su expresión.

-Siempre pensé que eras una buena mujer, pero veo cuanto me equivoqué!

-Por favor Andy!

-Somos grandes Miriam! Al menos hubiera esperado algo de respeto!

En ese momento me puse de pie, y antes de salir del bar le dije:

-Todo vuelve Miriam! Nunca te olvides de eso!

-Perdón Andy…!

- A Dios pedile que te perdone! Lo que es de mi parte… olvidate!

Salí del bar sin siquiera pagar lo que habíamos tomado, dolido, enojado y decepcionado, sintiéndome un boludo con unos buenos cuernos.

Pero días después, buscando recuperarme de ese golpe, me propuse ponerme a full con la carrera y recibirme lo antes posible.

Empezando el cuarto año de la carrera, a través de un amigo de papá, conseguí trabajo en el área contable de una dependencia del ministerio de salud de la provincia, y comencé a tener mis primeras experiencias y mis primeros ahorros, ya que papá y mamá no dejaron de bancarme económicamente, y siempre me decían que con ese dinero que iba guardando, al recibirme, podría pensar en montar mi propio estudio contable.

Me metí tan de lleno en la carrera, que en el último año, me propusieron ser ayudante de cátedra y acepté, y fui uno de los mejores promedios de mi promoción, llegando al título de contador a mis veinticinco años.

En esa cátedra al año siguiente, me propusieron ser profesor adjunto y por supuesto acepté, sin dudas la mejor elección laboral de mi vida, y no por el salario mensual que significa, sino por lo me gusta dar clases.

En el ministerio las cosas iban cada vez mejor, ya con el título, mi jefe me dijo una mañana, que en año y medio se jubilaba y que me recomendaría para ocupar su cargo, cosa que me alegró mucho.

Mi vida con las mujeres en esos años, no pasaban de encuentros pasionales de una noche, algunos de varios encuentros y tan solo con una de esas mujeres, nos estuvimos viendo por casi tres meses, aunque nada serio, ninguno de los dos buscaba una relación estable y solo nos encontrábamos en su casa o en mi departamento para dar rienda suelta a increíbles sesiones sexuales, Patricia se llamaba esa chica, y puedo decir que con ella obtuve el certificado oficial de hombre sexual, nos hicimos de todo, experimentamos muchas cosas juntos, se había separado de su marido hacía un par de años, y se puso al día sexualmente conmigo, claro, yo también con ella. Probamos variantes sexuales que no habíamos realizado, incluso yo con otras mujeres, como el sexo anal, que le encantaba, tanto como que le acabara en su boca para tragarse toda mi eyaculación.

Hicimos muchas locuras, en lugares públicos, en el auto, en un parque a media noche, probamos juguetes sexuales, sobre todo los fines de semana, donde las sesiones solían durar varias horas, con descansos por supuesto, pero con un sinfín de orgasmos suyos y dos o tres eyaculaciones mías, donde ella las quisiera.

Pero como lo bueno dura poco, luego de un fin de semana juntos en la costa, me dijo que su ex esposo le había dicho de encontrarse para ver si podían volver a estar juntos, y dos semanas después, en un sábado a la noche de despedida de nuestros encuentros de pasión, me dijo que lo iban a intentar.

A mis veintiocho años, al jubilarse mi jefe, quedé a cargo del área contable, a la espera del nombramiento que lo hiciera oficial.

Las clase en la facultad, seguían siendo mi trabajo favorito, y sabía por alumnos y por otros profesores, que era bien considerado y bancado por los alumnos.

Daba clases los martes por la tarde, hasta las siete de la tarde, los miércoles hasta las diez de la noche y los sábados por la mañana, desde las ocho y hasta las doce del mediodía.

Cuando cumplí los treinta años, con un cambio de gobierno y por consiguiente de autoridades en la dependencia, me ofrecieron la dirección de administración, y luego de evaluar la decisión, terminé aceptando, al menos por los cuatro años que duraba esa gestión.

Al comenzar ese año, en una de las materias de la facultad, una de las alumnas era bastante mayor que el resto, que casi siempre eran chicos y chicas jóvenes. En una conversación que tuvimos, me contó que tenía veintinueve años y que había dejado la carrera en el tercer año por problemas familiares, pues había tenido que ponerse a trabajar, luego de la muerte de su padre.

Veía que al principio le costaban algunas cosas, pero le ponía empeño, siempre me consultaba, participaba en las clases y trataba de llevar la materia el día.

Una tarde, al terminar la clase, me hizo una consulta sobre un tema y le propuse explicárselo mientras tomábamos un café en el buffet de la facultad.

Alejandra Guzmán su nombre, y a partir de esa tarde, la relación con ella, sobre todo por el interés que le ponía a sus estudios, se fue estrechando.

Más bien baja de estatura, un cuerpo dentro de los cánones, sin nada que sobresaltara, y vestida habitualmente con ropa normal, muchas veces holgada, sin mostrar curvas, ni piernas, ni escotes.

Aprobó con muy buena calificación ese año, y no porque yo le regalara nada, fue su esfuerzo el que lo logró.

Al año siguiente ya no la tenía como alumna, pero seguíamos en contacto y bastante seguido, solíamos encontrarnos en la facultad y le ayudaba en varias materias.

Siempre fue muy agradecida por mi ayuda, y a mitad de ese año, a manera de agradecimiento, me invitó a cenar un viernes en su casa.

Ese fue nuestro primer encuentro fuera de la facultad, luego vinieron algunos cafés en el bar de enfrente, otras cenas en su casa, en la mía y en algunos restaurantes, hasta el mes de agosto de ese año, que luego de cenar en casa, fuimos mas allá en nuestra relación, y terminamos en mi cama.

Creo que los dos estábamos algo nerviosos, quizás por ser la primera vez, y no fue una noche para tirar fuegos artificiales, pero estuvo muy bien.

Esa fue la primera vez que pasó la noche en casa, y el sábado cuando me fui para la facultad, la dejé durmiendo. Al volver, me sorprendió esperándome con el almuerzo y se terminó quedando todo el fin de semana.

Ese sábado por la tarde, luego por la noche y un par de veces el domingo, fuimos puliendo nuestra sexualidad, conociéndonos un poco más, soltándonos y disfrutándolo cada vez más.

En la sesión del domingo, ya más calmados, sin tantos apuros, nos recorrimos con manos, dedos, labios y lenguas, nos dimos mucho placer, varios orgasmos me dio Alejandra y yo en su interior eyaculé dos veces esa tarde.

Allí comenzó una relación más profunda entre los dos, a la que por un tiempo no le poníamos nombre, nos encontrábamos varios días a la semana y los fines de semana dormíamos juntos en su casa o en mi departamento, lógicamente, encontrándonos sexualmente varias veces en esos días.

En los primeros días de diciembre, en una visita a mis padres, me contaron que en el mes de enero, se irían los dos por más de un mes a Perú, a visitar a la familia de papá, que irían por primera vez en auto, recorriendo varios lugares de Argentina y de Chile antes de llegar a Perú, eran casi cinco mil kilómetros de ruta, pero papá me dijo que lo harían en varios días, tanto al ir como al volver, hacía unos meses que papá había comprado la camioneta Toyota, y entendí en ese momento cual era el fin.

Sin dudas toda una aventura, pero que me ponía feliz de que pudieran hacerlo.

Para las fiestas de fin de año, mis padres conocieron a Alejandra, almorzamos en casa de ellos el primero de enero, y luego hablando con papá y mamá, les pareció muy agradable, según mamá, “es una mujer para vos”

Dos días después, arrancaba su aventura y nos despedimos en la puerta de su casa, y antes de irse, papá me dijo que si daba para más días, pues seguirían viajando y conociendo.

Cuando tuve las vacaciones en la segunda quincena de enero, nos fuimos con Alejandra diez días a Mar del Plata, y sin dudas en esas vacaciones, nuestra relación se afianzó mucho más, tanto en la convivencia como en la cama, donde no perdonamos ni una noche.

Fueron unos días tan lindos, de compartir tantas cosas, y disfrutarnos a pleno, de sentirnos tan bien juntos, que al regresar a La Plata, le pedí que se viniera a vivir conmigo, y aceptó.

Casi un mes después, días antes de que mis padres regresaran de su viaje, Alejandra ya estaba viviendo en casa, y allí comenzamos a compartir nuestras vidas.

Ese año Alejandra cursaba el último de la carrera, y al venirse a vivir a casa, puso en alquiler la suya, completamente amueblada, para tener otro ingreso mensual.

Así fue que un par de meses después, un ingeniero que trabajaba en la planta de YPF, se la alquiló. La ocupaba de lunes a jueves, y los fines de semana, se volvía a su ciudad con su familia.

Como con mis ingresos nos podíamos arreglar sin problemas y fue una tarde durante los mates, que le propuse a Alejandra que dejara su trabajo de las mañanas en la compañía de seguros y se dedicara de lleno a los estudios, y luego de hablarlo un par de veces más, así lo hizo.

El tener más tiempo, le permitió hacer, además de la carrera, algunas capacitaciones importantes que le vendrían bien al momento de buscar trabajo como contadora.

Yo le dije que podría tocar algunos contactos para que pudiera trabajar en el ministerio, o también seguir como docente en la facultad, pero Alejandra me decía que le gustaban más las finanzas, las inversiones o los capitales de riesgo, y que le gustaría conseguir un trabajo por su propio mérito, y por supuesto lo entendí, y viendo su capacidad y su tesón, no me cabían dudas de que lo conseguiría.

Terminó todas las cursadas y en el mes de diciembre y también rindió todos los exámenes finales llegando al título.

Lo festejamos con los amigos un viernes por la noche en un bar y luego nos fuimos los dos, unos días a Mar de las Pampas, casi hasta fin de año, donde en una cena en un hermoso restaurante, le pedí que se casara conmigo, y entre lágrimas de emoción, me dijo que sí.

Volvimos a La Plata y pasamos las fiestas en casa de mis padres, que ya estaban pensando en hacerse otro viaje, esta vez al sur del país.

En el mes de enero, con Alejandra hicimos su curriculum, aunque aún no tenía su diploma oficial de contadora, ya tenía el certificado analítico que avalaba el término de la carrera, y con muy buen promedio, agregamos además todos los cursos que había realizado y los que había comenzado en esos días, uno de software de administración contable y otro de inversiones.

Los primeros días de febrero, comenzó a presentarlo en varias empresas, consultoras y estudios contables, y como suele ocurrir, le decían que luego de analizar su curriculum, se comunicarían con ella telefónicamente.

Decidimos pasar por el registro civil para dar el “si” a mediados de marzo, y tan solo fueron nuestros amigos, mis padres y algunos compañeros de trabajo de ambos, Darío, el hermano de Alejandra, y su única familia, no pudo venir desde Córdoba ese día por cuestiones de su trabajo.

Luego de la sencilla ceremonia, nos fuimos a almorzar con mis padres, dos amigas de Alejandra y mis dos amigos. Decidimos en esos días, que en las vacaciones de invierno haríamos algún viaje, a manera de viaje de bodas.

Así pasaron casi cuatro meses, hasta que un viernes a mediados del mes de mayo, la llamaron de una consultora donde había dejado su curriculum en el mes de abril, para una entrevista el lunes siguiente.

Estaba tan feliz ese viernes, que salimos a cenar para festejarlo, y lo festejamos a lo grande, luego de la cena en un lindo restaurante, nos fuimos a tomar una copa a un pub de estilo irlandés, y de ahí nos fuimos para casa, donde tuvimos una de las mejores noches de pasión. Alejandra estaba eufórica y me lo demostró también con los orgasmos de esa noche, que fue bien larga, luego del primer round, descansamos un poco entre besos y caricias, pero ambos estábamos con ganas de más, Alejandra comenzó una mamada hasta lograr que mi erección volviera a estar a full, y a horcajadas sobre mí, me cabalgó hasta el orgasmo, bueno, los orgasmos, porque fueron dos, antes de que terminara eyaculando en su interior, y exhaustos los dos, nos dormimos casi a las cinco de la mañana.

El domingo a pesar de la euforia por la entrevista, le entraron los nervios, era su primera entrevista como profesional, pero le dije que estuviera tranquila, que hablara pausado, que no omitiera nada de lo que figuraba en su curriculum, y que informalmente, podría mencionar su trabajo en la compañía de seguros, aunque no era afín con el puesto, serviría como antecedente laboral, sobre todo en el trato con clientes y público en general.

La entrevista era a las dieciséis horas, y ese día salí un rato antes del ministerio para acompañarla.

Llegamos quince minutos antes y nos despedimos con un beso en el auto antes de que bajara.

-Estoy muy nerviosa Andrés!

-Tranquila! Respirá hondo varias veces antes de entrar y sé vos misma! Estoy seguro que lo vas a conseguir!

-Gracias mi amor!

-Te amos corazón! Mucha suerte!

Bajó del auto, iba impecablemente arreglada, con una pollera negra tipo tubo hasta las rodillas, una camisa blanca y una chaqueta color cuero, a juego con los zapatos de taco medio y la cartera.

Me quedé en el auto esperándola, y minutos antes de las cinco, la vi salir del moderno edificio de oficinas, la sonrisa en su rostro, indicaba que le había ido bien, y me lo confirmó al subir al auto y darme un abrazo y un beso con lágrimas en los ojos.

-Tengo otra entrevista el miércoles! Ya con el jefe del área del puesto a cubrir!

-Esa mi vida! Yo sabía que te iba a ir bien! Y ya te digo que en la del miércoles te van a decir que el puesto es tuyo!

-Dios te oiga!

-Vas a ver que sí!

Volvimos a festejar apasionadamente, pero esta vez fue desde temprano, ni bien entramos a casa, nos comimos las bocas mientras nos desvestíamos mutuamente, ya desnudos los dos, ni llegamos al dormitorio, abrazados fuimos dando pequeños pasos hasta llegar al sillón, donde me senté, y ella a horcajadas sobre mí, se penetró completamente, ya estaba más que mojada.

Dos orgasmos tuvo mientras me cabalgaba, luego cambiamos de posición, apoyó sus rodillas separadas en el sillón, y sus brazos en el respaldo, quedando a la altura justa para que la penetrara desde atrás.

Yo aún no había acabado y en esa posición, ya estaba a punto, pero quería conseguir que ella llegara al orgasmo nuevamente, y aceleré las embestidas provocándoselo, y al sentir sus temblores y sus gemidos, me dejé ir en su interior.

Nos sentamos abrazados en el sillón entre besos y caricias, y me di cuenta que la cosa no había terminado ahí, me puse de pie, la tomé en brazos y la llevé a nuestra cama.

Nos acostamos los dos y volvimos a comenzar, besos intensos, lenguas recorriendo nuestros cuerpos, chupadas, lamidas y más caricias, hasta que mi erección volvió a estar a tope, y allí volvimos a comenzar, aunque esta vez, algo más calmados, en la posición del misionero, con muchos besos y palabras bonitas, Alejandra llegó a su orgasmo, yo daba para un rato más, y seguí embistiéndola mientras succionaba y mordisqueaba sus pezones, hasta que en el momento que le llegó un nuevo orgasmo, terminé eyaculando en su interior.

Nos quedamos recostados y nos dormitamos, se nos hizo la hora de la cena, y aún estábamos desnudos en la cama.

Nos duchamos juntos y pedimos comida ya preparada. Mientras la esperábamos, me fue contando de la entrevista, su perfil encajaba con lo que la consultora estaba buscando para ampliar su plante de personal, ya que estaban expandiendo sus negocios, mayoritariamente enfocados a la construcción, a inversiones inmobiliarias y proyectos de fondos de inversión.

A la entrevista del miércoles también la acompañé y la volví a esperar en el auto, y al salir, me di cuenta de que lo había conseguido, su cara de felicidad me lo decía, subió al auto y me dijo mientras me abrazaba:

-Sí! Sí mi amor! Lo conseguí!

-Lo sabía corazón! Nunca dudé de que lo ibas a lograr!

-Comienzo el primero de junio a las nueve horas! Voy a trabajar de nueve a quince, de lunes a viernes, los primeros tres meses, que son a prueba! Y el sueldo es buenísimo! Creí que por ser un contrato a prueba, sería mucho menos, pero es casi tres veces lo que ganaba en la compañía de seguros!

-Y estoy seguro que no solamente vas a quedar luego de esos tres meses, sino que además, vas a hacerlo tan bien, que en poco tiempo serás más que considerada!

-Te juro que lo voy a hacer lo mejor que pueda para que me contraten definitivamente!

-Y lo vas a conseguir también! Ya vas a ver! Estoy muy orgulloso de lo que has logrado!

Esa noche para festejar su nuevo trabajo, volvimos a salir a cenar a un lindo restaurante, pero como al día siguiente, yo tenía que ir a trabajar, luego de la cena, nos volvimos para casa.

En esos días que quedaban hasta fin de mayo, salimos un par de tardes a comprar ropa para Alejandra, ya que tendría que ir bien vestida todos los días.

Se compró un par de conjuntos de pollera y chaqueta de colores diferentes, un par de pantalones de vestir, varias camisas y dos pares de zapatos, como para comenzar, tendría varios cambios de ropa.

Yo habitualmente entraba al ministerio a las ocho de la mañana, pero a partir de que Alejandra comenzó a trabajar, lo hacia un poco más tarde, la dejaba a ella a eso de las ocho y media o nueve menos veinte en la consultora y de allí me iba a mi trabajo.

Los primeros días le costó un poco, pero según me contaba, su jefe era bastante accesible y le explicaba detenidamente las cosas, y ella respondía aprendiendo todo.

Esos tres meses pasaron volando, y días antes de finales de agosto, le informaron a Alejandra, que a partir del siguiente mes, pasaría a la planta de empleados permanentes de la consultora, con su correspondiente ajuste de salario, y al igual que el resto de los empleados, tendría que cumplir con las ocho horas de trabajo, por lo que lo haría hasta las cinco de la tarde.

Alejandra estaba feliz por continuar luego del período de prueba, y además por lo que sentía que su jefe la consideraba, dándole de a poco trabajos de mayor responsabilidad.

Un sábado en la tarde, mientras tomábamos unos mates en casa, le dije a Alejandra:

-Ale, estaba pensando en que podríamos pensar en comprar otro auto, o una mota para mí, y te dejo el auto a vos! ¿Qué decís? Para que puedas moverte como quieras y no dependas de mí para ir o volver al trabajo y no tengas que venir en colectivo!

-Estaría bárbaro, pero hace mucho que no manejo, el único coche que manejé fue el de mi viejo, pero de eso hace años!

-Es solo volver a hacerlo, esas cosas no se olvidan, es como andar en bicicleta, una vez que aprendiste, lo hacés para siempre! Pero igual podemos salir a practicar los fines de semana!

-Sí, mi amor! Tendría que practicar un poco!

Ese mismo domingo, luego de almorzar, salimos con el auto y en una zona donde no había mucho tránsito y Alejandra se pasó al volante.

Estuvimos dando unas vueltas por esa zona y en verdad lo hacía muy bien, tanto que luego de un par de horas, volvimos a casa con ella al volante.

Durante esa semana, volvimos a salir un par de tardes a practicar, y ya a partir de la semana siguiente, era Alejandra quien me llevaba al ministerio y luego se iba a su trabajo, quedándose con el auto, ya que para volver, yo podía tomar un colectivo a una cuadra del ministerio, que me dejaba en la esquina de casa.

A partir de ahí, comencé a pensar en comprarme una moto, siempre había querido tener una, y así tendríamos cada uno vuestra movilidad.

Comencé a mirar marcas y modelos, y a finales de septiembre, ya con el tiempo lindo, me compré una Yamaha FZ25, de doscientos cincuenta centímetros cúbicos de cilindrada, un lindo bichito y bastante potente.

Faltaban pocos días para finales de noviembre, cuando una tarde al llegar de la consultora, a eso de las cinco y media de la tarde, Alejandra me dijo:

-Sentate amor, que tengo que contarte algo importante!

-Contame corazón!

-La consultora, abre una nueva filial en la zona norte, y mi jefe me ofreció un puesto senior en esa nueva sede!

-Muy bien! Viste que te dije que ibas a progresar allí!

-Pará! Que eso no es todo! Me ofreció ir como subjefa de la filial! Como segunda de Rogelio Paredes! Y con un importante incremento de salario!

-Esa es mi Ale! Qué bueno mi amor! ¿Y ya aceptaste?

-Aún no! Lo quería hablar con vos primero! La filial nueva estará en City Bell, viste que por esa zona está lleno de countrys, barrios cerrados y clubes de campo, gente de dinero, y la consultora decidió emprender en la zona, desarrollos inmobiliarios e inversiones con esa gente de poder adquisitivo tan alto!

-Y estoy seguro que les irá muy bien! En esos barrios hay empresarios, futbolistas, gente de la farándula, funcionarios, toda gente forrada, que seguramente busca agrandar aun más sus cuentas bancarias!

-Justamente por eso! El nuevo directorio de la consultora, quiere expandir por la zona! Por eso el tema de la filial, la gente de por allí, es reacia a venir a La Plata, tienen en la zona todo lo que necesitan y le esquivan a venirse!

-Claro!

-¿Qué decís amor? ¿Acepto?

-Si me lo preguntás a mí, tan solo te doy mi opinión, si creés que es un avance en tu trabajo, si lo considerás para tu crecimiento y si vos tenés ganas de hacerlo, pues te digo que aceptes, supongo que algo así te debe entusiasmar, si no lo hubieras rechazado de plano.

-En verdad, es como que subo varios escalones y si lo pienso bien, me entusiasma la idea, solo que me tendría que ir un rato antes y volvería un poco más tarde!

-Pero ya vas muy bien en el tema manejo! Te vas en el auto y yo uso la moto!

-Como te amo mi vida!

-Y yo a vos mi amor! Y estoy feliz por vos!

En los días siguientes, Alejandra me fue contando que estaban terminando de arreglar la casona donde funcionaría la filial y que la idea del directorio, era inaugurarla antes de finales del año con un importante evento y mucha publicidad.

Finalmente, la inauguración de la filial, se realizó el viernes veintisiete de diciembre y yo estaba invitado por lo que acompañé a Alejandra que iba hermosa con ese vestido gris claro, pegado al cuerpo, resaltando su figura, con un leve escote y con unas sandalias de taco alto blancas, a juego con su cartera, mientras que yo iba con uno de los trajes que suelo usar en ambos trabajos, pero sin corbata.

En verdad era una fiesta a todas luces, muchos invitados, entre los que pude reconocer al intendente de la ciudad, a varios concejales, a un par de empresarios y varios futbolistas de Estudiantes de La Plata, uno de los clubes de futbol de primera división, que tiene su campo de deportes y recreación para los socios, justamente allí en City Bell, entre tanta gente que no sabía quiénes eran, pero todos impecablemente vestidos para la ocasión.

Por supuesto no faltaron la música, las luces, un impresionante servicio de catering, un presentador y el corte de la cinta inaugural en manos de los miembros del directorio de la consultora.

El ágape se extendió hasta casi la media noche, y Alejandra, en diferentes momentos, me presentó a su actual jefe, a sus compañeros y compañeras de trabajo y más tarde, al que sería su nuevo jefe.

Estaba contento por este logro de Alejandra, pero mucho más por verla tan feliz a ella, saludando con una sonrisa a todos, incluso a los jugadores de futbol.

Cuando los invitados comenzaron a retirase, tan solo fueron quedando algunos directivos y los integrantes de la nueva filial, a los que dos directivos citaron aparte, para desearles un buen comienzo de operaciones.

Alejandra tendría sus vacaciones la primera quincena de enero y al reincorporarse, lo haría directamente en la nueva filial, por lo que esos últimos días de diciembre, fueron con su nuevo jefe y sus futuros compañeros a dejar listo el lugar para comenzar las actividades luego del fin de año.

Su nuevo jefe no se tomaría vacaciones en el verano, había decidió tomarlas en invierno, para irse con su familia a Miami.

Hice coincidir mis vacaciones con las de Alejandra y nos fuimos esas dos semanas a un dúplex en Pinamar, aunque no era muy económico, con mi sueldo y los nuevos ingresos de Alejandra, nos podíamos dar ese gusto.

El lugar era muy lindo, tres unidades en dúplex en un terreno con un gran parque con plantas y flores y a menos de una cuadra de la playa, aunque algo alejado del centro, cosa que no nos molestaba.

Iba el segundo día en la costa, cuando sonó el teléfono de Alejandra, creí que sería de su trabajo, y pensé que quizás se tendría que acostumbrar a llamados o reuniones fuera del horario de trabajo, pero quien llamaba, era el ingeniero que le alquilaba la casa, para avisarle que la seguiría alquilando todo ese año también, contestándole Alejandra que al volver a La Plata, se encontrarían para firmar el nuevo contrato.

Fueron dos semanas estupendas, tan solo llovió un día, pero igualmente lo aprovechamos para pasear en el auto, los demás días, aprovechamos la playa, salimos casi todas las noches a cenar y nos disfrutamos sexualmente a pleno, haciendo el amor casi todos los días por la noche, me encantaba la piel bronceada de Alejandra, en contraste con la piel blanca que copiaba la forma de la bikini que solía usar.

Fueron varios encuentros de lo más excitantes, incluso llegamos a algo a lo que nunca habíamos llegado, que me permitiera sin ninguna oposición, jugar con mis dedos en su esfínter, y creo que no le desagradó, dado el orgasmo que le sobrevino mientras la penetraba por su conchita y me dedo índice jugaba en su culito. En ese momento, pensé que sería el inicio del camino al sexo anal, que luego de haberlo probado con Patricia, siempre pensaba en probarlo con Alejandra. Ya alguna vez lo habíamos hablado, pero ella siempre le esquivaba al tema, diciéndome que no estaba segura de querer probarlo, y creo que por respeto, nunca le insistí demasiado, sé que a muchas mujeres no les atrae la idea, y por eso dejé de tocar el tema, pero el lindo culito de Alejandra, era toda una tentación.

Volvimos el domingo después del mediodía a La Plata y descansamos el resto del día, ambos teníamos que volver a trabajar el lunes siguiente.

A partir de allí, nuestra rutina cambió, pero no demasiado, Alejandra se iba minutos antes de las ocho de la mañana en el auto y regresaba cerca de las seis de la tarde, ya que desde casa a la filial, dependiendo del tránsito, tenía casi una hora de viaje.

Todas las tardes yo llegaba a casa antes que ella, y mientras la esperaba, me ponía a ordenar, a limpiar, a poner ropa en la lavadora y salía a hacer las compras de la casa.

Con el importante incremento de su sueldo, Alejandra fue cambiando poco a poco su vestimenta y siempre iba muy bien arreglada al trabajo, era normal que tuviera reuniones con gente importante y quería estar siempre de punta en blanco.

Los primeros días de marzo, al llegar a casa, Alejandra me contó:

-Amor, el fin de semana que viene, el sábado en la noche, la consultora hace una cena para posibles inversores de un nuevo barrio privado, es en un restaurante de City Bell y por supuesto estás invitado, también Rogelio va con su esposa, ¿te gustaría acompañarme?

-Por supuesto! Contá conmigo!

Una tarde, al llegar del trabajo, me pidió que la acompañara a comprarse algo para la cena del sábado, quería ir elegante a esa cena y le interesaba mi opinión.

Fuimos a varias casas de ropa, pero no encontraba nada que le gustase, hasta que entramos en una y viendo entre las perchas, sacó un vestido y me lo mostró.

-¿Qué decís? ¿Te gusta?

Era un vestido, que calculaba yo, le llegaría a las rodillas de color hueso con unos tirantes que dejaban los hombros descubiertos y también gran parte de la espalda.

-Es muy lindo! Probátelo y ves como te queda!

Se fue a la zona de probadores, y minutos después, abrió la puerta y se asomó para que viera como le quedaba, y en verdad le quedaba muy bien, dio un giro completo para que lo viera también de atrás y pude ver que el corpiño quedaba a la vista.

-Te queda bárbaro! Lo único que se ve el corpiño!

-Sí, ya me di cuenta, tendría que probar con otro corpiño o alguno sin breteles! ¿Te gusta?

-Te queda perfecto! Me encanta!

Le quedaba perfecto, incluso en el talle, era elegantemente sexy, y mucho más con unos zapatos de taco alto, cómo solía usar.

-¿Qué decís? ¿Me lo llevo?

-Si a vos te gusta cómo te queda, por supuesto! Dale nomás!

Se lo terminó comprando, y luego en una zapatería, compró unas sandalias blancas de taco alto, muy delicadas también, sin dudas estaría perfecta.

Luego de darnos un baño ese sábado por la tardecita, yo me puse mi traje negro y una camisa color rosa pálido, sin corbata, pero cuando la vi salir a Alejandra de nuestra habitación, me quedé asombrado, estaba hermosa y se lo dije:

-Guau mi amor! Estás muy hermosa!

-¿Te parece?

El vestido le quedaba perfecto y pude darme cuenta que no llevaba corpiño, por la forma de sus tetas, que al no ser muy grandes y estar en buena forma, quien no la conociera, casi que no se daría cuenta, ya que el vestido en el frente tenía un bordado muy delicado. El cabello recogido en una cola atrás, unos aros a juego con el colgante, las sandalias blancas, también a juego con la pequeña cartera, estaba impresionante.

-Impresionante mi vida!

-¿Lo ves muy atrevido?

-Claro que no! No es tan corto, y no tiene el escote muy pronunciado! Sin dudas estás hermosa!

-Gracias mi cielo! Vos también estas muy monono!

Salimos en el auto y poco más de media hora después, entrábamos en el restaurante, en el que la consultora había reservado una zona algo aislada del resto del local por una reja decorativa con plantas enredadas en ella, con tres mesas redondas para ocho personas, dando cierta independencia.

Fueron llegando los invitados y Alejandra me los iba presentando, entre ellos su jefe, que nos saludó muy amablemente, aunque no estaba con su esposa.

Continuará…