Xtories

María Esposa Católica sometida por el Cartel (II)

Alejandro no hizo nada cuando ese hombre tocó mis piernas. Pero esa noche, en la oscuridad de la cama, su silencio gritaba más que cualquier grito. Ahora sé que no es solo pasividad; es una rendición que me arrastra hacia un abismo del que no quiero salir.

Domadordepalabras12K vistas9.1· 14 votos

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Capítulo II

Sensaciones contradictorias

No podía evitar sentirme decepcionada por la actitud pasiva de mi marido.

Jamás imaginé que Alejandro se comportaría ante otro hombre, de esa manera…

Y menos con alguien a quien consideraba parte de él.

Era como si ese hombre, pudiese tomar posesión de todo lo que era suyo, y Alejandro se lo permitía.

Aquella noche, al llegar a casa no pude evitar preguntarle algo.

-¿Sabes lo que estaba haciendo ese hombre detrás de la mesa… Verdad?-

-Si… Lo sabía-

-¿Y por qué no hiciste nada?-

-Si te soy sincero, no sé…

No sabía cómo reaccionar…

Se mezclaron una serie de sensaciones.-

-¿Me estás diciendo que de alguna manera te gustaba ver cómo acariciaba mis piernas?-

-No sé cariño…

Es extraño, por un lado, me hubiera encantado acercarme y partirle la cara…

Pero por otro lado, esa sensación…

Esa osadía…

Esa desvergüenza…

El hecho de atreverse, y sentirse con la libertad de acceder a esa parte tan íntima de mí, que eres tú…-

-¿Te excitó?-

Alejandro no quería contestar, pero su mirada lo decía…

-Contéstame por favor-

Mi marido, continuaba mirándome fijamente.

Estaba claro que no se atrevía a reconocerlo, pero su mirada, su falta de contestación, de alguna manera contestaba implícitamente…

-O sea, el hecho de que ese hombre acariciara mis muslos, te había excitado…

Me imagino, que también su actitud dominante, su forma de tratarme, de tratarte y de tratarlos a todos… -

-S… Si…-

Ese pequeño hilo de voz de la verdadera naturaleza de mi marido…

Inmediatamente e involuntariamente, miré hacia la parte de su paquete y que lo tenía completamente endurecido, sin evitarlo, me acerqué a él y comencé a acariciarlo…

Jamás lo había visto tan, por suerte, mi marido, gastaba un enorme rabo.

Y en cuanto lo vi, lo libré de su encierro y comencé a felarlo…

Lo hacía con intensidad, con ansia, con furia…

Y de repente, comencé a imaginarme que tenía ante mí esa mirada dura, fría, inquisitoria de aquel hombre, que me había estado manejando a su antojo durante toda la velada…

Mi marido, Gemia, suspiraba, estaba deleitándose con la mamada que le estaba practicando en su gran polla…

-¿Y si me llevas a la oficina… Qué crees que puede ocurrir?-

Alejandro permaneció en silencio, pensativo, era como si estuviese calculando todas las variables…

-Pues…-

No se atrevía a reconocer… Ni siquiera quería pensar en las posibilidades… Pero sabía que si me llevaba, entraría en la madriguera del lobo… Y allí podría ocurrir cualquier cosa…

-La pregunta es… ¿te gustaría llevarme el lunes a la oficina?-

-Pues, para ser sincero, no lo sé… Es posible que si te llevo el lunes a la oficina, cambiará muchas cosas… Y eso me da mucho miedo…

Creo que no…

No me gustaría llevarte a la oficina…-

-Pues que así sea.-

En ese instante, Alejandro paró la felación y me subió a su altura, a continuación, besó mis labios y me subió sobre la mesa, dejó completamente abiertas mis piernas, y comenzó a lamer mi coño acuoso, chorreante, excitado solo de sentir esa situación…

Una extraña sensación Rébora recorrió mi cuerpo solo de pensar en qué ocurriría en el despacho de ese individuo…

La boca y la lengua de ese hombre, al que amaba, no paraba de darme placer, y yo, imaginándome que ese señor, ese empresario latinoamericano, me hacía preguntas en su habitación, mientras acariciaba mis muslos, introducía su mano más adentro de mi falda, y finalmente acariciaba con sus dedos mis labios vaginales…

-Mhhhhh… Ahhhhhh… Ghhhhh… Dioooos!-

Finalmente, me derrame sobre su boca, fue un orgasmo, compuesto de oleadas de placer, que recurrían todo mi cuerpo…

Fueron cerca de 30 o 40 segundos de placer continuo, recorriendo todo mi ser, y sin darme tiempo a nada, Alejandro sujetó mis tobillos, y con cuidado, pero con fuerza, introdujo por completo todo su enorme miembro dentro de mi coño chorreante.

Y casi sin darme tiempo a nada, comenzó a percutir mi vagina inexorablemente, con fuerza, con velocidad.

Con furia…

Como si su subconciente, me castigase por ser deseable, porque ese señor me desease y estuviese por encima de él.

Alejandro, follaba mi coño con fuerza y con furia, por un instante, soltó mi tobillo derecho y comenzó a dar palmadas en mi clítoris, a continuación, palmeo mis senos, soltando mi otro tobillo, mientras follaba mi coño, apretaba mis pezones, y daba guantazo en mis senos, me agarraba del cuello con fuerza y con la otra mano me Daba tortas en la cara…

En ese instante volví a gemir con fuerza…

Con furia, con ansia, liberándome de todo el estrés… aquel hombre con el que estaba casada, me estaba follando con furia y con rabia, con desesperación, como si fuese el último polvo de nuestra vida…

Como si de alguna manera supiese, que, aunque no me llevase a la entrevista, algo cambiaría en nuestra relación.

Finalmente, y apretando fuertemente mis pezones, y tirando de ellos hacia fuera, Alejandro soltó un grito atronador, saco su pene de mis entrañas, y colocándolo sobre mi vagina, comenzó a eyacular, fuertes chorros de esperma, que llegaron a mi pecho, a mi cuello, a mi cara…

Llegó a caer, incluso en mis ojos, aquella ocurrirá fue la mayor, la más acuosa, y la más bestia que jamás había tenido conmigo.

Comen ese instante a darme palmadas en el clítoris, palmadas fuertes, mientras me masturbaba con fuerza, y yo, aún con los espasmos del orgasmo anterior, volví a sentir un escalofrío que recorrió mi médula espinal, y sentí un nuevo orgasmo, más fuerte, más intenso, y más bestia…

Fue un orgasmo incontrolable, de esos que te dejan que no puedes hacer nada, mi cuerpo comenzó a temblar a tiritar, y solté un grito de desesperación pero también de liberación.

-¡Ahhhhhhhhhggggg!…. ¡Dioooooos!

¡Siiiiiiiii!…..-

Finalmente, Alejandro me cogió en brazos y terminamos los dos en la cama, recostados, reponiéndonos de nuestros orgasmos, y finalmente caímos rendidos en la cama…

Permanecimos durmiendo durante horas…

Sonó el teléfono.

-Si…-

-Soy yo…

No te olvides de traerte a tu mujer el lunes-

-Mi mujer no irá el lunes a la oficina-

-Si tu mujer no viene el lunes a la oficina… No te preocupes, tú tampoco en venir…-

Entonces Alejandro me miró.

La expresión de preocupación de Alejandro me asustó…