Anna, la joven ingeniera
La reunión de negocios se transforma en una tensión insoportable cuando descubre que la mujer que debería ser su rival es, en realidad, su mayor tentación. Lo que empieza como una negociación profesional termina en una noche de pasión desenfrenada, pero ¿qué secretos esconde ella en su teléfono?
Conocí a Anna una bonita mañana de Marzo. Han pasado algunos meses y todavía, cuando lo recuerdo, me embarga una agradable sensación de bienestar propia de una gran experiencia. Aquel día yo tenía una misión encomendada por mi empresa: debía presentar a nuestro cliente una propuesta para el envasado de uno de nuestros productos. Evidentemente, mi encargo era conseguir la aprobación de la propuesta, y para ello debía convencer de las excelencias de la propuesta al jefe del departamento técnico del área de logística del cliente.
El mencionado técnico tenía fama de ser muy exigente y puntilloso. Había rechazado anteriormente propuestas tan buenas como la presente por pequeños detalles que le disgustaban y disfrutaba poniéndolos de relieve. Yo iba preocupado y temeroso por fracasar en este primer encargo que la compañía me hacía. Lo sentía como una prueba de competencia en mi nuevo empleo.
Tras esperar un rato en una pequeña sala de espera donde tuve tiempo de ensayar mi presentación y para que los nervios se hicieran más notorios. Vinieron a buscarme y me condujeron a una sala grande, con mesas separadas de los responsables de distintas áreas de gestión. En lugar del técnico huraño que me habían dicho que me atendería, en su puesto me encontré a Anna.
Anna era la joven ingeniera, bien preparada, emprendedora, alegre y dinámica que todas las empresas quieren fichar en sus equipos. Estaba cubriendo el tiempo de solapamiento con el anterior técnico antes de su jubilación, pues ella era la destinada a sustituirle.
Por aquel entonces llevaba el pelo corto, de color negro intenso y con algunos rizos graciosos que de vez en cuando le venían a la cara.Tras una sonrisa franca mostraba unos dientes grandes y blancos. Sos ojos grandes de color miel estaban enmarcados por unas cejas llamativas. Era guapa pero sin deslumbrar… la cara agradable que ves natural y no te cansas de mirar.
Tras las presentaciones, enseguida nos pusimos a tratar los temas objeto de mi visita. Debíamos discutir la nueva propuesta de envasado y, si tenía ocasión, adicionalmente discutir unas reclamaciones y cargos importantes por causa del embalaje.
Anna me recibió junto al escritorio de su jefe donde le habían puesto una mesa provisional mientras estaban los dos. Sentí el peso de la responsabilidad y su mirada penetrante. Tuve la sensación que ella ya había visto en mi cara cual iba a ser mi estrategia de negociación y pensé que tenía pocas posibilidades de éxito.
Tras unos minutos de exposición me dijo:
—Mejor vamos a la salita de entrevistas. Allí estaremos más cómodos y podremos entender los planos y dibujos de vuestra presentación. Por favor, coge tus cosas y sígueme
Lo dijo con tanta amabilidad y cortesía que me apresure a recoger mis cosas y me puse a seguirla a través de un pasillo estrecho en dirección a otra sala. Eliminar de la ecuación el que pudiera venir su jefe a meter las narices y la forma en que me lo sugirió me dió tranquilidad y pude recomponerme un poco antes de continuar con la discusión.
Durante el trayecto tuve ocasión de ver a Anna caminando delante de mí, abriendo el camino y permitiendo que viera por primera ver su silueta contonearse a cada paso que daba. Llevaba una falda de tubo azul mecánico que le llegaba hasta la cintura, una blusa camisera blanca con un cinturón ancho en la transición. Por requisitos de la empresa llevaba unos zapatos planos de seguridad aunque yo me la imagine con unos zapatos de tacón alto acorde al elegante movimiento de su trasero.
Creo que al vernos a solas ya sintonizamos. Una corriente extraña fluyó entre nosotros que nos forzaba al acercamiento. Lo gracioso era que teníamos un enorme problema a resolver con intereses contrapuestos que claramente se interponía entre nosotros.
A pesar de todo, yo estaba encantado mientras la miraba. Me enamoré de sus grandes y bonitos dientes que le forzaban a mantener una sonrisa casi continua. De sus ojos enmarcados por unas cejas muy negras que se ofrecían como ventanas hacia lo fantástico. Movía las manos de una forma muy especial, con elegancia, y también de forma muy femenina, sus uñas invitaban a la fantasía erótica.
Empezó la conversación con un cierto tono de suficiencia. Era consciente de su situación de poder respecto al “pobre proveedor” que era yo. A medida que iba hablando, yo tenía la sensación de que disfrutaba haciéndome padecer. Discutía todos los aspectos técnicos de los informes que yo le presentaba.
Juntos, uno al lado del otro, compartiendo la pequeña mesa redonda donde estaban esparcidos papeles, nuestras piernas tropezaron accidentalmente varias veces. En medio de la tensión de la discusión esos leves contactos para mi eran chispazos incontrolados. Generaban una corriente misteriosa que sacudía mi cuerpo cada vez que nos tocábamos.
Durante un buen rato, creí que no se había dado cuenta de la tremenda atracción física que su cuerpo y su cálida voz me producían. Con grandes dificultades negocie lo mejor posible durante un largo tiempo. Al terminar con resultados favorables para ambos, se ofreció a acompañarme hasta otro departamento donde yo tenía que hacer una gestión más secundaria. Ella iba delante caminando por el estrecho pasillo delimitado por rayas amarillas en el suelo. Tuve oportunidad de ver muy de cerca su culo ajustado por la tela, delante de mi moviéndose con garbo e intención.
Puedo asegurar que tenía un culito impresionante, relativamente pequeño y algo respingón, con unas curvas de ensueño y que si no hubiese estado negociando en nombre de mi empresa, dudo que pudiese reprimir la tentación de alargar la mano para tentarlo.
—Ha sido un placer conocerte y trabajar contigo. Espero que nos volvamos a ver pronto— me dijo cuando nos despedimos.
—El placer ha sido mío. Te deseo mucho éxito en tu nuevo empleo y me gustará volver a trabajar contigo— le contesto emocionado por su apretón de manos y su sonrisa amable.
Tras aquella visita, me sentí tan seducido e impresionado por Anna, que durante algún tiempo cerraba los ojos y podía verla sonriéndome. Si salía a tomar copas con los amigos creía descubrirla entre la gente, aunque luego siempre desaparecía, sin darme ninguna oportunidad para confesarle mi amor.
...
La semana pasada estuve en una feria de máquinas herramienta invitado por un fabricante al que vamos a encargar unas máquinas costosas para una nueva línea de producción en la empresa.
Allí me encontré con Anna. Ahora ocupaba el puesto de técnico comercial de esa empresa. Nos saludamos efusivamente, como dos grandes amigos y me cuenta las razones de su cambio de empresa y sobre sus funciones actuales. Luego nos separamos para que el gerente hiciera su presentación.
Tras ver un audiovisual sobre la empresa, los posibles clientes nos desparramamos por el stand para curiosear los folletos, videos y manuales de los nuevos productos. Todos los técnicos comerciales salieron a la caza del posible cliente y la consiguiente comisión. Por suerte para mi, Anna se adelanta a todos los demás y se viene conmigo. En un área contigua al stand hay cosas para picar, nos vamos hacia allá y empezamos a charlar amistosamente como si nos conociéramos de toda la vida. Al rato…
—¿Dónde tienes reservada habitación?¿Quedamos para cenar juntos?
—¡¡Estupendo!!... nos vemos a las ocho en el hall del hotel
...
Tal como estaba previsto nos encontramos después del trabajo y decidimos hacer una cena informal. Hay que aprovechar que estamos en una conocida zona de pinchos y tapas. Las acompañamos con muchos zuritos de txakoli. Cuando ya hemos calmado el hambre y el vino empieza a hacer su efecto hablamos como cotorras y nos reímos con facilidad de cosas que en otras ocasiones apenas tendrían gracia.
Al volver al hotel la acompaño hasta su habitación. Tras un momento de indecisión nos despedimos formalmente prometiéndonos repetir otro día. Ninguno de los dos queremos dar por terminado el día. Algo me impulsa a acercar mis labios a los suyos pero ella me esquiva, cuando ya me retiro aceptando el no, me coge de la camisa, estira hacia ella, nos encontramos y nos besamos con pasión.
Lo que viene a continuación es rápido, aparece como un vendaval, entramos a la habitación, nos abrazamos, nos besamos y nos desnudamos mutuamente sin perder un instante.
Tal como imaginaba tiene los pechos como dos medias naranjas. Los rematan dos pezones pequeños, oscuros y algo puntiagudos. Su piel ligeramente bronceada parece de seda y todo su cuerpo me parece digno de adoración.
Inmediatamente nos lanzamos a la lucha por imponer cada uno nuestro dominio sobre el juego... Instantes después Anna toma posesión de su trono y asume el cetro de mando, o dicho de otra manera, se sienta a horcajadas sobre mi pubis y engulle entre sus piernas toda mi polla. Demuestra su carácter fuerte y dominante… su dominio…esto quiero, pues voy y lo cojo.
Tras unos momentos de acomodación reina desde su trono con decisión y autoridad, moviendo hacia delante y atrás sus caderas haciéndome sentir el cálido abrazo de su conchita y su aterciopelado roce sobre mi capullo.
De momento me dejo llevar, no me importa que ella lleve la iniciativa. Sé que mi momento llegará. Esta postura me permite contemplar con sosiego su bonito cuerpo, ve como trotar pausadamente sobre mi, ver sus pechos balancearse tímidamente, sus pezones erizarse, su vientre ondularse delante de mí, su pubis fundirse con el mio. También, observo como su expresión va cambiando a medida que las ricas sensaciones se acumulan. Su hermosa sonrisa y sus vivos ojos no pueden disimular su agitación.
Anna inclina su cuerpo hacia atrás apoyando sus manos sobre mis rodillas. Con el cuerpo arqueado hacia atrás, mueve su cadera adelante y atrás con intensidad. La caricia sobre la parte interior de sus clítoris debe ser muy intensa a juzgar por la expresión de su cara y sus gemidos.
A pesar de ello, la amplitud de los movimientos es limitada y se da cuenta que la estimulación no va a ser suficiente, así que opta por un trote más animado de sube y baja m. Yo respondo tirándole unos cuantos besos, acariciando sus muslos y sus pechos, y acompañando sus caderas en su movimiento.
Con cierto desencanto, Anna observa que aparentemente todos sus afanes no causan el efecto esperado en mí. Ella no sabe (ni debe saber) que yo tengo que recurrir a todos mis trucos para tratar de aislarse y así poder mantener más tiempo el pabellón bien alto.
Por el contrario, ella cuanto más lo intenta más excitada está. El frote continuo e intenso de su vulva con mi cuerpo y con los movimientos de mi pene duro e hinchado clavado hasta las bolas entre sus carnes, causan un efecto demoledor en su resistencia.
Cuando veo su cuerpo sudoroso y empieza a desfallecer y a perder el dominio sobre sus emociones, tomé la iniciativa. La hago tumbar sobre la cama, me coloco encima apoyando mis manos sobre los brazos extendidos y la clavo hasta el fondo. Ella rodea mi cintura con sus piernas y me permite bombear intensamente, duro y con buen ritmo.
Ahora ha llegado mi turno y estoy dispuesto a darle placer hasta hacer que se derrita entre mis brazos. Anna de mis sueños, Anna de mis anhelos…Uhmm ¡cuánto lo he deseado!
Mientras empujo, la miro para ver como disfruta, como cierra los ojos, como saca la lengua para humedecer los labios, como suspira y cómo resopla con cada empujón. Eso me hace feliz, me siento recompensado infinitamente al oír sus gemidos de placer.
Su orgasmo llega de forma imprecisa en medio de una secuencia indeterminada de gemidos y jadeos, es largo y con impulsos repetidos. Por el contrario mi orgasmo llega de forma explosiva, sacudiéndome de arriba abajo y colmando todos mis íntimos deseos.
¡Que hermosa es la vida cuando la compartes con tu ser más deseado! ¡Anna, yo te amo…te amo!
...
Anna se va al baño y yo me quedo sobre la cama roto pero tremendamente satisfecho y feliz. En cuanto la veo que regresa voy yo también al baño. Mi cuerpo necesita hidratación para afrontar lo que pueda venir después, necesito refrescarme y beber un poco de agua. Cuando yo regreso ilusionado a la habitación para volver a abrazarme a Anna, la encuentro de pie, con la mirada perdida a través de la ventana y…hablando por teléfono.
Quiero darle una sorpresa y jugar con ella, me acerco con sigilo por detrás, la abrazo pegando mi cuerpo al suyo y le beso en el cuello. Anna, sorprendida, se vuelve y se separa contrariada por la interrupción. No deja el teléfono, me hace señas que la deje continuar…parece que su llamada le interesa. Yo le sonrío, creo que puede ser un bonito juego…me acerco..ella retrocede…me acerco mas…da otro paso hacia atrás…avanzo…Anna retrocede, tropieza con la cama pierde el equilibrio y queda sentada en el borde de la cama.
—¡Déjame, déjame…no ves que estoy hablando!— se queja con poca convicción.
No estoy dispuesto a que se me escape y que una llamada rompa la magia que hemos creado entre los dos. Me arrodillo, me coloco entre sus piernas y beso sus muslos en busca de su entrepierna. Quiero comerle el chochito como nunca antes se lo han comido y que piense que nadie se lo va a comer como yo lo hago.
A ofrecido cierta resistencia, no quería que lo hiciera y menos mientras seguía al teléfono. No he aceptado su rechazo, su cuerpo me pide que continúe… su conchita está muy mojada y noto como palpita al pasar mi lengua entre los labios. En medio de la conversación tiene que taparse la boca con la mano para no gemir. Echa el cuerpo hacia atrás, se apoya sobre el brazo izquierdo, pone el pie derecho sobre la cama y sujeta el teléfono con la mano derecha.
Yo sigo con mi boca sobre su vulva, lamiendo y sorbiendo su clítoris como si fuera una perla con sabor a gloria… ajeno a su conversación…que continúa como si ella estuviera dando detallada cuenta de todo lo acontecido durante este día de feria.
Anna, termina la conversación, con la mano que tenía sobre mi cabeza me agarra por el pelo y me arrastra hasta que deja mi boca al alcance de la suya y me besa con rabia. Intercambiamos saliva, la mía con sabor a sus flujos. Mordisquea mis labios, hurga en mi boca con su ávida lengua y suspira fuerte cuando nos separamos para coger aire.
Me he excitado mucho al comerle el coño y más al ver su reacción. La cojo de las caderas, la atraigo hacia mí, con sus piernas sobre mis caderas, la coloco sobre sus labios y empujo un poco y luego fuerte hasta el fondo. Volvemos a follar con el ardor de animales en celo, y así toda la noche hasta quedar exhaustos y completamente felices.
P.D. Anna, por la mañana me dijo que con quien habló por teléfono iba a ser su ex-pareja.
Deverano
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