Historias del complejo. Segunda serie. (24)
Manuel siempre fue el hombre que lo tenía todo, excepto la pasión que ahora lo consume por Lorena. Con 43 años y ella apenas 23, la diferencia parece un abismo, pero sus miradas dicen lo contrario. Esta noche, bajo la luz de las estrellas y el silencio del auto, la barrera del respeto se desmorona.
Gabriel
Lo escuché siempre atentamente, incluso respetando sus momentos de silencio, que fueron muchos, algunos de ellos, con lágrimas a punto de caer, y otras cayendo en silencio por sus mejillas.
Varias veces, me permitió hacerle algunas preguntas, pero su narración era perfecta, como si se tratara de una serie de televisión vista por capítulos.
En cada una de nuestras charlas, Manuel siempre sabía perfectamente hasta donde había llegado en el termo anterior.
Es el día de hoy, que seguimos en contacto, ya no está todo el tiempo en La Lucila como en esa época, pero viene muy seguido, incluso no lo reconocí, aquella vez que lo vi sentado en el banco de siempre, sin barba y con el pelo corto, impecablemente vestido y peinado prolijamente.
¿Había vuelto a encarrilar su vida?
La historia de Manuel
Capítulo 2
Soy Manuel Eusebio Morales Soler, tengo en este momento, casi cuarenta y tres años, hijo único de Eusebio Morales y de Perla Soler, mis amados padres, que el destino, el universo o vaya a saber quién, me los arrebató aquella madrugada en que volviendo de la ciudad de Santa Fe, lugar natal de mi madre, por la autopista Rosario-Santa Fe, el auto de mis padres reventó un neumático delantero, y a esa velocidad papá no pudo controlar el auto, y saliéndose de la ruta dieron varios tumbos hasta estrellarse el techo del auto contra un árbol de la banquina.
Mi madre falleció en el acto y mi padre de camino al hospital de Rosario.
Tenía yo en ese momento veintisiete años, había terminado la carrera de medicina, y estaba haciendo mi residencia en traumatología quirúrgica en un hospital de la ciudad de Buenos Aires.
Cuando me llamaron por teléfono esa madrugada, en verdad no sé quién, informándome de lo ocurrido, salté de la cama, me puse lo primero que encontré y salí a fondo con mi auto para Rosario.
Creo que lloré todo el camino, ya nada podía hacer, iba por la Panamericana a toda velocidad, hasta que en un momento pensé que no tenía sentido, ya los dos habían fallecido. En ese momento, bajé la velocidad y casi tres horas después llegué a Rosario.
Del juzgado interviniente, me hicieron ir a reconocer los cuerpos, y lloré desconsoladamente frente a ellos.
Sin lugar a dudas puedo decir que ese hecho fue una bisagra en mi vida, a partir de allí mi vida ya no fue la misma.
Hacía casi un año que ya no vivía con mis padres, había decidido alquilar un departamento e irme a vivir solo, aunque mi nueva casa estaba a pocas cuadras de la casa de mis padres, y pasaba muy seguido a verlos.
La relación con mis padres siempre fue la mejor, me criaron con mucho amor, con respeto y con valores, tuve una infancia feliz, nuestra situación económica nunca fue floreciente, pero nunca nada me faltó, sobre todo el amor y el cuidado de mis padres.
Desde que tenía uso de razón, papá era empleado en una farmacia, en la que luego de varios años de trabajo, quedó como encargado, y mi mamá, una mujer adorable que llevaba la música en su interior, había estudiado en el conservatorio y era profesora de piano y de guitarra en un instituto de enseñanza musical cerca de casa, creo que fue ella quien llenó de música mi vida.
En casa siempre hubo música, y mamá siempre me explicaba lo que estaba escuchando, cada instrumento que sonaba, cada ritmo, cada tipo de música, y a mí me encantaba que lo hiciera.
Los dos hicieron todo lo que estaba a su alcance para que yo tuviera una buena vida, y siempre traté de devolverles todo eso, siendo un buen hijo, respetándolos por sobre todas las cosas, siendo responsable, buen alumno, y preocupado por ellos, tanto como ellos se preocupaban por mí.
Desde chico les dije a mis padres que me gustaría ser médico, en verdad no sé de dónde me salió, pero al día de hoy, sigo eligiendo esta profesión, creo que no podría ser otra cosa más que médico.
Mi adolescencia también fue feliz, amigos, salidas, novias formales y las chicas que tan solo pasaron fugazmente por mi vida.
Papá era tan alto como yo, casi llegando al metro noventa, y desde chico también me gustaron los deportes, jugué al fútbol, al hándbol y al vóley.
Cuando terminé la escuela secundaria, estaba más que seguro que quería estudiar medicina, y lo hice, y fui uno de los mejores alumnos de mi camada.
Cuando empecé la carrera no tenía muy en claro en qué rama de la medicina me gustaría trabajar, pero para el tercer año de la carrera ya lo sabía, sin dudas la traumatología era lo que más me apasionaba.
El día del acto de la colación de grado, decidí que fueran mis padres quienes me entregaran mi diploma, era gracias a ellos que yo había logrado cumplir mi sueño y recibirme de médico.
Esa noche los vi llorar de felicidad, la emoción de los dos era inocultable, no paraban de decirme lo orgullosos que estaban de mí, porque era un buen hijo, pero por sobre todas las cosas, porque era una buena persona.
Al año siguiente comencé la residencia, y la traumatología cada vez me gustaba más, tanto que decidí especializarme en cirugía traumatológica.
Conocí a Marcelo en la facultad de medicina, fuimos compañeros de estudios durante toda la carrera, y por esas cosas de la vida, también hicimos la residencia juntos.
Marcelo también era hijo único, al día de hoy puedo decir qué más que amigo es un hermano, ese hermano que ninguno de los dos había tenido, así no queremos.
Luego de la residencia, también conseguimos trabajar juntos en una clínica, yo me había inclinado por la cirugía y Marcelo por la rehabilitación.
Viviendo ya solo en mi departamento, durante un tiempo Marcelo vivió conmigo, y si esas paredes hablaran, daría cuenta de nuestras fiestas, de la cantidad de chicas que por allí pasaron, de nuestras conversaciones eternas y de nuestros sueños y proyectos.
Luego de la muerte de papá y mamá, Marcelo quedó viviendo en el departamento, y yo me volví a casa, aunque las fiestas y reuniones continuaban siendo allí.
Muchas veces hablamos con Marcelo, de crear nuestra propia clínica, especializada en traumatología, cirugía y rehabilitación.
Después de varios meses de vivir en la que fuera mi casa de toda la vida, una noches estando solo, sentía que esa casa sin mis padres, ya no era lo mismo, cada ambiente, cada rincón tenía un recuerdo, pero sin ellos nada era igual, y en ese momento decidí venderla, vender también dos terrenos que papá había comprado hacia algunos años, y con ese dinero comenzar con nuestra propia clínica.
Me dolía tomar esa decisión, pero seguramente mis padres podrían entenderlo, la casa eran tan solo las paredes y el techo, y ellos estaban dentro de mí, allí donde yo estuviera.
Lo hablamos una tarde con Marcelo, le conté mi idea, él me dijo que también podía vender un terreno que le habían regalado sus padres, y con un dinero que tenía ahorrado, podríamos poner nuestro proyecto en marcha.
Puse en venta la casa de mis padres y los terrenos, también tenía el dinero del seguro de vida de papá, y unos meses después cuando todo se vendió, con Marcelo compramos una casona de dos plantas, y con el dinero que nos quedó, la empezamos a remodelar.
Nos llevó bastante tiempo refaccionarla y equiparla, y por supuesto bastante dinero.
El terreno tenía lugar para una ampliación, y en un futuro haríamos allí el quirófano y la internación.
Cuando logramos la habilitación del municipio y del Ministerio de salud, la clínica comenzó a funcionar.
Tuvimos que contratar gente, lo primero que contratamos fue una secretaria, Alicia, pilar de la clínica, luego un chico que se ocupaba de las tareas de mantenimiento generales, una chica para la limpieza, y durante casi un año, un chico que nos ayudó en toda la parte tecnológica.
Poco a poco la clínica se fue haciendo conocida, y cada vez teníamos más pacientes, un año y medio después, los dos dejamos nuestro trabajo en la clínica donde estábamos contratados y nos dedicamos de lleno a la nuestra.
El golpe de gracia, nos lo dio el haber atendido de una lesión en su tobillo a un jugador de fútbol de uno de los equipos más importantes de la primera división, a partir de ese momento, empezaron a venir varios futbolistas, pero un tiempo después, jugadores de voley, de hockey, y poco a poco, la clínica “Andar”, así la habíamos llamado, comenzó a especializarse en traumatología y cirugía del deporte.
Poco a poco tuvimos que ir contratando más personal, dos traumatólogos más, dos enfermeras que hacían de asistentes, y dos chicas más en la parte administrativa.
A los dos años pudimos encarar la ampliación, y cuando nos habilitaron, dejamos de operar en clínicas externas, para hacerlo en nuestra propia clínica.
Casi tres años después, la propiedad pegada a la nuestra se puso en venta, y la compramos también para hacer allí una internación más amplia y cómoda.
Cuando quisimos darnos cuenta, ya teníamos veintidós personas trabajando con nosotros.
Fuimos siendo cada vez más conocidos, y a nuestra clínica venían deportistas del interior del país, incluso tuvimos como paciente a un futbolista de la primera división de Uruguay.
Alicia nuestra primera secretaria, hacía unos meses se había casado, y al tiempo nos dijo que estaba embarazada, por supuesto la felicitamos y le dijimos que podía disponer de las licencias que necesitara.
En el sexto mes de embarazo, le pedimos que antes de tomar su licencia, le explicara su trabajo a un o una reemplazante.
En ese momento nos dijo, que tenía una chica joven que estaba buscando trabajo, hija de su vecina, nos dijo que tenía buena presencia, que estaba estudiando periodismo, pero que necesitaba trabajar.
Le dijimos que si a ella le parecía, le dijera de venir, y si le tomaba la mano al trabajo, que fuera ella quien nos dijera si cumplía con los requisitos para el puesto y quedaría en su lugar.
Unos días después, tuve que viajar a la ciudad de Córdoba, un futbolista de primera división de esa ciudad, necesitaba operarse de la rodilla, pero no quería viajar a Buenos Aires, su esposa estaba a días de dar a luz de su primer hijo.
Estuve cuatro días en la ciudad de Córdoba, y cuando volví a Buenos Aires, estuve un par de días sin ir a la clínica, lo hablé con Marcelo y me los tomé para descansar un poco.
El lunes siguiente por la mañana, al entrar a la clínica, vi a la distancia a una chica sentada en el lugar de Alicia, no podría explicar lo que sentí al verla, una hermosa mujer, de pelo castaño claro, muy bonita de cara, con ojos color miel, que al verme entrar, como no me conocía, me sonrió dándome los buenos días.
Me acerqué hasta el escritorio, me presenté, y en ese momento se sonrojó poniéndose de pie.
-LORENA: Perdón señor Manuel, no lo conocía, mi nombre es Lorena, y Alicia me está enseñando su trabajo.
-MANUEL: Mucho gusto Lorena! Pero por favor no me trates de señor, tan solo Manuel!
En ese momento Alicia volvía del baño, y al verme se acercó a mí y me saludó con un abrazo, le pregunté cómo iba su embarazo, me dijo que todo iba bien, nos preguntó si ya nos conocíamos, y ambos dijimos que sí.
Ya tenía pacientes esperándome, me fui a cambiar para ir a mi consultorio, y mientras me ponía el ambo, no podía quitar de mi cabeza, la imagen de esa mirada, de esa sonrisa y de esa dulce voz...
Durante ese día la volví a cruzar un par de veces, y cada vez que me veía, bajaba la mirada como con timidez.
Los días fueron pasando, y cada vez me sentía más atraído por ella, nunca me había pasado algo así con una mujer, no sé si era su mirada, su sonrisa, su cara angelical, o la gracilidad de sus movimientos, o quizás era todo eso.
Era tan intenso lo que sentía cuando la tenía delante, que no podía evitar el ponerme nervioso y que se me acelerara el corazón.
Alicia me dijo que rápidamente había aprendido todo el trabajo, que tenía un trato muy amable y servicial con los pacientes, tanto en persona como por teléfono, y que además le resultaba una chica muy capaz en las cuestiones tecnológicas.
En su séptimo mes de embarazo, Alicia tuvo unos problemas de presión un poco alta, y su doctora le indicó reposo.
Por supuesto le dijimos que tomara todo el tiempo que necesitara, lo importante era su salud y la de la pequeña Milagros.
Fue en ese momento, que Lorena comenzó a ocupar su lugar, lo hizo hasta que Alicia dio a luz y tuvo su licencia correspondiente, que sumada a las vacaciones que no se había tomado, estuvo más de seis meses en su casa.
Durante ese tiempo, Lorena lo hizo a la perfección, y eso no hizo más que incrementar lo que estaba ocurriendo en mi interior.
De cuerpo nada exuberante, siempre perfectamente vestida y con esa sonrisa que me tenía cada día más atrapado.
Llegó el mes de diciembre, y como todos los años, la clínica organizaba una cena de despedida del año, invitábamos a todo el personal, y por supuesto era la clínica la que corría con todos los gastos.
Ese fin de año, como no teníamos pacientes internados, la clínica estaría cerrada hasta el año nuevo, y el día veintiocho de diciembre, nos reunimos todos allí, en la clínica.
Contratamos un servicio de catering, incluida la gente que nos serviría, para que nadie tuviera que trabajar, con Marcelo siempre tratábamos de que nuestros empleados se sintieron a gusto trabajando con nosotros, y claramente lo estaban, todos cobraban un poco más que en el resto de las clínicas, y además los incentivábamos dos veces al año, con una especie de aguinaldo intermedio.
Nuestros honorarios no eran bajos, pero el perfil de nuestros pacientes, era cada vez de más alto standing, y gracias a nuestra experiencia y buen servicio, cada vez teníamos más pacientes importantes.
Esa noche con Marcelo y Viviana, su novia, supervisábamos el servicio que habíamos contratado, para que todo estuviera correctamente preparado para cuando llegaran nuestros empleados.
La reunión la haríamos en el gimnasio de rehabilitación, habíamos corrido todo la aparatología, y allí habíamos montado las mesas.
Los empleados poco a poco fueron llegando, en el momento en que la vi llegar a Lorena, el corazón se me aceleró.
Al entrar, comenzó a saludar a todos los compañeros, venía con un pantalón blanco, y una camisa ajustada al cuerpo, que dejaban ver sus curvas, nada voluptuosas por cierto, pero exquisitamente delineadas, sin dudas, por la genética de sus padres.
Luego que los saludara a todos con esa sonrisa, que me tenía atrapado, la vi caminar en dirección a mí, tenía el corazón al galope, creí que se me saldría del pecho, tuve que respirar hondo un par de veces, para intentar serenarme y que no se me trabaron las palabras al saludarla.
En esos pocos segundos, mi cerebro elucubró alguna frase para darle a entender, que estaba hermosa, pero sin parecer un baboso.
Dos pasos antes de llegar a mí, abrió sus brazos, y al estar delante, apoyó sus manos en los míos, para saludarme con un beso.
-LORENA: Buenas noches Manuel!
Me hubiera gustado decirle un montón de cosas, todas las que en ese momento pasaban por mi cabeza, pero tuve que contenerme.
-MANUEL: Hola Lorena, buenas noches! Qué guapa se te ve!
Y con esa sonrisa que me derrite, y su mirada clavada en la mía, me dijo:
-LORENA: Muchas gracias Manuel! Vos también vas muy bien esta noche!
Cómo explicar lo que sentí con sus palabras, hubiera querido decirle otras mil cosas más, pero me sentía terriblemente cohibido por su presencia.
-MANUEL: Gracias Lorena! Espero la pases bien esta noche!
-LORENA: Estoy segura que así será!
En ese momento aparecieron Marcelo y Viviana y saludando a Lorena, y por suerte me sacaron de esa situación, que me tenía desbordado como nunca antes.
Viviana y Lorena se quedaron conversando, y con Marcelo fuimos hasta el vestuario, que en ese momento oficiaba de cocina para preparar todo.
-MARCELO: Te conozco Manu!
Lo miré sin saber a qué se estaba refiriendo.
-MARCELO: Te enamoraste pelotudo! No lo podés disimular ni un poquito, yo que te conozco, ya te digo que se te nota a kilómetros de distancia.
Intentando hacerme el boludo, le dije:
-MANUEL: Qué decís pajero!
-MARCELO: No te hagas el boludo! Es evidente que Lorena te movió el piso!
-MANUEL: Nada que ver!
-MARCELO: A mí no pelotudo, que te conozco!
Y tuve que reconocérselo.
-MANUEL: Tanto se me nota boludo!
-MARCELO: Nunca te vi tan nervioso delante de una mujer!
-MANUEL: A vos no te puedo mentir, desde que la vi el primer día, no puedo sacarla de mi cabeza, esa mirada, esa sonrisa, me tienen hecho un pelotudo!
-MARCELO: Ya lo sé salame! No lo podés disimular, te vi cómo movías las manos, y supe que estabas más nervioso que un testigo falso, por eso le dije a Vivi que fuéramos a saludarla!
-MANUEL: Ufff boludo! Nunca me pasó esto con una mujer, pero no quiero ni puedo ilusionarme, hace un par de días miré su legajo, tiene veintitrés años boludo, yo piso los treinta y cinco, no puedo pretender nada con ella.
-MARCELO: Y eso que tiene que ver tarado! Qué importa la edad! A ella no la conozco aún, pero no te miró cómo me mira a mí! Me pareció ver que tampoco le sos indiferente!
-MANUEL: ¿Vos decís?
-MARCELO: No sé, yo que vos iría con cuidado, para no quedar como un acosador! No te olvides que trabaja para nosotros!
-MANUEL: Ya lo sé boludo! De no ser así ya la hubiera invitado a tomar un café!
-MARCELO: Vamos que ya tenemos que comer! Y disimulá un poco! No la mires con cara de viejo baboso!
-MANUEL: Andate a la mierda pelotudo! Viejo serás vos y baboso tenés el culo! Forro!
Y se fue del vestuario, riéndose a carcajadas.
La reunión estuvo muy linda, podríamos decir que todos se llevaban bien entre ellos y con nosotros por supuesto.
No pude evitar en varias ocasiones, mirar a Lorena a la distancia mientras hablaba y reía con las chicas que estaban sentadas a su lado, en cada mirada, cada gesto, cada sonrisa, me parecía más hermosa, y me encantaba ver cuando acomodaba detrás de su oreja, ese mechón de pelo que la hebilla no podía sujetar.
La fiesta terminó pasadas las tres de la mañana, poco a poco todos se fueron retirando, nos saludaban agradeciéndonos la reunión e iban saliendo del gimnasio.
Cuando fue el turno de Lorena, se despidió de nosotros también agradeciéndonos y salió del gimnasio, acompañada por uno de los chicos de mantenimiento.
Sentí en ese momento algo que no había sentido nunca, ¿celos? Hubiera querido ser yo quien se fuera con ella, acompañarla, y de tener la oportunidad, hasta el fin de los tiempos.
Cuando Alicia nos avisó por teléfono que en una semana volvía al trabajo, no pude evitar el debate interno en mi cabeza, respecto de mantener a Lorena como empleada, para seguir viéndola cada día, o que dejara de trabajar con nosotros y buscar la forma de intentar algo personal con ella.
Faltando un par de días para que volviera Alicia, fue Marcelo quién inclinó la balanza de mis dos posturas, comentándome que era una pena, no poder mantener a Lorena como empleada, que le había parecido una chica muy eficiente.
No hice ningún comentario al respecto, tan solo asentí con la cabeza, afirmando sus palabras, realmente era una chica eficiente.
El último día de trabajo, decidimos con Marcelo además de abonarle lo pactado, abonarle el sueldo de otro mes, como forma de reconocimiento y agradecimiento, por la dedicación que había puesto en el trabajo durante esos meses.
Cuando terminó su jornada laboral, se despidió de todos los compañeros, de Marcelo, cuando se estaba yendo, y por último lo hizo de mí.
-LORENA: Gracias por todo Manuel! Pero sobre todo por el trato que me han dado, desde el primer día me he sentido súper cómoda, considerada y lo que para mí ha sido muy importante, siempre me sentí respetada.
-MANUEL: Lamento Lorena que tengas que dejarnos, pero te prometo que si en algún momento la clínica necesita un nuevo empleado, el puesto será tuyo, siempre y cuando estés disponible claro.
-LORENA: Gracias Manuel! Y feliz estaría si eso pasara! Pero entenderás que necesito conseguir otro trabajo, quiero seguir estudiando y terminar la carrera.
-MANUEL: Si en algún momento necesitas una referencia para algún trabajo, no dudes en avisarme, con gusto le diré a quien sea, de tu dedicación, de tu excelente trato, de tu puntualidad y de la responsabilidad con que has hecho tu trabajo.
-LORENA: Gracias Manuel! Fue un gusto conocerte!
-MANUEL: También para mí ha sido un gusto conocerte, y espero que en alguna otra oportunidad podamos cruzarnos!
-LORENA: Ojalá!
Se acercó a mí, me saludó con un beso en la mejilla, y pude darme cuenta que de sus ojos estaban a punto de soltar las lágrimas.
En ese momento hubiera querido abrazarla, apoyarla en mi pecho y pedirle que se quedara a mi lado para siempre.
Luego de que se fuera, recordé sus palabras, haciendo hincapié en esa última. “Ojalá” Podría interpretarse de varias formas, volver a tener trabajo o volver a la clínica por algún otro motivo, y me gustó pensar que no fuera precisamente por el trabajo.
No fue ese día ni los siguientes, pero con el correr de las semanas, extrañaba cada vez más su sonrisa, su mirada, su voz suave, su presencia, cada vez que entraba o salía un paciente de mi consultorio, al abrir la puerta la tenía frente a mí, ahí, a tan solo un par de metros, y ahora extrañaba verla tan solo ese breve lapso de tiempo.
No me entendía a mí mismo, no soy el galán de América, pero he estado con muchas chicas, casi todas ellas muy lindas y con muchas de ellas, hemos pasado buenos momentos, pero nunca en mis años de vida, una mujer me había llegado tan adentro, nunca una mujer me había provocado este cúmulo de sensaciones y sentimientos, que a pesar de mi edad eran nuevos para mí.
Era todo tan diferente, que ni siquiera pensaba sexualmente en ella, con otras mujeres que me han gustado, había puesto en marcha mis mecanismos de seducción para que termináramos durmiendo juntos, con algunas tan solo una noche, con otras varios días, y solo con algunas, algunos meses. Pero en todas esas ocasiones, nunca sentí que mi corazón estuviera involucrado, creo que el pobre, era tan solo un espectador de lo que hacía el resto de mi cuerpo con esas chicas.
Pero con Lorena creo que la situación se ha invertido, mi cuerpo está en descanso, pero el corazón no para, y se ha puesto como loco cada vez que la he tenido frente a mí.
Todo este análisis y esta disertación interior, cerveza mediante, me hizo entender, que quizás y por primera vez en mi vida, mi corazón pedía a gritos ponerse al frente y comandar las acciones, lo sentía desesperado por ser el protagonista, por dar las directrices de los pasos a seguir, creo que él estaba seguro, que él tenía las cosas claras, que había tomado cartas en el asunto, y que estaba completamente dispuesto a entregarse a esos ojos y a esa sonrisa.
Pero mi cabeza no se quedaba atrás, y también quería decir lo suyo, puede que el corazón estuviera seguro, pero esto no se trata solo de una persona, para que todo resulte, para que mi corazón se salga con la suya, esa otra persona, tiene que tener también, el corazón dispuesto, y ahí el problema, ¿cómo saberlo?
Y fue en ese momento que mi cabeza y mi corazón se pusieron de acuerdo, y trazaron un plan, nunca podría saberlo si no hacía el intento, como si de una partida de póker se tratara, para ganar era necesario mostrar mi juego.
Increíblemente esa noche me dormí más tranquilo, no sé si por las tres cervezas o porque mi ser había tomado ya la decisión.
Por supuesto no fue inmediato, tuvieron que pasar varias semanas, para que pudiera dar el paso.
Barajé mis opciones, llamarla por teléfono, enviarle un mensaje, apersonarme en su casa, o en la facultad donde cursaba sus estudios.
Rápidamente deseché las dos primeras, me parecían las más distantes e impersonales, las que no me permitirían tenerla frente a frente y mirar sus ojos, si había que jugar, jugaría fuerte.
Un par de días después, decidí ir a la Facultad en el horario, en el que alguna vez había dicho en la clínica que salía, las diez de la noche.
Era un día martes, y minutos después de las diez, salió un montón de gente de la facultad, me había quedado parado en la vereda de enfrente, pero esa noche no pude verla, de todas maneras me quedé un rato, hasta que salió un hombre y cerró las puertas del lugar antes de irse.
Volví también la noche siguiente, pero entre todas las personas que salieron, tampoco la vi.
Muchas cosas podrían pasar, que no saliera todos los días a la misma hora, o que quizás haya cambiado el horario, y decidí volver también la noche del jueves.
Minutos después de las diez de la noche empezó a salir gente, y un momento después, el corazón se me aceleró al verla salir sonriendo, pero conversando con un chico.
Hablaron un momento en la puerta de la facultad, y luego caminaron en la dirección del tráfico.
Los vi alejarse, y me pareció ver cierta complicidad entre ellos, Lorena nunca había comentado si estaba en alguna relación, y yo por supuesto no lo había preguntado, no tenía por qué.
Cuando se alejaron un poco más de una cuadra, me subí al auto, y en la siguiente cuadra, los vi subirse a un auto y alejarse.
No puedo mentir, se me hizo un nudo en el estómago, paré el auto a un costado, y respiré hondo un par de veces, tratando de mitigar la opresión en el pecho.
Pero en ese momento mi voz interior me dijo, para boludo! No te hagas la cabeza! Puede que tan solo sea un compañero o un amigo! ¿No vas a tirar la toalla en el primer asalto?
Ni yo mismo me conocía en esta instancia, en verdad nunca me había sentido así, con esa mezcla de ansiedad e incertidumbre, quizás típica de un adolescente inexperto.
El fin de semana, cerveza mediante, decidí volver el jueves siguiente, que era el único día en que la había visto.
Faltaban unos minutos para las diez de la noche, cuando estacioné el auto en la vereda de enfrente a unos metros de la entrada de la facultad, me bajé del auto, y me quedé esperando.
La gente comenzó a salir, y detrás de un grupo de chicas que salían conversando, la pude ver, esta vez venía sola, y mirando su teléfono móvil.
Me armé de coraje y crucé la calle, caminé en dirección a ella, que seguía con la vista en su móvil, cuando me faltaban unos pasos, para estar frente a frente, ya con el corazón al galope, levantó la vista y me vio…
Quizás sea mi imaginación, pero en ese momento fue lo que sentí, al verme se le dibujó una sonrisa, y juro que se le iluminó la cara.
Caminé los pasos que faltaban, hasta que estando a cuatro o cinco pasos, ella lo hizo en dirección a mí y fue abriendo sus brazos.
Supongo que también debo haber sonreído, aunque en ese momento, no fui consciente de casi nada.
Y si, llegó hasta mí, y me abrazó tanto como yo la abracé a ella.
No fue un abrazo de cumplido, esos que solemos darle a un conocido, al menos para mí, fue un abrazo con mucho más que decir.
Nos separamos, su mirada buscó la mía y con esa sonrisa que me tiene atrapado, su dulce voz me dijo:
-LORENA: Manuel! Qué alegría verte!
-MANUEL: Hola Lorena!
-LORENA: ¿Qué andas haciendo por acá?
-MANUEL: Te podría mentir, y decirte que andaba por aquí de casualidad cuando te vi salir, pero la mentira no me gusta y en verdad no se me da bien. Vine porque quería verte!
-LORENA: A mí no me sale tan mal mentir, suelo sonar creíble, pero en esta oportunidad, a vos te voy a decir la verdad, yo también tenía ganas de verte, pero no me animé a hacerlo en la clínica.
-MANUEL: Voy a ser más sincero con vos aún, hoy no es el primer día que vengo, la semana pasada vine varios días, pero tan solo te vi el jueves, pero no estabas sola, y por eso no me acerqué, saliste con un chico y vi que se fueron los dos en su auto, pensé que quizás sería tu novio.
Puso carita como de estar pensando, y con su encantadora sonrisa me dijo:
-LORENA: ¿Me pareció a mí, o esa fue una sutil manera de preguntarme si tengo novio?
-MANUEL: Juro que no!
-LORENA: El jueves pasado me fui con Ariel, es mi amigo y compañero de estudios desde que comenzamos la carrera, pero no, no es mi novio, y aunque no lo hayas preguntado, te digo que no, no tengo novio! Ariel es un lindo chico, bueno como nadie, amigo de los que ya no hay, pero es gay y está en pareja!
Esas dos afirmaciones juntas, provocaron en mi interior cierto alivio, no tiene novio, Ariel no es su novio, ni tampoco un amigo con derechos, es tan solo su amigo y es gay.
Los derroteros de nuestra conversación, aún parados allí en la puerta de la facultad, me confirmaban que también ella se alegraba de verme, y eso generó en mí un entusiasmo al que tuve que ponerle un freno, pero un paso más intentaría dar.
-MANUEL: Si vas para tu casa y me lo permitís puedo llevarte, siempre que no tengas planes.
-LORENA: No tengo planes para esta noche y en casa nadie me espera, mi madre está en la costa con una amiga hasta el lunes.
-MANUEL: En ese caso, y si me lo permitís, me gustaría invitarte a cenar.
-LORENA: Claro que sí, nada me gustaría más!
Su respuesta era una clara declaración de intenciones, mi corazón saltaba cuál hincha de fútbol que ve a su equipo hacer el gol del triunfo en el último minuto.
Caminamos hasta el auto, y luego de haber subido le pregunté a dónde le gustaría ir a cenar, y su respuesta me encantó.
-LORENA: Sorpréndeme!
Aunque mi posición económica me permite ir a cualquier lugar, suelo comer en lugares de barrio, donde la comida tiene ese exquisito gusto a casera.
Puse el auto en marcha y salimos, la llevaría a un bodegón en el barrio de Boedo, donde he comido las mejores milanesas napolitanas, un restaurante qué existe desde hace muchos años, incluso antes de que yo naciera, en el que se come de maravillas y al que he ido en infinidad de veces.
Estacioné casi en la puerta, y antes de bajar le pregunté si le gustaban las milanesas, cuando me dijo que si, dije bingo!
Entramos por esa puerta labrada de madera con vidrio y nos sentamos en una de esas mesas de antaño.
Aunque no siempre es así, nos atendió Haroldo, un hombre mayor, qué ha sido mozo allí durante toda su vida, y que me ha atendido infinidad de veces.
-AROLDO: Buenas noches Manuel, Qué bueno verte por aquí! Y en tan buena compañía! Ya era hora de que dejaras de comer solo!
Supongo que se me deben haber subido los colores, pero miré a Lorena y ella sonreía divertida.
-MANUEL: Buenas noches Haroldo!
-AROLDO: ¿Lo de siempre hijo?
-MANUEL: Por favor Haroldo tráeme la carta!
No pretendía ser autoritario en la comanda, quería darle la oportunidad de que eligiera lo que ella quisiera comer, le pregunté a Lorena si le gustaba la cerveza, y cuando me dijo que sí, le pedí al viejo dos cervezas.
-LORENA: ¿Es tu papá?
-MANUEL: No, no! Pero vengo muy seguido aquí, nos conocemos desde hace tiempo, y su trato siempre ha sido así.
-LORENA: Tiene cara de bueno!
-MANUEL: Es un fenómeno el viejo!
Un momento después nos trajo la cerveza con unos maníes, y en ese momento le hubiera dicho todo lo que me estaba pasando, pero me contuve.
Luego de leer la carta se decidió al igual que yo, por la milanesa.
Durante la cena conversamos un poco de su vida y de la mía, me encantaba escucharla, me contó de sus estudios, un poco de su familia, lo que le había afectado la muerte de su padre, y la relación un poco difícil que tenía con su madre.
Terminamos de cenar, hicimos un rato de sobremesa, mientras seguíamos conversando, cuando llamé a Haroldo para pedirle la cuenta, trajo café para los dos, y antes de irse, el viejo pícaro me guiñó un ojo.
Pagué la cuenta y salimos del restaurante, la llevaría hasta su casa sin más, no tenía intenciones de apresurar nada.
Le pedí que me recordara su dirección, y veinte minutos después estábamos en la puerta de su casa.
En ese momento no tenía más pretensiones, tan solo lograr volver a verla, disfrutar de volver a tenerla frente a mí.
Sentados los dos dentro del auto, por supuesto con mi corazón al galope, me dijo:
-LORENA: En verdad disfruté mucho la cena, espero que se repita!
Claramente me estaba dando el pie para volver a encontrarnos, y creo que en ese momento, le hubiera dicho que me encantaría cenar con ella cada noche del resto de mi vida.
-MANUEL: Yo también, te juro que yo también!
Me miró a los ojos, y no me pude contener, me acerqué lentamente a ella, y le di un suave beso en los labios.
No hubo oposición ni sorpresa, creo que lo estaba esperando, de muy buena gana le hubiera dicho de pasar la noche juntos, pero me volví a contener.
-MANUEL: Si te parece, podemos cenar mañana!
-LORENA: Me encantaría! Si nos tenés problema, pasame a buscar a las nueve!
-MANUEL: Claro que sí! A esa hora estoy acá!
Y esta vez fue ella, quién se acercó a mí y me besó en los labios, fue un beso corto y luego se bajó del auto con una linda sonrisa, lógicamente me dejó con ganas de más, pero ya habría tiempo.
Esperé hasta que entrara en su casa, y nos saludamos con la mano.
De regreso a casa, estaba pletórico, como un adolescente que había dado su primer beso, emocionado como si me hubieran dicho que había ganado la lotería.
El viernes salí temprano de la clínica, me fui a casa, me bañé y estaba por afeitarme la incipiente barba de unos días, pero decidí dejármela, después de todo no me quedaba tan mal.
A las nueve en punto estaba en la puerta de su casa, bajé del auto y toqué el timbre.
Tardó unos minutos en responder, pero cuando la puerta se abrió y la vi, creí que el corazón se me salía del pecho.
Era una noche templada de finales de septiembre, Lorena tenía puesto un vestido floreado, ceñido a la cintura, casi hasta sus rodillas, y con muy poco escote, claramente no mostraba nada, no insinuaba nada, pero estaba realmente hermosa. Con el pelo recogido y unas sandalias de taco alto, que elevaban su hermosura unos centímetros.
-LORENA: Hola Manuel! Qué puntualidad!
-MANUEL: A una mujer tan hermosa no se la puede dejar esperando!
-LORENA: Gracias por el cumplido!
-MANUEL: Es la pura verdad Lorena!
Caminamos hasta el auto, y esta vez la llevé a cenar a un restaurante elegante.
Nos asignaron la mesa y nos sentamos.
Apenas maquillada, tan solo los ojos delineados, que no hacía más que embellecer su mirada, y los labios pintados de un rosa sutil.
Creo que la situación era propicia, sentí que era el momento indicado, de hecho estábamos allí, porque ambos queríamos estarlo, y que se haya arreglado de esa manera, la hacía a mis ojos la mujer más hermosa del mundo, dándome la certeza de que mi corazón no se había equivocado.
En pocos segundos pensé sí era ahora o luego de la cena, pero creo que la ansiedad me pudo, y sin pensar en las consecuencias, lo solté...
Continuará…
Continúa en
- Relato #200672— title-regex: contiguous parts (23 -> 24)
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
¡mi jefe me tenía ganas y me cogió! 3
Luisa siempre soñó con ser tratada como una reina, pero su realidad era una noche de bodas olvidable y años de indiferencia.
Comparte:Infidelidad consentidaRelacion profesor alumnaVenganza erotica
- Hetero: Infidelidad
P.V.e.I: Pianos Lustrosos (8): Nuevas Amistades 2.
Matías creía que vigilar a su esposa sería una forma de sanar, pero la soledad del hotel y la presencia de una mujer desconocida en su puerta…
Comparte:Infidelidad consentidaRelacion profesor alumnaVenganza erotica
- Hetero: Infidelidad
Infiel después de la boda de mi hermana
El alcohol, la proximidad de la boda y la presencia de un hombre desconocido en la misma habitación crean una tormenta perfecta.
Comparte:Infidelidad consentidaRelacion profesor alumnaDeseo reprimido
- Hetero: Infidelidad
La clase de dibujo de Vanesa
Vanesa siempre fue la chica discreta, hasta que el modelo más alto de la escuela cruzó su mirada.
Comparte:Infidelidad consentidaDespertar sexualRelacion profesor alumna
- Hetero: Infidelidad
Masaje
Lleva veinte años con el mismo hombre y cree conocer cada rincón de su vida sexual. Pero hoy, las manos que la tocan no son las de su esposo, y el…
Comparte:Infidelidad consentidaRelacion profesor alumnaDeseo reprimido
- Hetero: General
Rocío. Indiferencia, odio y amor
Llevaba años mirándola desde las sombras, guardando el rencor de no ser elegido. Pero esa noche, cuando ella llegó a su puerta rota y desnuda, la…
Comparte:Despertar sexualDeseo reprimidoVenganza erotica