Xtories

Milena (4)

Fernando siempre supo que Milena no estaba segura con Agustín. Ahora que está de vuelta, no solo le ofrece un sistema informático, sino una advertencia que podría destruir su matrimonio y su vida.

jejen6.5K vistas8.9· 25 votos

Milena

Capítulo 4

-MARIO: Hija necesito decirte algo que es muy importante para mí…

-MILENA: No me preocupes pa!

-MARIO: No hija, no es nada malo, pero estaba pensando en pasar la empresa a tu nombre, que vos seas la titular de la empresa!

-MILENA: ¿Y eso por qué papi?

-MARIO: No significa que vos tengas que hacerte cargo! Sé perfectamente que lo tuyo es el laboratorio y no es mi intención que eso cambie! Lo pensaba más que nada, por si en algún momento me llegara a pasar algo, no tener que renegar con los papeleos.

-MILENA: Es tu empresa papi! El trabajo de toda tu vida y yo no tengo la más mínima idea de lo que hay que hacer allí!

-MARIO: Ya lo sé hijita, todo seguiría como ahora, la única diferencia es que estaría a tu nombre, nada más!

En un principio no estaba de acuerdo, tenía miedo que se fuera desligando de la empresa, que se viniera abajo, y ya no tuviera algún motivo para levantarse cada mañana.

-MILENA: No sé papi! No lo tengo en claro, me da miedo que al no tenerla a tu nombre te vayas desligando y de vengas abajo!

-MARIO: Tranquila hija! Todo seguirá como hasta ahora, yo seguiré tomando las decisiones en la empresa!

Creo que para tranquilizar a papá, terminé aceptando.

-MILENA: Está bien papi! Si así lo has decidido, respeto eso, y por supuesto contá conmigo para lo que haga falta!

-MARIO: Ya te avisaré cuando haya que hacer el traspaso!

El abogado que solía contratar la empresa prepararía todos los documentos necesarios para que la empresa pasara a mi nombre.

Esa noche, hablándolo con Agustín, me hizo comprender que no estaba mal la idea de mi padre, él seguiría ligado a la empresa y yo tan solo tendría que firmar los documentos necesarios como titular de la firma.

Papá me fue contando cómo iba el proceso y cuando todo estuvo listo, en el despacho del abogado, firmamos todos los papeles y casi un mes después, a mis veintiséis años, era la titular de la empresa de papá.

Esa noche mientras cenábamos los dos, papá me dijo:

-MARIO: Hija, me quedo más tranquilo habiendo hecho esto, Agustín se ha hecho cargo de casi todo en la empresa y si la relación entre ustedes, sigue viento en popa, sentiría que la empresa quedaría en la familia. Estoy seguro que tu madre estaría de acuerdo conmigo en esto!

-MILENA: Lo que más me importa sos vos papá, esta empresa ha sido el esfuerzo de toda tu vida y si así creés que debe ser, pues así será. Y respecto de mi relación con Agustín, va muy bien y creo que en cualquier momento, daremos el siguiente paso, vivir juntos, ya veremos si con casamiento o sin casamiento.

-MARIO: Ya lo sabés hija! Si así lo decidís, yo te voy a apoyar siempre! Lo único que me importa en este mundo es tu felicidad! Con la ausencia de mamá, me he dado cuenta que la vida es tan solo un suspiro, que nunca sabemos cuándo nos llegará la hora y que hacer lo que deseamos de corazón, es lo único que nos da la satisfacción de estar en el camino correcto, de sentir que la vida vale la pena!

-MILENA: Cómo te amo papá!

-MARIO: Y yo a vos hija mía! Mi dulce Mile! Sos lo más importante para mí en este mundo!

Los llamados con Fernando siguieron cada domingo, y le conté todo lo de la empresa, pero si en esos momentos estaba con Agustín, su cara lo decía todo, no le gustaban nada esas comunicaciones y todo lo que nos contábamos, por lo que poco a poco, me fui distanciando de él cada vez que hablaba con Fernando.

Casi un par de meses después, decidimos con Agustín, irnos a vivir juntos, y le pedí que lo hiciéramos lo más cerca posible de papá, no quería estar lejos de él, y unos días después, Agustín encontró en alquiler una pequeña casa a la vuelta de lo de papá, eso me dejó más tranquila.

Un par de semanas más tarde, comenzó nuestra vida juntos, si bien pasábamos juntos muchas horas al día, el convivir era otra cosa, algo a lo que sin dudas me tendría que acostumbrar.

En una llamada entre semana, se lo conté a Fernando, que a pesar de sorprenderse, y quizás no convencerle demasiado, me deseó lo mejor en esta nueva etapa de mi vida.

En la convivencia con Agustín, rápidamente nos adaptamos, ambos con nuestros trabajos, nos veíamos un momento en la mañana y luego de las seis o siete de la tarde, incluso algunos días después de las ocho, cuando él volvía de la empresa.

Siempre me contaba cómo iban las cosas en la empresa, al igual que a papá, que lo tenía al tanto de todo.

Una tarde mientras tomábamos unos mates al llegar, me contó que una de las chicas administrativas dejaba la empresa y que había entrevistado a varias postulantes para su reemplazo, que tan solo faltaba hablarlo con papá y a principios de diciembre, comenzaría a trabajar.

Agustín le presentó los curriculum de las tres postulantes, y ambos se decidieron por contratar a una chica de nombre Juliana, que tenía experiencia de trabajo en el rubro.

Papá estaba tan conforme con el trabajo de Agustín, que poco a poco dejó de ir a la empresa, yo no quería que lo hiciera, más que nada para que no se encerrara en casa y se deprimiera, pero con Edgardo, un amigo suyo también viudo hacía unos años, se encontraban, salían a tomar un café o a cenar, y eso en verdad, me parecía que le hacía muy bien.

Una noche de sábado, salimos a cenar con Agustín a un lindo restaurante, y durante el café, luego de los postres, de su bolsillo, sacó una pequeña cajita y al abrirla pude ver un anillo.

El corazón se me aceleró al imaginar lo que me diría, y no me equivoqué, Agustín me propuso casamiento y tal como venía nuestra relación, le dije que sí.

Al día siguiente, almorzando con papá se lo contamos, y muy emocionado, nos abrazó a los dos, deseándonos lo mejor.

Ese mismo domingo, se lo conté a Fernando en nuestro llamado telefónico, y aunque por su tono de voz me pareció que no le había caído muy bien, me deseó toda la suerte del mundo.

En una sencilla ceremonia, tan solo por el registro civil y con nuestras familias y los amigos más cercanos, nos casamos un mes después, aunque el viaje de bodas de varios días a un lindo lugar, por cuestiones de trabajo, quedaría para más adelante, quizás en el verano.

Nuestra vida no cambió demasiado, tan solo habíamos formalizado la relación que ya teníamos.

El año entrante, casi a finales de enero, una tarde tomando unos mates con papá, me contó:

-MARIO: Hija, con Edgardo nos vamos a ir unos días de vacaciones a Mar del Plata.

-MILENA: Me parece una buenísima idea pa! Estoy segura de que la van a pasar muy bien!

-MARIO: No estoy muy convencido, pero Edgardo me insistió tanto que le terminé diciendo que sí!

-MILENA: Quien te dice… por ahí podés conocer a alguien…

-MARIO: Es tan solo unos días para cambiar de aire! Ni quiero ni puedo conocer a nadie, mami sigue a cada momento en mi mente y en mi corazón!

-MILENA: En el mío también! Y así seguirá siendo siempre, pero la vida sigue pa, si aparece alguien, no te cierres, estoy segura que mamá te diría lo mismo! Te queda mucha vida por delante y tenés que vivir los años que te queden, de la mejor manera!

-MARIO: No sé… no estoy en eso, pero llegado el caso, ya se verá!

Y así fue, una semana después, nos despedíamos en la puerta de su casa, un momento antes de que Edgardo lo pasara a buscar para irse los dos a Mar del Plata.

Con Agustín, nos fuimos ese verano, tan solo cuatro días a Pinamar por cuestiones de trabajo de los dos, ya que Agustín estaba preparando un viaje de trabajo a Rosario, por un montaje para una empresa importante de esa ciudad.

Creí que esos pocos días, nos servirían para desconectarnos de nuestros trabajos, algo así como el viaje de bodas que no habíamos tenido, pero en verdad, estuvo muy lejos de eso.

Pensé que volveríamos a conectarnos, intentando acortar esa distancia que se había instaurado entre nosotros, ya ni siquiera nos comunicábamos como al principio, y ni hablar de nuestros contactos íntimos, pero Agustín, ni siquiera en la playa, dejaba de estar al pendiente del teléfono, haciendo o recibiendo llamadas y mensajes.

En los últimos meses, sobre todo a partir de que comenzara a funcionar mejor el laboratorio, nuestras relaciones sexuales, habían decaído mucho, casi a la nada misma. Si bien Agustín nunca ha sido un tipo muy “calentón” y adepto al sexo a menudo o variado, en esos meses lo habíamos hecho cada vez menos, y esas pocas veces, fueron porque yo lo había buscado, incluso habiendo sentido en varias ocasiones, casi que lo hacía por compromiso, como una obligación por cumplir, en verdad como poniéndole poco esmero, poco interés.

Entendía que la responsabilidad de manejar la empresa podía demandarle mucho tiempo y esfuerzo físico y mental, pero en los fines de semana, no lográbamos recuperar el tiempo y pasar momentos de mayor conexión, de unión, al punto de llegar a pensar que ya no le atraía o incluso que pudiera estar sintiéndose atraído por alguna otra mujer.

Días después, cuando papá volvió de esos días en Mar del Plata, una tarde mientras tomábamos unos mates me contó de su viaje.

-MARIO: Mile, quiero contarte algo!

-MILENA: Contame pa!

-MARIO: En el hotel donde nos hospedamos con Edgardo, conocí a una mujer muy agradable, también viuda, que estuvo esos días con una amiga. Como el pícaro de Eduardo, se enganchó a la otra mujer, quedamos varias veces conversando los dos, fueron conversaciones normales, contándonos un poco de nuestras vidas, yo le conté de vos y ella de sus dos hijos que viven fuera del país, el más grande en Rio de Janeiro, y el más chico en Madrid, en varias charlas hablamos de muchas cosas.

Lo escuchaba a papá, parecía que se estaba justificando, como que necesitaba explicarme que no se estaba olvidando de mamá, yo lo miraba con una sonrisa, y esperaba que me dijera que había quedado en contacto con esa mujer, que al menos habían intercambiado sus teléfonos, y para tranquilizarlo me salió a decirle.

-MILENA: Papi, sos un hombre joven aún, tenés muchos años por vivir, y estaría muy bien que tuvieras a alguien con quien pasar buenos momentos, estoy segura que mamá, allí donde esté, verá con buenos ojos que puedas seguir con tu vida. Quizás tan solo lleguen a ser amigos, pero si se presentara la ocasión de algo más, no te cierres, no sientas que estarías engañando a mamá, sí es una mujer con la que podés pasar buenos momentos, o llegar a pensar en algo a futuro, no debes privarte de eso, si vos estás bien, yo voy a estar feliz viéndote bien. Espero que al menos le hayas pedido el teléfono!

-MARIO: Creo que nos caímos bien, y por supuesto intercambiamos nuestros números, de hecho hace más o menos una hora y media, estuvimos hablando por teléfono, ella vive en San Nicolás, aquí en provincia de Buenos Aires.

-MILENA: Si te hace bien seguir en contacto con ella, desde ya te digo qué, aunque no hace falta, tenés mi aprobación, y por supuesto me gustaría conocerla, ¿cómo se llama?

-MARIO: Se llama Leticia y tiene cincuenta y ocho años, dos menos que yo!

-MILENA: Muy bien papi! Dale para adelante que yo te apoyo!

La empresa logró el contrato para el montaje y el primer viaje de Agustín a Rosario, fue los primeros días de marzo, serían tres días, dos noches allí, y se iría con uno de los ingenieros y con la nueva chica administrativa.

En esos días, me llegó un mensaje al whatsapp, agregándome a un grupo, que era de los compañeros de la secundaria, con la intención de juntarnos todos en un par de meses.

Lo primero que me fijé, fue si Fernando estaba agregado al grupo, y así era, aunque no había hecho ningún comentario.

El domingo, cuando hablamos por teléfono, comentamos la idea de la juntada, pero Fer me dijo que no podía asegurar su presencia, estaba con un trabajo importante, y no sabía cuánto tiempo le demandaría.

Al regreso de Agustín, le comenté del grupo y del encuentro, y lo primero que me preguntó, fue si Fernando vendría para esa fecha, le conté lo que me había dicho Fernando, y al parecer, se quedó más tranquilo.

No entendía muy bien esa actitud suya, nunca le había dado motivos para que se comportara de esa manera, nunca le sería infiel, ni con Fernando ni con ningún otro hombre, además de que vivía con él, también lo respetaba.

Si bien la empresa estaba a mi nombre, Agustín tenía un poder firmado por mí, para muchas cosas de la empresa, pero aún así, algunas veces me traía papeles para firmar, contratos y otros documentos, en los que era necesaria mi firma, incluso teníamos que ir algunas veces a los bancos dónde estaban las cuentas de la empresa.

En verdad la mayoría de las veces no entendía lo que firmaba, por más que lo leyera una y mil veces, pero confiaba plenamente en Agustín, tanto como lo hacía papá.

Un día entre esos viajes, tuvimos que ir a dos de los bancos para firmar unos papeles, por supuesto yo tan solo firmaba, sí Agustín me decía que lo firmara, yo lo hacía.

El grupo de los compañeros y compañeras de la secundaria estaba a full, muchos mensajes cada día, al punto que tuve que silenciarlo para que no me sonaran las notificaciones a cada momento.

Ya había fecha para volver a juntarnos, sería el sábado quince de octubre, en la casa quinta de Marianela, una de las chicas del curso, en la localidad de Gonnet, cercana a la ciudad.

De los treinta y un compañeros, veintidós ya habíamos confirmado la asistencia ese sábado y entre los que no confirmaron o no podían, estaba Fernando, aunque nada había comentado en el grupo, en la llamada telefónica del domingo siguiente, me dijo que sería muy difícil que pudiera viajar, por cuestiones de trabajo.

Cuando le conté a Agustín que ya estaba la fecha para volver a vernos, nuevamente lo primero que me preguntó fue si vendría Fernando, y cuando le dije que no, casi que se alegró. En parte me dio un poco de bronca, sabiendo los sentimientos que tenía por él, me pareció una actitud bastante egoísta, haciéndome recordar la situación papá de cuando éramos chicos, pero como en otras ocasiones, lo dejé pasar.

Las cosas en el laboratorio iban cada vez mejor, y ya habíamos tenido que contratar a otra chica para trabajar con nosotras en el laboratorio.

Estando esa semana Agustín en Rosario, me llamaron de uno de los bancos, necesitaban autorización para una transferencia pactada de una suma importante de dinero, y al no poder contactarse con Agustín, lo hicieron conmigo, me pidieron si podía pasar ese día por el banco, y me escapé un momento del laboratorio para ir a firmar esos papeles.

Cuando Agustín volvió de su viaje, le comenté que me habían llamado del banco, y me dijo que andaba con algunos problemas con la batería de su teléfono, por momentos se le apagaba, y que seguramente por eso no se habían podido contactar con él.

Cuando le pregunté por esa transferencia, me dijo que era una especie de salvataje para la empresa Transnet, uno de nuestros proveedores, empresa con la que trabajábamos siempre, y que sus dueños eran más que conocidos de papá, qué habían tenido algunos problemas financieros, y qué le había adelantado el pago de las dos siguientes entregas de materiales, para desahogarlos económicamente, explicándome que habían tenido que solventar el juicio laboral de un ex empleado, y habían quedado en rojo en sus cuentas.

En verdad no me preocupé demasiado por todo eso, de la empresa se ocupaba Agustín, yo tenía mi cabeza puesta en el laboratorio.

Los viajes de Agustín a Rosario continuaron, por varios meses, y seguían siendo cada quince días.

Llegó el mes de octubre, en pocos días sería la reunión con los ex compañeros, en verdad me hacía ilusión volver a verlos, aunque sabía que sin Fernando, no sería lo mismo.

La reunión era ese sábado al mediodía, ya todos habíamos puesto nuestra parte del dinero para el asado, que el marido de la dueña de casa, haría para todos nosotros.

A pesar de estar en octubre, ese día hizo calor, y yo me puse un pantalón liviano y una remera, y por las dudas llevé un pantalón corto, que no era más que un jean viejo, que lo había recortado, a manera de short.

Llegué en un taxi a la quinta de Marianela, a eso de las doce del mediodía, y ya había varios chicos y chicas.

Los abrazos y los besos fueron muy efusivos, a pesar de que en los primeros años, no nos llevábamos tan bien, habíamos terminado casi todos con una muy buena relación.

Poco a poco fue llegando el resto, y por supuesto varios chicos y chicas me preguntaron por Fernando, les dije que estaba viviendo en España, y que por trabajo le era complicado venirse.

A eso de la una llegó Angy, años hacía que no nos veíamos, no es por criticarla, pero de la joven atractiva, de cuerpo sugerente y llamativo, poco había quedado, no sé qué habría pasado en su vida, pero había subido tanto de peso que hasta la cara le había cambiado, pero nuestros desacuerdos quedaron de lado, y nos saludamos con un efusivo abrazo y un beso.

Entre todos nos fuimos contando en que andaban nuestras vidas, laborales y de pareja, donde estábamos viviendo, en una palabra poniéndonos al día.

Con el calor que hacía, me fui a cambiar el pantalón largo por el short y volví al jardín. Las cervezas empezaron a correr, y entretenida en una charla con un par de compañeras, mire hacia la puerta de entrada, y el corazón se me aceleró, caminando por el parque en dirección al quincho, con una sonrisa y mirándome, venía Fernando.

Demás está decir que dejé a las chicas en medio de la conversación, y corrí a su encuentro dándole un abrazo interminable.

-MILENA: Fer! ¿Qué haces acá? Guacho, no me dijiste que venías!

-FERNANDO: Hola Mile! Te quería sorprender!

-MILENA: Me re sorprendiste! La más hermosa sorpresa!

-FERNANDO: Además si te avisaba, se lo ibas a contar a tu marido, y seguramente no te iba a dejar venir!

-MILENA: Sos un boludo! Mirá si me iba a prohibir venir! Ni él ni la policía! Qué alegría me diste! ¿Cuándo volvés a Barcelona?

-FERNANDO: Ahí viene la segunda sorpresa! Mis viejos se volvieron hace poco más de un mes para acá, y yo estoy viviendo en Montevideo!

-MILENA: ¿En Montevideo? Jódeme! Malo! No me dijiste nada! ¿Por qué no te volviste a La Plata?

-FERNANDO: En verdad porque trabajo para el extranjero, cobro en dólares o en euros, y si ingreso ese dinero al país, me sacan un montón de guita, así que por el momento me quedo en Montevideo, ahí puedo manejar mis dólares como quiero!

-MILENA: Por lo menos estás más cerca!

Y ahí venía la pregunta, cuya respuesta no estaba segura de querer escuchar.

-MILENA: ¿Estás viviendo solo en Montevideo?

-FERNANDO: Nos vinimos con Ainhoa y con Aitor, mis socios! Vivimos los tres en una linda casa que alquilamos, y allí mismo trabajamos!

No quise preguntar cómo estaba su relación con esa chica, después de todo yo estaba casada con Agustín, pero volver a verlo, volver a tenerlo frente a mí, volver a abrazarlo, me trajo muchos recuerdos, reavivó unos sentimientos por él, que hacía años estaban adormecidos, mi corazón iba a mil por hora.

-MILENA: ¿Y a Montevideo cuando te volvés?

-FERNANDO: Pasado mañana a la tarde, hoy y mañana me quedo en casa de mis viejos, y me vuelvo en el ferry de las siete de la tarde.

-MILENA: Ahora estás más cerca, quizás podamos vernos más seguido!

-FERNANDO: Seguramente! Esa también era la idea!

Por supuesto no nos separamos en toda la tarde, hablamos de muchas cosas, Fernando se interesó por papá, y le conté de Leticia, y de que lo veía bien.

Agustín me había dicho que le avisara cuando terminara la reunión, por si quería que me fuera a buscar, pero a eso de las cuatro de la tarde, le dije que un compañero me llevaba.

Cuando todos empezaban a irse, nos fuimos con Fernando en un taxi hasta el centro, entramos en un bar, y pedimos café para los dos.

Fernando me contó de su trabajo, de lo bien que le estaba yendo, que su idea era tener unos buenos ahorros en dólares, y crear su propia compañía de desarrollo de software, de ser posible en Argentina, pero que también podía ser en Uruguay o en Brasil.

Yo le conté del laboratorio, y me dijo que le encantaría conocerlo, después del café le dije que si quería podíamos ir, no estábamos lejos.

Caminamos juntos esas ocho cuadras, y le enseñé el laboratorio.

Mientras lo recorríamos, me preguntó si teníamos algún sistema informático para toda la información de nuestro trabajo, le comenté que un laboratorio no sabía dado uno, pero que tenía varias limitaciones, y mucha información la teníamos que guardar en planillas de cálculo.

Fernando se ofreció a desarrollarnos un sistema a medida, por supuesto sin costo alguno, que para él no sería difícil hacerlo, y le dije que sí, también era otra forma de seguir en contacto con él.

A eso de las seis y media de la tarde, nos despedimos con un abrazo, abrazo que no quería que se terminara.

Fernando iba a casa de sus padres, y yo me volvía para casa.

En el taxi de regreso, decidí que no le contaría nada a Agustín de mi encuentro con Fernando, no me gustaba su actitud cada vez que le hablaba de él.

Esa noche cenamos en casa de papá con Agustín y su amigo Edgardo, fue una cena muy agradable, y el carácter extrovertido y desenfrenado del amigo de papá, nos hizo reír toda la noche, y por supuesto agradecía esa actitud, que hacía que papá estuviera más contento y con otra forma más positiva de ver las cosas.

Agustín es hincha fanático de Estudiante de La Plata, unos de los clubes de futbol de primera división de la ciudad, y ese domingo jugaban de local a las cuatro de la tarde, y como en cada partido, se juntaban dos horas antes con sus amigos para tomarse unas cervezas, e ir juntos al estadio.

Después de almorzar, a eso de la una y media de la tarde, se despidió de mí y se fue para juntarse con sus amigos.

Me quedé lavando los platos y haciendo un poco de orden, cuando me llegó un mensaje de Fernando:

-FERNANDO: Hola Mile!

-MILENA: Hola Fer!

-FERNANDO: ¿Cómo viene tu tarde? ¿Algún plan con tu marido?

-MILENA: No! Hace como media hora se fue para juntarse con sus amigos antes de ir a la cancha a ver a Estudiantes!

-FERNANDO: ¿Querés venir un rato a casa? Mis viejos me preguntaron por vos!

-MILENA: No quiero estar en el medio! En unas horas te vas, aprovechá ese rato con ellos!

-FERNANDO: Venite! A ellos los veo seguido! Es más, el viernes que viene se van para Montevideo y se quedan una semana!

-MILENA: Bueno dale! En un rato estoy ahí! ¿Viven donde siempre?

-FERNANDO! Sí! Venite que te espero con el mate!

Me cambié y en el auto me fui para su casa, de camino compré unas facturas y al llegar, él mismo fue quien me abrió la puerta y nos saludamos con un abrazo.

Tomamos unos mates y conversamos con él, con Nancy y con Mariano, que se alegraron al verme, tanto como yo de volver a verlos después de tantos años.

Fernando tenía ferry para Montevideo a las seis y media de la tarde, y aunque creyendo que me diría que no, le dije si quería que lo llevara hasta Buenos Aires.

Ante mi sorpresa, me dijo que sí, ya que Mariano no podía llevarlo, estaba sin el auto y se iba a ir en un taxi.

Un rato antes de las cinco de la tarde, se despidió de sus padres, luego lo hice yo y salimos en mi auto para la capital.

Llegamos con tiempo y esperé con él hasta la hora de salida, nos despedimos con un largo abrazo y un cariñoso beso.

Volviendo para La Plata, no podía dejar de pensar en que diferente hubiera sido mi vida, si no nos hubiéramos separado hacía tantos años con Fernando, quizás podríamos haber tenido una linda relación, incluso llegar a compartir nuestras vidas, pero bueno… yo estaba casada con Agustín y él se había venido de Barcelona con Ainhoa.

En la semana siguiente hablamos varias veces por teléfono para contarle a Fernando lo que necesitaríamos para el sistema que nos haría para el laboratorio, incluso habló también con Miriam, que todo el tiempo me decía que lo quería conocer.

Una semana después, Agustín volvió a viajar a Rosario y una tarde al llegar a casa, me encontré con un aviso de la empresa de correos, de una carta documento a mi nombre, no sabía de qué se trataba, pero sin dudas era algún tema relacionado con la empresa.

Al día siguiente a media mañana, fui al correo a buscarla, ya sentada en el auto la abrí y me encontré con la noticia de que la empresa había pedido un préstamo a uno de los bancos y que intimaban el pago de cuatro cuotas atrasadas, que no se habían podido debitar, por falta de fondos en la cuenta.

Agustín manejaba todas las cuestiones financieras de la empresa de papá, estaba segura que esto sería un error, o quizás un descuido de Agustín, al no depositar dinero en esa cuenta.

No quise hablar con papá sobre este tema, lo veía tan bien en su nueva vida, con esa relación a distancia con Leticia y sus salidas con Edgardo, que no quería cargarlo con ninguna preocupación.

Cando llegó Agustín, le mostré la carta documento, y me explicó que se le había pasado el depositar dinero en esa cuenta y que él se ocuparía al día siguiente.

No me preocupé, aunque tampoco recordaba si me había comentado alguna vez, sobre ese préstamo solicitado a uno de los bancos.

Un par de semanas después, Fernando me mandó un mensaje, diciéndome que el sistema para el laboratorio estaba listo, que solo faltaría que lo probáramos, para ver si faltaba alguna funcionalidad o algún reporte, pero si todo iba bien, él mismo vendría a instalarlo luego de que lo probáramos.

Esa tarde, papá me llamó por teléfono para decirme que Leticia vendría a La Plata y que quería que la conozca, llegaría el sábado por la mañana y se iría el domingo por la tarde.

Le pregunté si se quedaría en casa, pero me dijo que venía con su amiga y se hospedarían en un hotel del centro.

Cuando llegó de la empresa, se lo conté a Agustín, creyendo quizás que se alegraría por papá, pero me resultó bastante indiferente su reacción, como si no le importara demasiado, cada vez me sorprendían más algunas actitudes de mi esposo.

El sábado en la noche cenamos en casa de papá, con Agustín, Edgardo, Leticia y su amiga.

La cena estuvo más que entretenida y Leticia me pareció una mujer muy agradable, de conversación interesante y excelente trato, sobre todo con papá.

El domingo hablamos por teléfono con papá, luego de que Leticia y su amiga se volvieran a San Nicolás, y le dije que me había parecido una mujer muy agradable, y que me había gustado como lo miraba, seguramente papá se haya puesto colorado.

En otro de los viajes de Agustín a Rosario, sonó mi teléfono un medio día y creí que era él, pero el que llamaba era el dueño de una de las empresas proveedoras de insumos de la empresa de papá, que aunque en un tono cordial, me dijo que ya no podían esperar más tiempo por los pagos atrasados de la empresa, que sin esos fondos adeudados, se les estaba haciendo difícil continuar con las entregas, ya que eso incrementaría la deuda y les complicaba las líneas de producción.

No sabía que explicaciones darle, en realidad no tenía ni idea de lo que pasaba financieramente en la empresa que estaba a mi nombre, de todo se encargaba Agustín.

Luego de esa comunicación, pensé en si debía hablarlo con papá o esperar a que Agustín regresara de Rosario, para que me explicara lo que estaba pasando en la empresa.

De ese viaje, Agustín volvía el miércoles por la tarde, pero el martes por la mañana, me llamó para decirme que por unos temas que tenían que resolver, se quedarían hasta tarde el viernes, y para no manejar en la ruta de noche, volvería el sábado por la mañana.

Decidí no decirle nada en ese momento, ya hablaría con él, el sábado cuando regresara.

Ya habíamos estado probando con Miriam y las chicas el sistema que había hecho Fernando para nosotros, y andaba de maravilla, no le faltaba nada, y esa misma tarde, lo llamé por teléfono para decírselo.

-MILENA: Hola Fer!

-FERNANDO: Hola Mile! ¿Cómo andás?

-MILENA: Todo bien! Te quería decir que el sistema anda perfecto! No le falta nada! Lo probamos bastante con las chicas y es una maravilla!

-FERNANDO: Buenísimo! Ni bien pueda me hago una escapada y se los instalo!

-MILENA: Dale! Te esperamos!

-FERNANDO: ¿Todo bien Mile? Te noto la voz rara, ¿Mario está bien?

-MILENA: Por suerte muy bien! No pasa nada! Algunos problemas, de esos que nunca faltan!

Hablamos un momento más y nos despedimos.

Seguía con el tema en la cabeza, no quería preocupar a papá con temas de la empresa, lo veía cada vez más animado y no quería darle ningún dolor de cabeza, al menos hasta que no supiera realmente lo que estaba pasando.

Al día siguiente al mediodía, estaba en el laboratorio por salir a comprar algo para almorzar, cuando de espaldas a la entrada, escuché su inconfundible voz, saludando al entrar.

-FERNANDO: Buenos días!

-MILENA: Fer! Hola! No te esperaba tan pronto! Justo estaba por salir a comprar algo para comer!

En eso apareció Miriam apurada y los presenté, aún no se conocían personalmente y mirándome con carita de pícara, me dijo que fuera a almorzar tranquila, que ella se quedaba.

Subimos a mi auto y fuimos a almorzar con Fernando a un restaurante a pocas cuadras del laboratorio, donde se comía muy bien.

Nos sentamos, pedimos nuestra comida y bebida y mientras esperábamos, conversamos un par de cosas.

-MILENA: No creí que vendrías hoy! Me hubieras avisado y te iba a buscar!

-FERNANDO: Ya sabía que el sistema andaba bien, ya lo había probado, esperaba que ustedes me dieran el ok para venir a instalarlo!

-MILENA: De todas formas, no había tanto apuro!

-FERNANDO: Ya lo sé! Pero ayer cuando hablamos por teléfono, al escuchar tu voz, me pareció que algo no andaba bien! ¿Problemas con Agustín?

-MILENA: En verdad hay algo que me preocupa, viste que la empresa de papá hace tiempo pasó a mi nombre, pero yo no sé nada del manejo de la empresa, de todo se encarga Agustín, yo solamente firmo lo que él me dice que tengo que firmar, pero ayer mismo, uno de los proveedores de la empresa, me llamó por una deuda que tenemos con él. No sé las cuestiones financieras de la empresa, ni de los fondos, ni los ingresos, ni los gastos, papá confía en Agustín y por ende yo también.

-FERNANDO: Puede que tan solo sea un atraso en los pagos y que en algún ingreso de la empresa, sean cubiertos.

-MILENA: Puede ser! Pero también hace un tiempo, llegó una carta documento a mi nombre, de uno de los bancos con los que trabaja la empresa, reclamando el pago atrasado de un préstamo y hace un tiempo también, como no se podían comunicar con Agustín, me llamaron para autorizar una transferencia pactada de una importante suma de dinero. Agustín está en Rosario en estos momentos, vuelve el sábado, no quise hablar de lo de ayer por teléfono, lo haré el sábado cuando vuelva.

-FERNANDO: ¿Puedo decirte algo?, pero espero no lo tomes a mal!

-MILENA: Decime!

-FERNANDO: Si estoy equivocado, te pediré las disculpas que hagan falta, pero… ¿confiás plenamente en tu marido?

-MILENA: Hasta ahora sí! Y papá también! ¿Por qué me lo preguntás?

-FERNANDO: Espero equivocarme, pero todo esto que me contás, me suena a que se están desviando fondos, en otras palabras, que quizás se esté vaciando la empresa!

-MILENA: No me asustes Fer! No puedo pensar que Agustín esté haciendo algo así!

-FERNANDO: Con Aitor y Ainhoa, desarrollamos un sistema para una empresa española que se dedica a hacer auditorías externas a otras empresas o compañías y nos hemos tenido que meter en ese tema por casi un año. ¿La contabilidad de la empresa la lleva él o está tercerizada?

-MILENA: Desde que no está papá en la empresa, todo lo maneja él!

-FERNANDO: ¿Hasta qué hora hay gente en la empresa?

-MILENA: Hasta las seis de la tarde!

-FERNANDO: ¿Tenés llaves de la empresa?

-MILENA: Me estás asustando Fer! Tengo un juego de llaves en casa…

Continuará…

Continúa en