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Milena (3)

Entre el recuerdo de un amor lejano y las nuevas caricias, Milena descubre que el deseo no sigue las reglas que uno cree. Pero cuando el amor parece encontrar su lugar, la vida golpea con una tragedia que lo pone todo en jaque.

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Milena

Capítulo 3

En ese último abrazo, lloramos los dos, sabiendo que el futuro de ambos tomaba caminos diferentes y no sabíamos a ciencia cierta, cuando volveríamos a encontrarnos frente a frente.

Quedamos de acuerdo en seguir hablándonos por teléfono, mensajes o videollamada.

Esas primeras semanas me costaron mucho, aunque hablábamos casi todos los días, no era lo mismo, sobre todo luego de lo que había pasando entre nosotros en los últimos tiempos.

Mamá por supuesto se dio cuenta de lo triste y bajoneada que estaba y pasaba mucho tiempo conmigo, me pedía que la acompañara a todos lados, y cuando estábamos en casa, conversábamos mucho.

Ese verano nos fuimos con papá y mamá de vacaciones a Punta del Este, en el vecino Uruguay. Pasamos diez días hermosos, de descanso, sol, playa y cenas en diferentes restaurantes.

Con Fernando, seguimos en contacto por mensaje o videollamada casi todos los días, nos fuimos contando nuestro día a día, le conté también de mis vacaciones y él me enviaba fotos y videos de Barcelona y de la casa en qué vivían.

En marzo de ese año empecé en la universidad la carrera de bioquímica, ya hacía un tiempo lo había decidido, sobre todo por lo que me habían gustado las materias de química en la secundaria.

Fernando también comenzó sus estudios de informática en la Facultad de informática de Barcelona, siempre había sido un fanático de la tecnología, supongo que también influenciado por su papá.

Con el correr de los meses, por nuestros horarios de estudio, las clases y por la diferencia horaria entre los dos países, nuestros contactos se fueron espaciando, pero al menos una vez por semana, hablábamos por teléfono o por videollamada.

En el mes de agosto de ese año, en una larga charla telefónica que tuvimos, me contó que a su padre se le extendería el tiempo de trabajo en España, al menos un año más de lo previsto, con lo que seguramente, él podría terminar allí los cuatro años de su carrera.

A pesar de que mi vida en la universidad, había hecho que mis días fueran totalmente diferentes, no dejaba de extrañarlo, moría cada día por darle un abrazo, por volver a sentir su cuerpo contra el mío.

En ese tiempo fui conociendo compañeros y compañeras en la carrera, y con algunos de ellos fuimos generando una linda amistad que iba más allá de ser tan solo compañeros de clases.

Una de ellas fue Miriam, una chica de mí misma edad, que de su Chivilcoy natal, se había venido a estudiar a la ciudad, y vivía con su hermana mayor, que ya hacía dos años que estaba estudiando abogacía.

Y el otro era Marcos, oriundo de Magdalena, que también había venido a la ciudad a estudiar.

Para casi todas las materias, estudiábamos juntos, unas veces en casa, y otras en el departamento de Miriam, ya que Marcos compartía su departamento con cuatro amigos más y casi siempre estaba lleno de gente.

Nos fuimos conociendo, sobre todo con Miriam, contándonos muchas cosas de nuestras vidas. Yo le conté de Fernando y ella, pidiéndome que al menos por ahora no lo comentara, me contó de su bisexualidad, había tenido un novio en su adolescencia, pero ahora se sentía más atraída por las chicas.

En varios encuentros, pude darme cuenta en la forma en que ambos me miraban, varias veces lo enganché a Marcos mirándome las tetas, y un tiempo después ya en confianza, Miriam me confesó que yo le gustaba, pero que anteponía nuestra amistad y nuestro compañerismo en los estudios y por eso nunca intentaría nada conmigo.

Coma en todas las facultades, varias veces al año había fiestas, y a casi todas ellas, íbamos los tres.

Marcos era un lindo chico, muy simpático y por qué no decirlo, bastante atractivo, aunque por sus dichos, no buscaba una relación seria, y cada semana, se enroscaba con una chica distinta.

Casi llegando a fin de año, en una videollamada con Fernando, luego de decirnos lo que nos extrañábamos y lo que sentíamos el uno por el otro, acordamos que si una chica aparecía en su vida o un chico en la mía, nos lo contaríamos todo.

Luego de un año sin vernos, más allá de hablar seguido y de nuestros sentimientos, los dos teníamos en claro, que nuestras vidas habían tomando caminos diferentes, y era cuestión de tiempo, que alguno de los dos se relacionara con alguien más.

Mentiría si dijera que Fernando no estaba en mi corazón, estuvo desde que lo conocí, y creo que allí estará por siempre, pero quiso el destino, que en nuestras vidas se interpusiera un océano.

Terminó el primer año de la carrera, y ese verano Miriam me invitó unos días a su casa en Chivilcoy, para que conociera a su familia.

Fueron diez días hermosos, donde sus padres me trataron como a una hija más.

Tenía unos sentimientos confusos con Miriam, por un lado nunca me gustaron las chicas, pero por el otro era tan atenta, amorosa y amable conmigo, que sabiendo lo que sentía por mí, me sentía bien teniéndola cerca.

Fue al año siguiente, en la fiesta de bienvenida a los ingresantes, que luego de varias cervezas, y de qué Marcos se fuera con una chica, al quedarnos solas, en un momento de la fiesta nos terminamos dando un beso.

Miriam me miró con tanta ternura, que sentí en su mirada, algo que solo había sentido con Fernando, pero en verdad muy distinto, no podría explicarlo bien...

Esa noche su hermana se quedaba en casa de su novio, y luego de la fiesta fuimos al departamento de Miriam, donde yo me quedaría a dormir, para no volver a casa de madrugada.

Una vez en su departamento, tuve la necesidad de hablar con Miriam, y tratar de explicarle lo que me estaba pasando, que no me gustaban las chicas, que no sentía en el cuerpo la necesidad de estar con otra mujer, pero que los sentimientos que tenía hacia ella, me hacían al menos, ser sincera y decirle que su forma de tratarme, de mirarme y por sus sentimientos, como que sentía la necesidad de compensarla de algún modo, y el modo que encontré en ese momento, fue decirle que pasaríamos la noche juntas.

Su carita se iluminó, no sabía si estaba bien o mal lo que le estaba proponiendo, quizás eso incrementaría sus sentimientos, y terminaría distanciándonos, pero yo sentía que al menos esa noche, le correspondería de algún modo, a lo que ella deseaba de mí.

Sentadas en el sillón nos volvimos a besar, y para qué mentir, desde la última vez que había estado con Fernando, no había tenido contacto con otro cuerpo y esto sería una experiencia totalmente nueva para mí.

Lentamente nos fuimos desnudando la una a la otra, y ya desnudas, paradas frente a frente aún en el estar, apoyadas sus hermosas tetas en las mías, nos volvimos a besar.

Nos fuimos caminando entre besos a su habitación, y ya las dos en la cama, nos seguimos abrazando, acariciando y besando.

Sí bien yo no tenía mucha experiencia con hombres, tan solo había estado con Fernando, mucho menos la tenía con mujeres, pero el placer que sentí, e intenté darle a Miriam, fue algo totalmente diferente, unas sensaciones nuevas y en verdad muy placenteras.

Nos besamos y nos acariciamos mutuamente durante casi dos horas, exploramos nuestros cuerpos, nuestras bocas los recorrieron, los besaron, los chuparon, nuestras lenguas los lamieron y nos sacamos varios orgasmos en esa noche, el sexo oral fue totalmente novedoso para mí, no solo recibirlo, también darlo, arrancándonos orgasmos explosivos.

Nunca lo había hecho, pero me gustó besar y chupar sus tetas y sus pezones, que entre mi boca se endurecían al contacto con mi lengua.

Ya luego de dos orgasmos cada una, nos animamos a un sesenta y nueve, lamiendo nuestros sexos a la vez, recorriéndonos con nuestras lenguas, a Miriam le llegó el orgasmo con dos dedos de mi mano jugando en su interior y mi lengua disfrutando de su clítoris, y un momento después, llegó el mío, también con sus dedos en mi interior, su lengua recorriendo mi conchita, y su otro dedo, acariciando mi esfínter, dándome una sensación completamente nueva.

A la mañana siguiente nos despertamos las dos desnudas y abrazadas.

-MILENA: Buenos días hermosa!

-MIRIAM: Vos sos hermosa! Gracias por lo de anoche!

-MILENA: Espero que entiendas que no puedo corresponder a tus sentimientos!

-MIRIAM: Ya lo sé corazón! Pero fue una noche hermosa! Nunca la voy a olvidar!

-MILENA: Para mí también lo fue! Nunca había estado con una mujer, ni siquiera lo había pensado alguna vez, pero lo disfruté mucho! Espero que entiendas que quizás esto nunca se vuelva a repetir!

-MIRIAM: Tranquila corazón! Lo tengo claro! Pero quisiera que nuestra relación no cambie! Me gusta tenerte cerca!

-MILENA: A mí también! Sos una mujer hermosa, muy dulce y con un lindo corazón!

Nos levantamos y nos duchamos juntas, luego nos secamos el pelo la una a la otra, y después de desayunar me fui para casa.

Llegué un rato antes de almorzar y a pesar de que con mamá lo hablábamos todo, en ese momento, me dio mucha vergüenza contarle lo que había pasado con Miriam.

La relación entre los tres siguió como siempre, pero con Miriam, nos sentimos cada vez más unidas y puedo decir que ya no había secretos entre nosotras.

Las comunicaciones con Fernando, continuaban siendo los fines de semana, casi siempre los domingos por la tarde, casi la noche en España, y en uno de esos llamados, allá por el mes de junio, Fernando me comentó que estaba conociendo a una chica vasca que estudiaba con él, Ainhoa su nombre, una chica muy simpática y agradable, también me dijo que su carácter le hacía recordarme.

Aún no había pasado nada entre ellos, pero que quizás en algún momento podría llegar a pasar, aunque no buscaba Fernando una relación formal.

En verdad, era algo que los dos sabíamos que pasaría, a nuestra edad, no sería lógico que no estuviéramos con nadie más, esperando que la vida nos volviera a juntar, sin siquiera estar seguros de que nos depararía nuestro futuro.

Fue casi un mes después, que me contó que habían pasado la noche juntos, que ninguno de los dos buscaba una relación como tal, pero que se llevaban muy bien.

Fue también en esa conversación, que a pesar de mi vergüenza, le terminé contando lo que había pasado con Miriam.

Mentiría si dijera que me fue indiferente el saber que había estado, y que seguramente seguiría estando con esa chica o quizás con otra, pero las cosas en nuestras vidas se habían dado así, y supongo que a Fernando también lo debe haber sorprendido el hecho de saber que yo había tenido relaciones con otra chica o que las podría tener con algún chico, pero bueno...

Empecé a sentir que definitivamente el futuro de Fernando y el mío, tomaban caminos diferentes.

En el mes de agosto, en un descanso entre dos clases, fui para la cafetería para tomar algo, casi llegando me sonó el teléfono y por ver la pantalla, tropecé con el escalón de la entrada, por suerte pude evitar una bochornosa caída con su correspondiente papelón, pero la carpeta que llevaba bajo el brazo, fue a parar al piso, desparramándose un montón de hojas.

Un chico que estaba sentado en una mesa cerca de la puerta, se levantó y se acercó.

-CHICO: ¿Estás bien?

-MILENA: Sí, gracias! Por suerte no terminé en el piso!

-CHICO: Menos mal! Permitime ayudarte con las hojas!

-MILENA: Muchas gracias!

Juntó todas mis hojas, las acomodó un poco y me las entregó.

-CHICO: ¿Bioquímica verdad?

-MILENA: Así es!

-CHICO: T e he visto varias veces! Yo estoy en Farmacia!

-MILENA: Perdón! Nunca te he visto!

Y estirando su brazo me dijo:

-CHICO: Soy Juan Ángel! Un gusto conocerte!

-MILENA: Yo Milena! Igualmente! Y muchas gracias!

-JUAN: No es nada! El bar está lleno, si querés, sentate en mi mesa, así podés ordenar las hojas!

-MILENA: Dale! Gracias! Busco un café y vuelvo!

Tomé el café sentada en su mesa acomodando mis hojas y conversando con Juan, me pareció un chico agradable, de buena conversación y por qué no decirlo, bastante lindo, sobre todo su sonrisa.

A partir de ese día, cada vez que nos cruzábamos en la facultad, nos saludábamos y conversábamos un momento.

Una mañana tenía un par de horas libres entre dos clases y estaba en la cafetería leyendo un apunte, cuando Juan entró y al verme, se acercó a saludarme.

Se sentó con su café en mi mesa y estuvimos charlando un buen rato y antes de irnos, me dijo que ese viernes había una fiesta en la facultad de Psicología, si quería ir, él iría con unos amigos y amigas, y le dije que si mi amiga podía esa noche, quizás iríamos.

Cuando se lo conté Miriam, me dijo que podríamos ir para divertirnos un poco y quizás conocer gente.

Cuando entramos, sin conocer a nadie, estábamos un poco perdidas, pero un rato después, Juan se acercó a saludarnos, le presenté a Miriam y Juan a una chica y un chico que estaban él.

En verdad la pasamos muy bien, el lugar era un gentío y en un momento quedamos solos, veía la forma en que me miraba y pensé que algo intentaría, y si así fuera, quizás le correspondería.

Cerca de las dos de la mañana, estábamos bailando, se acercó a mí y ya supe lo que venía, acercó su boca a la mía y me dio un suave beso que no rechacé. Luego vino otro, y otro más.

Volvimos a la mesa, me senté junto a Miriam y al oído me dijo que nos había visto, que le pareció un lindo chico y que si pintaba algo con él, no me preocupara, por ella, se volvía en un taxi.

Con otras dos cervezas en la mano, se sentó a mi lado y me dijo:

-JUAN: Desde hace tiempo te veo en la facu, siempre me gustaste y ahora que te conozco, me gustás más todavía.

-MILENA: En verdad, desde que te conocí me pareciste un lindo chico y a partir de ahí, me caes muy bien!

-JUAN: Quizás sea una locura, quizás me desubique y ya no quieras verme, pero necesito decírtelo, me encantaría que nos fuéramos para mi casa, estoy seguro que podríamos pasar un buen momento y conocernos mejor.

Me tomó por sorpresa su proposición, lo miré a los ojos pensando la respuesta. En verdad me parecía un chico interesante y sentí que en verdad podríamos pasar un buen momento, no tenía compromiso con nadie y Miriam me había dado el visto bueno.

-MILENA: Necesito aclararte algo, no suelo salir de fiesta y terminar en casa de algún chico cada noche, pero quizás tengas razón y podamos pasar un buen momento.

-JUAN: De eso estoy seguro! Cuando quieras nos vamos!

-MILENA: Le aviso a mi amiga y vamos!

Le avisé a Miriam, que con una sonrisa pícara, me dio un beso y al oído me dijo, pasala lindo!

Salimos de la fiesta y fuimos para su casa, de camino me contó que su familia tenía una buena posición y que vivía en un departamento que le alquilaban sus padres.

Mentiría si dijera que no estaba nerviosa, pero bueno, Juan me caía bien y aunque hacía poco tiempo que nos conocíamos, pensaba que quizás podría llegar a pasar algo más que una noche de pasión.

Llegamos a su céntrico departamento, y al entrar nos volvimos a besar sentados en el amplio sillón.

De los besos pasamos a las caricias y de las caricias a quitarnos lentamente la ropa.

Seguía un poco nerviosa, pero la excitación me fue relajando, y cuando ya los dos estábamos tan solo en ropa interior, me dijo de ir a su habitación.

Entre besos nos terminamos de desnudar y nos acostamos.

Fue una linda noche, Juan fue cariñoso y tierno, me llenó de besos, diciéndome cuanto le gustaba y lo que estaba disfrutando conmigo, sin dudas tenía mucha más experiencia que yo en el sexo.

Dos orgasmos tuve esa noche, uno mientras su lengua se ocupaba de mi clítoris y otro mientras me penetraba en la posición del misionero, claro, con un preservativo por supuesto.

Esa noche, bueno casi el día ya, no quise quedarme en su casa y en un taxi me fui hasta la de Miriam, que al llegar, aún despierta, casi que me exigió que le contara todo.

No había estado mal, pero mi punto de comparación era Fernando, y la verdad es que no sentí lo que había sentido con él, pero bueno, quizás sea cuestión de tiempo, de conocernos más.

A partir de ahí, cada vez nos veíamos más seguido, me sentía bien en esa especie de relación, que ni siquiera nombre le poníamos, nos veíamos en la facultad entre horas y varias veces fuera, a tomar un café o a cenar antes de ir a su casa.

Esas noches en su casa, si bien teníamos sexo, yo no estaba segura de ir más allá, y luego de esos momentos de pasión, aún ante la insistencia de Juan para que me quedara en su casa, me volvía a la mía en un taxi.

El trato y las atenciones de Juan me hacían sentir realmente bien, y varias veces pensé en que de seguir así, podría enamorarme de él, pero aún no estaba segura.

Varias noches, cuando me vestía para volver a casa, me decía que le encantaría despertar conmigo a su lado y varias veces también, me dejó entender que se estaba enamorando de mí.

Quería ir despacio, sin apresurar las cosas, pero en los momentos que estaba con él, me sentía realmente bien, considerada, escuchada y en el sexo, atendida.

El último sábado de octubre, después de cenar en un lindo restaurante, fuimos para su casa, y mientras estábamos desnudos en su cama, dándonos placer, se largó a llover torrencialmente, por lo que, tras insistirme, me quedé en su casa esa noche por primera vez.

Luego vinieron otras noches, casi siempre los sábados, y poco a poco, nuestra relación iba sumando pasos, tantos, que Juan me decía que cada vez le gustaba más compartir tiempo conmigo, encontrarnos, salir, pasar la noche juntos, que me extrañaba cuando no nos veíamos, y cosas así, que me hacían pensar que nuestra relación, se iba tornando cada vez más profunda, tanto que me sorprendió, dándome una copia de las llaves de su casa, por si en algún encuentro, él no había llegado aún, pudiera esperarlo adentro.

Unas de semanas después, saldríamos con Miriam y con Sandra, otra compañera, el viernes por la noche, las chicas no tenían problema en que vaya con Juan y al encontrarnos se lo comenté, pero me dijo que tenía un final importante y tenía que estudiar.

Ese viernes por la mañana, Sandra nos avisó que no podría ir en la noche, no tenía con quien dejar a su pequeña hija, y a eso de las seis de la tarde, Miriam me llamó para decirme que no se sentía bien y tampoco iría.

Con ese cambio de planes, decidí ir a casa de Juan, estaría estudiando, pero al menos podría hacerle compañía, cebarle mate, cenar juntos y dormir con él.

Como estaba segura de que al acostarnos tendríamos sexo, decidí comprarme un conjunto nuevo de ropa interior un poco más sexy, para estrenarlo con él esa noche.

Me puse el conjunto nuevo, me arreglé, me maquillé y perfumé y en un taxi, me fui para su casa. Llegué a eso de las nueve de la noche y no le toqué el timbre, quería sorprenderlo, subí a su piso y sin hacer ruido entré. La luz del comedor estaba apagada, dejé mi cartera sobre la mesa, y caminando por el pasillo dije su nombre para no asustarlo.

Juan suele estudiar en una de las habitaciones, donde tiene un escritorio y su computadora, y en la del fondo es donde duerme, la luz estaba prendida pero no estaba allí.

Seguí caminando hasta su habitación, que estaba con la puerta cerrada, supuse que estaría durmiendo, abrí sin hacer ruido y lo que me encontré, me hizo sentir la más pelotuda de todas, Juan empotraba desde atrás a una mujer y ni cuenta se dio de que la puerta se había abierto.

Por un momento pensé en montarle un quilombo y mandarlo a la mierda, pero en verdad no éramos nada, no teníamos una relación como tal, aunque en los últimos tiempos, creí que íbamos camino a eso.

Dejé la puerta como estaba, tomé mi cartera y volví a salir de su casa.

En el taxi de regreso, me sentí bastante mal, creí que podíamos tener algo, pero visto estaba, que yo sola me lo había creído.

No le diría nada de que los había visto, si tuviera alguna intención conmigo más allá de la cama, me diría lo que hizo y con quien.

El sábado después del mediodía, me mandó un mensaje para encontrarnos, le dije que lo esperaba en un café a las cuatro de la tarde, quería decirle yo misma y frente a frente, que ya no tendría más nada con él y devolverle las llaves de su casa.

Cuando llegó, yo ya lo esperaba, nos saludamos como si nada pasara con un beso en los labios.

-JUAN: ¿Cómo estás Mile?

-MILENA: Bien, Juan! ¿Vos?

Pedimos café para los dos, y mientras lo traían seguimos hablando

-JUAN: La verdad, bastante cansado, anoche estuve estudiando hasta tarde!

-MILENA: ¿Cuando rendís?

-JUAN: El miércoles!

-MILENA: Estudiaste solo o con algún compañero!

-JUAN: Solo! Un embole la verdad… ¿A vos cómo te fue anoche?

-MILENA: Al final se suspendió la salida!

-JUAN: Que lástima no me dijiste! Podrías haber venido a casa y te quedabas a dormir!

-MILENA: Eso mismo pensé!

-JUAN: ¿Por qué no me llamaste?

-MILENA: No te llamé porque te quería sorprender!

En ese momento le cambió la cara, supongo que imaginando algo.

-JUAN: ¿Y te quedaste en tu casa?

-MILENA: No, Juan! Ya te digo, te quería sorprender y fui a tu casa sin avisarte, pero la sorpresa me la llevé yo!

-JUAN: ¿Estuviste anoche en casa?

-MILENA: Así es, a eso de las nueve de la noche. Entré para sorprenderte, pero como te vi muy ocupado, no te quise interrumpir.

-JUAN: Escuchame Mile!

-MILENA: Está bien Juan, no pasa nada! No somos nada! La boluda fui yo que pensé que estaba todo bien y que podríamos llegar a tener algo! Pero bueno, mi poca experiencia con los hombres, no me hizo ver todo el panorama, pero que no me contaras la verdad…, como dice mi viejo, para muestra basta un botón…

En ese momento, saqué de mi cartera el juego de llaves y se lo entregué.

-JUAN: Escuchame Mile!

-MILENA: Esta bien Juan! No hace falta! Vos con tu vida y yo con la mía!

Sin siquiera haber tomado el café, me levanté y le dije:

-MILENA: Chau Juan! No me llames ni me mandes mensajes, por favor.

Salí del bar, sintiéndome una boluda, pero pensando también en que por suerte no había llegado más lejos con él.

Borrón y cuenta nueva.

Casi a fines de ese año, papá logró unos contratos importantes para dos grandes empresas y tuvo que contratar más personal técnico, obreros, una empleada administrativa para completar el sector de compras y un contador que reemplazara a la contadora que se ocupaba de las cuentas de la empresa desde el comienzo, ya que estaba en el séptimo mes de su embarazo, y le había avisado a papá, que al dar a luz, dejaría el trabajo para ocuparse de su hijo.

Esos contratos, le demandaron un gran esfuerzo a papá, tanto físico, como mental, pero él nos decía que eran buenas oportunidades que no se podían dejar pasar.

Terminamos ese segundo año de la carrera, con todas las cursadas aprobadas, y con Miriam rendimos todos los finales antes de fin de año, con lo que nos quedaron libres, los meses de enero y febrero.

En la segunda quincena de enero, nos fuimos diez días de vacaciones con Miriam a Costa del Este, conseguimos una pequeña cabañita que tan solo tenía una cama de dos plazas, y a pesar de dormir juntas todas las noches, no volvió a pasar nada entre nosotras, definitivamente seguimos siendo tan solo amigas.

Casi a finales del mes de febrero, salí una mañana a hacer algunas compras, necesitaba algo de ropa, pero como no es uno de mis deportes preferidos, lo hacía de vez en cuando, solo cuando realmente lo necesitaba y trataba de comprar para varios meses.

Como estaba cerca de la empresa de papá, y sabiendo que él almorzaba todos los mediodías en un bar en la otra cuadra, lo llamé para decirle de almorzar juntos, y por supuesto me dijo que sí, y a las doce y media lo esperé en la puerta del edificio donde están las oficinas de la empresa.

Al verlo salir, un chico venía caminando con él, en esos diez metros desde la salida del ascensor, hasta la entrada del edificio, pude ver que era un chico bastante atractivo, hablaban y se sonreían con mi padre.

Cuando salieron del edificio, mi padre me lo presentó, era Agustín Carreras, el nuevo contador de la empresa.

Me preguntó si no había problema en almorzar con él, y no quise ser descortés, diciéndole que no había ningún problema.

Nos sentamos en el restaurante, y conversamos algunas cosas banales, Agustín me parecía un chico agradable, bien hablado, y de conversación interesante.

Luego del almuerzo mientras esperábamos el café, a papá le sonó el teléfono y disculpándose, nos dijo que era un proveedor y que necesitaba responder la llamada.

Salió a la vereda del bar y nos quedamos conversando con Agustín, me preguntó por mis estudios, y me contó de lo contento que estaba trabajando con papá, qué era su segundo trabajo, pero que estaba aprendiendo mucho junto a él.

De sonrisa fácil, derrochaba simpatía en cada comentario, y en cada apreciación de nuestra primera conversación, en verdad me pareció un chico interesante.

Papá volvió a sentarse con nosotros, y luego del café ellos dos volvieron a la empresa y yo me fui para casa.

Mientras caminábamos hacia el edificio, papá me dijo que le había encantado que fuera a almorzar con él, y yo le dije que cuando pudiera volvería para que lo hiciéramos juntos.

Aunque nunca me lo dijo, sabía que a papá le hubiera gustado que yo siguiera con su empresa llegada su hora de retirarse, pero en verdad yo nada entendía de todo aquello.

Esa tarde tomando unos mates con mamá, hablando como siempre de muchas cosas, le terminé contando lo que había pasado con Miriam hacía unos meses, mis encuentros con Juan y como había terminado todo, y como en una confidencia de amigas, mamá me contó que antes de conocer a papá, también había tenido una experiencia con una chica.

Después de todo no me sentí tan rara, y lógicamente comprendida por mamá, que me decía que eso para ella, había sido tan solo una experiencia en el descubrimiento de su sexualidad, y respecto de Juan, que él se lo perdía, que por suerte me había dado cuenta a tiempo.

Comenzamos el tercer año de la carrera, y seguimos estudiando los tres juntos, al parecer Marcos estaba un poco más calmado en cuanto a sus salidas con chicas, y le dedicaba un poco más de tiempo a los estudios, aunque por supuesto, salíamos de fiesta los tres bastante seguido.

A mitad de ese año, Marcos sentó cabeza y se puso de novio con Catalina, una de las compañeras del curso, y poco a poco se fue distanciando de nosotras, todo bien, pero comenzó a estudiar con su novia.

Fue en ese entonces, cuando con Miriam comenzamos a soñar, a pensar en tener a futuro, nuestro propio laboratorio de análisis clínicos, siendo socias. Sabíamos que aún nos faltaban un par de años de la carrera, pero soñar no nos costaba nada.

Estudiando las dos solas, sacamos adelante todas las materias de ese año y con excelentes calificaciones, incluso para el mes de diciembre, habíamos rendido todos los exámenes finales.

Ese verano nos volvimos a ir juntas de vacaciones, esta vez en la primera quincena de febrero, nos fuimos doce días a Pinamar.

En las llamadas de los domingos con Fernando, me iba contando de sus estudios, de su vida allí y de que seguía con Ainhoa, pasando juntos algunas noches, pero que tan solo era eso, nada formal, y yo le conté mi historia con Juan.

Había tomado por costumbre, al menos una o dos veces al mes, almorzar con papá, varias veces lo hicimos solos los dos, y algunas otras Agustín lo hizo con nosotros.

Alguna vez papá, me comentó que estaba muy conforme con Agustín, qué era un buen chico, un excelente trabajador, y que se interesaba por todas las cuestiones de la empresa, con lo que poco a poco se había ganado su confianza.

Aunque era un chico agradable y atractivo, en algunas ocasiones me pareció un poco agrandado, aunque probablemente fuera por la seguridad en sí mismo, algunos comentarios denotaban, cierta falta de humildad, pero a pesar de eso me caía bien.

En algunas conversaciones con papá y mamá en alguna cena, aunque no lo dijo con todas las palabras, dio a entender que a Agustín yo le caía muy bien, y que en varias oportunidades, le había preguntado por mí, por mis estudios, lo que pensaba para el futuro y cosas así.

El cuarto año de la carrera, con Miriam lo hicimos casi de taquito, nos fue muy bien, aprobando todas las materias y rindiendo todos los exámenes finales en el año.

Ese verano nos volvimos a ir juntas de vacaciones, esta vez, fueron dos semanas a Mar del Plata, a un hermoso departamento que conseguimos a buen precio.

Al comienzo de nuestro último año de facultad, ambas comenzamos a buscar trabajo, para ir adquiriendo experiencia y en un futuro no muy lejano, montar nuestro propio laboratorio.

La familia de Miriam, tenían una buena posición económica y en alguna conversación con su papá, le había comentado nuestra idea, y él le había dicho que con gusto, la ayudaría con el capital inicial para armar el laboratorio.

También lo hablé con papá, y me dijo lo mismo, pero yo le dije que solamente lo aceptaría, si fuera en préstamo, que cuando el laboratorio comenzara a funcionar, se lo devolvería.

En el mes de mayo de ese año, un docente nos recomendó a un amigo suyo que tenía un laboratorio, para que pudiéramos trabajar algunas horas allí, para ir ganando práctica en las tareas, por supuesto que sin cobrar un peso, pero las dos aceptamos y dos o tres veces por semana, íbamos allí, para empezar a ver el trabajo real del día a día de un laboratorio.

Un mediodía de principio del mes de junio, fui a la empresa de papá para almorzar juntos, pero ese día tenía una reunión importante, y me dijo que llegaría un poco más tarde, que fuera con Agustín y el después nos encontraría allí.

Era la primera vez que estábamos los dos solos, y luego de haber visto algunas miradas suyas, y el interés por mí que papá me había contado, supuse que al estar solos, intentaría algo, pero esta vez me equivoqué.

El almuerzo y la charla, fue muy distendida, hablando de muchas cosas de su vida y de la mía. En ningún momento hubo algún tipo de insinuaciones, ni frases con doble sentido, ni indirectas de su parte, en verdad fue una charla agradable, mostrándose como todo un caballero.

Papá llegó para cuando estábamos por pedir el café, y lo tomó con nosotros.

Un par de semanas después, volvimos a almorzar los tres, y en el momento que papá fue al baño, Agustín me dijo que le encantaría poder encontrarnos algún día para cenar y hablar tranquilamente por un poco más de tiempo.

Me había parecido tan correcto y educado, que le dije que sí, que podríamos encontrarnos algún viernes o sábado para cenar, y en ese momento, intercambiamos nuestros números de teléfono.

Esa cena fue casi dos semanas después, un viernes por la noche, Agustín me había mandado un mensaje invitándome y acepté salir a cenar con él.

Antes de bañarme y cambiarme, se los comenté a mamá y a papá que estaban en la cocina, preparando entre los dos la cena.

Agustín me pasó a buscar cerca de las nueve y fuimos a un hermoso restaurante de City Bell.

La cena estuvo estupenda, y Agustín muy agradable y atento para conmigo.

A eso de la una de la mañana, me llevó de vuelta a casa, agradeciéndome el haber aceptado la invitación y diciéndome que la había pasado muy bien, a lo que le respondí que yo también.

Antes de quedarme dormida, pensé en si estaba preparada para comenzar algo con él, me resultaba un hombre agradable, atractivo, educado, trabajador responsable y de la confianza de papá, ¿qué contra podría tener?, pero también se me venía a la cabeza la historia con Juan.

Cenamos algunas veces más, y en cada una de ellas, esperaba que me dijera algo, pero sin lugar a dudas, estaba yendo despacio, quizás para que yo no pensara que tan solo quería llevarme a la cama.

En un llamado de domingo con Fernando, me contó que ya tenía su título universitario en informática y que con su amigo Aitor y con Ainhoa, estaban desarrollando software para empresas, entidades bancarias y organismos de gobierno, de manera independiente, y que gracias a Dios, les iba bastante bien.

También me contó que la relación con Ainhoa, seguía igual, una especie de amistad con derecho a rose, y yo le conté de Agustín, de las noches que habíamos cenado juntos, del tipo de persona que era y en la forma que me trataba.

Mentiría si no dijera que a quien quisiera en esos momentos a mi lado, para comenzar una relación sea ni más ni menos que Fernando, pero las posibilidades de que eso ocurriera, eran cada vez más lejanas.

Ese fin de año, fue para mí, emocionalmente muy contradictorio, un blanco y un negro, por un lado habíamos terminado de cursar todas las materias de la carrera, tan solo nos restaban dos exámenes finales y la tesis, para llegar al título y por el otro, en un examen médico de rutina, le descubrían a mamá un cáncer de ovarios.

Ese mismo día en que su doctora le diera los resultados, nos lo contó a papá y a mí, mientras cenábamos.

La doctora le dijo que tendrían que hacerle otros estudios, para decidir el tratamiento, qué podría ser quirúrgico, con quimioterapia, o ambos.

A partir de ese momento acompañé a mamá a cada estudio y a cada consulta médica, y casi un mes después, con todos los resultados de los estudios, la doctora le explicó, que al no haber tenido síntomas, había sido detectado en una etapa avanzada, y que el mejor tratamiento a seguir, era una operación para extirpar el tumor, y también tratamiento con quimioterapia.

A partir de ese momento mamá dejó de ser la mujer alegre y optimista de siempre, las perspectivas de los resultados en los tratamientos, detonaron indefectiblemente en su estado de ánimo.

Un mes después, la primera semana de marzo, fue la operación, casi diez días estuvo internada, y todos ellos estuve a su lado.

Estaba muy preocupada por mamá y la angustia me invadía, hacía fuerza para mostrarme entera delante de ella, pero cuando estaba sola, no paraba de llorar.

Fue en esa época, qué papá comenzó a delegar muchas de sus tareas en Agustín, para poder estar más tiempo en casa, con mamá, y también acompañarla los dos a donde tuviera que ir.

La quimioterapia deterioró mucho su cuerpo, le costaba mucho comer, y estaba cada vez más débil.

Luego del tratamiento su doctora la volvió a evaluar, haciéndole nuevamente un montón de estudios, detectando que el cáncer se había propagado al estómago y al páncreas.

Sus posibilidades de sobrevivir, eran cada vez más acotadas, y no me separé de ella ni un minuto, en esos meses dejé mi vida de lado, y me dediqué a sostener a mamá.

A pesar de la distancia, y la diferencia horaria, Fernando fue el sostén más importante en esos momentos, de hablarnos tan solo los domingos, en esos meses lo hacíamos casi todos los días.

Agustín también estuvo junto a mí en muchos momentos, y aunque no teníamos una relación, lloré muchas veces en sus brazos, me bancó también, en el momento más difícil de mi vida.

En cada momento que podíamos, seguíamos hablando mucho con mamá, y en muchas de esas conversaciones, me pidió que cuidara a papá, que no estuviéramos tristes, porque nuestra vida debía continuar. Yo le decía constantemente que se dejara de hablar boludeces, que todo iba a salir bien, y que pronto volveríamos a casa.

Pero quiso el destino, el universo, Dios o vaya a saber quién, que una de las personas que yo más había amado, y qué más me había amado, dejara este mundo, ese bendito dieciocho de octubre a las seis menos cuarto de la mañana, el deterioro general de su cuerpo, hizo que su corazón se detuviera, para ya no volver a latir.

Lloramos abrazados con papá durante mucho tiempo, junto a ella en esa cama de hospital, última morada de mamá en este mundo.

A las siete y cuarto de la mañana, como en los últimos dos meses, me llamó Fernando para preguntar por mamá, y ahí le conté la noticia más triste de mi vida.

El velatorio de mamá fue al día siguiente a partir de las ocho de la mañana, hasta las trece y treinta, hora en que el servicio fúnebre, llevaría su cuerpo al cementerio privado para su cremación.

Agustín no se despegó de mí en ningún momento, y siguió como desde hacía un tiempo, haciéndose cargo de la empresa de papá.

Faltaban minutos para las doce del mediodía, cuando lo vi entrar a la casa velatoria, exploté en llanto, me puse de pie, caminé hacia él, y nos dimos un abrazo interminable.

-FERNANDO: Cuánto lo lamento Mile! Necesitaba estar con vos en este momento!

-MILENA: Cuánto necesitaba este abrazo!

Lloré abrazada a él por un buen rato, luego salimos a la vereda a tomar un poco de aire, pero no me separé de él, hasta la hora en que teníamos que ir para el cementerio.

Tampoco pude dejar de llorar, cuando Fernando abrazó a papá dándole sus condolencias, y ambos lloraron juntos.

-MILENA: ¿Hasta cuándo te quedas?

-FERNANDO: Mañana a la noche tengo vuelo de regreso!

Fuimos todos al cementerio, mamá sería cremada allí, y unos días después nos entregarían sus cenizas.

Luego del cementerio volvimos para casa, me recosté un rato hasta casi la hora de la cena, y Fernando se quedó hablando con papá.

Cuando me levanté también estaba Agustín, que había traído comida para que no tuviéramos que cocinar. Nos sentamos a cenar, aunque ni papá ni yo, teníamos ganas de nada.

En varios momentos de la cena, pude darme cuenta de la forma poco amistosa en que Agustín miraba a Fernando, pero en ese momento mi cabeza estaba en otro lado.

En algunas de nuestras conversaciones, le había contado de Fernando, y de lo que había significado y significaba en mi vida, supongo que por eso, no lo veía con buenos ojos.

La empresa de papá había cerrado dos días por duelo, y luego Agustín volvería a hacerse cargo, papá se tomaría unos días, para tratar de recuperarse de ese duro golpe, e intentar volver a su vida.

Agustín se fue a eso de las once de la noche, y le pedí a Fernando que se quedara a dormir en casa, papá no tuvo problema, y Fernando durmió en el dormitorio de invitados.

El día siguiente estuvimos los tres en casa, recordando tantos momentos de nuestra vida con mamá, Fer no se separó de mí, hasta la hora en que tenía que ir al aeropuerto de Ezeiza, para abordar su vuelo de regreso a Barcelona.

Fernando también recordó varios momentos con mamá, y me parecía mentira verlo hablar con papá en la forma en que lo hacían, siendo que al principio papá no lo podía ni ver.

Para ir hasta Ezeiza, Fernando se tomaría un taxi y le dije que lo acompañaba, pero me dijo que sería mejor que me quedara con papá.

Nos despedimos en la puerta de casa con un abrazo, un te quiero de los dos, y los deseos de volver a vernos pronto.

Casi diez días estuvo papá en casa sin ir a la empresa, y nos apoyamos mutuamente, mamá era para nosotros dos, la persona más importante de nuestras vidas y su ausencia, sin dudas nos marcó para siempre.

Mucho tiempo estuve enojada con Dios o con el universo, se había llevado a una hermosa persona, quedándole aún tantos años por vivir.

Buscando la forma de sacar a papá de su tristeza, en muchas de nuestras conversaciones, le dije que nuestra vida debía continuar, sobre todo en honor a mamá, y comenzamos a hablar sobre el laboratorio que queríamos montar con Miriam, quizás ese nuevo proyecto, lo sacara al menos por momentos, de la desazón que le provocaba la falta de Mecha, su compañera de vida.

Casi a la fuerza, le pedí que me ayudara a buscar un lugar para comenzar nuestro proyecto, poco a poco papá se fue embalando y cada vez que nos juntábamos con Miriam y con Agustín, papá aportaba sus ideas.

Encontramos una casa a buen precio en una buena zona, la fuimos a ver Miriam, yo, Agustín y nuestros padres, y todos nos entusiasmamos pensando en las modificaciones que tendríamos que hacer para las instalaciones del laboratorio.

Nuestros padres pusieron el dinero para comprar esa casa, y entre los cinco comenzamos a pensar en las modificaciones.

A partir de la muerte de mamá, Agustín siempre estuvo a nuestro lado, bancando a papá en la empresa, y también apoyándome a mí.

Podía darme cuenta, sobre todo por la forma en que me miraba, que Agustín sentía algo por mí, y yo me apoyé cada vez más en él.

Ya resuelta la compra de la casa, casi un mes después comenzaron las remodelaciones, papá se metió de lleno en la obra, y en los momentos libres que teníamos, Miriam Agustín y yo también.

Un sábado en la mañana, estábamos con Miriam y Agustín mirando los avances de la obra, y cuando nos despedimos para volver a casa, Agustín me invitó a cenar esa noche, y acepté su invitación.

No sabía en ese momento definir mis sentimientos para con Agustín, pero en los últimos tiempos estaba muy presente en mi vida, y su forma de ser, de preocuparse por mí, por papá y por la empresa, me hicieron ir viéndolo de otra forma.

Fue una noche más que agradable, como siempre fue muy caballero y respetuoso, desde que nos conocíamos nunca había tenido ninguna insinuación de ningún tipo.

Luego de la cena fuimos a tomar una copa a un bar, ya eso de la una de la mañana me llevó hasta casa.

Antes de bajar, ambos dijimos que la habíamos pasado muy bien, y casi sin quererlo, sin siquiera haberlo pensado antes, me despedí de él con un suave beso en los labios, tan solo me salió así.

Luego del beso, Agustín me miró con una sonrisa, creo que no se lo esperaba, pero seguramente estaría deseando alguna señal de mi parte.

A partir de allí, comenzamos a cenar todos los sábados, y nuestras demostraciones iban creciendo encuentro tras encuentro.

Una noche cenando con papá, le conté lo que me estaba pasando con Agustín.

-MILENA: Papi, quería contarte algo!

-MARIO: Contame hija!

-MILENA: Me está pasando algo con Agustín!

-MARIO: Algo de eso pude imaginarme, y desde hace tiempo me di cuenta que Agustín le pasa algo con vos, creo que no lo puede disimular!

-MILENA: Me siento muy bien con él, está muy pendiente de mí, y eso en verdad me hace bien, quizás no podría decirte que estoy perdidamente enamorada de él, pero creo que lo intentaré, ya te contaré como resulta.

-MARIO: Me parece un buen muchacho, es muy respetuoso trabajador y responsable, y si decidís tener una relación con él, yo te voy a apoyar hija mía! Si es lo que te hace feliz, yo también me sentiré feliz, y seguramente mamá allí donde esté, también se sentirá feliz por vos!

Nos abrazamos los dos con lágrimas en los ojos, y a partir de ese momento la relación con Agustín se empezó a profundizar, y casi dos meses después, luego de cenar un sábado, me preguntó si quería quedarme en su departamento esa noche, y le dije que sí.

Para qué mentir, estaba tan nerviosa como si fuera mi primera vez, hacía tiempo que no estaba con un hombre, pero Agustín fue muy cariñoso y tierno, y ese sábado hicimos el amor por primera vez.

Nos recorrimos con besos y caricias, ya desnudos en la cama poco a poco nos fuimos encendiendo, quizás por el tiempo que hacía que no tenía relaciones con un hombre, estuve bastante excitada, casi desde que comenzamos y esa noche me sacó un lindo orgasmo.

Fue un hermoso momento de caricias y besos tiernos y suaves, y por ser nuestra primera vez en el sexo, estuvo bien.

Antes de quedarme dormida, Fernando vino a mi cabeza, aunque no lo quisiera, era con el único con el que podía comparar lo que había sentido esa noche.

Si bien lo había disfrutado placenteramente, no llegué a sentir, al menos en esa primera vez, lo que había sentido hacía años con Fernando, esa fuerte conexión que habíamos tenido.

Fui completamente sincera con Agustín, contándole lo que había ocurrido con Fernando, lo que significaba para mí, que seguíamos hablando todas las semanas por teléfono, y también le conté aquella noche con Miriam, si estábamos comenzando algo, al menos de mi parte, no quería tener secretos con él.

En esa conversación, Agustín me contó también, de sus dos novias anteriores, y que con la última, lo habían dejado hacía casi un año y medio, por lo que me di cuenta que cuando nos conocimos, aún estaba con su última novia.

Dos meses y unos días después, la obra gruesa de laboratorio, ya estaba terminada, las mesadas colocadas, todos los pisos nuevos, todas las instalaciones eléctricas y de baja tensión, y las puertas y ventanas nuevas también estaban ya colocadas.

En una semana se terminaría de pintar, y luego de una limpieza a fondo, íbamos a empezar a instalar los equipos de laboratorio qué habíamos ido comprando.

Ya teníamos tramitadas todas las habilitaciones, y en esos días comenzamos con la selección de personal, en un primer momento precisaríamos al menos dos técnicos para las extracciones y las tareas preliminares de laboratorio, un empleado administrativo para la recepción y otro para el manejo de las obras sociales, en el principio, con Miriam nos encargaríamos de todos los análisis, y si la cosa iba bien, tendríamos que contratar más personal técnico para los trabajos específicos de laboratorio, de las cuestiones contables, al menos mientras no fueran de un volumen importante, se ocuparía Agustín.

Papá poco a poco se fue reintegrando a la empresa, aunque no lo hacía todos los días, ni tantas horas como antes, estaba más horas en casa, y yo estaba junto a él, cada momento que podía.

Inauguramos el laboratorio un viernes por la tarde noche con un brindis y un servicio de lunch para las familias, nuestros nuevos empleados y algunos amigos.

El laboratorio comenzó a funcionar a buen ritmo y casi dos meses después, tuvimos que contratar un técnico más para el laboratorio.

Con lo que ya éramos Miriam y yo, Paula la chica de recepción, Andrea y Maximiliano los técnicos de extracciones y atención a los pacientes, Martina en las cuestiones administrativas de las obras sociales y María Victoria, una estudiante avanzada que comenzó a trabajaba con nosotras en los análisis.

Todo parecía volver a ir sobre rieles en nuestra vida, mamá estaba presente en mí a cada momento, papá poco a poco fue volviendo a la normalidad, aunque nunca volvió a ser el mismo de antes, su empresa iba bien, el laboratorio cada vez mejor, la relación con Agustín cada vez más afianzada, sin dudas camino a formalizar en un futuro no muy lejano, pero como si el destino se ensañara con nuestra familia, como si alguien nos estuviera poniendo a prueba, los primeros días de octubre de ese año, Agustín me llamó al laboratorio, diciéndome que papá se había descompuesto y que lo había llevado rápidamente al hospital.

Le avisé a Miriam y salí corriendo al hospital, al llegar me encontré con Agustín que me dijo que papá estaba en el shockroom siendo atendido, me contó lo que había pasado, que de repente se había sentido mal, mareado, que le costaba respirar y por el dolor, se había tomado el pecho.

Casi media hora después, el médico que lo atendió, salió a decirnos que papá había sufrido un infarto, del que por suerte y por ser atendido rápidamente, se estaba recuperando, que quedaría unos días internado y que le harían todos los chequeos cardiológicos necesarios.

Estuvo internado una semana en la unidad coronaria, donde le hicieron todos los estudios necesarios, diciéndonos el médico, que papá, además del colesterol, tendría que ser tratado por la hipertensión y le descubrieron también, una diabetes grado dos, por lo que tendría que tratarla también.

Luego estuvo tres días en una habitación común y le dieron el alta, junto con todos los tratamientos a seguir y las recomendaciones médicas.

Ya en casa, decidió que por unos cuantos días no iría a la empresa, delegando en Agustín nuevamente el manejo de toda la actividad, por lo que hablándolo una tarde, decidimos con Miriam, contratar los servicios de un contador, para alivianar el trabajo de Agustín.

Unos días después, Agustín nos recomendó a una chica que había sido compañera de él en la facultad y comenzó a llevar nuestra contabilidad.

Arreglamos con Miriam nuestros horarios en el Laboratorio, yo iría a las siete todas las mañanas hasta las dos de la tarde y ella estaría desde las diez de la mañana, hasta las cinco de la tarde.

Después de casi dos meses, papá volvió a la empresa, pero solo una vez por semana unas horas en la mañana, como para no perder el contacto con lo que en tantos años de esfuerzo, había logrado.

Una tarde mientras tomábamos unos mates con papá me comentó:

-MARIO: Hija necesito decirte algo que es muy importante para mí…

Continuará…

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