Milena (2)
Fernando no era solo el amigo de siempre; era el único que podía mirar a su padre sin miedo. Pero cuando la vida los pone a prueba con un viaje a España, Milena decide que cada segundo cuenta. No hay tiempo para esperas, solo para sentir, antes de que la distancia los rompa.
Milena
Capítulo 2
No hablamos con Fernando sobre lo que se pondría para la fiesta, él era consciente de lo que podría llegar a hacer mi papá, y supuse que iría bien vestido.
El jueves, día de mi cumpleaños, al entrar al curso, como con los demás chicos en su día, me cantaron entre todos el feliz cumpleaños, y antes de que me sentara a su lado, Fernando se puso de pie y me dio un abrazo y un beso de feliz cumpleaños.
En el primer recreo, cuando salimos al patio, Fernando me pidió que nos distanciaremos del resto, y sentados en uno de los bancos del parque, me entregó un pequeño sobre, era mi regalo.
Sentí una gran emoción abriendo ese pequeño paquete, perfectamente envuelto y con un hermoso moño.
Al abrirlo me encontré con una pulsera, una hermosa pulsera dorada y plateada, con una pequeña piedra de color turquesa incrustada en medio, era realmente hermosa, y junto a ella una tarjeta, escrita de puño y letra que decía: “Feliz cumple a la persona más importante de mi vida”.
La saqué del estuche y le pedí que me la colocara, me encantó la tarjeta y le agradecí su regalo con un abrazo y un beso en su mejilla.
Cuando salimos de la escuela, luego de hacer algunas tareas en la biblioteca, le pregunté a Fernando si le gustaría ir a casa y conocer a mi madre, me dijo que sí, y le avisé a mamá, sabía que mi papá a esa hora no estaría.
Llegamos a casa, entramos y mamá apareció desde la cocina con una sonrisa.
-MILENA: Hola Ma!
-MERCEDES: Hola hija! Hola Fernando!
-FERNANDO: Buenas tardes señora Mercedes! Es un gusto saludarla! Mile me habla mucho de usted y de su esposo!
-MERCEDES: Espero que bien! Pero tan solo Mercedes corazón! Lo de señora me hace sentir muy mayor!
-FERNANDO: Cómo usted guste Mercedes! Claro que Mile siempre me habla muy bien de sus padres!
-MERCEDES: ¿Les preparo algo para merendar?
-MILENA: Unos mates ma! Fer también toma mate!
Nos quedamos sentados en el sillón conversando, mientras mamá se fue a preparar el mate.
Cuando volvió, con el mate y unas macitas, se sentó con nosotros y conversamos los tres, primero de temas de la escuela, luego de mi cumpleaños y mamá le preguntó a Fernando por sus padres.
Creo que yo estaba más nerviosa que él, que habló con mamá tranquilamente y con total naturalidad.
Después mamá nos dijo que tenía que hacer algunas cosas y nos dejó solos conversando en el estar.
-MILENA: ¿Qué te pareció mi mamá?
-FERNANDO: Un fenómeno! Es re amable y simpática!
-MILENA: No así mi papá!
-FERNANDO: Son de otra generación Mile! Piensan diferente a nosotros! Ven la vida de otra forma, mis viejos en muchas cosas son iguales!
Poco más de una hora después, Fernando me dijo que ya se iba para su casa, busqué a mamá para que pudiera despedirse y luego lo acompañé hasta la esquina, donde tomaría el colectivo para ir a su casa y nos despedimos hasta el día siguiente con un abrazo.
Cuando volví a casa, mamá estaba en la cocina y fui para allí.
-MILENA: Ma, ¿qué te pareció Fernando?
-MERCEDES: Un encanto hija! Y me sorprendió lo educado y centrado al hablar! Te tengo que reconocer que tenés buen ojo!
Y arremangando la camisa, le mostré la pulsera que me había regalado.
-MILENA: ¿Te gusta?
-MERCEDES: Es hermosa! ¿Quién te la regaló?
-MILENA: Regalo de Fer! Me la entregó esta mañana en la escuela!
-MERCEDES: También tiene buen gusto! Y no le debe haber salido poca cosa! En verdad es un hermoso regalo!
Y de mi bolsillo saqué la tarjeta y se la mostré.
-MILENA: Junto con esta tarjeta!
Mamá la tomó y la leyó, me la devolvió con esa sonrisa que ya conozco.
-MERCEDES: Es un amor ese chico hija! Y si me permitís, te digo algo…
-MILENA: Si ma!
-MERCEDES: Me parece que los sentimientos de ustedes dos, van más allá de la amistad…
-MILENA: Solo somos amigos ma!
-MERCEDES: Te voy a decir algo, pero que no lo sepa tu padre… hasta le queda lindo ese pelo celeste y esas fachas!
Me reí también y le di un abrazo.
El viernes por la tarde fuimos con mamá a retirar el vestido de la modista, una última prueba, un pequeño arreglo y listo.
El sábado fue un día bastante agitado en casa, papá iba y venía con los últimos preparativos de la fiesta, mamá también, pero por la tarde, me acompañó a la peluquería, para que me hicieran el peinado para la noche.
Volvimos a casa y nos preparamos para ir al salón.
Llegamos antes que todos, al entrar, la gente del salón y del servicio de catering, me saludaron por mi cumpleaños, también el fotógrafo, que me dijo de hacer algunas fotos antes de que comenzaran a llegar los invitados.
Los primeros en llegar, fueron algunos familiares, mis tíos por parte de papá y mi tía por parte de mamá con mis primos.
También llegaron algunos amigos de mis padres con sus hijos, que yo conocía de toda la vida.
Estaba bastante tranquila, pero mentiría si dijera que no estaba esperando la llegada de Fernando, sobre todo por ver como venía vestido, no fuera cosa de que a mi padre le diera por echarlo.
Nos fuimos con papá y mamá a un pequeño salón, contiguo a la pista de baile, desde donde, al escuchar un tema que yo había elegido, entraríamos con papá del brazo cuando ya estuvieran todos los invitados.
Mamá me retocó un poco el maquillaje, acomodó mi pelo, la tiara que tenía puesta y dándome un beso, salió al salón a terminar de recibir a los invitados.
Creo que papá estaba más nervioso que yo, con su impecable traje negro, zapatos negros, camisa blanca, corbata roja y un pañuelo a juego asomando del bolsillo superior del traje, en verdad estaba muy guapo, bueno… papá es bien guapo!
Un rato después, el fotógrafo apareció y nos dijo que en dos minutos, empezaba el tema y entrábamos.
Y así fue, comenzó la canción, se corrió el telón y aparecimos caminando por el centro del salón, del brazo de papá que sonreía con lágrimas en los ojos.
Hubo aplausos, silbidos y gritos.
Buscaba con la mirada a Fernando entre la gente, pero las luces que nos iluminaban de frente no me dejaban distinguirlo.
Luego empezaron los saludos, primero a mí por ser la festejada y luego a papá.
Un buen rato estuvimos saludando gente, cuando detrás de unos chicos, lo vi a Fernando mirándome.
Lo veía y no lo podía creer, Se había cortado un poco el pelo, ya no estaba celeste, sino castaño con las puntas más claras, peinado hacia un costado, con un traje negro, debajo una remera blanca y zapatillas blancas, estaba hermoso!
Creo que papá no lo reconoció, y cuando me acerqué a saludarlo, me dio un abrazo y un beso en la mejilla.
-FERNANDO: Hola Mile! Estás hermosa! Esta noche sin dudas sos la reina!
Y acariciando su cabello le dije:
-MILENA: Vos también estás muy lindo Fer! ¿Qué pasó con tus mechas de colores?
-FERNANDO: Cambio de look! La situación lo requería!
-MILENA: Te quedan muy bien!
Mi papá estaba a mi lado pero saludando a alguien más, y le dije a Fernando.
-MILENA: ¿Te puedo presentar a mi papá?
-FERNANDO: Por supuesto! Lo tengo que felicitar por su hija!
Me reí creyendo que me lo decía en broma, y tocándole el brazo a papá, le dije:
-MILENA: Papi, el es Fernando Fisher!
Papá lo miró de arriba a abajo, en el momento que Fernando estiraba su mano para estrechar la de mi padre.
-FERNANDO: Es un gusto saludarlo señor Mario! Y permítame felicitarlo por su hija y por esta hermosa fiesta!
Papá lo volvió a mirar y con media sonrisa le dijo:
-MARIO: Es un gusto saludarlo señor Fernando! Y gracias por sus felicitaciones!
Y aún con su mano estrechada, acercándose más a él, aunque también pude escucharlo, le dijo:
-MARIO: Y en cuanto a mi hija, me entero de una sola falta de respeto, por más pequeña que sea y te despego la cabeza del cuerpo.
Oyendo eso, pensé que Fernando se asustaría ante la advertencia de mi padre, pero sin soltarle la mano, muy tranquilo le respondió:
-FERNANDO: En ese aspecto puede estar usted tranquilo señor Mario! No hubo ni habrá de mi parte, para con su hija, ninguna falta de respeto ni de consideración, todo lo contrario! Su hija es muy importante para mí, supongo que me entenderá perfectamente si tiene usted amigos de verdad!
-MARIO: Eso espero!
Seguimos saludando a todos los invitados mientras los chicos y chicas del servicio de catering ofrecían bebidas y entremeses.
Luego se apagaron las luces, y sobre la pantalla que estaba en uno de los costados de la pista de baile, comenzó un video de mi historia del que no tenía ni idea, lo habían hecho papá y mamá.
Comenzaba con mamá embarazada y papá besando su panza, y siguió con fotos mías desde bebé hasta estos días.
Fernando estaba a mi lado y emocionada como estaba, le tomé la mano y vimos juntos el video.
Cuando terminó todos aplaudieron, Fernando me dio un abrazo, en el momento que las luces se volvieron a encender.
Los invitados se fueron acomodando en sus mesas ya asignadas y nosotros en la mesa principal, donde estábamos mamá, papá, mis abuelos y a pedido mío, también Fernando, sentado a mi lado y frente a papá, a partir de ese momento pude relajarme y disfrutar de la fiesta.
La comida y el servicio estuvieron espectaculares y luego de eso, mamá me dijo de recorrer las mesas, para fotografiarme con los invitados.
Luego llegó la hora del primer baile, que con música de moda, hizo que todos salieran a bailar.
Mamá me ayudó a quitarme la falda larga y también fui a bailar.
Luego de eso, volvimos a las mesas para que sirvieran los postres, y ante mi incrédula mirada, papá y Fernando estaban conversando animadamente, aunque no sabía de qué.
Después llegó la hora del brindis y luego el vals, le pedí a mamá que me ayudara a colocarme nuevamente la falda larga, para bailar el vals con papá.
Acercaron una mesa con la torta encima y tres copas, las sirvieron y comenzó la música del feliz cumpleaños, que todos cantaron.
Soplé las quince velas y brindé con papá y mamá, y luego elevando nuestras copas, lo hicimos con el resto de los invitados.
Corrieron la torta unos metros hacia atrás, se apagaron las luces, quedando solo un haz de luz blanca en el centro, en el momento que comenzaron los acordes del vals.
Papá me tomó de la mano y fuimos hacia el centro a bailar.
Papá estaba muy emocionado y mientras bailábamos, me decía lo que me amaba y que siempre estaría para mí.
Cómo es tradición, los hombres se van turnando para bailar con la festejada luego del padre, nadie se acercaba y seguimos bailando los dos, y antes de que alguien viniera, papá me dijo que lo perdonara por haber tratado así a Fernando, que le había parecido un buen chico y que de aquí en adelante, sería bienvenido en casa.
Y ante mi sorpresa, el primero que se acercó, fue justamente Fernando, que al llegar a nosotros, dirigiéndose a mi papá, dijo.
-FERNANDO: ¿Me permite señor Mario, bailar el vals con su hija?
-MARIO: Por supuesto caballero!
-FERNANDO. Muchas gracias! Es usted muy amable!
Y dándome un beso, le cedió su lugar.
Me sentí feliz en ese momento, mi fiesta valió la pena, tan solo por ese par de minutos que bailamos con Fernando con la aceptación de mi papá.
Al igual que con los temas de moda, me sorprendió lo bien que Fernando bailaba el vals, y cuando uno de mis tíos se acercó, me saludó con un beso diciéndome:
-FERNANDO: Gracias por este momento! Estás hermosa Mile!
-MILENA: Gracias a vos Fer!
Luego vinieron un montón de fotos y nuevamente el baile hasta casi las cuatro de la mañana, hora en que la gente comenzó a retirarse.
Cuando el papá de Fernando vino a buscarlo, me avisó que se iba y que quería despedirse de mis padres.
Los buscamos y ambos amablemente se despidieron, ante mi sorpresa con un abrazo y un beso.
Acabada la fiesta, comenzamos a juntar nuestras cosas y los regalos para llevarlos al auto, en ese momento, frente a los dos, les dije:
-MILENA: Gracias papá, gracias mamá! Fue una fiesta increíble!
-MARIO: Es verdad! Y me alegra que la hayas disfrutado!
-MERCEDES: Estuvo genial!
Ya de camino a casa, mamá me miró, me guiñó un ojo y mirando a papá, le preguntó:
-MARECEDES: ¿Y qué te pareció Fernando, mi amor?
-MARIO: Me sorprendió la verdad! Y gratamente debo decir! Es un chico muy educado y respetuoso, y al parecer tiene las ideas bastante claras!
Mamá se sonrió mirándome y papá siguió diciendo:
-MARIO: Cuando me dio la mano se la apreté como para que se asustara, pero el guacho no se achicó y apretó también! Y cuando lo apuré un poco pensé que se iba a asustar, pero me cerró la boca! Los tuvo bien puestos el muchachito! Después estuvimos hablando un poco y la verdad me siguió sorprendiendo! Y lo que me dejó tranquilo es que te quiere y te respeta Mile! Que en verdad es lo único que me importa!
-MILENA: Viste papi! Es un divino!
-MARIO: Momentito, momentito! Como amigos! ¿Estamos?
-MILENA: Si papá!
Y nos reímos los tres!
A partir de ese día, Fernando venía muchas tardes a casa, hacíamos tareas, conversábamos o escuchábamos música, siempre en el estar o en el comedor, no quería que nos quedemos en mi pieza para que mis papás no pensaran otras cosas y se me viniera el sermón.
Unas semanas después de mi cumpleaños, conocí a los padres de Fernando, una tarde al salir de la escuela, fuimos para su casa. Estábamos haciendo las tareas, cuando llegó Nancy, la mamá y merendamos los tres conversando animadamente, me pareció súper simpática y agradable.
Un rato después, llegó Mariano, su papá que era como Fernando pero con veinte años más, también muy agradable.
El trece de noviembre era su cumpleaños, cumplía los dieciséis y me invitó a su casa.
Por supuesto me permitieron ir y fue papá quien me llevó y quien me fue a buscar, teniendo el gesto de saludar por su cumpleaños a Fernando cuando llegamos, y con un abrazo.
Al igual que todos los veranos, Fernando se iba a Córdoba los meses de diciembre, enero y febrero, y ese verano lo iba a extrañar terriblemente, sin dudas mucho más que el año anterior.
Nuestra amistad siguió haciéndonos cada vez más cercanos, y poco a poco mi cuerpo comenzó a reaccionar cada vez que nos dábamos un abrazo, incluso cuando descubrí el placer de la masturbación, no podía dejar de pensar en él.
Ninguno de los dos teníamos novio, ni nada que se le parezca y siempre nos decíamos que si en algún momento alguien nos gustaba, nos lo contaríamos.
En el último año de la secundaria, se podía decir que estábamos más integrados al grupo de compañeros, y en el mes de julio, haríamos el tradicional viaje de fin de curso a San Carlos de Bariloche, como muchos otros colegios del país.
Por supuesto los dos iríamos a ese viaje y no faltaron las mil y una recomendaciones de papá y de mamá.
Al momento de salir, nos despedimos de nuestros padres que nos habían acompañado, conociéndose ese día, los papás de Fernando y los míos.
Antes de subir, papá se acercó a Fernando y en el abrazo le dijo, “cuidala”, a lo que Fernando le contestó, “de eso no tenga dudas”.
El viaje en colectivo demoraba un día en ese entonces, ya que los viajes en avión, comenzaron varios años después.
Por supuesto, nos sentamos juntos en el colectivo y disfrutamos junto a los compañeros de ese viaje de ida, entre canciones y risas.
Llegada la noche paramos para cenar y al volver a subir, me quedé dormida. Cuando desperté con ganas de ir al baño, estaba apoyada en el pecho de Fernando que también dormía con su brazo en mis hombros.
Me pareció un momento hermoso y me quedé así un rato más, hasta que ya no pude aguantar las ganas de hacer pis y me tuve que levantar.
Llegamos al hotel y nos asignaron las habitaciones, por supuesto chicos y chicas por separado.
Esa primera noche nos tocaba una de las cuatro discotecas y nos trasladaron en colectivo hasta el lugar.
Ya dentro, entre tanta gente, nos empezamos a separar, pero Fernando y yo seguimos juntos, hasta que luego de bailar un buen rato en una u otra pista de la disco, nos sentamos en uno de los muchos sillones que había.
Sin decirnos nada, pasó su mano por mi hombro y yo me apoyé en su pecho, mirando el gentío que allí había.
En un momento Fernando me habló y levanté la mirada quedando nuestras caras a poca distancia, y en ese momento, lo único que me dijo fue:
-FERNANDO: ¿Puedo?
Imaginé lo que me estaba preguntando, pero si era lo que yo pensaba, desde hacía tiempo lo estaba deseando.
-MILENA: Claro!
Y como en cámara lenta, sus labios se acercaron a los míos y juro que fui feliz.
Fue un suave beso, muy tierno, mi primer beso a un chico y era a él, “a mi chico raro”. Se me erizó la piel y una electricidad me recorrió por completo. Luego me miró a los ojos, creo que para ver mi reacción y creo que mi sonrisa se lo dijo todo.
Nos volvimos a besar, esta vez un beso más largo y entonces le dije:
-MILENA: Es mi primer beso con un chico! Y me encantó que ese chico seas vos!
-FERNANDO: Hace tiempo que lo deseaba, pero no me animaba! Tenía miedo de que nuestra amistad se estropeara!
-MILENA: Nada puede arruinar nuestra amistad! Y menos un beso tan lindo!
El siguiente fue a más, y nos besamos abrazándonos, acariciando nuestras espaldas.
Mi cuerpo reaccionó queriendo no dejar de sentir sus caricias, incluso estaba deseando que se intensificaran.
-FERNANDO: Sos hermosa Mili!
-MILENA: Vos sos un bombón Fer!
Pero estando en pleno ascenso en mis niveles de felicidad, imaginando quizás un noviazgo con Fernando, luego de varios besos me dijo:
-FERNANDO: Tengo que contarte algo, aunque todavía no es nada seguro!
-MILENA: ¿Qué cosa Fer?
-FERNANDO: Hace unos días, mi viejo nos dijo a mamá y a mí, que le habían ofrecido la codirección de un gran proyecto industrial tecnológico y que estaba evaluando aceptarlo si nosotros estábamos de acuerdo.
-MILENA: ¿Y estuvieron de acuerdo tu mamá y vos?
-FERNANDO: Por eso te digo que aún no está confirmado! El tema es que si papá acepta, nos iríamos a vivir a Barcelona, el trabajo es en España.
Y de repente se nubló todo mi cielo!
-MILENA: ¿Y por cuánto tiempo sería?
-FERNANDO: Dos o tres años como mínimo!
Me sentí morir, si su papá aceptara ese trabajo, significaría que ya no nos veríamos en mucho tiempo, e imaginé que nuestra relación, que recién estaba comenzando, se perdería para siempre.
No pude evitar las lágrimas y cuando Fernando se dio cuenta, me abrazó y me dijo:
-FERNANDO: No te pongas mal Mili! No hay nada definido aún!
Pero no lo pude evitar y lo abracé fuerte.
Esa noche me quedé abrazada a él todo el tiempo, incluso ante la vista de nuestros compañeros, nada me importó.
Volvimos al hotel y antes de irnos cada cual a su habitación, en un pasillo nos volvimos a besar, mientras Fernando me decía que no pensara en eso ahora, que disfrutáramos ese viaje.
Y así lo hicimos, no nos despegamos en ningún momento, solo por las noches al llegar al hotel e ir cada uno a su habitación, ya nos dio igual que nuestros compañeros nos vieran besándonos, y en cada noche de discoteca, buscábamos un lugar lo más escondido posible para besarnos y acariciarnos, incluso le pedí que me tocara “toda”, y sí, nos tocamos todo, aunque sobre la ropa, pude conocer su hombría y él mis partes íntimas.
Fueron unos días hermosos, en la nieve, en las discotecas, en las excursiones, dejé de lado lo que podría llegar a pasar y realmente lo disfrutamos los dos a pleno.
El viaje de regreso, lo hicimos abrazados todo el tiempo entre besos y caricias, y durante la noche, cuando se apagaron las luces del colectivo, las caricias se intensificaron bajo nuestros abrigos.
Al llegar a la puerta del colegio, nuestros padres nos estaban esperando y antes de bajar del micro, nos besamos por última vez, parados los dos en el pasillo del colectivo.
Nos recibieron nuestros padres entre besos y abrazos y luego de despedirnos de todos, nos fuimos para casa.
De camino les fui contando muchas cosas del viaje, aunque en ese momento omití, la nueva situación con Fernando.
Cenamos, me di un baño y a la cama.
Al día siguiente, sábado me levanté como a las diez de la mañana, papá había ido al taller por algo con el auto, y mientras desayunaba con mamá, me preguntó:
-MERCEDES: ¿Todo bien con Fernando?
Y no me pude aguantar el contarle.
-MILENA: Más que bien mamá! Re bien!
-MERCEDES: ¿Me pareció a mí, o antes de que bajaran del colectivo vi un beso y un abrazo por ahí?
-MILENA: Te pareció bien! Y no fue el único ma! Pasamos unos días hermosos! Pero antes que me lo preguntes, no! No lo hicimos!
-MERCEDES: He visto lo que se quieren y eso será cuestión de tiempo!
-MILENA: Y no porque nos faltaran ganas! ¿No sé si me explico?
-MERCEDES: Claramente!
-MILENA: Pero hay algo que me tiene mal!
-MERCEDES: ¿Qué cosa corazón?
-MILENA: Me contó Fernando que al papá le ofrecieron un trabajo importante en Barcelona y de aceptar, se iría a vivir a España por dos o tres años!
Y no pude aguantar las lágrimas.
-MERCEDES: Ay hijita! Realmente estás enamorada de Fernando!
-MILENA: No lo sé mamá! Pero no quiero que se vaya!
En ese momento se acercó a mí, me abrazó y lloré desconsoladamente.
Aunque mamá me hizo entender que no me precipitara, si aún no estaba la decisión tomada, quizás ese viaje no se llevaría a cabo.
Los días fueron pasando y no quería preguntarle a Fernando sobre España, seguramente si se confirmaba, Fernando me lo diría.
Ya no nos escondíamos de nadie, ni siquiera de nuestros padres, y en la escuela, ya todos nos tenían como “novios” aunque no usábamos ese título para lo que nos estaba pasando.
La semana siguiente de volver del viaje de fin de curso, una mañana al llegar, vi la cara de Fernando esperándome en la puerta del colegio y en ese momento lo supe.
-MILENA: Hola Fer!
-FERNANDO: Hola Mili!
-MILENA: Tu cara lo dice todo!
-FERNANDO: Papá me dijo esta mañana que lo hablaron mucho con mamá y es una posibilidad económica y de futuro que no puede dejar pasar y antes de fin de año, papá viaja a España para ponerse al tanto del trabajo y buscar un lugar para vivir.
-MILENA: Entiendo Fer!
-FERNANDO: Si te digo la verdad, si tuviera opción, me quedaría, pero la familia más cercana es la de Córdoba, aunque tampoco lo hablé con mis padres.
-MILENA: No te puedo negar que me pone triste esta noticia, tenía alguna esperanza de que no se fueran, pero no puedo ser tan egoísta, si el futuro de tu familia está en España, allí estará tu futuro también!
Nos abrazamos y no pude frenar el llanto.
Al llegar a casa, mamá se dio cuenta por mi cara y sin decirme nada, me abrazó y lloré también con ella, que trató de conformarme, diciéndome que dos o tres años pasan muy rápido, o que quizás existiría la posibilidad de que regresara antes.
Me fui a mi habitación y no pude dejar de imaginar estar lejos de él, si estar enamorada era desear estar siempre con esa persona, compartir cada día, cada sentimiento, cada sueño, cada mirada, cada beso y cada caricia, decididamente, pues estaba enamorada de Fernando.
Un par de días después, al salir de la escuela, fuimos para su casa, merendamos con Nancy y luego nos dijo que tenía turno en la peluquería y que en un par de horas volvía, despidiéndose de mí, por si ya me había ido a su regreso.
Su papá no estaba y al quedar solos, aprovechamos para darnos unos besos y acariciarnos en el sillón.
Las caricias fueron subiendo de tono, ya recorríamos nuestra piel bajo la ropa, cuando Fernando me dijo de ir a su habitación y por supuesto acepté.
Al entrar, Fernando cerró la puerta por si llegara a volver su mamá y abrazados nos volvimos a besar, parados al costado de su cama.
Me separé un momento, y sin pensarlo, me quité la remera y el pantalón de jean junto con mis zapatillas, mientras Fernando también se quitaba su remera, sus zapatillas y también su jean.
Nerviosa como estaba, pasé mis manos a la espalda y desabroché el corpiño, me lo quité y quedé frente a él, que se acercó y me abrazó sintiendo por primera vez nuestros cuerpos sin ropa.
Nos terminamos de desnudar y nos recostamos en su cama, a pesar de seguir nerviosa, me encantaba estar así, desnudos y abrazados.
Por supuesto yo era virgen y entre besos Fernando me dijo que también lo era.
Las caricias sin experiencia llegaron a nuestros sexos y nos dimos placer mutuamente, llegando ambos a nuestro primer orgasmo juntos.
Miramos la hora y no queríamos que su madre volviera y nos encontrara en una situación que nos llenaría de vergüenza.
Nos volvimos a vestir, arreglamos la cama y bajamos nuevamente al estar, conversábamos riendo, cuando escuchamos que Nancy había vuelto.
Me quedé un rato más y antes de que se haga de noche, me fui para mi casa.
Esta vez, a pesar de la confianza que tenía con mamá, no le conté de nuestro encuentro íntimo, me daba mucha vergüenza.
A partir de allí, se fueron repitiendo estos encuentros a escondidas, siempre por la tarde en su casa, en la mía era más complicado estar solos, y una tarde al llegar a su casa, sin saber donde estaba Nancy y a qué hora podría regresar, le dije a Fernando:
-MILENA: Fer, me gusta mucho lo que hacemos, y cada vez deseo más tener mi primera vez, siento que sos vos con quien quiero hacerlo!
-FERNANDO: Muero de ganas! Pero también de nervios! Y por supuesto decidí esperar a que estuviéramos listos.
-MILENA: Estoy lista! Tengo muchas ganas de hacerlo!
-FERNANDO: Yo también! Me encantaría hacerlo por primera vez con vos! Creo que no podría con alguien más!
-MILENA: Lo tenemos que planear entonces!
-FERNANDO: Lo podríamos hacer acá, alguna tarde que sepamos que mi vieja nos da el tiempo suficiente! No me gustaría que nuestra primera vez fuera a las apuradas!
-MILENA: Tal cual! Seguro voy a estar re nerviosa!
-FERNANDO: Y yo!
Al día siguiente, al salir del colegio, caminamos unas cuadras entre risas nerviosas y entramos en una farmacia a comprar preservativos, que por mi vergüenza, los pidió Fernando.
Salimos de la farmacia riéndonos como locos, y yo colorada como un tomate.
Fue recién dos días después, que al llegar Fernando a la escuela, me dijo que su madre esa tarde iría a visitar a una amiga y volvería cerca de las siete de la tarde.
Ese día no hicimos tareas, nos fuimos directamente a su casa, llegando en un taxi a eso de las dos de la tarde.
Entre risas nerviosas, dejamos nuestras carpetas en el estar, como si estuviéramos estudiando, y nos fuimos para su habitación.
Luego de que cerrara la puerta, nos comenzamos a besar y sacar la ropa mutuamente.
Ya desnudos, nos acostamos en su cama y como las veces anteriores, nos comimos a besos y nos acariciamos, excitándonos.
-MILENA: Ahora Fer!
-FERNANDO: ¿Estás lista?
-MILENA: Si mi amor! Más que lista! Deseando sentirte dentro de mí!
-FERNANDO: Muero por estar dentro tuyo!
Abrió el sobrecito y se colocó el preservativo, fue todo muy lento y suave, y así entre besos y caricias llenas de ternura, le entregué mi virginidad.
No fue tan doloroso como imaginaba y los dos lo disfrutamos, incluso al llegar al orgasmo no pude evitar las lágrimas, pero eran de emoción y felicidad.
Poco más de una hora duro ese primer encuentro, Fernando se deshizo del preservativo y luego de quedarnos un rato desnudos acariciándonos, nos volvimos a vestir entre besos y sonrisas cómplices.
Bajamos al estar, preparamos unos mates, y cuando entró Nancy, nos encontró mateando y leyendo un capítulo de historia para un examen.
Un rato después me fui para casa, al entrar, mamá estaba sentada en el sillón hablando por teléfono con una amiga, dejé mis cosas y fui a preparar el mate, estaba tan feliz que se lo iba a contar.
Cuando volví, mamá se despedía de su amiga y la saludé con un beso, me senté junto a ella y me preguntó:
-MERCEDES: ¿Cómo te fue hija hoy en el colegio?
-MILENA: En el colegio re bien ma, como siempre! Pero después me fue mucho mejor!
-MERCEDES: ¿En qué corazón?
-MILENA: Esta tarde, en casa de Fer, en su habitación, hicimos el amor por primera vez!
Me puse roja como un tomate por lo que le estaba contando y mamá puso una cara de sorpresa como para hacer un cuadro.
-MERCEDES: Ay hija! ¿Y cómo te fue? No me des detalles, pero contame si estuvo bien!
-MILENA: Re bien ma! Fer fue súper tierno, re suave y cariñoso! Y antes de que me lo preguntes, sí! Nos cuidamos, Fer usó preservativo! Para él también fue su primera vez!
Unas lágrimas caían por su mejilla, pero en su cara se dibujaba una sonrisa, se acercó a mí y me abrazó.
-MERCEDES: Mi chiquita grande…! Ya toda una mujer!
-MILENA: Si querés, a papá se lo contás vos! A mí me da vergüenza! Y más si se llega a enojar conmigo por esto!
-MERCEDES: No se va a enojar, tenés diecisiete hija! La primera vez con tu papá, yo tenía los dieciséis recién cumplidos!
Nos reímos las dos y la volví a abrazar, me encantaba esa complicidad con mamá.
Era perfectamente consciente que en pocas semanas Fernando se iría tan lejos que imaginaba que nuestra relación se iría perdiendo, pero necesitaba disfrutar de estas nuevas sensaciones durante este tiempo.
Unos días después, me dijo que su padre se iría a Barcelona a fines de noviembre, y si todo salía como lo tenía planeado, volvería los primeros días de diciembre para preparar todo y viajar los tres a mediados de ese mes.
Tuvimos un nuevo encuentro en su casa dos semanas después, una tarde que Nancy también había salido.
Esta vez fue mucho más tranquila, ya no teníamos esos nervios de la primera vez, y ambos lo disfrutamos mucho más.
A pesar de sentirme tan bien con él, sabía que los días iban pasando y ante su viaje me sentiría muy mal.
Faltaban unos días para su cumpleaños, y una tarde hablando con mamá, le pregunté que podría regalarle, quería que fuera algo que pudiera llevar con él y que en lo posible le durara mucho tiempo, algo parecido a un recuerdo que lo mantuviera cerca de mí.
Mamá me dijo que quizás podría ser una cadenita o una pulsera como la que me había regalado él, la que no me había quitado desde esa mañana que en el parque de la escuela, él mismo me había colocado.
Y eso hice, le compré una pulsera de plata delicada, una cadenita fina con tan solo un prendedor.
El día antes de su cumpleaños por la tarde, tomé coraje mientras tomaba unos mates con mamá y le pregunté:
-MILENA: Ma, ¿puedo preguntarte algo?
-MERCEDES: Claro hija!
-MILENA: Mañana es el cumpleaños de Fer y tenía pensado un plan, pero quería pedirte permiso.
-MERCEDES: ¿Qué plan corazón?
-MILENA: Ya sabés que cada vez falta menos para que se vaya, trato de no pensar en ese momento, pero es inevitable, ya también sabés que tenemos relaciones, y quería pedirte permiso para faltar mañana a la escuela y venir a casa con Fernando por la mañana que no hay nadie! No tenemos muchas oportunidades de estar juntos, y me gustaría pasar un rato tranquila con él. Podríamos hacerlo a escondidas sin que vos y papá se enteraran, pero prefiero que lo sepas y me des permiso.
Me miró con cara de entender lo que le estaba pidiendo y con un cierto dejo de tristeza me miró a los ojos y me dijo:
-MERCEDES: Aunque nunca me lo hayas dicho, sé que estás enamorada de él, y creo que él también de vos, sé también que será muy duro para vos cuando se vaya y te entiendo hija, claro que te entiendo! Por supuesto que pueden estar en casa! Sos una hermosa hija y mejor persona y me encanta que podamos hablar así de lo que estás sintiendo! Ya sabés que apruebo lo que ustedes tienen, y también sabés mis horarios, vuelvo a eso de las tres o tres y media de la tarde, pero mañana seguramente, puedo pasear un rato más por ahí.
-MILENA: Gracias mami! Te amo!
-MERCEDES: Yo también hijita mía! Y siempre podrás contar conmigo!
Y con una pícara sonrisa, me dijo:
-MERCEDES: Eso sí! En tu cama nena!
-MILENA: Si ma! Tranquila que vamos a estar en mi habitación! Y seguro que para la hora que vuelvas, Fer ya se habrá ido!
Mamá me dio un abrazo y me volvió a decir lo que me amaba, a lo que le respondí que yo también.
Esa noche hablamos con Fer por teléfono y quedamos de acuerdo en que a las nueve de la mañana vendría para casa, a esa hora, papá y mamá ya se habrían ido.
Me levanté como siempre y desayunamos los tres, y pude darme cuenta por la sonrisa de los dos, que mamá se lo había contado a papá.
Cuando se despidieron para irse a sus trabajos, volví a mi habitación, acomodé la cama y me di un baño para recibir a Fer.
Minutos antes de las nueve, me llegó un mensaje diciéndome que ya estaba en la puerta.
Bajé a abrirle y nos besamos ni bien estuvo adentro, lo tomé de la mano y caminamos hasta mi habitación.
Entramos y cerré la puerta, bajé las persianas y nos volvimos a besar junto a la cama, mientras nos fuimos sacando la ropa mutuamente.
Ya desnudos, nos metimos en la cama entre besos y abrazos, y llegado el momento, le pedí que aún no se colocara el preservativo, quería sentirlo sin él, aunque sea un momento.
Fue una mañana maravillosa, terminamos exhaustos casi a la una de la tarde, luego de haberlo hecho tres veces.
Fernando se fue un rato antes de que volviera mamá, que cuando llegó, me encontró con el mate preparado esperándola.
-MERCEDES: ¿Cómo te fue hija?
-MILENA: Súper ma! Estuvo muy bien!
-MERCEDES: No me des detalles!
-MILENA: No ma! Ni que me los pidas! Tan solo te digo que cada vez mejor!
-MERCEDES: Ay hijita! Solo espero que todo salga bien! No me gustaría verte sufrir!
-MILENA: Lo que viene es inevitable! Pero bueno… es lo que nos toca! Y tratamos de aprovechar cada momento que tenemos!
Los días pasaron volando y cuando quise darme cuenta, estábamos con Fernando despidiéndonos esa tarde de diciembre en su casa, haciéndonos el amor por última vez antes de su partida para España al día siguiente a las seis de la mañana.
En ese último abrazo, lloramos los dos, sabiendo que el futuro de ambos tomaba caminos diferentes y no sabíamos a ciencia cierta, cuando volveríamos a encontrarnos frente a frente.
Continuará…
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