Milena (1)
Todos la miraban ahora, pero solo él la veía. Mientras el mundo exterior exigía apariencias, ella descubrió que la verdadera intimidad no empieza con la piel, sino con la confianza. ¿Hasta dónde estará dispuesta a llegar por el único amigo que nunca la juzgó?
Milena
Capítulo 1
Mi nombre es Milena Inés Pérez Vallejo, hija única de Mercedes Vallejo, Mecha para los conocidos, profesora de historia en la Universidad de La Plata y de Mario Ernesto Pérez, ingeniero en electromecánica y creador de una mediana empresa de montaje y mantenimiento de estructuras industriales, pero quiso el destino que mamá nos dejara hace algunos años, por ese maldito cáncer que no pudo vencer.
Como sería de suponer, nuestra situación económica y social, ha estado siempre holgadamente por sobre la media, debería decir que nunca me ha faltado nada, los ingresos de mis padres, han más que cubierto todas las necesidades, buenas escuelas, buena ropa, vacaciones, viajes, una hermosa casa, auto para mamá y auto para papá, en pocas palabras, lo que todo el mundo desearía económicamente hablando.
En cuanto al trato con mis padres, siempre fueron muy preocupados y cariñosos, tampoco yo daba mucho trabajo, fui buena alumna y buena hija y siempre me sentí comprendida y apoyada.
En la escuela primaria siempre fui una de las mejores alumnas y aunque las cosas en la escuela secundaria cambiaron un poco, mi desempeño escolar era casi siempre de los mejores.
Pero hubo algo que al comenzar la secundaria, me provocaría sensaciones de desasosiego como no me había pasado hasta ahora… mi cuerpo.
Durante mi infancia, mi cuerpo no había sido cosa de preocupación para mí, pero al entrar en la adolescencia, con nuevos compañeros, no sé si adrede o no, tanto los varones como las chicas, me lo hicieron notar, y no precisamente para bien.
Siempre fui una de las más bajitas de mi curso y mi cuerpo redondeado, casi sin formas femeninas, incluso en ese primer año de secundaria, seguía siendo de esa contextura física, vamos, que parecía un pequeño pato.
María de los Ángeles, Angy, como todos le decían, era tan bajita como yo. Nos conocíamos de la escuela primaria, aunque estábamos en diferentes cursos, pero nos unimos al ser compañeras en el comienzo de las clases, creo que por esos dos motivos estábamos siempre juntas, por conocernos de la primaria y por ser las más bajitas del curso.
Muchas de las chicas y chicos del curso, ya se habían desarrollado o estaban en esa etapa, y Angy unos meses después, empezó también a cambiar su cuerpo, poco a poco empezó a estar cada vez más alta que yo, sus tetas se empezaron a notar y también a ensancharse sus caderas.
Demás está decir, que cada vez que miraba mi cuerpo, me sentía más desolada, como que seguía siendo una nena y para colmo de males, “redonda”.
En algún recreo, que compartíamos con los otros cursos en el patio, le conté a Angy, que había un chico de otro curso que me gustaba, aunque era consciente de que con mi figura, no tendría ninguna posibilidad de que reparara en mí. Alan era alto, de pelo castaño y ojos claros y de cuerpo delgado y musculado, según supe, practicaba básquet desde pequeño, pero aún así, no hacía más que buscarlo con la vista en cada recreo para verlo a la distancia, lo veía conversar y reírse con sus amigos y me parecía el chico más lindo de la escuela.
Faltaban unos días para las vacaciones de invierno y comencé a ver que mis pezones habían empezado a “engordar”, mis tetas aparentemente empezaban a inflarse.
Desde ese día, las analizaba cada día para ver como crecían, aunque me parecía que no lo hacían al ritmo que yo estaba deseando.
También comencé a ganar centímetros de altura, los jean poco a poco empezaban a quedarme cortos.
Mi mamá se dio cuenta y además de los temas sobre sexualidad que nos daban en la escuela, una tarde, las dos solas en casa, mi madre se sentó a mi lado y sin disfrazar nada, me habló abiertamente de sexo, lo que había empezado a ocurrir con mi cuerpo, lo que pasaría con la llegada de mi primer período, las precauciones, los cuidados y también sobre mi sexualidad, la de los varones y las sensaciones que poco a poco iría notando en mi cuerpo. Por supuesto también de las relaciones sexuales, las precauciones y los cuidados para evitar embarazos o enfermedades de transmisión sexual.
Desde pequeña, mi padre marcaba en la pared de mi habitación, en una especie de regla autoadhesiva, mi altura cada cierto tiempo, y luego de varios meses sin superar la última marca, de repente, empezó a marcar cada vez más arriba, cada semana un poquito más.
A mediados del mes de julio, casi al comenzar las vacaciones de invierno, llegó mi primer período, por suerte fue una tarde en casa. Ya sabía lo que tenía que hacer, y fue luego que se lo contara a mamá, que con una gran sonrisa y lágrimas en los ojos, me dijo que si tenía dolores, que le avisara para que me diera un analgésico.
Poco a poco mi cuerpo fue cambiando, mis formas redondeadas se iban afinando, mis tetas no paraban de crecer, y lo único que deseaba era que se parecieran a las de mamá.
Aunque como me había acomplejado tanto con mi cuerpo, seguía usando ropa grande y suelta, con buzos largos que me taparan hasta el culo.
Ilusionada, cada vez que veía mi cuerpo en el espejo, me gustaba pensar que si seguía así, Alan me llegaría a prestar atención algún día, y se lo comentaba siempre a Angy.
Pero fue la mañana de un jueves de mediados de octubre de ese primer año, que al bajar del auto de mamá, a metros de la entrada de la escuela, Angy se estaba besando con Alan, los dos estaban abrazados en la esquina del colegio, comiéndose las bocas.
De más está decir que me sentí muy mal, decepcionada, traicionada, me enojé mucho con ella, siempre supo que Alan era el chico que me gustaba, entiendo que él la eligiera a ella, pero me cayó pésimo que nunca me hubiera dicho que a ella también le gustaba, de haber sido al revés, nunca me hubiera acercado a él, por respeto a mi amiga, pero veo que ella no pensaba como yo.
Entramos a clase, me senté y un momento después lo hizo ella, saludándome como todos los días, como si nada estuviera pasando.
-ANGELES: Hola Mile!
-MILENA: Hola! Algo que me quieras contar!
-ANGELES: Nada nuevo, ¿vos?
-MILENA: Y te hacés la boluda! Los vi besándose en la esquina! Sos una forra! Sabías que me gustaba y te lo enganchaste! Y no fuiste capaz de decírmelo en la cara!
-ANGELES: Bueno nena! Se fijó en mí y chau!
-MILENA: Me lo hubieras dicho! Andate a la mierda!
Tomé mi mochila y me levanté, en ese momento entraba la profesora y me tenía que sentar en el único banco que quedaba libre, donde Fernando se sentaba siempre solo.
-MILENA: ¿Puedo?
-FERNANDO: Por supuesto!
No dije más nada, la clase había comenzado.
Fernando era un chico muy callado, introvertido quizás, y para todo el curso era el bicho raro, se vestía de una forma bastante inusual, tenía un piercing en una de las cejas, aros y el pelo pintado de azul con un corte muy excéntrico.
Los primeros días de clase, lo tenía de color verde y por su manera de ser, los demás del curso, se referían a él como el marciano o el extraterrestre, no hablaba con nadie, nadie le hablaba, incluso yo nunca le había hablado, aunque me molestaba que los demás dijeran todo eso de él. En los recreos tampoco hablaba con nadie, casi siempre estaba sentado en algún banco o en el piso del patio leyendo algún libro.
Ese día no dije ni una palabra, en verdad estaba bastante enojada con Angy y nunca había cruzado con Fernando más que un hola o un chau.
Al día siguiente, no me quería sentar con Angy y me volví a sentar con él, al entrar, me miró y cuando me acerqué nos saludamos.
-MILENA: Hola Fernando, ¿puedo?
-FERNANDO: Sí! Claro!
-MILENA: Gracias!
Luego de la hora de física, teníamos historia, y al entrar la profesora, nos dijo de comenzar el examen y ahí me quise morir, me había olvidado de ese examen y no había estudiado nada.
De las cinco preguntas, solo sabía dos, con lo que era claro que no lo aprobaría, veía que Fernando no paraba de escribir, y luego de un rato, movió su hoja acercándola, y cuando la profesora se dio vuelta, me dijo casi al oído:
-FERNANDO: Cambiá las palabras!
Me estaba dejando copiar sus respuestas, hice dos preguntas más, con lo que de estar bien, aprobaría el examen.
Cuando salimos al recreo, me fui con él y conversamos en el patio.
-MILENA: Muchas gracias Fernando! Me re olvidé del examen, no había estudiado! Me zafaste!
-FERNANDO: No me agradezcas! Seguro hubieras hecho lo mismo por mí!
-MILENA: Por supuesto!
Nos quedamos un momento callados y decidí preguntarle.
-MILENA: Fernando, ¿puedo preguntarte algo?
-FERNANDO: Por supuesto! Lo que quieras!
-MILENA: Siempre te he visto solo, incluso en los recreos!
-FERNANDO: Bueno… quizás soy un poco tímido y me cuesta dar el primer paso con las personas, y dado que nadie se me ha acercado ni me ha hablado, pues… sigo solo!
-MILENA: Perdón Fernando! Fui tan tarada como el resto, nunca intenté hablarte!
-FERNANDO: No pasa nada! Supongo que por mi aspecto o por cómo me visto, me ven como el bicho raro! Pero en verdad es lo que menos me preocupa!
-MILENA: Lo que si te puedo decir es que me molestó siempre como se referían a vos y creo porque en parte también lo sufro! Siempre fui la nenita chiquita, redonda y sin forma! Tampoco a mí me han dado pelota!
-FERNANDO: No lo sufras! Si no se acercan o no te hablan tan solo por tu aspecto o por tu figura, no perdés nada! A mí la imagen de las personas, su figura o la forma de vestirse me da lo mismo, para mí es más importante lo que piensan y lo que sienten!
-MILENA: Tenés razón!
Volvimos al aula y a partir de ese momento comencé a ver a Fernando de otra manera, quizás solo hacía falta conocerlo para darse cuenta el tipo de chico que es, y de allí en adelante, comencé a conocerlo.
Compartíamos los recreos, hacíamos juntos algunas tareas en la cafetería o en la biblioteca de la escuela, y a la semana siguiente, nos dimos nuestros teléfonos.
Conversábamos en los recreos y a partir de ahí, comenzamos a ser los dos bichos raros del curso, aunque como decía Fernando, poco nos preocupaba.
Inexplicablemente, Angy, la que consideraba mi amiga, dejó de saludarme y de hablarme, aunque después de unos días, intenté hablarle, pero al parecer, la ofendida era ella.
Cada vez fuimos más cercanos con Fer, incluso hablábamos o nos mensajeábamos varias veces por día. Me contó de su familia, de su mamá Nancy, que era psicóloga y de su papá Mariano que era ingeniero en Informática y tenía un trabajo importante en una empresa multinacional, y por supuesto le conté de la mía.
Para cuando llegaba el fin de ese año de clases, ya nos contábamos todo y nos conocíamos cada vez más.
Para el final de curso teníamos los exámenes, aunque los dos íbamos muy bien en casi todas las materias, nos juntábamos a estudiar.
Una tarde le dije a mi mamá que un compañero venía a estudiar a casa y me dijo que no había problema, pero cuando Fer llegó, mi mamá no lo miró con buena cara, tan solo lo saludó, y peor fue un par de horas después, cuando llegó papá, apenas lo saludó y horas después cuando se fue, los dos me preguntaron, quién era ese, con esas fachas, los piercing y los pelos pintados.
Me enojé bastante con ellos, no les podía hacer entender que para mí era un amigo y que no me importaba como vestía o de qué color se pintaba el pelo.
Por supuesto los dos aprobamos todas las materias y con muy buenas notas.
Llegó el final de las clases y Fer me dijo que su madre tenía familia en Córdoba y que todos los años pasaban allí los meses de diciembre, enero y febrero, y como no nos habían quedado materias para recuperar, el mes de diciembre nos quedaba libre.
Me sentí un poco triste, en verdad lo iba a extrañar, pero dijimos de hablar o mandarnos mensajes para seguir en contacto.
Mi cuerpo hacía ya varios meses venía cambiando, pero fue en ese verano cuando me empecé a ver con cuerpo de mujer, mis tetas habían crecido hasta un tamaño bastante aceptable para mí, había crecido varios centímetros más de altura, mi panza se iba aplanando poco a poco y mi culo había tomado una forma bastante apetecible, al menos para el estándar de una chica atractiva.
Desde los diez años jugaba al hockey, y a eso le agregué horas de gimnasio, empecé a cuidarme en las comidas, cambié el alfajor por una barrita de cereal, o el postre por una fruta, ayudada por mamá, comía bien y balanceado.
Ese verano nos fuimos de vacaciones a Pinamar, y por primera vez, comprada con mamá al día siguiente de llegar, usé una bikini en la playa y para mí satisfacción, varios chicos y no tan chicos, me miraban a la distancia o cuando pasaba frente a ellos.
No podría ocultar la satisfacción que eso me daba, y la confianza en mí misma que fui ganando, tanto es así, que poco a poco fui dejando la ropa holgada que usaba y comencé a usar pantalones más ajustados y remeras y camisas más cortas y más entalladas al cuerpo.
Hablábamos con Fer casi todos los días, le contaba de mis vacaciones en la costa y el de las suyas en Córdoba.
Al año siguiente cuando comenzaron las clases, estaba deseosa de volver a encontrarme con Fernando, en verdad lo había extrañado mucho, nuestros momentos de conversación, eran lo más agradable de mis días.
Recién volvimos a vernos el primer día de clase, y a pesar de seguir vistiéndome con ropa holgada, pude notar su expresión al verme.
-FERNANDO: Hola Mile! No sos la misma Mile del año pasado! ¿Qué te ha pasado en estos meses?
-MILENA: Hola Fer! Que se yo! Crecí un poco más!
-FERNANDO: Se te ve muy bien! Aunque no tanto como antes!
-MILENA: No seas malo!
-FERNANDO: Es broma tonta! Pero has crecido un montón!
-MILENA: Vos estás más lindo!
-FERNANDO: Cállate mentirosa!
Por supuesto volvimos a sentarnos juntos, y ya en el primer recreo, empecé a notar el cambio en alguno de mis compañeros, incluso un grupo de ellos hablaban y me miraban todo el tiempo, lógicamente no les daba ni bolilla.
En esos primeros días, la relación con Fernando había vuelto a ser la de antes, conversábamos en los recreos y luego hacíamos tareas en la cafetería o en la biblioteca.
Coincidiendo con los días de Semana Santa, Carolina, una de las chicas del curso, festejaba su cumpleaños de quince, pero no como se hacía habitualmente con una fiesta en la noche y de elegante vestimenta, en esta ocasión, sería un almuerzo en una casa quinta con pileta de natación solo para los amigos y sus familiares jóvenes, y por la noche una cena con su familia, también allí en la quinta.
En la invitación, no aclaraba el tipo de vestimenta, pero sí que lleváramos traje de baño.
-MILENA: Fer, ¿vas a ir al cumpleaños de Carolina el sábado?
-FERNANDO: No estoy seguro! No sé si quiero que todos me estén mirando como el raro! Además creo que solo iría si vas vos, si no me aburriría como un hongo! ¿Vos vas a ir?
-MILENA: En verdad, pensaba ir, solo si vas vos!
-FERNANDO: Ok! Entonces vamos, quizás pueda llegar a ser divertido!
Quedamos de acuerdo en que nos veríamos en la entrada, yo le avisaría cuando estaba por llegar, él entraría para que mi papá no lo viera y yo entraría tras él.
Lo vi entrar a Fernando en la quinta, cuando nos faltaba menos de una cuadra para llegar, me despedí de papá y quedamos en que me vendría a buscar a las siete de la tarde, hora en que terminaría la fiesta.
El ingreso a la quinta era una arcada de material con un portón de hierro forjado, con dos chicas tras él, que sentadas en una mesa bajo una sombrilla, buscaban en la lista de invitados el nombre de cada persona que llegaba.
Fernando ya había pasado por allí y me esperaba en el parque, unos pasos adelante.
Había que caminar algo así como cuarenta o cincuenta metros, hasta un enorme gazebo de color blanco montado al costado de la pileta de natación, y del otro lado de la pileta una edificación, que por la gente que entraba y salía, supuse que serían los baños.
Casi llegando al gazebo nos recibió Carolina junto con su madre, la saludamos deseándole un feliz cumpleaños y le entregamos nuestros regalos.
Nos agradeció, y luego su madre nos explicó, qué tal cual yo lo había pensado, esas dependencias eran los baños y vestuarios, donde luego del almuerzo, nos podríamos cambiar para disfrutar de la pileta por la tarde.
No solamente estaban todos los compañeros del curso, sino también chicos y chicas de otros cursos, incluso más grandes, calculamos que allí habría algo más de cien personas.
Dentro del gazebo había mesas redondas ya preparadas como para diez personas, y camareros y camareras que iban de aquí para allá entregando refrescos y canapés.
Aunque conocíamos a muchos de los chicos y chicas, con Fernando nos sentíamos un poco descolocados, pero mientras comíamos y bebíamos, hablábamos entre nosotros.
Las únicas personas mayores que veíamos, eran algunas mujeres y hombres del servicio de catering, y por momentos la madre y el padre de Carolina, el resto éramos todos adolescentes.
Por supuesto había música de la que solemos escuchar, y aunque era un pleno día de sol, dentro del gazebo algunas luces de colores se movían todo el tiempo.
Seguían llegando chicos y chicas, en general y al igual que nosotros, bien vestidos pero no con elegantes ropas de noche.
Yo había ido con un jean suelto y una camisola amplia que me llegaba a bajo de la cola.
Fernando estaba con un jean y también una camisa de manga larga de color rosa, arremangada por fuera del pantalón.
Unos quince minutos después que nosotros, vi llegar a Angy con Alan, como dos tortolitos tomados de la mano.
Cómo se había hecho su costumbre, no se acercó a saludarme, ni tampoco a Fernando, pero en verdad eso no me preocupó para nada.
Más o menos una hora después nos fueron ubicando en las mesas, en la nuestra por supuesto estábamos nosotros dos y otros chicos y chicas de nuestro curso.
La verdad es que la comida y el servicio fueron excelentes, y Carolina estuvo muy amable y simpática con todos nosotros.
Luego de la entrada y el plato principal, mientras los chicos y chicas del servicio de catering, juntaban la mesa, empezó a sonar música para bailar, esos temas de moda qué hicieron que todos se pusieran a bailar en el espacio que entre las mesas, se había destinado para eso.
Nos quedamos con Fernando sentados un momento, pero viendo que casi todos estaban bailando Fernando me dijo.
-FERNANDO: Mile, ¿Vamos a bailar? Somos los únicos sentados!
-MILENA: Bueno! Dale!
Y sin esperármelo, me tomó de la mano y me llevó a esa pista de baile.
A mí siempre me gustó bailar, y lo hacía sola en mi habitación frente al espejo, aprendiéndome las coreografías de los temas de moda, pero nunca pensé que Fernando lo haría tan bien, incluso sentí que nos miraban el resto de los chicos.
Bailamos varios temas, y luego nos quedamos parados a un costado conversando.
-MILENA: Boludo! Bailas re bien! Nunca me dijiste que te gustaba bailar!
-FERNANDO: Nunca me lo preguntaste! No es que me guste mucho bailar, pero creo que se me da bastante bien!
Después de casi una hora de música para bailar, vinieron los postres, por lo que volvimos a nuestras mesas.
El parque era bastante grande, y a unos veinte o treinta metros había como una especie de escenario, cubierto por una tela de color blanco que hacía las veces de telón.
Terminados los postres, Carolina nos dijo que fuéramos para ese escenario, y para nuestra sorpresa, al abrirse el telón, comenzó a tocar una banda musical, haciendo varios temas de moda, por lo que allí en el pasto delante del escenario, todo el mundo se puso a bailar y a saltar, y por supuesto nosotros también.
Después de varios temas, se volvió a cerrar ese escenario, pero se escuchaba la voz de alguien tras la tela, diciéndonos que aguardáramos un momento que se estaba preparando, supongo que estarían desarmando todo lo de la banda, y que algún otro espectáculo estaría por comenzar.
Y así fue, la tela se volvió a abrir, y comenzó un show de magia, un mago vestido completamente de blanco, y una chica que lo secundaba.
El espectáculo fue realmente muy bueno, casi una hora nos tuvo a todos pendientes de cada cosa que hacía, un truco mejor que el otro, incluso Carolina participó en varios de ellos.
Luego de eso volvimos al gazebo y nos sirvieron refrescos, era un día de calor y en verdad esas bebidas frescas nos hacían falta.
Se acercó la mamá de Carolina con un micrófono en la mano, y nos dijo que podíamos disfrutar de la pileta, que las chicas se podían cambiar en uno de los vestuarios, y los chicos en el otro.
Salieron todos en tropel en dirección a los vestuarios, pero con Fernando dijimos de esperar que todos fueran primero.
Empezaron a salir de allí chicos y chicas en traje de baño, dirigiéndose a la zona de la pileta.
Antes de salir de casa, había hablado con mamá y le había consultado si estaba bien que me llevara la bikini que había usado en el verano, y ella sabiendo de los complejos que había tenido con mi cuerpo, me dijo que no tuviera vergüenza, que al que no le gustaba que no me mirara.
Fueron acercándose a la pileta, y en el momento en que Carolina salió del vestuario, entre varios chicos y chicas, la tomaron en andas y la terminaron arrojando al agua.
A partir de allí todo el mundo se metió al agua en una gran algarabía generalizada, y fue en ese momento que nos fuimos con Fernando a cambiar.
En el vestuario de las chicas tan solo había una que estaba por salir, y me cambié prácticamente sola.
Me puse el bikini y sobre él un short de jean y una remera.
Cuando salí del vestuario, Fernando ya me esperaba, con un short casi hasta las rodillas y una remera.
Caminamos hasta la orilla de la pileta, ya casi todos estaban en el agua.
-FERNANDO: ¿Nos metemos Mili?
-MILENA: Me da vergüenza quedarme en bikini!
-FERNANDO: No seas boluda Mile! Así no quedamos descolocados!
Fernando se sacó su remera, y por primera vez veía su torso sin ropa, y me quedé sorprendida, de espalda ancha, delgado pero con los músculos bien marcados.
Siempre me dijo que le gustaba nadar y que lo hacía varias veces por semana, pero nunca nos habíamos visto con tan poca ropa.
Era mi turno de quedar tan solo con el traje de baño, tampoco era la idea, quedar como la rara que no se muestra.
Me quité primero el short dejándolo junto a la remera de Fernando, y luego me saqué la remera.
Fernando me observó, pero no se inmutó su gesto, ni tampoco hubo ningún comentario respecto de mi figura, supongo que recordando lo que tantas veces hablamos, sobre que las personas no son tan solo su cuerpo.
Caminamos esos metros hasta la pileta, y pude darme cuenta de las miradas sobre nosotros.
Llegamos al borde y Fernando se tiró elegantemente de cabeza al agua, yo me arrojé cayendo al agua parada.
Algunos chicos y chicas jugaban dentro del agua con una pelota, otros estaban sentados al borde conversando y riendo.
Nos quedamos un momento dentro del agua, y luego los dos salimos por la escalerilla para sentarnos al borde, con los pies dentro del agua.
Y ahí pude volver a reparar en las miradas, me di cuenta que varios chicos me estaban observando, incluso alguno comentando algo entre ellos.
A unos diez metros de mí, lo pude ver a Alan observándome, y creo que a Angy recriminándoselo, y momento después los vi separarse dentro del agua.
Hablábamos con Fernando como siempre, ya que casi no interactuábamos con otros chicos, cuando me dio ganas de ir al baño.
Caminé desde la pileta hasta el vestuario, y otra vez pude ver cómo me miraban muchos chicos y chicas.
Demoré unos minutos, antes que yo en el baño había un par de chicas y de camino para volver a sentarme con Fernando, lo vi rodeado por tres compañeras, y por primera vez desde que éramos amigos, sentí un poco de celos al verlo con otras chicas.
Llegué hasta él y me volví a sentar a su lado, y en ese momento una de las chicas preguntó si éramos novios, a lo que ambos respondimos que solo éramos amigos.
Hablaron un par de cosas más, que nosotros tan solo respondíamos con monosílabos y se alejaron de nosotros.
Un rato después el que tuvo que ir al baño fue Fernando, y creo que ni había llegado al baño, cuando Alan se me acercó, me saludó y por primera vez cruzamos un par de palabras, ya que nunca se había dirigido a mí, y a pesar de qué tiempo atrás me hubiera sentido feliz por eso, lo que menos quería en ese momento era hablar con él, y creo que fui bastante antipática, porque un momento después se retiró diciéndome "nos vemos".
No pasaron ni dos minutos, que se acercó Angy, y con cara de pocos amigos, me preguntó:
-ANGELES: ¿Qué te pasa nena con mi novio?
Y lógicamente que me increpara de esa manera, cuando yo ni siquiera había querido hablar con él, me sacó de quicio.
-MILENA: Hola Ángeles! Es de mala educación no saludar! Y no, no me pasa nada con tu novio, no sé si te habrás dado cuenta nena, de que fue Alan quien se acercó, quizás se lo tendrías que preguntar a él!
-ANGELES: No quiero verte cerca de él!
-MILENA: Tranquila Ángeles! No me interesan los chicos como él! Y menos aún si tiene algo que ver con vos!
Y sin decir nada más se alejó de mí.
Un momento después llegó Fernando, que me preguntó si me volvería a meter al agua, pero le dije que no, que como ya se me estaba secando la bikini, me pondría la ropa, tan solo quedaba poco más de una hora para que la fiesta se terminara.
Fernando me dijo que iría al vestuario a cambiarse, porque su short estaba mojado aún.
Me volví a quedar sola al costado de la pileta, y se me volvieron a acercar un par de chicos que nunca me habían dado ni cinco de bolilla, haciéndose los simpáticos, pero volví a estar bastante cortada y se terminaron yendo.
Me quedé mirando en dirección al vestuario, esperando la salida de Fernando, y cuando salió la que se le acercó fue Angy, desde lejos pude ver su sonrisa, y cómo apoyaba su mano en el brazo de Fernando, y volví a tener esa sensación de celos.
Hablaron un momento y luego Fernando vino en mi dirección.
-FERNANDO: ¿Qué le pasa a tu ex amiga? ¿Se peleó con su novio?
-MILENA: En verdad no lo sé, y si te soy sincera tampoco me interesa! ¿Por qué?
-FERNANDO: Porque se hizo la simpática y me dijo que estaría bueno encontrarnos en algún otro momento y conversar para conocernos!
-MILENA: No es la misma Ángeles que yo conocía!
-FERNANDO: Tranquila, qué le dije que no sé si sería buena idea, y creo que no le gustó! Pero igual me tiene sin problema.
Me quedé pensando, sabiendo lo que me gustaba Alan en su momento, fue y se metió con Alan, ¿estará queriendo hacer lo mismo al ver mi cercanía con Fernando?
El solo pensar en eso me llenaba de rabia.
Llegó la hora en que la fiesta terminaba, varios chicos y chicas ya se estaban yendo.
Mi papá me mandó un mensaje de que estaba en camino, con Fernando nos despedimos de Carolina y de sus padres, y tan solo con algunos de los chicos que nos cruzamos de camino a la entrada.
Llegamos al frente de la casa quinta, cuando papá me dijo que estaba en la puerta.
Se lo dije a Fernando y nos despedimos, para mi sorpresa con un abrazo, cosa que nunca habíamos hecho, a pesar de haber pasado tantos momentos juntos.
-FERNANDO: La pasé muy bien con vos Milenita, si no hubieras venido, me hubiera sentido perdido!
-MILENA: Yo también Fer! Si vos no hubieras estado ni siquiera hubiera venido!
Nos dimos otro abrazo y salí de la casa.
En el trayecto de vuelta, papá me preguntó cómo había estado el cumpleaños, y le conté algunas cosas de la fiesta.
Llegué a casa y me di un baño, luego de cambiarme fui hasta la cocina y mamá me dijo que esa noche cenábamos las dos solas, papá se juntaba con sus amigos.
Durante la cena le conté con mayor detalle a mamá el cumpleaños, y por la confianza que tengo con ella, lo que había sentido con Fernando.
-MERCEDES: Hija, a tu padre no le gusta ese chico, yo no tengo problema en que sean amigos, ya me ha dicho un par de veces que no lo quiere ni ver en casa!
-MILENA: Eso me jode mamá! ¿Por qué papá juzga a las personas por su apariencia? No tiene ni idea de cómo es Fernando!
-MERCEDES: Viste cómo es tu padre...
-MILENA: Muchas veces hemos hablado con Fernando de que a las personas, no las define ni su imagen ni su cuerpo, que lo importante es lo que piensan y lo que sienten, ¿No es eso lo importante mamá?
-MERCEDES: Por supuesto hija!
-MILENA: ¿Y entonces? ¿Por qué papá no quiere saber nada con Fernando si no lo conoce?
-MERCEDES: Prejuicios hija! Creo que tu padre tiene prejuicios con ese chico! Y además le cuesta aceptar qué has dejado de ser su nena, para convertirte poco a poco en una mujer!
-MILENA: ¿Y eso que tiene que ver? Somos amigos mamá!
-MERCEDES: ¿Y esos sentimientos hija?
-MILENA: Quizás sea bronca mamá! Ni a él ni a mí nunca nos dieron pelota en la escuela! él era el raro y yo la gordita! Fernando fue el único que no le importó mi cuerpo! Y ahora que estoy más flaca, que tengo tetas, se me acercan los otros boludos!
Mamá me abrazó con una sonrisa, y me dijo muy claramente!
-MERCEDES: Hija muchas veces los hombres no piensan con la cabeza! Lo hacen con la entrepierna, y sin dudas te han visto una hermosa chica, y por eso se han acercado! Pero está muy bien que hagas valer tu posición, no siempre el chico más lindo, el más simpático, el que tiene más éxito con las chicas, es un buen chico, y es muy bueno que puedas ver la diferencia! ¿Puedo preguntarte algo?
-MILENA: Sí ma!
-MERCEDES: ¿Te gusta Fernando?
-MILENA: Somos amigos mamá!
- MERCEDES: Ya lo sé...
-MILENA: ¿Me estás preguntando si estoy enamorada de él?
- MERCEDES: No quise ser tan directa, pero sí!
-MILENA: Lo quiero porque es mi amigo, el único que se acercó a mí cuando era una nena y redonda como una pelota!
- MERCEDES: ¿Y los celos entonces?
Me tomó desprevenida su pregunta, ¿por qué había sentido yo esos celos?
-MILENA: Supongo que porque en las clases nunca nadie se le acercó, pero bastó que lo vieran con el traje de baño, para acercarse a él por su lindo cuerpo!
-MERCEDES: Me gustaría conocerlo…
-MILENA: Y a mí que lo conozcas! Pero me da bronca que papá lo juzgue sin conocerlo!
-MERCEDES: Viste cómo es tu padre... Pero yo voy a hablar con él.
Mamá sonrió, y seguimos conversando de otras cosas.
Terminamos de cenar, juntamos la mesa y mientras mamá lavaba los platos, me senté en el sillón y me quedé pensando, creo que a mí me sorprendió tanto como a las otras chicas el cuerpo de Fernando, y me gustó pensar que tan solo yo era su amiga, que las demás, en especial Angy, se conformarán con verlo desde lejos.
El lunes siguiente al entrar a clase, todos estaban comentando la fiesta, y volví a darme cuenta como varias chicas miraban a Fernando.
Faltaban poco menos de tres meses para mi cumpleaños de quince, y mis padres desde hacía tiempo venían organizando la fiesta.
Una noche mientras cenábamos los tres, papá me dijo que fuera haciendo la lista de los invitados, qué tan solo hiciera la de mis amigos, los familiares y amigos de la familia ya estaban contados.
En ese momento le dije, que como hacían todas las chicas, invitaría a todo el curso, y también a las chicas del club de hockey, y algunos chicos y chicas del gimnasio.
La noche siguiente, cuando terminamos de cenar, le entregué a mi papá una lista con los nombres y apellidos de todos mis amigos para la fiesta.
Mi cumpleaños sí sería una fiesta nocturna, con vestimenta elegante, y con mamá ya habíamos ido a ver a la señora que me confeccionaría el vestido, yo no quería los clásicos vestidos blancos largos, prefería de otro color, y en lo posible no más largo que las rodillas.
Mamá me dijo que papá tenía la ilusión del vestido blanco, y que yo entrara a la fiesta tomada de su brazo.
Fue un tira y afloje, entre lo que quería mi papá y lo que quería yo.
Finalmente mamá me convenció de que el color fuera blanco, y la modista me dijo que se podía plantear el vestido con una falda larga, por sobre otra más corta, la que en algún momento de la fiesta, podía quitar quedando como yo quería, largo hasta las rodillas.
Después de todo no era mala idea, y así podía dejar contento a papá.
Unos días después también durante la cena, papá me dijo que estaba de acuerdo con la lista de invitados, salvo por una persona que no quería en la fiesta, y cuando le pregunté quién era esa persona, me dijo:
-MARIO: Ese tal Fernando Fisher! No lo quiero ver en la fiesta!
La miré a mamá, que creo estaba tan sorprendida como yo!
Las palabras de papá me sorprendieron, me dolieron y me enojaron por igual, me explotaron las lágrimas y en el primer acto de desobediencia de mi vida hacia mi padre, le dije en tono firme y alzando la voz:
-MILENA: Sí Fernando no va a esa fiesta, yo tampoco voy!
Mis palabras también sorprendieron a mi padre, y elevando su tono de voz me dijo!
-MARIO: ¿Estás loca Milena? A mí no me grites! Ya te dije que a ese chico no lo puedo ni ver!
Y ya totalmente encolerizada alce aún más la voz.
-MILENA: Siempre creí que eras una buena persona, pero veo que me equivoqué! Sí Fernando no va a esa fiesta yo no quiero fiesta! Y se me obligás, voy a estar con cara de culo toda la noche sentada en mi silla!
-MERCEDES: Milena! Baja la voz!
-MILENA: ¿Tan difícil es entender papá que Fernando es mi amigo? Mi único amigo! Y lo juzgas sin siquiera conocerlo! Veo que sos como tantos otros, que ven a las personas según cómo se visten o cómo se muestran!
Me levanté de la mesa totalmente enojada, mi padre volvió a elevar la voz llamándome, pero no le hice caso y seguí en dirección a mi habitación, entré, cerré la puerta violentamente y me tiré en la cama a llorar.
Cuando me calme un poco, le conté a Fernando por mensajes, todo lo que había pasado, y él me dijo que no tuviera problemas con mi papá por su culpa, que no pasaba nada si no podía ir a mi fiesta, y que seguiríamos siendo amigos como siempre.
Un rato después golpearon mi puerta, y escuché la voz de mamá preguntándome si podía entrar, le dije que sí, entró y se sentó junto a mí en mi cama.
-MERCEDES: Hija, no está bien que le hables así a tu padre!
-MILENA: Ya lo sé! Pero tampoco es justo que no le permita ir a la fiesta a la única persona que me interesa que vaya!
-MERCEDES: Ya hablé con él y le hice entender que Fernando es tu mejor amigo y que no puede faltar a tu fiesta!
-MILENA: ¿Y qué dijo?
-MERCEDES: Que está bien que lo podés invitar, pero que si se le ocurre ir hecho un mamarracho, no lo va a dejar entrar.
Me abracé a mamá y le di un beso.
-MILENA: Gracias mami! Sos lo más!
-MAMA: Sabés lo que te amo hija! Pero ahora, por favor andá a pedirle perdón a tu papá por haberle gritado!
Salí de mi habitación y fui hasta el estar, papá estaba sentado en el sillón mirando la TV.
Me senté a su lado y le di un abrazo, le pedí perdón por cómo le había hablado, y le agradecí que permitiera a Fernando ir a la fiesta, y me volvió a decir lo que me había dicho mamá, que si iba mal vestido, extravagante o un mamarracho, no lo dejaría entrar, y si se desubicaba en la fiesta, lo echaba a patadas.
Cuando regresé a mi habitación para dormir, se lo conté a Fernando.
Los días fueron pasando, y poco a poco, tanto a mí como a Fernando, los compañeros nos fueron incluyendo en algunas conversaciones, aunque yo prefería seguir como hasta ahora, hablando tan solo con mi amigo.
Mi cumpleaños era el veintitrés de junio, pero como caía jueves, la fiesta sería el sábado veinticinco.
No hablamos con Fernando sobre lo que se pondría para la fiesta, él era consciente de lo que podría llegar a hacer mi papá, y supuse que iría bien vestido.
Continuará…
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