La clínica de masajes de Sonia, primera sesión
Gabriel solo buscaba aliviar un dolor de espalda, pero la ausencia de su fisio y la presencia de Sonia cambian las reglas del juego. Entre el aceite caliente y la luz tenue, la profesionalidad se desvanece y el deseo toma el control de la camilla.
Jueves 26 de enero de 2023 - 1ra sesión.
Seis grados centígrados y allí estaba yo, caminando bajo la tenue luz amarilla de las farolas con un paso rápido y firme provocado por una mezcla de sensaciones, el frío que recorría la ciudad en el primer mes del año y el nerviosismo de volver a ver a Sonia la dueña del negocio donde mi amigo Rafael trabajaba como fisio. Y es que hoy era la última de las sesiones que habíamos programado para acabar con un tedioso tirón en la parte alta de la espalda que convertía mirar hacia los lados en una auténtica tortura. Me había hecho precio amigo en un bono de 10 sesiones que adquirí.
Después de 15 minutos de caminata me encontraba delante de "Álvarez Dacosta Clínica de Fisioterapia y Relajación" y una sonrisa se dibujó en mi cara. Llegaba 15 minutos antes a mi cita programada, pero es que llevaba acudiendo un par de semanas cada dos o tres días y en los momentos de espera había mantenido buenas, llamémoslas conversaciones, con Sonia, aunque en realidad era puro flirteo. Era una mujer de unos 41 años, morena de piel, una larga melena castaña y unos ojos verdes escandalosos, su nariz tenía una perfecta curvatura hacia arriba, señal de que probablemente habría pasado por el cirujano y su sonrisa era blanca y amplia. Mediría unos 157cm y tenía un gran culo que destacaba en su silueta, propio de una mujer mucho más ancha. Sus pechos parecían bastante correctos, digo parecían debido a que la ropa tipo sanitaria que siempre llevaba poco dejaba vislumbrar.
Álvarez Dacosta Clínica de Fisioterapia y Relajación era la clínica que junto a su marido habían montado hace ya unos 9 años. Su marido se encargaba de la parte de la fisioterapia junto a más especialistas y ella y alguna chica más se encargaba de los masajes orientados a la relajación y cuidado de la piel. Hace 2 años se separó y Rafa entró como fisioterapeuta principal de la clínica ocupando el hueco que dejo su exmarido.
El sonido de una campanilla sobre la puerta anunció mi entrada en el negocio, un espacio blanco, amplio y elegantemente decorado con muebles de madera de pino me dio la bienvenida, a los pocos segundos ella apareció con una sonrisa en la boca.
¡Pero bueno Gabriel! ¡No te esperaba a ti hoy por aquí!, si lo llego a saber.... Jaja pues sí, tenía cita con Rafa a ver si acabamos por fin y rematamos mi espalda... ¿Ah sí? ¿Y no te ha avisado? después de comer ha debido de tener algún problema con el coche y no ha podido venir, me dijo que avisaría a los clientes y los recolocaría en algunos huecos... ¡No me digas eso! ¡Vaya faena!, bueno bueno pues nada yo que no quería irme con lo bueno que hace aquí dentro y el frío que hace fuera jaja Jajaja ¡Aquí dentro hace buenísimo si, que sino la gente se me pone mala! oye cómo no quieras que te dé yo un masaje y así no te vas en balde... yo no te voy a arreglar el estropicio, ya sabes que no soy fisio, pero seguro que te quedan sesiones en el bono, y así le aprovechas de todo... ¡Pues sí que me quedan... hoy era la sexta sesión, asique me sobran unos cuantos! Entonces que, ¿te animas? Venga vale, ¡por que no! Pues vete pasando a la sala 2 y ahora mismo voy Entré en esa sala con el corazón a mil, en mis pensamientos no estaba la situación en la que me acababa de meter, rápidamente hice un repaso rápido a varios pensamientos que me vinieron a la cabeza, tales como si estaba depilado o que calzoncillos llevaba, no quería dejar mala impresión a Sonia. Con mi amigo Rafa me daba igual, pero en esta situación no era plan.
La sala era una habitación de aproximadamente 3x3 metros de amplitud, una luz tenue y cálida iluminaba el espacio, varias estanterías de madera clara con toallas blancas y diferentes botes de lo que parecía aceite corporal comportaban el mobiliario junto con la camilla central que parecía bastante cómoda, todo ello culminado con un hilo musical con sonidos budistas y un olor a sándalo que inundaba el ambiente completaban una atmósfera de pura relajación.
Esto es bastante diferente al box de Rafa (le dije a ella cuando entró a la habitación) ¡Hombre es que si pongo la luz blanca y no le doy mi toque la gente no se relaja! jaja Ya me imagino ya.... Bueno, ¿qué hago? ¿me quito la camiseta y me tumbo? A ver, aquí tenemos varias opciones, como tú estés más cómodo... la primera opción es que te quedes con tu ropa interior, la segunda es que te pongas uno de estos... son una especie de tanga de papel que se usan para los masajes y el tercero es que estés desnudo. Sinceramente recomiendo la tercera opción porque lo demás con el aceite y el movimiento es un engorro. Elige en lo que voy a cerrar la puerta de la entrada, que está Carla también con un cliente y túmbate sobre la camilla.
Sonia salió de la habitación quedándome realmente en shock, si la situación ya era inesperada, el oír la palabra desnudo, irremediablemente hizo que mi polla diera un respingo dentro de mi bóxer color azul. Mi corazón latía rápidamente de la emoción y mil ideas se me pasaban por la cabeza. Mi subconsciente decidió por mí y en menos de un minuto la esperaba completamente desnudo sobre la camilla con la cara dentro de un agujero mirando al suelo y con solo una toalla de algodón blanco tapando mi culo.
Aproximadamente dos minutos después la puerta se abrió y ella apareció, encendió unas varillas de sándalo para crear ambiente, subió dos tonos la música y atenuó la luz más si cabe creando una atmosfera de lo más peculiar. El masaje inició con unas gotas de aceite cálido cayendo sobre mi espalda y continuó durante 20 minutos por toda ella, la zona lumbar y las piernas. Todos los escenarios sexuales que se pasaron por mi cabeza se habían olvidado y asumía que ese sería un masaje más, muy relajante sí, pero uno más.
Un rato después me indicó para darme la vuelta y masajearme la zona de los hombros y el pectoral. Al darme la vuelta y sacar la cara de ese agujero, abrí los ojos y mi visión estaba borrosa, somnolienta, poco a poco la fui recuperando y me pude volver a fijar en ella. La verdad es que era una mujer bastante atractiva, la forma en la que vestía en ese momento le daba un morbo muy especial. Si bien en los pies calzaba unas zapatillas tipo Crocs color blanco se apreciaban unas uñas pintadas de amarillo pastel a medio quitar que combinaban con su piel morena, los pantalones y la camisa eran de color blanco, como si de un médico se tratara, pero la chaquetilla sin todos los botones abrochados dejaba ver un pronunciado escote y un sujetador color verde esmeralda. Con cada movimiento de sus manos efectuando fuerza sobre mis hombros provocaba que sus grandes pechos se movieran con sutileza creando unos excitantes movimientos de oleaje en su piel, como si de dos flanes recién sacados del molde se tratara. Esos movimientos no pasaron desapercibidos para mi cuerpo y un bulto fue creciendo bajo la suave toalla colocada en mi entrepierna, tanto que llegado el momento era imposible de ocultar o hacer pasar por una arruga.
Sería mi sensación o no, pero el ambiente cambió y la temperatura de la habitación iba subiendo, desde mi posición no lograba cruzar la mirada con ella, pero sí que me fijé que en ocasiones se mordía y humedecía los labios rosados recubiertos de gloss con delicadeza. Unos instantes después cogió el bote de aceite aplicando un gran chorro de líquido cálido en mi zona abdominal.
Bueno ahora vamos a trabajar esta zona por si la tienes cargada... dijo con una voz dulce y un tono calmado. Sus manos se desplazaron hacia mis abdominales realizando círculos en ellos, noté que poco a poco esos círculos se iban acercando peligrosamente a la toalla, por entonces el bulto de mi entrepierna estaba ya descontrolado y mi polla pedía su liberación con pequeños golpecitos en el tejido de la blanca toalla.
Las manos de Sonia cada vez realizaban incursiones más profundas debajo de la toalla llegando incluso a rozar parte del tallo de mi rabo con la punta de sus dedos, mi respiración entrecortada a veces incluso se percibía por encima de la música budista que llenaba la habitación, pero la situación me estaba pudiendo, estaba demasiado cachondo como para controlarme. Apretaba los dientes y cerraba los ojos con fuerza en un último intento de no estallar.
Pero Sonia no ayudaba para nada, de la zona abdominal pasó a retirar parcialmente la toalla de un lado y a centrar sus movimientos en mi zona pélvica, en esa zona sus manos rozaban ya sin descaro mi polla llegando incluso a mis huevos, mi excitación me podía y varios jadeos se escaparon de mi boca.
Joder Sonia, Ahhh lo siento de verdad, lo estoy pasando realmente mal, esto no me había pasado nunca, pero... es que no lo puedo controlar.
¿Lo estás pasando mal? la verdad que no lo parece jejeje, por mí no te preocupes de verdad... Es que claro entre el ambiente, el aceite y tú, es una combinación a la que no me puedo resistir.... Anda anda, no me regales los oídos... ya te digo que no te preocupes, es más común de lo que crees además así contigo me regalo la vista... dijo mientras se mordía el labio. Bueno con la toalla no creo que te regales mucho... La quitamos si te parece... "Asentí con la cabeza" Retiró la toalla lentamente y mi pene apareció erecto, enrojecido y con síntomas de haber sufrido todo un calvario. Un líquido transparente y pegajoso se apreciaba en la punta, fruto de una sesión de masaje más que placentera, ahora sí, un poco más retirada, podía ver su cara perfectamente y como sus ojos verdes se clavaron en mi estaca durante unos largos segundos. Su dulce sonrisa de siempre había cambiado y un autentica diabla parecía haberse apoderado de su rostro. Con un movimiento que pasó casi desapercibido se desabrochó dos botones más de la camisa, provocando que el canalillo que se vislumbraba pasará a ser una plena visión de sus dos grandes pechos dentro de ese sujetador de tela. Echó de nuevo en sus manos un buen chorro de aceite y lo dejó caer lentamente gota a gota por la zona alta de mis piernas y mi pelvis. Con cada gota que rozaba mi piel, una sacudida eléctrica se apoderaba de mi zona baja, provocando sacudidas en mi polla. Acariciaba lentamente mi pelvis, rodeando la zona de excitación con sutileza, sus manos resbalaban de un lado a otro por el aceite y castigaban con su indiferencia mi rabo venoso. Una sensación de dolor y tirantez apareció en mi zona lumbar arqueando cada vez más y más mi torso. Por mi cabeza pasó el pensamiento de levantarme e irme rápidamente al baño para acabar con esa sensación, pero decidí que era hora de dar un cambio a la sesión.
Creo que la zona central se me está cargando un poco
Sí... ya lo veo... creo que hay que trabajar la zona un poco... ¿me dejas? Por supuesto... adelante... es la palabra de una experta... Casi sin darme cuenta un chorro de aceite salpicó mi polla y dos manos aparecieron sobre ella. Sus uñas amarillas hacían juego ahora con el color rojizo de mi miembro además de con su piel morena. Un sube y baja hacía que la punta de mi capullo apareciera y desapareciera constantemente bajo mí prepucio. Debido a la hinchazón de mis venas notaba el roce con el anillo que llevaba en su mano izquierda, una sensación extraña, casi de dolor que me rasgaba, pero placentera... mientras su mano izquierda hacía círculos a la izquierda su mano derecha giraba hacia el lado contrario provocando que mi piel se estirara llevándome el éxtasis en cada segundo. Me centré en regalarme al placer y la vida, disfrutar de ese momento, mi mirada se centró en sus dos pechos que se movían al unísono en compás con el sube y baja de mi miembro.
Su mano izquierda, lubricada y llena de aceite pasó instantes después a acariciar mis dos huevos, jugueteaba con ellos acariciándolos y moviéndoles de arriba abajo, estirando con delicadeza la piel sobrante mientras su mano derecha seguía acribillándome con cada sacudida. La gran cantidad de aceite en la zona se escurría por cada pliegue de mi piel acabando irremediablemente sobre la camilla. Su mano izquierda siguió masajeando mis pelotas esta vez por la parte de abajo alternaba mis testículos con agarrones firmes en el tallo de mí miembro.
De reojo vi como ella se percató de mi fijación con sus pechos y sus ondulantes movimientos, por lo que en un momento determinado paró sus sacudidas para desabrochar todos los botones de la chaquetilla. Sensualmente y ayudándose de sus dos manos se sacó las tetas por encima del sujetador verde saliendo a relucir esas dos maravillas de la naturaleza. Sus pezones rosados y ovalados estaban culminados de unos pezones duros y jugosos, ambas dos brillaban con una luz especial debido al aceite que sus manos habían dejado en ellas. Siguió con su placentero masaje alternado polla y testículos, con su pulgar de la mano derecha inició unos movimientos circulares en el pliegue del glande mientras seguía trabajando mis pelotas con la mano izquierda.
Sonia cambió de posición y fue acercando su cuerpo a mi cara, cuando esos dos pezones estuvieron a mi alcance no me lo pensé, con mi mano izquierda agarré su abultado culo, palpándolo con lujuria notando el detalle de un fino tanga bajo el pantalón blanco y mi boca se fue directa hacia su pezón derecho, mamando del como si de un recién nacido se tratara. En ese momento la oí gemir por primera vez, perfecta. Su pezón se endureció en la boca con cada pase de mi lengua por él, juguetee con la punta haciéndolo crecer y endurecer, lo notaba terso y cálido. Seguí lamiéndolo escuchando sus leves gemidos que no hacían otra cosa que calentarme más y más.
Mientras con su mano derecha me acariciaba la nuca su mano izquierda siguió jugando con mis pelotas, pasando a acariciar también la zona del perineo. Su mano lubricó la zona y la masajeó placenteramente. Las yemas de sus dedos se acercaban con las sacudidas a la zona de mi ano, acariciándolo por momentos. Era una sensación nueva para mí, pero lejos de disgustarme elevó mi calentura.
Mis jadeos eran constantes y sentía como el momento de acabar estaba próximo, mis labios liberaron su duro pezón, dejándolo empapado de saliva que escurría por su pecho, apoyé la cabeza en la camilla y esperé el dulce final.
Entrelazó sus manos y martilleo mi lubricado nabo sin piedad, mis venas hinchadas notaban el palpitar de sus manos empleándose a fondo con saña esperando su premio. La hice una señal en forma de gemido y un potente hilo de caliente leche salió disparado hacia arriba, ella relajó sus movimientos, pero continuó exprimiéndome, mis fluidos aterrizaron en el suelo, sobre mi cuerpo y sus brazos, entre sus dedos se escurría el néctar blanco y yo estaba completamente extasiado de placer. Sin duda había sido la mejor paja de mi vida, cada gota de mi semen fue arrancado de mi interior por esa masajista con alma de meretriz.
Sin tiempo para descansar, Clara la otra masajista, llamó sutilmente a la puerta y desde el pasillo tras la puerta señaló que su cliente ya se había ido y que la esperaba para cerrar la clínica y marchar a casa.
Creo que la sesión ha finalizado jeje Sin duda toda una experiencia a repetir, necesitaré más sesiones para relajarme del todo Las puertas están abiertas para ti, ya lo sabes... Ahora voy con Clara...
Si por supuesto, tranquila, yo me voy vistiendo... --Continuará--
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