Inconformismo (5)
Sergio creía haber aceptado el juego de su pareja, pero la mirada codiciosa de Alberto y la invitación directa a compartir a Sara cruzan una línea que no se puede volver atrás. ¿Hasta dónde puede llegar la confianza antes de que el deseo se convierta en violencia?
Aquel polvo había sido maravilloso, por primera vez Sara había dejado que me la follara por el culo y los dos lo habíamos disfrutado sin ningún tipo de dudas, aunque fue una situación un poco extraña el domingo porque los dos nos despertamos y nos reímos, pero ninguno dijo nada al respecto.
Esto provocó que los dos supiéramos que teníamos ganas de hablar de lo que había pasado, pero pasaron los días sin que dijéramos nada hasta que llegó el viernes día 12 de aquel mes de enero.
Yo salía del trabajo a las 3 y Sara a la 1 así que serían las cuatro menos cuarto cuando llegué a casa y me encontré a Sara tumbada en el sofá con las piernas colgando y mirando el móvil.
- Buenas cariño, ¿ya has comido?
- Sí, amor, te he dejado unos macarrones en el plato así que si quieres puedes calentarlos, aunque creo que están para comérselos
- Vale, voy a ver
Cogí el plato y efectivamente vi que los macarrones estaban todavía calientes, por lo que cogí una bandeja y me fui con la comida hasta la mesa del comedor mientras Sara seguía enfrascada en su móvil, aunque a mí me pareció una buena oportunidad para hablar de lo que había pasado el fin de semana anterior y de lo que íbamos a hacer este que empezaba.
- Sara
- Dime Sergio
- ¿No crees que deberíamos hablar de lo del otro día?
- Jaja has tardado mucho en sacar el tema, ¿de qué quieres hablar?
- Bueno…,quería saber por qué el otro día me dejaste follarte el culo, nunca me habías dejado
- Sergio… la situación del otro día me puso a mil, no te voy a mentir, entre el alcohol y los dos hombres que me vieron comerte la polla en ese sex shop...las ganas de follar que me entraron superan con creces a cualquier otra vez
- ¿Tanto te puso la situación?
- Puff ni te imaginas, me sentí muy sucia en ese momento y cuando llegué aquí contigo solo estaba pensando en follarte a lo bestia así que me pareció una buena oportunidad para probarlo, ¿a ti te gustó?
- Puff a mí me encantó Sara, me quedé con ganas de más
- Jajaja lo sabía
- De hecho, creo que les gustó más la situación a nuestros amigos del sex shop, querían verte desnuda mientras me la chupabas o al menos con poca ropa
- Jajaja, ¿te imaginas que me hubiera quitado la falda y la camisa?, creo que se hubieran corrido allí mismo
- Poco les faltó porque para hacerse una paja delante nuestro no tuvieron ningún problema
- Jajaja ya ves, aunque tenían unas buenas pollas
- ¡Sara!
- ¿Qué pasa?, no he dicho nada malo
- Ahora voy a pensar que también te hubiera gustado chupársela a los dos
- Jajaja a lo mejor con dos copas más encima…
-….espero que estés de coña
- Pues claro que estoy de coña, aunque sí reconozco que me hubiera quitado la camisa delante de ellos
- ¿De verdad?
- Sí, sin duda
- Joder me sorprendes Sara
- ¿Por qué?, soy humana, en ese momento estaba cachonda perdida y con tres hombres alrededor, además, a ti se te puso dura viendo a aquellas dos chicas chupar pollas, no me digas que no te hubiera gustado tener a las dos chupándotela a la vez
- Joder me hubiera encantado
- Jajajaja ¿ves?, no somos de piedra
- No, desde luego que no, bueno, ¿entonces qué hacemos este fin de semana?
- Mmm podríamos ir de compras esta tarde y luego vamos a tomar algo y a cenar, ¿te parece?
- Me parece
Eso hicimos, acabé de comer, fregué los platos y luego me fui a dormir un rato hasta las 5 30 cuando Sara me despertó.
- Vamos dormilón, cámbiate y vámonos a disfrutar de la tarde
En la penumbra de la habitación vi que cogía ropa del armario y se iba hasta el baño para cambiarse y arreglarse, aunque por mi parte, no dudé mucho en qué ponerme, cogí unos vaqueros oscuros, una camiseta de mangas cortas, un jersey azul claro y unas zapatillas altas marrones a juego con mi abrigo, no me hacía falta mucho.
Sin embargo, a Sara le hacía falta arreglarse algo más, en este caso eligió un estilo bastante “casual” ya que se puso unos pantalones vaqueros de porte alto que le hacían un culo impresionante y por arriba eligió un jersey de lana con franjas de distintos colores apagados (marrón, azul, verde) que era bastante corto pero que le quedaba justo por encima de donde le llegaba el pantalón.
Por abajo, se puso unos botines marrones oscuros que también hacían juego con la chupa de cuero marrón que se puso encima para contrarrestar el frío que hacía en Madrid esos días de enero. Por tanto, los dos estábamos preparados para salir de casa, serían las 6 de la tarde más o menos y nos dirigimos al centro, concretamente a la calle Fuencarral, donde están todas las tiendas habidas y por haber.
Entramos en dos o tres tiendas hasta que nos paramos delante de una que tenía ropa y accesorios propios de surferos o de personas que viven cerca de la costa y necesitan de ropa y productos para ir a la playa.
Sorprendentemente, a pesar de ser viernes por la tarde en Madrid en época de rebajas, no había casi nadie en la tienda, solo el dependiente, de unos 35 años, moreno y bastante alto y una chica joven que estaba mirando unos bikinis.
- Buenas tardes, ¿os puedo ayudar en algo?
- Mmm de momento no, pero si te necesitamos te avisamos
- De acuerdo
Empezamos a mirar en las estanterías y allí había un poco de todo, trajes de neopreno, camisetas surferas, accesorios para bucear, pero a Sara se le fueron los ojos a la zona donde estaban los bikinis o, mejor dicho, micro bikinis, porque viendo las curvas de Sara, daba la sensación de que sus tetas desbordarían por fuera de aquellos trozos de tela, aunque vio uno que sí que le gustó y podría adecuarse a su cuerpo.
Era de un tono marrón y tanto en la braga como el sujetador tenían pintados a unos tigres que parecían esconderse detrás de unas plantas tropicales, pero yo en lo único que podía pensar es en lo sexy que le iba a quedar y ella lo sabía así que cogió el bikini y se fue hasta el probador que estaba al fondo de la tienda.
Estos probadores no eran más que una estructura de metal con una cortina alrededor y solo había dos así que no daba la sensación de que dieran mucha intimidad, cosa que a mí me dio alguna idea que otra. De hecho, habrían pasado un par de minutos desde que Sara había entrado en el probador así que me acerqué y asomé la cabeza por la cortina, hecho del que me alegré porque allí estaba Sara con la braga del bikini puesta, pero con el sujetador en la mano dejando a la vista aquellas tetazas que tanto me gustaban, redondas, tiesas y con el tamaño suficiente para no ser algo vulgar pero sí grandes.
Joder, me la estaba imaginando yendo así por la playa haciendo topless, algo que apenas hacía porque sabía que atraía las miradas de todos los hombres y no le gustaba sentirse tan observada, aunque quizás en Lanzarote aquello pudiera cambiar.
- Hola cariño, ¿qué te parece el bikini?, ¿te gusta?
- Bueno, la braga me gusta cómo te queda, aunque me gusta más que no te hayas puesto la parte de arriba
- Jajaja es que estaba viendo cómo me quedaba de abajo, ahora iba a probar la de arriba
Y eso hizo, cogió el sujetador y se lo anudó a la espalda y al cuello, dándole un aspecto absolutamente espectacular ya que aquel marrón contrastaba con su tono blanco de piel, además de hacerle un cuerpo espectacular y dejar poco a la imaginación porque las tetas rellenaban perfectamente la tela del sujetador e incluso sus pezones lo atravesaban ligeramente.
- Joder cariño, te queda espectacular, vas a levantar más de una polla a tu paso
- Jajaja mira que eres tonto
- ¿No me crees?, sal ahí fuera y mírate en el espejo que hay aquí al lado, verás cómo el dependiente no te quita la vista de encima
- Ya será para menos
- Prueba y luego me dices
Riéndose, descorrió la cortina y salió descalza para mirarse en el espejo que había en la pared de la derecha, acción que no pasó desapercibida para el dependiente que, desde el momento en que salió del probador, no quitó los ojos de encima a Sara y se quedó tonto mirándola, cosa que yo le hice saber cuando me puse detrás de ella mientras se miraba en el espejo.
- ¿Qué te he dicho?, no te quita la mirada de encima
- Jajaja ya me he dado cuenta, pensaba que no se fijaría tanto
- Es que estás muy buena Sara, creo que no te acabas de dar cuenta
- Jaja claro que me doy cuenta guapo, pero me hago la tonta
Eso lo dijo guiñándome un ojo y volviéndose a dar la vuelta para meterse en el probador y volverse a cambiar mientras que yo, no pude evitar fijarme en el dependiente y en cómo no le había quitado la vista de encima.
Así, al rato Sara volvió a salir del probador y me dijo que se quedaba con el bikini, fuimos a pagar y salimos de la tienda para seguir mirando en otras, aunque no encontramos nada que nos gustara y sobre las 8 nos fuimos a tomar algo y a cenar pero, cual fue nuestra sorpresa, que andando por la zona entre Callao y Sol nos cruzamos con Sandra y Alejandro.
Ella iba guapísima, como siempre, con una camisa blanca ajustada que dejaba ver sus curvas y con un pantalón vaquero azul marino y unos botines negros mientas que Alejandro iba con unos chinos marrones y un jersey verde y unos zapatos marrones.
- ¡Hola pareja!
- Hola Sandra, hola Alejandro, ¿dónde vais?
- Pues a dar una vuelta y a tomar algo y cenar
- Ahh pues nosotros también
- ¿Sí?, podríamos ir juntos, aunque si queréis ir a vuestra bola lo entenderemos perfectamente
- No mujer, vamos los cuatro
Alejandro y yo nos miramos en plan “no podemos decir nada, aunque nos apetecería estar cada uno con su pareja” pero las mujeres son las mujeres así que nos pusimos a andar los cuatro y acabamos en un bar cerca de la Plaza Jacinto Benavente.
Era un bar típico de Madrid centro, no muy grande, taburetes altos de madera, barril grande a modo de mesa y unos buenos pinchos de pescado y tortilla, por lo que el ambiente era acogedor y tranquilo e ideal para un par de parejas como nosotros.
Como siempre, cuando los cuatro estábamos juntos, la conversación era fluida pero no demasiado interesante (trabajo, casa, familia, amigos, etc) hasta que, en un momento dado, Alejandro se levantó y se fue hacia el baño, situación que Sandra aprovechó para hablar con nosotros de otro tema.
- Bueno Sergio, ahora que Alejandro se ha ido, me gustaría preguntarte si Sara te ha contado sobre Alejandro y sobre mí últimamente.
Miré a Sara y le salió una sonrisilla, ambos sabíamos a lo que se refería Sandra, pero nunca creí que ella fuera a sacar el tema, aunque claramente estaba equivocado porque me dio la sensación de que casi lo estaba deseando.
- No la mires a ella, mírame a mí, ¿te ha contado o no?, aunque por la cara que has puesto creo que sí te ha contado
- Algo me ha contado, sí
- ¿Y qué te parece?
- Pues me parece extraño, pero creo que eso es algo que queda entre vosotros y que si los dos estáis de acuerdo pues adelante
- Jajaja siempre tan políticamente correcto Sergio…ays, me gustaría que me dieras tu opinión auténtica
- Joder Sandra, si has hablado con Sara, ya sabes lo que opino, ¿o no se lo has dicho cariño?
- Yo solo le he dicho que te ha parecido extraño y que no lo entiendes, es decir, algo parecido a lo que acabas de decir tú
- Mmm ya veo, entonces Sara, para que me quede claro, ¿os habéis vuelto unos liberales y encima a Alejandro le gusta mirar y saber cómo te enrollas con otros tíos no?
- Exactamente
- Pues perdóname, pero no lo entiendo
- Y no te pido que lo entiendas, aunque según me ha dicho Sara, vosotros tampoco habéis estado perdiendo el tiempo últimamente.
En ese momento miré a Sara que esbozaba su típica sonrisa, pero también coincidió que Alejandro volvía del baño así que opté por callarme, pero Sandra no se había dado por vencida.
- No te cortes porque esté aquí Alejandro, Sergio
- Y no me corto, pero lo del otro día de Sara y yo no creo que sea comparable a lo vuestro, vosotros habéis optado por follar directamente con otras personas y seguir juntos, por lo menos tú Sandra, aunque tú Alejandro no lo tengo tan claro
- Pues verás Sergio, yo he descubierto que me gusta mirar a Sandra ligar con otros tíos con todo lo que ello conlleva, pero si tengo la oportunidad de ligar con otra chica también lo voy a hacer, Sandra y yo lo hemos hablado y desde que lo hemos hecho estamos mucho mejor los dos
- Estoy flipando ahora mismo, sinceramente
- Lo sé y sé también que es difícil de entender, pero si lo probaras me entenderías, de hecho, esta noche hemos quedado con un hombre, ya me entiendes
- No sé si quiero saber más Alejandro
- Pues te lo voy a aclarar Sergio, esta noche hemos quedado con un hombre mayor que nosotros para hacer un trío en nuestra casa.
Ahora sí que me habían dejado planchado, bueno, a mí y a Sara porque ella también puso cara de asombro mientras que Sandra se echó a reír y Alejandro también, aunque siguió dirigiéndose a mí.
- De hecho, Sergio, podríais venir luego y conocerle, veréis como no es tan raro y podéis entenderlo mucho mejor
- Puff no sé qué decirte Alejandro, no sé si quiero saber más sobre este tema
- Bueno, pues vamos a preguntarle a Sara, ¿tú quieres venir?
- Verás Alejandro, ya sabes que yo sé muchas cosas por todo lo que hablo con Sandra, pero no sé si es buena idea ir a conocer al tío con el que os vais a acostar luego
- Bueno, dejemos el tema y luego lo vemos, ¿de acuerdo?
- Está bien
Así, cambiamos de tema y seguimos con las cañas y la cena, pero, sobre las 11, pagamos y nos fuimos del bar, por lo que ya en la calle Alejandro y Sandra volvieron a sacar el tema del hombre con el que habían quedado.
- Bueno, entonces, ¿os venís a tomar algo con nosotros y así conocéis a Alberto?
El hombre misterioso se llamaba Alberto, pero yo lo que quería saber era si Sara estaba dispuesta a ir o no, aunque se me adelantó y me sorprendió cuando les dijo a los dos:
- Hombre, yo la verdad es que tengo curiosidad por saber qué rollo os traéis con este hombre así que, si a Sergio no le importa, iremos
Mi cara ahora sí que era un poema, pero como tampoco quería montar allí un espectáculo dije:
- Yo no estoy muy por la labor, pero si tú quieres ir Sara, iremos
De esta manera, sin quererlo ni beberlo me encontré caminando con Sara y con Sandra y Alejandro camino de conocer a un tipo con el que esa pareja iba a hacer un trío esa misma noche o vete tú a saber si algo más.
Habían quedado con él en un bar de Malasaña, un pub tranquilo con música británica, pero según entramos supe que era él. Era rubio, alto, estaba bastante fuerte y vestía de manera chulesca, con unos pantalones ajustados, unos zapatos altos y una chupa de cuero marrón.
Estaba apoyado en la barra tomándose una cerveza y en cuanto nos vio, esbozó una sonrisa y se acercó hasta Sandra para darle un morreo en toda regla que a mí me sorprendió un montón porque miré a Alejandro y solo se limitó a sonreír como un bobalicón.
Por nuestra parte, Sara y yo nos quedamos un poco cortados porque una cosa es que te lo cuenten y otra bien distinta es que veas a la amiga de tu novio morreándose con un tío delante de su novio, la situación era cuanto menos violenta.
Después de besar a Sandra, nos miró a nosotros y nos saludó, a mí con un apretón de manos y a Sara con dos besos, aunque le dio tiempo a darle un buen repaso de arriba abajo.
- Buenas, me llamo Alberto, vosotros imagino que sois amigos de Sandra y Alejandro
- Sí, yo soy Sergio y ella es mi novia Sara
- Encantado de conoceros
Tras el saludo inicial, las chicas dijeron que se iban al baño y luego a pedir así que nos quedamos los tres chicos solos.
- Bueno Sergio, cuéntame, ¿hace mucho que conoces a Alejandro?
- Pues desde que empecé a salir con Sara porque ella y Sandra ya eran amigas, más o menos tres años, ¿no Alejandro?
- Sí, por ahí hará más o menos
- Ajá, ¿y te han contado lo que tenemos los tres?, porque imagino que te ha chocado ver cómo besaba a Sandra
- Me han contado, sí
- ¿Y qué te parece?
- Pues sinceramente no lo entiendo ni lo comparto, pero si vosotros estáis de acuerdo pues…adelante
- Jajajaja verás, yo antes era como tú, tuve muchos años una novia e incluso nos casamos, pero luego nos dimos cuenta de que eso no estaba hecho para nosotros así que nos separamos y desde entonces me dedico a vivir la vida porque, con 44 años, las cosas se ven distintas, te lo aseguro.
- Entiendo…
- No te veo muy convencido Sergio, Alejandro, ¿crees que podrías convencerle de que no estamos haciendo nada malo?
- Pues no sé qué decirte, Sara y él están muy unidos y creo que tienen una relación distinta a la que tenemos Sandra y yo
- Mmm entiendo, aunque si me lo permites Sergio, también tienes una novia con la que no me importaría tener este tipo de juego, está muy buena y tiene una cara preciosa
Joder, aquel tío no se cortaba ni un pelo, me acababa de decir a la cara que no le importaría follarse a Sara porque está muy buena, pero a mí aquello me sentó muy mal, cosa que él notó por la cara que puso.
- Sergio, disculpa si te ha molestado el comentario, pero es que con una novia así no me puedo cortar en decirlo
- Pues verás Alberto, me ha sentado bastante mal así que, si quieres follarte a Sandra y que este mire por mí perfecto, pero no vuelvas a decir nada de Sara, no tengo ganas de cabrearme
- Está bien, está bien, tranquilo
En esas estábamos cuando llegaron las chicas del baño con cinco cervezas así que el ambiente se calmó un poco y durante la siguiente hora el ambiente se relajó y fue bastante distendido, excepto porque, en todo ese tiempo, Alberto no le había quitado la mano del culo a Sandra, hecho que no pasaba desapercibido para las personas que estaban a nuestro alrededor.
Así, tras una hora y pico de conversación y algún comentario que otro de Alberto hacia Sara que a mí no me gustó nada, los tres cogieron sus abrigos y dijeron que ya era hora de marcharse, aunque a la hora de despedirnos, Alberto me dijo algo que no me esperaba:
- Bueno Sergio, encantando de conocerte, ahí te dejó con ese pibón de novia que tienes, pero si alguna vez os animáis, estaré encantado de hacer algún trío con vosotros o incluso si me dejaras, me la follaría a solas
Fue como una provocación porque no lo pensé y le agarré de la camiseta para darle un empujón, advirtiéndole de que como volviera a decir algo similar se las iba a ver conmigo, cosa que él no esperaba para nada porque debió pensar que yo iba en el mismo plan que Sandra y Alejandro.
Sara se quedó mirándome alucinada mientras que Sandra y Alejandro no supieron muy qué hacer, pero Alberto entendió mi postura y les dijo que se marcharan así que Sara y yo nos quedamos en aquel pub, por lo menos hasta que yo me calmara.
Continuará
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