El ingeniero desvirga a la doméstica
Ella sabía que él la deseaba, pero temía la magnitud de su promesa. Él sabía que ella era virgen, pero aún más temía no poder contenerse. Esta vez, la oficina se vació a las nueve, y la barrera de la virginidad no fue suficiente para detener el instinto.
Ese nuevo encuentro con la criada, volvió animar a Ligorio. Pese a los toqueteos y algunos besos esporádicos, Enriqueta intentaba evitar volver a yacer con el mismo. Era consciente de que el marido de la señora ansiaba penetrarla, pero esta vez vaginalmente. Por ello se mostraba bastante temerosa y recelosa.
En los día y semanas siguientes solo ocurrieron pequeños escarceos, ya que la joven solo aceptaba que la toqueteara. Así transcurrió casi un mes desde último encuentro. El hombre estaba encabritado y ante las evasiones de la joven, buscaba el momento propicio para volver a estar con la misma.
Una mañana, se dio cuenta que podía quedarse a trabajar en la casa sin problemas. Sabía que su mujer no llegaría hasta bien entrada la tarde, al igual que sus hijos. Se levantó temprano y comenzó a trabajar en su despacho. Al poco tiempo hizo su aparición la doméstica, la cual se agitó al conocer que el señor estaba en casa. Lo venía deseando, pero temía ese encuentro. Era consciente de lo que quería el señor. No obstante, se acercó hasta el despacho y lo saludo: -Buenos días. ¿se ha quedado a trabajar en casa? -
-Hola Enriqueta. Pues sí. No me requerían en la empresa, y he decidido quedarme hoy en casita. ¿Qué tal esa salud?, ¿ya estas totalmente repuesta? - le preguntó el hombre como saludo.
-Si. Menos mal. Ya me encuentro bien. Gracias- le contestó la joven. Voy a empezar a realizar las tareas de la casa. Le comentó mientras se retiraba.
Mientras aquella se retiraba el hombre observó el cuerpo de la misma, siendo captada su mirada por la joven, la cual se ruborizó ante aquella penetrante mirada.
Enriqueta a medida que realizaba sus labores en la casa, no dejaba de pensar en el señor. Ansiaba volver a ser tocada, acariciada, abrazada por el mismo. Hasta, ansiaba y necesitaba volver a palpar el tremendo pene del mismo. Cuando más lo pensaba más mojada se sentía. Sabía que el señor iba a intentar métesela por delante, como le había indicado, pero ella aún era virgen. Pese a todo, se sentía inquieta. En el fondo, hasta quería que el hombre la hiciera mujer. Pero, tenía cierto temor ante la dureza y magnitud de su falo. Ya había experimentado las dimensiones y fortaleza del miembro en su culito, pero temía que le rompiera su coñito.
A media mañana, decidió llevarle un café al señor como en otras ocasiones. Antes de hacer el café, percibió su extrema calentura. Fue al cuarto reservado a la misma, y recordó que aún guardaba las dos tanguitas que le había regalado el señor. Con evidente morbosidad, las tomó en sus manos, y sopesó cual ponerse. Era consciente que presentarse ante el marido de la señora portando la tanguita abierta por delante y por detrás, era una clara invitación. Por ello, decidió colocarse la menos llamativa.
Con ella puesta, preparó la cafetera del café y unas galletas. Tomó la bandeja, y se dispuso a bajar a la planta sótano. Al pasar por su habitación de nuevo, se quedó parada, como si algo la retuviera. Casi sin pensarlo, como si fuera una premonición, de forma instintiva, se vio dentro la habitación abriendo el mueble donde se encontraba la otra tanguita. La observó detenidamente, y en un acto de locura, decidió cambiarse de tanga. No pudo con su tentación, necesitaba presentarse con aquella prenda tan sugestiva. Se observó en el espejo y comprobó que quedaba al descubierto toda su entrepierna, especialmente su coñito y su culito. Tubo que volver a limpiarse su vagina, ante la lubricación por la emanación de sus fluidos debido a su excitación. Sabía claramente que, si el señor le llegaba a levantar el vestido, no se iba a poder resistir.
Pese a todo, tomó la bandeja y se dirigió al sótano. -Le he traído el café- le dijo desde la entrada del despacho.
-Pasa Enriqueta. Tu siempre tan atenta- le respondió el hombre dejando lo que estaba haciendo para contemplar la llegada de la doméstica. Verla de nuevo con aquel uniforme de sirvienta, lo volvió a excitar. Aquella joven lo tenía como embobado.
Enriqueta volvió a dejar la bandeja sobre la mesa, esperando que el hombre se tomará el café y las galletas. Instintivamente, su mirada fue hacia la pantalla del ordenador. Le vino a la memoria la peli porno. Obviamente, Ligorio no fue ajeno aquella mirada. Al percatarse de esta circunstancia, morbosamente le preguntó:
-¡Quieres volver a ver una de esas pelis?
La joven simplemente se limitó a sonrojarse. El hombre, sin esperar una respuesta, tomó el ratón y localizó una de las páginas erótica que estaba acostumbrado a ver, donde aparecía una joven criada tenía sexo con el patrón.
Enriqueta, se agitó, e hizo amago de reprocharle, pero al ver la escena de la pantalla, su curiosidad, y su morbo la hicieron enmudecer. Se mostraba una joven, que portaba igualmente un uniforme de sirvienta, muy similar al suyo, la cual tenía en su mano el pene de un hombre bastante grueso y corpulento. Masajeaba el manubrio del mismo pasando su manita a lo largo del mismo, hasta alcanzar los testículos. Tras unos meneos, llevó el falo a su boquita, y comenzó hacerle una felación, al actor porno, que hacía de patrón.
Mientras observaba la escena, Enriqueta no pudo evitar la tentación de dirigir su mirada hacia el pantalón de Ligorio. En el fondo sabía lo que iba a ver. Era consciente de la evidente erección que ya se manifestaba bajo la tela del pantalón del señor. Con su carita, donde ya se reflejaban el enrojecimiento por el morbo que le producía, miro al hombre a la cara. La escena que estaba contemplando en la pantalla, el abultamiento del señor, y su extrema calentura, le llevaron hacer algo inexplicable. Sin que el señor le dijera nada, de muto propio, decidió agachándose un poco, para pasar la mano sobre el bulto del pantalón.
Al percibir la dureza de la verga del señor, su cuerpo se estremeció. Osadamente lo apretó sobre la propia tela, mirando con carita de perra en celo al hombre. Se notaba completamente salida, por lo que, tras unos momentos de indecisión, le bajó el pantalón corto tirando por los laterales y dejado al dejando al aire el aparato genital del varón. Sus ojos se abrieron como platos, y su cara de le iluminó al contemplar la potente erección del mismo. Oh que grande… jo ¿cómo la tiene?
La visión de las grandes venas, sumamente hinchadas del falo, le impresionaron. Parecía hallarla mas grande que en las otras ocasiones. Pese a su recelo ante las dimensiones del mismo, no pudo evitar que se le mojara coño. Recordó que su braguita no le tapaba nada, por lo que los jugos seguramente, pronto descenderían por sus muslos.
Su mano atrapó el pene, comenzando a masajearlo, suavemente, con pequeños movimientos, tratando de imitar a la joven criada de la peli. Al sentir la dureza, y el abultamiento de las enormes venas que lo circundaban, se dijo para sí: “Uf creo que la tiene más grande” “parece que la haya crecido.”
Esa misma excitación ante la contemplación del vástago del señor, le llevó a ser más persuasiva, no contentándose con masajear el falo de arriba abajo, sino que su manita descendió hasta alcanzar los grandes testículos del señor, acariciándolos, notando que estos se hallaban repletos. “El señor debía llevar varios días sin correrse”.
Ligorio no quiso romper aquel momento tan excitante. Dejó hacer a la joven doméstica. Constató que cuando aquella palpó sus testículos, su verga de erecto aún más. Pero no hizo nada que pudiera estropear aquel delicioso momento. Su gozo fue mayor cuando sintió los labios de la boquita de la joven engullir parte de su pene. La doméstica le estaba comenzando a dar una mamada sin habérselo pedido.
-Oh si Enriqueta…oh si nenita… sigue así….
La joven, mientras masajeaba e introducía el falo en su boquita, no perdía detalle de la escena que se reflejaba en la pantalla del ordenador. Su alteración se convirtió en estremecimiento, cuando observó como el hombre de la peli, se sentó en una silla, instando a la jovencita a que le montara. Aquella, con cara de auténtica hembra en celo, se abrió de piernas con la intención de sentarse sobre el falo del hombre. Tal fue su estremecimiento, que se detuvo para contemplar la escena. El corazón de Enriqueta comenzó a palpitar aceleradamente. La visión de los labios vaginales de la joven, abriéndose al máximo, casi forzadamente, para poder albergar en su interior el tremendo pene del hombre, lo dejó impresionada.
-Oh la va a reventar.… casi exclamó levemente, ante aquella escena.
Pero su estremecimiento de convirtió en incredulidad, cuando observó como la vagina de la joven se tragó literalmente la totalidad del tremendo falo varonil. No se lo podía creer. La verga del hombre había entrado íntegramente dentro del estrecho coño de la joven criada de la peli. Eso la estremeció, notando como se agitaba y sacudía su cuerpo, al comprobar como aquella besaba al hombre, mientras iniciaba movimientos como si lo estuviera cabalgando.
Ligorio no quiso detener a la joven. La dejó hacer. No obstante, mientras aquella mantenía la visión de la pantalla, introdujo su mano por debajo del traje de la criada, alcanzado los deliciosos muslos blanquecinos de la misma. Comenzó acariciarlos hasta ir subiendo, alcanzando la braguita. Enriqueta sintió la mano del hombre, pero se dejó hacer. Estaba tan atenta a lo que aparecía en la pantalla, que no prestó la debida atención a la intrusión del hombre, quien pronto alcanzó su entrepierna.
Ligorio sintió igualmente una tremenda excitación, al percatarse que la domestica se había puesto la braguita tan tentadora que le había regalado. La nena tenía el coñito y culito a su alcance. No se lo esperaba.
Enriqueta sintió la mano del señor acariciando su trasero, y los grandes dedos pasar por los labios vaginales, que se hallaban bastante lubricados. Su agitación se incrementó. Miró al señor a la cara cesando por un momento la felación y le pregunto: Oh ¿qué me hace?… oh ahí no…..
Los dedos del hombre no se concentraron como en ocasiones anteriores en su culito. Al contrario, estaba vez comenzaron a estimular otra parte más sensible: su coñito. Su corazón volvió palpitar aceleradamente. Se dio cuenta que “el señor quería clavarla por delante”. Miró el tremendo falo que tenía en sus manos, palpitante, reluciente, ya totalmente descapullado, el cual emergía entre las piernas de Ligorio como una autentico mástil, enfilado hacia arriba. Ese misil no iba a poder entrar en su coñito, se dijo.
No obstante, el señor, continuó acariciando durante varios minutos el coñito de la joven, e instó a la misma a que cesara su felación y se colocara delante de él. Luego, la obligó abrir un poco las piernas, tirando de ella para que aceptara sentarse sobre sus muslos.
Enriqueta se agitó ante aquella petición. Intuía lo que pretendía el señor. Oh.. ¿no pretenderá metérmela por ahí? Ya le dije que soy virgen.
-Te has fijado en la joven de la peli. Su coñito, es tan estrecho como parece ser el tuyo. Sin embargo, se ha tragado la totalidad del pene del hombre. Le comentó Ligorio, en un intento de convencerla. Tenía una empalmadura tremenda y ansiaba clavar cuanto antes a su doméstica.
La joven, nerviosa, casi temblorosa, cedió, abriendo de piernas, situándose a ambos lados de los muslos del señor. Su escasa altura, le llevó a tener que incluso situarse de puntillas. Sintió las manos del hombre que acariciaron su coñito desnudo, ante la abertura de su tanga. Uhm Enriqueta, ¡estas muy mojadita! Tienes el coñito empapado. Exclamó el señor: ¿estas deseando que te clave verdad nenita?
-Oh señor ¡la tiene muy grande! Además, “debería ponerse un condón”. Yo no estoy protegida. Le respondió la misma.
-¿Condón?. Enriqueta, jamás los he usado. Además, preciosa, es tu primera vez, necesitas sentir mi pene sin impedimentos, a pelo, carne con carne. ¡Verás como vas a disfrutar! Le comentó al hombre, sin dejar de dedear el coñito de la joven.
Ligorio cada vez estaba más excitado. Su empalmadura era tal que la joven se dijo que nunca la había visto de aquella forma. El hombre había comprobado como la joven se había colocado aquella tanguita, abierta por delante y por detrás, que permitía tener el coñito a disposición. Ello evidenciaba que la doméstica había venido pidiendo guerra. No pensaba dejar pasar la oportunidad. Necesitaba clavar a la nena. Era consciente de que era virgen, y que la vagina parecía ser bastante estrecha. Pero, no por ello se iba a venir atrás.
Cuando la joven se situó a la altura de su pene, la fue haciendo descender, obligándola a que se sentara sobre sus muslos. Aquella cedió un poco hasta que su vagina alcanzo a rozar el glande del tremendo falo. Se incorporó como rebotada. Notó la tremenda dureza del falo. Se resistió. No obstante, tomó la cabeza del pene y levemente, la pasó por los labios de su vagina, embadurnando el glande son sus fluidos.
Pero el hombre seguía presionando. Fue tal la presión del mismo que la obligó a ceder nuevamente, bajando un poco más, comprobando como sus labios se abrieron dejando acceder la cabeza del vástago. Estos abrazaron la cabeza del glande, y pronto llego a tropezar con su himen. Se agito, poniéndose extremadamente nerviosa. Pero el hombre la sujetó evitando que se retirara.
Ligorio comenzó a realizar movimientos hacia arriba, pistoneando con su falo el himen de la joven, haciéndola subir y bajar, pero sin llegar a romper aquel. La joven se mantenía muy tensa. Por ello, optó por subir sus manos y acariciar los pechitos de la joven por encima del traje, al tiempo que buscó la boca de aquella, y comenzó a besarla. Esa circunstancia relajó a la joven, que se confió, prestando mayor atención a los besos y manoseos de sus pechitos, descuidando la que acontecía abajo.
El señor se dio cuenta de la relajación de la joven. Era el momento. Sin dejar de besarla, bajo sus manos y tomó con decisión las caderas de la joven, y tras acariciarlas con sus grandes manos, tiró con decisión del pequeño cuerpo hacia abajo. Al propio tiempo puso su verga recta, enfilada hacia arriba. Fue suficiente. Al instante, la tela del himen de la joven, cedió, rompiendo la tela y clavando más de la mitad del pene en el frágil y estrecho coñito de la domestica.
Oh nooo me rompee… oooo
El grito de la misma fue alarmante. No solo comenzó zarandearse intentando zafarse, levantarse. Pero todo fue inútil. Ligorio sabía que no debía permitirlo. Utilizando su tremendo poderío, y su gran envergadura física, tiró fuertemente de la joven, logrando clavarle la casi totalidad de su falo. Fue estremecedor, ya que el alarido de la joven se escuchó en toda la casa. Hasta pensó que la había roto de verdad por dentro.
-Oh… me rompe… oh que daño… sáquela… sáquela…. Comenzó a gritar la joven, lloriqueando, gritando y hasta pegándole son sus puños en el pecho del hombre. Notaba como si la hubieran roto por dentro. Como si la hubieran empalado. Su coñito estaba lleno, como si se asfixiara. Le costaba hasta respirar.
Lejos de ceder, el hombre la mantuvo sujeta, sentada sobre sus muslos, con la mayor parte de su poderoso nabo dentro del coñito. Ligorio se dio cuenta de la tremenda presión que ejerció las paredes vaginales de la joven, en un intento de hacer salir de su interior el tremendo pene. Pero se mantuvo férreo, con decisión. Pese a todo, sintió un poco de temor. Notaba aquella vagina tan estrecha, que temió que se hubiera excedido. ¿y si había roto a la joven por dentro? Su pene parecía encajado a presión en el coñito de la doméstica, y se daba cuenta de que quizás era demasiado grande su falo para aquella estrecha vagina.
No obstante, su satisfacción era inmensa. Sentir la presión que ejercían las predes vaginales de la joven sobre su pene, lo enardecía y aumentaba su autoestima. Por otro lado, comprobar que todo su falo estaba dentro de la joven, era una sensación inigualable. ¡Tenía bien clavada su tranca en el coñito de la joven doméstica!
Tras unos momentos de forcejeo de la joven, con manifiestos intentos de retirarse, estos fueron descendiendo de intensidad. A medida que la joven fue comprobando, como su pequeña vagina se iba acoplando al tremendo falo que la había invadido, sus intentos por revelarse fueron menores. Se comenzó a relajar. Miró a la cara al hombre, y le dijo: Es malo. ¡Me ha hecho daño! ¡Seguro que me ha roto por dentro!
-relájate preciosa. Ya paso lo peor. Pronto vas a comenzar a disfrutar. ¿Sientes mi pene dentro de ti? ¿Me sientes? Le preguntó el hombre, como queriendo tranquilizarla, ante los reproches de aquella.
La joven afirmó con la cabeza: la tiene muy grande, me ha abierto mucho. ¡Debe sacarla ya!
Pero Ligorio continuó con la joven domestica sentada sobre sus muslos. Aquella parecía una nena. Su reducida estatura, le hacia parecer una muñeca ensartada en su polla. Y no era para menos. La tremenda envergadura del mismo destacaba respecto al pequeño cuerpo de a doncella. Esa visión, más lo envalentonó. Su instinto de macho depredador, hizo acto de presencia. Manteniendo su verga dentro del coñito de la joven, hizo algo que estremeció a la propia criada. Como si de una muñeca se tratara, se incorporó de la silla, izando al propio tiempo a la joven, hasta colocarse de pie. Sosteniendo a la jovencita en alto, la tomó por las nalguitas, y comenzó a penetrarla lentamente, provocando los primeros gemidos de placer en la joven.
Sus movimientos de mete y saca, cada vez más rápidos, estremecieron a la joven, quien vio como vibraba todo su cuerpo en cada arremetida. Luego, acercó su boca a la joven y comenzó a besarla, lamiendo y besando su cuello, deteniéndose cada poco tiempo para observar el rostro de la doméstica. Pese a conocer que era una temeridad, y que estaba cometiendo infidelidad, se sentía orgulloso de poder estar poseyendo aquella nena. Notaba el intenso placer que le producía clavar aquella jovencita, que, sostenida en alto sobre sus caderas, sin parar de penetrarla. Sus trepidantes bombeos hicieron que las paredes vaginales comenzaran ablandarse, y cada vez ejercían menos presión sobre su pene. Eso era una buena señal. ¡La joven estaba entregada!
Manteniendo tomada a la misma por sus nalguitas, mientras la sostenía apoyada en su cintura, no dejaba de bombearla. Para soportar el tremendo empalamiento, la joven se agarró fuertemente al cuello del hombre evitando caerse, mantenién, mientras su coñito era martilleando una y otra vez por la poderosa verga, que entraba y salía de su maltrecha vagina, recién desvirgada.
A medida que aumentó el bombeo, la joven comenzó a agitarse, convirtiendo el inicial dolor, en puro placer. Por vez Enriqueta primera estaba el placer de tener la polla de un hombre en su coñito. Pero, aquel no era un pene cualquiera. El marido de la señora, calzaba un vástago tremendo. Saber que tenía dentro de su estrecha vagina aquel tremendo sable, aumento su ego. Ya era toda una mujer. Había soñado durante mucho tiempo con ese momento, y por fin había llegado. Jamás pensó que su primera vez fuera con el señor de la casa. Nunca imaginó que el tremendo pene del mismo pudiera entrar en su coñito. Pero, ahí estaba. Su vagina había sido capaz de comerse la totalidad del cipote del patrón.
Esos pensamientos, y las tremendas estocadas del varón, hicieron que su pequeño cuerpo comenzara a convulsionarse. Un calor intenso comenzó a invadir y recorrer el interior de su cuerpo, como si su sangre comenzara a hervir. La profundas clavadas de la verga del señor, la estaban llevando a su primer orgasmo. Se aferró fuertemente al cuello del hombre, soportando estoicamente las ferras penetraciones del semental, hasta que no pudo más. Su cuerpo comenzó a temblar. Se agitó, retorciéndose, ejerciendo una tremenda presión con sus paredes vaginales sobre la verga que tenía dentro. Y, por fin se vino. Su convulsión fue tan intensa que la cabeza le comenzó a dar vueltas, como si estuviera en una nube, y casi desfalleció. Apenas sentía dolor, pese a las tremendas embestidas del hombre. No paraba de venirse. Se sucedieron una seria de pequeños orgasmos, uno tras otro, que parecían no tener fin. Se convulsionaba una y otra vez, hasta terminar agotada, derrotada, entregada.
Al final, abatida y sin fuerzas, apoyó su cabeza en los amplios pectorales del hombre. Ligorio, consciente de ese agotamiento, la sujetó bien y esperó unos momentos. La mantuvo en brazos, hasta que se recuperara. Aún continuaba de pie, con la joven enganchada a su cintura, con las piernas abiertas, y manteniendo su verga aún dentro del coñito.
Pero, su tranca permanecía dura y tiesa dentro del coñito de la joven, hasta que se dio cuenta que el también necesitaba descargar. El calor del coñito de la joven, la estrechez de su vagina, lo animaron a querer terminar dentro. Era una temeridad. La doméstica no estaba protegida, ¿y si la dejaba embarazada? Sabía la consecuencia de ello. Un mar de dudas pasó por su mente. Pero había llegado hasta allí, y no se iba a volver atrás. Observó la mesa del despacho, y dirigiéndose hacia la misma recostó a la joven sobre ella, manteniéndole las piernas abiertas, sin sacarle ni un instante su pene.
En esa posición, comenzó nuevamente a realizar los movimientos de mete y saca, penetrándola sin para, levantando y abriendo las piernas de aquella mientras perforaba el coñito cada vez con mayor intensidad. El joven cuerpo de la doméstica, sufría como descargas, estremeciéndose completamente ante cada embestida. Ligorio parecía un auténtico toro. Embestía aquella pequeña joven con gran poderío, mientras su enorme falo entraba y salía de la estrecha vagina de la doméstica.
Tanto se excitó, que pronto sintió como emergía su semen. Sabía que sus pelotas estaban bien cargadas, no en vano llevaba varios días sin correrse. Sabía que iba a llenar el coñito de la joven.
Enriqueta se percató de la venida del señor. Pero era consciente que, pese a su impedimento, nada podía hacer ante la tremenda corpulencia del semental que la estaba follando. No obstante, se atrevió a decirle: Oh señor no lo haga dentro…. Me puede embarazar. oo nooo
Pero sus suplicas fueron en vano. Ligorio no tenía ni la más mínima intención de venirse atrás. Iba a lanzar su carga seminal dentro del recién desvirgado coñito de la domestica. Aquella no se iba a librar de su copiosa venida.
-Oh nenita. Sabes que necesitas sentir mi leche. Uhm, tengo los huevos bien cargados. Te voy dar mucha lechita. Tienes ese coñito muy caliente, necesitas que te apague ese calor. OIh si…... ya me viene. Oh…si… oh nena te voy llenar mucho… siiiii resopló, emitiendo grandes gemidos, mientras su cuerpo se tensó al máximo, comenzando a soltar su preciada carga.
Enriqueta, sintió como se endureció el pene del señor dentro de su estrecho coñito, para luego sentir las primeras lechadas. Era la primera vez que se corrían dentro de su vagina. Percibió con agitación, el calor de del semen del hombre, que comenzó a fluir con meridiana claridad. Las copiosa lechada del marido de la señora, resultó tan abundante, que parecía que el señor no iba a terminar. Pese a todo se sintió gozosa. La sensación de sentir el semen del varón, ver como fluía dentro de su coño, le resultó agradable y placentera.
Por fin Ligorio acabó. Se dijo para sus adentros: “ha sido una de sus mejores corridas”. Resultó increíble, pero su joven domestica lo había deslechado. Al extraer su pene del coñito de la misma, observó restos de sangre entremezclados con semen. Se quedo preocupado al ver la gran abertura en que había dejado la vagina de la joven. No solo estaba sumamente abierta, con los labios inflamados, sino que notaba el interior de la vagina bastante enrojecida. “Su verga había sido mucho para aquel estrecho coñito”. Pero, esa circunstancia no lo amilanó. La visión de la enrojecida y abierta vagina de la criada, le demostró que pese a todo había logrado su objetivo.
Luego ayudó a la joven a incorporarse. Notando que le costaba mantenerse en pie. Tuvo claro que la había abierto tanto, que aquella iba a tener dificultades para caminar. Por ello, la tomó en brazos, y la llevó hasta su dormitorio. La echó sobre la cama, le retiró la tanga, y luego tomó una tolla empapada en agua caliente y comenzó a limpiar el coñito y la entrepierna de la joven, con delicadeza. Observó que pese a todo no paraba de brotar pequeños restos de su semen del interior.
Se quedaron durante más de una hora en la cama, recostados, descansando. Tras ese tiempo, la joven se incorporó, viendo que se hallaba mejor, y que el dolor de su entrepierna parecía haber remitido bastante.
-Creo que hoy no podré terminar la tarea. Me siento muy abierta. Le dijo al señor.
Ligorio, se preocupó. Observando que aún persistía el enrojecimiento vaginal y la inflamación, tomó un gel hidratante y lo extendió por el coñito embadurnando el mismo. Al ver que la hidratación tranquilizó a la joven recuperó la compostura. Aquella le dijo que iba a terminar de hacer la comida, y el marcho a su despacho.
El hombre volvió a su despacho, pero tuvo que quedarse durante un buen rato meditando lo ocurrido. Había logrado desvirgar a su joven doméstica, y encima se había corrido dentro. Pidió a cielo que no quedara embarazada, o se la iba a ganar.
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