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La esposa del cornudo (IX): Carlos-2

Sole le pide a Andrés que la coma mientras le cuenta cómo su ex novio la dominaba. Cada gemido de ella es un recordatorio de otro hombre, y cada secreto que suelta acerca de sus encuentros públicos y privados enciende la llama prohibida de Andrés. Pero hay un detalle en su historia que cambia todo: una última noche que no debería haber existido.

MaestrodeJazz11K vistas8.2· 9 votos

Mientras ayudaba a bajar el pantalón del pijama de Sole, no podía dejar de pensar en lo que acababa de compartirme. Y lo cachondo que me había puesto conocer algunos detalles de su caliente pasado con quien fue su novio durante cinco años, Carlos. No iba a poder terminar de tocarme todavía, como era mi deseo desde hacía un buen rato, pero el hecho de tener que retrasar mi masturbación porque ella se había calentado también al revivir aquellos morbosos recuerdos con su ex, y que me había pedido que le hiciera sexo oral, era para mí una situación de lo más placentera.

Difícilmente, alguien que no posea la mente de un hombre consentidor, o no haya experimentado los deseos de un cornudo, podría imaginar la intensidad del placer que en ese momento yo estaba sintiendo, postergando mi propio placer, pero comprobando cuánto le excitaba a ella pensar en otros hombres. Bajarle las braguitas a Sole y ver lo mojadas que estaban, todo ello solo provocado por haber estado recordando cómo follaba con Carlos, ponía mi pollita a punto de explotar y, sin embrago, tendría que esperar para antes complacerla. Pero saber que yo iba a comerle su mojado coñito, mientras ella estaría pensando en Carlos, era una sensación indescriptible.

Si ella me lo había pedido, incluso interrumpiendo los movimientos que yo hacía con mi mano, subiendo y bajando por mi polla, es porque realmente su calentura también era tremenda. Y mi mujer no había necesitado pedirme mucho para que yo dejara de masturbarme y me dispusiera a darle un buen rato de lengua, y así poder rebajar el calentón que le había provocado recordar sus folladas con su ex.

Sole no solía ser muy explícita aunque ya conocía mis “gustos especiales”, mis fantasías de imaginarla en la cama con otro hombre, y todo lo que eso me excitaba. Pero al pedirme que yo dejara de pajearme y que me dispusiera a comerle su coñito, en mi mente de marido consentidor es como si me hubiera dicho: “Eh, cornudito, deja de pajearte… Yo no te he contado cómo follaba con Carlos para ver cómo te la meneas ahora como un mono… Es que hoy me apetecía contarte, ¿sabes? Muchas veces recuerdo cómo follaba con él… mientras dejo que tú me comas el coño… como vas a hacer ahora… yo pensaré en él... hasta hacerme terminar”

Dejé de pensar y me enfoqué en mi tarea. Tenía a mi mujer, desnuda y recostada ante mi. Mis dedos y mi lengua empezaban a explorar su coñito, mucho más inundado de sus jugos de lo que yo había podido sospechar. Ella empezaba a disfrutar de las caricias de mis dedos y de los lengüetazos que ya le daba, pero seguía en silencio… Aparté un momento mis labios del recorrido que le hacía por los labios de su coño…

- Me encanta hacerte disfrutar con mi lengua… y que eso te “ayude” a recordar… - seguí oyendo su respiración acelerada durante unos segundos y al fin siguió recordando… en voz alta…

- Carlos jugaba con mi cuerpo, le daba igual si era sobre la mesa del salón, o subida a la encimera de la cocina. En eso me convertí, en su juguete… El caso era arrancarme varios orgasmos como aperitivo. Cuando al fin él también quería follar, sabía que me tendría en todas las posturas. Por supuesto, yo tomaba anticonceptivos para que él no tuviera que preocuparse... y tampoco nos arruináramos comprando condones…

En aquel lejano pasado, Carlos, todo el tiempo sin trabajar, solo pensando cada día en el modo de follarse a la que hoy es mi esposa… Y yo ahora, mientras pensaba en aquello a la vez que ella me seguía contando, movía ritmicamente mi lengua, yendo arriba y abajo por los labios de su mojado coño.

- Había tiempo para todo… pero viendo mi disponibilidad y lo entregada que yo estaba, quería cada vez más sexo… se convirtió casi en obsesivo... para los dos. Da igual si yo le cabalgaba, o si él se subía encima de mí… si me ponía a cuatro patas y me follaba desde detrás… parecía que tardaba en coger ritmo pero sus movimientos se iban acelerando poco a poco, y se iban haciendo más y más intensos… Eso me hacía tener unos orgasmos largos y repetidos, como yo nunca antes había experimentado… ni siquiera con Sandra y con Fede…

Seguro que ambos se conocían muy bien. Y encima, sin prisas ni malos rollos. Solo follando y disfrutando como dos novios en casa. SPensar en aquello me excitaba y me hacía seguir lamiendo sus labios y su clítoris, acercando un dedo lubricado en mi saliva y sus jugos a la entrada de su coño.

- Cada vez quería más, no había habitación donde no lo hiciéramos de todas las maneras que podíamos soñar… Y cuando sabía que yo también tendría que descansar, me ponía a mamársela y ponía algo de porno para tomar nuevas ideas… Así podía tenerme todo el tiempo que quisiera…

- Uff, te hizo una experta en sexo oral. – aproveché un descanso de mi boca para respirar, mientras dos de mis dedos aun estaban dentro y profundizaban.

- No puedes imaginarlo, Andresito, casi lo mismo que tú, jajaja. Cada vez, penetraciones más profundas… parecía imposible pero al final me metía toda la polla, casi hasta la garganta, sus huevos chocando en mi barbillla... Viendo vídeos para calentarse él y a mi poder ponerme nuevas metas…Muchas veces, acababa y se corría cuando estaba muy adentro… y así… yo tenía que tragar si no quería ahogarme…

De ese aprendizaje que Sole había tenido por las exigencias de Carlos, yo me he aprovechado algunas veces. De novios, recuerdo algunas mamadas que me hizo, wowww. Y ahora Luis, según ella me cuenta, son las mamadas que ella le hace lo que le vuelve más loco…

- Al principio no era fácil…tuve que acostumbrarme… pero Carlos me enseñó a ver todo el sexo de un modo natural, si uno lo pedía… y al final lo queríamos los dos.

Él fue quien la enseñó… Por eso es tan divina haciendo eso…

- Tragar su semen después de una mamada se convirtió en algo rutinario. Y al final me encantaba darle eso a mi hombre y ver cómo él lo disfrutaba… viéndome sacar la lengua con la boca vacía después de haberse corrido, porque me lo había tragado sin hacer aspavientos… o viendo mi cara y mi boca aun con restos de su leche.

Carlos parecía incansable, por lo que ella me contaba, pero seguro que Sole no se quedaba atrás.

- Fueron muchos años para hacer cualquier cosa imaginable… Al final, lo quería probar todo… y hacerlo en todos sitios también, ahhh…- se le escapó un gemido.

- Tocarme debajo de la toalla hasta hacer que me corriera en una playa nudista… o una mamada en un parking… o follarme en el campo… todo tenía un morbo distinto... sobre todo donde podían vernos… ahhhhh

- Ufff – exclamé, sin separar mis labios de su coñito; lo que yo hubiera dado por estar allí, cerca de ellos, viendo como Carlos la entrenaba a diario para ser su puta.

- En el cine, hacerle una cubana, o mamársela allí... era incómodo… pero era claramente para que los demás vieran lo que yo le estaba haciendo. Era imposible que no nos vieran… Siempre intentaba que saliera con mi ropa “manchada” de su leche… Empezó a coger esos nuevos “vicios”. Presumir de su zorra. Peor aun fue en la discoteca…

No era la primera vez de Sole en una discoteca pero seguro que con Carlos sería diferente.

- Él odiaba hacerlo en los baños… Yo tenía que llevar minifalda sin bragas, o quitármelas allí, y así él podía meterme mano, ahhhhh… sin esconderse demasiado. Si yo quería que acabara la “exposición pública” que hacía de mi… que yo no me sintiera como su novia sino como su “puta” y todos pudieran verlo… yo tenía que buscar un reservado…

Yo seguí haciendo círculos en su clítoris y ella siguió contando……

- Subirme la falda por detrás, sentarme encima suya… o cabalgarle y moverme yo hasta hacerle acabar... no sin antes haberme corrido yo también un par de veces.

- ¿Seguías haciendo todo lo que te pedía Carlos? – me retiré para preguntarle, pero mis dedos entraban y salían de su chochito. Con gran velocidad…

- Hubo cosas que empezaron a costarme y discutíamos también. Pero básicamente, lo aceptaba todo, ahhhh, ahhhhhhh, te he dicho con la boca, cabrón….

Sole no solía decirme eso. Debía estar realmente caliente recordando… y me ha llamado cabrón… Redoblé las caricias de mi lengua por todo su coño… parece que esa intensidad le soltaba la lengua y seguía contando.

- Y a todas horas, Andrés, a todas horas. Empezó a gustarle follarme también por la mañana y entonces ya no me dejaba ir a clase.

No era posible tanta resistencia, pensé, sin dejar de mover mi lengua arriba y abajo y succionar su clítoris con mis labios…

- Follarme..., ahhhhh, a veces, era solamente hacer que me tumbara sobre una alfombra, ahhhhhhh, y ver cómo me corría un par de veces, viendo como yo, ahhhhhhh, joder, sigue... más…

Apreté todo lo que pude, casi mordisqueando su clítoris mientras mi lengua y dos de mis dedos entraban y salían de su coño

-… ahhhhh… lo hacía con un consolador, ahhhhh… mientras él me dirigía sentado en su sillón, ahhhhhhhh… sigue cabrón, ahhhhhhhhh… solo para verme, ahhhhhhhhh, tu sigue... ahhhhhhh, ahhhhh

Sabía que yo ahora no podía aflojar. Sole además sujetaba mi cabeza, con sus manos en mis sienes y agarrándome del pelo… Como si yo fuese a retirar mi cabeza, cuando estaba disfrutando como un loco, lamiendo y mamando de su coño, mientras sabía lo que ella fantaseaba en ese momento, y todo lo que estaba recordando de su pasado con Carlos.

- Ahhhhhhhh… sigue cabrón, ahhhhhhhhh… ahhhhhhhhh… ahhhhhhh

Al fin, la fui notando menos tensa, dejó de tembñar y sus jadeos se fueron haciendo mas lentos y callados, mientras mi lengua aun saboreaba el olor y el sabor que emanaba su coño, después de su corrida.

- Ufff, Sole, mientras te corrías, he tenido un subidón yo también… Oliéndote, casi podía verte, no solo imaginarte… así de entregada… a Carlos.

- Ay, Andresito, nunca he querido contarte detalles pero sabes lo enamorada que estuve de ese hombre. Y bueno, todo el sexo que tuvimos…

- No sabía que Carlos era tan creativo… Y tan exigente contigo…

- Sí, me exigía mucho, sí… Al fin y al cabo, él tenía todos esos meses de invierno libres y cobraba del paro pero yo… pensaba que complacerle era lo natural. Con todo eso, los estudios empezaron a ir fatal ya el segundo año… me harté de suspender… el tercer año no quedaba nada de la chica estudiosa, ya no tuve beca... Y aun seguía ciega, solo pensando en que sería posible estar toda la vida junto a Carlos, haciendo lo que quisiera mientras dirigiera mi vida...

Ese comentario no estaba muy lejos de lo que yo podía sentir ahora respecto de Sole. Estaba claro que Carlos era un hombre dominante, pero iban pasando los años y Sole se mostraba cada vez más sumisa a su lado, aunque entonces no tuviera ni idea de lo que era eso.

- Salíamos de la casa lo justo, y muy poco de la cama… Pero mandar a la mierda mi carrera del modo en que lo hice, eso me dolió mucho… Porque sabía que mi familia no podría mantenerme…

- Hubieras sido muy buena psicóloga. Pero también gracias a eso, hoy estamos juntos, aunque sea de camareros.

- Carlos no daba muestras de querer cambiar, mucho menos de comprometerse a nada duradero conmigo como formar una familia. Nada más allá de seguir jugando conmigo y con mi cuerpo... Pero yo seguía negando las evidencias… incluso cuando alguna de las pocas amigas que me quedaban empezó a advertirme… Me habría ahorrado mucho sufrimiento.

- De otro modo, no le habrías dejado.

- Me costó mucho cortar… porque seguía muy enamorada… Mi amiga Clara me advertía que veían a Carlos con otras en la discoteca, los pocos días en que yo iba a mi pueblo a ver a mi familia. Yo negaba todo. Pero el último año me costó casi verlo en directo.

- Eso sí es ser un cabrón…

- Mientras jugaba conmig en la discoteca, del modo en que te he dicho antes, le veía mirando a otras… Recién llegadas a la universidad, como cuando empezó conmigo. A veces me dejaba en casa y volvía de nuevo a la discoteca con cualquier excusa. Llegó un momento en que no pude negarlo. Se me terminaros de abrir los ojos y me quedé destrozada… solo por eso le dejé.

- Gracias a eso, hoy estás conmigo… - Esta vez, se lo dije en voz alta… Sole no me respondió pero me dirigió una mirada de cariño y complicidad, y nos dimos un beso.

- Nunca te había contado mucho sobre Carlos pero me viene bien hablar. Y espero que ya tengas claro que no voy a dejarte por él… Por eso siempre he sido tan reacia a cualquier infidelidad dentro de nuestra pareja, aunque eras tú mismo quien me lo estaba pidiendo.

- No tiene nada que ver. Carlos y yo somos tan distintos. Y buscamos en ti cosas diferentes.

- Ya lo se, Andresito. Por eso, después de Carlos, sabía que tenía que buscar a alguien diferente. Capaz de comprometerse para formar una familia, alquien en quien pudiera confiar.

- Pero ¿el sexo? Lo que tú habías vivido era irrepetible… Siempre has dicho que disfrutaste mucho…

- Y lo hice… Pero al final quedé hastiada, saciada, mi cuerpo no podía más. Y de algún modo, una relación tan basada en el sexo, como la que tuve con Carlos, me había traído mucho desastre a mi vida. O al menos, yo lo viví de ese modo: abandonar los estudios, conflictos con mis padres, tuve que ponerme a trabajar…

- Cuando nos conocimos no parecías muy activa. Aunque enseguida, despertaste…

- Ya te digo que el sexo pasó a ser secundario. Lo peor era mi mente… Ya no estaba con Carlos, pero mi mente no podía olvidarlo… Especialmente en los momentos más a solas, ¿entiendes?

- Seguías imaginándote con él, supongo… - la miré fijamente a los ojos y le noté cierta tristeza… - Sole, solo contéstame si quieres: ¿has dejado de hacerlo, fantasear con Carlos, mientras todos estos años has estado conmigo?

- ¿Qué quieres que te diga, Andresito, que sí o que no?

Ella me aguantó la mirada y sentí que su respuesta no pudo ser más clara. Luego siguió…

- Pero recuerda que he podido volver con Carlos y desde casados no lo hice. Ese día mi compromiso contigo fue total. Y he tratado de mantenerlo hasta que las circunstancias que tú sabes han hecho que actúe de una manera diferente con Luis. No tengo duda en que sólo tú eres mi marido.

- ¿Desde casados?

Me sorprendió que Sole pusiera ese límite temporal, porque empezó a salir conmigo solo tres meses después de dejar a Carlos, cuando Sole empezó a trabajar en el restaurante donde yo ya estaba. Pero la boda aun tardó dos años. Sole no pareció darse por aludido y empezó a tocarme la polla, que seguía bastante empalmada.

- Esta “señorita”… aun sigue esperando… y mira como está, ¿quieres una mamadita de la”experta” Sole? – claramente mi esposa no había querido responderme y, en vez de eso, había empezado a acariciar mis huevos y mi polla…

- Uff, con todo esto, llevo un rato a punto de explotar…

Sin dejar de mover mi polla, arriba y abajo con dos dedos, metió un rato la punta en su boca y eso casi me hace desmayarme. Viendo que no duraría demasiado, dejó de lamer la punta con mi lengua y levantó su cabeza, pero los movimientos de su mano fueron ganando intensidad.

Mientras Sole me pajeaba, en mi mente seguía presente esa pregunta, no podía dejar de imaginar que los primeros meses, cuando aun nos estábamos conociendo, Sole seguía viendo y follando con Carlos a escondidas... Si quizás esa humedad que yo recordaba al tocarla era solo por la abstinencia que ella llevaba desde que dejó de follar con su ex y aun apenas lo hacía conmigo… o realmente era…otra cosa que me ponía a punto de explotar.

- Después de romper con Carlos, seguiste viéndolo, ¿verdad? – no me pude contener

- Si hubiera hecho eso, no hubiera podido dejarlo nunca. Aunque me hacía sufrir al final, estaba como secuestrada por él.

Noté como Sole bajó el ritmo con que me estimulaba la polla. Supe que quería dejarlo y yo la sustituí, sin prisas ahora de acabar.

- Le bastaba besarme, o follarme del modo en que lo hacía, para que volviera a sentirme suya y olvidara las infidelidades que yo ya sabía que eran ciertas porque ya las había comprobado…

- ¿Incluso comprobado?

- Lo intentó con Clara, mi amiga; ella misma me dijo que estuvo a punto de caer y solo se frenó por nuestra amistad, pero no porque Carlos tuviera la más minima duda. Hasta lo intentó con mi hermana pequeña, que vino a Granada a estudiar tres años después…

- No pasa nada, Sole… Es que me pareció raro que en vez de decir por ejemplo “desde que dejé a Carlos”… o “desde que estoy contigo”… hayas dicho “desde que nos casamos”. Solo por eso te pregunté. Pero es tu pasado. Y como dices, pudiendo estar con él, decidiste estar conmigo.

Yo mismo me respondí para tranquilizarme, intentando olvidar eso, aunque sabía que no era una simple casualidad la forma en que Sole lo había comentado.

- Es que… Andrés... antes de casarnos, sí hubo... un desliz.

Nos miramos y hasta dejé de masturbarme, sorprendido por su respuesta de ahora…

- Nunca te conté, porque fui casi engañada otra vez por él. Ocurrió, no digo que no, pero fue lo que acabó de despertarme del todo. Y ya supe que no podría fiarme nunca más. Y me he mantenido firme todos estos años.

Yo seguí en silencio, bloqueado. Es difícil explicar que yo haya fantaseado ver a Sole con muchos otros hombres, pero imaginarla con Carlos, el hombre al que ella más ha amado y que sabría complacerla de verdad, siempre me ha roto cualquier excitación.

- Solo te cuento los detalles si lo crees necesario. Ya entonces para mi, lo tenía superado pero no valoré bien los riesgos y ocurrió. Ahora tu decides…

- Creo que no saberlo puede ser peor. Y que me lo quieras contar, supongo que significa que ya no tiene importancia para ti eso lo que quiera que pasó.

- Es sencillo, Andrés, y a la vez complicado, aver…. Yo no podía dejar de querer a Carlos de un día para otro. Pero tenía claro que si seguía a su lado, solo sufriría más y más. Cuando abrí los ojos, supe que tenía que dejarlo. Y sigo teniendo claro que es el último hombre con quien querría volver a estar. A

- Eso no quita que pueda fantasear, y de hecho lo hago. Pero aguanté los dos primeros años, y créeme que él hizo intentos repetidos… Apareciste tú, y eso me ayudó mucho, la verdad.

- Pero dos años después de tú dejar a Carlos, ya nos casamos nosotros, ¿no? Entonces…

- Fue un mes antes de la boda… Se ve que yo bajé las defensas. Y que otra vez me lió. Bueno, no voy a echarle la culpa. Solo ocurrió…

- Ya, entonces quizás, fue un último intento por su parte. - dejé que ella siguiera si quería aunque me notaba bloqueado.

- Haciendo traslado de mis cosas a la que sería nuestra casa, aparecieron muchos recuerdos de Carlos: regalos suyos, fotos… No quería tirarlos… Le dije veinte veces que me diera su dirección para enviarle un paquete. Dijo que no había prisa, que cualquier día que yo pasara por Granada a ver a mi hermana, él se pasaba a recogerlo. Pero en realidad me hizo ir a su casa.

- Otra vez en su terreno.

- Fue solo un desliz… - quiso coger mi polla de nuevo, que ahora estaba pequeñita; yo seguía en silencio.

- No pasa nada, amor; nunca pasa nada, y encima, afortunadamente es solo pasado. Pero es que Carlos me produce un “miedo” especial. Y mira qué hora es... Seguro que mañana me lo cuentas y nos reimos juntos de la situación.

- Dáme un beso, y vamos a dormirnos.