Historias del complejo. Segunda serie. (32)
Laura siempre ocultó su cuerpo bajo ropa holgada, temiendo las miradas ajenas. Pero cuando su deseo sexual se apaga, una sexóloga le ordena un ejercicio arriesgado: salir a la calle mostrando lo que tanto escondió. ¿Podrá Laura enfrentar la mirada de los hombres sin huir?
La historia de María Laura
Capítulo 2
De reojo me di cuenta de que ellos si me estaban mirando, uno de ellos se puso de pie, y caminó en mi dirección.
Nos cruzamos a unos pocos metros antes de que llegara donde estaba Alejandra, cruzamos miradas por un segundo y me senté nuevamente en la lona.
Alejandra estaba con su teléfono en la mano, tecleó algo, y giró el teléfono para que yo lo viera.
Había hecho un video, donde se me veía de espaldas caminando hacia el mar, y luego enfocando a los tres chicos que sin dudas me estaban mirando, y luego otro en el momento en que yo salía del agua y luego también enfocando a los chicos que volvían a mirarme.
-ALEJANDRA: Qué te dije boluda! Nos miraban a las dos! Si no les hubieras parecido atractiva no te hubieran mirado, ni cuando ibas ni cuando volvías!
Me moría de la vergüenza de tan solo pensarlo, qué dirá Javi cuando le cuente! ¿Se pondrá celoso? ¿Se enojará conmigo?
Después de eso seguimos conversando nuestros temas, y dejamos de prestarle atención a esos chicos, que un rato después los vimos irse!
Como el día anterior, a eso de las siete nos fuimos de la playa y de camino a la casa, Alejandra me dijo de salir a cenar esa noche, y yo estuve de acuerdo.
Nos dimos un baño, nos cambiamos, nos maquillamos y a eso de las nueve de la noche, salimos a buscar un restaurante.
Encontramos lugar en uno que tan solo tenía desocupadas dos mesas como para dos personas en una terraza muy linda al costado del local.
Nos ubicaron en una de ellas, Alejandra miró hacia los lados, y con una sonrisa se acercó a mí y en voz baja me dijo:
-ALEJANDRA: No mires ahora, pero en la mesa de atrás, a tu derecha, están los tres chicos de la playa de hoy a la tarde! Sin dudas el de pelito corto es el más lindo! Y desde ya te digo que si estuviera sola, le haría ojitos! Está de frente, y ya miró para acá un par de veces!
-LAURA: A vos te miró! Cómo te viniste, como para que no te mire! Con ese pantalón blanco estás re diosa!
La camarera se acercó y nos tomó el pedido, para tomar pedimos unas cervezas, volvía a ser una noche cálida.
Cenamos conversando, tomándonos otra cerveza cada una, y un rato después entre los mates de la tarde y las cervezas, me estaba haciendo pis, y le dije a Alejandra que necesitaba ir al baño.
Me puse de pie y entré al local, le pregunté a una de las chicas donde estaban los baños, y me dijo que en la planta alta.
Subí, hice pis, me acomodé un poco el pelo y volví a bajar.
Antes de salir del local, vi que el chico de pelo corto, el que le había gustado a Alejandra, estaba hablando con ella, sentado en mi lugar de la mesa.
En esa fracción de segundo, decidí hacer un poco más de tiempo dentro del local, por si a Alejandra se les presentaba algún plan con ese chico, después de todo ella no tiene ningún compromiso, solo esperaba que no se le ocurriera a alguno de los otros, querer intentar algo conmigo.
Un momento después el chico se levantó y volvió a su mesa, y en ese momento caminé hasta la nuestra.
-LAURA: Hice tiempo porque te vi hablando con el chico!
-ALEJANDRA: Mauro se llama, la verdad muy simpático!
-LAURA: ¿Pintó algún plan?
-ALEJANDRA: Me comentó que nos habían visto esta tarde en la playa, y que dada la casualidad de volvernos a encontrar, me dijo que luego de cenar irían a tomar algo a un bar a una cuadra de aquí, que si queríamos ir, estarían encantados de tomar una copa con nosotras!
-LAURA: ¿Y qué le dijiste?
-ALEJANDRA: Que lo tenía que hablar con vos, que yo estaba sola y sin compromiso, pero que vos estabas casada, ¿hice mal en decirle que eras casada?
-LAURA: No! Si es la verdad, yo estoy casada, y vos sin pareja! Al menos hasta donde yo sé!
-ALEJANDRA: Con Martín la paso bien, pero no sé si estoy como para empezar otra relación! Por el momento estoy bien así! Sin compromisos! Disfrutando de mi soltería! Y Mauro en verdad está lindo! ¿Qué decís? ¿Nos vamos al bar a tomar algo?
-LAURA: Si querés vamos! Pero desde ya te digo que no voy a tener nada con ninguno de los otros dos!
-ALEJANDRA: Lo sé, tranquila!
-LAURA: Pero si te pinta algo con ese chico, dale nomás, no tengo problema!
Nos quedamos conversando un rato más en el restaurante, y cuando estábamos por pedir la cuenta, vimos que los tres chicos salían del restaurante, y el tal Mauro, saludó a Alejandra a la distancia con un movimiento de su cabeza y una sonrisa.
Nos trajeron la cuenta y salimos del restaurante, Alejandra me volvió a preguntar si íbamos al bar y le dije que sí.
Caminamos esa cuadra y media y llegamos a la puerta del bar, era un hermoso bar bastante grande, estuvimos un momento en la puerta, decidiendo si íbamos a las mesas de adentro o nos quedábamos en la de afuera, y en ese momento apareció Mauro, Alejandra nos presentó, y el chico amablemente nos dijo que si gustábamos podíamos sentarnos en su mesa.
Alejandra me miró, como preguntándome si aceptaba, y se lo confirmé con un movimiento de mi cabeza, después de todo no estábamos haciendo nada malo.
Los tres chicos resultaron muy simpáticos y amables, y fuimos comentando de dónde éramos y a que nos dedicábamos.
Alejandra les comentó que nos iríamos al día siguiente, y ellos que se quedaban hasta el otro fin de semana.
Mientras conversábamos animadamente y nos tomábamos unas cervezas, pude ver las miradas entre Mauro y Alejandra, y me puse a pensar en cómo podría hacer yo, sí Alejandra decidía tener algo esa noche con el chico, ¿vendría a la casa con nosotros? ¿Iría ella a donde ellos estaban parando? Pensar en eso me preocupó un poco más, pero decidí relajarme y ver por dónde salía la cosa.
Después de la segunda ronda de cervezas, los otros dos chicos se levantaron, amablemente se despidieron de nosotras y salieron del bar.
Alejandra dijo que ya era hora de volver a la casa, y Mauro se ofreció a acompañarnos.
Caminamos esas cuadras conversando entre los tres, Alejandra iba en medio, y acercándome a su oído para que Mauro no escuchara, le dije que yo dormiría en la otra habitación, que si decidía hacer algo con él, les dejaba libre la cama grande.
Llegamos a la casa, conversamos un momento en la puerta, me despedí de Mauro con un beso y entré.
Tomé mis cosas y me fui a la otra habitación, por si Alejandra decidía entrar con el chico, durante ese rato en el bar, me di cuenta que a Alejandra, ese chico le gustaba y mucho, y seguramente pasaría algo con él esa noche.
Pasé por el baño, entre en la habitación pequeña y cerré la puerta.
Me quedé pensando en lo que había sido la tarde en la playa, de cómo me había animado a usar esa bikini, y de cómo esos chicos me habían mirado.
Hasta el momento en que me quedé dormida, no escuché si Alejandra entraba o no con el chico.
El domingo por la mañana me desperté como a las diez y media, no escuchaba ningún ruido, o Alejandra aún dormía, sola o con el chico, o no estaba.
Me levanté para ir al baño, y antes de entrar, vi que la puerta del otro dormitorio estaba abierta, no sabía qué hacer, pero supuse que si el chico se había quedado toda la noche, no estaría la puerta abierta, me acerqué y miré dentro de la habitación.
Alejandra dormía sola en la cama, con la remera que suele utilizar para dormir.
Salí del baño y fui a preparar el mate, no sabía a qué hora se había acostado, y la dejé dormir hasta el mediodía, ya que la idea era después de almorzar emprender el regreso a La Plata.
Volvía a ser un día de calor, y me fui con el mate al jardín, me senté a la sombra de la pared medianera, y le mandé un mensaje a Javi, si estaba despierto le haría una llamada.
Me contestó al momento, y lo llamé por teléfono.
Hablamos poco más de media hora, le conté que Alejandra aún dormía, y que seguramente a eso de las dos o tres de la tarde regresaríamos para La Plata, pero ya al llegar le contaría todo con detalles.
A los pocos minutos que me despedí de Javi, la vi aparecer a Alejandra con los ojos chiquitos, signo de que recién se había despertado.
-ALEJANDRA: Buen día Lau! Muero por unos mates!
-LAURA: Buen día dormilona! Justo corté una llamada con Javi y te iba a ir a despertar, te dejé dormir un rato más porque no sabía a qué hora te habías acostado.
Me miró con una sonrisa pícara y me dijo:
-ALEJANDRA: Acostarme, me acosté como media hora después de que vos entraste, pero en dormirme tardé un rato más!
-LAURA: Contame boluda! Me re dormí y no escuché nada, ¿entraste con Mauro?
-ALEJANDRA: Fue una buena elección! En verdad la pasamos muy bien! Claramente no te voy a dar los detalles! Pero se fue a eso de las cuatro de la mañana!
-LAURA: ¿Estuvo bien?
-ALEJANDRA: Estuvo un poco más que muy bien! Se portó muy bien el muchachito!
-LAURA: Me alegro que lo hayas pasado bien! Por suerte no escuché nada! Con toda la cerveza que había tomado, me acosté y me dormí!
-ALEJANDRA: De todas formas le dije que no hiciéramos mucho ruido! Y estuvimos bastante contenidos!
Reía pícaramente mientras terminaba de tomar el mate.
Finalmente terminamos saliendo para La Plata a eso de las tres de la tarde, antes de dejar Mar de las Pampas, le mandé un mensaje a Javi avisándole que nos estábamos yendo, y como el viaje no era muy largo, llegaríamos antes del anochecer seguramente.
La ruta estuvo tranquila, aunque con el sol de frente, sufrimos bastante el calor.
Le mandé un mensajito a Javi cuando estábamos a unas cuadras de casa, y cuando llegamos a la puerta, nos estaba esperando.
Alejandra bajó del auto también, saludo a Javi como siempre con un abrazo y un beso, y luego nos despedimos, agradeciéndonos mutuamente, lo bien que lo habíamos pasado.
Subimos con Javi al departamento, y saqué del bolso unos alfajores que le había comprado antes de salir de Mar de las Pampas.
Le dije que me daría una ducha, y Javi mientras tanto prepararía algo para la cena, antes de entrar al baño, le dije que mientras cenáramos le tenía que contar un montón de cosas.
Salí del baño ya con una remera de las que uso para dormir, y al llegar a la cocina, Javi sacaba las empanadas del horno.
Nos sentamos a comer, y le conté con pelos y señales, todo lo que había ocurrido en esos días, incluso el encuentro íntimo de Alejandra con ese chico, también que habíamos estado en ese bar con ellos, y fundamentalmente que me había comprado una bikini y que la había usado un día en la playa.
Cuando se lo conté, creí que quizás recibiría algún reclamo de su parte, pero fue todo lo contrario, lo que me dijo no hace más que confirmar lo que me quiere.
-JAVIER: Me alegro mucho que hayas podido hacerlo, ¿viste que no es nada malo? Aunque vos no lo creas y lo veas de otra forma, tenés un cuerpo hermoso, y es lógico que los hombres te miren, no te voy a mentir, si yo veo una mujer qué me parece linda también la miro!
Le había pedido a Alejandra que me enviara las fotos que me había sacado con su bikini, se las mostré a Javier, y me dijo que me quedaba muy bien, que me tenía que animar, que tenía que tratar de que no me importara lo que pudieran ver, pensar o decir los demás sobre mi cuerpo.
Aunque sabía que tenía razón, también sabía que me costaría mucho, habían sido demasiados años escondiendo mi cuerpo.
Luego de cenar nos fuimos a la cama, esa noche hicimos el amor, cuanto había extrañado a Javier en esos días.
Mientras Javier se ocupaba de chupar y mordisquear deliciosamente mis pezones, luego de haberme sacado la remera, le dije que al día siguiente lavaría la bikini y me la pondría para él y que a partir de ahora, usaría esa bikini cada vez que fuéramos a alguna playa.
En esa semana, nos convocó el titular de la cátedra, para organizar la actividad de la materia para el año lectivo que comenzaría en unos días, nos reuniríamos en uno de los salones de la facultad, ya que éramos unos cuantos.
Comenzaron las clases a mediados de marzo y con ello, se terminaron mis vacaciones y comenzó la rutina laboral del año.
***
Tantas veces he escuchado a muchos amigas o amigos de más o menos nuestra edad, hablar de la crisis de los cuarenta, como si al cumplir esa edad, nuestra cabeza y nuestro cuerpo hicieran un clic, y a partir de allí, comenzara una caída en picada hacia la vejez.
En ese momento, a mis treinta y ocho años, a un par de meses de los treinta y nueve, me parecía una justificación de los que al llegar a esa edad, no tienen una buena vida, un plan trazado, o algún proyecto en marcha, algún sueño por cumplir, tal vez solo viviendo en la despreocupación del día a día sin pensar en el mañana, o sobre todo, por no tener a alguien con quien compartir los días.
Algo comenzó a cambiar en mí, aunque fue de a poco, imperceptible, casi sin darme cuenta, en cuestión de unos meses, nuestra sexualidad comenzó a mermar, muchos hablan de la rutina, del estrés, del enfriamiento de la pareja por tantos años de convivencia, pero no sentía que ese fuera nuestro caso, nuestra relación era tan linda como siempre, el tema era yo, la necesidad de encuentros sexuales con Javier no eran las de antes, incluso muchas veces, él me buscaba y yo a pesar de no estar predispuesta, accedía a tenerlas, pero solo para no hacerle sentir que ya no me sentía atraída por él.
Nos conocíamos tanto que no tardó mucho en darse cuenta y lo hablamos por primera vez, se lo conté todo, sobre todo asegurándole que mis sentimientos por él eran los de siempre, que lo seguía eligiendo cada mañana, que lo amaba con el alma y que no podía imaginar mi vida sin él junto a mí.
Y por supuesto lo entendió, diciéndome que ya no éramos los jóvenes de años atrás, que nuestros cuerpos tampoco eran los mismos y seguramente los deseos tampoco.
Pero le pedí que no dejara de buscarme y que entendiendo sus necesidades, trataría de corresponderle, sobre todo, por el amor que le tengo.
Los meses fueron pasando y mis ganas de sexo iban cada vez a peor, pasaban días sin que Javi me propusiera hacer el amor, y necesité volver a hablarlo con él.
Por supuesto que comprendió lo que sinceramente le decía, me dijo que en ocasiones no me lo pedía para que no me sintiera en la obligación de hacerlo si no tenía deseos, y me sugirió que quizás podría hablarlo con mi ginecóloga o tal vez con un psicólogo.
Me pareció bien y al día siguiente le pedí un turno, casi un mes después fui a la consulta y lo comenté con ella, me dijo que quizás, aunque aún era joven, podría estar atravesando el período pre menopáusico y ese desequilibrio hormonal, podría ser el responsable, pero que en muchas personas, el estrés, los horarios de trabajo, incluso la relación de pareja, influye en la libido.
Me recomendó visitar a un psicólogo y me recomendó también, hacer una consulta con una colega suya que es sexóloga además de ginecóloga, y que se especializaba en la sexualidad femenina.
Al llegar a casa le conté a Javi lo que me había dicho la doctora y me dijo que si decidía hacerlo, que me apoyaría en lo que dijeran ambas profesionales.
Lo primero fue comenzar a hacer terapia, una compañera de la facultad me recomendó a su psicóloga, una mujer de unos cincuenta años, que al pedirle un turno, me lo dio para la semana siguiente.
Durante las primeras sesiones con Amelia Garciarena, así su nombre, le fui contando de mi vida, de mi infancia, mi adolescencia y mis complejos y en una de las sesiones, al comentarle lo que había dicho mi ginecóloga, me recomendó también, visitar a la sexóloga.
Finalmente me decidí, y solicité un turno con la doctora Analía Gutiérrez Lynch.
Al parecer, era una profesional muy solicitada, porque me dieron un turno para casi dos meses después.
En ese momento, decidí no contarle a Javier sobre la consulta con la sexóloga, no quería que pensara que no quería compartir eso con él, pero si la solución a mis casi inexistentes deseos sexuales, los podría resolver con ella, luego sorprendería a Javier con los resultados.
Me pasaba también que al volver de las sesiones con Amelia, no me salía contarle a Javi lo que habíamos hablado ese día, muchas eran cosas muy privadas, y aunque Javi supiera todo de mí, algunos pensamientos, ideas y sensaciones, lo hablado en terapia, lo guardaba solo para mí. Lo hablamos, y estuvo de acuerdo respetando mi decisión, aunque me dijo que si en algún momento, necesitaba comentarlo con él, que estaría allí para escucharme y apoyarme en lo que fuese. Es un sol!
Finalmente llegó el turno con la doctora Analía, casi a finales de noviembre.
Esa primera consulta, era a las cuatro menos cuarto de la tarde de un día bien caluroso, pero por suerte, en su consultorio del octavo piso de un edificio céntrico, el acondicionador de aire, hacía más que soportable el estar allí.
Al entrar me atendió su secretaria, una hermosa joven de no más de veinticuatro o veinticinco años, y muy simpática, me tomó todos mis datos, me explicó que la razón por la que para el turno había tenido que esperar tanto, era porque era mi primera consulta, que luego, de seguir con la doctora, podrían ser semanales o quincenales. Me indicó que podía tomar asiento, la doctora en breve me atendería.
Minutos después, la puerta se abrió y una mujer de mi edad, quizás un par de años más, con una camisa blanca, unos pantalones azules, zapatos de taco alto blancos y un guardapolvos blanco desabotonado, largo hasta la cintura, con una hoja en la mano, dirigió su vista hacía mí y dijo mi nombre:
-ANALIA: Señora Miranda!
Me puse de pie y me dirigí hacia la puerta con una sonrisa, a pesar de los nervios que me invadieron en el momento en que la puerta se abrió, y estirando mi brazo le dije:
-LAURA: Mucho gusto doctora!
Ella tomó mi mano, pero en un gesto de mayor confianza, se acercó a mí y me saludó con un beso en la mejilla.
-ANALIA: El gustó es mío! Pase usted por favor!
Entré al consultorio, cerró la puerta tras de mí y caminó hasta su lado del amplio escritorio.
-ANALIA: Tome asiento!
Me senté frente a ella, y lo primero que me dijo fue:
-ANALIA: Señora Miranda, me gustaría preguntarle algo…
-LAURA: Si, claro!
-ANALIA: Calculo que somos más o menos de la misma edad, quizás yo algo mayor que usted, y si no le molesta, me gustaría tutearla y llamarla por su nombre!
-LAURA: Por supuesto! Para mí es mucho mejor! Rara vez trato de usted a la gente!
-ANALIA: Ya nos estamos entendiendo! Se puede tutear sin faltar el respeto!
-LAURA: Perfecto Analía! Tuteame entonces!
-ANALIA: Muy bien Laura! ¿Un vaso de agua fresca?
-LAURA: Te lo agradecería! Es un día muy caluroso, aunque aquí adentro se está mucho mejor!
Del pequeño dispenser, sirvió agua fría para las dos y luego de entregármelo, volvió a su lugar, ambas bebimos un sorbo, apoyó su vaso en el escritorio y luego me dijo:
-ANALIA: Creo que casi como todas las mujeres que me visitan, el motivo puede ser más que obvio, pero necesito Laura preguntarte algunas cosas. Voy a ir anotando tus datos y cada cosa que vos me vayas contando.
-LAURA: Sí! Claro!
-ANALIA: ¿Cuántos años tenés Laura?
-LAURA: Treinta y nueve! Cumplidos hace un par de meses!
-ANALIA: ¿Estás en pareja? ¿Hombre, mujer u otro género?
-LAURA: Estoy casada desde hace dieciocho años con Javier, y hombre por supuesto!
-ANALIA: Perfecto! Ante todo quiero aclararte, que nunca será mi intención cuestionar, menospreciar, hacer juicios de valor, ni juzgar ninguna de tus acciones o preferencias en el plano sexual, lo primordial para mí es la confianza, yo seré siempre sincera con vos y solo si vos sos sincera en tus respuestas, podré ayudarte de la mejor manera. Quizás te haga algunas preguntas intimas, incómodas o que te de vergüenza responder, pero quedate tranquila que todo lo que aquí se hable, quedará únicamente en este espacio, nadie más sabrá lo que aquí se diga, salvo que por supuesto vos lo comentes!
-LAURA: Perfecto! Seré completamente sincera con vos!
-ANALIA: Bien! Empecemos entonces! ¿Podés recordar con cuantos hombres has tenido relaciones sexuales durante tu vida?
-LAURA: Si, claro! Solo con tres!
-ANALIA: Perfecto! Una pregunta que para mí es muy importante, ¿cómo es tu relación con tu cuerpo? O sea, si te mirás desnuda al espejo, ¿cómo te ves?
-LAURA: Desde muy chica tuve muchos prejuicios con mi cuerpo, siempre tuve la cola muy grande, y para mis hermanos era la culona, sufrí tanto esos tratos despectivos y denigrantes, que desde esa época hasta hoy inclusive, te habrás dado cuenta que no lo muestro, siempre uso ropas que me lo tapan.
-ANALIA: Justamente por eso es que te lo pregunté. Yo no soy psicóloga Laura, pero lo que sí te puedo asegurar, es que tenés que darle un voto de confianza a tu cuerpo. Los cánones sociales, culturales y comerciales, mandan sobre lo que es un cuerpo bello o no, pero eso está muy lejos de la realidad, las mujeres tenemos el cuerpo que tenemos, y debemos ocuparnos de él, amigarnos con él, cuidarlo, dejar esos estereotipos de lado, y disfrutar del cuerpo que nos tocó en esta vida. Te pido un favor, pero si no estás de acuerdo, por supuesto lo voy a entender.
-LAURA: Decime!
-ANALIA: No estás obligada a hacerlo, pero me gustaría que te pongas de pie, me dieras la espalda, y levantes tu camisa.
Estuve de acuerdo y me puse de pie, le di la espalda y levanté mi camisa.
-ANALIA: Me gustaría tener con vos la confianza para llamar a las cosas por su nombre, y permitime que te diga, que tu culo para los cánones de belleza estándar, es más grande, pero también te digo que tiene una buena forma, no es ni más ni menos que un buen culo de mujer! Bueno… ya que estamos arranquemos por el culo! Ya más o menos se la tuya, pero… ¿cuál es la opinión de tu marido sobre tu culo?
-LAURA: A él siempre le gustó! Es una intimidad pero te la voy a contar, se la pasa tocándome el culo! Cuando vamos a subir al auto, cuando paso delante de él en algún lugar, cuando estoy en la cocina, cuando llega, cuando se va, todo el tiempo me está tocando el culo!
-ANALIA: Eso quiere decir que a tu marido no le importan los cánones de belleza estándar para un culo de mujer, sin lugar a dudas le gusta el tuyo! Pero... ¿y a vos? Por lo que entiendo, ¿no te gusta tu culo? Si te ves de espaldas desnuda frente al espejo, ¿cuál es tu opinión sobre tu culo?
-LAURA: En verdad me lo miro muy poco, quizás por mis prejuicios, nunca me pareció un buen culo, siempre lo vi muy grande!
-ANALIA: ¿Has salido alguna vez a la calle con un pantalón ajustado o una calza, sin nada que te lo tape?
-LAURA: Nunca!
-ANALIA: Supongo que en el verano habrás estado de vacaciones en una playa o en una pileta, ¿has usado traje de baño? ¿De qué tipo?
-LAURA: Por lo general uno enterizo negra o azul oscuro, solo en dos viajes que hicimos a una playa de Brasil con mi esposo, me animé a usar una bikini, aunque tampoco era demasiado reveladora.
-ANALIA: Bien! Ahora hablemos de tus piernas, ¿cómo ves tus piernas?
-LAURA: En general las veo bien, y las ejército bastante, la parte que no me gusta es cuando el muslo se ensancha llegando al culo!
-ANALIA: Perfecto! Ahora hablame de tus tetas! Que al menos con la ropa que hoy traes puesta, no puedo distinguir bien ni el tamaño ni la forma!
-LAURA: Estoy bastante conforme con mis tetas, son de un tamaño medio, tirando a chico, pero creo que las tengo en buena forma y posición!
-ANALIA: ¿Sos madre?
-LAURA: Hasta el momento no hemos logrado un embarazo, pero hace tiempo ya que no nos cuidamos, la ginecóloga me mandó estudios, y tengo algunos problemas en las trompas de Falopio.
-ANALIA: Si no es un problema grave, existe la posibilidad de que en algún momento quedes embarazada, salvo una menopausia precoz!
-LAURA: La doctora me dijo lo mismo! Y con mi esposo dijimos que si viene un hijo, será bienvenido y si no, pues seguiremos solos por el momento, aunque puede existir la posibilidad de algún tratamiento de fecundación asistida! Lo hemos hablado ya, aunque somos conscientes de que no nos queda mucho tiempo.
-ANALIA: Es bueno que tengan un acuerdo sobre eso, y sepan que siempre existen esos métodos como alternativa!
-LAURA: Sí claro, pero decidimos con mi esposo, esperar a ver si lo logramos sin ayuda.
-ANALIA: Contame qué dice tu esposo de tus tetas y de tus piernas!
-LAURA: Le encantan mis tetas, ama mis pezones! Y respecto de las piernas, muchas veces es él, quién se ocupa de ponerme las cremas que uso, te diría que también le gustan!
ANALIA: Ahora te voy a hacer algunas preguntas sobre tu sexualidad, espero no incomodarte, pero necesito conocer esa faceta tuya!
En primer lugar…, desde que estás con tu esposo, ¿has tenido relaciones sexuales con alguien más? De ser así, quiero que sepas que no saldrá de aquí y por supuesto no te juzgaré!
-LAURA: Desde que empezamos nuestra relación, tan solo he estado con él!
-ANALIA: Y si te pidiera que puntuaras del uno al diez las relaciones sexuales con tu esposo, ¿qué puntaje le pondrías? Y no te lo pregunto en cuanto al rendimiento sexual de ninguno de los dos, sino al acto en su totalidad, desde el comienzo, puede ser en alguna situación que a ambos los excite, los juegos previos, el desarrollo del acto en sí, y los momentos luego de terminado!
-LAURA: Hemos tenido muchos años de una sexualidad muy plena, incluso haciendo algunas locuras, y en esos momentos le pondría un diez, pero de un tiempo a esta parte le pondría un cinco o un seis, hasta en algunas ocasiones bastante menos. Pero necesito aclararte algunas cuestiones, y te lo digo con las palabras justas, Javier siempre fue muy calentón, y para mi suerte en los buenos tiempos, y aún hoy, bastante aguantador.
Lo normal en nuestras buenas épocas, era que yo tuviera tres o cuatro orgasmos antes de que él acabara, pero últimamente, apenas consigo uno, incluso un par de veces tuve que fingirlo, para que mi esposo no se sintiera mal!
-ANALIA: ¿Te mandó tu doctora a hacerte análisis hormonales?
-LAURA: Te traje los estudios que ella me indicó.
De mi cartera saqué los resultados de los análisis y se los entregué, los miró detenidamente, y me dijo:
-ANALIA: Te voy a hacer una orden para ampliar los perfiles hormonales!
Escribió las órdenes, me las entregó y las guardé en la cartera.
-ANALIA: Creo que por hoy hemos avanzado bastante! Si te parece la próxima hablamos de tu conchita!
Me tuve que sonreír ante esa frase, pero Analía me había caído muy bien, y había logrado que me sintiera cómoda contándole mis intimidades!
-LAURA: Perfecto!
-ANALIA: Te propongo un ejercicio, si estás de acuerdo claro! Y por supuesto si te animás!
-LAURA: Dale!
-ANALIA: Probá de salir un día de tu casa, aunque sea a hacer alguna compra, pero con un pantalón ajustado o una calza, y sin ninguna prenda que te tape el culo! Observá la reacción de los hombres que cruces, y la próxima vez me contás! Por supuesto no es obligación que lo hagas, tan solo si te animás o si te sentís cómoda!
Me despedí de Amelia con un beso, y le agradecí esa casi hora y media que habíamos estado hablando, su secretaria me dio un turno para quince días después, y me fui para casa, pensando en sí alguna vez me animaría a salir así a la calle.
Llegué a casa y Javier aún no había vuelto del trabajo, y recordando las palabras de Analía, me saqué la ropa frente al espejo, y antes de entrar al baño para darme una ducha, observé mi cuerpo, incluso me di vuelta y me miré el culo. Lo miré, lo toqué, lo apreté, flexioné las rodillas simulando el andar, para observar como era el movimiento, y en verdad no me desagradó, no tengo el culo blando, seguramente por tantos años de actividad física, pero lo sigo viendo grande, muy grande.
Luego del baño preparé la comida para cuando llegara Javier.
Como lo había decidido, no le conté nada de la consulta con Analía, al menos por el momento, si lograba mejorar mi actitud frente al sexo, quería sorprenderlo.
Al día siguiente al llegar del trabajo, busqué un pantalón de jean que me queda ajustado, me lo puse, coloqué el teléfono en una silla con la grabadora encendida, y fui caminando de espalda, para ver cómo se veía mi culo con ese jean.
Fui y vine un par de veces por el pasillo, y luego viendo la grabación, en verdad, no se veía tan mal, lo seguía viendo grande, pero el jean le daba una buena forma.
En ese momento pensé en si saldría así a la calle, pero aún no me animaba.
Me puse una remera cortita, que por supuesto no me tapaba el culo, y así esperé a Javier.
Por supuesto se dio cuenta al entrar en casa, y lo primero que hizo fue abrazarme, darme un beso y agarrarme en el culo.
-JAVIER: Hola mi amor!
-LAURA: Hola mi vida!
-JAVIER: Me encanta que me recibas con el culito destapado! Ese jean te queda bárbaro!
-LAURA: Solo para vos, para estar por casa!
Los días fueron pasando, y cuando quise acordar, ya tenía nuevamente la consulta con Analía, y no me había animado a hacer lo que me había propuesto, pero bueno..., ella misma dijo que no era obligación.
Llegué al consultorio de Analía, y me recibió su simpática secretaria, un par de minutos después, abrió la puerta de su consultorio y me invitó a pasar.
-ANALIA: Hola Laura! ¿Cómo estás?
-LAURA: Hola Analía muy bien, ¿y vos? Antes que nada decirte que no me animé a salir con el culo destapado!
-ANALIA: Tranquila! No pasa nada! Toma asiento por favor!
Me senté frente a ella en el escritorio, y mientras buscaba mi ficha en su computadora, me preguntó:
-ANALIA: En estos días desde la consulta anterior, ¿tuviste relaciones con tu esposo o con alguirn más?
-LAURA: Sí! Los dos fines de semana con Javier!
-ANALIA: ¿Y cómo te fue?
-LAURA: Me gustaría decirte que fue una locura, pero no! Es como si mi disfrute sexual, se hubiera ido! Javier fue quien me buscó en ambas oportunidades, y yo accedí a tener relaciones con él, para que no se sienta mal, para que no se le ocurra pensar que ya no me gusta o que ya no disfruto con él o que me gusta otro hombre! Pero en verdad si no me lo hubiera pedido, creo que hubiera estado bien también!
-ANALIA: En general mis pacientes, suelen consultarme, porque sienten que no atraen a sus maridos, o que sus parejas no le hacen caso sexualmente, que no muestran interés por mantener relaciones sexuales con ellas, pero tu caso es al contrario, la que no tiene necesidad de encontrarse sexualmente con su pareja sos vos! Laura, la sexualidad tanto en los hombres como en las mujeres, pasa principalmente por la cabeza, los genitales son el instrumento, pero es la cabeza el motor de nuestros deseos sexuales, y si nuestra cabeza no se predispone para el deseo sexual, el acto resulta, en el mejor de los casos, un mero trámite físico! Laura, ¿te masturbás?
-LAURA: No, creo que la última vez que lo hice, era una adolescente, cuando llegaba excitada a casa, después de haber estado besándome y tocándome con mi novio de ese entonces, encerrada en mi habitación, me he dado placer yo misma varias veces!
-ANALIA: Desde que estás con tu marido, ¿nunca lo has hecho?
-LAURA: Nunca!
-ANALIA: ¿Por qué no has tenido la necesidad, o por qué la tuviste pero la reprimiste por alguna razón?
-LAURA: Desde que estoy con Javier nunca tuve la necesidad, creo que mi cuota de placer era cubierta ampliamente por él, en los años en que estamos juntos, nunca tuve yo la necesidad de tener relaciones sin encontrar respuesta, por el contrario, Javier siempre se preocupó más de mi placer que del suyo!
-ANALIA: Eso habla muy bien de él, y sin dudas no solo está enamorado de vos, sino que lo atraes físicamente! ¿Has sospechado alguna vez de que él podría haber estado con otra mujer? Desde que están casados digo!
-LAURA: Nunca lo pensé, ni siquiera lo sospeché! No lo veo a Javier haciendo algo así! Nos conocemos tanto que sí hubiera pasado algo con otra mujer, sin dudas me hubiera dado cuenta, estoy segura que no podría haberlo ocultado!
-ANALIA: No te conozco tan profundamente a vos, y por supuesto no conozco a tu esposo, pero no es raro, que los hombres busquen y encuentren en algún otro lugar, lo que no tienen en sus casas! No estoy diciendo con esto que Javier se vaya a coger con otras mujeres, solo te digo que suele pasar, y mucho más a menudo de lo que puedas imaginar. Pero también lo hacen muchas mujeres, la mayoría, buscando nuevas emociones, o el sexo que no tienen o por estar aburridas de la sexualidad con sus parejas.
Tengo pacientes que me han confesado que su esposo ha estado con otra mujer, por su negativa a practicar sexo anal, por ejemplo, otras porque la frecuencia en la que lo deseaban sus maridos, no se correspondía con la de las mujeres, y así en un montón de otras circunstancias. No estoy diciendo con esto que tu esposo vaya a buscar lo que no encuentra en su casa, pero no es descabellado pensar en esa posibilidad, muchos hombres justifican ese accionar, amparados en que no consiguen lo que desean de sus parejas y que tan solo son necesidades corporales.
-LAURA: Creo que eso es lo que no quiero que nos llegue a ocurrir, me importa mucho todo esto y es por eso que estoy aquí, no desearía que nuestra relación se resquebraje o se termine por la falta de deseo sexual.
-ANALIA: Eso es lo que vamos a tratar de solucionar!
Aquel comentario me dejó pensando, ¿realmente Javier podría buscar en otra mujer lo que no encuentra conmigo? Tan solo pensar en eso, me angustió y me hiso poner nerviosa.
-ANALIA: Bueno! Hablemos hoy de tu conchita, ¿qué es para vos tu conchita?
-LAURA: Digamos que además de usarla para hacer pis, es, o al menos lo era, mi principal fuente de placer.
-ANALIA: ¿La ves solo como una parte de tu cuerpo hecha para la copulación?
-LAURA: En verdad, he disfrutado de otras cosas sin llegar a la penetración, por ejemplo!
-ANALIA: Contame esas otras cosas!
-LAURA: Caricias, masturbaciones de mi esposo hasta el orgasmo, sexo oral, muchas veces también hasta el orgasmo!
-ANALIA: Muy bien! ¿Conocés bien tu conchita? ¿A que me refiero…? a las diferentes zonas y las sensaciones en cada una de ellas, en las zonas aledañas…, por ejemplo el pubis, las ingles, la zona perineal, los labios, el clítoris y la vagina. No sientas pena si no es así! Es muy normal entre muchas mujeres, no ser conscientes de esas sensaciones, muchas veces, porque ni ellas ni sus parejas se ocupan de estimularlas.
-LAURA: Cada vez que mi esposo me ha tocado ha sido muy placentero para mí, al igual que cuando la ha recorrido con su lengua o con sus labios.
-ANALIA: Muy bien! Te propongo algo! Cuando termine la consulta de hoy, al salir, en el segundo piso, departamento A, hay un sexshop que vende por Internet, atendido por Gabriela, su dueña, decile que te mando yo y pedile un gel intimo de maca y en algún momento, sola en tu casa, te sacás la ropa y con el gel, te tocás toda tu zona genital, recorriéndola y reparando en lo que vas sintiendo en cada zona. Si llegás a excitarte, ya que el gel te va a ayudar, lógicamente te podés masturbar! Si te parece y te animás, me lo contás en la próxima!
-LAURA: En la próxima te cuento! Muchas gracias Analía!
-ANALIA: Nos vemos en dos semanas! Ah! Una última pregunta, ¿hacés terapia?
-LAURA: Sí, desde hace unos meses!
-ANALIA: Sería bueno que también hablaras estos temas con tu terapeuta!
-LAURA: Justamente de eso es lo que vengo hablando!
-ANALIA: Excelente! Nos vemos!
Nos despedimos con un beso, y antes de bajar, le pedí un nuevo turno a su secretaria.
Llegué al segundo piso, toqué el timbre y me atendió una chica de unos treinta años, quizás menos, muy agradable, le dije que me había mandado Analía, y me hizo pasar.
Le pedí el gel y mientras lo buscaba, me dijo que podía mirar todo lo que en ese salón había expuesto.
En verdad sabía lo que era un sex shop, pero nunca había estado en uno, y muchas cosas de las que allí veía, ni siquiera sabía para que servían o como se usaban.
Llegué a casa, me cambié, como siempre con el pantalón ancho y remera larga y me fui al gimnasio.
Mientras hacía mis rutinas de piernas y de glúteos, pensaba si algún día sería capaz de ir al gimnasio con una remera que no me tapara el culo, y creo que por el momento no estaba para nada segura de poder hacerlo.
Volví a casa me di un baño y preparé la cena para cuando llegara Javi.
Tampoco le comenté nada esa noche de la consulta con Analía, y fue recién al día siguiente al llegar de la universidad, que me saqué toda la ropa, me miré desnuda en el espejo, y sacando el gel que había comprado en el sexshop, me acosté en la cama.
Comencé a tocar mi cuerpo, primero mis tetas y mis pexones, luego bajé acariciándome la panza hasta llegar al pubis.
Me sentía rara, hacía muchos años que no me tocaba buscando sentir placer.
Llegué a mi conchita, que por supuesto hasta ese momento estaba seca.
Comencé a recordar algunos momentos excitantes con Javier, algunos de esos encuentros sexuales nuestros, en qué había sentido mucho placer.
Tomé el envase del gel, y puse un poco entre mis dedos de la mano derecha.
Al sentir el contacto en mi conchita, me resultó frío pero tan solo por un instante, luego empecé a recorrerla, sintiendo una sensación agradable de calor.
Un poco más de gel en la mano, abrí bien mis piernas, y fui tocando mis muslos y mi vulva con ambas manos.
Con la imagen de Javi cogiéndome desde atrás en aquella habitación del hotel de Brasil, sentí cierta excitación.
Recorrí lenta y suavemente toda mi entrepierna, haciendo que por el gel, mis dedos resbalarán, y recordando las palabras de Analía, me fui tocando, desde el pubis, al clítoris, a los costados de mi conchita, los labios, llegando hasta mi esfínter.
Fue una sensación muy placentera, acariciar mi culito con los dedos llenos de gel, incluso el dedo mayor, se aventuró entrando hasta la primer falange, mientras el índice y el mayor de la otra mano, se habrían camino en mi conchita.
Me fui excitando cada vez más, y cuando quise darme cuenta, mis dedos frotaban mi clítoris cada vez más intensamente buscando el orgasmo.
Un poco más de gel, y me seguí masturbando, creo que como nunca lo había hecho en la vida.
Y luego de varios minutos de caricias en mi clítoris y en mi culito, alternando con caricias y pellizcos en mis pezones, entre imágenes de momentos apasionados con Javi me llegó el orgasmo, me temblaron las piernas y no pude evitar las exclamaciones por el placer recibido, sin dudas había sido la mejor pajita de mi vida.
El cuerpo se me aflojó y me dormité unos minutos.
Mire mi teléfono y eran las tres de la tarde, me levanté para darme un baño, y me volví a mirar al espejo.
Observé mi pubis, y la mata de pelo, aunque más o menos recortado, que ocultaba mi sexo, y en ese momento pensé, que quizás debiera emprolijarlo un poco más.
Luego del baño me puse un conjunto de ropa interior normal de color blanco, y me volví a mirar al espejo, diciéndome a mí misma, Laura tenés que comprarte conjuntos un poco más atractivos, a Javi le va a gustar. Ya vería de hacerlo.
Me fui a preparar unos mates solo en ropa interior, no era la primera vez que lo hacía estando sola en casa, pero no sé si por el orgasmo que había tenido hace un momento, me sentía relajada y cómoda.
Con el mate preparado volví a la habitación, me saqué el corpiño y me puse una remerita blanca cortita que suelo usar debajo de la ropa, a pesar de que se marcaban mis pezones, no me veía nada mal.
Busqué en el placard entre mi ropa, un jean que me quedaba bien pero que hacía tiempo no usaba, porque ya estaba gastado y se me había roto en las rodillas, fui a la cocina a buscar la tijera, y cortándole las piernas, lo convertí en un short.
Me lo probé y me miré al espejo, me lo volví a sacar y le corté un poco más.
Cuando me lo volví a poner, la parte baja de mi culo, quedaba en parte a la vista, y como una adolescente que está descubriendo su cuerpo y la mejor forma de mostrarlo, volví a grabarme con el teléfono caminando de espaldas con el short para poder verme.
Cuando vi el video, hasta me resultaba extraño, no podía creer que fuera yo la que caminaba con ese short tan cortito, y con el culo escapándose de la tela. Me gustó lo que veía, quizás tenga razón Analía, y tendría que dejar de ser tan crítica con mi cuerpo, estoy segura de que cualquier hombre que me viera así, no diría que es un culo feo.
Tiré a la basura las telas sobrantes y guardé el short entre mi ropa junto con el bote de gel.
Tenía que hacer algunas compras para la cena, y decidí salir por primera vez a la calle, con un pantalón ajustado y ninguna prenda tapándome, me puse una remera normal, que apenas llegaba hasta el pantalón.
Mientras bajaba en el ascensor, me sentía nerviosa pensando en que en cualquiera me podría mirar el culo.
Y el primer hombre que crucé, fue el encargado del edificio, que estaba barriendo la vereda en el momento en que salí, me miró de arriba abajo, y con cara de baboso me dijo...
Continuará…
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