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Historias del complejo. Segunda serie. (31)

Alejandra no acepta un 'no' por respuesta: te obliga a quitarte la malla vieja y a enfrentar el agua mientras tres ojos te siguen cada paso. ¿Te atreverás a mirar de vuelta?

jejen5.3K vistas9.0· 25 votos

Prólogo

Cómo cada mañana antes de la hora del desayuno, revisaba los mails de consultas y chequeaba las reservas en las plataformas, cuando vi una reserva a nombre de María Laura Miranda y Javier Peralta Ponce, en ese momento pensé con una sonrisa, lo que son las casualidades de la vida.

En el barrio de La Plata donde me crié, teníamos en esa época, el grupo de amigos con los que jugábamos todo el tiempo al futbol en el campito de mitad de cuadra, tres terrenos que estaban vacíos y que entre todos, le habíamos sacado todos los pastos, las piedras y emparejado el terreno a pico y pala.

Éramos como quince chicos, y cuando la canchita estuvo lista, nos pasábamos los días jugando al futbol.

En ese grupo de chicos, estaba Pepito, Pepo al principio, por las primeras sílabas de sus apellidos, pero por ser bajito, le quedó Pepito, ni más ni menos que Javier Peralta Ponce, vivía a la vuelta de mi casa, casi año y pico más chico que yo y modestia aparte, tan buen jugador de futbol como quien escribe, en esa época.

Cuando jugábamos en el mismo equipo, no había partido que no ganáramos, él jugaba con la izquierda y yo con las dos piernas, cuando nos referíamos a Javier, decíamos, “Pepo, el zurdito”.

Pepo vivió en ese barrio hasta los doce años, luego se mudó con su familia a la localidad de Villa Elisa, dentro del partido de La Plata, pero a más de una hora en colectivo.

Volvimos a vernos algunas veces luego de que se mudara, cuando volvía al barrio con su madre, que venía a visitar a sus antiguas vecinas de tantos años, y mientras tanto nos jugábamos algún picadito.

Pero luego perdimos el contacto, de esto ya hace casi como treinta años.

La reserva era para el mes de febrero del año siguiente, pero de todas formas, me alegró mucho volver a verlo después de tantos años, seguramente, tendríamos varios momentos para recordar esos hermosos tiempos de nuestra niñez.

Con el trajín del complejo, me fui olvidando de esa reserva, hasta que días antes de que llegaran, me volví a alegrar sabiendo que en unos días lo volvería a ver, ¿se acordaría de mí? ¿Nos reconoceríamos?

Ese día entraban otros turistas también, y después del mediodía, un auto con dos mujeres, se paró frente al portón de ingreso, les abrí para que pudieran entrar, y al llegar una de esas mujeres bajó del auto, se presentó como Laura Miranda, le di la bienvenida, y me consultó si había problemas de que una amiga suya ocupara la reserva en lugar de Javier.

Por supuesto le dije que no había ningún problema, esos días ya estaban abonados hacía meses.

Les indiqué la unidad correspondiente, les expliqué todo lo necesario, les dejé el control remoto del portón y le avisé del horario del desayuno.

No quise preguntar en ese momento por Pepo, ya vería en esos días, cuál era el motivo por el que había venido una amiga de Laura en su lugar.

Un par de días después, su amiga se fue, avisándome que volvería en diez días a buscar a Laura.

En esos días en que estuvo sola, conversó en varias ocasiones con Mora y le contó el motivo por el que no había venido con Javier, y aquí su historia.

La historia de María Laura

Capítulo 1

Es una hermosa mañana de sol y a pesar de la hora ya hay bastante gente en la playa, familias, hombres y mujeres haciendo deporte, paseando sus mascotas, o tan solo buscando un lugar antes de que la playa se colme de turistas.

Estoy sentada en la arena mirando el mar, las olas llegan incansables hasta la orilla a unos metros de mis pies descalzos, aunque no llegan a mojarlos.

Estos días en este hermoso complejo, fue un regalo que le hice a Javier hace unos meses, lo sorprendí aquella noche, en que luego de cenar, le mostré la reserva para los dos.

Pero no es el viaje de pareja qué ilusionados habíamos pensado, estos días estoy aquí sola, sola porque nuestro matrimonio, nuestra unión, se vio truncada por esa maldita infidelidad, la menos pensada, la menos deseada, la menos esperada.

Lo sigo amando como el primer día, y creo que él también, pero ese hecho, hirió de muerte nuestra relación, yo lo tenía todo…, nuestra casa, un buen trabajo con un buen salario, vacaciones, viajes, salidas, auto, sueños cumplidos, proyectos en camino y lo fundamental, un compañero de vida como ningún otro.

Soy María Laura Miranda, con los cuarenta años recién cumplidos. Soy profesora de matemáticas en la carrera de arquitectura en la universidad nacional de mi ciudad desde hace varios años.

Me casé hace casi diecinueve años con Javier Omar Peralta Ponce, el amor de mi vida, mi compañero, mi cómplice, mi apoyo, mi amigo, mi amante, el ser que más me ha amado y amo en este mundo.

Soy la menor de tres hermanos, Ariel casi tres años más grande que yo y Sebastián, dos años y medio más grande qué Ariel.

No tuve una infancia infeliz, aunque siempre me sentí relegada por mis hermanos, siendo la más pequeña siempre quería jugar con ellos, pero ellos siempre me dejaban de lado.

Mi adolescencia fue un poco más difícil, y muchas veces tuve que sufrir las cargadas de mis hermanos por mi cuerpo.

Cuando comencé a desarrollarme, mis pechos apenas asomaban, lo que sí me creció, y demasiado para mi gusto, fue la cola, y en esa época pareció que mis hermanos se habían olvidado de mi nombre, porque para todo era culona de aquí, culona de allá.

Cuando mis amigas venían a casa, Ariel sobre todo, se hacía el lindo con todas, y no dejaba de de compararme con mis amigas que ya tenían un cuerpo mejor formado que el mío.

Fue en el segundo año de secundaria, que conocí a Alejandra Martinez, Ale para mí, que venía de otra escuela y conectamos enseguida, nos hicimos amigas y es al día de hoy que lo seguimos siendo.

A los diecisiete años tuve mi primer novio, yo estaba perdidamente enamorada de él, quizás porque Sergio, había sido el único que me había dado bolilla, y a dos meses de cumplir los dieciocho, perdí la virginidad con él.

Esa primera vez fue un verdadero desastre, pero las siguientes mejoraron bastante.

Todo iba bien con Sergio, hasta que el comentario entre las chicas del curso un par de meses después, me puso al tanto de que Sergio estaba también con otra chica, y cuando se lo pregunté, bueno casi que le exigí que me dijera la verdad, me lo terminó confesando, y en ese mismo momento se terminó nuestra relación.

Cuando comencé la universidad, las cosas fueron cambiando, también mi cuerpo, que había tomado mejor forma femenina, mis pechos habían crecido casi hasta la media, y al ganar unos centímetros más de altura, no sobresalía tanto mi culo, aunque me seguía pareciendo demasiado grande y durante muchos años me tuvo acomplejada, y eso hacía que jamás lo mostrara, siempre usando remeras o camisas largas que lo tapaban.

Mi amistad con Alejandra continuó, aunque estudiábamos diferentes carreras, ella se decidió por estudiar el magisterio, siempre había querido ser maestra jardinera y yo el profesorado de matemáticas.

En el primer año de la carrera, con varios compañeros y compañeras habíamos formado un grupo, y para una fiesta de la facultad por la llegada de la primavera, conocí a Javier, que era amigo de uno de los compañeros.

Javier estudiaba para contador público, y había ido a esa fiesta invitado por mi compañero.

En un momento quedamos solos, y estuvimos hablando por más de una hora, me parecía un chico encantador, de conversación interesante y sonrisa fácil.

Antes de irnos de la fiesta, ya cerca de las cuatro de la mañana, intercambiamos los teléfonos, aunque yo con pocas esperanzas de que alguna otra vez me volviera a llamar.

Pero me sorprendió un mensaje suyo el fin de semana siguiente, el viernes por la noche, me invitó al cumpleaños de un amigo suyo, donde también estaría mi compañero de curso.

La fiesta era en una casa enorme, del amigo del amigo de no sé quién, estaba lleno de gente, chicos y chicas por todos lados, alcohol, música, y en algunos rincones, marihuana.

Yo no conocía a casi nadie, y al llegar busqué con la mirada a Javier, que cuando me vio se acercó a mí, y no se separó de mí en toda la noche.

Creo que ese día me enamoré de él.

A partir de esa noche hablábamos y nos mensajeábamos casi todos los días, y nuestros encuentros fueron cada vez más frecuentes, hasta que esa noche de sábado en un local de comidas rápidas, mirándome a los ojos me dijo que se había enamorado de mí el primer día que me había visto, y yo tan solo pude decirle que también me había enamorado de él como nunca antes.

Así comenzó nuestra historia, un par de semanas después hicimos el amor por primera vez, en su casa, Javier compartía departamento con otros dos chicos, que habían venido como él a estudiar a la ciudad desde Pigüé, su pueblo natal.

Esa noche había quedado de acuerdo con sus amigos en que le dejarían el departamento solo para él.

Tenía mucha vergüenza de mostrarme desnuda ante Javier, mis complejos me perseguían, pero fue él mismo quien me quitó la ropa entre besos, y sin que yo le dijera nada sobre mis complejos, me llenó de halagos, diciéndome que era una mujer hermosa, que ni siquiera había podido imaginar mi cuerpo, claramente porque yo nunca lo mostraba, pero que le parecía la mujer más hermosa del mundo, y eso me dio confianza y pasamos una noche hermosa, la más hermosa de mi vida hasta ese momento.

Me sentí muy relajada entre sus besos y sus caricias, su excitación estaba en niveles tan altos como la mía, y el placer que sentí, no lo había sentido nunca.

Quería que Alejandra lo conociera, y que Javier conociera a mi amiga más cercana y nos encontramos los tres una tarde a tomar un café, y fue tan ameno el encuentro, que terminamos cenando los tres juntos.

Unos días después, nos encontramos con Alejandra y por supuesto, hablamos de Javier, le dije lo enamorada que estaba de él y Alejandra me dijo que le había parecido un chico muy lindo, re simpático y que se había dado cuenta que también estaba enamorado de mí, y me deseó que me fura muy bien con él.

Casi dos meses después se los presenté a mis padres, y poco más de un año después, me pedía matrimonio.

En ese momento él además de estudiar, estaba trabajando en un estudio contable y yo había conseguido trabajo como soporte educativo en matemáticas, en un instituto de apoyo escolar para chicos de escuela primaria.

Alquilamos un pequeño departamento, y luego de casarnos en una ceremonia muy sencilla, nos fuimos a vivir juntos, en ese momento ni siquiera tuvimos medios económicos para el viaje de bodas, pero no nos importó.

Mientras duraron nuestras carreras, fueron tiempos difíciles económicamente hablando, pero nuestra relación era maravillosa y eso compensaba todos nuestros esfuerzos.

Mis notas en la facultad eran excelentes, era ayudante de cátedra desde el año anterior y en el último año de mi carrera, uno de los docentes me ofreció ocupar interinamente la jefatura de trabajos prácticos en la facultad de arquitectura para el año siguiente, propuesta que por supuesto acepté.

Javier terminó antes que yo la carrera, también con muy buenas notas, y un par de meses después, con el título en sus manos, consiguió un muy buen trabajo en una consultora.

A partir de ahí comenzamos a mejorar económicamente, nos mudamos a un departamento más lindo un poco más cómodo y mejor ubicado, me sentía feliz.

Un par de años después, concursé el cargo y fui adjunta nombrada en la cátedra, y unos meses más tarde, Javier se cambió de trabajo, a una consultora que tenía sucursales en todo el país.

Eso significó para los dos un incremento en nuestros ingresos, y fue así que cuatro meses después, compramos nuestro primer autito, un Ford Ka viejito, pero que estaba bastante bueno.

También nos permitió al verano siguiente, en las dos semanas de vacaciones de Javier en el mes de enero, hacer nuestro primer viaje juntos, nos fuimos diez días a Mar del Plata, nos hospedamos en un hotel no muy costoso, pero muy cómodo y tranquilo.

Nuestra sexualidad, a partir de vivir juntos, se expandió maravillosamente, y esos días de vacaciones, fueron un sin parar de encontrarnos sexualmente, hicimos el amor cada noche, y varias veces también por la tarde o la mañana.

Pero desgraciadamente, después de tan hermosos días, tuvimos que volver a La Plata, aunque a mi aún me quedaban vacaciones, Javier tenía que volver al trabajo en la consultora.

Ese viaje fue un momento de inflexión en nuestra intimidad, y fuimos incrementando la frecuencia y la intensidad de nuestros encuentros, incluso haciendo algunas locuras, al menos así lo eran para nosotros, como hacerlo en el auto, al aire libre en algún sitio sin que nadie nos viera, tocarnos en lugares públicos, y esas cosas. Pequeñas locuras nuestras que nos divertían tanto como nos calentaban.

Javier siempre me decía que dejara de tener complejos con mi cuerpo, que ninguna mujer tiene el cuerpo perfecto, que cada una es diferente, con sus virtudes y sus defectos, que tan solo disfrutara de mi cuerpo sin pensar en lo que puedan pensar o decir los demás.

Así fue que recién a mis casi treinta y cuatro años, me puse por primera vez una bikini, fue en una playa de Florianópolis en nuestro primer viaje a Brasil.

La habíamos comprado juntos y en verdad era poco reveladora, mostraba lo menos posible.

Recuerdo lo nerviosa que estaba esa primera vez que al acomodar nuestras cosas en la arena, me quité el short y la remera que llevaba por encima, quedando solo con la bikini.

Javier me decía que dejara de pensar, que solo disfrutara el hermoso día de playa, del sol y del mar y que me olvidara de mis prejuicios y de las miradas de la gente.

No pasó mucho tiempo, en que me di cuenta que nada pasaba, que nadie me prestaba más atención que al resto, y que además, había mujeres más culonas que yo y con bikinis mucho más pequeñas.

Para muchos será una pavada, pero para mí fue un hecho bastante trascendente, en lo que a los prejuicios sobre mi cuerpo se refiere.

Desde que tengo uso de razón, me alimento bastante bien, balanceado, pocas grasas, pocos dulces ni bebidas azucaradas, solo algunas cervezas a la semana, sumado a eso, desde hace varios años voy religiosamente al gimnasio tres o cuatro veces por semana y me enfoco sobre todo en piernas y en el culo.

Muchas veces Javier me dice que no tenga vergüenza, que cambie mi forma de vestir, que según que me ponga, Javi me dice que parezco veinte años mayor.

También me ha ido convenciendo de que mi ropa interior cambie por conjuntos más lindos, más sexys y más pequeños, incluso me ha regalado varios, que tan solo he usado alguna vez en nuestras noches de pasión.

Ese año volvimos con Javi a hablar de tener un hijo, y decidimos intentarlo, dejando días después, de tomar las pastillas.

Pero dijimos de no desesperarnos en la búsqueda, dejaríamos de cuidarnos y si quedara embarazada, pues nuestro bebé sería bienvenido.

Así pasaron casi siete meses y en la consulta de control a mi ginecóloga se lo conté, y me propuso hacernos los estudios para saber si alguno de los dos, teníamos algún problema físico para procrear.

Los de Javi estuvieron unos días antes que los míos y aparentemente, todo en él funcionaba sin problemas, el recuento y la movilidad de sus espermatozoides eran normales.

Pero cuando volví a la ginecóloga por el resultado de los míos, me encontré que tenía problemas en las trompas de Falopio, que no era una razón determinante para no lograr un embarazo, pero de seguir intentándolo y no poder quedar embarazada, siempre podríamos recurrir a métodos de inseminación asistida.

Decidimos con Javi, seguir teniendo relaciones sin cuidarnos, si se daba seríamos padres, y si no, ya veríamos si hacíamos algún tratamiento.

Por el momento, y ante no tener esa urgente ansiedad por ser padres, seguimos nuestra vida como siempre.

Fueron pasando los meses y sin quedar embarazada, poco a poco dejamos de hablar del tema, y nuestra relación seguía tan hermosa como siempre.

En uno de los encuentros de los jueves con Alejandra, se lo comenté, y me dijo que tratara de no hacerme la cabeza, que seguramente en el momento menos pensado, quedaría embarazada.

También me contó en ese encuentro, que la situación con su marido estaba tan mal, que ya había tomado la decisión de divorciarse, tras casi tres años de sentirse asfixiada por sus celos y sus exagerados controles, de sus horarios, de sus amistades, incluso de sus compañeros de trabajo.

Las dos teníamos la misma edad, yo era un par de meses mayor y siempre nos hemos entendido a la perfección y nos hemos contado todo, siempre supe que su marido era un hombre bastante atípico, pero nunca creí que fuera tan tóxico en su matrimonio, al punto de que Alejandra ya no lo soportara.

Y no es que Alejandra fuera una esposa adepta a las salidas nocturnas con amigos y compañeros de trabajo, estaba totalmente dedicada a la enseñanza de los más pequeños, siempre había sido su pasión y lo hacía feliz de la vida, incluso desde hacía poco más de un año, trabajando en ambos turnos, con lo que poco tiempo y ganas le quedaban para salir de fiesta.

Siempre me decía que yo había tenido mucha suerte con Javier, que era un buen tipo y que me amaba como a ella nunca la había querido su casi ex esposo.

Nos solíamos encontrar los jueves, semana por medio religiosamente por las tardes, cuando ella salía del jardín de infantes por la tarde, conversábamos un par de horas, ya que siempre quería llegar a su casa antes que su esposo, para no tener problemas.

En el siguiente encuentro, dos semanas después, me dijo que había hablado con su esposo, diciéndole que quería el divorcio, esperando que quizás reflexionara y cambiara su actitud con ella, pero la respuesta de él, fue que quería dejarlo para irse por ahí con cualquier tipo, y eso no hizo más que confirmarle que estaba haciendo lo correcto.

Desde hacía unos días, estaba viviendo sola en un pequeño departamento a pocas cuadras de la escuela donde trabajaba y que a pesar del fracaso de su matrimonio, se sentía mejor que nunca.

Le di un abrazo y le dije que podía contar conmigo para lo que hiciera falta.

Cuando se lo conté a Javi, lo primero que me dijo fue que por fin se había sacado de encima a ese tarado, a Javi nunca le había caído bien.

A partir de ese día, nos comenzamos a encontrar todas las semanas, incluso lo hacíamos para cenar algunos viernes en la noche.

Javi nunca me hizo ningún tipo te cuestionamiento a mis salidas con Alejandra, ni con los compañeros de trabajo, con los que una vez al mes, nos reuníamos en la casa de alguno de ellos para comernos un asado, como tampoco a los horarios en que solía volver, siempre preocupándose por qué no volviera sola de madrugada, y si nadie podía llevarme a casa, él me iba a buscar.

Por supuesto él también tenía sus salidas con amigos o compañeros de trabajo.

En nuestros siguientes encuentros con Alejandra, la fui viendo cada vez más animada, incluso cambió su look, aclarándose el color del cabello, que ahora lo tenía más corto y vistiendo de manera más moderna, elegante incluso más reveladora de su espléndida figura.

Un par de meses después, me contó que estaba teniendo encuentros con unos de los profesores de educación física de la escuela, unos años mayor que ella y también divorciado hacía casi cinco años, aunque me aclaró que no era nada formal, que era ella la que no quería una relación seria, al menos de momento, que tan solo se encontraban en su casa o en la de él, para tener algunas noches de pasión en la semana.

La veía tan bien, que me alegraba que estuviera viviendo la vida como le daba la gana, que disfrutara como más le gustara y con quien quisiera.

Un par de encuentros después, me contó que también había estado con un chico unos años más joven que había conocido en el cumpleaños de una compañera de trabajo, y casi con vergüenza, me dijo que la había hecho disfrutar como nadie en la cama, pero que no había nada más entre ellos, solo se veían para tener sexo, y que le encantaba hacerlo así, sin ningún tipo de compromisos.

Con Javi ya estábamos planeando algún viaje para el mes de enero, y me propuso volver a Brasil, pero esta vez, ir a Bombas y Bombinhas. En las dos primeras semanas de febrero, que era cuando le tocaban las vacaciones el año entrante.

Nos terminamos decidiendo y unos días después, hicimos la reserva en un complejo muy lindo, aunque aún faltaban más de dos meses, nos queríamos asegurar el lugar.

Antes de ese fin de año, nos reunimos con Alejandra en su nueva casa, quería que la conociera y en vez de juntarnos en un bar, me invitó a cenar en su nuevo departamento.

Un poco más amplio que el anterior, y bastante más moderno, con dos dormitorios, un salón estar comedor, la cocina contigua y un hermoso baño, también bastante cerca del jardín donde trabajaba.

Al igual que el viaje anterior, esos días en las playas de Brasil, fueron soñados, disfrutamos mucho de la playa, del calor, del complejo que era hermoso y me volví a animar y fui todos los días con la bikini a la playa.

Por supuesto que recuperamos de la mejor forma nuestra actividad sexual, haciendo al amor un montón de veces, hasta incluso una noche en la playa, luego de cenar en un lindo restaurante.

Pero lo bueno siempre dura poco y esos doce días, se me pasaron volando, volviendo el sábado cerca del mediodía, y Javier tenía que volver a trabajar ese lunes siguiente.

Como a mí me quedaban aún dos semanas de vacaciones, nos encontramos con Alejandra varias veces esos días, donde me contó que por primera vez desde que se había separado de Leandro, se sentía muy bien con un hombre, y no solo en la cama, también compartían cenas, tardes de café y paseos.

En esos días de verano, hasta el mes de marzo, Javi salía más temprano de la consultora y teníamos más tiempo en las tardes para estar juntos, después de unos mates, salíamos a pasear caminando, incluso algunas veces se nos hacía la hora de la cena, y comíamos algo por ahí antes de volver a casa.

En la última semana de febrero, me llamó Alejandra para decirme que una compañera de trabajo, le había ofrecido su casa en Mar de las Pampas, para el fin de semana, ella ya había vuelto al trabajo, pero hasta que no comenzaran las clases los pequeños, las maestras se turnaban para preparar las aulas, y que como ese viernes no le tocaba ir, se iría a la costa.

Le dije me parecía muy bien, pero inmediatamente me soltó que quería que fuera con ella, tan solo el fin de semana, desde el viernes por la mañana y hasta el domingo por la tarde.

Por supuesto, le dije tendría que hablar con Javier antes de darle una respuesta, por si Javi tenía planes para el fin de semana, aunque me entusiasmaba la idea, sería como un fin de semana de chicas.

Ese martes en la noche mientras cenábamos, se lo comenté a Javier.

-LAURA: Amor, hoy hablé por teléfono con Alejandra y me hizo una propuesta, pero quería hablarlo con vos primero.

Terminó de masticar y con una sonrisa me preguntó:

-JAVIER: ¿Indecente?

Y ante su pregunta me reí también.

-LAURA: No mi amor! Pero te quería preguntar si tenías algún plan para este fin de semana!

-JAVIER: No tenía nada pensado! ¿Qué te propuso?

-LAURA: Una compañera de ella le presta su casa en Mar de las Pampas para el fin de semana, y me invitó a ir con ella! Sería desde el viernes hasta el domingo.

-JAVIER: ¿Vos tenés ganas de ir?

-LAURA: En verdad sí y no! Sí porque me gustaría que pasemos unos días juntas, nunca hemos hecho algo así!

-JAVIER: ¿Y no por qué?

-LAURA: Porque los fines de semana, siempre aprovechamos para estar juntos!

-JAVIER: Si en realidad me estás pidiendo permiso, desde ya te digo que no hace falta que lo hagas, si tenés ganas de ir con ella unos días, hacelo corazón! Me parece un excelente plan! Sé lo amigas que son, y estoy seguro que volverán con las orejas rojas! Andá con ella mi vida! Son solo tres días, y ya tendremos muchos otros fines de semana para nosotros!

-LAURA: Me da penita dejarte solo!

-JAVIER: Tranqui mi vida, aprovecho para lavar el auto, salvo que vayan en el nuestro, también puedo aprovechar para salir con los chicos a tomar alguna cerveza, y mirar alguna película de acción!

-LAURA: Cómo te amo cielo mío! Iríamos en el auto de Ale!

-JAVIER: Y yo a vos mi vida! Llamala y decile que vas con ella!

Tomé mi teléfono, marqué su número y puse el altavoz.

-LAURA: Hola Ale!

-ALEJANDRA: Hola Lau! ¿Te dio permiso Javi?

-LAURA: Callate boluda! El viernes nos vamos a la costa!

-ALEJANDRA: Que bueno nena!

-JAVIER: Hola Alejandra! No tengo que darle permiso! Y me parece buenísimo que disfruten del fin de semana!

-ALEJANDRA: Hola Javi! Cómo estás corazón? Lo del permiso era en broma!

-JAVIER: Lo único que les pido...

-ALEJANDRA: Quédate tranquilo que nos vamos a portar bien!

-JAVIER: No era eso! Era que me avisen al llegar para quedarme tranquilo!

-LAURA: Pero igual quédate tranquilo que nos vamos a portar bien!

-JAVIER: Eso ya lo sé! Espero que les toque tiempo lindo y puedan aprovechar la playa!

Hablamos un momento más y nos despedimos hasta el viernes, que a eso de las ocho de la mañana me pasaría a buscar.

El jueves en la noche, mientras guardaba mi ropa en el bolso, cuando Javi vio que llevaba la malla enteriza, me preguntó si no me llevaría la bikini, pero le dije que no, que solo la usaba con él, y me dijo que no sea tonta, que la llevara, pero no le hice caso.

El viernes desayunamos con Javi, y mientras esperaba a Alejandra, preparé el equipo de mate para tomar en la ruta.

Minutos antes de las ocho, Alejandra tocaba el timbre.

Bajamos los dos, Javi llevando mi bolso, al vernos salir, Alejandra bajó del auto, y saludo a Javi con un abrazo y un beso.

Me despedí de Javi con un abrazo bien apretado y un buen beso, diciéndole que lo iba a extrañar.

Antes de subir al auto, en broma Alejandra le dijo a Javi que me cuidaría!

Un último beso a Javi con la mano cuando Alejandra arrancó.

Por suerte la ruta estaba tranquila, y fuimos conversando, riéndonos y tomando unos mates.

Llegamos a Mar de las Pampas al mediodía, paramos en un restaurante para comer, y mientras esperábamos la comida lo llamé a Javi para decirle que habíamos llegado bien.

A las dos de la tarde fuimos para la casa de la amiga de Alejandra, una hermosa casa entre pinos, no muy grande pero moderna, y para mi sorpresa en el fondo tenía una pileta.

Alejandra me contó que un hombre que vivía a una cuadra, se encargaba de mantener la casa y la pileta en condiciones.

Tenía dos dormitorios, uno con una cama matrimonial, y el otro con dos camas individuales, un estar comedor y cocina, todo junto, y un hermoso baño con bañera.

Como él día estaba lindo decidimos ir a la playa.

Alejandra entró al baño primero y cuando salió, lo hizo ya con su bikini puesta, y luego fue mi turno.

Cuando salí del baño con mi malla enteriza, Alejandra me miró y me dijo:

-ALEJANDRA: Boluda! Devolvele esa malla a tu abuela!

Me reí de su comentario y le dije:

-LAURA: Es la que uso siempre!

-ALEJANDRA: Nena en los años que tenemos de conocernos, es la primera vez que te veo en traje de baño, pero discúlpame que te lo diga, pareces una señora de sesenta años, ¿no tenés una bikini?

-LAURA: Tengo una pero no la traje, solo la usé las dos veces que fuimos a Brasil con Javi!

-ALEJANDRA: Boluda! Con ese culo y no usas bikini!

-LAURA: Justamente por eso!

-ALEJANDRA: Dejate de joder guacha! Ahora entiendo! Desde que te conozco nunca te vi mostrando el culo!

-LAURA: Siempre me acomplejo mi culo enorme!

-ALEJANDRA: Déjate de joder boluda! Con ese flor de culo, yo me pondría una buena bikini! Qué tanto complejo! Estoy segura de que todos los tipos de la playa te mirarían el culo! Yo traje otra!

-LAURA: No Ale! En serio! No me animo a ponerme una bikini y mostrar el culo! Toda mi vida estuve acomplejada por eso! Lo sufro desde chica, mis hermanos siempre me cargaban por el culo, para ellos siempre fui la culona, y desde ahí no lo he mostrado nunca!

-ALEJANDRA: Perdón Lau, nunca me contaste eso!

-LAURA: Por me daba mucha vergüenza! siempre me sentí avergonzada de mi culo!

-ALEJANDRA: Sabes lo que te quiero y nunca te diría algo que no pienso ni siento, es verdad, tenés el culo un poco más grande, pero bien puesto nena! Y con una linda forma de culo de mujer! Entiendo que esos complejos que arrastrás, muchas veces son difíciles de superar, pero te aseguro, que muchos hombres te lo admirarían! Hagamos una cosa! Te presto la otra bikini y te la probás! Ves cómo te queda, y si te animás a ir a la playa así!

De su bolso sacó una bikini de color verde oscura, me la dio y fui al baño a cambiarme.

En el pequeño espejo del baño, no alcanzaba a verme de cuerpo completo, y cuando salí Alejandra me dijo:

-ALEJANDRA: Da una vuelta Lau!

Di una vuelta, aunque me sentía como desnuda, no había un espejo donde mirarme y le pedí a Alejandra que me sacara una foto, de frente y de espalda.

La bikini era bastante pequeña, claramente porque ella es más delgada que yo, y aunque me moría de la vergüenza de tan solo verme, supe que no me atrevería a ir a la playa con esa bikini, aunque siendo sincera, no se veía tan mal, era bastante más pequeña que la que había usado en Brasil.

-ALEJANDRA: Te queda Bárbara Lau!

-LAURA: No está tan mal! Pero no me animo a ir así a la playa!

-ALEJANDRA: No pasa nada! Tranquila! Pero quería que te vieras, sos una mujer atractiva Lau, nunca lo dudes!

Me volví a poner la enteriza y nos fuimos caminando esas tres cuadras hasta la playa, yo iba con un vestido liviano por encima y Alejandra con un short y una remera.

Lógicamente, con el hermoso y caluroso día de sol, la playa estaba abarrotada de gente, tuvimos que caminar bastante para encontrar un lugar donde ubicarnos.

Alejandra apoyó la lona y antes de sentarnos, nos quedamos las dos en traje de baño.

Mientras nos poníamos el protector solar para no quedar como un tomate, pude darme cuenta de las miradas de varios hombres, sobre todo a Alejandra.

Tomamos sol, conversamos, tomamos unos mates, nos metimos al agua un par de veces, y a eso de las siete de la tarde, nos fuimos de la playa, que aún seguía estando llena de gente.

De camino hicimos las compras para la cena y volvimos para la casa

Preparamos una cena liviana para las dos y nos tomamos unas cervezas.

Luego de la cena, como aún seguía haciendo calor, salimos al jardín de la casa, Alejandra se quería fumar un cigarrillo.

A mitad de su Marlboro, me dijo:

-ALEJANDRA: Anda a ponerte la bikini y nos metemos a la pileta! Acá no nos te nadie!

Aunque no estaba muy convencida, le hice caso, tan solo porque nadie podía verme.

Entré en la casa y me cambié, cuando volví a salir, Alejandra ya estaba en el agua, dándole las últimas pintadas a su cigarrillo, me miró al acercarme y me dijo:

-ALEJANDRA: Te queda re bien! Tendrías que animarte algún día! Aunque sea con Javier en alguna playa o en tu casa!

Sabía que tenía razón, pero era más fuerte que yo esa vergüenza que tenía por mostrar mi cuerpo, al único que se lo mostraba sin reparos, era a Javier.

Me metí al agua con ella y conversamos por casi una hora, luego nos secamos y nos fuimos a dar un baño antes de acostarnos.

El sábado por la mañana no levantamos a eso de las nueve, preparamos el mate y fuimos a caminar a la playa.

A pesar de ser temprano ya había bastante gente, nos sentamos en la arena y tomamos allí unos martes.

Volvimos a la casa, y salimos a hacer compras para el almuerzo, era otro día de sol y calor, y luego de comer iríamos un rato a la playa.

Alejandra me volvió a ofrecer su bikini, pero era demasiado chiquita para mi gran prejuicio, y me propuso ir a comprar una que no enseñara tanto.

Aunque no muy convencida, le dije que sí, para no ser tan negativa.

Me terminé comprando una muy parecida a la que había usado en Brasil, de color marrón aunque algo más pequeña por detrás que la que había dejado en casa.

A eso de las cuatro de la tarde, volvimos a cambiarnos, y en el auto de Alejandra nos fuimos a una playa algo más alejada, donde hubiera menos gente.

Casi al final de Mar de las Pampas, o al principio según se mire, en la primera calle que hay viniendo desde Villa Gesell, Alejandra estacionó el auto.

Para llegar a la playa tuvimos que atravesar los médanos de arena realmente caliente, pero al divisar la playa vimos que estaba mucho más desocupada que las del centro.

Nos sentamos en un lugar algo apartado de las personas que había en la playa, solo algunas familias a veinte o treinta metros de nosotros.

Alejandro inmediatamente se sacó la remera y el short, yo me senté sobre la lona sin animarme aún a sacarme el vestido playero.

-ALEJANDRA: Dale! No tengas miedo, no hay casi gente!

Tomé coraje, uno tan grande como la vergüenza de mostrar mi cuerpo y me saqué el vestido.

En verdad no era nada diferente a lo que había hecho con Javier en Brasil, y Alejandra me miró con una sonrisa.

-ALEJANDRA: Tranquila Lau! Nadie te está mirando!

Las dos nos pusimos protector solar y nos recostamos a tomar sol.

Conversamos un buen rato, hasta que Alejandra me dijo de ir a darnos un baño y volviendo a tomar coraje, me puse de pie y caminamos hacia el agua.

Después de refrescarnos, volvimos a nuestro lugar, y como si lo hubieran pensado para ponerme nerviosa, un grupo de tres chicos de más o menos treinta años, llegaron y se ubicaron a unos diez o quince metros de nosotras, dejaron todas sus cosas allí y fueron corriendo hacia el mar.

Después de un rato, cuando volvían, me pude dar cuenta de sus miradas hacia nosotras dos.

Lo comentamos con Alejandra, y me dijo que me quedara tranquila que no pasaba nada.

Seguimos conversando y tomando unos mates, Alejandra estaba del lado de esos chicos, y yo podía ver sus miradas sobre ella y se lo dije.

-LAURA: Boluda! No dejan de mirarte esos pibes!

-ALEJANDRA: De mirarnos nena! El de pelo corto está lindo, el otro es muy flacucho, y el otro demasiado petiso para mi gusto!

-LAURA: Qué buena repasada les pegaste!

-ALEJANDRA: Cuando salían del agua! Me vas a decir que vos no los miraste! Le dije a Javi que te iba a cuidar, y no sé si te dejaría irte con alguno, pero mirar se puede mirar nena!

-LAURA: No ando por la vida mirando hombres!

-ALEJANDRA: Deberías! Con mirar la mercadería no pasa nada! El asunto es si querés comprar! Pero mirar es gratis, y si el hombre en cuestión vale la pena, más que mirar se lo admira! ¿O te pensás que los tipos no miran a una mujer linda?

-LAURA: Nunca lo he visto a Javier mirar a otras mujeres, al menos cuando está conmigo!

-ALEJANDRA: Eso es porque sin dudas te respeta! Pero seguramente cuando no estés con él debe mirar a otras mujeres, y no por esto te estoy diciendo que esté mal lo que hace, es lo normal! Y te puedo asegurar que esos tres chicos nos miran a las dos!

-LAURA: ¿Te parece?

-ALEJANDRA: Ahora te lo demuestro! Voy hasta el agua, y vos disimuladamente fijate si me miran!

Y eso hizo, se puso de pie y caminó hasta el agua, mientras yo de reojo miraba a los tres chicos, y efectivamente, los tres la miraron caminar de espaldas, sin dudas mirándole el culo y también me miraron a mí.

Alejandra volvió del agua un momento después, y también la observaron detalladamente volver.

Aún nos quedaba agua en el termo, le cambié la yerba al mate y seguimos tomando.

Hablábamos de otros temas, cuando Alejandra me dijo:

-ALEJANDRA: Ahora te toca a vos!

Yo no entendí lo que me decía, y la interrogué con la mirada.

-ALEJANDRA: Te toca a vos ir al agua, y yo te digo si te miran o no!

-LAURA: Ni loca!

-ALEJANDRA: Dale! No seas cagona! Vas al mar te das un chapuzón y volvés! ¿Qué puede pasar? Te van a mirar el culo cuando vayas, y las tetas cuando vuelvas, ¿y cuál es el problema? Dale! Anímate! Es fácil, hace de cuenta que nadie te está mirando!

El solo hecho de que me dijera eso, me hizo poner nerviosa, pero pensaba que a esta edad no podía ser tan cagona, respiré hondo y me puse de pie, caminé hasta la orilla, me detuve un momento al llegar de las olas a mis pies, y seguí caminando adentrándome en el mar.

Lo hice hasta que el agua me tapó las tetas, estuve un momento allí, aproveché para hacer pis y volví a salir del agua, caminando hacia nuestro lugar, sin mirar a esos chicos.

De reojo me di cuenta de que ellos me estaban mirando, uno de ellos se puso de pie, y caminó en mi dirección...

Continuará…

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