Xtories

Historias del complejo. Segunda serie. (30)

Después de tres años de silencio y dolor, la puerta se abre y ella está ahí. Pero la felicidad recuperada es frágil; un diagnóstico devastador les roba el futuro que tanto soñaron, dejando solo el peso de un amor que se convierte en último refugio.

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La historia de Manuel

Capítulo 8

-LORENA: Chau Manu! Perdón por todo lo que te he hecho vivir! Siempre estaré más que agradecida por todo lo que has hecho!

No tuve respuesta, estaba haciendo fuerzas para contener las lágrimas, sus palabras me sonaron a despedida y tan solo me salió decirle:

-MANUEL: Chau Lorena! Espero encuentres lo que estás buscando para tu vida! Creo que yo tendré que hacer lo mismo!

Me dio un abrazo y un beso en la mejilla, y sin más se subió al colectivo.

La vi caminar por el pasillo y sentarse junto a la ventanilla, miraba hacia adelante, podía ver las lágrimas salir de sus ojos, y en el momento en que el colectivo dio marcha atrás para salir del andén, me miró a los ojos, y no bajó la vista hasta que el colectivo salió de la terminal.

En ese momento me explotaron las lágrimas, volví caminando al auto y me senté a llorar con las manos apoyadas en el volante.

Se había vuelto a ir!

Ese cuatro de marzo de dos mil veinte pasó a ser otra de esas fechas que me han marcado, esas que no hubiera querido tener.

Al llegar a casa Adela me recibió con un abrazo, la mesa ya estaba preparada, y cuando me senté trajo la comida, fueron tan solo un par de bocados, no me pasaba nada, el estómago se me había cerrado.

Adela me decía un montón de cosas tratando de conformarme, pero no lo consiguió.

Luego de comer me senté en el sillón con un whisky en la mano.

Adela se sentó a mi lado, y conversamos un largo rato, luego de eso me fui a la cama.

Aunque la situación ahora era diferente, porque al menos sabía dónde estaba, volvía a sentir el mismo vacío, la misma tristeza, me sentía como un chico al que le han dado su juguete preferido, y de repente, en lo mejor, se lo han quitado.

Traté de que mi vida volviera a la normalidad, aunque estar en casa, luego de que se iba a Adela, volvía a sentir esa soledad abrumadora, aunque ahora la situación era otra, conocía los hechos y lo que podría llegar a ocurrir.

Días después, se empezó a escuchar sobre el coronavirus, que en poco tiempo se convirtió en pandemia, en el país se decretó la cuarentena obligatoria, con lo que la mayoría de los argentinos debía quedarse en sus casas, solo los trabajadores esenciales se movían por las calles y concurrían presencialmente a sus trabajos.

La clínica por supuesto siguió funcionando, pero tan solo para urgencias y bajo los estrictos protocolos de seguridad sanitaria impuestos.

Los días fueron pasando, al abrir los ojos cada mañana, imaginaba que ese sería el día, el día en que llamaría, el día que me diría que ni bien pudiera viajar, dejaría Rosario para siempre y volvería a vivir a Buenos Aires, el día que me diría que había decidido volver a estar juntos, para retomar nuestra vida allí donde la habíamos dejado.

Pero en las noches, luego de otro día sin noticias, me volvía a refugiar en el whisky, y por momentos comenzaba a pensar en que mi vida debía de dar un giro.

Dos o tres veces por semana, al salir de la clínica pasaba por casa de Susana, aunque en esos días, nos veíamos tan solo a través de la ventana. Cada vez estaba mejor, y ella misma sin que yo se lo preguntara, me decía que Lorena no había llamado.

Volví a dejarme la barba, y tampoco me cortaría el pelo, nuevamente, hasta volver a verla.

Lo peor eran los fines de semana, se me hacían tan largos que decidí trabajar también los viernes.

Habían pasado varios meses, y no tenía ninguna noticia de Lorena, ni yo, ni tampoco Susana, y por supuesto ya me había empezado a preocupar.

La llamé varias veces por teléfono a su número de Rosario, pero todas las veces me daba apagado o fuera del área de cobertura.

Algunos días me daba por pensar que ya no volvería a verla y que a pesar de todo mi vida debía continuar.

Para el mes de septiembre de ese año, la cuarentena se comenzó a flexibilizar en algunas cosas, los argentinos que estaban fuera del país, pudieron comenzar a volver, algunas actividades habían vuelto a funcionar y el movimiento dentro del país, se empezaba a permitir, aunque aún con muchas restricciones aún.

Casi a finales de octubre, el jueves veintidós como a las siete de la tarde, estaba sentado en el sillón, pensando en todo y en nada, cuando sonó el timbre de casa, me levanté lo más rápido que pude, maldita la hora en que no hice arreglar aún el visor del portero, tuve que ir hasta la puerta.

En el trayecto, fui deseando que, como aquella vez, fuera ella quien tocaba el timbre, pero al mirar por la mirilla, vi a dos niños pequeños.

Les abrí la puerta, y me preguntaron si tenía algo para darles, les dije que me esperaran un momento y fui hasta la cocina, en una bolsa puse un montón de cosas, galletitas, frutas, un cartón de leche, yogur y un jugo de frutas.

Volví a la puerta les entregué la bolsa, me agradecieron con una sonrisa y se despidieron, creo que decepcionado, volví al sillón a tomarme un whisky.

Un momento después, volvió a sonar el timbre, pensé que eran nuevamente esos niños, y abrí la puerta sin siquiera mirar por la mirilla, y ahí estaba ella, doscientos treinta y cuatro días después, la volví a tener frente a mí.

El corazón se me disparó, creí que se me saldría del pecho, pero su mirada clavada en la mía, y esta vez su sonrisa, le dieron una nueva razón a mis días.

-LORENA: Hola Manu! Volví!

-MANUEL: Hola Lorena! Pasá por favor!

Entró y cerré la puerta, caminó hacia el estar y yo tras ella.

En ese momento deseaba que no fuera una alucinación, que fuera verdad.

Estaba tan nervioso que no sabía qué decir.

-MANUEL: Sentate por favor!

Me miró y volvió a sonreír.

-LORENA: ¿Otra vez la barba y el pelo largo?

-MANUEL: Otra vez!

-LORENA: Ya estoy acá! Sí ese es el motivo, ya podés afeitarte! Aunque te queda linda la barba!

-MANUEL: ¿Cuándo volviste?

-LORENA: Hoy cerca de las cinco de la tarde! Estuve un rato con mamá y luego me vine!

No sé si era la pregunta adecuada en el momento adecuado, pero tuve que hacerla.

-MANUEL: ¿Hasta cuándo te quedas?

-LORENA: He vuelto para quedarme!

Esas cuatro palabras, eran tan solo las que quería escuchar, no sé que vendría después, pero al volver de Rosario, ella había venido a verme, y eso encendió en mí una pequeña luz de esperanza, en esos pocos segundos, mi cabeza elucubró un montón de situaciones, incluso que hubiera vuelto para que volvamos a ser lo que fuimos.

Pero no me quise aventurar guiado por mi ansiedad, necesitaba saber un poco más, si bien había vuelto para quedarse, eso no significaba, en una primera instancia, que volviera conmigo, necesitaba calmarme, respirar hondo y escucharla.

No tenía bien en claro qué decir ni cómo actuar, no lo podía negar, aunque cualquiera pueda pensar que soy el más grande de lo idiotas, quería ilusionarme.

-MANUEL: ¿Ya no volverás a irte?

-LORENA: Ya no quiero esconderme, tengo que enfrentar mi vida cara a cara, y por eso es que estoy aquí! Fui una estúpida cobarde que no pudo enfrentar sus acciones, que te hizo mucho daño, que te abandonó cruelmente durante tanto tiempo! La única razón de mi vida, es que me des la oportunidad de pedirte perdón! Ya no quiero que sufras más por mi culpa! Acepto cada cosa que me digas o que hagas, no importa lo que sea, lo único que necesito es que vuelvas a ser feliz, es todo cuánto deseo, ninguna otra cosa en esta vida me importa más que eso, y es lo único que me mantiene viva! Ya no quiero que sufras más!

-MANUEL: ¿Imaginás de qué depende mi felicidad? ¿A quién he necesitado en todo este tiempo para ser feliz?

-LORENA: Sí es lo que yo pienso y siento, te juro por mi vida que daré mi cuerpo, mi corazón y mi alma para que así sea! Si puedo tener esa oportunidad, te juro que haré todo lo imposible para que seas el hombre más feliz del universo, si lograra eso, mi vida en este mundo volvería a cobrar sentido.

-MANUEL: Ya te he dicho que nunca dejé de amarte, qué no me importa lo que haya pasado, solo necesito mirar hacia adelante, volver a creer, volver a confiar, volver a sentir que la dueña de mi corazón aún me ama, y que pese a todo, está dispuesta a volver a intentarlo!

-LORENA: Para eso es que he vuelto, deseando que me dieras otra oportunidad, siempre has estado y estarás en mi corazón, no hay lugar en él para nadie más, no en la forma en que te amo, y quisiera que me des la posibilidad de demostrártelo, en cada día que me quede por vivir!

-MANUEL: Sabes muy bien que esa oportunidad está dada, no me importa lo que pasó, ya es el pasado, te vuelvo a tener frente a mí, y tu mirada me sigue cautivando como el primer día, no puedo imaginar una vida sin tu amor! Te amo y te amaré por siempre, te amo como nunca creí que podía amar a una mujer, y no deseo otra cosa, que volver a estar juntos, continuar allí donde lo dejamos y dejar todo este tiempo guardado en algún rincón de nuestro ser.

-LORENA: Espero que entiendas que no será fácil para mí, no puedo borrar de un plumazo todo lo que he vivido, me avergüenzo de muchas cosas, y me arrepiento de todas ellas, no sé si seré capaz de perdonarme todo el daño que te he causado.

-MANUEL: No me importa el tiempo ni lo que haga falta para que vuelvas estar bien, pero te ofrezco mi amor, el que siempre tuve por vos, el que me da la paciencia y la templanza para decirte qué deseo con toda mi alma que nuestras vidas vuelvan a juntarse.

-LORENA: Sos un hombre maravilloso Manu! Espero ser merecedora de esta oportunidad, nunca he dejado de amarte, aunque me haya desviado del camino, aunque me haya equivocado muchas veces, hace tiempo que me prometí a mí misma, que no habría ningún otro hombre en mi vida más que vos, que ningún otro hombre me tocaría, y si me das la oportunidad, este día, te lo prometo a vos! Lo que me quede por vivir, lo viviré a tu lado, solo a tu lado, y haciendo todo lo posible, para hacerte el hombre más feliz del mundo.

La tomé de la mano y no fuimos a sentar al sillón, pasé mi mano sobre sus hombros y la atraje hacia mí, no paraba de llorar.

Nos quedamos un buen rato así, con su cara apoyada en mi pecho y yo acariciando su pelo suavemente.

-LORENA: Cuanto deseaba esto, lo he extrañado tanto…!

-MANUEL: Yo también, pero ya no lo extrañaremos más!

Le ofrecí un té y me dijo que si, fuimos los dos a la cocina y mientras preparaba el té para ella y un café para mi, nos mirábamos sin terminar de creer aún lo que estaba pasando.

-MANUEL: Lo único que me importa, es lo que vivamos de aquí en adelante, ya hemos sufrido bastante, pero quiero que sepas, que voy a respetar el tiempo que haga falta! Para todo! Ya no tengo apuro, sé que voy a disfrutar todo lo que venga, y a su tiempo por supuesto!

-LORENA: Siento que no soy la misma que me fui, pero te juro que pondré lo mejor de mí para que vuelvas a ser feliz!

-MANUEL: Yo tampoco soy el mismo! En ese caso pondremos los dos lo mejor para ser felices!

-LORENA: Perdón Manu por ser tan estúpidamente egoísta, tan cobarde, tan desalmada! Me arrepiento de tantas cosas que hecho tan mal…

Quizás cualquier otro hombre en mi lugar, ya hubiera pasado página, hubiera dejado todo atrás y hubiera seguido con su vida, quizás yo sea un estúpido, pero no he podido, y la vida me vuelve a proponer el reto, seguir amando, volver a confiar, volver a creer, y como buen estúpido enamorado, vuelvo a apostar.

-LORENA: ¿Cómo voy a agradecerte esta oportunidad!

-MANUEL: Creo que una buena forma sería, llegar a casa y encontrarte escribiendo, no importa qué, y que mientras tomamos unos mates, me lo leas, tan solo para volver a decirte que es muy bueno! Porque sé que así será!

-LORENA: Sos un hombre maravilloso! Nunca dejaré de amarte y de pedirte perdón!

-MANUEL: No hace falta!

Nos volvimos a abrazar, y a quedarnos en silencio, un rato después, la sentí respirar pausadamente, se había dormido con mis caricias.

La tomé en mis brazos, y la llevé a nuestra habitación, la acosté en su lado de la cama y tan solo le saqué las zapatillas, la tapé y me acosté a su lado, también con la ropa, no quise sacármela esa noche.

Antes de dormirme, no pude evitar las lágrimas, pero esta vez, porque el corazón me explotaba de felicidad, otra vez estaba junto a mí, durmiendo en nuestra cama.

En la mañana cuando sonó mi despertador, Lorena no estaba en la cama, pasé por el baño, y fui a buscarla.

La encontré hablando con Adela, las dos con una sonrisa.

Que felicidad volver a verla sonreír!

Se acercó a mí y me dio un abrazo y un suave beso en los labios.

Luego fue el turno de Adela, que me estrujó con su abrazo, y me aboyó la mejilla con un beso.

-ADELA: Estoy muy contenta! Y ya sé lo que le gusta desayunar a Lorena!

Nos sentamos a desayunar los tres, y Lorena me pidió que la dejara en casa de su madre cuando iba a parar a la clínica.

Nos despedimos de Adela, y salimos.

Al llegar a casa de Susana, cuando abrió la puerta no hizo falta decirle nada, con la cara de Lorena ya se había dado cuenta.

La abrazó con lágrimas en los ojos y lloraron las dos en ese abrazo. Luego también me dio a mí un abrazo muy sentido.

-SUSANA: Qué feliz me hace esto!

Conversamos un momento pero ya tenía que irme para la clínica, me despedí de Susana que me volvió a abrazar, y Lorena me acompañó hasta la puerta.

Nos despedimos con un beso en los labios, y no me contuve las ganas de abrazarla.

De camino a la clínica iba pensando en que no me importaba, si volvía a vivir a casa inmediatamente, podríamos "noviar" hasta que Lorena decidiera volver a estar juntos, sabía que aún seguía preocupada por su madre, y habiendo logrado el vínculo que nunca habían tenido, no la iba a presionar.

A partir de ese momento, mi vida había dado un vuelco, era viernes y al llegar le diría a Marcelo, que volvería a atender consultorio y a operar de lunes a jueves, volvía a tener un buen motivo para los fines de semana de tres días.

A eso de las cuatro de la tarde, Lorena me mandó un mensaje, invitándome a cenar a casa de Susana, y lógicamente le dije que sí.

Cuando salí de la clínica, pasé por casa, mientras tomábamos unos mates le conté a Adela, lo que había pasado el día anterior, y lo que vendría de aquí en adelante, Adela estaba feliz, y antes de ir para lo de Susana la llevé a su casa.

De camino compré helado, sé que a las dos les gusta, y cuando entré en casa de Susana, Lorena me recibió con un hermoso abrazo, un beso en los labios, su mirada clavada en la mía, y esa sonrisa que tanto me gusta y que cada vez me volvía a cautivar.

La cena estuvo más que bien, conversamos animadamente, nos reímos como hacía tiempo no nos reíamos, y cerca de la una de la mañana, les dije que me iba para casa.

Susana le dijo a Lorena que se fuera conmigo, pero decidió quedarse, para seguir cuidándola.

El sábado me levanté temprano, habían quedado atrás las borracheras y las resacas, desayuné con Adela y estuvimos conversando casi hasta el mediodía.

Habíamos terminado de almorzar, cuando Lorena me llamó por teléfono, puse el altavoz y hablamos sin ningún reparo delante de Adela.

Ese día volví a pasar por casa de Susana por la tarde y me quedé con ellas hasta la noche.

El domingo fuimos los tres a almorzar a la costanera y luego paseamos un rato, hasta que a la tardecita, las llevé nuevamente a su casa.

Durante esa semana, estuvimos “noviando” todos los días, Lorena vino a casa un par de veces y yo pasé por lo de Susana los otros días, pero no se quedó ninguna noche en casa.

El viernes por la mañana, me llamó Lorena por teléfono y me contó que su madre le había dado un ultimátum, que estuviera conmigo sí o sí ese fin de semana, hasta el domingo en la noche, y si no le hacía caso se iba a enojar mucho y no le iba a dirigir la palabra.

Nos reímos con Adela, y quedamos en que a las dos de la tarde la iba a buscar, para que almorzara con Susana.

Llegué a su casa y antes de bajar del auto, vinieron a mi mente esos días del comienzo de nuestra relación, cuando iba a buscarla y luego la llevaba a su casa.

Con el mate preparado, nos fuimos a pasear, terminando en la costa del río en San Isidro, tomando unos mates a la sombra de un árbol.

Volvimos para casa a eso de las siete de la tarde, lógicamente Adela estaba esperando que volviéramos, para saludarnos antes de irse.

Nos había dejado la cena preparada, y hasta la mesa puesta, es un sol esa vieja!

Conversamos con ella un rato y luego se fue para su casa, hasta el lunes, le dije que el sábado se lo tomara, y antes de irse, con cara de pícaro, me dijo:

-ADELA: Buen fin de semana! Pásenlo lindo! Diviértanse mucho!

-MANUEL: Gracias Adi! Qué descanses!

Mientras esperábamos para la hora de cenar, estuvimos conversando un rato, sentados en el pasto del jardín, con ella apoyada sobre mí.

Me contó que en esos meses de encierro por la pandemia, había hablado mucho con Elvira y que antes de volver, le dijo que le gustaría escribir la historia de su vida, le había parecido muy interesante todo lo vivido por ella en su juventud, en su trabajo entre hombres y en sus historias amorosas.

Me gustaba que estuviera volviendo a pensar en escribir, sabía lo importante que siempre ha sido para ella y era una forma de retomar su vida.

También pensé en un momento en que ese fin de semana dormiríamos juntos. Mentiría si dijera que no deseaba volver a encontrarme con ella íntimamente, pero iba a esperar a que ella lo planteara, no sabía aún si estaba lista para volver a nuestra sexualidad.

Luego de cenar, nos quedamos un rato en el sillón mirando una película, y cuando terminó, nos fuimos para la habitación.

Casi como antes, pasamos los dos por el baño y luego no fuimos a la cama, como siempre, me quedé en bóxer para dormir, Lorena se quitó su ropa de espaldas a mí, la volví a notar un poco más delgada, se puso su ropa de dormir y se acostó a mi lado.

Se apoyó en mi pecho y la abracé, me sentía pleno en ese momento y poco me importaba si hacíamos el amor o no.

Conversamos un rato de varias cosas y en el momento que Lorena se quedó dormida, me quedé pensando en lo que estaba viviendo.

En la mañana abrí los ojos, y la tenía abrazada haciendo la cucharita, sentía mi habitual erección matutina contra su cuerpo, pero me quedé quieto un buen rato, disfrutando de amanecer junto a ella.

Casi una hora después, se movió, abrió los ojos y al darse vuelta, me miró con una sonrisa y me dijo:

-LORENA: Como extrañaba esto!

-MANUEL: Nada más lindo que amanecer en tus ojos!

-LORENA: Te amo Manu! Te amo para siempre!

-MANUEL: Yo también te amo corazón! Y quiero que seas la mujer más feliz! Es lo único que me importa!

-LORENA: A tu lado solo puedo ser feliz! Aunque he hech…

Apoyé mis dedos en sus labios y no la dejé terminar, ya sabía lo que iba a decir.

-MANUEL: Ya no lo digas! Quisiera que todo eso quede guardado en algún lugar de tu cabeza, que no esté a cada momento en tus pensamientos, lo que ha pasado ya pasó, dejemos ese sufrimiento en el pasado, solo me importa lo que nos queda por vivir!

-LORENA: Te amo mi cielo!

Nos levantamos, pasamos por el baño y fuimos a preparar el desayuno, con todo preparado nos fuimos al jardín a la sombre de las plantas.

Desayunamos pensando en que podríamos hacer durante el día y decidimos luego de almorzar, dar un paseo, el día estaba hermoso y aprovecharíamos el sol.

Adela había dejado una tarta preparada y tan solo la tuvimos que calentar. Nos sentamos a almorzar y luego entre los dos juntamos y ordenamos todo.

Dimos unas vueltas en el auto y terminamos en el Tigre, paseamos un rato por la zona del Mercado de Frutos, nos tomamos unos mates a la orilla del río y a eso de las seis de la tarde, nos volvimos para casa.

Lorena me dijo que iba a darse un baño, ropa suya había de sobra en casa, que decir que me hubiera gustado bañarme con ella, como lo habíamos hecho tantas veces años atrás.

Luego fue mi turno, y mientras yo lo hacía, Lorena se puso a cocinar para la cena.

Le ayudé al salir del baño, luego puse la mesa y nos sentamos a cenar.

Luego de comer, nos fuimos un rato al parque y nos sentamos en las reposeras de la pileta a conversar bajo ese cielo estrellado.

Cerca de las once de la noche, nos fuimos para la habitación, al igual que el día anterior, pasamos por el baño, nos cambiamos y nos acostamos.

Abrazados nos acariciamos entre besos, eran caricias tiernas, en su cabeza, su espalda, sus brazos, los míos y mi espalda.

Los besos poco a poco fueron siendo más intensos, nuestras lenguas ya volvían a encontrarse después de tanto tiempo.

Casi sin quererlo, nos íbamos encendiendo, para esas alturas, ya tenía una completa erección, y Lorena lo pudo comprobar, cuando movió su pierna que terminó sobre mi cuerpo.

Un beso largo, completamente cargado de pasión, diciéndonos el amor que nos teníamos, se interrumpió abruptamente.

Lorena se enderezó quedando de rodillas en la cama, sentada sobre sus talones.

En ese momento creí que aún no estaba preparada, y por supuesto lo entendería y esperaría el momento adecuado.

Pero mirándome a los ojos, con una leve sonrisa, tomó con ambas manos la remera por abajo, lentamente la levantó y se la sacó por su cabeza, quedando tan solo con la bombachita, y sus tetas desnudas frente a mí después de tanto tiempo.

Mis ojos fueron directo a su tatuaje, y a mi mirada le siguió una caricia, la miré con ternura, con el amor que le tengo.

Se inclinó hacia adelante lentamente, su boca buscó la mía, y su pecho se encontró con mi pecho, quedando acostada sobre mí.

Nos volvimos a besar con amor, con pasión, con deseo, sentía que había llegado el momento, pero no quería apresurar nada, lo que más necesitaba era que sintiera mi amor en cada beso, en cada caricia, en cada gesto.

Casi como automáticamente, mis manos acariciaron su espalda, y bajaron hasta su culo, que volvía a estar en mis manos.

A partir de allí, la pasión fue creciendo exponencialmente, giramos en la cama, nos dimos vuelta, nos arrodillamos frente a frente, y lentamente fui bajando su bombachita, para volver a tenerla completamente desnuda ante mí.

Lorena hizo lo propio con mi bóxer, y ya desnudos los dos, nos volvimos a acostar, a besar y acariciar recorriendo nuestros cuerpos.

Quería que ella manejara la situación, que llegáramos hasta donde ella quisiera o deseara, en una de las vueltas que dimos quedé sobre ella, apoyando mi erección en su pubis, me besó suavemente, me miró a los ojos y me dijo:

-LORENA: Necesito volver a sentirte dentro de mí, solo a vos, a nadie más en mi vida!

Sus lágrimas brotaron en el momento en que comencé a entrar en ella, lo hice lentamente, suavemente, acariciándola y besándola con amor, necesitaba volver a expresarle también con mi cuerpo, todo lo que sentía por ella.

Cuando mi erección estuvo por completo en su interior, me abrazó fuerte y con la voz entrecortada por el llanto me dijo:

-LORENA: Te amo mi vida! Te amo para siempre! Lo único que me importa es que seas feliz!

-MANUEL: Con vos soy feliz mi vida! Quiero que tengamos la mejor vida que podamos tener! Que el tiempo que nos quede por vivir juntos, sirva para olvidarnos de todo y tan solo ser felices!

Lo hicimos lentamente, sintiéndonos, amándonos, hacía tiempo que no tenía relaciones, y sabía que no iba a demorar mucho, y en el momento tan conocido por mí, en que supe que llegaba su orgasmo me dejé ir en su interior.

Fue tanta la emoción del momento, que tampoco pude evitar las lágrimas.

Me salí de ella, pero seguimos abrazados y acariciándonos hasta quedarnos dormidos.

Cuando abrí los ojos el domingo, la miraba dormir plácidamente, nuevamente desnuda nuestra cama y me volví a sentir feliz.

Miré mi reloj y eran las once de la mañana, la dejé dormir un rato más y fui a preparar el desayuno.

Cuando volví a la habitación Lorena ya estaba despierta, le di los buenos días con un beso y un te amo, me abrazó fuerte y también me dijo que me amaba.

Luego de desayunar en la cama, nos levantamos y nos duchamos juntos.

Volví a preparar el mate, y de su mochila saqué su notebook.

Volví a la habitación y entregándole la notebook le dije:

-MANUEL: Nada me hace más feliz que verte escribir, está nublado y el pronóstico anuncia lluvias, que mejor que quedarnos mateando en la cama.

Me miró con esa sonrisa que me atrapa, y abriendo su portátil, me leyó entre mate y mate, lo que había comenzado a escribir sobre la vida de Elvira, no podía sentirme más feliz.

Como a las dos de la tarde nos levantamos y preparamos entre los dos algo para comer.

Mientras almorzábamos, hablamos de su madre, y se me ocurrió proponerle algo.

-MANUEL: Desde el accidente de Susana, he visto cómo ha cambiado la relación entre ustedes, y me encanta que así sea, que daría yo por tener una relación así con mi madre...

-LORENA: Es verdad, la relación con mamá cambió mucho, en realidad creo que la que cambió fui yo, y fui consciente de lo que significa tener aun a mi madre.

-MANUEL: Estaba pensando, en dos alternativas que quería comentarte.

Me miró con cara de no entender nada, pero le expliqué mis pensamientos.

-MANUEL: Sabés lo que quiero a tu madre, y estuve pensando en que podríamos hacer esa ampliación que alguna vez hemos pensado, o tal vez vender esta casa y comprar otra más grande y que Susana viva con nosotros, así no tendrías que repartirte y podríamos volver a vivir juntos.

-LORENA: Sos terrible Manuel! Estás pensando en todo!

-MANUEL: Podríamos construir un dormitorio o dos y un baño arriba, o comprar una casa más grande, pero me gustaría saber tu opinión.

-LORENA: Me encanta que lo hayas pensado, pero no quisiera que vivir con mi madre, nos quitará la intimidad que necesitemos.

-MANUEL: Podríamos construir arriba, y dejarle la planta baja a Susana, así tendríamos más independencia, pero viviendo en la misma casa, ¿qué te parece?

-LORENA: Qué estás un poco loco! Pero te amo cada día más!

-MANUEL: ¿Lo hacemos?

-LORENA: Eso sería compartir la vida con las dos personas más importantes de mi vida en este momento, pero no quisiera que nos sintiéramos limitados.

-MANUEL: Creo que la única limitación que tendríamos, quizás sería andar desnudos por la casa, pero podemos tener toda la intimidad que quisiéramos, en la planta alta!

-LORENA: Cómo te amo! Debés de ser el único hombre que quiere vivir con su suegra!

-MANUEL: Mañana mismo me pongo manos a la obra! Además estoy seguro que Susana se llevará muy bien con Adela!

-LORENA: Seguramente!

-MANUEL: Son dos viejas locas! Seguro se van a entender a la perfección! Además si en algún momento nos pinta irnos a algún lado, tu vieja se puede quedar con Adela!

-LORENA: Lo tenés todo pensado!

Estábamos terminando de almorzar, cuando se largó a llover.

Juntamos y ordenamos todo, y luego de tomar un té, Lorena me dijo:

-LORENA: Con este día no da para salir a pasear, está más para una siesta!

Su sonrisa pícara me lo dijo todo, y yo más que predispuesto le di la razón.

-MANUEL: Tenés razón mi cielo, qué mejor que una siesta con esta tarde lluviosa!

Nos fuimos para la habitación, no hizo falta decirnos nada, nos quitamos la ropa y desnudo nos acostamos en la cama.

Por supuesto no dormimos la siesta, nada más lindo que hacer el amor escuchando la lluvia.

Esta vez la pasión se desató un poco más, y nos gozamos por casi una hora, Luego de eso sí, nos dormimos un rato.

A las seis y media de la tarde, nos levantamos y nos volvimos a duchar juntos, luego tomamos unos mates, y Lorena se preparó para volver a casa de Susana.

Me hubiera gustado que se siguiera quedando en casa, pero sabía que en poco tiempo, volveríamos a estar juntos, y esta vez por el resto de nuestras vidas.

El mismo lunes por la mañana, llamé por teléfono a la prima de Marcelo que es arquitecta, y esa misma tarde, vino a casa, para comenzar con la ampliación.

Le dije que no queríamos nada estruendoso, pensando quizás en que en algún momento, traeríamos un hijo al mundo, le dije de hacer en la planta alta dos dormitorios y un baño, y un ambiente más, que pudiéramos usar, como escritorio, sala de estar, de juegos para nuestros futuros hijos, o tan solo para guardar cosas.

Me dijo que la obra era algo sencillo, y que seguramente en un par de meses podría estar terminada, le dije que cuanto antes mejor, se llevó los planos de la casa, tomó algunas medidas, hizo algunas fotos y dos días después me presentó el proyecto.

Acordamos verlo en casa, y esa tarde luego de la clínica pasé a buscar a Lorena y fuimos para casa.

Le encantó la propuesta, y le dije que cuanto antes empezáramos con la obra.

En el tiempo que duró la obra, poco más de dos meses, seguimos “noviando”, Lorena se quedaba los fines de semana en casa, y durante la semana dormía en casa de su madre.

Para el veinte de diciembre, ya estaba lista la ampliación y dos días después, ya estaba viviendo Susana en casa, lo que significaba que Lorena también lo hizo, y a partir de allí, volvimos a vivir juntos.

Llegaron las fiestas de fin de año y las pasamos en casa con Susana y Adela en la Navidad y con ellas, Marcelo y Viviana en año nuevo.

A mediados de enero, decidimos tomarnos un fin de semana con Lorena para hacernos un viajecito, Adela se quedaría en casa acompañando a Susana.

Decidimos irnos siete días a Punta del Este, nos fuimos un viernes y volveríamos el viernes siguiente, para no perder horas en la ruta, cruzamos el río en ferry, llevando el auto.

Realmente fueron unos días maravillosos, volvimos a encontrarnos, volvimos a ser uno, paseamos, fuimos a la playa, salimos de copas, a un par de discotecas, cenamos en varios restaurantes, y en el hermoso hotel, nos hicimos el amor todas las noches, aunque también un par de días en la tarde o la mañana, de a poco íbamos recuperando el tiempo perdido.

El jueves en la noche, decidimos quedarnos hasta el lunes, abonamos la diferencia en el hotel, y cambiamos los pasajes de regreso.

Lorena le avisó a su madre y Susana le dijo que nos quedáramos lo que quisiéramos, ella estaba muy bien y en buena compañía.

El viernes por la noche, luego de cenar, fuimos a la playa y estuvimos caminando un rato por la orilla, con las frías olas mojándonos los pies, y en tan agradable momento, volvimos a hablar de un hijo.

-LORENA: Amor, se que quizás sea apresurado o no lo sé, pero algunas veces hemos hablado de tener un hijo, y lo hemos dejado para más adelante, ¿creés que pueda ser este el momento?

-MANUEL: Nada me haría más feliz que tener un hijo tuyo! Y si decidimos que este es el momento, pues pongámonos a trabajar en ello!

-LORENA: No puedo estar más enamorada de vos y segura de que sos y serás el único hombre en mi vida! Hasta mi último suspiro te estaré amando!

Decidimos que al volver a Buenos Aires, dejaría de tomar las pastillas y si tenía que ser, pues que sea!

Nuestra nueva vida volvía a ser hermosa, no nos incomodaba la presencia de Susana, la muy zorra sabía cuando dejarnos solos e ir a su habitación a mirar allí la TV.

Los primeros días de marzo, y ante un atraso en la llegada de su período, Lorena me lo comentó y fuimos a comprar una prueba de embarazo.

Al día siguiente, un martes bien temprano, fuimos los dos al baño, Lorena hizo la prueba y minutos después, salimos de allí abrazados y llorando de felicidad, estaba embarazada!

Ese mismo día fuimos a ver a una amiga que es ginecóloga y obstetra y Lorena se puso en sus manos.

Cuando se lo contamos a Susana y a Adela, todo fue felicidad en casa, a partir de ese día se puede decir que Lorena vivió entre algodones.

Un par de meses después, aún con náuseas, mucho sueño y cansancio, a Lorena se le empezó a notar la pancita.

Adela se encargaba de que se alimentara correctamente y en cada control, nuestro bebé crecía normalmente.

En la ecografía del cuarto mes, supimos el sexo, los dos queríamos saberlo, tendríamos una niña y a partir de ese momento, empezamos a pensar el nombre. No fue difícil, el primer nombre que nos surgió, en realidad a Lorena, fue Alma y a mí me encantó, y a partir de ese momento, ya no hablábamos de nuestro bebé sino de Alma.

No podíamos estar más felices, Alma crecía normalmente, y Lorena no había subido casi de peso hasta ese momento.

La panza de Lorena seguía creciendo día a día, como crecía nuestra felicidad de que cada día faltaba menos para que naciera y nos llenara de la dicha de ser sus padres.

Volví a ver algo pálida a Lorena, y en la consulta con su doctora, le indicó unos análisis y algunas vitaminas.

Hasta casi el octavo mes del embarazo, seguimos teniendo relaciones, por momentos Lorena, estaba más excitada que de costumbre, y a mí me encantaba que hiciéramos el amor.

Pero con el crecer de su panza, los dolores de cintura, más que en algunos días se le hinchaban las piernas, dejamos de tenerlas, aunque alguna que otra noche, nos sacábamos un orgasmo el uno al otro acariciándonos.

Desde que supimos que estaba embarazada, todas las tardes, frente a la ventana de nuestro dormitorio y con el jardín de fondo, le sacaba una foto a Lorena en ropa interior, para tener la secuencia del crecimiento de nuestra hija en su panza.

En la tarde del nueve de noviembre, luego de la foto, Lorena comenzó a tener contracciones, al principio fueron muy pausadas, pero ya en la noche, empezaron a ser más frecuentes.

Luego de cenar, Lorena apenas había probado bocado por las contracciones, se dio un baño, llamamos por teléfono a su obstetra para comentarle de las contracciones, y la frecuencia en que las tenía y nos dijo que a las diez de la noche nos esperaba en la clínica.

En todo momento traté de tranquilizarla, pero las contracciones eran cada vez más seguidas, y llegamos a la clínica minutos antes de las diez.

La obstetra la revisó, ya estaba en pleno trabajo de parto y la llevaron a la sala de partos, lógicamente yo quería estar con ella, y siendo médico me lo permitieron.

Nuestra hija nació en perfecto estado de salud, a las tres menos diez de la mañana, de ese diez de noviembre de dos mil veintiuno, entre lágrimas apoyé a nuestra hija en el pecho de su madre, las besé a ambas, y fui yo quien cortó el cordón umbilical.

Lorena estaba exhausta, pero no quería soltar a nuestra Alma.

El pediatra se ocupó de nuestra hija, y luego la obstetra terminó con las maniobras del posparto.

En todo momento estuve con Lorena hasta que la llevaron a una habitación, y esperamos un momento allí a nuestra hija, que ni bien la trajeron, volvió al pecho de su madre.

Nuestra felicidad era completa, Alma aún con su carita hinchada por el parto, me parecía la beba más hermosa del mundo.

Después de un buen rato Lorena se quedó dormida, estaba reventada.

Ya estaba amaneciendo, cuando lo llamé a Marcelo para avisarle, y por supuesto decirle que a partir de ese día, no iría a la clínica, por al menos dos o tres semanas.

Lorena estuvo dos días en la clínica, y yo por supuesto con ellas, por decisión de los dos, no quisimos que nadie nos visitara, queríamos disfrutar los tres con tranquilidad de esos primeros contactos con nuestra hija.

En los momentos en que Lorena dormía, hice algunos llamados telefónicos para preparar una bienvenida en nuestra casa, mandé a comprar flores para Lorena, un cartel en la entrada que decía bienvenida Alma a nuestra casa, y varios peluches para nuestra hija.

Salimos de la clínica luego del mediodía, y al llegar a casa, su abuela lloraba de felicidad, abrazó a Lorena, y tomó en brazos a su nieta.

Adela también estaba muy emocionada, y nos abrazó a los dos con lágrimas en los ojos.

Hinchados estábamos todos de felicidad, nuestra Alma había iluminado la casa.

Rápidamente Alma se prendió a las tetas de su madre, y veía la cara de felicidad de Lorena, cada vez que alimentaba a nuestra hija.

Con los días se le fueron deshinchando los ojitos, y cada vez me parecía más hermosa.

No sé si eran ideas mías, pero la veía igual a su madre, aunque no solo era yo, unos días después Susana buscó unas fotos de cuando Lorena era bebé, y sin lugar a dudas Alma era una fotocopia de su madre.

Lógicamente nos teníamos que acostumbrar a esta nueva vida, a los cuidados de nuestra hija, a dormir cuando podíamos, pero de todos modos estábamos felices.

Casi al mes de nuestra hija, volví a trabajar a la clínica, y las cuatro chicas quedaban en casa, desde que había nacido Alma, solo había ido dos veces a la clínica para unas cirugías de urgencia.

Cómo era de esperar, todos me felicitaron cuando entré, Alicia la primera, me estrujó con un abrazo entre lágrimas, incluso varios pacientes que sabían que había nacido mi hija, se aparecieron con regalos para la pequeña Alma.

Me encantaba llegar a casa y encontrar a nuestra hija en brazos de su madre o de su abuela,

Casi un mes después, volvieron nuestros encuentros íntimos, lógicamente, en el momento en que Alma lo permitía.

Las fiestas de ese fin de año fueron hermosas, todo era felicidad en nuestra casa, y que mejor manera de comenzar el año, que estando felices y en familia.

Alma estaba cada vez más hermosa, por supuesto, cada vez más parecida a su madre.

Lorena rápidamente recuperó su peso, incluso estaba un poco más delgada, pero su mirada y su sonrisa, seguían siendo las mismas.

No había nada más lindo, que llegar a nuestra habitación en las noches, y acostarnos los tres en nuestra cama.

Poco a poco Alma fue durmiendo cada vez un poquito más, y ya para el mes de marzo, tan solo se despertaba un par de veces en las noches.

En el mes de mayo, decidimos bautizar a nuestra hija, los padrinos fueron lógicamente, Marcelo y Viviana.

Luego hicimos una pequeña reunión en casa, aunque nuestra hija no entendiera nada de lo que estaba pasando.

Lorena poco a poco, y en los momentos en que Alma se lo permitía, había vuelto a escribir sobre la vida de Elvira, y cada vez que podía, me iba leyendo lo que había escrito, en verdad esa mujer había tenido una vida interesante.

Nuestra hija estaba cada vez más grande y yo la veía cada vez más parecida a su madre.

Faltando un par de meses para el cumpleaños de Alma, comenzamos a organizar la fiesta, el lugar, los invitados, la comida, y la ropa de gala para la pequeña.

Una tarde al llegar de la clínica, Alma estaba en brazos de su abuela, y al saludarla me dijo que Lorena estaba en el baño por un dolor de estómago.

Luego de saludarlas, fui a ver cómo se encontraba, y me contó que había tenido unas puntadas, pero que ya habían pasado.

Antes de irse, Adela le dejó preparado algo liviano para la cena.

Faltaban unos días para la fiesta de cumpleaños de Alma, y ya teníamos todo preparado.

Salimos una tarde a comprarle ropa a la pequeña, y como no nos decidíamos, le terminamos comprando, tres vestidos diferentes, uno más lindo que el otro.

Unos días antes de la fiesta, aprovechando qué alma se había dormido temprano, nos fuimos apurados a la cama, e hicimos el amor, suavemente, tranquilos, y disfrutándonos.

A la mañana siguiente cuando sonó mi teléfono, mis chicas dormían plácidamente, Lorena aún desnuda, mirando hacia la cuna de alma, y con la luz del día, vi unas zonas de la piel de su espalda, que llamaron mi atención, de unos tonos más pálidos, y en algunas zonas algo amarronados, en contraste con su piel más clara.

Desayunamos mientras Lorena le daba la teta a alma, y se lo comenté, le dije que quizás se tendría que hacer un chequeo general, para ver si todo estaba bien.

Me dijo que no se sentía mal, y que podríamos hacerlo luego del cumpleaños de alma. Estuve de acuerdo, pero me quedé algo preocupado.

Llegó el día de la fiesta de cumpleaños de nuestra reina y fue más que maravillosa, Alma estaba hermosa con ese vestidito blanco y los zapatitos también blancos.

La llenaron de regalos y la cena estuvo en verdad estupenda, hicimos miles de fotos sobre todo de nosotros tres, Lorena también estaba hermosa con ese vestido blanco haciendo juego con la ropa de Alma.

Un par de días después, Lorena se despertó en la noche, con unas puntadas en el estómago, creyó que quizás algo le había caído mal, y fue al baño.

Aún seguía amamantando a alma, por lo que no quería darle ningún medicamento para mitigar esos dolores.

Me levanté para ver cómo se sentía, y me dijo que ya iba pasando.

Si bien esas puntadas no eran muy seguidas, en verdad me preocupaban, y cuando volvimos a la cama, le propuse que viéramos a su médica clínica, para que le hiciera los estudios que hicieran falta, accedió y me dijo que en esa semana le iba a pedir un turno.

Al día siguiente consiguió un turno para el viernes de esa semana, y desde la madrugada de ese martes, hasta el viernes, volvió a tener esas puntadas en el estómago, un par de veces más, incluso con náuseas y vómitos.

Si bien soy médico, no podría diagnosticar con exactitud lo que le está ocurriendo, y su doctora sería la más idónea para eso.

Ese viernes me escapé de la clínica para acompañarla, la doctora le mandó a hacer análisis de sangre, una ecografía abdominal y una tomografía.

Si bien en la clínica teníamos equipos para realizar esos estudios, los médicos de diagnóstico por imágenes, están especializados en traumatología, y al salir del consultorio, hablé con un amigo que es socio de un centro de estudios, y me dijo que fuera con Lorena al día siguiente.

Esa misma tarde volvió a tener esas malditas puntadas, que la hacían doblarse, y también dolor de espalda, que Lorena me dijo que venía de hacía tiempo, pero se lo había atribuido al embarazo.

La mañana siguiente, en ayunas fuimos a que le extrajeran sangre para los análisis, estaba casi seguro de qué estaba algo anémica.

Al día siguiente, tendríamos el resultado de la tomografía y la ecografía abdominal junto con los informes.

Esa tarde, Lorena volvió a estar descompuesta de la panza, con náuseas y vómitos también, y yo me preocupaba cada vez más.

Llamé a la clínica y les pedí que suspendieran los turnos de todos mis pacientes hasta nuevo aviso.

Lorena no pasó una buena noche, estuvo con dolores estomacales y de espalda, aunque no volvió a tener vómitos.

A eso de las once de la mañana, el médico que había hecho la tomografía, me mandó un mensaje diciéndome que por mail, me había enviado el estudio y el informe.

Alma dormía en ese momento, y nos sentamos los dos en el sillón para chequear ese mail.

Al abrirlo, encontré adjuntas, las imágenes del estudio, y aunque no soy especialista en diagnóstico por imágenes, veía ciertas protuberancias que no me parecían normales, y en verdad no me gustaba nada.

Lo último era el informe, y al leerlo, no pude evitar las lágrimas.

Aunque en lenguaje técnico, allí decía, que se veían irregularidades en el páncreas, compatible con células cancerígenas, y también eran visibles alteraciones morfológicas en ganglios, hígado y estómago.

En ese momento la miré a Lorena, que también leía el informe, sin decirnos nada la abracé.

Lloramos los dos.

-LORENA: ¿Tengo cáncer mi amor?

-MANUEL: Eso dice el informe mi vida, pero vamos a hacer más estudios, vamos a ir a ver a los mejores médicos para ver cómo salimos de esta mi cielo!

Nos quedamos un rato abrazados, y la tristeza en su cara me mataba, pero tenía que mantenerme fuerte, veríamos a los mejores médicos, haríamos todos los tratamientos que fueran posibles, y si teníamos que viajar al exterior también lo haríamos, cualquier cosa para que esto pase.

Un rato después hice varias llamadas telefónicas, la primera a Mauricio, un compañero de la facultad que se había especializado en oncología, le conté la situación, y me dijo que al día siguiente fuéramos a verlo con todos los estudios.

Al día siguiente por la mañana fui a buscar los resultados de laboratorio, y a mi entender había alteraciones en los glóbulos rojos y estaba bastante anémica, pero quería que mi amigo lo viera todo.

Esa noche Lorena volvió a tener dolores y vómitos, y cuando nos acostamos volví a mirar su piel con buena luz, y como había visto días atrás, algunas zonas estaban muy pálidas, algo amarillentas.

Hablé por teléfono con Marcelo, le expliqué la situación, y le dije que por el momento no volvería a la clínica, que estaría con Lorena todo el tiempo que hiciera falta.

El médico oncólogo luego de revisar a Lorena y de ver todos los estudios, nos miró a los dos, hizo un pequeño silencio, ante lo cual Lorena le dijo:

-LORENA: Mauricio, por favor decime todo! No me ocultes nada! Necesito saber a que me enfrento!

-MAURICIO: Lorena, Manuel, lamentablemente, tengo que confirmarlo, el cáncer de páncreas está en un estadio IV, muy avanzado y se ha propagado a la pared del estómago, al hígado y a los ganglios inguinales!

-MANUEL: ¿Que hay qué hacer?

-MAURICIO: Lamentablemente, el páncreas ya no está en condiciones quirúrgicas, lo único que queda por intentar es radioterapia y quimioterapia, pero desde ya les tengo que decir que estos tratamientos no garantizan el retraimiento del cáncer, desgraciadamente, se encuentra muy extendido. Pero de todas formas, lo vamos a intentar!

-MANUEL: ¿Hay algo más que se pueda hacer? No sé… ¿algún tratamiento nuevo, experimental, fuera del país?, que sé yo! Algo más!

Su cara lo dijo todo, aunque no fueron sus palabras, me dio a entender que quedaba muy poco por hacer.

Mauricio nos contó detalladamente los tratamientos que debíamos comenzar lo antes posible y quedando de acuerdo en comenzar el lunes siguiente, nos despedimos de él, agradeciéndole por todo.

Por supuesto salimos los dos llorando, no lo quise decir, pero las expectativas de vida de Lorena no eran muy auspiciosas.

Llegamos a casa y les contamos a Susana y a Adela que esperaban ansiosas nuestro regreso, las dos terminaron llorando abrazadas a Lorena.

El médico le dio a Lorena una medicación, y al comenzar a tomarla tendría que dejar de amamantar a Alma.

Ese jueves me dijo que comenzaría a tomar las pastillas el lunes, que iba a ser muy duro para ella dejar de darle la teta a nuestra hija, y quería disfrutarlo unos días más.

Alma ya hacía meses que comía de todo, pero esos días, Lorena se sacó leche de sus pechos, y los fue guardando en el freezer, para ir alternando con la leche de fórmula que comenzaría a tomar Alma.

Esa noche luego de que alma se durmió, estuvimos conversando en la cama, Lorena con lágrimas en los ojos, me dijo:

-LORENA: Esto es una mierda mi amor! Justo en el mejor momento de mi vida, en el momento en que vuelvo a ser feliz con vos y con nuestra hija!

-MANUEL: Vamos a hacer todo lo posible cielo mío! Todo lo que podamos hacer lo vamos a hacer! Le vamos a dar batalla a ese puto cáncer!

-LORENA: Claro que sí mi amor, pero el pronóstico no es bueno, y tengo que ser realista, no sé cuánto me quede por vivir, pero lo poco o mucho que me quede, lo quiero disfrutar, sé lo que tengo, y agradezco saberlo, disfrutar de vos y de nuestra hija el tiempo que me quede, y necesito pedirte que este fin de semana, antes de empezar el tratamiento, hagamos de cuenta de que nada pasa, quiero disfrutar estos días con vos! Quiero que hagamos el amor alocadamente, tenerte dentro de mí! Antes de que mi cuerpo se deteriore, quiero que volvamos a disfrutar de nosotros! Sé que luego vendrán tiempos difíciles y no sé cómo va a estar mi cuerpo! Por favor mi amor, estos días quiero olvidarme de todo y disfrutarlo!

-MANUEL: Por supuesto corazón! Lo vamos a disfrutar!

-LORENA: Estuve pensando algo, pero voy a necesitar de tu ayuda!

-MANUEL: Por supuesto corazón! Lo que necesites!

-LORENA: Voy a grabar unos videos para alma y el día que yo no esté, voy a necesitar que vos se los enseñes!

-MANUEL: Si Dios quiere no hará falta!

-LORENA: Si todo sale bien y sigo con vida, se los mostraré yo, y si no me gustaría que vos lo hagas!

-MANUEL: Dalo por hecho corazón!

Ese fin de semana fue maravilloso, paseamos con nuestra hija, el sábado en la noche salimos a cenar, dejando a Alma con su abuela, y luego de cenar pasamos la noche en un hotel, el mejor hotel que conseguí, la mejor habitación, con un jacuzzi incluido.

Luego de la cena fuimos a un bar a tomar una copa, y luego nos fuimos para el hotel.

Fue una noche maravillosa, nos hicimos el amor varias veces, incluso en el jacuzzi, nos amamos en cada instante, en cada beso, en cada caricia, en cada sensación de nuestros cuerpos.

Como me lo había pedido, traté de dejar de lado lo que estábamos viviendo, y disfrutamos esa noche como si de una luna de miel se tratara.

Luego de desayunar en el hotel, con pocas horas de sueño volvimos para casa, y pasamos un hermoso domingo con nuestra hija y con Susana.

El lunes Lorena comenzó a tomar la medicación, y los dolores fueron calmando, pero el miércoles comenzó el tratamiento de quimioterapia y radioterapia.

El tratamiento tenía que ser contundente desde el principio, y lógicamente impactó en el cuerpo y en el ánimo de Lorena.

Los efectos de la quimioterapia, la volteaban, literalmente la dejaban hecha pelota, pero en esta instancia, era lo necesario.

En los momentos en que se sentía un poco mejor, estaba con Alma todo el tiempo, y me partía el corazón cuando nuestra hija buscaba la teta de su madre.

En verdad admiraba la templanza de Lorena, a pesar de lo que estaba viviendo, tenía esa hermosa sonrisa en su cara.

En los momentos en que alma dormía, aprovechaba para grabar esos videos, que fue guardando en su notebook, junto con unos escritos para nuestra hija.

Me pidió que le comprara un cuaderno de tapa dura, y allí, en cada momento que podía, fue escribiendo cosas para Alma, buscaba figuritas las recortaba y las pegaba, le hacía dibujitos y le escribía cosas.

Tenía que ser fuerte, por ella y por nuestra hija, pero por momentos no podía contener las lágrimas, cuando la angustia me ganaba, me iba a hacer alguna compra o a darme un baño.

Fueron unas semanas muy duras, Lorena estaba cada vez más delgada, aunque nunca perdió la sonrisa.

Estuve todo el tiempo con ella, luego de los tratamientos, el médico le volvió a hacer varios estudios, pero el cáncer no remitía.

Un sábado por la mañana, dejamos a Alma con su abuela, y le pedí que me acompañara a un lugar, no le dije dónde íbamos.

Salimos con el auto y terminamos en una casa de tatuajes, al igual que ella, me tatué en el pecho sus iniciales, y en los tobillos las fechas que ella tenía tatuadas, más la fecha del nacimiento de nuestra hija.

Lorena me preguntó si podía tatuarse, en verdad no lo sabía, pero le dije que lo hiciera de todos modos, y también se tatuó la fecha de nacimiento de Alma.

Fueron meses muy duros, ver cómo se deteriora la persona que más amas, no se lo deseo a nadie.

El maldito cáncer fue indolente, Mauricio me decía que ya nada podíamos hacer, más de lo que ya se había hecho, sus órganos comenzaron a fallar, pero nunca perdió la sonrisa.

Los primeros días de octubre, su cuerpo ya no pudo, pocas fuerzas le quedaron para seguir luchando, y ese nueve de septiembre ingresó en la clínica, para no volver a salir.

Los dolores eran insoportables y solo la morfina le daba unos momentos de alivio.

Todo el tiempo estuve con ella, y cuando estaba consciente quería ver a Alma.

Su abuela y Adela eran quienes se ocupaban de ella en esos momentos, y quienes la llevaban a la clínica para que su madre pudiera verla.

En la madrugada del trece de septiembre, se despertó, yo estaba sentado en la silla a su lado, me miró a los ojos y me sonrió.

-LORENA: Te amo para siempre vida mía! Allí donde esté, estaré velando por tu felicidad y la de Alma! Cuídala mucho! Que sea feliz! Tanto como lo he sido yo a tu lado! Sos un hombre maravilloso y sé que nuestra hija tendrá al mejor padre!

-MANUEL: Te amo con el alma! Ya nos volveremos a encontrar! Te amaré toda mi vida! Fuiste, sos y serás el amor de mi vida! Y Alma siempre sabrá quién fue su madre! Mi corazón se irá con vos!

-LORENA: No mi cielo! Esto pasará y solo deseo que vuelvas a ser feliz! Que encuentres una mujer que te ame y a la que puedas amar, y allí dónde esté, seré feliz! Te amo para siempre mi amor! Fuiste lo más lindo de mi vida! Vos y nuestra hija! Los amo a los dos para siempre! Me gustaría darle un beso a Alma.

Eran casi las cuatro de la mañana, y me fui a casa, cargué a Alma y volví a la clínica con nuestra hija y con Susana!

Menos de una hora tardé en volver, y por suerte Lorena aún estaba despierta, puse a nuestra hija sobre su pecho, en ese momento se despertó y Lorena la llenó de besos.

Susana abrazó a Lorena y se besaron entre lágrimas, luego nos dejó solos un momento.

Sentado en la cama junto a ella, me dijo:

-LORENA: Amor, sacá una foto de los tres juntitos!

-MANUEL: Claro que sí mi amor!

Tomé mi teléfono e hice una selfie de los tres, justo Alma miró hacia el teléfono con una sonrisa, Lorena hizo su mejor sonrisa y la foto salió hermosa, si no supiera lo que estaba pasando, se podría decir que ese era un momento de felicidad.

-LORENA: En el primer cajón del placard, dejé algunas cosas, por favor te pido que cuando puedas se las entregues a esas personas.

-MANUEL: Por supuesto amor mío!

-LORENA: Perdón por el dolor que te hice vivir! Solo quiero que seas feliz! Te lo merecés! Vos más que nadie! Te amo para siempre!

-MANUEL: Te amo para siempre!

La besé con todo el amor que le tengo, le dio un último beso a nuestra hija y luego de una exhalación prolongada y un leve quejido, dejó de respirar, aún con su hermosa sonrisa.

Me largué a llorar desconsoladamente sobre ella, nos quedamos un buen rato allí con Alma, hasta que un momento después llegaron el médico y la enfermera, avisados por el aparato al que Lorena estaba conectada.

Tomé a Alma en brazos mientras desconectaban todos los cables y le quitaban las vías del suero y de los calmantes.

Luego me volví a acercar a ella, acomodé su cabello, acaricié su carita y le di un suave beso en los labios.

-MANUEL: Ya no hay más dolor cielo mío! Hasta pronto amor de mi vida! Te amaré por siempre! Buen viaje! Podés irte en paz corazón, espero que mi amor y el de nuestra hija te acompañen allí donde vayas! Y te prometo que daré mi vida para que Alma sea feliz durante el tiempo que me quede por vivir!

Salí de la habitación un rato después, me abracé a Susana y lloramos los dos.

Al día siguiente fue el velatorio y el sepelio, por lejos el momento más triste de mi vida, pero en mi vida estaba nuestra Alma, y por ella seguiría adelante.

Al volver a casa, me quedé con Alma hasta que se quedó dormida a la hora de su siesta.

En ese momento fui a nuestra habitación y abrí el primer cajón del placard, dentro había varias cosas, su notebook, el cuaderno donde había escrito tantas cosas para Alma, varios sobres cerrados, uno grande para Elvira, uno para Julio, otro para Susana, también uno para Adela y uno para mí.

Abrí el que tenía mi nombre, dentro encontré dos hojas dobladas, una era esa foto de Punta del este que tanto nos gustaba, llena de corazones dibujados y un “te amo por siempre” escrito de puño y letra, y en la otra hoja, también escrita por ella, una carta decía:

“Amor de mi vida:

Porque eso es lo que has sido y serás siempre, siempre para mí.

Si estás leyendo estas líneas es porque ya no estamos juntos físicamente, pero allí donde esté, te seguiré amando, por siempre estarás en mi corazón.

Has hecho que mi vida valga la pena, a tu lado he sido la mujer más feliz del universo, me lo has dado todo y espero haberte correspondido.

Cada momento que hemos estado juntos, los atesoro como los mejores de mi vida, cada viaje, cada despertar a tu lado, cada día, cada noche, cada vez que hemos hecho el amor, cada sueño, cada proyecto, cada mirada, cada caricia, cada te amo, lo llevaré por siempre en mi corazón.

Sos un hombre maravilloso, siempre lo fuiste, cometí muchos errores y sin embargo has estado allí amándome incondicionalmente, me voy en paz, sabiendo que nuestra hija tendrá el mejor padre del mundo!

En mi notebook, en el escritorio, encontrarás una carpeta que se llama “Alma” allí hay varios video para nuestra hija! Sé que quizás falte tiempo para que pueda entender lo que ha pasado, pero he intentado estar presente en los momentos importantes de su vida.

Esto no me lo esperaba, me tomó por sorpresa en el mejor momento de mi vida, pero no siempre podemos manejar nuestro destino, y decidí que si no tenía solución, daría gracias infinitas por todo este hermoso tiempo a tu lado, pero necesito pedirte que no te dejes caer, tu vida debe continuar, deseo con todo mi ser que puedas ser feliz el tiempo que te quede por vivir, lo merecés, vos más que nadie, y allí donde esté, te esperaré hasta volver a encontrarnos!

Hasta pronto amor mío! Te amaré para siempre!”

Por supuesto no pude evitar las lágrimas, ¿cómo se hace para seguir viviendo sin ella?

Encendí la notebook y abrí la carpeta de Alma en el escritorio, dentro tenía un montón de videos, cada uno con su nombre, uno para cada cumpleaños de nuestra hija hasta sus dieciocho años, también uno para cuando comenzara y otro para cuando terminara el jardín de infantes. Otros dos para la escuela primaria y otros dos para la secundaria. También uno para cuando nuestra hija tuviera su primer período, su primer novio y su primer desengaño amoroso, decidí no verlos, lo haría junto con ella, en el momento preciso de cada uno de esos hechos de la vida de nuestra hija.

Les entregué a Susana y a Adela el sobre que Lorena había dejado para ellas, y me quedé jugando con Alma, que ya había despertado de su siesta.

Una semana después, volví al trabajo en la clínica, mi vida tenía que continuar, Alma merecía al mejor padre que pudiera ser.

Casi un mes después, viaje a Rosario un viernes temprano en la mañana, llegué antes del mediodía y pasé primero por el bar de Julio.

Le expliqué quien era y mientras tomábamos un café, le conté lo que había pasado y le entregué el sobre que Lorena había dejado para él. También le mostré unas fotos de Alma y algunas cosas de nuestra vida luego de su regreso a Buenos Aires.

Julio no pudo evitar las lágrimas luego de leer la carta, y nos despedimos con un abrazo.

Luego fue el turno de Elvira, Julio la había llamado por teléfono diciéndole que iría, para que supiera quién era yo.

Al tocar timbre, fue ella misma quien abrió la puerta, me presenté y me invitó a pasar.

Le entregué el sobre y lo abrió sacando lo que pude ver, era lo que había escrito Lorena sobre su vida, junto con una carta de puño y letra.

Mientras tomábamos el té que me había ofrecido y que acepté gustoso, leyó la carta y por supuesto no pudo evitar las lágrimas.

Hablamos por más de dos horas, pero le dije que quería llegar a casa antes del anochecer para ver a Alma antes de que se durmiese.

Nos despedimos también con un abrazo, prometiéndole que la llamaría y le enviaría fotos de Alma.

De regreso a Buenos Aires, iba pensando en cada cosa que me habían dicho de Lorena, tanto Julio como Elvira, me habían dicho que era una chica excepcional, pero con un gran dolor y mucha tristeza, pero que los había reconfortado, saber que había vuelto a ser feliz.

Era sábado por la tarde, finales de noviembre de dos mil veintidós, estaba sentado a la sombra en la reposera de la pileta, donde solía sentarse Lorena, pero esta vez no me acompañaba el whisky, sino mi amada Alma, que gracias a Dios, tiene los ojos de su madre, y cada vez que la miro, veo a mi amada Lorena.

Muchos dicen que el verdadero amor, nos llega solo una vez en la vida, sé que aún me queda mucho por vivir, pero estoy seguro que nunca podré amar a otra mujer como he amado y amo a Lorena.

El universo cruzó nuestros caminos, fuimos felices, las vueltas de la vida nos distanciaron un poco, pero el amor siempre estuvo en nuestros corazones, volvimos a ser felices, y el fruto de nuestro amor, que sonríe a mi lado, así lo demuestra, pero quiso el destino que se volviera a ir, esta vez para no volver, pero sigue cada día dentro de mí, en mis pensamientos, en mis recuerdos y en la sonrisa de nuestra hermosa Alma.

Fin.

Epílogo

En aquellas tardes que volvimos a conversar, me terminó de contar su historia, demás está decir que no pude contener las lágrimas y varias tardes volví llorando al complejo.

Esos días Manuel no estuvo solo en su casa de La Lucila, Alma, Susana y Adela había venido con él a descansar esos días de finales de enero, y por supuesto también las conocí a ellas.

Alma es una hermosa chiquilla, con unos hermosos ojos color miel y una angelical sonrisa, que según los dichos de Manuel, es igual a la de su madre.

Cenamos todos juntos ese sábado de enero, donde pudimos conversar con Susana, con Adela y con Manuel, recordando a su amada Lorena.

Lo que pasó ese día de noviembre de dos mil dieciséis, y las decisiones, a mi ver, equivocadas de Lorena, los había separado por casi tres años, pero el amor que se tenían, pudo estar por sobre todos los sufrimientos de ambos, permitiéndoles, al menos por un tiempo, volver a ser felices juntos, y tener esa hermosa niña, que sin lugar a dudas, tendrá el infinito amor de su padre, y seguramente sabrá muy bien quien fue su madre.

Jejen.

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