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La esposa que aprendió amirarse -11 Modelo de sald

Gema siempre se sintió segura en su rutina, hasta que una marca de lencería vio su foto y quiso su cuerpo para un catálogo público. Ahora, la idea de que sus vecinos y familia la vean desnuda en internet no la asusta, la excita. Y Javi, su esposo, está decidido a que no haya vuelta atrás.

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MODELO DE SALDO

El siguiente jueves por la tarde, mientras yo estaba todavía en el trabajo terminando un arreglo que se había complicado más de la cuenta, Gema recibió la llamada de Laura. No pude hablar con ella hasta bien entrada la noche, cuando por fin llegó a casa pasadas las nueve. Había sido uno de esos días largos en los que apenas nos cruzamos, yo salí temprano, ella abrió la cafetería, mensajes cortos de “te echo de menos” y “llega pronto”, pero nada más. El cuerpo me pedía verla y saber cómo había ido el día, una pregunta sin más, pero en mi mente aquella pregunta siempre buscaba el mismo tipo de respuesta.

Entró con el pelo revuelto por el viento de poniente, unos leggins super ceñidos de color negro que se pegaban como una segunda piel a cada curva de su cuerpo. La tela fina y elástica le marcaba todas las caderas anchas, los muslos generosos y fuertes, y sobre todo ese culazo respingón y casi grande que parecía desafiar la gravedad, pero lo peor era por delante, marcaba el coño de forma exagerada, durante todo el día debió ser oda una propuesta a las miradas furtivas y no tan furtivas.

Cada paso que daba hacía que la carne se moviera con una cadencia hipnótica, y se notaba perfectamente cómo el tanga que llevaba debajo se le clavaba entre las nalgas, dejando una línea perfecta y profunda que se adivinaba bajo la tela estirada al límite. La blusa blanca fina, metida por dentro, solo acentuaba el contraste, arriba los pechos medianos y altos sin sujetador, moviéndose libres con cada respiración, toda ella parecía pedir ser agarrada, sujeta por unas manos fuertes.

Cerró la puerta, dejó el bolso en el suelo y vino directa al sofá donde yo ya estaba sentado con una cerveza en la mano. Se dejó caer a mi lado, se quitó los zapatos con un suspiro y apoyó la cabeza en mi hombro, girándose un poco para que viera cómo los leggins se tensaban aún más al sentarse, el tanga marcándose como una fina cuerda entre las nalgas generosas.

—Joder, Javi… ha sido un día eterno —murmuró, besándome suave el cuello—. Pero Laura me ha llamado esta tarde. Y… madre mía.

La miré, notando cómo le brillaban los ojos verdes con esa mezcla de nervios y excitación que ya me ponía la polla dura solo de verla. Mi mano bajó casi por instinto, rozando la curva de su culo sobre los leggins, sintiendo la tela caliente y el tanga hundido debajo.

—Cuénta...—le dije, la voz ronca, mientras mis dedos seguían el contorno de esa línea que se perdía entre sus nalgas.

Ella respiró hondo, se mordió el labio inferior y empezó, mientras se removía contra mi mano, haciendo que el tanga se clavara un poco más.

—Estaba cerrando la cafetería cuando me llamó. Me dijo que una pequeña marca de lencería para mujeres de nuestra edad —treinta y pico, curvilíneas, reales, nada de tallas cero— había visto la foto suave que subí a mi insta y las que Laura puso en su portafolio y redes. Les flipó. Se pusieron en contacto con ella, Laura, y preguntaron directamente por “la modelo”. Quieren hacer un pequeño catálogo, nada gigante, pero con fotos profesionales, conjuntos cómodos pero sensuales, corsés suaves, bodis que marquen curvas sin apretar demasiado, lencería fina que se vea bonita en cuerpos como el mío. Les gustó mi look, mi forma de posar en las fotos que vieron, y quieren ver más. Saber cómo me desenvuelvo en una sesión real, cómo me muevo, cómo miro a cámara… si valgo la pena para ofrecer algo.

Hizo una pausa, abrió un poco más las piernas para que mi mano bajara por el interior del muslo, rozando el calor que ya se notaba a través de los leggins.

—Laura les contestó que estaba hablando conmigo porque teníamos una sesión pendiente —la de exteriores del viernes— y que, si a mí me parecía bien, podrían asistir ellas también. No para grabar ni nada que fuera excesivo, solo para observar, ver cómo poso, para ver si me siento cómoda con ese tipo de ropa, cómo reacciono a las instrucciones. Si les convence, me harían una oferta formal, una sesión pagada para su catálogo, con las prendas que ellos envíen, y quizás alguna colaboración más pequeña. Nada de desnudo total, todo sensual, elegante… pero con mi cara visible si yo quiero.

La miré fijamente, sintiendo cómo se me aceleraba el pulso. Gema estaba preciosa ahí, cansada del día, pero con esa chispa que solo sale cuando el morbo la toca de lleno. Mi mano subió de nuevo, apretando ese culazo que se desbordaba bajo los leggins, notando cómo el tanga se clavaba entre su culo y su coño.

—¿Y tú qué le dijiste? —pregunté, metiendo los dedos por debajo de la cintura elástica, rozando la piel caliente y el hilo del tanga que se perdía entre sus nalgas.

Ella se rio bajito, abrió un poco más las piernas para dejarme tocarla.

—Le dije que me lo pensaría bien esta noche… contigo. Que me flipa la idea, que me pone nerviosa pero también me excita muchísimo. Imagínate, Javi, posar para una marca de verdad, con ropa que me manden, sabiendo que van a vender conjuntos con mi cuerpo de ejemplo. Que mujeres como yo vean las fotos y piensen “yo también puedo verme así”. Y que al mismo tiempo… sea yo, la de la cafetería, la que sirve cafés y ahora posa en lencería para un catálogo.

Se inclinó y me besó profundo, la lengua enredándose con la mía, mientras mi dedo se colaba, sintiendo el tanga mojado y pegado al coño hinchado.

—Y la sesión de exteriores… —siguió jadeando contra mi boca—. Sigo queriéndola. Quiero hacerla privada, como dijiste, desnuda y erótica, en la calle, pero nada de publicar lo explícito. Pero ahora, con esto de la marca encima… joder, me da aún más ganas. Quiero probarme, ver si me desenvuelvo bien, si puedo posar como una profesional. Y si luego me ofrecen algo… lo hablamos. Paso a paso.

La tumbé en el sofá, le bajé los leggins hasta medio muslo de un tirón, dejando el tanga a la vista, empapado y clavado entre las nalgas. Me bajé los vaqueros y la penetré despacio, profundo, mientras ella gemía bajito.

—Hazlo —gruñí, embistiéndola con fuerza, agarrando ese culazo que rebotaba contra mis caderas—. Todo, hazlo todo, la sesión en la calle. Deja que la marca mire si quiere, pero que sea tu decisión. Y cuando vuelvas… me cuentas cada detalle, cómo te has sentido expuesta al aire, cómo te han mirado, cómo has posado pensando en ese catálogo. Y yo te follo sabiendo que quizás, solo quizás, tu cuerpo va a estar en lencería que otras mujeres se pondrán.

Gema aceleró, clavándome las uñas en la espalda, el coño apretándome en espasmos.

—Vale… le digo que sí a Laura. Que la marca puede venir a observar. Pero nada de publicar todavía. Solo para nosotros… y para ver si encajo.

--Ahora coge a nuestro amigo y fóllame con el... los dos a la vez.... por dios!!!

Sali corriendo hasta el dormitorio, recogí esa polla de goma que invitábamos a aquel juego y me volví a incrustar en ella... y junto a mi... nuestro amigo el artificial...

Por fin ella se corrió, con mi polla dentro, lo hizo temblando, apretándome dentro con fuerza, y yo la seguí, llenándola mientras los dos jadeábamos, y nuestro amigo nos acompañaba lleno de los flujos de ambos.

La mañana siguiente, viernes, el móvil de Gema vibró mientras preparaba la cafetería para su apertura. Era Laura. Contestó con voz baja, todavía con el delantal puesto y el pelo recogido en una coleta rápida.

Gema: Hola Laura, buenos días. ¿Todo bien?

Laura: Buenos días, reina. Oye, necesito verte hoy mismo si puedes. ¿Estás en la cafetería? Quiero hablar contigo antes de lo de nueva sesión. Es importante.

Gema: Claro, estoy aquí abriendo. ¿A qué hora te viene bien?

Laura: En media hora estoy ahí. ¿Me haces un café con leche y un cruasán?, que voy con hambre. Y… prepárate, que vamos a charlar de cosas serias.

Gema colgó, sintió un nudo en el estómago y siguió preparando la máquina de café con las manos un poco temblorosas. Media hora después, Laura entró por la puerta con su bolso de cámara al hombro, gafas de sol en la cabeza y esa sonrisa profesional que siempre tranquilizaba un poco. Se sentó en la mesa del fondo, lejos del mostrador, y esperó a que Gema le llevara el café y el cruasán.

Cuando Gema se sentó frente a ella, Laura dio un sorbo al café y fue directa.

Laura: Mira, reina… he estado pensando mucho en lo de la sesión urbana. Quiero aplazar la sesión de exteriores unos días. No cancelarla, solo moverla una semana o diez días, para plantearla mejor. Hay tiempo para que compres o pruebes más ropa, para que yo busque un sitio aún más seguro y bonito, y para que las dos salgamos ganando, tú te sientas más cómoda y segura y yo consiga unas fotos espectaculares sin prisas.

Gema: Vale… no me importa esperar si es mejor. ¿Qué tenías en mente?

Laura: Genial tia, eres la ostia! Y hablando de eso… creo que deberíamos replantear un poco el nivel de la sesión. Nada de desnudos. ni topless, ni el chocho a la vista, ni poses que enseñen todo. Limitémonos a lencería sensual, ropa interior bonita, poses sugerentes pero elegantes, corsés, bodies, ligueros, tangas que se marquen, pero sin quitarlos, manos cubriendo lo justo, miradas a cámara que digan mucho sin enseñar nada explícito. Quiero que las fotos sean hot, sí, pero con clase. Que no parezcan demasiado ordinarias o porno. Que se vea sensualidad real, poder femenino, curvas como las tuyas… pero que cualquier mujer pueda mirarlas y pensar “quiero sentirme así”, no “esto es demasiado”.

Gema se quedó callada un segundo, removiendo el azúcar en su taza, aunque ya no lo necesitaba.

Gema: Lo entiendo. Me parece bien. De hecho… me da más tranquilidad. No quiero sentir que me estoy pasando de la raya. Quiero sentirme sexy, poderosa… pero sin cruzar esa línea que luego no pueda volver atrás.

Laura: Exacto. Y hay más. Sobre el catálogo de la marca… si al final dices que sí terminas posando para ellos, esas fotos van a ser públicas. No solo en mi porfolio y nuestras redes. Van a ir en su web, en redes, quizás en catálogos impresos pequeños que manden a tiendas o a clientas. Tu persona se hará más publica de lo que lo es ahora, tu nombre o al menos tu imagen reconocible. Clientes de la cafetería van a verte. Familiares. Vecinos. El que entra a pedir un café con leche va a poder googlear “Gema lencería” y verte en corsé o en body, posando con esa mirada que mata. Tienes que pensarlo muy bien. Es un paso grande. Te va a exponer de verdad., mucho más que esas fotos que ya están ahí.

Gema bajó la vista a la taza, se mordió el labio inferior y respiró hondo.

Gema: Joder… sí que es grande. No lo había pensado tan en serio. Me flipa la idea de posar para una marca, de que mujeres como yo se vean representadas… pero saber que mi tía, mi prima, o el señor del super de al lado me van a ver en lencería… me da un vértigo que me pone y me asusta a partes iguales.

Laura: Normal. Por eso te lo digo ahora, con calma. No tienes que decidir hoy. Hazlo cuando estés sola, habla con Javi, piénsalo unos días. Si dices que sí, la sesión de prueba con la marca será suave, sensual, pero profesional. Si dices que no… seguimos con lo nuestro, privadas, para ti y para él. Tú mandas, reina. Siempre.

Gema asintió despacio, jugueteando con la cucharilla.

Gema: Vale. Lo voy a pensar bien. Gracias por ser tan clara. Cuando esté lista te digo. Pero sigo queriendo esa sesión erótica en la calle, para mí y para Javi, aunque la hagamos después.

Laura: Perfecto por mí no hay problema... eres una tía estupenda y si sigues queriéndola, despues de todo esto... hasta te la regalo. Te dejo con tu cafetería y tu día. Cuando tengas la cabeza clara, me escribes. Y recuerda, sea lo que sea que decidas, vas a salir ganando. Tienes un cuerpo y una presencia cautivadora para hombre y mujeres.

Laura se levantó, le dio un beso profundo en la mejilla, quizás más prolongado de lo normal y se fue. Gema se quedó sentada un rato, mirando la taza vacía, con el corazón latiéndole fuerte.

Por la noche, cuando llegó a casa y me lo contó todo, todavía llevaba los shorts vaqueros ceñidos que se clavaban entre las nalgas. Se sentó en el sofá a mi lado, abrió las piernas un poco y apoyó la cabeza en mi hombro.

—Javi… Laura quiere aplazar lo de exteriores. Y me ha soltado todo esto de la marca, del catálogo público, de que si acepto me van a ver todos… —susurró, la voz temblorosa, pero con esa chispa que no se apagaba—. Me da mied, pero también me pone y mucho.

Le besé el cuello, solte los botones del short lo justo para meter la mano y agarré donde pude.

—Piénsalo con calma —le dije—. Lo que decidas, lo hacemos juntos. Pero joder… imaginarte posando para una marca, sabiendo que vas a estar en webs y catálogos… me pone la polla dura solo de pensarlo.

Ella se rio bajito, se giró y me besó profundo.

-- Cabrón fóllame esta noche pensando en cómo todo el que quiera, podra verme y hacerse una paja viéndome.

No me lo pensé, le bajé los shorts, ¡¡¡y metí mi lengua entre sus labios vaginales que ya estaban encharcados, AAAHHH!!!, VENGA JODER!!, SE QUE SABES HACERLO MEJOR!!!, VENGA CABRÓN!!!! NO QUIERES QUE ME VEAN COMO UNA GUARRA???!!!, PUES GANATELO!!!

Metía mi lengua, escupía sobre aquel coño ya empapado, mis dedos húmedos y rojos, penetraban esa cavidad que cada vez se hacía más grande, pero sabía que nada era suficiente, que cuando Gema se ponía burra, necesita más...

--¡¡JORDER!! Menudo cabrón... venga... dime como quieres que pose!!! ¡¡Como quieres que me miren y me vean!!

Pero yo lo más que lograba hacer era levantar los ojos para mirar como ella sola se sobaba las tetas, como las maltrataba de forma ordinaria, como se estiraba los pezones hasta límites imposibles.

--¡¡METEME LOS DEDOS EN EL CULO, COÑO!!, HAZME DISFRUTAR COMO SI FUERA TU PUTA!!!, O LA DE OTRO!!!, PERO DAME MAS!!!.. AHAHHHAHHAH!!!

--- AHAHAHAHAH, suspiraba en voz alta, ¡¡¡ QUIERO VERTE FOLLAR CON OTRA!!! QUIERO VER SI ERES CAPAZ DE FOLLARTE A OTRA Y HACERLA DISFRUTAR!!!!...

Me levanté y la envestí con mi polla, aun sabiendo que siempre seria menos de lo que necesitaba, que el tamaño de ese coño no era para mí, pero en ese instante me volví egoísta, y empecé a bombear con fuerza, mientras le contaba como iban a mirarla, como la gente pensaría que era una puta por posar así, de forma pública y estalle, estalle dentro de ella, dejándola a medias, a medias otra vez... los dos con el corazón a mil.

-- ME CAGO EN LA PUTA!!, NO SERA VERDAD???

--Perdona cariño, pero es que... ¿quieres que vaya a por nuestro amigo?

-- JAVI COÑO!!, NUESTRO AMIGO??, CUALQUIER DIA ME DEJO FOLLAR POR ALGUIEN!!, joder Javi, que necesito correrme, que me folles en condiciones y me hagas correrme... ¡QUITA!

Y me echo a un lado levantó y se fue a la ducha...pude escuchar cómo se corría tocándose ella sola.

Esa noche, ya en la cama en silencio. Ella solo con un tanga cómodo marcando una línea profunda entre esas nalgas tan poderosas, quise apoyar la mano en su muslo, pero ella me la apartó

Al final fue ella quien rompió el silencio, girándose hacia mí con los ojos verdes muy abiertos, como si acabara de tener una revelación.

—Javi… cuanto más lo pienso, más me atrae —susurró, la voz baja pero firme—. Al principio me daba pánico lo de que la familia, los vecinos, los amigos… todos me vieran en lencería en un catálogo. Pero… joder, ¿y qué? Es como cuando voy a la playa, me pongo el bikini más pequeño que tengo, me quito la parte de arriba para hacer topless, me tumbo al sol con las tetas al aire, y la gente pasa, mira, algunos se quedan mirando más de la cuenta… y a mí me gusta. Me siento libre, guapa, deseada. Nadie se escandaliza, nadie me juzga de verdad. Es solo un cuerpo en la playa. Pues esto es lo mismo, un catálogo de lencería. Modelos reales, curvas como las mías, posando con conjuntos bonitos. No es porno, no es exhibicionismo salvaje. Es… arte. Es mostrarme como soy, y que otras mujeres digan “yo también puedo verme así”. Si mi prima o mi tía lo ven… que lo vean. Si el vecino del tercero entra en la web y me reconoce… que me reconozca. Al final, soy yo. Y estoy cañón.

Se rio bajito, nerviosa pero decidida, y se quedó mirando.

—Me pone... y sé que a ti también. Saber que van a verme así, en corsé o en body, con esa mirada que pongo cuando estoy cachonda… y que al día siguiente les sirva el café como si nada. Es el mismo morbo que cuando me quito el top en la playa y noto las miradas. Solo que ahora… queda grabado para siempre.

La besé profundo, metiendo la mano por su cintura, apartando el tanga empapado y rozándole el clítoris hinchado.

—Entonces… ¿quieres ir a por ello? —le pregunté, la voz ronca, mientras ella gemía bajito contra mi boca.

—Sí —jadeó—. Dile a Laura que concierte con la marca el día de la sesión de prueba. Que vengan a ver cómo me muevo, cómo poso, cómo miro a cámara. Quiero que me vean en acción. Y si les gusto… que me hagan la oferta. Pero sin prisas. Paso a paso.

-- Pero también te digo una cosa... lo nuestro... tenemos que arreglarlo... no puedes dejarme asi cada vez que hacemos el amor. Tenemos que solucionarlo.

Esa misma noche, perdidos en el morbo, Gema cogió el móvil y escribió a Laura.

Gema: Hola Laura. Lo he pensado bien. Me atrae mucho más de lo que creía. Quiero hacer la sesión de prueba con la marca presente. Concierta con ellas el día que mejor os venga a todas. A ver que les parece y si les gusta… que me hagan la oferta. Estoy lista.

Laura respondió en menos de cinco minutos.

Laura: ¡Esa es mi reina!️ Hablo con ellas mañana a primera hora. Te confirmo, pero creo que el martes por la tarde encajaría perfecto estudio privado, horario discreto, ellas dos solas como observadoras. Nada de presión, solo ver cómo te desenvuelves. Trae lo que quieras ponerte (o usa lo que tengo yo). Va a ser brutal. Prepárate para ser una estrella..

Gema dejó el móvil, se giró hacia mí con una sonrisa lenta y peligrosa, y se subió a horcajadas.

—Martes —susurró—. El martes poso para una marca de verdad… y quizás me vean miles de personas en lencería. Y tú… tú vas a tener que aprender de una puta vez a follarme con fantasías o sin ellas.