Xtories

Mi ingenua novia (IV)

La puerta se abre sin previo aviso y la madre entra con una bandeja de comida. Sara está empalada hasta el fondo, pero Carlos, con una rapidez sobrenatural, minimiza el video y teje una mentira convincente. El morbo de estar a punto de ser descubierta mientras siente la polla de su novio en su útero la lleva al límite.

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- Pensaba que eras tú la que tenía experiencia, y fíjate, no puedes ni metértela entera – dijo Carlos con sorna.

Esto hirió el orgullo de Sara, por lo que poniendo cara de rabia pensó ‘ahora verás’ y saliendo un poco para lubricar volvió a sentarse con fuerza. Nunca se había sentido tan llena, notaba la polla en el fondo de su vagina, casi rozando su útero. Pensó que seguro ya había logrado metérsela entera, pero cuando miró hacia abajo comprobó que todavía quedaba la mitad fuera. Como no quería que Carlos pensase que era una inexperta, volvió a salir para seguir lubricando la zona y repetir el proceso. Justo cuando quedaba solo la punta dentro y estaba a punto de volver a dejarse caer, se oyó un toc toc en la puerta y sin esperar permiso entró su madre con una bandeja llena de comida.

- Holaa, os he traído estas pastas que creo que os habéis quedado con hambre antes.

Del susto Sara intentó salirse, pero actuando con una rapidez con la que nunca le había visto, Carlos puso en el hombro de Sara y empujó fuerte hacia abajo, empalándola hasta el fondo. En un movimiento que parecía tener controlado al dedillo, usó la otra mano para presionar un par de teclas en el ordenador y minimizar el video que estaban viendo.

Sara pegó un gritito de la impresión. Sintió una mezcla de dolor y placer que la hizo apoyar la cabeza en el hombro de Carlos y soltar un largo suspiro que casi parecía un llanto, incluso se le llegaron a humedecer los ojos. Sentía que las paredes de su vagina se iban a desgarrar. Tal y como estaba miró hacia abajo y comprobó que no se veía nada de lo que está pasando pues al haber bajado hasta el fondo, su corta falda cubría los sexos de ambos, por lo que agradeció mentalmente a Carlos por hacer lo que hizo.

La madre se quedó quieta en la entrada, no sabía que interpretar de la situación. Dejó la bandeja en el escritorio y les miró con cara desconfiada.

- Qué hacéis así?

Como Sara, que seguía con la cara enterrada en el hombro de Carlos, no contestaba, pues estaba preocupada que si abría la boca se le escapase un gemido, Carlos respondió:

- Nada mamá, estamos practicando una de las escenas de la obra.

- Y el grito que he oído? Y por qué está encima tuyo? Y tan roja… - dijo con suspicacia.

- Nada mama, es que justo la escena que estamos practicando, Sara se lanza encima mío porque piensa que he muerto y llora sobre mis hombros. Ya sabes la escena del final, antes de suicidarse. El grito que has oído es cuando me descubre muerto. Verdad que si Sara? – dijo dando un par de empujones con las caderas hacia arriba.

- Ah! – Sara suspiró al sentir la polla de Carlos introducirse más en ella si era posible - Si, perdona Manuela, que estaba muy metida en el papel y por eso estoy así de roja, estaba practicando como llorar.

- Ah si? Que bien lo haces! Se te notan las lagrimillas por los ojos. Siempre me he preguntado como los actores pueden llorar a voluntad.

- Oh! – dijo Sara, que notaba la polla de Carlos palpitar dentro suyo, jamás se había sentido tan llena – tu hijo me ha estado ayudando, me hace sentir tan llena cuando ensayamos que no puedo evitar que se me escapen unas lagrimillas.

- Ais este hijo mío, es tan bueno! Todo lo hace bien – dijo apretándole los mofletes de nuevo.

El morbo de la situación estaba poniendo a Sara super cachonda. Pensar que la madre estaba apenas unos centímetros de ella mientras tenía la polla de su hijo incrustada hasta el fondo de su útero la tenía a punto de caramelo. Notaba sus flujos caer y mojar el bañador de Carlos. Solo quería que la madre se fuese cuanto antes para poder continuar con la escena, por lo que agradeció cuando Carlos dijo:

- Bueno ya mamá, que nos cortas la escena y perdemos el ritmo.

- Vale, ya me voy, os dejo aquí la merienda, no os dejéis nada.

- Si gracias por las pastas Manuela, cuando acabemos con la escena nos las comemos, que seguro vamos a tener hambre después de tantas emociones.

En cuanto la madre cerró la puerta se miraron a los ojos. Ambos tenían la cara enrojecida con una mezcla de vergüenza y excitación, pero no pudieron evitar soltar una carcajada de alivio.

- Dios, que excitante! Esto es a lo que referías con la emoción de poder ser pillados? – dijo Carlos.

- Sii, verdad que es una sensación muy morbosa? Por cierto, gracias por ayudarme a meterla entera, si ese empujón que me has dado no sé si hubiera podido hacerlo y quizás se hubiese visto algo.

- No hay de que. Pensé que a la velocidad a la que te la estabas metiendo iba a ser imposible disimular por lo que decidí darte una ayudita.

- Bueno, y como se siente haber dejado de ser virgen? – preguntó con una sonrisa pícara.

- Es la mejor sensación del mundo. Tu coño es super acogedor, nunca me hubiera imaginado lo bien que se siente estar dentro de una mujer, gracias por enseñarme.

- Oisss, que mono. Me alegro de que te guste – dijo acariciándole suavemente la mejilla.

- Te parece si seguimos con la práctica?

- Venga, dale al play y a ver si esta vez no nos interrumpe nadie.

Carlos le dio a un par de botones y la peli volvió a aparecer en la pantalla. Aunque todavía no se había acostumbrado a tener toda la polla de Carlos dentro suyo, Sara intentó hacer un esfuerzo para seguirle el ritmo a la chica y que Carlos no se volviese a quejar. Intentaba no sacarla mucho por miedo a que no pudiese volver a metérsela entera, por lo que se sentía continuamente llena. Con cada movimiento notaba la punta del pene rozándola el techo de la vagina, enviando ráfagas de placer a su cerebro. Jamás había experimentado esa sensación durante tanto tiempo. Aunque la polla de su novio no era pequeña sin duda no llegaba a llenarla de la forma en la que la de Carlos lo hacía.

Sin apenas esperarlo, cuando apenas llevaban un par de minutos ‘ensayando’, sintió un orgasmo comenzar a formarse en lo más profundo de su ser. Intentó contenerse pues sabía que no iba a ser ‘realista’ con la peli y no quería que Carlos la echase la bronca, pero únicamente pudo aguantar 3 o 4 empellones más antes de correrse como nunca lo había hecho antes. Trató de disimular lo mejor que pudo, pero no pudo evitar un estremecimiento que la recorrió de pies a cabeza, haciendo que se la agarrotaran los dedillos de los pies y se le pusieran los ojos en blanco. Se mordió el labio con fuerza para evitar gemir y aunque intentó seguir cabalgando, la sensación de placer fue demasiado intensa, por lo que tuvo que parar unos segundos.

Estaba bastante avergonzada por no haberse podido controlar y haber tenido un orgasmo tan repentinamente. No quería que Carlos se pensase que se estaba aprovechando de él para recibir placer mientras ensayaban, pero sobre todo no quería que se pensase que era una cría inexperta que se corría nada más meterse una polla. Estaba convencida de que Carlos tenía que haber notado su orgasmo, pues estaba tan contraída que sentía que le iba a dejar sin circulación en el pene, pero por suerte para ella, todavía era bastante inexperto y lo único que notó fue el cambio de ritmo.

- Qué te pasa? Por qué te paras? – dijo con molestia a la vez que la agarraba del culo con sus manazas y comenzaba a subirla y bajarla a lo largo de su polla, incrementando inconscientemente así su placer.

Tras unos segundos en los que Sara no contestaba porque estaba aún un poco ida por la sensación de placer, Carlos volvió a preguntar, esta vez más preocupado.

- Estás bien?

- Si, si, es que me duele un poco y necesitaba tomarme un respiro. Lo siento, ahora seguimos – mintió Sara.

- Pues date prisa, que han cambiado de postura – contestó.

Sara miró por encima del hombro y vio que ahora la actriz estaba cabalgando de espaldas con el cuerpo metido entre los asientos delanteros. Todavía acalambrada por el orgasmo, se levantó como pudo y dándole la espalda, metió una mano entre sus piernas para agarrar la polla y mantenerla firme. Se inclinó hacia delante en la misma posición que la chica de la peli y poniendo el capullo en la entrada de su vagina, se dejó caer.

Esta vez estaba más lubricada por el reciente orgasmo, por lo que fue capaz de meterse la polla hasta el fondo de un solo embiste. Oyó a Carlos gemir fuertemente y susurrar ‘Joder…’, por lo que una sonrisilla le asomó en la cara. ‘Para que vuelvas a llamarme inexperta’ pensó.

En esa posición sentía la polla todavía más si cabe. Notaba la punta presionándola en la vejiga, haciendo que su cerebro lo interpretase como que tenía que hacer pis. Miró hacia abajo para comprobar que no se viera nada por si entraba de nuevo la madre y se asustó al ver como la parte superior de su pubis estaba abultada hacia fuera. Extrañada, rozó la zona con su mano para saber qué era y se sorprendió al percatarse que era la polla de Carlos desde dentro de su vagina. Era tan grande y gorda, y ella tenía el vientre tan plano, que cuando se la clavaba entera en esa posición presionaba su abdomen hacia fuera de una forma que se notaba incluso a través de la ropa.

Sentir la dureza de su polla a través de la piel la dio un subidón de morbo increíble. Mordiéndose el labio para no gemir, comenzó a cabalgar siguiéndole el ritmo a la chica de la peli. Aunque se acababa de correr, su estado de cachondez no había disminuido en lo más mínimo y presentía que en esa posición podría volver a alcanzar un orgasmo en poco tiempo, algo que nunca la había pasado antes. Estaba tan concentrada en esas sensaciones que apenas escuchó cuando la chica de la peli dijo:

- Ahhh, es tan grande, no me cabe toda en el culo.

Como daba la impresión de que Sara no se había percatado, Carlos se incorporó hacia delante y susurró en su oído:

- Creo que te has equivocado de agujero.

Con ojos vidriosos Sara miró a la pantalla y su cerebro por fin registró lo que estaba ocurriendo. Seguía sin verse nada explícito, pero la postura de la chica, su cara de sufrimiento y como esta vez subía y bajaba mucho más lentamente, todo parecía indicar que esta vez se la estaba metiendo por el culo, lo cual acabó de confirmar cuando oyó al actor decir:

- Siii, que culito más tragón tienes!

Sara entró en pánico. Estaba convencida que era imposible que le cupiese la polla de Carlos en su estrecho culito. La entraron sudores fríos y se le puso la piel de gallina solo de pensarlo.

- No, no, eso no.

- Venga Sarita, no podemos dejar ahora de imitar lo que sale en la peli, hay que ser realistas.

- Que no. Solo lo he intentado una vez y me dolió muchísimo. Tuvimos que dejarlo a medias, y eso que era más pequeña que la tuya. Imposible que me quepa tu polla.

- A lo mejor era que tu novio no sabía hacerlo y no tenía nada que ver con el tamaño. A que fue él el que llevaba el ritmo?

- Si, insistió en ponerse arriba y la verdad es que fue un poco bruto, no pude sentarme en varios días.

- Ves, seguro fue por eso. Mira, hacemos una cosa, prueba la postura que tienen ahora en la peli y así eres tú la que controla y vas a tu ritmo, ya verás como va mejor, a la chica de la peli le acaba gustando mucho.

- Pero es que tengo miedo de que me vuelva a doler demasiado.

- Venga al menos inténtalo. Si lo has hecho con tu novio deberías probar conmigo también, ya sabes, tenemos que practicar todo lo que hacen las parejas. Además, Imagínate que el profe nos pregunta si hemos hecho esto como prueba de estamos actuando como pareja, y ni siquiera lo hemos intentado.

Esa frase activó un interruptor en el cerebro de Sara. No quería defraudar el profesor que tanto había confiado en ella dándole el papel protagonista de la obra.

- Pero solo intentarlo, si me duele mucho lo seguimos haciendo por la vagina, aunque no sea realista. Seguro que el profe lo entendería.

- Venga, dale.

Sara tenía poca experiencia con el sexo anal. Pensaba que era cosa solo de profesionales y actrices porno, y si había aceptado hacerlo con su novio aquella vez fue solo porque insistió mucho y se lo regaló por su cumpleaños. Sabía que la polla debía estar lubricada, pero no que necesitaba preparar el culo poco a poco con objetos más pequeños, por lo que sacándosela de la vagina, se aseguró que estaba empapada de sus flujos, y poniendo la punta en la entrada de su culo hizo fuerza para metérsela.

Por supuesto al principio no entró nada, por lo que volvió a metérsela en la vagina para lubricarla y lo intentó de nuevo. Esta vez la presión de su esfínter cedió un poco, y logró meterse meter la puntita del gordo capullo. Apenas se había metido medio centímetro, pero la punzada de dolor que la provocó la hizo retroceder asustada.

Carlos, que veía su objetivo cercano y sabía que se conseguía más con miel que con vinagre, la intentó animar:

- Venga, que ya casi lo tienes, el profe y yo vamos a estar super orgullosos de ti cuando logres metértela entera.

Sara le agradeció las palabras y volvió a intentarlo con ánimo, pero estaba tan tensa que la era imposible meterse más de un centímetro por muchas ganas que le pusiera. Tras unos intentos fallidos en los que Sara se apartaba cada vez que lograba meterse un poquito, Carlos se cansó de esperar y poniendo las manos en sus caderas para que no se apartase, empezó a hacer presión hacia arriba con su cuerpo.

Tras mucho esfuerzo el agujerito por fin cedió y logró meterla el gordo capullo del tirón. El esfínter se cerró alrededor del tronco ejerciendo una fuerte presión para el placer de Carlos. Sara boqueó como un pez fuera del agua, y si no chilló del dolor agudo que sintió fue porque se había quedado sin aire. Sentía un ardor intenso que la quemaba por dentro, como si la estuvieran marcando con un hierro al rojo vivo. Intentó separarse pero Carlos la tenía bien agarrada y no podía moverse.

- Shhh, ya pasó – dijo Carlos – deja unos momentos para que se acostumbre.

Sara se quedó quieta durante unos segundos, pero el dolor no subsidia, al contrario, parecía ir a más. Se sentía atrapada y tenía ganas de llorar, por lo que suplicando, le pidió a Carlos:

- Sácamela por favor – dijo con lagrimillas en los ojos.

- Un poco más, que solo ha entrado el capullo. No te puedes acobardar ahora.

- De verdad que no puedo, me duele muchísimo. Si sigues insistiendo me levanto y me voy, aunque no acabemos la escena – contestó alterada.

- Bueno no te alteres – cedió Carlos, que veía que su oportunidad de seguir follándose a Sara se esfumaba – seguimos como estábamos, aunque no sea realista, otro día lo volvemos a intentar – y soltó sus manos para que Sara pudiese salir.

Agradecida, Sara se relajó un poco, aunque seguía estando tensa solo de imaginarse lo doloroso que sería el ser atravesada del todo con semejante pollón por su agujerito trasero, aunque puedo aseguraros que no tardaría mucho en averiguarlo. Con cuidado se la sacó de su culo, el cual notó abierto como la boca del metro a pesar de solo haber podido meterse el capullo. Se frotó un par de veces a lo largo del tronco para volverla a lubricar y colocándola en la entrada de su vagina, comenzó a descender lentamente, esta vez si llegando hasta el fondo.

El alivio que sintió fue inmediato, y poco a poco volvió a retomar el ritmo. Aunque se la había bajado un poco la cachondez, no tardó mucho en volver a ponerse a tono al sentir la polla abriéndose paso dentro suyo por rincones que jamás habían sido alcanzados. Al rato Carlos la atrajo hacia él y comenzó a masajearla los pechos por fuera de la camiseta a la vez que la besaba el cuello. Si habéis leído los relatos anteriores sabréis que eso derretía a Sara, por lo que empezó a gemir bajito a la vez que cerraba los ojos e imaginaba que era yo el que se lo hacía.

Como en esa posición la era más difícil moverse, levantó la mirada hacia la pantalla para ver si algo había cambiado y vio que la actriz había subido los pies en las rodillas del tipo y se daba impulso de esa forma. Imitándola, puso un pie en cada rodilla de Carlos y haciendo equilibrio para no caerse comenzó a cabalgar con un poco de torpeza.

Aunque la falda cubría su sexo, al estar tan abierta de piernas se sentía expuesta como si fuera una vulgar actriz porno. Ese pensamiento provocó sensaciones contradictorias en su cerebro. Por un lado, rechazo de lo que estaba haciendo, que aunque no pudiese considerarse cuernos, seguía siendo follar en una postura degradante que solo había visto en las pelis porno, y encima con alguien de tan poco buen ver como Carlos.

Por otro lado, la idea de que acababa de quitarle la virginidad a Carlos y ya estaba follándola en una postura tan pornográfica, y encima con el morbo añadido de que pudiesen entrar sus padres de nuevo en cualquier momento… ufff, la tenía extremadamente cachonda. Justo en ese momento, Carlos la pellizcó con fuerza los pezones, que se pusieron aún más duros si cabe. La punzada, más intensa y placentera que dolorosa, envió una ráfaga eléctrica que la recorrió toda la columna hasta acabar en su coño, el cual se contrajo de placer y acabó de decantar la balanza hacia el lado del placer.

Llevada por el morbo aumentó el ritmo con el que subía y bajaba y con disimulo llevó una mano a su vagina y comenzó a trazar círculos alrededor de su inflamado clítoris. No quería que Carlos se enterase que lo estaba disfrutando, pero tampoco quería quedarse sin correrse de nuevo sintiendo ese pollón dentro suyo, aunque esta vez no creía que fuese capaz de enmascararlo. Por suerte para ella, apenas unos instantes después oyó a la actriz gemir:

- Dios, me corro, me corro!

Esta vez no tuvo que disimular y se corrió a la vez que la chica de la peli. Se tapó la boca con una mano para no gritar, mientras se frotaba el clítoris con rapidez con la otra. Todos los nervios de su cuerpo se crisparon, incluidas las piernas, que se resbalaron de las rodillas debido a la precaria posición que tenía y se quedaron tiesas en el aire.

- Me corro, me corrooo… – un sonido gutural salió de su boca, como si fuera una vaca mugiendo. Aunque apagado por la mano en la boca, fue más ruidoso de lo que pretendía, pero ese momento le importaba una mierda si los padres la escuchaban. Estaba teniendo el orgasmo más intenso de su vida y pretendía disfrutarlo hasta el final. Durante unos segundos más continuó haciendo suaves círculos alrededor de su hinchado botoncito para alargar lo más posible el placer. Cada vez que ponía un poco más de presión, le daba un escalofrío que la recorría de pies a cabeza. Cuando los temblores pararon, después de lo que pareció una eternidad, Carlos exclamó:

- Joder, que bien actúas, casi parecía que te estabas corriendo también, eres una actriz cojonuda! Incluso tu chocho me apretaba más de lo normal la polla, como si intentara succionármela entera.

Sara apenas podía hablar. El orgasmo había sido tan fuerte que las piernas la fallaron y si no se cayó al suelo fue únicamente porque estaba siendo sostenida por la polla de Carlos, como si ella fuera un títere, Carlos el ventrílocuo, y su polla la mano. Cuando por fin recuperó la movilidad apoyó bien los pies en el suelo y descubrió con horror que había un charquito debajo de la silla. Había tenido el primer squirt de su vida y ni siquiera se había enterado de lo intenso que fue el orgasmo. Por suerte la falda había impedido que saliese disparado y mojase todo el escritorio, pero eso significaba que estaba empapada y a ver cómo se iba a casa ahora sin bragas y con la falda chorreando.

- Es que tú no te corres? – preguntó Sara cuando recobró la voz. Su novio no solía tardar mucho en vaciarse dentro suyo cuando ella alcanzaba el orgasmo, por lo que la sorprendía que Carlos aguantase tanto para ser su primera vez.

- Que va, hay que ser realista, el tipo de la peli aún no se ha corrido. Además, las dos corridas de antes hacen que pueda aguantar hasta el final.

‘Dos corridas? Pero si solo se ha corrido una vez en la piscina’ pensó Sara, pero tenía aún la mente tan nublada que no le dio más vueltas.

- Venga, sigue moviéndote. Que pierdes el ritmo – dijo dándole un azote en el culo.

- No puedo más, déjame descansar un poco.

- Estás de suerte – dijo Carlos cogiéndola de la cintura – ya no queda mucho.

Con la polla aun metida hasta el fondo se puso de pie y dándose la vuelta la posicionó a cuatro patas en la silla. Sara, todavía desmadejada por el reciente orgasmo, parecía una muñeca de trapo en sus manos. Como pudo miró de refilón hacia la pantalla y vio que esta vez la actriz estaba a lo perrito dentro de coche mientras el chico la penetraba desde atrás. Cuando se hubo posicionado, Carlos la cogió de la cintura y comenzó a bombearla con una potencia que no esperaba de él.

Mientras que cuando ella estuvo cabalgando apenas se sacaba la polla de su vagina unos centímetros, esta vez notaba como la extraía entera hasta dejar únicamente el capullo dentro antes de volver a atravesarla hasta el fondo. Carlos llevaba un ritmo endemoniado y por un momento Sara temió que le fuese a dar un ataque al corazón de tanto esfuerzo. A ver cómo les explicaba a sus padres lo que había pasado. Pensando en sus padres se dio cuenta que en esa postura iba a ser imposible disimular si volvían a entrar, pero estaba tan agotada de los dos recientes orgasmos que apenas podía protestar.

Aunque todavía sentía destellos de placer cada vez que notaba la cabeza de su pene rozar la base del útero con cada embestida, la verdad es que ya sufría más incomodidad que otra cosa y solo deseaba que la escena acabase de una vez para poder irse a casa. Tenía la vagina bastante irritada de tanto roce y además, una vez pasado el orgasmo, su libido había bajado considerablemente y combinado con el repelús que la daba notar la tripa caliente y sudada de Carlos apoyada en su espalda, ya no estaba tan convencida de lo que estaban haciendo.

Al estar de espaldas a la peli no podía ver lo que pasaba, pero comenzó a apreciar los síntomas de que Carlos estaba a punto de correrse. Jadeaba como si fuese un cerdo en pleno verano y las embestidas eran cada vez más profundas y rápidas, como si supiese que quedaba poco para que acabara la escena. Quiso advertirle que recordara no correrse dentro, pero la estaba empotrando con tanta fuerza que temía que si abría la boca se la escapase un gritito y lo oyesen los padres. Nunca se sabía con lo fino que tenía el oído el padre.

Al poco se empezaron a oír los gemidos del tipo de la peli cada vez más altos. En ese momento Carlos alcanzó el máximo de velocidad. Las estocadas eran mucho más cortas, apenas salía unos centímetros de ella para volver a introducirse con fuerza. Los dedos de él estaban crispados alrededor de su cintura y la hacían un poco de daño. Llevó una mano hacia atrás y le intentó empujar para que saliese de ella, pero entre lo mucho que pesaba y lo bien cogida que la tenía la resultó imposible moverle ni un ápice.

- Ahhh, ya viene – susurró Carlos a la vez que el tipo de la peli, y embistiéndola una última vez la sujetó con fuerza de la cadera para que no se moviese y se vació en el fondo de su vagina.

- Siii, noto como me llenas – dijo la actriz de la peli.

Y en efecto, Sara también notaba como Carlos la estaba llenando. Estaba tan rellena de su polla que apenas había espacio para nada más, por lo que sintió cada chorro de semen que expulsó dentro suyo, como si la estuvieran poniendo una inyección con una jeringuilla a presión. Notaba como el glande se hinchaba y palpitaba antes de cada eyaculación. A pesar de que según él ya se había corrido dos veces antes, pudo contar al menos 6 o 7 latigazos en lo mas profundo de su vagina.

Ninguno se movió durante al menos un par de minutos, ambos jadeando del esfuerzo. Cuando por fin la sacó, hubo un sonido de ‘plop’ como si alguien estuviera descorchando una botella y el semen empezó a salir a borbotones por su abierta vagina, formando un charquito en la silla.

- No dijiste que no se corría dentro suyo? – preguntó Sara con un hilillo de voz.

- Ehhh, si, en la peli se corre en su culo, pero como no me has dejado metértela por ahí, he pensado que era lo más parecido para que nuestro ensayo sea lo más realista posible.

- Pero me puedes dejar embarazada, tenías que haberme preguntado.

- Ups, lo siento. Estaba tan metido en el papel que no me he dado cuenta – mintió Carlos.

- Bueno, pero que no vuelva a pasar.

- Ya veremos, ahora limpia eso – dijo dándole un azote en el culo.

Él fue al baño a asearse, mientras que ella se quedó en la posición en la que estaba recuperando el aliento. Estaba demasiado ida como para darse cuenta de que la había dado una orden, sin duda ya no estaba tan tímido. Sara miró la cantidad de semen que había en la silla y que aún seguía cayendo por sus piernas. ‘Menos mal que no estoy en mis días fértiles’ pensó, ‘sino seguro que me hubiera dejado embarazada’.

Cuando se recuperó, cogió un paquete de Kleenex del bolso y limpió todo el estropicio, incluido el charquito de su propia corrida que había en el suelo. ‘Qué vergüenza, menos mal que Carlos no se ha dado cuenta’ pensó. Aprovechó también para comerse un par de galletas de las que había dejado la madre, pues tantas ‘emociones’ la habían dejado famélica. Cuando acabó fue al baño también a asearse y tirar todos los pañuelos sucios.

Carlos se había metido a la ducha, por lo que pudo observarle con disimulo a través de la mampara transparente. Era la primera vez que le veía completamente desnudo y la verdad es que su cuerpo fofo y pálido era bastante repulsivo. Un escalofrío la recorrió la columna solo de pensar en todo lo que se había dejado hacer por él a lo largo del día. Sí, la había sacado dos de los mejores orgasmos de su vida, pero es que era tan gordo y feo… Al menos lo hacía por una buena causa y pensaba que poco a poco estaba consiguiendo quitarle la timidez, seguro que el profe iba a estar muy orgulloso de ella.

En la vuelta en el coche pensaba en todo lo que había pasado ese día. Los padres se despidieron un poco más cariñosos con ella de lo que la recibieron, sobre todo el padre que la dio un abrazo demasiado largo y dos besos sonoros muy cerca de la comisura de los labios. Por suerte no se dieron cuenta de lo mojada que tenía la faldita. Cuando entró en el coche puso una toalla debajo de su culo para no mojar los asientos y abrió lo más que pudo las piernas para no rozar su dolorido coñito. Al no llevar braguitas sentía el fresquillo del aire acondicionado directamente en su irritada vagina, lo cual suponía un gran alivio después de tanto esfuerzo. Justo recordó que me había prometido un polvazo al llegar casa, pero estaba tan escocida que no quería ni pensarlo. ‘Bueno, le hago una mamadita y seguro que se queda tranquilo’ pensó.

Que le depararán los siguientes días a mi inocente novia?