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El dueño Parte 1

Pedro siempre supo que Irina era suya, pero el recuerdo de su primer amante y las marcas en su piel le recuerdan que ella guarda secretos que él no puede controlar. ¿Cuánto dura la posesión cuando el deseo de ser dominada es más fuerte que el amor?

Lanfasone122K vistas9.4· 29 votos

EL DUEÑO Parte 1

Recuerdo con todo detalle la primera vez que vi a la que luego sería mi esposa.

Fue a través de la televisión, el 29 de mayo de 1994.

_Como grita la zorra esta, parece que se la están follando cada vez que golpea la pelotita_ dijo José, mi amigo de aquel entonces con quien compartíamos piso.

Yo tenía 24 años y estaba a punto de sacar mi título de abogado.

Como desde el más allá, iba recabando los datos que daba el relator del partido, Irina Schmolenko, 18 años, número 40 del ranking de la WTA, primera vez que llegaba a tercera ronda de Roland Garros, viniendo desde la qualy.

Recuerdo su gesto de concentración, como fruncía el ceño, la pollerita danzando por el viento, las piernas poderosas, agiles, fuertes, musculadas, los miembros largos y flexibles.

Era de una belleza estremecedora y no pude evitar enamorarme en cuanto la vi.

Es difícil de contar estas cosas hoy en día, pero en esos tiempos sin internet, a menos que saliera corriendo a comprar alguna revista que hablara de ella, solo podía enterarme de lo que decían en la tele.

Que era bielorrusa, de Minsk, que había sido campeona juvenil de no sé qué torneo y que su entrenador era su propio padre, al que las cámaras enfocaban de vez en cuando, un hombre calvo de gesto torvo y grandes bigotes que tenía pintas de ser luchador tártaro y agente de la KGB.

Recuerdo el gesto de dolor de Irina, su contrariedad, su rostro serio, sin atisbo de una sonrisa, el rictus tenso cuando saludó a Arantxa Sanchez Vicario, luego de perder el partido.

Pero de la noche a la mañana pasó a ser una celebridad, era demasiado hermosa y vi su rostro bastante seguido en televisión y revistas los días siguientes a su derrota, que para ella fue una especie de victoria.

Tenía una cara de rasgos fuertes y afilados, un óvalo perfecto lleno de simetrías y perfecciones y miniaturas, los ojos celestes, profundos, un poco rasgados, casi sin vida real en su perfección, el gesto frio, nunca sonreía, lo hacía cuando no tenía más remedio y era una sonrisa forzada.

Medía 1,75 y todo ella era flexible y fuerte a la vez y pronto comenzaron a aparecer fotos de ella en las revistas y las primeras publicidades y anuncios, principalmente de calzado deportivo y por alguna foto un poco más sugerente comprendí que además tenía unos pechos plenos y grandes, unas tetazas de campeonato que cuando jugaba al tenis parecía fajárselas para parecer menos tetuda de lo que era en verdad.

Hacia solo cinco años de que había caído el muro de Berlín y la curiosidad que sentíamos todos por la vida en los países de Europa del Este era muy marcada, exagerada y llena de morbo y por supuesto morbo por las mujeres, misteriosas, bellísimas y en cantidades industriales, basta echarle un vistazo al porno de aquella época y la explosión que fue todo aquello.

Me convertí en un fan devoto de Irina y compraba todas las revistas que se publicaban sobre ella, pronto comencé a conocer detalles de su vida, que su madre había muerto siendo ella muy pequeña, que su padre había sido militar del ejército soviético y que era un auténtico déspota con su hija, que la controlaba y celaba y la exigía al máximo en cada entrenamiento y que viajaba por el mundo con ella.

Pero como a los dos años comenzó a ser un problema evidente que algo pasaba con ella, no ganaba lo que se esperaba, me refiero a los resultados deportivos, el éxito de su belleza y sus apariciones en los medios no seguían el mismo camino de sus triunfos y derrotas en las canchas.

Recuerdo que una vez llegó a cuartos de final de Wimbledon y que logró estar en el puesto 18 del ranking mundial, pero a la hora de la verdad, en los grandes torneos siempre algo fallaba con ella y los problemas de concentración de la princesa rusa pasaron a ser lugar común en los análisis deportivos del momento.

Para ese entonces yo había comenzado a trabajar en la agencia de representación deportiva de mi tío Eduardo y soñaba con conocer a Irina algún día, ya que si bien estábamos más centrados en el fútbol, nos estábamos abriendo a otros deportes como el atletismo y el balonmano.

Casi doy saltos de alegría cuando comenzamos a representar a un tenista mallorquín que al fin no tuvo la suerte que se esperaba y luego varios más se sumaron a la lista, incluso un top diez a nivel mundial y luego un año más tarde sucedió el hecho que cambió mi vida.

_Alégrate, vamos a representar a Irina Schmolenko, la semana que viene tenemos la reunión_ me dijo mi tío.

Nuestra agencia era de una seriedad proverbial y los contactos de mi tío eran la puerta de entrada para acceder a buenos contratos en España y Portugal y América.

Como explicar la ansiedad que viví toda esa semana, sentía que iba a salirme de mi cuerpo e iba a remontar vuelo dentro de la habitación y escapar por la ventana.

Y finalmente llegó el gran día.

En persona era más impresionante que por la tele, era demasiado alta y demasiado hermosa, recuerdo que todos, hombres y mujeres que trabajaban en esas viejas oficinas de mi tío se quedaban pasmados cuando la veían venir, ella iba casi sin maquillaje en la cara, el pelo rubio con algunos reflejos castaños, pesado con grandes ondas parecía flotar como una nube de oro sobre su cabeza y era muy alta, imponente y llevaba una camisa suelta y yo no podía dejar de pensar en los tetones que ocultaban y que había visto una semana antes en una foto en traje de baño en una revista americana.

Un vaquero ajustado a su cuerpazo, a sus piernas, pero no de forma exagerada.

Esa primera vez que la conocí no intercambié una mísera palabra con ella, salvo los saludos de rigor, recuerdo como latía mi corazón cuando estreché su mano de uñas muy cortas, parecía demasiado cohibida tras la figura de su padre, un hombre macizo y rechoncho que era un poco más bajo que ella y tenía esos mismos ojos celestes y sin vida.

Hablaba este hombre en un inglés muy lento, moroso, casi rústico, venían con una abogada también rusa, pero ante alguna frase que le costaba entender, era Irina quien traducía al oído de su padre.

Ella estaba a punto de cumplir los 22 años en ese momento y su rostro era bastante inexpresivo, era realmente una princesa de hielo, no parecía real, no parecía humana.

Los ingresos por publicidad superaban largamente los deportivos, en ese momento estaba a punto de caer del puesto 20 del ranking

Y cinco meses después su padre falleció de un ataque cardiaco, en pleno partido de tenis de su hija.

Eso había sido en Hamburgo y recuerdo también cuando unos meses más tarde mi tío Eduardo me dijo que debería viajar para encontrarme con ella, que el nuevo entrenador no congeniaba y que había un sinfín de problemas.

_Vamos a tener que hacernos cargo de esta cría_ dijo mi tío, como si se tratara de una huerfanita sin dinero.

Así es que cuatro años más tarde de aquella vez que la había visto por primera vez en la televisión, estaba en París, a las puertas del hotel……. Para encontrarme con ella.

El nuevo entrenador era Ernesto Caparros, un hombre pesado, de bigotón, de Mallorca, que dominaban todo el ambiente del tenis ya desde aquella época.

_Te voy a decir algo, Pedrito, a esta chica no le gusta el tenis, tiene talento, es un portento físico, pero cuando no te gusta algo, no se puede hacer nada_ me dijo eso en el lobby del hotel y me dejó pasmado. _Y luego está esa bruja de la abogada rusa que la está llevando de cabeza, que le está haciendo gastar dinero y dele comprar ropa y porquerías, no se concentra en el juego_

Ernesto era un tío de la vieja escuela o de la escuela de siempre, para quien lo único que existía en el mundo era el tenis.

_Hablaré con ella_ dije y me anuncié, me dijeron que subiera a la suite.

Me recibió la abogada rusa que ya conocía de la reunión de hacía unos meses, era una mujer algo ajada de unos cuarenta años, que estaba muy buena y era pequeña de estatura.

_Bueno, yo llevo los asuntos de Irina ahora_ dijo marcando territorio

_Quisiera hablar con ella, vengo en representación de la agencia Balerdi_ dije, hablábamos en ese ingles trabado, lento de los extranjeros de distintos países y en donde las palabras suelen confundirse.

_Ella está descansando ahora_ dijo la abogada

_Sonia déjale pasar_ dijo una voz a mi espalda.

Me giré y la vi, iba descalza, con un pijama de color blanco, bastante holgado, estaba despeinada y no parecía preocuparle eso en lo más mínimo.

_Pedro Balerdi, de la agencia Balerdi_ dije y le extendí mi mano

_Sé quién eres, estabas en la agencia en Madrid_ habló en español, un español bastante bueno, con un poco de acento pero muy claro

_No sabía que hablaba español, señorita Schmolenko_ dije, todavía subsistía en esa época una cierta formalidad en el trato que hoy ha desaparecido por completo.

_ Llámame Irina, se me dan bien los idiomas_ dijo ella

_ ¿Podemos hablar en privado?_ dije

_Por cualquier asunto concerniente a Irina debo estar presente_ dijo la otra

_Está bien, Sonia, no vamos a hablar de nada importante_ dijo ella, parecía apática y con sueño y fastidiada.

_Insisto que….._

_Voy a hablar en privado con este señor_ dijo ella, su mirada era dura, penetrante, pero esta vez me pareció un poco más frágil toda ella aunque su belleza me seguía subyugando como la primera vez que la vi.

_Está bien, pero no te quejes luego_ dijo la rusa y se marchó

_Ven…. ¿Pedro has dicho que te llamas?_ dijo Irina y la seguí, el cuarto tenía la cama deshecha y la bandeja del desayuno con la taza y los platos estaba allí.

Se sentó en un sofá y juntó las largas piernas bajo sus brazos, sus pies desnudos eran muy bonitos, todo en ella me parecía bonito.

_ ¿Cuánto dinero tengo?_ dijo de pronto

_ ¿Qué?....bueno……no sé la cantidad exacta, hay muchos contratos pendientes_

_Quiero retirarme del tenis_ dijo y miró para otro sitio

_ ¿Es por la muerte de su padre?_ dije

_No….estoy harta de todo esto…quiero volver a Minsk y comprar una granja…._dijo

_Irina, tiene 22 años, esta es una crisis personal, pasajera, por la muerte de su padre, creo que le quedan muchos años provechosos de carrera todavía_

_Puedes tutearme_ dijo ella

_Los ingresos publicitarios siempre estarán, pero siempre teniendo en cuenta que….eres una estrella deportiva, en actividad…._

_Quiero sacarme de encima a esta mujer, era la amante de mi padre_

No supe que decir

_Me tiene harta, todos me tienen cansada…._ dijo

_Creo que estás pasando una crisis afectiva, el dolor por la muerte de un ser querido…._comencé a decir

_Odiaba a mi padre_ dijo ella y por primera vez hubo un atisbo de sonrisa en su rostro, me parecía increíble tenerla de cuerpo presente a un metro de mí, apoyó la barbilla en sus rodillas.

_Bueno….supongo que…….. Debe estar usted estar conmocionada aún_ comencé a decir

_Mi padre era un……bastardo autoritario…..y….era mi padre…..mi maldito padre….._ dijo y luego comenzó a llorar.

Y cuando me quise dar cuenta me acerqué a ella y la tenía cogida de la mano y ella seguía llorando y mi dedo pulgar acariciaba su manita.

Eso habrá durado unos cinco minutos.

_Bueno…ya está bien……_ dijo y apartó la mano con brusquedad

_Tengo tiempo si quieres seguir hablando….._ dije

_No, voy a cambiarme, debo ir a entrenar….._

_ ¿Qué pasa con Caparros? ¿Estás bien con él?_

_Es un buen hombre, pero solo entiende de tenis y de nada más_ dijo y se levantó del sofá, yo era más alto que ella, pero de todos modos me pareció imponente y al ver como sus tetazas se movieron bajo el pijama sentí un fuerte deseo sexual por ella por primera vez desde que estaba en el cuarto.

Creo que Irina lo notó.

_Pienso que puedo darle más información sobre el estado de sus finanzas esta noche y también la situación de tu abogada_ dije, la había tratado de usted y tuteado en la misma oración.

_ ¿Esta noche?_ dijo ella, mientras cogía un bolso deportivo de un armario

_Puedo darte la información durante la cena_

_ ¿Me estás invitando a cenar?_ dijo ella

_No….es solo que……_

_Estoy bromeando…….si podemos cenar esta noche y me gustaría saber bien que tengo que hacer con Sonia, para quitarla de mi vista, ahora debo cambiarme de ropa_ dijo con ese gesto un poco duro que tenía.

Dos años después nos casábamos, seis años después Irina Schmolenko se retiraba del tenis a los 28 años, con su cuenta bancaria bastante bien provista, aunque el hecho de no haber pasado nunca del top 10 en el ranking mundial le impidió facturar hasta convertirse en una auténtica millonaria.

Nada sucedió esa primera noche durante la cena, ella seguía con esa idea fija de retirarse del tenis, y yo trataba de convencerla de que no lo hiciera, que tenía mucho tiempo por delante para que su talento explotara.

Un día después perdió en primera ronda de Roland Garros con una tenista que estaba por debajo de ella en el ranking.

No fue tan fácil sacarle a la abogada de encima pero en realidad no había ni contrato ni nada y acabó por aceptar una buena indemnización y luego de lanzar algunas maldiciones y maleficios como buena bruja se marchó.

_ ¿Tú me acompañarás a Montecarlo?_ preguntó ella, luego del entrenamiento, más allá de la idea del retiro, ella seguía entrenando y dispuesta a competir, no era tonta y sabía lo que le convenía.

Creo que comenzó a sentirse más aliviada una vez que se dio cuenta de que finalmente era libre de hacer lo que quisiera por primera vez en su vida.

Mi tío dio la venia para que la acompañara a Montecarlo y allí sucedió, ganó su primer torneo del circuito y entró dentro del top 15 por primera vez, estaba eufórica, yo también, hasta caparros lo estaba.

Y luego de ese torneo como una continuidad natural de los festejos y los abrazos y los besos y las confidencias, acabé en la cama con ella.

Es indescriptible esto de lograr hacer realidad algo que era una fantasía tan inalcanzable desde el principio.

Pero en esas semanas previas ya había comenzado a conocer a la persona además de la mujer de bandera, a la tía buena, al pibón brutal.

Era muy tímida detrás de toda su presencia exuberante y eso se trasladaba también a su actitud en la cama, me pareció un poco sumida, rápidamente me di cuenta de que le gustaba que la dominaran, era una forma de contención de sus inseguridades.

Pero a la vez pedía más y más, todo el tiempo, me sentí exigido de una manera tímida y anhelante.

En una palabra quería que se la follaran duro y mucho. Quería que yo me la follara de ese modo y vaya si lo hice o al menos eso me pareció en ese momento.

Como contar mi sorpresa, cuando me pedía que le diera azotes en el culo, cuando puso en mi mano un tubo de gel lubricante y me pidió que le untara el culo con eso y luego…..ya os podéis imaginar.

_Eres el segundo hombre con el que he estado_ me dijo, ese cuerpazo desnudo y blanco y deseado por medio planeta, recostada sobre mí.

_ ¿El segundo?_

_Fui virgen hasta los 19 años_

_ ¿Con quién ha sido tu primera vez, un novio de tu país?_

_Si te digo quien ha sido el primero, no lo creerás_ dijo ella, ahora que se había relajado, Irina sonreía un poco más.

De pronto mi curiosidad se despertó, de un modo malsano.

_ ¿Quién ha sido?_

_Lo conoces, supongo_ dijo ella

_ ¿Un tenista?_

_Henri Lacombe_

_ ¿Henrí Lacombe, el ex tenista?_

_Si……¿Te sorprende?_ dijo ella

Pensé en lo que sabía de Henri Lacombe, jugador francés, finalista de Roland Garros en los años 70, tendría unos cincuenta años ahora, había engordado bastante y era periodista de la televisión francesa, es más le había visto un par de veces estando aquí en Montecarlo.

_ ¿Henrí Lacombe?_ volví a preguntar

_Sabía que no lo creerías_

_Pero ¿Cómo ha sido? Supongo que tu padre te vigilaría, mucho….-

_Mi padre hubiese matado a Henrí si lo hubiese sabido y no lo digo ¿Cómo se dice? Lo digo…..literal….le hubiese matado de verdad_ dijo Irina

_Henrí Lacombe….._ dije, incrédulo, recordé su pelo lacio y fino, su aire de play boy, del jet set de los 70, incluso se había dicho que había tenido un romance con la Carolina de Mónaco en su momento.

_ ¿Y cómo sucedió?_

_Me entrevistó para la televisión, se sorprendió mucho de que yo hablara francés, es un hombre….muy seductor, sabe cómo tratar a las mujeres y yo….quería perder mi virginidad…..en fin que aprovechó que mi padre me dejó sola y vino a mi habitación del hotel y sucedió_

_ ¿Pero él te gustaba? _

_Bueno, no sé si me gustaba, creo que no demasiado, pero…..en fin, sucedió…..me daba cuenta que él sabría cómo hacerlo_

_ ¿Y supo cómo hacerlo?_

_ ¿Quieres que te cuente?_

_Bueno…no quiero incomodarte, con los detalles…-

_No me incomoda_ dijo ella y se desperezó, extendió los largos brazos y sus enorme pechos se estiraron también y cayeron pesadamente a los costados.

_Supongo que te habrá dolido, por ser tu primera vez, se suele decir que no se disfruta la primera vez_

_Henrí sabía cómo hacerlo-

_ ¿Si?_

_Me penetró con el pene…. ¿La polla?_

_La polla…._ dije, ella sonrió

_Con la polla no erecta totalmente, fue creciendo cuando ya la tenía dentro de mí y luego fue muy suave, al principio….-

_ ¿Al principio?_

_Primero lo hizo muy suave y luego me folló bastante duro, muy duro…._ dijo ella y me miró de forma tan inocente con esos hermosos ojos azules.

_ ¿Qué tan duro?_

_ Me azotaba el culo y los pechos y luego…-

_ ¿Te gustaba así?_

_Si….me encantaba…no pensé que eso me gustaría pero si…….nunca había tenido…ese tipo de orgasmo…._

_ ¿Cuantas veces has estado con él?_

_No muchas veces, en estos años, habrán sido diez veces o veinte, no sé, entre diez y veinte_

_ ¿Y la última vez?_

_Bueno…no te pongas mal…yo todavía no estaba contigo….._ dijo ella

_No……no estabas conmigo ¿Fue en Paris?_

_Fue hace dos semanas, esa noche que cenamos tú y yo en Paris_

_ ¿Luego de que nos despedimos?_

_Si…..esa noche…creo que tú ya me empezabas a gustar….por eso no he querido estar con él luego de esa noche_ dijo otra vez en forma muy inocente, miré el gel lubricante que estaba sobre la mesilla de noche.

_ ¿Henri te enseño a usar eso?_ dije

_Si…….esa primera vez….esa tarde…..también me lo hizo por detrás….._dijo ella, bajando un poco los ojos

_Que cabrón este Henrí_ dije

_Bueno, ya es pasado….no hablemos de él_ dijo ella y nos besamos y luego volvimos a follar.

Pero esa noche, volví con la idea, me desperté súbitamente y comencé a atar cabos.

Creo que había visto esa entrevista de Henrí con ella, recordé como se miraban y como sonreían. Imaginé esa primera vez de ella con 19 años, una hermosa princesa rusa y virgen y ese maldito cerdo francés, desvirgándola por todos sus agujeros en la misma tarde.

Irina dormía apaciblemente a mi lado, pero mi imaginación no me daba tregua, la imaginaba a ella casi una adolescente, tímida, devorándole la polla y luego él corriéndose en su boca y dándole por el culo, estrenando esa cavidad en la misma tarde en que la había desvirgado, a espaldas del autoritario y estricto padre, ruso, soviético, un aventurero francés conquistando una princesa rusa.

Finalmente me corrí con esas imágenes, luego me sentía culpable, confundido, porque yo también era muy joven y estaba enamorado de Irina.

Nuestra relación continuó, ella parecía muy a gusto conmigo y mi tío me dejaba viajar con ella y ocuparme de sus asuntos casi con exclusividad.

Pero cada vez que me cruzaba con Henrí, durante un torneo, cuando le veía en un hotel o en una pista de tenis no podía dejar de pensar en lo que ella me había contado.

Todo iba tan bien entre ella y yo que le propuse casamiento y dos años después nos casábamos, su carrera tenística seguía el mismo rumbo errático de siempre, ganaba, perdía, no llegaba muy lejos en los grandes torneos, a veces haciendo grandes partidos frente a las mejores del mundo pero en el momento decisivo su mente volaba a cualquier sitio y acababa perdiendo el partido.

Lo que funcionaba muy bien eran los contratos publicitarios, hasta se atrevió a salir en bikini en un número de Sport Illustrated, era espectacular, ahora lucía sus tetones de un modo desinhibido, incluso un par de fotos en la playa cubriéndose los senos con las manos, sus piernas largas, poderosas, tonificadas por el deporte, su culo soberbio, duro como una tabla, la pequeña cintura, el rostro perfecto y aniñado, respirando libre sin la presencia opresiva de su padre.

Y yo era el marido de semejante belleza, no me lo podía creer.

Cierto es que debía lidiar con algo y que todo dios quería follársela y estaba dispuesto a ello.

Contaba a mi favor que la gran mayoría de las personas se sentían intimidados en su presencia, pero no faltaban los audaces, los ligones, los guaperas o los tíos con mucho dinero que lo intentaban.

Irina no tenía problemas en rechazarles, estaba enamorada de mí y en cierto modo yo era su sostén afectivo, organizativo, ella generaba el dinero pero no sabía ni quería lidiar con eso y yo era muy hábil en ese tipo de cosas.

Solo había una mancha en mi felicidad y ese era el recuerdo de Henrí y lo que había sucedido cuando aún no estaba conmigo ¿se puede estar celoso de un antiguo amante de tu mujer?

Por más que me repitiera que era absurdo no podía evitarlo.

Cuando llevábamos unos dos años de casados sucedió algo que no solo despertó mis celos sino también mis sospechas.

Estábamos en Londres, yo salía del ascensor en el piso donde estábamos alojados y me choqué de bruces con Henrí, me sorprendió lo corpulento que era, su pelo liso y suave, un hombre de más de cincuenta que se cuidaba bastante.

_Perdón_ me dijo y entró en el ascensor.

Yo quedé solo frente al pasillo del hotel, desierto.

¿Se alojaba en el mismo hotel? ¿En el mismo piso?

Llegué hasta nuestra habitación, entré, también había allí un profundo silencio, abrí la puerta de la habitación, Irina estaba sobre la cama, boca abajo, las sábanas cubrían a medias su cuerpazo, la hermosa y pequeña espalda, la curva de su culo y parte de sus piernas quedaban al descubierto.

¿Había follado con Henrí? ¿Me había puesto cuernos? Sentí como un mareo, una sensación de irrealidad.

_ ¿Peter? ¿Eres tú?_ dijo ella sin volver la cabeza, como si hubiese quedado muerta en esa posición.

¿Quién esperaba que estuviese en la habitación?

_Si…soy yo….._

_Ven…….._ dijo

Me acerqué, su mirada era soñolienta.

_Creo que me he dormido ¿Qué hora es?_

¿Se había dormido luego de follar? ¿Desnuda en plena tarde?

_Las cinco….-

_No…..no dormí nada…….te amo…..soy tan feliz contigo_

_ Yo también_ dije, pero todavía no me reponía.

Cogí su mano, tibia, fuerte, admiré todos los tendones y nervios que conformaban ese cuerpo perfecto, ella tenía 26 años en ese momento, acababan de salir las fotos de Sport Illustrated y eran toda una sensación.

_Tal vez el año próximo me retire del tenis ¿Qué opinas?_

Generalmente yo le decía que no debía hacer eso todavía, que era muy joven, que tenía mucha carrera por delante, pero ahora solo había una idea en mi mente, que ella estuviera lejos del tenis significaba también estar lejos de Henrí Lacombe, de su amante.

Acaricié su cabello rubio, etéreo y a la vez pesado, su cara angulosa y fina de Barbie rusa, de princesa del hielo.

_Si tú quieres, ya tienes dinero suficiente para vivir dos vidas_ dije

_Gracias a ti_ dijo ella y besó mi mano

_Siempre te he dicho lo contrario, pero si ya no tienes motivación para competir……puedes hacer con tu vida lo que quieras, disfrutar de lo que has logrado_ dije

_El caso es que nada he logrado_ dijo y entrecerró sus maravillosos ojos celestes, del color del cielo en primavera a las tres de la tarde.

_Muchas quisieran haber logrado lo que tú_ dije y entonces descorrí un poco las sábanas que la cubrían.

_Podríamos vivir en Madrid, instalarnos allí, tener niños, una casa en las afueras con perros_

_Claro que si….._ dije, la sábana iba cayendo por uno de los lados, la curva perfecta de su cadera y su culo emergía frente a mí.

Su piel era de un marfil impoluto, puro en su dureza y en su tersura.

_ ¿No te aburrirás de estar todo el tiempo conmigo?_ dijo

Realmente hablaba el español de forma perfecta, solo con un leve acento, también hablaba con igual perfección el inglés y el francés.

¿Hablarían en francés con Henrí mientras follaban?

_Estamos juntos todo el tiempo ahora_ dije

_Hoy me has dejado sola demasiado tiempo_ dijo ella

_Sola han sido unas horas_ dije

La sábana cayo de lado y pude verla, la miré dos veces para cerciorarme bien, era una marca rojiza sobre su nalga derecha, la marca de un azote, uno solo.

_No me dejes marcas en el culo…_ le habrá pedido ella a Henrí

_ ¿Qué has hecho durante la tarde?_ dije

_Nada…….me masturbé….._ dijo

Sabía que ella no tenía problemas en masturbarse si se sentía muy nerviosa.

_No debes masturbarte antes de un partido_ dije

_El partido es mañana…. ¿No lo ves?_

_ ¿Qué cosa?_

_Me di un azote en el culo mientras me masturbaba_ dijo

_Si….tu piel es tan fina que rápidamente se te marca_

_Claro…..pero solo tú puede azotarme_ dijo ella

Pero tenía mis dudas sobre eso, me angustiaba pero a la vez quise creerle.

Dos años después ella dejaba el tenis profesional y nos instalábamos en Madrid.

Los dos primeros meses fueron de una felicidad absoluta, Irina acababa de cumplir 28 años, estaba más bella y exuberante que nunca, irradiaba una luz poderosa que enceguecía a quienes se atrevían a mirarla.

Su dinero estaba bien invertido, pero fue mi tío Eduardo quien vino con la propuesta.

_Hay un equipo de baloncesto que está buscando socio, es un buen negocio, una inversión segura y la figura de Irina potenciaría todo, es más la imagen que el dinero_ dijo mi tío, yo estaba en deuda con él, acepté una entrevista con el dueño del equipo de baloncesto, era de la segunda división de España, un club de Vitoria, mi origen era vasco también, supuse que nos entenderíamos.

Fue en las oficinas de la agencia en Madrid, el hombre estaba de espaldas, hablando con mi tío, sabía que tenía 65 años, era un empresario que había hecho su fortuna de la nada, me sorprendió lo paleto que parecía, bajo, retacón, moreno y con una gran barriga, se giró para saludarme.

_Mi sobrino, Pedro_ dijo mi tío, estreché la mano cuadrada del hombre, su cara era como cortada a cuchillazos, el pelo cano a los costados del cráneo y calvo en el resto de la cabeza, arrugas y surcos profundos sobre el rostro, ojos negros y vivaces y una nariz como un pimiento, torcida y grande.

_Julen Barrón, mucho gusto_ dijo con voz grave y seguro de sí mismo.

_Julen es el dueño del equipo_ dijo mi tío

_Bueno, espero que su esposa se una a nosotros_ dijo él

El hombre sonreía, es como Henrí, tiene ese mismo ese aire de superioridad de Henrí Lacombe, pensé, mientras estrechaba su mano.