Compañeros (17)
Carlos nunca imaginó que esconderse en un armario lo llevaría a descubrir el lado más excitante de Silvia. Ahora, ella no solo lo perdona, sino que le exige ser su próximo encuentro. Mientras tanto, el resto de la ciudad se prepara para una noche de placeres prohibidos y descubrimientos.
17
Tres días después. Jueves tarde
Carlos
Escuché el timbre de mi puerta y fui a ver quien era. Abrí la mirilla y pensé “Oh, no”. Abrí la puerta y vi a una enojada Silvia mirándome sin sonreír. No me dejó hablar. Solo dijo:
- Tú y yo vamos a hablar seriamente
Y entró en mi casa sin pedirme permiso. Suspiré y cerré la puerta. Había hablado con ella hacía poco más de una hora para decirle que ese fin de semana no iba a ir. Ella, que en ese momento estaba en mi casa del campo, ahora estaba aquí con gesto enojado. Fuimos a salón mientras le preguntaba:
- ¿Y Gema?
- Con mi madre
- Pero ¿Qué haces aquí? Acabamos de hablar hace un rato
- Estoy harta, Carlos, harta. Me dices eso ¿Y te crees que me voy a quedar tan tranquila?
Se sentó y vi que movía las manos nerviosa. Le dije:
- Solo te he dicho que no puedo ir este fin de semana
- Sabes perfectamente lo que me gusta tenerte allí con nosotros, joder Carlos, es que espero los fines de semana con ilusión por verte y charlar contigo, y vas y me sueltas eso
Me conmovió pero no dije nada. Ella siguió:
- Llevas toda la semana muy raro, desde el domingo, y no sé que te he hecho, pero te pido perdón de corazón, lo que sea que te haya molestado lo hice sin querer, de verdad
- No has hecho nada
- Pero algo te pasa conmigo, no te estás comportando como siempre, estás callado y frío, muy distante
La miré sin saber que decir. Ella continuó:
- No me voy a ir hasta que me lo digas
- Pero que no pasa…
- No me vengas con historias… me estoy volviendo loca pensando que te ha podido pasar conmigo, he pensado mil cosas pero todas me parecen ridículas o tontas, no pueden ser, y Antonio dice que no te ha dicho nada raro
- No me habéis dicho nada raro, ninguno
Entonces se levantó y, con sus dos manos, me cogió una de las mías y dijo:
- Por favor, cuéntamelo, lo tenemos que solucionar
Me alejé de ella y me fui a la ventana. Miré fuera. La veía reflejada en la ventana, con cara de angustia. Suspiré y dije:
- Te vas a enfadar conmigo
- ¿Qué? ¿Por qué?
- Porque no es algo que hayas hecho tú, lo he hecho yo y me siento fatal
- Cuéntame
Me obligué a girarme para mirarla aunque me quería meter en un agujero profundo. Inspiré y le dije:
- El domingo, cuando íbamos a bajar a la piscina
- Sí
- Me puse el bañador y al pasar por tu habitación vi los juguetes de la piscina de Gema y entré para bajarlos y…
Vi que me miraba expectante. Continué:
- Y te escuché llegar y me asusté y me metí en el armario
Silvia abrió la boca con sorpresa total. Seguí hablando:
- Y te vi… te vi cambiarte… lo siento mucho, te juro que no lo hice con intención de espiarte, no sé porqué reaccioné así, fue una estupidez, yo…
Entonces ella empezó a reír, cada vez más fuerte y sin poder parar. Le duró bastante hasta que consiguió calmarse y dijo poniéndose las manos en la cara:
- Oh, por dios
- Lo siento, Silvia, yo...
- Te juro que he pensado mil cosas pero jamás se me habría ocurrido eso
- No sabes lo mal que me siento por invadir de esa forma tu intimidad, no era mi intención, de verdad que no
- No estabas frío conmigo, estabas avergonzado (dijo para sí)
Entonces vino hacia mí y me dio un fuerte abrazo, muy fuerte y dijo:
- Eres muy tonto, no sabes lo mal que lo he pasado estos días pensando que te había hecho algo
- Te dije que no me habías hecho nada ¿No estás enfadada?
- Estoy tan aliviada que solo sea eso que no me puedo enfadar ahora mismo pero luego me enfadaré contigo por haberme tenido así tantos días
Sin soltarme, me miró sonriente. Luego, se separó y dijo:
- Pero ¿Por qué te escondiste? Con enseñarme los juguetes lo hubiera entendido
- Ya pero… hay algo más
Me miró sorprendida y dije:
- Ya puestos a humillarme, te cuento todo ¿No?
- Sí, mejor
- Espera
Fui a mi dormitorio y rebusqué entre mi ropa. Volví al salón donde me esperaba una expectante Silvia, bastante colorada. Le dije:
- Yo… mierda, vas a pensar que soy un pervertido
- Esto promete, a ver que hiciste (sonriendo)
- Cuando cogí los juguetes, iba a salir y me fijé en un cajón y… bueno, vi tu ropa interior
- Ay, dios
- Y me llamó la atención una cosa, y me acerqué. Me sorprendió ver que parecían tangas y…
- ¿Te sorprendió que tuviera tangas?
- Sí, bueno, no sé, no te hacía de tangas
- ¡¡¡OYE!!!! que me quedan bien y me gustan, y a Antonio también le gustan como me quedan
- Ya, ya, es solo que… bueno, joe, que me lías, que cogí un tanga para comprobarlo, pero no por cosas raras, te lo juro, solo por comprobarlo y…
- JAJAJAJA
- Y entonces escuché como llegabas y me acojoné pensando en que me vieras en tu habitación revolviendo en tu ropa interior y no pensé, solo me asusté y me escondí sin darme cuenta que no había soltado el tanga ni los juguetes, y más cuando empezaste a cambiarte y…
- JAJAJAJA
- Y cuando te fuiste, salí corriendo a mi cuarto, y allí me di cuenta que seguía teniéndolo en la mano, y volví a tu cuarto pero estaba Antonio y lo escondí en mi mochila para devolverlo después, pero me puse tan malo por la culpabilidad que sentía que me fui sin acordarme hasta la noche, y pensaba intentar devolverlo la próxima vez pero cada vez me he ido sintiendo peor y…
- JAJAJAJA
Silvia se partía de risa. Cuando se calmó dijo:
- Desde luego estuviste sembrado ese día
- Ya, bueno, no estoy acostumbrado a que me vayan a pillar como un pervertido
Le di el tanga y ella lo miró sonriendo. Lo dejó en la mesa y se llevó las manos a la cara y se cubrió con ellas. Luego, me miró y dijo:
- Vaya historia
- Lo sé, patético, soy un patético viejo salido
- Luego me dará mucho corte, pero ahora es que no puedo parar de reír
Sonreía ampliamente. Se echó para atrás y me miró sin decir nada. Esa mirada me incomodaba y le dije:
- De verdad que no las cogí para ninguna guarrada, fue todo… un accidente
No decía nada, solo me miraba hasta que dijo:
- Ah, mierda, no me puedo aguantar
- ¿Qué pasa?
- ¿Qué te pareció lo que viste?
- ¿Qué? Joe, Silvia
- No, no, ahora me cuentas, sé que no estoy en mi mejor momento, que tengo un culo enorme y…
- Que tonterías
- No, es la verdad ¿Cuánto viste?
Me moví incómodo. Ella, sin dejar de sonreír, dijo:
- Ay, dios, que no te perdiste nada ¿No?
La miré sin responderle, avergonzado. Entonces se levantó y se puso enfrente mía:
- Quiero una respuesta sincera
- Ya te he contado todo, no hay nada más
- No, no, me refiero a mi pregunta
- ¿Qué preg…? Venga ya, Silvia
- Venga, responde ¿Qué te pareció lo que viste? Y voy a saber si mientes, te estoy mirando a los ojos
- No te voy a responder a eso
- ¿Por qué no?
- Porque diga lo que diga, voy a meter la pata
- ¿Doy para paja o ni eso?
- ¡¡¡SILVIA!!!
- ¿Qué? Es una pregunta bastante fácil de responder, sí o no
Me intenté ir pero ella me cogió del brazo:
- ¿Te has hecho una paja o no tras verme desnuda?
- Silvia, por favor
- ¿Sí o no?
- No, joe, no lo he hecho
Vi como su cara cambio, dejó de sonreír. Le dije:
- Pero ¿Cómo voy a hacer eso si me sentía un miserable pervertido que te había faltado al respeto?
Ella se apartó. La noté rara, pensativa, mirando al suelo. Entonces dije:
- Pero tuve una erección todo el rato mientras te miraba
Levantó la cabeza y me miró con una medio sonrisa:
- ¿En serio?
- Joe, Silvia, que eres una mujer muy atractiva ¿Qué tío no se va a excitar al verte desnuda?
Ahora sonrió ampliamente y dijo:
- ¿A pesar del poco tamaño de éstas (señalándose el pecho) y mi gran culo y…?
- Silvia, eres una mujer sexy y nada de eso es un defecto
Me miró sonriente pero sin fiarse, y dijo:
- Creo que me lo dices por no hacerme sentir mal
- Tienes un culo fantástico, y tus pechos son preciosos, esa es la realidad
Se apartó y se tocó la cara:
- Dios, me he puesto totalmente colorada ¿No?
- Un poco
- No estoy… acostumbrada a esos piropos
- Ya ves tú, de un viejo verde pervertido, te debería dar asco
Se me acercó y, con un dedo en mi pecho, dijo:
- ¿Asco los halagos de un madurito interesante? Eres muy tonto
Y luego se fue al sillón y cogió su bolso. Me dijo:
- Te quiero el sábado en la casa, en TU CASA
- Pero Silvia, vamos a estar cortados, va a ser una situación incómoda
- Me da igual, te quiero allí
- ¿No es mejor que dejemos pasar unos días para…?
- No, ni hablar, te vienes y punto
Y se fue hacia la puerta de la casa. La seguí cogiendo el tanga:
- Espera, te dejas esto
Lo miró, y con una sonrisa muy picarona, dijo:
- Mejor te las quedas, por… por si algún día le das un uso imaginativo (y me guiñó un ojo)
Me quedé con la boca abierta mientras se iba.
Silvia
- Venga, Gema, a dormir, que es tarde
Dije mientras me levantaba del sofá. Como era tarde, Antonio y yo habíamos decidido quedarnos en nuestra casa y volver mañana a la casa de Carlos.
Gema protestó pero la llevé al baño para limpiarse los dientes antes de acostarse. Luego la acosté y vino el padre para desearle buenas noches. Cuando se fue, me puse a leerle el cuento de todas las noches. Al rato, apareció Antonio en la puerta y dijo:
- Estoy cansado, me ducho y me acuesto ¿Vale?
Asentí sin dejar de leer. Tras un par de minutos, caí en una cosa y me levanté:
- Espera un momento, tesorito
Y salí casi corriendo. Abrí la puerta del baño y me asomé a la ducha. Le dije a Antonio:
- Nene, nada de pajas, que esta noche hay tema
- ¿Ah, sí?
- Sí y quizás con sorpresita (sonriéndole y cerrando la mampara)
Salí del baño pensando que vaya que si iba a ver tema. Tenía la moral y las ganas por las nubes. Sorprendentemente, no me había sentado mal que Carlos me viera desnuda. Sabía perfectamente que él no era un pervertido y había sido un cúmulo de situaciones, solo había que ver lo mal que lo había pasado, cualquier otro tío habría intentado algo, pero Carlos había huido avergonzado por haberse metido en mi intimidad.
Y no me había sentado mal porque era él y me gustaba que me viera atractiva, y estaba segura que no me había mentido, realmente me veía sexy, lo vi en sus ojos y como me miraba al recordarlo. Sonreí satisfecha, sobre todo porque lo conocía bien, nunca se iba a poner a flirtear conmigo, ni yo con él, no éramos de este tipo de personas, pero ¿A quién no le gusta que la vean sexualmente atractiva y más un hombre al que veo igual? Y él jamás era de piropear físicamente, era de piropear la inteligencia y la lógica, eso lo hacía constantemente pero “Que coño, que me diga que tengo un culo fantástico me ha encantado aunque yo sepa que no es verdad”.
Pensaba usar esta historia para bromear con él, sabía que le incomodaría y me reiría mucho, y quizás consiguiera algún piropo más, y eso siempre estaba bien. Escuché a Gema llamarme y dejé mis ensoñaciones:
- Ya voy, tesorito
Carmen
Cogí el móvil que vibraba junto a mí. Pensé que sería Santi diciéndome que ya llegaba pero era Jamal. Respondí a la llamada:
- Me pillas un poquito mal, cariño
- ¿Sí? Es rápido
- Dime
- Tengo un servicio para el sábado
- Ajá
- Una despedida de soltero, piden dos chicas ¿Te apuntas?
- ¿Qué chica sería?
- Había pensado en la nueva, la rumana
- Mmmmm ¿Y Yanet?
- Tiene otro servicio
- Vaya
- La rumana es una preciosidad y muy complaciente, te lo aseguro
- ¿Y cuántos tíos serían?
- No sé, 5, 7 como mucho
- ¿Una orgía?
- No lo sé, puede
- Puffff, no me gustan
- Venga, nena, a ti te gusta todo
- Y no será solo por mi tarifa ¿No?
- 800
- Venga ya, Jamal, ¿Sólo 800 por follar con 7 tíos?
- Es lo que hay
- Sale a poco más de 100 por tío, menuda miseria
- No voy a discutir contigo de dinero, es lo que hay, lo tomas o lo dejas
Pensé. Al menos serían chicos jóvenes. Le dije:
- Bueno, va, pero búscame algo interesante
- Tengo a punto uno de los que te gustan, noche en hotel y azotes
- Mmmm
- Pero es de fuera, será alguna noche de estás, cuando venga a la ciudad
- Bien
- Vente el sábado a las 8 de la tarde y te digo donde es la despedida ¿Vale?
- Vale
Mi móvil empezó a vibrar con otra llamada. Le dije:
- Te dejo
- ¿Vas a follar?
- Claro
- Jeje, no estarás cobrando por tu cuenta ¿eh?
- No, éste me folla gratis
- Jajaja
Colgué y contesté:
- Carmen, coño, me llamas cuando no puedo
- ¿No puedes?
- No, estoy con Yoli
- Pues échale un polvo rápido y te vienes ya
- Pero es que…
- ¿Quieres follarme o te esperas otra semana?
- No, quiero decir, claro que quiero pero Yoli…
- Si en media hora no estás aquí, no vengas
Y colgué sonriendo. Estaría, vaya si estaría.
Cristina
Miré a mi derecha a Sara, que gemía sin parar moviéndose hacia delante y atrás con cada embestida de Alberto. Estaba a 4 sobre su cama, igual que yo que esperaba mi turno para que Alberto me follara igual.
Alberto me dio una palmada en el culo y miré hacia atrás. Él dijo “ya mismo te toca” y le sonreí impaciente. Sara dijo “dios, que gusto, sigue, sigue, no pares”. Siguieron las embestidas a Sara durante lo que me pareció una eternidad hasta que se corrió. Entonces Alberto paró el ritmo mientras ella gemía con la cabeza apoyada en su colchón.
Me removí intranquila, ahora me tocaba a mí. Miré a Alberto que dijo:
- Joder, vaya par de culos
Le sonreí arqueando la espalda, esperando que me la metiera. Entonces la sacó de dentro de Sara y la restregó por su culo. Sara dio un respingo y dijo:
- ¿Qué haces, tío?
- Quiero este culo
- Ni hablar
- Me dijiste que lo probarías
- En el futuro, muy en el futuro
- Joder, Sara
Entonces pregunté:
- ¿Qué quieres probar?
Los dos me miraron y Sara dijo:
- El guarro éste, que me la quiere meter por detrás
- ¿Por detrás?
- Por el culo, nena, que pareces tonta
- Ah
Alberto preguntó:
- ¿Tú quieres probar, Cris?
- Mmmm bueno, no sé
- Anda, sí, prueba
Lo miré girando la cabeza. Lo veía con ganas e ilusionado. No era algo que me atrajera pero viéndolo así no quise decepcionarlo. Dije:
- Vale
- ¿En serio?
- Ajá
Sara se rio y dijo:
- Joe, tía, que te va a doler
- Bueno, ya, no sé (ahora indecisa)
Alberto intervino:
- Ya no te puedes echar para atrás, ven
Y se puso detrás mía. Apretó su polla contra mi ano y Sara dijo:
- Espera, espera, tío
- ¿Qué pasa?
- ¿Así a palo seco?
Sara se levantó y buscó algo en su mesa. Volvió con un bote:
- Ponte esto en la polla
- ¿Qué es?
- Una crema, pero lubrica algo
Sin dejar de estar a 4, vi como Alberto se ponía la crema. Luego Sara dijo:
- Dame
Y se echó en una mano y me dijo:
- Tú relájate, te va a doler pero menos si te relajas, o eso he leído jiji
Y puso su mano en mi coño y empezó a masturbarme. Dijo:
- Venga, pero ve despacio, no seas bruto
Noté como Alberto presionaba en mi ano y como entraba un poco. Me quejé:
- Ay
- Chisss, tranquila, tranquila (mientras me seguía masturbando pero mal y no ayudaba nada)
Alberto fue introduciendo poco a poco su polla dentro de mí, y el dolor no disminuía nada, al contrario. Los miré y Sara dijo:
- Que carita ¿Duele?
- Sí
- Ya mismo la tiene dentro y empezará a follarte
- ¿No está dentro?
- La punta
- Jo
Alberto dijo:
- Joder, que cerrado lo tienes, Cris
Sara se rio:
- Normal jajaja
Estaba pensando en pedirles de dejarlo cuando Sara dijo:
- Que fuerte, ya tiene la mitad dentro, tía, te ha desvirgado el culo jajajaja
Entonces se movió y se puso frente a mí. Me miró y vi que estaba excitada. Me besó con mucha lengua. Luego, se sentó delante mía y se abrió de piernas y me empujó la cabeza a su coño diciendo:
- Cómemelo mientras te folla el culo
Y Alberto empezó a moverse.
Carmen
Besé a Santi ardientemente mientras seguía empotrándome contra la pared de mi habitación. Estábamos de pie, desnudos y él me tenía contra la pared, follándome mientras me sostenía una pierna en alto con un brazo.
Entonces le empujé para quitármelo de encima y él se apartó mirándome con excitado. Me puse a 4 sobre la cama y le dije:
- Coge el lubricante y rómpeme el culo, cabrón
Silvia
Me movía rápido encima de Antonio, totalmente cachonda. Aunque Carlos me había encendido ese día, ahora solo pensaba en Antonio, era él el que me tenía totalmente loca como hacía mucho que no me sentía.
Noté que ya no iba a aguantar más, que mi orgasmo era inminente pero le dije:
- No te corras, cariño, aún no
Y me moví más rápido hasta que me quedé quieta y me derrumbé sobre él temblando, con un gran orgasmo. Nos quedamos así unos segundos, mientras yo me recuperaba. Él me acariciaba, con su polla aún dentro de mí. Me quité de encima y me tumbé boca arriba. Él se puso encima pero lo paré. Le dije:
- ¿Te sigue gustando mi culo?
- Claro, nena, ya lo sabes
- ¿Y me lo quieres follar?
Él me miró alucinado. Esa era mi sorpresa. Me giré y me puse a 4. Le indiqué la mesita donde había puesto un bote de lubricante. Él, alucinado, lo cogió. Hacía tiempo habíamos estado probando el sexo anal durante una temporada, pero poco a poco lo habíamos dejado porque a mí no me producía demasiado placer, aunque sabía que a él le excitaba mucho. Le dije:
- Despacito al principio ¿eh? Que hace mucho tiempo desde la última vez
- Sí, sí, tranquila, nena
Pronto noté como presionaba e iba entrando poco a poco. Arrugué un poco la nariz en gesto de dolor, pero no dije nada. Pronto empezó a moverse y jadeé.
Héctor
Estaba acostado y me costaba dormirme. Estaba nervioso. Cris me había dicho que, como agradecimiento por mis desayunos, al día siguiente ella se encargaría de la comida de los dos y me hacía ilusión. Y era una tontería, comía a diario con ella, pero el hecho de que ella se preocupara por eso me ponía muy nervioso.
Suspiré, que tonto era. Para ella esos almuerzos y hacerme un día la comida no significaban nada, y para mí, todo un acontecimiento. Cogí mi cuaderno de dibujo e intenté dibujar a Cris de memoria, como tantas veces había hecho, pero a mitad del dibujo lo dejé, no se parecía en nada, no conseguía reflejar la correctamente en el papel. Eché a un lado el cuaderno y cogí el móvil. Busqué las fotos que tenía de ella. Y cuando llegué a una donde ella estaba con una camiseta que se le marcaba un poco el pezón, me empecé a tocar, como tantas veces.
Carlos
Me metí en la ducha antes de irme a la cama, siempre me gustaba acostarme limpio, era una manía. Además, con la ducha me relajaba y luego era más fácil dormir. Me enjaboné y me acordé de Silvia. Menuda situación había tenido con ella. Y aún me parecía increíble lo bien que se lo había tomado.
Pero más alucinante me parecía que dijera esas cosas de su cuerpo, con lo excitante que era. Empecé a rememorar su visión, su culo, como se aplicaba la crema, sus pequeños pero redondos pechos… E inmediatamente mi polla reaccionó. Meneé la cabeza y fui a echarme agua fría pero entonces recordé su pregunta “¿Doy para paja?”. Menuda pregunta, “y tanto que das, Silvia, y tanto” mientras me cogía la polla y empezaba a mover mi mano.
Y al mismo tiempo
Mientras Carmen gritaba por un orgasmo intenso provocado por Santi que le follaba duro el culo, Cris notaba como Alberto se corría en su culo y Sara en su boca, mientras ella estaba deseando que Alberto sacara su polla de su culo, y Héctor, en su cama, se corría mirando a una bonita Cris sonriente en la pantalla de su móvil y Silvia, a 4 sobre su cama, recibía las embestidas de su marido dentro de su culo, contenta por hacerle feliz y por volver a tener ganas de sexo, y Carlos se corría en la ducha, pensando en la sonrisa y los ojos de Silvia.
FIN PRIMERA PARTE
Continúa en
- Relato #209617— title-regex: contiguous parts (16 -> 17)
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