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La urbanización del deseo (Capítulo 11)

La cocina se convierte en un escenario de tentación cuando Tamara no solo cuida de Isa, sino que también satisface los impulsos de Alex bajo la mirada cómplice de la casa. Mientras Bea trotando cerca, el destino parece susurrarle a Alex que esta urbanización es solo el comienzo de una vida llena de placeres prohibidos.

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La Urbanización del deseo

Sylke & Álvaro

Capítulo 11

Una vez que termino mi jornada, sin dejar de pensar en lo ocurrido con Silvia, me cuesta hasta creer que haya sucedido, llego a casa y me encuentro con Tamara en la cocina. Está recogiendo el lavavajillas. Su pose inclinada y con esos vaqueros finos es toda una tentación.

- “Oye, que sólo era cuidar de Isa” - le digo acariciando ese culo agachado.

- “No pasa nada, lo hago con gusto” - añade girándose y plantándome un morreo increíble.

Yo me aferro a esas posaderas mientras la beso, haciendo ella lo propio con las mías. Como quien dice unas horas antes he estado con su amiga y ahora ella me come la boca con las mismas ganas. Vaya dos gatitas más deliciosas.

- “¿Qué tal está?” - le pregunto por mi compañera cuando separo mi boca de la suya

- “Dormidita como un ángel”

A continuación, mordiéndose ligeramente el labio, se agacha frente a mí, quedando en cuclillas y suelta mi cinturón para bajar mis pantalones junto con mi bóxer. No soy capaz de decir nada, ni cuando ella le pega una lamida a mi glande, haciendo que casi me caiga de espaldas. En cuestión de segundos se me ha puesto totalmente tiesa.

Ella me sonríe y pajeándome suavemente me pregunta:

- “¿Te queda algo después de ese polvazo con Silvia?”

- “¿Cómo?”

- “Si, tranquilo, ella me lo ha contado todo con pelos y señales... ya sabía yo que le ibas a dar un buen repaso.

- “Yo...”

No me deja seguir hablando y se traga una buena porción de mi polla empezando a mamármela con ahínco y yo acabo poniendo mi culo apoyado en la encimera para no caerme. Intento no gemir demasiado fuerte, pues mi compañera nos puede oír, desde arriba, pero es imposible no hacerlo, sintiendo esos labios aferrados a mi polla.

- “Oh, Tamara, cómo la chupas” - exclamo con la voz temblorosa.

- “¿Lo hago mejor que Silvia?” - me pregunta en un momento para seguir mamando.

De nuevo no me deja responder y no soy capaz de hacerlo ni de comparar, pero creo que ambas lo hacen de maravilla... desde luego Tamara, no sé lo que hace, pero usa su lengua por debajo, sus dientes, o no sé qué, pero logra que me corra inmediatamente entre hipidos.

- “Joder, Tamara, dios... qué gusto” - digo soltando los chorros que ella traga ávidamente.

- “Uf, qué hambre tenía de tu polla” - me dice poniéndose de pie, lamiendo restos de mi semen en sus labios y ayudando a colocarme los pantalones a continuación.

Al final me despido de ella acompañándola hasta la puerta y le digo que mañana tengo todo el día libre, por lo que yo me puedo ocupar de mi compañera.

- “Qué suerte tiene Isa de tenerte”

- “Bueno y yo de tenerla a ella” - respondo.

- “Qué pena que no le guste esto” - añade apretando mi polla sobre el pantalón.

Nada más cerrar, oigo un ligero arrastrar de pies, como pasos apresurados subiendo las escaleras y es que quizás se ha levantado con mis jadeos ¿nos habría oído? ¿Y si nos ha visto?

Termino de recoger lo que quedaba por la cocina y empiezo a subir las escaleras hacía la habitación de Isa, hasta que un pequeño detalle llama mi atención: me encuentro un pequeño arañazo de escayola pintado en el balaustre de la escalera. Me giro y compruebo que desde ese punto se ve la cocina y la posición desde donde Tamara me ha hecho una mamada antológica.

Ahí me doy cuenta de que mi compañera ha bajado y se ha percatado de todo lo que había sucedido dentro de la cocina, seguramente ha sido al subir deprisa cuando rozó la balaustrada debido a la posición de sus brazos. Pienso en cómo decirle que fue algo imprevisto, que no pude controlarme, porque, al fin y al cabo, Tamara es nuestra vecina y no quiero que piense que soy un depravado, que solo piensa en sexo. ¿O quizás sí?

Al llegar a su habitación me la encuentro dormida, o al menos se lo hace, porque pienso que esa marca de escayola y los ruidos posteriores, no eran otra cosa que mi compañera viendo toda la escena. Así que me desvisto y me abrazo a su cuerpo, como hiciera la noche anterior... coloco mis manos bajo sus pechos y pego mi bulto frente a su culo, empiezo a recordar todo lo vivido en este día y es inevitable volver a pensar en Bea y en sus cartas. Todo apunta a que o es pura casualidad de la vida o realmente es que esa vida tenía el destino marcado en el tarot y pienso que, si es así, no puede ser más increíble que pudiera tener algo con esa pitonisa de mi vecina.

Y así, en mis libidinosos pensamientos y notando cómo mi polla vuelve a despertarse pegada a los glúteos de mi compañera, me quedo dormido en poco tiempo.

A la mañana siguiente, me despierto y cuando abro los ojos, veo en el despertador que son casi las diez.

- “Dormilón” - me dice Isa con la cara sonriente.

- “Uf, ¿llevas mucho rato despierta?”

- “Si, un rato, mirándote como soñabas... y creo que era algo divertido.

Cuando miro a mi bóxer veo que el bulto es considerable y una mancha húmeda notoria.

- “Vaya, lo siento...” - digo.

- “Tranquilo, yo también tengo sueños de esos. Espero que fuese con una chica guapa.... ¿Tamara? ¿Silvia? ¿Yo?”

Por un momento noto mis mejillas arder y creo que no le puedo ocultar nada a mi compañera, pero además ella es muy inteligente y no creo que pueda engañarla, así que, me limito a sonreír, sin saber qué decir.

- “No digas nada” - añade leyéndome el pensamiento “y ayúdame a ir al baño que me meo. Necesito un voluntario que me baje las braguitas”

Nada más decir eso, noto como mi polla da un espasmo, pero intentando mantener la cordura, acompaño a mi compañera hasta allí. Con cuidado le bajo el pantaloncito del pijama, luego el tanga y le ayudo a sentarse en el inodoro. Mi bulto sigue sin bajarse y es que creo que va a ser muy complicado controlarme con ella en esas situaciones. Le limpio con cuidado con un papel, notando la delicada forma de sus labios vaginales y tras suspirar de forma inconsciente, vuelvo a ponerle las braguitas y el pantalón.

- “Ahora toca ducha ¿no?” - le comento.

- “Sí, claro y tendrás que aliviarte después” -añade riendo para volver a mirar a mi bulto.

Justo, cuando me disponía a poner el agua, pensando de nuevo en las cartas, en el destino y en la suerte que estoy teniendo, cuando todo apunta a mi favor suena el timbre de la puerta. Me pongo un pantalón de deporte, pues no se me ha bajado la “hinchazón” del todo y bajo a abrir la puerta y al hacerlo mi cara muestra una sorpresa mayúscula:

− “Mónica, qué sorpresa… ¿qué haces aquí? - pregunto ante esa belleza.

− “Hola Alex, espero no molestar…pero me ha contado mi tía lo sucedido y venía a ver cómo se encontraba Isa y si te puedo echar una mano” contesta mirándome con esa timidez que hacen su rostro más hermoso.

Me fijo en esa chica mulata, de blanca e inmaculada dentadura, que luce con una gran sonrisa, como lo es su rostro de grandes ojos y labios gruesos, para colmo, lleva un top blanco que oprime sus pechos con un bonito canalillo y unos shorts deshilachados que dejan a la vista sus morenitas piernas para acabar con unas deportivas blancas. ¡Qué criatura más perfecta!

- “Entonces, ¿te ayudo o no?” - dice al verme allí parado.

- “Claro, Mónica, perdona, pasa, pero eres toda una sorpresa”

- “Ya” - dice sonriente, mirando mi torso desnudo y luego mi bulto.

- “Te acompaño arriba que seguro que Isa se alegra mucho de verte”

- “¿Qué tal se encuentra?”

- “Bien, aunque lleva mal lo de estar impedida para algunas cosas”

En ese momento parece que algo me dice que tengo que aprovechar eso ahora o nunca y quizás parezca descabellado, pero si Mónica ha aparecido así, de repente, es porque mi destino me está avisando de algo, que puede ser, aún más increíble de lo que ha sido ya en estos días.

- “Espera, Mónica...“- digo sujetándola antes de subir las escaleras.

- “¿Qué pasa?” - se gira sonriente viendo mis manos en su cintura.

- “Verás, quería comentarte algo”

- “Sí, dime”. - añade sonriente y me mira el pecho.

- “Es que bueno, tenía pensado duchar a Isa y claro, ayer fue un poco violento...” - le digo mintiendo, poniendo cara de preocupación, pues, aunque fue algo tenso, lo fue en todos los sentidos y fue la cosa más maravillosa que nunca pudiera imaginar.

- “¿Violento?”

- “Si, verás, como ella no se puede mojar los brazos bajo ningún concepto, pues tuve que ducharla yo, ya sabes, desnudándome con ella”

Mónica se queda seria en un principio, intentando calibrar lo que le estoy contando y luego me sonríe abriendo aún más sus enormes ojos negros para decirme.

- “¿Te metiste en pelotas en la ducha con Isa?”

- “Si, bueno... no quedaba otra”

- “Vaya palo, ¿no?”

- “Pues sí, por eso, no sé si tú podrías hacerme el favor...”

- “¿De bañar a Isa?, ¡Claro, hombre!”

No me podía creer la suerte que tenía y es que esa chica parecía más que dispuesta a hacerme el favor, que no era otra cosa que ponerme en bandeja a su tía, porque sabía que, si Isa me lo había prometido, lo iba a conseguir. Por un momento pensé que yo mismo me iba a perder la suerte de bañar a mi compañera una vez más, pero tenía que jugar bien mis cartas, nunca mejor dicho.

- “Entonces, ¿de verdad no te importa?” - le pregunto.

- “Claro que no. Además ella, aunque no le gusten los hombres, habrá sentido bastante corte contigo”

- “Supongo...”

- “Es natural. Bueno, no sé cómo hubiese reaccionado yo” - dice sonriendo y se queda mirando mis pectorales.

Por un instante me quedo mirando esos inmensos ojos y es que esa chica es cómo un ángel, ahí plantada delante de mí.

- Pues nada, me desnudo con ella y yo la ducho, tú tranquilo” - dice con normalidad y es que no acabo de creérmelo.

- “Mil gracias. Te debo una”

- “Lo hago con gusto, Alex... y oye, si me lesiono las muñecas, te aviso”

- “¿Cómo?”

- “Sí, quiero decir que a mí no me importaría que me duchases tú” - me suelta de pronto y noto su cara enrojecida, no sé si de vergüenza o excitación.

Me deja en shock, cuando Mónica se gira y empieza a subir las escaleras, mientras yo me quedo admirando ese culazo que camina delante de mí, logrando sentir envidia de no meterme yo con ella en la ducha, pues tiene que ser una auténtica delicia ver despelotada a esa preciosa mujer.

Cuando llegamos arriba, vuelvo a detenerla, viniéndome arriba con toda esa suerte que sigue jugando a mi favor, pero quiero ir más lejos, sin pensar en las consecuencias.

- “Otra cosa, Mónica” - le comento.

- “Dime, guapo”

- “Me da apuro decírtelo”.

- “Vamos, Alex... nos conocemos” - me responde y apoya sus enormes labios en mi mejilla, como queriendo animarme a continuar, pero al notar su pecho rozando mi hombro, siento un estremecimiento.

- “Verás, es que es algo muy fuerte, pero yo sé que Isa tiene sexo a menudo y no sé...”

- “¿Qué pasa? Habla claro, Alex”

- “Pues que ahora no van a venir ninguno de sus ligues y bueno... supongo que no podrá aliviarse en ese estado”

- “¿Quieres que yo la masturbe?” - me dice abriendo de nuevo sus ojazos.

Me quedo parado al comprobar con qué habilidad ha adivinado mis intenciones a la primera y respondo.

- “No, olvídalo, es una barbaridad, no sé ni cómo lo he dicho, era simplemente que me daba pena por ella, pero no...”

- “No me importa... yo en su lugar también necesitaría una buena paja, pues lo hago a diario”.

Mónica vuelve a dejarme en shock y toma la iniciativa de adelantarse hasta llegar a la habitación de Isa que cuando la ve se queda muy sorprendida.

- “¿Mónica?” - exclama mi compañera viendo a esa preciosa vecina.

- “Si, Isa hoy voy a ser tu duchadora oficial” -responde nuestra vecina con su impresionante sonrisa.

- “¿Qué? - pregunta la otra incrédula y con los ojos como platos.

Yo tras Mónica afirmo, le guiño un ojo y levanto un pulgar y ella se queda con la boca abierta tan sorprendida como yo mismo. Mónica le pregunta cómo se encuentra y cierra la puerta del baño dejándome al otro lado de esas dos bellezas. No niego que me hubiera gustado verlo, pero creo que la tensión y la espera de lo que pueda suceder ahí dentro, merecerá mucho la pena.

Mi mente comienza a fantasear con lo que puede estar sucediendo en ese baño, y aunque pego mi oreja tras la puerta, no escucho nada, pero saber que al otro lado hay dos mujeres preciosas con unos cuerpazos increíbles, hace que me excite cada vez más, el hecho de no saber, aunque una sea lesbiana y la otra heterosexual, pero sé que mi compañera es capaz de lograr que la morenita se interese por el sexo femenino y la socorrista, si mi intuición no me falla, es una mujer ardiente y mucho me temo que cualquier cosa puede suceder tras esa puerta…..al menos eso es lo que piensa mi mente calenturienta.

Mi cuerpo se niega a moverse, estoy deseando oír que sucede, incluso me encantaría verlo…pero mi cabeza obliga a mis pies a dirigirse hacia la puerta y abandonar la habitación muy a mi pesar, pero creo que es lo mejor y dejar que ellas hagan lo que sea. Decido salir a correr un rato, así que, me dirijo a mi habitación, me cambio y tras ponerme una camiseta y unas mallas de deporte en las que me cuesta meter mi polla que aún está morcillona, bajo para irme antes de escuchar algo que me ponga aún más “bruto”. Cojo un papel y dejo un mensaje en la cocina para ambas, diciendo que salgo a dar una vuelta, que estaré de regreso para la hora de la comida, necesito abandonar la casa, despejar mi mente y pensar en las dichosas cartas……desde que mi vecina las leyó, mi vida ha dado un giro inesperado, por mucho que me niegue a creer en eso. Nunca he sido de “esas cosas”, pero lo cierto es que desde que Bea me las leyó, todo ha sucedido inesperadamente y de forma maravillosa e increíble.

Tras una larga carrera por los alrededores de la urbanización me encamino al parque que tenemos muy cercano, para dedicar un rato a estirar los músculos y refrescarme en la fuente. Comienzo mi rutina de ejercicios y casi sin darme cuenta aparece precisamente, mi vecina Bea por un lateral, va trotando ligeramente y al verme viene a mi encuentro. La simple visión de sus pechos bamboleándose al compás de sus zancadas, hace que mi polla se tense casi de inmediato. Esa mujer madura conserva un cuerpo tan increíble que es una maravilla verla correr hacia mí. Intento que la erección no se note, pero es imposible con este atuendo, las mallas de licra no logran disimular nada de nada, al contrario, mi polla morcillona se marca perfectamente y según mi vecina se va acercando, la cosa va creciendo aún más.

- “Hola Alex, qué sorpresa, tú por aquí” - dice al llegar a mi altura y mirando con disimulo lo que yo sé que está mirando.

- “Hola Bea, no sabía que corrías”.

- “Bueno correr... correr, de vez en cuando salgo a trotar un poco”

- “Que guay, lo importante es hacer algo, yo hacía mucho que no salía, pero hoy me apetecía.” - contesto.

- “Genial... ah oye, ¿Qué tal está Isa?”

- “Bien... tu sobrina la atiende hoy”

- “Que bien, mi sobrina es un sol, tiene mucha maña para todo.”

Pienso en eso de la maña y vuelvo a imaginarlas desnudas bajo la ducha.

- “¿Alex?” - me dice Bea, pues debo estar en las nubes.

- “Perdona, estaba con la mente ida”

- “Te decía que si te apetece acompañarme un rato. Es un rollo salir a correr sola. - me dice con su resplandeciente sonrisa.

- “Vale, estaba ya estirando, pero me encantaría echar una carrerita contigo”

- “A mí también me gustaría correrme contigo... uf, digo correr ji, ji, ji” - corrige ella ese supuesto “lapsus” con una sonrisita.

- “Hala, vamos a sudar un rato, vecina” - digo guiñando un ojo y devolviendo esa sonrisa traviesa.

- “Despacito ehhhh, que no estoy para muchos trotes”

- “No me seas Bea…..que estás para esto y más” - contesto mientras empezamos a trotar.

La verdad es que siempre he tenido mucha confianza con mi vecina, hasta el punto de que somos muy parecidos en gustos, aunque claro, ella no sabe que me muero por sus huesos y por cada una de sus curvas o si lo sabe, lo disimula, pero es que Bea es pura sensualidad y ahora desde que me hice aquella paja delante de ella en mi balcón, con la duda de que me hubiese visto, me pone malo, luego desde que mi compañera me contó que le gusta comer pollas que no sea la de su marido y el hecho de haberme acercado a ella desde lo de las cartas, aparte de esa apuesta con Isa, por muy loco que sea todo, lo cierto es que es imposible rebajar la hinchazón bajo mis mallas, algo que ella nota... porque lo veo en sus miradas furtivas y su sonrisa. Para colmo tiene una sobrina que es otro ángel y con el que sueño tantas veces...

- “¿En qué piensas, Alex?” – me pregunta mientras corremos suavemente.

- “¿Yo?” - pregunto algo azorado sin poder reconocer que, tras mirarla, es en gran parte por culpa de esas tetas que se balancean bajo el top.

- “Te noto muy pensativo... a ver si te estás enamorando...” - añade y vuelve a sonreírme...

Viendo todo lo que está sucediendo en estos días, creo que no salgo del enamoramiento de todas las mujeres de este barrio. Ella no debe imaginar que es una de mis musas desde hace tiempo, aunque en estos días se ha multiplicado y ahora es delicioso tenerla de compañera de carrera, viendo sus pechos balanceantes o sus rotundos muslos y su perfecto trasero moverse sugerentemente a cada zancada, ver cómo su top se empapa de sudor poco a poco, haciendo que sus pezones se endurezcan al contacto con la humedad de la tela, su espontaneidad, su preciosa sonrisa... eso por no hablar de mis pensamientos morbosos imaginándola desnuda comiéndome la polla.

La carrera se está convirtiendo en un momento muy placentero, pero mis endorfinas están a tope, no sé si por el ejercicio, por la conversación, por la mujer tan atractiva que me acompaña o por todo ello a la vez...

- “¿Y qué es eso que tortura tu mente? Si puede saberse, claro...” - me pregunta en un momento dado, queriendo sacar mis pensamientos.

- “Pues pensaba en las cartas que me leíste” - digo para salir del paso.

- “Entonces, eso quiere decir... ¿Que se está cumpliendo?” - comenta y en un momento detenemos el trote en un semáforo.

La mirada de mi vecina, su rostro perlado de sudor y sus labios entreabiertos, me mira de tal manera que dan ganas de comérsela a besos.

- “Pues sí, hasta ahora han acertado” - afirmo sonriente.

- “Cuanto me alegro...”

- “Aunque yo no creo del todo en eso, Bea”

- “Vamos, tus cartas estaban muy transparentes, Alex... y nunca he visto nada igual, por eso estaba segura de que se te iba a cumplir, bueno, que se te va a seguir cumpliendo, porque eran unas cartas increíbles.”

Mi mente divaga mientras seguimos corriendo y sus palabras no dejan de tener un peso aplastante y ahora que lo pienso, la culpable de todo es Mónica, no sé por qué pero todo empezó con ella en la piscina con esa forma tan sensual de darme crema bronceadora, algo que nunca antes había sucedido, que me dejó tan caliente que acabé cascándomela al llegar a casa, precisamente frente a Bea, mientras la observaba, pero luego cuando creía que todo era fruto de la casualidad, mi compañera me había pillado de lleno y eso dio pie a muchas cosas, tantas que no las puedo asimilar, como el hecho de tener sexo con mis vecinas buenorras, Silvia y Tamara, por no hablar del accidente de Isa que me permitió cosas nunca imaginables...

- “Hazme caso, Alex, las cartas no mienten.” – me dice Bea sonriente, como si leyera mi mente y afirmara todo lo que pienso.

Me limito a sonreír y a tener que empezar a creer, imaginando en tener sexo con ella pensando que lo que está sucediendo en mi casa entre mi compañera y la socorrista sea el inicio de algo más que una fantasía. Ciertamente ¿todo eran casualidades o iba a ser verdad lo del tarot?

En un momento dado, la conversación nos lleva a hablar de su sobrina Mónica y le pregunto qué tal le fue la cita con su chico, pero me dice que precisamente está pasando un bache con él.

- “Vaya, cuánto lo siento Bea, con lo ilusionada que parecía tu sobrina” – digo yo, aunque en realidad disimulo la alegría que me invade.

Siendo sincero, su novio no me cae bien... bueno, creo que en realidad es a mí a quien me gustaría estar en su lugar acariciando el cuerpo de Mónica, pero claro ella es una chica joven que busca otro tipo de hombres.

- “Pues si te digo la verdad, me alegro que las cosas no les vayan bien, porque ese chico no es para Mónica” - me comenta de pronto Bea, mientras yo sigo admirando sus tetas botar.

- “¿Y eso?”

- “Es un inmaduro, Alex... mi sobrina necesita un hombre de verdad, no un criajo... y además ese chico no acaba de llenarla del todo, bueno, ya sabes, en el sexo... mi sobrina es como yo, muy fogosa, necesita caña...”

Es inevitable sentirme excitado, sabiendo que esa chiquilla es tan ardiente y no está correspondida por ese novio suyo. Si me dejara a mí... me haría el hombre más feliz del mundo e intentaría hacerla feliz continuamente. Por mi parte, caña, no le iba a faltar.

Continuará...

Sylke & Álvaro