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Los nuevos vecinos (2)

Sandra creía conocer los límites de su pasión, hasta que la vecina del otro lado del balcón se convirtió en el espejo de sus deseos más ocultos. Ahora, cada gemido que cruza la pared no es solo ruido, sino un combustible para una noche que promete cruzar fronteras.

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Poco a poco se fueron creando una rutina. Álex se iba todas las mañanas a trabajar y no volvía hasta la tarde. Sandra se quedaba organizando la casa por la mañana y los lunes miércoles y viernes por la tarde iba a su trabajo como profesora de inglés en una academia. Le pagaban poco pero para ir tirando no estaba nada mal.

Pero lo que más gustaba a Sandra era las infinitas posibilidades para follar que facilitaba el piso. Cualquier excusa y cualquier rincón era adecuado: una mamada en el sofá mientras veían la tele; una follada en la ducha; en la cama al despertar y al acostarse, y a la hora de la siesta… ¡Nunca habían tenido tantas opciones! Y lejos de cansarse el uno del otro parecía que siempre tenían ganas de más.

Uno de los días que Sandra libraba estaba sentada en el salón viendo una serie. Una escena algo subidita le hizo recordar el día anterior en la ducha Álex la estuvo follando contra la pared, recordar el frío de los azulejos en sus pezones mientras su novio la empalaba por detrás hizo que se le volvieran a erizar. Comenzó a acariciárselos al tiempo que recordaba la sensación de la corrida caliente de Álex impactando en su cara, lo que hizo que empezara a tocarse por encima de las braguitas. Miró el reloj a Álex todavía le quedaba bastante para salir de trabajar, quizás podría masturbarse mientras lo esperaba…

En esos pensamientos estaba cuando empezó a escuchar que alguien gritaba en el balcón pidiendo ayuda. Algo asustada, salió para ver que en el balcón de justo al lado había una mujer con una toalla liada alrededor de su cuerpo como única prenda de vestir y un pantalón blanco en una mano.

“Hola vecina menos mal, ¿Sandra verdad? Soy Fátima ¿te acuerdas de mí? Nos vimos el primer día que llegasteis. ¡Me he quedado encerrada en el balcón!, se ha cerrado la puerta y no puedo abrir y tengo el móvil dentro” con la cantidad información atropellada que salía por su boca se notaba que estaba muy nerviosa.

“Claro tranquila Fátima no te preocupes, te dejo mi móvil para llamar a alguien” la trató de calmar Sandra mientras entraba al salón a por su móvil que Fátima usó para llamar a un cerrajero de guardia que pudiera abrir la puerta de su casa y sacarla desde dentro.

“No viene hasta dentro de una hora mínimo” exclamó Fátima con la voz quebrada por el agobio.

“Bueno no te preocupes lo primero que voy a hacer es prestarte algo de ropa porque no puedes recibir así al cerrajero”. Le dejó unas braguitas, unas mallas y una camiseta. También le llevó un sujetador pero cuando se lo intentó poner le dijo que le estaba pequeño que no le recogía.

La imagen de unas tetas rebosando el sujetador golpeó la mente de Sandra que estaba de espaldas para darle algo de intimidad mientras se cambiaba (la poca intimidad que se puede tener cambiándote en un balcón). “¡Las tiene mucho más grandes que yo!” pensó y confirmó al darse la vuelta con Fátima ya cambiada y ver cómo sus tetas y pezones se marcaban contra la tela de la camiseta que para Sandra era ancha. “Debería haberle dejado una camiseta de Álex mejor”.

“Bueno y ahora voy a ayudarte a pasar hacia mi balcón. Es fácil porque están pegados. Solo tienes que sentarte de espaldas y pasar una pierna hacia mi balcón. Yo te agarraré y te ayudo a que pases la otra”.

“Vale pero dame la mano que me da mucho miedo” gimió Fátima.

“No te preocupes yo te ayudo todo el tiempo y lo haces mirándome a los ojos” le respondió Sandra intentando tranquilizarla

Con mucho cuidado Fátima consiguió pasar al balcón otro balcón donde ya se pudo relajar, soltando un enorme suspiro. Sandra le ofreció una infusión para calmarse mientras esperaban al cerrajero.

“Muchas gracias por ayudarme Sandra, no sé qué habría hecho si no llegas a estar en casa.”

“No tienes que darme las gracias mujer. Menos mal que estaba en casa porque otros días a esta hora estoy trabajando”

“Sí… ya me ha dado cuenta que los martes y jueves no está tu novio” dijo Fátima mientras ocultaba su sonrisa tras la taza de la infusión.

“Ah… ¿y cómo te has dado cuenta?” preguntó Sandra algo extrañada por el comentario.

“Bueno ya sabes… Cuando coincidís tú y tu novio… soléis hacer un poco más de ruido…” comentó Sonia fijando la mirada en Sandra al tiempo que enarcaba una ceja.

Sandra sintió cómo la sangre se le subía a la cara. “Nos ha escuchado follar” pensó al tiempo que su mente le recordaba las veces que había estado empalándose en la polla de Álex justo donde Sonia estaba sentada ahora.

“No te preocupes mujer, la culpa es de estas paredes que son de papel…” dijo Fátima restándole importancia, “si yo tuviera un novio como el tuyo también estaría todo el día dale que te pego…”

Al escuchar esta frase, la mente de Sandra decidió enviarle una nueva imagen: ya no era ella la que cabalgaba la polla de Álex, sino que Fátima había ocupado su lugar y se movía sobre la polla de su novio bamboleando sus enormes tetas. Sin saber muy bien por qué, esa imagen le hizo notar como su coñito se empezaba a humedecer, así que intentó desviar la mente enfocándose en lo buena que estaba la infusión que estaba bebiendo.

“Bueno perdona no quería hacerte sentir incómoda, encima que me has ayudado con el apuro”

“No pasa nada, es solo que me ha pillado desprevenida el comentario” respondió Sandra intentando quitarle hierro al asunto, aunque algo ruborizada todavía.

“Igual ha estado algo fuera de lugar, lo siento. Cambiemos de tema. ¿A qué te dedicas?”

Estuvieron un rato hablando de trivialidades. Fátima le contó un poco su vida: su novio la dejó embarazada joven y se casaron porque era lo que consideraron en ese momento que debían hacer, sin embargo nunca estuvieron realmente enamorados. La convivencia fue siempre bien mientras criaron a su hija (la única que tuvieron) pero cuando esta fue mayor de edad y se fue a trabajar a Londres, su exmarido y ella comprendieron que no tenía mucho sentido seguir conviviendo por lo que decidieron divorciarse y seguir su vida por separado.

En esa conversación estaban cuando llamó el cerrajero que estaba abajo en el portal. Le abrieron y salieron a esperarlo en el pasillo. Les estuvo explicando lo que iba a hacer y cuánto le iba a costar el cambio de cerradura. Sandra notó que el cerrajero no podía evitar desviar la mirada hacia las tetas de Fátima mientras hablaba con ella, a la que con el frío del descansillo se le marcaban los pezones a través de la camiseta, lo que hacía sentir a Sandra bastante ignorada en un segundo plano. Sensación que se acrecentó cuando el cerrajero consiguió abrir la puerta y Fátima loca de contenta le invitó a pasar para pagarle, quedando ella sola en el descansillo sin saber muy bien qué hacer.

Desde el descansillo los oía hablar y a Fátima reírse. Se le vinieron a la mente las grandes manos del cerrajero masajeando los pechos de su vecina. “Joder qué me pasa con sus tetas”, pensó mientras notaba cómo se le endurecían sus propios pezones.

“Hola qué haces aquí fuera” la voz de Álex sacó a Sandra de sus pensamientos.

“Hola.. emm… yo…” empezó a balbucear con la sensación de haber sido pillada haciendo algo malo.

Justo en ese momento salió el cerrajero, que murmuró un “hasta luego” a Sandra sin prácticamente dirigirle la mirada, seguido por Fátima.

“Hola Álex, no sabes el amor de novia que tienes, cómo me ha ayudado”. Fátima explicó sin ningún problema ni balbuceo todo lo que había ocurrido esta tarde, deleitándose en elogios hacia Sandra, lo que hacía que esta se sintiera incluso más estúpida de lo que ya se veía al no haber podido hablar ni siquiera con su novio y haber vuelto a quedar en un segundo plano. “Así que ya ves, menos mal que había alguien en casa porque si no imagina el rato que habría tenido que estar en la terraza…”

“Pues sí, menos mal que estaba hoy Sandra porque yo no vuelvo hasta esta hora” sin saber muy bien por qué, la idea de que hubiera sido Álex quien hubiera tenido que ayudar a Fátima prácticamente desnuda a cruzar el balcón empezó a calentar bastante a Sandra.

Se despidieron y entraron cada uno en su piso. Nada más cerrar la puerta Álex le preguntó a Sandra.

“¿La camiseta que llevaba la vecina no era tuya?”

Fue como un detonante para Sandra. Se abalanzó sobre Álex y empezó a comerle la boca con ansia. Álex al principio algo sorprendido supo cómo responderle metiendo su lengua en la boca de Sandra y empezando a magrearle por todo el cuerpo. Sandra desatada buscaba rozar su entrepierna con la pierna de Álex, como una perra en celo.

“Necesito tu polla dentro de mi coño” gimió Sandra mientras notaba como Álex le besaba el cuello al tiempo que le pellizcaba los pezones por debajo de la camiseta.

“Si quieres mi polla ya sabes lo que te toca”

Rápidamente Sandra se puso de rodillas y sacó la polla de Álex del pantalón. A diferencia de otras veces en las que jugaba con ella con pequeñas lamidas y besitos en la polla antes de empezar a mamarla, en esta ocasión estaba tan caliente que comenzó a engullirla y a succionar desesperada. Intentaba meter toda su polla en su garganta, movía la cabeza hacia delante y hacia atrás apoyando las manos en los muslos de Álex para darse impulso que empezó a gemir bastante fuerte.

“Nos va a escuchar la vecina” pensó Sandra pero ese pensamiento la hizo calentarse todavía más aumentando el ritmo de la mamada, notando como sus babas resbalaban por su barbilla hasta las tetas.

“Si sigues comiéndomela así me voy a acabar corriendo” gimió Álex. Pensar que su novio pudiera correrse y dejarla a ella sin su ansiado orgasmo con su polla dentro, teniendo que buscarlo masturbándose sola la volvió loca. Sin saber cómo aumentó el ritmo de la mamada al tiempo que una de sus manos buscó su coño empapado y empezó a machacarse el clítoris con furia. Se hubiera corrido así masturbándose con la polla de su novio descargando directamente en la garganta si no hubiera sido porque Álex la agarró del pelo y tiró hacia atrás separando su boca de la polla unos centímetros.

“Déjameee” gimió Sandra al tiempo que sacaba la lengua intentando lamer la polla de Álex.

“Calla zorrita, vamos al sofá que quiero que me cabalgues, me encanta cómo lo haces cuando estás así de cachonda”

Álex se sentó en el sofá y se puso un preservativo, al tiempo que Sandra se sentó a horcajadas sobre su polla de frente a él.

“Muévete zorra” dijo Álex al tiempo que azotaba el culo de Sandra con una sonora palmada.

Sandra comenzó a cabalgar la polla de su novio. Movía el culo arriba y abajo y hacia delante y hacia atrás, haciendo que sus tetas se bambolearan, lo que Álex aprovechaba para jugar con ellas dándole pequeños pellizcos en los pezones o mordiscos, amasándolas, besándolas, etc.

Al mismo tiempo Álex le azotaba el culo indicándole que aumentara el ritmo, cosa que Sandra hacía con sumo gusto gimiendo sin parar. Estaba muy cachonda cabalgando a un ritmo endemoniado, notaba como sus tetas rebotaban sin parar y su coño clavándose hasta los huevos de su novio una y otra vez.

“Me encanta cómo se mueven tus tetas cuando cabalgas mi polla” ese comentario puso todavía más cachonda a Sandra que empezó a incrementar sus movimientos. Estaba muy cerca del orgasmo.

“¿Te gusta ver cómo se rebotan unas buenas tetas cabalgando tu polla?” preguntó Sandra entre gemidos notando que el orgasmo era inminente “¿unas tetas bien grandes? ¿que reboten al ritmo de tus embestidas?”

“Sí ufff, me gusta ver rebotar unas buenas tetas cuando las follo”

“Aaaaaah, jooooodeeer, me corroooooooooooo” los acontecimientos de la tarde, el ritmo de la cabalgada que llevaba y la última frase de su novio que había vuelto a traer la imagen de las tetas de su vecina a la mente, fueron el cóctel perfecto para que un enorme orgasmo recorriera su cuerpo al tiempo todavía se movía sobre la polla de Álex lo que hizo que este empezara a correrse y a

Un escalofrío de placer recorrió el cuerpo de Sandra cuando su novio todavía bombeando con fuerza anunció su corrida, uniendo sus gemidos a los de su novia.

“Te quiero” dijo Álex al tiempo que besaba a Sandra mientras recobraban el aliento.

……………………

Al otro lado de la pared, Fátima se acariciaba el coñito oyendo follar a sus vecinos al tiempo mandaba una foto suya en la que apenas se le veía la cara pero que en las que se podían apreciar sus tetas bien marcadas en la camiseta de Sandra, a su nuevo contacto “Cerrajero Luis”.

Una tarde que no empezó muy bien había acabado siendo bastante productiva.

¿CONTINUARÁ?