Compañeros (16)
Silvia se desnuda en la cama buscando placer, pero su mente la traiciona con la imagen de un amigo prohibido. Mientras tanto, en la oficina, Carmen deja marcas de pasión violenta en su piel y cuenta con el dinero de quien la domina. Dos mundos paralelos donde el deseo choca con la culpa, la pobreza y el control.
16
Al día siguiente. Lunes
Silvia
Me despedí de Antonio con un beso. Como seguíamos en casa de Carlos, se tenía que levantar más temprano para llegar al trabajo a su hora y yo me levantaba con él para prepararle el bocadillo y hacerle un café mientras se vestía.
Lo vi irse y me metí en casa. Normalmente me pondría a limpiar o encendería el portátil para trabajar algo antes de que Gema se despertara pero esa mañana tenía otros planes. Me fui a la cama y me desnudé. “A ver, esto ya es serio, Silvia, no puedes dejar que tu marido se tenga que hacer pajas porque tú estás seca, hay que actuar ya” me dije mientras cogía el móvil y buscaba porno.
Empecé a ver videos aleatorios pero ninguno me llamaba la atención y pasaba a otro. Muchas pollas grandes pero me parecía todo muy falso. Pensé en la de porno que veía cuando era adolescente, sobre todo cuando descubrí las tarrinas de cds llenas de pelis pornos de mi hermano. Me ponía a verlas para aprender. Me gustaba ver las mamadas, y aprendí bastante. Me reí al recordar lo poco que me sirvió ver tantas mamadas cuando al fin pude hacer una. Ni me acordaba del nombre del chico, pero me acordaba perfectamente de mi excitación, como la lamí y que cuando al fin me la metí en la boca, el chico explotó de pronto y me atraganté y tosí como una loca.
Sonriendo, busqué mamadas. Las vi pero tampoco me ponían. Al final, dejé el móvil hastiada “Eres tú, no te pone nada, estás frígida perdida”. Ahí estaba, desnuda en mi cama intentando ponerme cachonda para hacerme una paja y no había forma.
Respiré hondo y cogí de nuevo el móvil. “Venga, esto hay que arreglarlo, Silvia, hay que tener de nuevo ganas de follar”. Revisé los videos y tras 15 minutos, tenía ganas de tirarlo por la ventana.
“Calma, calma”. Me empecé a acariciar el cuerpo, suavemente. Llegué a mis pezones y los pellizqué ligeramente. Bajé una mano lentamente por mi estómago y abrí las piernas. Me toqué suavemente el coño, solo por encima, sin meterme los dedos. Me dije “Piensa en algo bonito, piensa en Antonio cuando te sonríe”. Pensé en eso, en Antonio sonriendo, acariciándome, susurrándome…
Me chupé dos dedos de mi mano derecha y los bajé hasta mi clítoris. Luego, me chupé dos de la izquierda y me los metí un poco. Cerré los ojos mientras me masturbaba lentamente. Tras un rato así, empecé a meterme más los dedos y a masajearme más rápido el clítoris. Comencé a gemir y a respirar rápido. Seguí cada vez más rápido hasta que me giré, me puse boca abajo y levanté el culo metiéndome otro dedo más y gimiendo contra la almohada hasta que me llegó un orgasmo intensísimo que me dejó muerta y temblando boca abajo, con la cabeza hundida en la almohada.
Me calmé y me incorporé mirándome los dedos totalmente mojados y con una cara de asombro total “joder, me he corrido pensando en… en… en Carlos”.
Me sentí terriblemente mal y bien a la vez. No estaba frígida, podía seguir teniendo orgasmos, pero ¿Carlos? ¿En serio? ¿Por qué? “Es solo mi amigo, no lo entiendo” pensé meneando la cabeza. Había empezado pensando en Antonio, y todo iba bien, me había puesto a tono pensando en él, pero de repente se me cruzó por la cabeza Carlos y...
Me levanté y me metí en la ducha, allí no podía parar de pensar en lo ocurrido, y empecé a sentirme culpable, era como haberle sido infiel a Antonio, no físicamente pero sí de mente. Cuando salí de la ducha estaba cambiando un poco de parecer “Seguro que Antonio se masturba pensando en otras tías, y eso no me importa, es solo una paja en solitario así que esto mío tampoco es tan malo ¿no?” pero no me abandonaba la sensación de culpabilidad.
Cristina
Héctor me miró y dijo:
- ¿Vamos ya a desayunar?
Lo miré y negué. Le dije:
- Ve tú
Él me miró sorprendido. Le dije:
- No he traído nada
- ¿Y eso?
- No tengo hambre
- ¿Te encuentras bien?
- Sí, sí pero no me apetece comer
Le mentí. Era la hora en la que siempre desayunábamos y me moría de hambre. Le dije:
- Me haré un café y ya está
- Bueno, pero ¿no vienes? Trae el café
Lo pensé y asentí. Tras echarnos los cafés, bajamos a los bancos donde siempre nos sentábamos. Héctor sacó su sándwich. Siempre era igual, jamón con queso partido en dos triángulos. Le dio un bocado y me miró mientras yo sorbía el café. Me dijo:
- ¿Quieres la mitad?
- No, gracias
- No me importa
- Ya, pero no, estoy bien con mi café
- Pero es que…
- A ver, Héctor, he bajado para tomar un café tranquila, no para que me des la tabarra
Él se calló compungido y lo lamenté. Entonces mi estómago me traicionó y rugió. Lo miré con vergüenza. Él no se pudo aguantar y dijo:
- Tienes hambre
- No, es…
- Toma
Y me dio su segundo triángulo. Negué pero él dijo:
- ¿Te pasa algo, Cris?
- Nada
Nos callamos un par de minutos. Él casi no comía, miraba al suelo, y entonces dijo:
- Cris, nos conocemos desde tu primer día en el instituto
- Sí
Había llegado totalmente perdida y me acerqué a él para preguntarle. Luego resultó que estábamos en las mismas clases. Le miré sin entenderle:
- Siempre… mmmmm sé que algo te pasa con tu familia
- No me pas…
- Cris, por favor, que son 3 años y a veces se te escapan cosas
Lo miré. Él, haciendo un esfuerzo, siguió:
- ¿Tienes… tienes algún problema… mmmmm económico?
- ¿Qué? ¿Por qué dices eso?
- Porque mmmm
- Venga, dímelo ¿Por qué? (estaba enfadada)
- Sé lo de tu adelanto
Lo miré indignada y sorprendida. Le dije:
- Eso fue…
- Espera, no te enfades, solo quería decirte…
- No me tienes que decir nada, y deja el tema si no quieres que me enfade del todo
Y me levanté. Héctor, alarmado, dijo:
- Espera, espera, por favor
Lo miré y me dio lástima. Me senté pero seguía enfadada. Dijo:
- Me… me considero tu amigo ¿Lo soy?
Lo volvía mirar sorprendida. Le dije:
- Claro
- Me gustaría… mmmm ayudarte si puedo
- Pero que no me tienes que ayudar en nada, yo soy…
- Lo sé, lo sé, pero a veces… ¿Por qué ni siquiera puedes aceptar un trozo de mi bocadillo? ¿Te doy asco?
Lo miré con la boca abierta. Le dije:
- Pero que tontería dices, Héctor
- Es que no te entiendo, no te has traído nada de comer, tienes hambre pero no te sacas nada de la máquina, y te ofrezco con buena intención esto y lo rechazas ¿Es… hago algo mal?
- No, no, tú no… Oh, no había pensado que pudieras creer algo así, lo siento
- ¿Entonces?
Respiré hondo. Ahora me sentía mal. Decidí contar una media verdad:
- Tienes razón, ahora tengo un… un problema con el dinero, pero es muy temporal, le he prestado algo de dinero a mi compañera y me lo tiene que devolver, pero me he quedado mmmm temporalmente, no tengo mmmm
Nerviosa me restregué las manos. No me gustaba contar estas cosas a nadie, y menos a alguien que no quería que viera mi vida tal como era, triste y patética.
Él dijo:
- ¿Te puedo ayudar?
- No, no, es temporal
- No me importa
- Gracias pero no, es solo que tendré que dejar algunas cosas, temporalmente
Le sonreí tímidamente, quería irme, odiaba hablar de mí y que la gente viera lo patética que era, y mucho menos quería que Héctor me viera así, que era mi único amigo. Él asintió. Entonces cogí el triángulo y le di un bocado. Le dije:
- ¿Ves? No es nada de asco, que tonterías dices
- Lo… lo siento
- Está bueno
- Sí
Nos callamos y comimos en silencio. Lo miré de reojo, él comía mirando al suelo. Entonces dijo:
- ¿Te parecería bien que te trajera un sándwich estos días mientras tu compañera no te devuelva lo prestado?
- Pero que no estoy muerta de hambre, me he traído el táper con comida, es solo que…
- Lo sé, lo sé, pero a mí no me cuesta nada hacer otro
- ¿Lo haces tú o tu madre?
- Yo
Me quedé pensando y le dije:
- Podrías… mmmm podrías traérmelo estos días
- No hay problema (sonriendo)
- Y luego, yo… sería yo la que trajera el desayuno para los dos
- No hace falta
- No, insisto, ahora tú y luego yo, esa es mi condición
- Vale, vale, está bien
- Serán solo unos días
Nos quedamos callados y yo pensando “Ahora vaya imagen que tendrá de mí, de pobretona que no tiene donde caerse muerta, dios, que vergüenza”. Él dijo:
- Cris, otra cosa
- Dime
- Si… si tienes algún problema de cualquier tipo, puedes… puedes decírmelo
Le sonreí diciendo:
- Gracias
- Yo… si te viene mejor que te de algo de dinero, tampoco es…
- No, dinero no, eso es… eso no, te acepto el bocadillo porque es tuyo y está rico (le sonreí) pero nada de dinero, no me gusta eso
- Vale, vale
- Aún tengo remordimientos por aceptarte el móvil
- Que tontería
- Lo será, pero no me gusta recibir regalos
- ¿Por qué?
- Porque no (de forma cortante)
Héctor se calló y dije:
- Perdona, es que… es que…
No podía decirle la verdad, no me gustaba recibir regalos porque no los merecía, pero eso era demasiado patético. Entonces él dijo:
- Piensa que no fue un regalo
- ¿No? No me dejaste pagártelo
- Un regalo tiene que ser algo especial, nuevo, que tenga cierta importancia… el móvil no lo fue, era un cacharro viejo
- Que a mí me ha venido de maravilla y funciona genial
- Bien, me alegro, pero eso, no te apures, no fue un regalo, tómatelo como que me quité algo de encima que no necesitaba
Le sonreí agradecida por su intento de quitarle peso a algo que me molestaba por mi forma de ser. Entonces, para cambiar de tema, le pregunté:
- Hace mucho que no me traes ningún dibujo nuevo
- Ah, es que ya no dibujo
- ¿Qué? ¿Por qué?
- Era una tontería
- Pero ¿Qué dices? A mí me encantan
- Que va, no se me daba bien
- Que tontería más grande, dibujas genial
Lo miré sin entenderlo. Realmente dibujaba bien. Tenía un montón de sus dibujos guardados. Meneé la cabeza sin creerme que ya no le gustara pintar.
Héctor
¿Qué le pasaría a Cris? Siempre había sido una chica solitaria. En el instituto no hizo amistad prácticamente con nadie. Conmigo fue por algunas prácticas y ejercicios en grupos, pero nunca se había abierto, casi nunca hablaba de algo suyo personal.
Y era una chica atractiva pero nunca tonteaba ni salía con los chicos guapos de clase. Pronto tomó fama de rara.
Y siempre supe que algo le pasaba con el dinero. Nunca gastaba en nada. Nunca hacía fotocopias ni compraba libros, los sacaba de la biblioteca o copiaba apuntes a mano. No tenía ordenador y eso que estudiaba una formación técnica. Hacía las prácticas en la biblioteca o conmigo.
Por lo menos había conseguido que me aceptara el bocadillo ¿Cómo era posible que no tuviera ni para comprarse pan y salchichón? Eso eran 4 o 5 euros ¿Tan mal estaba? Me preocupaba pero no se dejaba ayudar. ¿Y su novio? ¿No la ayudaba? No entendía nada.
Jamal
Estaba hablando con unas chicas cuando vi entrar a Carmen, segura, decidida, con clase… Era una mujer con clase, no cabía duda. Venía con falda ejecutiva muy ajustada, tacones, camisa y gafas de sol, seguramente venía del trabajo, aunque llevaba varias bolsas de tiendas.
Vi como sonreía a Yanet cuando ésta se le acercó y se dieron dos besos en las mejillas, tras lo cual se pusieron a hablar animadamente. Me acerqué. Yanet, en cuanto me vio, se despidió de Carmen. Nos dimos dos besos y le dije:
- Ven a mi despacho
- ¿A tu despacho? Vaya, es la primera vez que me llevas ahí
- Para hablar tranquilamente ¿Quieres tomar algo?
- Mmmmm no, gracias
Le abrí la puerta y la dejé pasar. Miré su culo, tenía que tener bizcos a todos los compañeros de trabajo. Se sentó en una silla dejando sus bolsas en el suelo. Le pregunté:
- ¿Vienes de compras?
- Muy observador (con sarcasmo)
Rebuscó en una bolsa y sacó ropa interior muy sexy:
- ¿Te gusta?
- Tienes que estar increíble con eso
- Siempre estoy increíble
Y reí mientras ella devolvía el conjuntito a su bolsa. Le pregunté:
- ¿Cómo estás?
- Bien, bien
- ¿Recuperada del alemán?
- Casi
Se levantó y se desabrochó la camisa para luego abrírsela. Vi su cuerpo y me sorprendió ver su cuerpo con tantas marcas. Dijo:
- Esto no es nada, ya van desapareciendo
Me levanté y fui hacia ella. Le bajé las copas del sujetador para verle las tetas y silbé:
- Joder, Carmen
- Sí, un poco bestia el alemán
- ¿Tienes más marcas?
- Sí, el tío me azotó por todo el cuerpo, en el culo, coño, piernas, espalda… incluso las plantas de los pies
- Lo siento, Carmen
- Era duro pero sabía lo que hacía, sabía dosificar entre el dolor y el placer
- ¿Entonces te lo pasaste bien?
- Ya sabes lo zorra que soy
Y me dedicó una amplia sonrisa mientras se sentaba sin cerrarse la camisa ni ponerse bien el sujetador. Volví a mi mesa y cogí el dinero de Carmen. Se lo di y ella lo contó. Mientras lo guardaba en el bolso le dije:
- Eso te lo has ganado bien
- Eso seguro, poco me parece
Le sonreí. En realidad el alemán me había dado 3.000€ pero a Carmen solo le había dado 1.200€. Me dieron remordimientos por un segundo mientras miraba su cuerpo, pero luego lo descarté, ella estaba para hacerme ganar dinero, y lo estaba haciendo muy bien. Le dije:
- Tengo una chica nueva, una rumana, que tiene unas manos increíbles ¿Quieres irte con ella a una habitación a que te “relaje”?
Carmen rio. Le dije:
- O con Yanet
Los videos de Carmen se estaban vendiendo de puta madre y quería meter uno lésbico, pero ella dijo:
- No me tientes
- Pienso en ti, para tenerte relajadita y contenta
- Jajaja, pero no, no puedo, tengo que ir a recoger a mi hijo
- ¿Seguro?
- Sí, otro día
Entonces se levantó y se colocó bien el sujetador y se abrochó la camisa. Cogió sus bolsas y dijo:
- Oye, cariño, creo que me merezco una pequeña bonificación ¿No?
La miré enfadado. Le había dejado bien claro que no iba a negociar con el dinero. Ella rio y dijo:
- Me refiero a un surtidito de los tuyos, para relajarme en casa
Le sonreí mientras volvía a mi mesa. Cogí una bolsa de hierba y unas pastillas. Se las di y ella me besó en los labios:
- Gracias, cariño, y búscame alguno como el alemán, con pasta y guapo jajaja
Y salió de mi despacho meneando ese gran culo que tenía.
Carmen
Salí del local de Jamal y me puse las gafas de sol. Estaba de muy buen humor. Acababa de cobrar, había conseguido gratis un buen suministro de mis “relajantes” y me había comprado algo de perfume, cremas, unos pendientes preciosos y 3 conjuntitos de ropa interior muy sexy. Me había faltado comprar unos zapatos que quería, pero no me había dado tiempo, ya iría otro día. Y quería pasarme por la pelu pero iría a por un tratamiento completo, no solo a arreglarme el pelo, y eso serían horas.
Mi móvil vibró con una notificación. Miré y vi que era el pesado de Santi. Llevaba llorándome desde el viernes para quedar pero le había dado largas o ignorado. Lo ignoré una vez más. No me importaría echar un polvo pero esperaría unos días a que desaparecieran las marcas, no quería aguantar preguntas tontas al respecto. Además, así estaría más impaciente y con más ganas, y me follaría duro, que últimamente se había ablandado un poco.
Caminé hasta mi coche y, por el camino, vi a un grupo de chicos mirándome excitados. Sonreí tras pasar junto a ellos y notar sus miradas en mi culo.
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- Relato #209578— title-regex: contiguous parts (15 -> 16)
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