Con mi profe de educación fisica
Nico siempre supo que Andrea no era una alumna cualquiera. Cada vez que ella bajaba las piernas durante los ejercicios, él veía más de lo que debía. Esa tarde, mientras limpiaba su desordenado apartamento, la distancia entre profesor y alumna se desvaneció para siempre.
Queridos amigos lectores: Mi nombre es Andrea, es nombre ficticio de verdad, lo demás es real, tengo 31 años de edad actualmente, soy casada, mido 163 centímetros de estatura, 65 kilogramos de peso, contextura mediana, buena pierna con unas buenas nalgas como una buena hormiga culona, unas tetas talla 34 b, mi piel es clara, mi cabello es lacio color miel, lo tengo corto en este momento, mis ojos son café claros, en fin tengo gracias a Dios, un buen cuerpo, unos atributos que muchas envidian y los hombres desean, mi cuerpo me encanta, sé que no pasa desapercibido, ya que cuando voy por la calle recibo muchos piropos unos muy bonitos, otros un tanto pasados y hasta morbosos, recibo también miradas, gestos y otras cosas de parte de los hombres y algunas mujeres que botan su cabeza para mirar o envidiar, tampoco tengo hijos debido a que cuando niña me practicaron un aborto en una clínica clandestina, allí me sacaron la matriz, por ese motivo no puedo concebir.
Mi esposo es un buen hombre, 2 años mayor que yo, de 180 estatura, de 72 kilos de peso, trigueño, pelo crespo y negro, delgado, bien aspectado en todos los sentidos, las chicas lo ven y no son indiferentes a sus gustos, llama la atención de ellas en todos lados, profesional, trabajador, juicioso, bueno en la cama, sé que me la ha jugado varias veces, lo he perdonado porque aprendí a pagar con la misma moneda. Aquí sólo quiero desahogarme de estos recuerdos, revivirlos y compartirlos con aquellos que buscan algo de diversión por este medio, dejo constancia de que mis relatos son verídicos y no sacados de la fantasía de alguien.
Hoy les relataré cómo me hice amante de mi profesor de educación física en mi primer año de colegio.
El proyecto de educación para ese año era primer periodo de gimnasia y ejercicios, los demás periodos era práctica de un solo deporte cada periodo, voleibol, baloncesto y el ultimo periodo un popurrí de todos ellos.
El uniforme que exigían y que mis padres me compraron constaba de una pantaloneta que me quedaba un poco ancha y una camiseta a rayas verticales de color verde claro y blanco. Uno de los primeros ejercicios era fortalecer el abdomen, consistía en levantar los pies juntos y sostenerlos a media altura mientras estábamos de espaldas, era algo difícil de aguantar, el profe pasaba por cada una de nosotras y de los chicos para ayudar a juntar las piernas y hacer bien el ejercicio, el cansancio y dolor después de cada clase eran fuertes, yo me tomaba una pastilla para el dolor.
Cuando Nicolás, Nico como le decíamos de cariño a mi profesor y que estaba por llegar a mi puesto para supervisar cada ejercicio, yo bajaba mis pies, los apoyaba al piso recogidos y abiertos, seguramente mi pantaloneta se escurría de mis piernas para dejar ver mis calzones o tangas que llevara en ese momento.
“Haber señorita Andrea, levante las piernas y haga bien el ejercicio”, gritaba el profe Nicolás, como regañándome.
Creo que al levantar mis piernas nuevamente, sin querer seguramente mostraba más de lo que debiera mostrar una niña bien, ya que sus ojos se abrieron un poco, una sonrisa como de placer o asombro apareció en su rostro, me agarró de mis zapatos y me hizo quedar en un nivel de su cintura, no sin antes estrujar mis piernas contra el piso, como diciendo,” ya te vi o algo o. Así es que debes de quedar”, yo trataba y no podía, pero abría mis piernas para que él siguiera viendo algo de mis intimidades.
Cuando terminó la clase, Nico me llamó aparte, “Señorita, hay que ser más cuidadosa con su vestir, esa pantaloneta mándela achicar o traiga una lycra debajo, para evitar accidentes, sin querer vi más de lo que debería haber mirado, eso no está bien, que no se vuelva a repetir”.
“Profe, nosotros somos muy pobres, no tengo ni tenemos dinero para comprar más, pero tendré cuidado la próxima vez, no se preocupe por lo que vio, eso no es problema, de todas maneras, haré algo al respecto, le dije a manera de queja.
Al día siguiente Nico llegó con un paquete que contenía dos lycras de mi talla, tome para que siempre tenga algo puesto, gracias profe, que bonito detalle.
Nico era un hombre joven, rondaba los 24 años, muy atlético, de cabello rubio, ojos azules, medía 1.75 metros, muy cariñoso, respetuoso, colaborador con todos y todas las chicas del curso, vestía siempre de sudadera, todo deportivo, muy apuesto hasta en su andar.
Nuestra amistad siguió, él se mostraba más atento, me ayudaba en mis ejercicios mejor que a otras chicas u otros chicos, siempre me saludaba, preguntaba por mi vida y mis cosas, yo también me estaba interesando en esa amistad, cierto día que me pidió que le ayudara a llevar su tabla de control, calificaciones, unos libros y los elementos usados para la clase de ese día, le dije, profe: “cuando quiera me puede pedir las lycras, igual son suyas, yo me dejo sin protestar”.
“Eres una diabla”, fueron sus palabras.
“Profe, no tengo plata para un refrigerio, ¿me puede prestar dinero y cuando tenga le pago?”, le dije de manera de súplica.
“Tome le regalo esto para que coma algo”, me largó un billete de mediana denominación.
“Eso es mucho dinero, luego no te puedo pagar todo eso” le dije como asustada.
“Tranquila, se los regalo, no tiene que pagarme nada” dijo con voz muy amable.
A la semana siguiente también tenía pago un refrigerio en la cafetería del colegio, para el primer descanso de la mañana, todo por cuenta de Nico, ese era nuestro secreto, nadie supo de ese beneficio mío, el pagaba un tope diario que equivalía a una gaseosa y una empanada o amasijo.
Cierto día estábamos en nuestras pláticas de costumbre, le dije: “Profe, cuando quiera le ayudo a hacer el aseo en su apartamento, es lo menos que puedo hacer usted que ha sido muy generoso conmigo y merece una retribución, yo lo hago muy bien, mi mamá me ha enseñado, ella trabaja haciendo aseo en unas casas de ricos”. “ese mismo truco me había funcionado con mi profe Carlos de música” tampoco quería desaprovechar esa oportunidad con Nico, máxime viendo lo generoso que se estaba portando.
“Lo pensaré” dijo, pero no quiero diablas en mi vida.
Ese sábado siguiente estaba llegando al apartamento del profe Nico para hacer el aseo, iba con mi jean, camisilla de algodón y zapatillas, en un bolso una pantaloneta y una camiseta viejas para usar como traje de trabajo, unas chancletas de caucho, mis cosas personales, algo de maquillaje y todas las cosas que cargamos las mujeres en un bolso.
Él vivía solo, todo en desorden, ropa tirada por todos lados, loza sin lavar, basura en los botes, entre otras cosas, en las dos habitaciones que tenía ese apartamento, una estaba sin ocupar, así que el oficio era menor, me puse la pantaloneta, una camiseta corta (ombliguera) un brasier negro que resaltaba su color por encima de la camisilla, las chancletas, no me puse ropa interior abajo para que no se mojara o empuercara, igual no iba a salir a la calle.
El profe me ayudaba a correr muebles más pesados para barrer debajo de ellos, cambié sábanas, toallas y fui organizando todo, gracias a mi madre que me había enseñado a trabajar, al medio día él fue a comprar un pollo para el almuerzo, me invitó y comimos juntos.
A eso de las tres de la tarde estaba terminado todo el oficio, le dije: “Listo profe, cuando quiera vuelvo a venir y le ayudo con gusto”,
Agradecido, me obligó a recibir un dinero por mi trabajo, yo no quería, pero, la necesidad obliga, también me preguntó si me iba a ver con el novio o que iba a hacer el resto de tarde, le dije que, a casa a descansar, que no tenía novio, que eso era perder el tiempo y que todos querían controlarla a una como si fueran los dueños o amos y señores con su esclava.
Se me acercó un poco como para despedirnos, sin saber cómo, resultamos abrazados, yo estaba agradecida por su ayuda económica, levanté mi cara y nos dimos un beso rápido, luego como automáticamente otro con mucho impulso, esos besos eran apasionados, parecía entregarlo todo desde el corazón, yo tenía mi ropa de trabajo aún puesta, eso no le importó, ahí estaba yo ante mi profesor de educación física, sus padres vivían en Medellín, hijo de una familia adinerada, sin embargo, algo le atraía de una muchachita de estrato pobre, de origen humilde, su alumna con cuerpo de niña y mente de diabla como me decía él mismo.
Metió una de sus manos por debajo de mi camiseta, sus ojos esperaban en mí una reacción rechazando esa acción, sin embargo, eso me hizo aferrarme más a su cuerpo y apretarlo con fuerza con mis brazos, pronto sus manos se metieron por entre la pantaloneta a la altura de las nalgas,
“¿No traes nada debajo? Preguntó como intrigado mi profe Nico.
“No profe, no quería que se me fueran a mojar, debo cuidar mi ropa”, ya sabe que hay poquita.
Sus manos se fueron desplazando hacia abajo, eso me hizo levantar una de mis piernas para apoyarla contra una de las suyas, él se agachó, me bajó esa pantaloneta en su totalidad, como no tenía calzones para no mojarlos o empuercarlos, en su primera vista quedó sorprendido por mi chocho bien rasurado y la carnosidad de mis labios vaginales, los tocaba como incrédulo.
“Eso tan grande de donde salió”, ¿por qué te rasuras?, preguntaba como asombrado.
“Profe, eso es normal en mí, la pelo porque me gusta sentirme limpia, no me gusta esa pelusilla en esa parte, me incomoda, le contesté con cierta seguridad.
“Acaso has tenido relaciones con hombres” preguntó como intrigado.
“Sí señor, varias veces, con hombres adultos, no puedo tener hijos porque no tengo matriz, me la sacaron ya.
“Pobrecita, ni modo, no hay nada qué poder hacer” fue su respuesta.
El profe Nico aún agachado, olía mi sexo respirando profundo, una de mis piernas estaba sobre uno de sus hombros para apoyarme y no perder el equilibrio, su lengua no tardó en comenzar a lamer mi sexo, sus manos me agarraban por mis glúteos, sus labios bucales chupaban con avidez mis gordos labios vaginales, su lengua hacía todo el recorrido desde cerca del ano hasta el clítoris, enterrándose lo más profundo posible, él me apretaba con fuerza, seguramente para evitar la huida, pero, ¿quién se escapa de un momento de esos tan delicioso? Mis manos se apoyaban en su cabeza y la atraían con fuerza contra mi pelvis, jadeos de placer escapaban de mi garganta, el parecía como si quisiera tragarme viva.
Sus dedos comenzaron a hacer el papel de pene, primero uno, después dos o tres dedos se metían dentro de mis labios vaginales, buscando algo, queriendo encontrar una joya, o como cuando se chupa un helado, su boca se pegaba por momentos para chupar todos los jugos que estaban brotando en esos momentos.
Se incorporó mi profe Nico, en su recorrido terminó por sacar mi camiseta por sobre mi cabeza, quedé en solo brasier, pronto totalmente desnuda, a su merced, me cogió de una mano y me hizo dar una vuelta, como si estuviera modelando o bailando para él,
“Me encanta todo lo que veo”, fue su expresión o calificación, volvimos a besarnos y comencé a ayudarlo a desvestir en su totalidad.
Ahora era mi turno de hacer sexo oral, me agaché, se lo saqué de la sudadera, agarré ese hermoso miembro bien duro que tenía en ese momento, unos 18 centímetros mal estimados, fuerte, musculoso como todo su cuerpo, venoso por fuera, le corrí la piel de su cabecita hacia atrás y me lo llevé a la boca sin pensarlo dos veces, chupé esa cabecita con fuerza, seguí bajando hasta hacerlo desaparecer en su totalidad, me lo engullía por completo y lo dejaba allí todo el tiempo en que pudiera contener mi respiración, aquí estaba poniendo en práctica las enseñanzas de mi profe Carlos, Nico se quejaba de placer, apretaba mi cabeza contra su cuerpo, su cuerpo se tensaba como rígido, como en señal de estar gozando como nunca, aquí agradecería a mis inicios con vergas de adultos y mi capacidad de chupar todo hasta el fondo.
Puso una de sus manos debajo de mi mandíbula y me hizo levantar, un beso eterno nos unió por un momento largo, nos fuimos para su cama, su verga estaba firme, yo la sostenía con una de mis manos en ese desplazamiento, me hizo caer de espaldas y se acomodó encima de mí, me la enterró sin compasión de un solo golpe, un gemido de dolor y placer salió de mi garganta, comenzó a taladrar mi vagina con esa hermosa herramienta de carne dura y firme, yo gozaba como una loca, pronto un orgasmo llegó desde mis entrañas, contracciones involuntarias, afluencia de líquidos y una sensación de cosquilleo por todo mi cuerpo me hacían estremecer, pronto el siguiente y otro más, mi cuerpo se arqueaba de tanta emoción, él sí sabía trabajar esa verga.
Sudoroso se acomodó boca arriba, me senté encima de esa tranca, no sin antes propinarle una buena mamada para reactivar su fortaleza, eso me dio algo de tiempo de recuperarme de mis orgasmos, nuestras manos se entrelazaban con los dedos, mi cintura se meneaba, se retorcía, hacía vaivén de adelante hacia atrás, también en círculos a la derecha, luego a la izquierda, por momentos me agachaba para besarnos y recuperar alientos.
Me acomodé en cuatro patas para que me cogiera al estilo perrito, pronto su verga me golpeaba en la parte interna de mis entrañas, estaba entrando muy profundo, me dolía, pero eso no era impedimento para que asumiera una actitud de profesional, soporté el dolor y trataba de apretar mis músculos, cuadraba mi cintura para encontrar una posición bien cómoda para mí, eso seguro sirvió, porque un chorro de semen inundó mi receptiva chochita, Nico seguía empujando y empujando, cada vez con menor intensidad, su verga perdió fortaleza y se acomodó boca arriba sobre el colchón, me le acomodé encima para escurrir hasta la última gota de semen que de allí saliera e iniciar una serie de caricias, besos y agradecimiento por ese momento.
Nico me preguntó: “Dónde has aprendido a tener sexo de esa forma?”,
Le conté que había sido abusada por el amante de mi abuela y que él me había enseñado todo, no le conté de mis hermanos ni de mi padre. Descansamos un rato para que se desacalorara y fuésemos a la ducha ambos, allí nos enjabonamos mutuamente, entre abrazos y besos la espuma del jabón iba cayendo con el agua de la ducha.
Nos secamos un poco y volvimos a la cama, una nueva mamada le propiné junto con sus huevas que me las metía a la boca y estiraba en su envoltura para despertarlas, me le acomodé para hacer un 69, nos empezamos a besar y chupar en nuestras partes íntimas, él abría mis nalgas para respirar bien o ver mi culo, no lo sé.
Me preguntó: “Puedo meter uno de mis dedos por ahí?, él estaba acariciando mi culito,
Le respondí: “soy tu puta, tu esclava sumisa, soy toda tuya, solo hazlo con cuidado”.
Él metía sus dedos turnándolos para ver cuál se acomodaba mejor ante su incomodidad de estar debajo de mí, yo no paraba de hacerle garganta profunda mientras una de mis manos le apretaba esas huevas.
Me hizo poner nuevamente en cuatro patas, yo sabía que iba a ser trabajada por esa vía que muchos hombres quieren, pero que no toda mujer les entrega.
“Dale con cuidado”, fue mi recomendación,
Su lengua se pegó a lamer y escupir su saliva en mi culito, con sus dedos trataba de hacerla llegar bien adentro, yo sentía que me iba relajando a cada momento con esos mordiscos suaves en mis nalgas que complementaban su trabajo de lo dedos, eso me llenaba de escalofríos, se levantó y con su mano enfiló su verga en la entrada de mi arrugado culito, su saliva caía en ese agujero para que sirviera como lubricante, con algo de fuerza y esfuerzo su cabecita hizo su entrada triunfal por ese agujero, un quejido fuerte le hizo saber que me estaba doliendo, comenzó a hacer movimientos de meter y sacar corticos, todo se fue acomodando para recibir la totalidad de ese tolete de carne.
Una vez adentro de mis intestinos, su miembro comenzó su trabajo de entrar y salir con rapidez, golpeando con fuerza mis nalgas, sus huevas golpeaban mis labios vaginales, por momentos yo mandaba una de mis manos por entre mis piernas para agarrar esas huevas y apretarlas con suavidad, tras unos gritos, su semen empezó a ser disparado, Nico pujaba y golpeaba con fuerza hasta que se dejó caer en la cama despacito para no desengancharnos, según me iba instruyendo en ese momento, cuando mi culito expulsó ese intruso, se salió ese miembro ya flácido, me volví a acomodar en su pecho para besarnos apasionados, al rato a la ducha nuevamente, ya me vestí con mi ropa de calle, me arreglé lo mejor posible, ante la mirada de Nico, me maquillé bien bonita, con el labial rojo le dije que me permitiera darle un último besito en la cabecita ese día, un recuerdo y agradecimiento, le bajé su pantalón, acomodé la piel de la cabecita de su verga, lo limpié y con suavidad le dejé marcado un beso en la punta y otro en uno de sus costados, se lo ayudé a guardar.
“¿Sabes una cosa?” Me dijo: “Desde el día que vi tus labios vaginales en la clase, quedé prendado de esa imagen tan especial que tuve, un premio que hoy fue condecorado con este momento tan inolvidable para mí, desde ahora en adelante quiero que seas como mi novia, pero, en el colegio seremos como extraños en relación profesor vs alumna, que nos veamos cada fin de semana aquí mismo o donde no nos conozcan, que también te voy a ayudar económicamente para tu casa y para ti”.
Una pregunta adicional, ¿te gusta probar el semen? Me dijo como intrigado,
“Claro que, si lo he probado, no me es indiferente, cuando quieras te lo recibo todo en mi boca”, “es más la próxima vez que nos veamos espero que tengas una provisión de varios días y me lo trago todo, si quieres el próximo sábado vuelvo a hacer aseo, si me lo permites lo hacemos también si quieres”.
“Está bien, así lo haremos, quiero que no cuentes nada de esto que acaba de pasar, que sea nuestro secreto” me dijo como preocupado.
“Tranquilo profe, no tengo a nadie a quien contar, siempre he sido reservada” le dije con seguridad.
Así se hizo por todo el año lectivo, los encuentros incluían todos los agujeros de mi cuerpo, su leche alimentaba mi lujuria, su dinero, regalos, bonos de mercados, todo bien detallista.
Así pasaban los meses, mi situación era cada vez mejor, nuestra relación comenzó a cambiar desde un día que notó que Carlos el profe de Música y Jorge Luis mi profe de inglés quien también entró a hacer historia en mi vida, estaban teniendo encuentros conmigo, y que ellos parecían turnarse cada quién para darme gusto en la intimidad, me fue rechazando por no compartirme con sus colegas, ahí comenzó a alejarse de mí, yo perdí su generosa ayuda.
Aquí termino otro relato de mi vida, de mi juventud, de mi época de estudiante, espero que les guste, que puedan opinar o dejar su voto, eso me alienta para seguir escribiendo y poder sacar esos bellos recuerdos de mi mente y compartirlos con los lectores de esta página y de esta literatura. Tu amiga Andrea del Pilar. Andreas.
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