Xtories

Mi esposo, nuestro vecino y yo, MaryJo 9

Mientras su vecino la explora con curiosidad ávida, su esposo observa desde la sombra, expectante. Pero cuando el deseo de él flaquea, ella decide usar la crueldad verbal como la última llave para encenderlo. ¿Hasta dónde está dispuesta a llegar para mantener el juego?

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Pasaron algunos minutos, la ida al baño de Ricardo fue una oportunidad única que Jaime supo aprovechar…

Se sentía más en confianza y menos intimidado con la presencia de Ricardo y esto actuó en él como un catalizador.

Parecía que sus manos hubiesen cobrado vida propia y las ansias de tocarme eran evidentes y me manoseaba por todas partes en forma desordenada y ávida.

Jaime se acercó más al borde del sofá y su pene quedó más cerca de mí.

Vi cómo el monstruo aparecía desde su mata de vellos. Era la cabeza de un ciclope que se me ofrecía.

Una mano interrumpió mi concentración observando ese pene, Jaime tocaba mi seno y era precisamente aquel que más sensible sentía, luego de las mordidas que me dio Ricardo a mi pezón. Reaccioné instintivamente alejando mi pecho…Jaime comprendió de inmediato mi rechazo, había sido testigo de esos momentos de sadismo de mi esposo.

Mi vecino Jaime entonces eligió mi otro seno y lo acarició dulcemente, yo miraba nuevamente su pene que ahora comenzaba tímidamente a asomarse.

Entonces movida por la misma curiosidad de la primera vez que sentí su pene entre mis piernas, lo toqué con mis dedos…

Jaime facilitó mi trabajo acercándose y sentándose al borde del sofá.

Ahora su sexo estaba a sólo 10 centímetros de mi…

La imagen difusa que veía al principio ahora aparecía con mayor nitidez y mi curiosidad con cada detalle aumentaba…

Mi mano trató de rodearlo, pero recordé que ya lo había intentado antes y sólo lo había logrado con ambas manos.

Jaime abrió más sus piernas y dejó expuesto todo su sexo frente a mi, le tomé con ambas manos y desperté ese miembro que descansaba escondido en su prepucio…con cuidado tomé sus bolas y estas eran más pequeñas que la de mi esposo…

Eso me impulsó a chuparlas y por un momento creí posible meter una de ellas en mi boca.

La rodeé con mis labios, la succioné, también sus vellos, pero no me importó…

Suavemente jugué con su testículo dentro de mi boca y la acaricié y palpé con mi lengua.

Jaime se sorprendió, su mirada le delataba, esto fue tan evidente que dejó de tocarme…

Jaime estaba en el éxtasis, nunca imaginé que succionar una de sus bolas le provocaría tanta excitación a un hombre…

Dejé de chupar su testículo, lo saqué de mi boca y seguí lamiendo todo su eje del pene, traté una sola vez de introducir su cabeza en mi boca y no pude absorberlo.

Entonces le di lengüetazos sobre la cabeza del pene y con la punta de mi lengua recorrí el borde de su prepucio, el pene de mi vecino dio un brinco.

Abrí la boca al máximo y engullí la cabeza de su pene, de inmediato sentí la punta de su pene con toda su dureza tocar mi paladar.

Traté de engullirlo…

Para facilitar tragarlo, con mis dedos corrí su prepucio hasta la base de su pene.

Un nuevo brinco sentí y la erección de mi vecino crecía en mi boca. Entonces retiré de a poco el pene del interior de mi boca, sin dejar de contraer con mis labios todo el largo del eje del pene y cerrando al final mis labios en un beso en la punta del glande.

Eso había sido grandioso, mi vecino me miraba con cara de sorprendido, sin duda que no esperaba eso de mi...

Entonces fue cuando vi algo fuera de la escena íntima con mi vecino que me distrajo.

Mi marido estaba de pie observándonos y su largo pene ya no colgaba…

No me di cuenta cuánto tiempo llevaba allí mirándonos.

Mi marido sostenía su pene y se pajeaba mirándonos.

Le miré buscando algún comentario, alguna instrucción…pero nada.

Me tranquilizó notar que ahora no había ningún rastro de enojo, decepción, celos o reproche en su cara.

Seguía absorto mirando lo que hacíamos…

Seguí la mirada de mi marido y coincidimos que el miembro de nuestro vecino era nuestro punto de encuentro…

Jaime, nuestro vecino, se había recostado en el respaldo del sofá y a la orilla de este había dejado su miembro para mi disfrute y exploración.

La luz de la sala lo iluminaba y proyectaba como un artista en un plató y lo destacaba como un objeto de adoración.

El glande brillaba mucho más por la mezcla de mi saliva y su liquido preseminal, su tronco erecto de no más de 10 centímetros y su glande en forma de una callampa perfecta lo erigían en un miembro de casi de 13 centímetros de largo.

El grosor seguía siendo lo que más me impresionaba y me llamaba la atención, seis centímetros al menos…

A mi sorpresa se sumaba ahora detectar la curvatura de su pene…

El pene de nuestro vecino formaba una “J” invertida perfecta, un verdadero gancho¡!!!

Comprendí entonces porqué al introducirlo en mi boca tocó mi paladar…y también entendí que no sería practicable mamarlo en mi boca…

Llevé mis manos para rodearlo y verificar lo de la curvatura y efectivamente cuando mis dedos los masajeaban, antes de llegar al glande, una pronunciada curvatura desviaba mis dedos.

Miré de nuevo lo que mis dedos tocaban y lo confirmé…, ese pene tenía forma de J. Ahora erecto, en vez de apuntar hacia el techo de la sala, se enroscaba apuntando al ombligo de Jaime

Lo intenté una vez más y acerqué mis labios al glande de mi vecino, él se dio cuenta de mi movimiento y me facilitó el acceso.

De reojo vi que mi marido se iba de la escena…

Yo estaba más entretenida con este nuevo juguete…no le presté atención.

Le besé la punta, y decidí probar esa emergente gotita de liquido preseminal que emergía del pene de mi vecino…lo capturé con mi lengua y lo saboreé.

El sabor que allí registré quedó guardado para siempre en mis recuerdos…nada mejor que para registrar un momento único incorporar imagen, tacto, olfato, sabor y audio…

Mi marido Ricardo, aportaba ahora el audio que hace ya un buen rato había dejado de sonar.

Una nueva ronda de boleros resonaba tímidamente en la sala, el intérprete nunca más lo olvidaría con lo que ahora estaba viviendo. La asociación de todos estos sentidos era única.

Decidí cambiar de posición, me cansé estar sentada de lado en el suelo y decidí ponerme de rodillas para así lamer mejor ese tronco del vecino.

Esta posición fue más cómoda para mí y me permitía de frente mamar y jugar con el pene de mi vecino.

Las bolas de mi vecino estaban colgando al borde del sofá…yo se las acaricié y noté como su pene reaccionaba.

Eso me llevó a repetir engullir en mi boca cada uno de sus testículos.

Primero me introduje en la boca el testículo derecho, lo besé suavemente, abrí mi boca y lo envolví con mi lengua para luego saborearlo y liberarlo. Cuando hice esto Jaime se estremeció…

Volví a hacer lo mismo con el testículo izquierdo. Miré a mi vecino de pura vanidad, esperando algún agradecimiento, pero sus ojos estaban en el cielo del hall mirando quizás al infinito…Sólo sus manos vi como se crispaban en el sofá.

Mi esposo había regresado y ahora estaba sentado al lado del vecino siguiendo todas nuestras acciones…

Si bien su presencia era algo invasiva, no hablaba ni emitía ruidos…

Un bolero llamado “traición” empezó a sonar en la sala…

El título de la canción me hizo meditar por unos segundos, quién traicionaba a quién esa noche.

Tarareé el bolero y decidí probar una vez más ese pene grueso, en forma de gancho, en mi boca.

Jaime comprendió que su pene al borde del sofá no era cómodo para mí.

Se bajó del sofá y se sentó en la alfombra.

Yo le hice el espacio y mi vecino quedó completamente a mi alcance.

Cansada de estar de rodillas, me puse en cuatro para disfrutar de mi vecino.

Repetí todo lo anterior, desde besar su pene en forma de J hasta engullir y saborear cada uno de sus testículos.

Estaba en eso, disfrutando de dar placer a mi vecino, cuando…

Sentí primero las manos de Ricardo que se posaban en mis caderas, al mismo tiempo sentí su pene buscando desesperadamente mi vagina.

Hasta ese momento en múltiples oportunidades había estado excitada, así mi sexo estaba empapado, mis vellos flotaban entre mis jugos que inundaban mi canal.

Ricardo retiró una de sus manos de mi cadera y con ella ubicó su punta en la entrada de mi vagina…

Alcancé justo a liberar el testículo del vecino que hasta hace poco masajeaba al interior de mi boca, porque fue imposible no gemir…y apretar los dientes frente a la embestida sorpresiva.

De un solo envión me penetró, sentí sus testículos golpear mi clítoris. Estaba tan húmeda y lubricada que no me causó dolor y el largo pene de mi esposo se deslizó jabonoso hasta el fondo…

Ricardo me embestía aceleradamente, en forma desesperada y violenta.

Ricardo quería dejar en claro que yo era su hembra y estaba tomando posesión de mí frente al vecino.

Sus embates cada vez eran más violentos, debí afirmarme del borde del sofá, para no golpear mi cara.

Jaime gentilmente tomo mis brazos y me afirmó.

El vecino ahora era un espectador privilegiado observando en primera fila como me follaba mi marido en cuatro…

Ricardo ahora empezaba a follarme más rápido, la fuerza ya no era la misma del principio, pero mantenía la desesperación por acabar dentro de mí. Sólo se detenía cuando su pene se salía de mi vagina lubricada.

Si Ricardo no acababa pronto dentro de mí, esta velada podría ponerse desagradable…pensé que su frustración sería mayor si no lo lograba follarme y acabar. Una vez más su pene se salió de mi vagina, ya empezaba a notarse el cansancio y el agotamiento.

Yo Ignoraba cuántas veces durante esta velada se habría masturbado. Pero todo sumaba en contra.

Ricardo se detuvo y se puso en posición para poner su pene en dirección a mi vagina.

Noté que su pene languidecía…

Entonces, pensé en algo completamente desquiciado, recordé cuando fantaseábamos en nuestra cama y Ricardo me sugería que hacíamos un trío con otro hombre y yo le gritaba a él cosas como:

-este si es un hombre-

-me gusta que me follen como una puta-

-esta polla es más rica que la tuya, cabrón-

El repertorio era amplio…pero con esas fantasías lográbamos que Ricardo se excitara y acabase. Eran en definitiva como una droga.

Entonces decidí recrear en la práctica algo parecido, primero decidí acercar mi boca al pene de nuestro vecino…Jaime me miró sorprendido, mientras sostenía mis brazos.

Yo igual insistí en mi movimiento y le susurré a Jaime entre gemidos…

Vecino, métame su polla en mi boca que quiero saborearla de nuevo. Lo dije lo suficientemente fuerte para que mi marido lo escuchara.

Jaime no dejó pasar esta oportunidad y se sentó al borde del sofá y yo nuevamente pude ponerlo en mi boca…

Ricardo de inmediato gritó:

-eres una puta-

Yo me metí el glande del vecino Jaime al interior de mi boca y empecé a gemir y ahora también a mover mis caderas…

El resultado fue casi inmediato. Ricardo ahora me insultaba y me trataba lo más suave de maraca…

Yo en cambio con toda la polla de Jaime que llenaba mi boca sólo emitía gemidos del tipo mmm, en diferentes tonos y acentos que lograban poner a mi marido a 100.

Ahora había recuperado su erección inicial y la fuerza de sus embestidas, el choque de su ingle y bajo vientre con mis redondas y duras nalgas, rebotaban en la sala como si alguien aplaudiera al ritmo de cada embestida.

Los aplausos son al final de cada obra, en este caso se mezclaron con los sones finales del bolero “traición”.

Yo conocía el epilogo de la obra, conocía cada uno de los diferentes estados de mi querido esposo antes de acabar.

Primero, el ritmo de su respiración crecía hasta el infinito, justo cuando ya parecía que se quedaba sin aliento, se desencadenaba todo.

Mi vagina sentía las ondas contractivas del pene en su tronco…, sentía el glande que se hinchaba como un globo.

Los testículos se le contraían.

Si estaba cerca de su pecho, podía incluso escuchar los latidos del corazón que resonaban en su caja toráxica como los golpes de un tambor, tanto que parecía que se le escaparía por la boca.

Yo ahora sólo sentía que la dureza de su pene era mayor y unas leves contracciones en su falo y la dureza de sus bolas, me indicaban que estaba cerca de acabar…

Decidí comprobarlo pasando una de mis manos por debajo de mí y alcanzar sus bolas.

Logré tocar y acariciar una de ellas, estaba dura como una piedra y el hecho de tocarla y masajearla gatilló lo esperado.

Ricardo me agarró del pelo como si fueran las riendas de una yegua a domar, se quedó estático. El bolero había terminado…

El silencio se apoderó de la sala…

Los gemidos de Ricardo rasgaron el silencio, yo respondí con una exclamación de dolor, me estaba tirando el pelo muy fuerte y me lastimaba.

Luego, sentí los estertores de su miembro en mi interior e inmediatamente identifiqué un chorro caliente de su semen que me inundaba…

Esperaba más eyaculaciones…

Pero no las hubo…

El único placer que yo sentí en ese momento fue cuando soltó mi pelo…

Ricardo se relajó, su pene se retrajo rápidamente y abandonó goteando mi vagina.

Ricardo se acercó a nosotros, quería que le escucháramos y murmuró mientras se levantaba…

-Vecino-, le dejé lubricada y abierta a esta putita para que la disfrute-

-Aproveche-

CONTINUARÁ

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