Xtories

Mi esposo, nuestro vecino y yo, MaryJo 8

Ricardo no tolera que nadie toque lo que es suyo. Cuando irrumpe en la escena, el placer se convierte en miedo y el miedo, en obediencia. Esta noche, las reglas las impone él, y tú no tienes opción más que cumplir.

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Ricardo estaba de pie frente a mí y me gritaba, no había dudas que estaba indignado, sus gritos me asustaron y me hicieron abandonar el estado de relajación que sentía.

Ricardo me apartó bruscamente de Jaime, me tiró del brazo tan bruscamente que se me escapó un quejido de dolor…

El dolor me hizo salir del estado de sopor y placer que segundos antes me inundaban.

Miré a Ricardo buscando una explicación y me encontré con su ceño fruncido y un rostro iracundo.

Yo estaba sorprendida y no lograba entender lo que ocurría…

Todo estaba ocurriendo demasiado rápido y yo no lograba entender este cambio de actitud de mi marido. Menos entendía porque estaba tan enojado.

Ricardo me atrajo hacia él con fuerza, me abrazó y apretó mi cuerpo al suyo con extremada rudeza. Sentí su brazo en mi cintura y su fuerza me empezaba a causar dolor…hice el gesto de dolor y le miré buscando una explicación o disculpas por su brusquedad…

Intenté zafarme, pero mi esposo me sostenía ahora con fuerza, miré a nuestro vecino y lo vi acercándose a un vaso con agua que él había dejado cerca del sofá…, me parecía que se alejaba de la escena para evitar cualquier enfrentamiento con mi esposo…

Entonces Ricardo habló y si bien ya no gritaba, el volumen fue suficiente para que hasta nuestro vecino también escuchara…

-Eres mía, eres mía y este juego lo manejo YO-

-las reglas del juego las impongo YO- reiteró.

Cuando pronunció el YO, liberó su brazo que rodeaba mi cintura y nuestros cuerpos se separaron unos centímetros, luego llevó su dedo índice hasta su pecho y se apuntó varias veces golpeándose con fuerza. Para enfatizar más sus palabras su dedo lo apunto entre mis senos y lo enterró en mi pecho. En forma natural reaccioné con un quejido y di un paso hacia atrás.

Ricardo vio cómo se mecían mis senos en este retroceso y alcanzó a apretar uno de ellos y se abalanzó sobre uno de mis senos, se ayudaba de una de sus manos que me lo apretaban y abrió su boca y con avidez empezó a chuparlo, luego la succión la concentró en mi pezón, con su lengua y sus labios mi aureola y mi pezón se endurecieron. Ricardo ahora lo hacía con más fuerza y con desesperación…al principio sentí dolor, pero pronto se transformó en placer.

Ricardo lo notó y ahora dejaba de succionar mi seno y al retirar su boca atrapó entre sus dientes mi erecto pezón.

Yo abrí los ojos como platos, estaba al límite entre gritar de dolor o gemir de placer.

Ricardo movía lentamente sus dientes y me mordía suavemente prolongando esta tortura…

Ahora mi esposo, nuevamente tomaba el control de la situación y se le notaba en su rostro, reflejaba satisfacción y dominio.

Le miré pidiendo clemencia mientras él con su otra mano me agarraba el otro seno. Este juego sado masoquista le divertía, entonces comprendí que mi esposo se había sentido menoscabado y mi indiferencia hacia él le había herido su orgullo.

Después de esta reflexión, me acerqué a él tratando de abrazarle y esperando que liberara mi pezón de entre sus dientes, lo liberó y me colgué a su cuello como una novia enamorada.

Creo que esta reacción sorprendió a mi esposo.

Ricardo puso sus manos sobre mis hombros y me atrajo hacia él, le abracé más y descansé en su pecho, la comparación fue inmediata. Yo extrañaba la calidez del otro cuerpo y ese enorme bulto que acosaba mi sexo.

Bajé una de mis manos que descansaba en los hombros de mi esposo y fui en búsqueda del pene mi marido.

Alcancé su cintura, introduje mi mano en su bajo vientre, abrí mi mano y dedos como una red para capturar a ese “pájaro de la noche” pero la búsqueda no fue exitosa…

Mi mano alcanzó la zona de su pubis, jugué un par de veces con sus rizados vellos púbicos y luego mis dedos bajaron lo suficiente hasta hacer contacto con el pene de mi marido que ahora solo colgaba entre sus piernas.

Sentí la contrariedad de mi esposo, pero le animé mirándole a la cara, le devolví una mirada llena de lujuria y la acompañé con una sonrisa llena de compasión…

Al parecer disfrutaríamos de una tregua entre nosotros dos y nuestro vecino.

Sin soltar de mi mano su lánguido pene, me agaché hasta tenerlo frente a mí, me puse de rodillas y con mi otra mano acaricié sus bolas.

Le miré hacia arriba desde mi posición y nuestros ojos coincidieron. Sin dejar de mirarlo, introduje su pene en mi boca, sabores familiares me evocaron recuerdos de otras noches románticas y de pasión…

Con mi lengua recorrí su glande y su prepucio. Besé su punta y saboreé su líquido preseminal…

Mi otra mano no cejaba en masajear sus bolas.

Le miré de nuevo, Ricardo ahora tenía los ojos cerrados y su rostro expresaba que sentía placer…

Me tragué entero el pene de mi esposo y con mi lengua lo presioné contra mi paladar, entonces le succioné e inicié rítmicamente masajes entre mi lengua con mi paladar…

En otras ocasiones, reservadas para eventos especiales, esta succión y masajes al pene y bolas de mi marido aseguraban una pronta erección.

Esta vez, después de varios minutos no hubo ninguna reacción. Varias veces busqué la mirada de mi esposo para saber cómo estaba reaccionando, pero nunca la encontré y siempre me pareció que me evitaba…

Después de un segundo intento, saqué su pene de mi boca y lo masturbé con mis manos, aún así no reaccionaba.

No es fácil mamar un pene, se cansan los músculos que realizan la deglución, no tenemos músculos en las mejillas preparados para esa función. Tampoco la lengua puede por muchos minutos hacer el gesto de ingerir y deglutir en forma sincronizada.

Después de varios minutos lamiendo ese pene y acariciando esas bolas…, no logramos una erección.

Mi esposo frustrado retiró su pene de mi boca y se dejó caer en el sofá, abrió los brazos y los apoyó a lo largo del respaldo. Desde esa ubicación me miró, yo estaba arrodillada desnuda sobre la alfombra, luego miró a nuestro vecino, sentado en el otro extremo del sofá…

Ricardo le hizo un gesto para que se acercara, y le dijo: -venga vecino, disfrute de la mamada que le va a dar esta putita-

Jaime le miró en forma dubitativa…, Ricardo captó el temor de Jaime y le reafirmó en un tono más amable: -Venga, venga, vecino acérquese, aproveche y disfrute de esta putita-

Jaime se puso de pie y se acercó lentamente hasta donde estábamos nosotros. Allí se quedó sin saber que más hacer. Entonces Ricardo se puso de pie y le invitó a sentarse.

Ricardo me miró directamente a los ojos, lo que vi en sus ojos me asustó, comprendí que la tregua había cesado, me hizo un movimiento con los ojos que apuntaba a acercarme al vecino.

Jaime entendió el mensaje y caballerosamente se levantó del sofá y me tendió una mano y me acercó a él. Quedé sentada de lado en la alfombra a sus pies.

Ricardo seguía con atención mis movimientos…Ante la pasividad de ambos. Ricardo me gritó:

-Chúpale la polla, maraca-

Creo que Jaime se asustó más que yo ante ese grito y se inclinó de su asiento para hacer contacto conmigo, una de sus manos acarició mi cabello, ahora desordenado, alcanzó mis hombros y sus dedos los deslizó suavemente sobre mi piel…

Jaime se acomodó en el sofá y abrió más sus piernas, yo que estaba en el suelo, sentada de lado no pude evitar mirar su enorme bulto escondido entre su mata de vello púbico…

Me quedé inmóvil, paralizada esperando la aparición del monstruo…

Entonces, la voz de mi marido me despabiló: -debo ir al baño-, cuando vuelva quiero que tengas esa polla entera dentro de tu linda boquita…

CONTINUARÁ

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