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No Consentidosept 2023

Mi esposo, nuestro vecino y yo, MaryJo 7

El bolero suena y el giro es perfecto. Mientras su esposo observa impasible desde el sofá, el vecino la penetra bajo la excusa del baile. Ella llora de placer, sabiendo que cada embate es visto, pero prohibido detenerse.

mariajose18K vistas8.8· 20 votos
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Nuestro vecino Jaime, retomó el ritmo de un nuevo bolero que ahora escuchábamos, él no dejaba de besarme y no le daba descanso a recorrer mi boca con su lengua. Jaime se transformó para mí en una máquina de placer, empezamos a girar y a cada paso que dábamos siguiendo el ritmo del bolero, su pene rozaba mi monte de venus…

Mi vulva opuso escasa resistencia al enorme pedazo de carne…

A cada embate yo más me mojaba y lubricaba…, sentí cuando alcanzó con su glande mis labios mayores, los cuales se abrieron como pétalos de flor y dejaron surcar mi canal sin oposición…

Reaccioné enterrando mis uñas en los hombros del vecino, Jaime respondió succionando mi lengua... y crispando su espalda. Como un efecto dominó, al enderezar su espalda, su miembro arrasó mi vulva y entonces le abracé y presioné su cuerpo al mío…

Otro giro en el baile y otro embate. Me faltaba el aire, debí abandonar el beso apasionado y auxiliarme rescatando una bocanada de aire antes de sucumbir asfixiada de tanta pasión.

Jaime movía su pelvis rítmicamente tratando de penetrarme…, su miembro resbalaba por mi canal…mis labios mayores no oponían resistencia, al contrario, actuaban como barreras contenedoras y guiaban al intruso, su glande en cada pasada estimulaba todo mi sexo…

Yo vibraba en cada pasada. Así, mis labios menores también sucumbieron y en vez de estrecharse y cerrar el paso al invasor, se dilataron.

Yo ahora miraba las luces de la lámpara de la sala como quien busca refugio en algún punto, las luces estimularon mis glándulas lagrimales y mis primeras lágrimas llenaron mis ojos y se derramaron por mis mejillas…

Yo estaba consternada de emoción, mi cuerpo entero vibraba, Jaime me consumía en caricias y estímulos y deliciosamente no me dejaba escapar de su cuerpo, y su monstruoso pene no cesaba de pasar por mi canal encendiendo todos mis puntos sensitivos…

Era una verdadera cascada de estímulos que mi cerebro no era capaz de procesar…mis lágrimas inundaban mi rostro y justo como una obra orquestada y concertada, el bolero llegó a los últimos compases, fue el preciso momento que la enorme cabeza del pene del vecino se detuvo presionando mi clítoris.

Mí último baluarte y llave de acceso a mi vagina ahora era amenazado y presionado por la punta de ese enorme miembro…

Me llevé la mano a mí boca y silencié un alarido de placer…

Las luces de la lámpara se transformaron en estrellas, cerré los ojos y miles de fuegos de artificios se activaron y explotaron en mi cerebro…

Lloré, reí y me estremecí frente a ese enorme bloque de carne…

Mi clítoris se endureció, toda mi sangre fue a su demanda e irrigó mí sexo…Pero nada era suficiente ante el inminente ingreso de esa enorme mole….

Ante cada pasada de ese enorme pene en mi vulva, yo sucumbía con un nuevo estremecimiento de placer.

Jaime, ahora ayudado por una de sus manos, puso la cabeza de su pene justo a la entrada de mi vagina...

Sentí ese bloque duro de carne golpeando mi entrada, saqué la mano de mi boca que impedía que yo gritase más…

Jaime movió su mano y me agarró una nalga. Con la otra mano hizo lo mismo con mi otro glúteo.

En instantes nuestro vecino me tenía agarrada por el culo y de frente me amenazaba con su enorme glande en la entrada de mi estrecha vagina. Abrí los ojos, tomé aire y extasiada miré a mi alrededor…

El bolero estaba llegando a su fin, no había sido uno de mis favoritos, no lo tarareé y me distraje buscando a mi marido en el sofá, pero en ese momento yo estaba de espaldas a él, debía espera que el ritmo del baile nos llevara a un nuevo giro para poder verle…

Las manos de Jaime me hicieron dar un brinco cuando empezaron a amasar mi culo, una de mis nalgas era ahora más sensible a los apretones luego que el vecino me la hubiera mordido y de seguro me haya dejado una huella.

El bolero llegó a su fin y fue el tiempo justo para hacer un último giro en el baile y ahora si poder ver a mi esposo sentado en el sofá, ya no se masturbaba, lo capté tomando su copa y llevándosela a sus labios.

Cruzamos nuestras miradas, le noté ido, no tenía la misma sonrisa de satisfacción cuando me quitó la venda…Pero igual me sonrío…le brillaron los ojos. Le hice una seña para que se acercara.

Ricardo, mi esposo, dejó su copa en el suelo y respondió a mi llamado levantándose solicito a mí encuentro. En un par de zancadas se nos acercó y puso su cara junto a la mía esperando una invitación de mi parte. Yo le respondí escuetamente, susurrándole al oído: -Amor, acércame mí copa de Martini por favor-

Vi su mirada, cómo se apagaba por la decepción, no sé si fue tristeza, pero puedo asegurar que ya no le brillaban los ojos de felicidad y satisfacción del inicio…giró y me dio la espalda en busca de mi copa de Martini solicitada.

Mientras, nuestro vecino Jaime redoblaba sus apretones en cada una de mis nalgas, ahora los separaba y me hacía sentir incluso como mi ano también se rendía y se dilataba a esas manos ajenas…

Yo, no me cuestionaba nada de lo que Jaime me provocaba, estaba completamente entregada a él, dominada por sus caricias y diferentes estímulos.

De pronto sentí deseos de cobijarme en el pecho del vecino, busqué refugio en su pecho, mi mejilla sintió primero la calidez de su cuerpo, luego las cosquillas que me provocaron sus vellos del pecho.

Puse mis manos en su pecho y sentí su respiración. Me mantuve en esa posición disfrutando de los placeres que me brindaba, su pecho subía y bajaba al ritmo de su respiración.

Un nuevo bolero comenzaba a sonar, con los primeros acordes supe cuál era el interprete y la canción, la podía cantar de memoria…Un primer paso del baile un leve giro y Jaime me acerca a su cuerpo y su miembro surcando mi canal…Iba a mirar ese objeto que pugnaba por penetrarme…, pero unos toques en mi hombro me distrajeron.

Era mi esposo Ricardo que me acercaba la copa de Martini, Jaime, nuestro vecino, le sintió y me apretó más a su cuerpo, mis manos en su pecho quedaron prisioneras…Yo miré a mi marido y le hice un gesto de no poder asir la copa y le murmuré: -Ahora no puedo amor-.

Jaime reforzó mis palabras apretujando en ese mismo momento mis nalgas e intencionalmente poniendo la punta de su enorme glande en mi clítoris.

Miraba en ese preciso instante a mi marido y su imagen comenzó a desvanecerse cuando sentí que mi vagina se dilataba al máximo, solté un alarido de placer…y creo que me desvanecí.

Pasaron segundos que me parecieron eternos, una eternidad después, muy de fondo volvían a mí el sonido del bolero casi distorsionado, luego escuché algunos murmullos inteligibles, lejanos e incomprensibles, los que poco a poco se transformaron en voces, distinguí un par de voces, ambas varoniles y que subían de tono, entorné los ojos con esfuerzo, los abrí como si despertara de un largo sueño…ya no sentía la calidez del cuerpo del vecino, ni sus manos, menos su enorme pene tratando de penetrarme, un aire refrescante recorrió mi cuerpo desnudo, miré con dificultad a mi alrededor tratando de orientarme. Ahora, nuestros cuerpos con el vecino estaban separados, una mano asía mi muñeca y me arrastraba hacia él…miré la mano casi como si fuera en cámara lenta, o imagen cuadro a cuadro, enfoqué mi mirada en él y reconocí que era mi esposo quien me hablaba, pero su voz resonaba en mi cabeza y parecía una voz de ultratumba.

Mary,

…basta,

…para,

…detente,

Se acabó…

CONTINUARÁ

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