Bruno pilla a su esposo con los albañiles
Bruno siempre creyó conocer a su esposa, hasta que una tarde decidió tomar un atajo por el jardín. Lo que encontró en la terraza no fue una traición cualquiera, sino un espectáculo que desafiaría todos sus límites como marido y como hombre.
Me encuentro casado desde hace doce años con Natalia, una mujer bastante hermosa, buenos pechos y que siempre ha mantenido una buen figura, pese haber sido madre en dos ocasiones. Acababa de cumplir los cuarenta años cuando ocurrió lo que voy a narrarles. Nuestras relaciones sexuales habían sido las normales de cualquier pareja, al principio muy eufóricas, pero con el tiempo fueron decayendo.
Mi esposa me estaba solicitando desde hacía un tiempo unos arreglos que había que llevar a cabo en la terraza de la vivienda, que utilizamos como esparcimiento. Por tal motivo, contraté con una empresa de construcción y enviaron un peón y un albañil para realizar dichos trabajos.
En la mañana, cuando llegaron los albañiles antes de marcharme de casa, comprobé que se trataba de un hombre de unos cuarenta y tantos años y un joven peón de unos veinticinco años aproximadamente. El hombre poseía un cuerpo bastante fornido, anchas espaldas y de una altura respetable, el cual portaba un pequeño bigote. El peón, era un joven de color bastante moreno, que me pareció medio trigueño, tirando a mulato, con el pelo bastante rizado. Este joven tenía un cuerpo no superior a 1.70 bastante, bastante más bajo que el albañil, y también de cuerpo delgado.
En la noche comprobé lo que habían hecho, y al día siguiente marché temprano al trabajo, dejando a mi esposa en la casa, ya que pronto vendrían los trabajadores. Normalmente no vengo almorzar a casa, y regreso bien entrada la tarde noche. Sin embargo, ese día había tenido que visitar unos clientes fuera de la empresa, y cuando regresaba, tras comer algo en un restaurante, decidí volverme a casa. No pasaba de los tres de la tarde, cuando aparque el vehículo por fuera de casa.
Nuestra casa tiene una terraza y un jardín que bordea gran parte de la misma. Ese día, sin saber porque decidí entrar en la casa no por la puerta principal, sino que continúe por el jardín pensando en acceder por la parte trasera, donde existe una escalera de acceso a la terraza donde los trabajadores llevaban a cabo las tareas de reforma.
En ese momento, escuché que mi esposa estaba hablando con los trabajadores. Instintivamente me detuve. Con cierta cautela busque un lugar desde donde se pudiera verificar perfectamente la presencia de mi esposa y de los trabajadores en la terraza. En ese momento, que quedé sorprendido viendo como el albañil se encontraba situado detrás de mi esposa, y le acariciaba el rostro a la misma con una de sus manos. Me quede completamente parado ante aquella actitud. Observó como el hombre acerca su cara al cuello de mi esposa, La besa, besa su oreja, y escucho que le susurra algo que no llego a entender. Mi sorpresa fue que mi esposa, no mostrara rechazo a tales caricias.
Compruebo como el hombre baja su mano, siempre situada detrás de ella, y comienza a acariciar los pechos de mi esposa, sobre la camisa fucia bastante ceñida que llevaba puesta, donde se marcaban caramente sus senos e incluso pude detectar sus pezones bien hinchados. Ese extremo me dejó más perplejo, ya que no entendía como mi esposa no se había colocado sostén bajo aquella prenda, sabiendo que destacaban claramente su pechos debido al volumen de los mismos. Mi sorpresa aumentó cuando comprobé que su parte baja estaba cubierta únicamente por un pantalón corto tipo malla, sumamente ajustado, que marcaba perfectamente las nalgas de la misma, y hasta se apreciaba claramente el abultamiento de los labios de su coño.
Estaba tentado por manifestarme y echarles una reprimenda, y especialmente a mi esposa. Era evidente que mi esposa era consciente de lo que hacía. Usar aquellas prendas tan ajustadas que llevaba puesta esa tarde, conociendo la presencia de los trabajadores en la terraza, era una clara provocación.
No obstante, me contuve y quise conocer hasta donde estaba dispuesta a llegar mi esposa, extrañado ante aquel comportamiento que me tenía sorprendido. Observó que el albañil, no paraba de besar el cuello de Natalia, y manoseaba sin parar sus pechos, apretándolos con sus grandes manos a través de la suave tela de la prenda que portaba. Notaba la agitación de mi esposa, ante la acción de aquel hombre que le acariciaba sus pezones, especialmente cuando este los tomaba con las yemas de los dedos, rodeándolos, los cuales sobresalían desafiantes bajo camiseta que llevaba.
Escuche unos suaves gemidos de Natalia, ante las caricias del hombre, al tiempo que le decía: oh no siga. Esto no está bien. Oh..
El hombre lejos de amilanarse mostraba una evidente erección bajo su mono de trabajo, el cual acercó al trasero de mi esposa, pegándolo al mismo, en clara intención de querer provocarla.
Mi esposa se revolvió al sentir la dureza del pene que blandía el albañil, y que puyaba insistentemente contra su trasero, metiéndolo entre sus nalgas.
¡Oh por favor… pare….! Gimió nuevamente mi esposa.
El albañil le susurra: ¿Ha visto señora como me tiene? ¡Sé que está necesitada de una buena polla! ¿Ande comprueba la mía?
A mi esposa se le notaba realmente excitada. Tanto, que, ante mis atónitos ojos, comprobaron como oso echar la mano hacia atrás, y palpar el bulto que el hombre mostraba en su pantalón. ¡Me di cuenta de su estremecimiento!! Lo que evidenciaba que aquel hombre debía estar bien dotado.
Pese a que inicialmente mi esposa retiró la mano, no pasó mucho tiempo, para ver que, ante los continuos manoseos del albañil, aquella volvió a echar la mano hacia atrás para atrapar nuevamente el enorme bulto que mostraba aquel hombre. Lo que me demostró que mi esposa estaba excitada ante el falo que presentaba aquel trabajador.
Mas tarde, observó que el albañil baja sus manos hasta la cintura de mi esposa, para dirigir su mano hacia la entrepierna de mi señora, palpando abiertamente los labios vaginales y la raja de su coño, que se mostraban claramente bajo la ajustaba malla que llevaba. Los gruesos y largos dedos del trabajador comenzaron a trabajar la entrepierna de Natalia, notando los suspiros y movimientos de ésta. Desde la posición en que me encontraba podía detectar claramente, como aquel hombre manoseaba abiertamente la vagina de mi esposa, pese a la malla que portaba, comprobando que tampoco se había puesto ningún salvaslip, por lo que la mano del albañil podía acceder a la raja con total claridad.
-Oh por favor eso no. ¡Oh no me toque ahí! ooo- exclamaba, mientras se revolvía, sintiendo como las manos de aquel hombre la manoseaban abiertamente los labios de su coño.
En ese momento, el albañil llamó al joven peón, que se encontraba observado la escena sin intervenir, diciéndole: ¡Yuri, ven acércate! ¿Has visto que buena esta esta señora?
El joven, se acerca decidido, y se coloca delante de Natalia, e igualmente, a instancias del albañil, comienza a toquetear su cuerpo, abrazándola por la cintura, haciendo muestras de igualmente acercarle su paquete (que ya se percibía igualmente con una abultamiento a la altura de la bragueta de su mono de trabajo), puyando contra el pubis de mi esposa, en clara intención de excitarla.
-¿Verdad que esta señora está muy buena? ¡Esta hembra anda caliente y con ganas de que la cojan! ¿Te has dado cuenta como viene vestida? ¡Creo que esta necesitada de nuestras pollas!
-Oh cabrones. ¿Qué me vais hacer? - exclamó mi mujer, el verse emparedada por ambos hombres por delante y por detrás.
-Relájate preciosa. ¡Vas a tener lo que venias buscando! Y dirigiéndose al joven, le dice: Has visto la tetas que se gasta este señora. ¿Qué esperas para mamárselas? ¡No ves que te lo está pidiendo a gritos!
El joven peón, comenzó al levantar la camiseta que portaba mi esposa, viendo que le costaba un poco por estar bastante ajustada al cuerpo, pero entre los dos lograron retirarle la camiseta totalmente, sacándosela por la cabeza, quedando mi mujer con sus hermosos pechos al aire. Como había previsto, no llevaba sostén. Era algo que no entendía. Estaba claro que se había vestido así para provocar aquellos trabajadores. No conocía esta faceta de mi esposa.
El joven pronto comenzó a pasar su boca por los grandes pezones de los senos de mi mujer, al tiempo que el albañil desde atrás hacia lo propio tomando aquellos pechos, totalmente desnudos en sus grandes manos, manoseándolos y apretándolos con sus poderosas manos.
-¡que pedazo de hembra!. ¡Uf señora, que hermosos pechos tiene!.- exclamó el albañil mientras manoseaba los pechos de mi señora.
-Oh… por favor…. Oh no sigan oooo
El albañil entonces bajó sus manos y comenzó a tirar de los laterales del pantalón corto-malla que llevaba mi esposa. Me di cuenta de que aquel cabronazo la iba a terminar de desnudar. Pensé en detener de una vez aquello. Sin embargo, me di cuenta de que se había formado una evidente erección en mis pantalones contemplando como seducían a mi esposa.
Como preveía, pese a las iniciales protestas de mi esposa, pronto el albañil, con su gran corpulencia y fuerza, logró bajar el pantalón hasta las mismas rodillas de mi señora. Mi esposa quedó mostrando todo trasero, desnudo comprobando que solo llevaba una pequeña tanga que parecía un hilo dental. Pronto, entre ambos hombres, pese a los pequeños intentos evasivos de mi esposa, lograron retirarle completamente el pantalón, dejando a mi esposa únicamente con aquella débil prenda. Al instante, las manos del albañil terminaron por retirarle la braguita, quedando totalmente desnuda ante aquellos dos trabajadores, en plena terraza.
-Oh… ¡me habéis desnudado!… oh por dios déjenme…tenéis que dejarme… ohh
La realidad es que resulta electrizante contemplar el hermoso cuerpo de mi esposa, totalmente desnudo, mostrando aquellos dos trabajadores sus pechos voluminosos y desafiantes, y su perfecto y modelado trasero. Note la cara de satisfacción de ambos trabajadores el contemplar a mi esposa en cueros.
El albañil, siguió manoseando los pechos desnudos de mi esposa, toqueteando su entrepierna, al tiempo que me percató, que el joven peón, se retiró completamente el mono de trabajo, así como el slip que llevaba quedando completamente desnudo. El color casi negruzco de su cuerpo delgado contrastó con el largo pene que blandía entre sus piernas. Menos mal que este no era muy grueso, pero si de una gran longitud.
Me fijé en la cara de excitación de mi esposa al ver los genitales de aquel joven. Pese a sus primeras protestas, ante mi sorpresa, fue ella misma la primera que comenzó a tocar abiertamente el pene del joven, pasando la mano por el mismo, de arriba abajo, sopesándolo abiertamente, hasta llegar a pasar su mano por los propios testículos del joven.
-¿Te gusta la polla del muchacho, he putita? Pronto verás también la mía. Le comentó el albañil al ver como mi esposa masturbaba al joven.
Mientras se concentraba en los genitales del joven peón, no se dio cuenta que este se desprendió igualmente de su mono de trabajo, haciendo lo propio con el short que llevaba, quedando igualmente desnudo detrás de mi esposa. Al fijarme en los genitales de este trabajador maduro, me quede preocupado y estupefacto. ¡No eran unos genitales cualesquiera! Aquel hombre calzaba entre sus piernas un vástago de unas proporciones descomunales. No solo era bien grande, sino que tenía un grosor bastante superior al del joven peón. Era obvio, que aquel albañil tenía un falo bastante superior al mío, y extremadamente más grueso.
Mi esposa al sentir en su trasero, la dureza de aquel nabo se giró. Al contemplar en vivo aquel cipote gimió, exclamando: oh ¡no puede ser!…. ¡oh es muy grande!
Me di cuenta de que Natalia se mostró preocupada al observar el cáñamo de aquel albañil. Tanto, que se giró y observó bien aquellos genitales, mientras alargó su mano y la tomó por primera vez. Note el estremecimiento de la misma, al sentir la dureza y longitud de aquel tremendo sable. Al igual que hiciera con el joven, mi mujer pese a su preocupación no tuvo reparo en dirigir su mano hasta tocar los testículos del albañil. Estos se mostraban igualmente monstruosos, como dos bolas de tenis, y mi esposa los palpó abiertamente, gimiendo al darse cuenta de que debían llevar una buena carga dentro.
El albañil, tomo entonces a mi esposa por la cintura, y la atrajo hacia él, colisionando su tremendo pene con el pubis de mi mujer. Los movimientos simulatorios de meter y sacar que realizó el hombre agitaron a mi esposa. Mi mujer estaba completamente desnuda ante aquel tremendo semental, que la puyaba con su verga.
Natalia, aunque excitada se atrevió a decirle: Oh por favor debe dejarme. Estoy casada. No debó estar aquí.
El albañil la tomó fuertemente por la cintura, impulsando su cuerpo contra el de mi esposa, metiendo su verga entre las piernas de aquella, viendo como por primera vez le rozaba los labios vaginales a la misma. Este le contestó a Natalia: ¡Ya sé que eres una mujer casada, pero andas caliente y necesitas que te den una buena follada! Has visto como la tranca que tengo para ti. Te la vas a comer enterita. ¿Seguro que el idiota de tu marido, no tiene sino un pene de miniatura?
-Oh por favor. ¡Me harás daño…!. Exclamó mi esposa, mientras intentaba con su mano retrasar la entrada de aquel pene en su vagina, colocando la mano delante el hombre.
En ese momento el joven, se acerca por detrás de mi esposa, e igualmente la abraza, mientras comienza a puyar contra el trasero de la misma, golpeándolo con su larga verga.
-Relájese señora. El joven también quiera participar. Ya has visto que el mismo se gasta una buena verga. “Esta tarde va a recibir las dos vergas”. ¿verdad que quiere que nos la follemos los dos juntos?
-estáis locos. Exclamó mi esposa.
Me di cuenta de que el hombre metió su mano en la entrepierna de mi señora, y comenzó a hurgar con sus dedos el coñito de la misma, levantando los gemidos de ésta. Luego, el hombre, con una excitación mayúscula, se sienta en una silla, quedando su falo mirando hacia el cielo entre sus piernas. Tras tocarse su polla mostrándosela, siempre mirando hacia mi esposa, le dice: ¡vamos señora, venga,,, súbase sobre mis piernas!. ¡Es hora de que reciba su premio!
Me percató que mi señora duda. Llegue a dudar que accediera, pensando que seguramente se iría al interior de la casa. Sin embargo, el propio joven la presiona e incita a subirse sobre los muslos del albañil. No sabía si mi esposa estaba dispuesta a dejar pasar aquella oportunidad, o por el contrario, decidiría follar con aquel trabajador en plena terraza. Natalia miró al hombre, ruborizándose, para luego dirigir su mirada hacia la tremenda verga que mostraba entre sus piernas, completamente izada en alto, como un auténtico misil. Se pasó su mano por su coño, agitada abriéndose los labios de su vagina.
Yo pensé para mis adentros diciendo: seguro que se arrepiente y se marcha para el interior de la casa. Pero, mi sorpresa alcanzó niveles de excitación, cuando compruebo como Natalia, decide acercarse hasta el hombre, se agacha un poco tocando con su mano el cipote de éste, dándole una par de manipulaciones, hasta logar descapullarlo. ¡Oh joder como la tienes…!
Acto seguido, se abre de piernas, e intenta situarse encima de los muslos del hombre que se hallaba sentado. Mi esposa iba a follarse aquel albañil.
Agitado ante ello, observó cómo se abre un poco el coño con sus propias manos, hasta situar su vagina justo a la altura de la cabeza de aquella enorme verga. Luego, poco a poco se fue dejando caer, viendo como pese a sus gestos de dolor, se fue ensartando una buen parte del pene del albañil.
Oh joder como me abres…. ¡la tienes muy grande! - exclamó mi señora, mientras se iba sentado en la polla de aquel semental.
El albañil, satisfecho de que mi mujer se dejara seducir y decidera montar su polla, alargó sus manos y tomó a mi esposa por la cintura atrayéndola hacia él. Al propio tiempo decidió impulsarse hacia arriba, para luego hacerla bajar con fuerza, terminando de clavarle la totalidad de su verga en el coño de mi esposa. Ohhh que dolor oooo nooo
Me di cuenta, que aquel maduro trabajador, le había terminado de clavar su poderosa verga en la vagina de mi esposa. Tras unos momentos de gimoteos, el hombre comenzó a manosear el trasero de mi esposa, al tiempo que la impulsaba hacia arriba, para luego dejar caer a la mujer, quien en cada movimiento se clavaba una y otra vez la verga de aquel semental. Uf…así putita…¡ya la tienes dentro!. Así cabalga a tu potro vamos.
Mi mujer comenzó a cabalgar aquel hombre, saltando sobre su verga, clavándose y desclavándose una y otra ve el pene en su coño. Pronto los movimientos se hicieron más acompañados, y me di cuenta de que mi esposa comenzó a disfrutar de aquella cogida. Veo como coloca los brazos sobre el cuello del hombre, para impulsarse una y otra vez, mientras se retorcía con la polla del hombre en su vagina.
El albañil, decidió participar más activamente, comenzando a chupetear los pezones de mi mujer, haciéndola gemir y revolverse sobre los muslos del hombre, mientras la misma alcanzaba el primer orgasmo de la tarde.
El trabajador continuó fallándola pese a todo, al tiempo que se dirigió al joven, y le hizo una seña para que se colocará detrás de mi esposa. Yuri entendió claramente lo que pretendía su compañero, y acercando sus dedos, los pasó por el ano de mi señora. Aquella frunció el seño al sentir el dedo índice del joven hurgar dentro de su culito. Sin dejar de cabalgar al maduro, miró de reojo al joven. Al sentir el dedo del joven insistir y clavarse en el interior de su orificio anal recordó que nunca había sido penetrada por ahí.
Oh cabrones…¿por ahí no?
A callar putita. ¡Sabes que hoy la vas a recibir por ambos huecos! Le comento el trabajador maduro.
-Pero nunca me lo han hecho por ahí. Me harán daño. Contesto mi esposa.
-Tu relájate y verás como vas a disfrutar con ambos pollas metidas en los dos orificios, exclamó el maduro, quien no paraba de embestir a mi esposa, haciéndola cabalgar su polla una y otra vez.
,-oh… estáis locos.
El joven Yuri, se colocó detrás de mi esposa, y comenzó a alternar el paso de sus manos por los pechos, para luego bajar al trasero de la misma. Tanto que unos momentos bastaron para que Yuri lograra meterle dos dedos dentro del estrecho culo de mi esposa. Me percaté de la muestra de dolor y sorpresa de mi esposa. Era cierto que conmigo jamás había tenido penetración anal.
Tras unos minutos, de manipulación del trasero de mi mujer por parte de joven trabajador, éste observó, como el albañil le indicó que se pusiera tras ella y la penetrara. El hombre hizo que mi esposa se recostara más sobre su cuerpo, sin dejar de clavar su coño, facilitando que la misma se echara sobre el pecho del hombre, con lo cual abrió mejor sus nalgas y su culo. Ello facilitó que el joven acercara su verga hasta el ano de la misma, y tras presionar con dureza, contra todo pronóstico, observó cómo le ensartó más de la mitad de su largo cáñamo dentro del culito de mi esposa.
Natalia dio un grito y una alarido, que se escuchó en toda la terraza. Oh no me haces daño…. Phhh noooo
Sin embargo, el joven lejos de cesar en su obsesión por clavar el culo de mi señora comenzó a presionar con fuerza, metiendo y sacando su verga, hasta que, en un momento dado, me di cuenta de que mi esposa tenía ensartada la totalidad del pene del joven en su culito. Natalia estaba emparedada entre ambos hombres, quienes comenzaron a follarla al unísono, cogiéndola por el coño y el ano al mismo tiempo, entre gemidos y alaridos de mi señora.
Oh por favor…. Mas no oooo… me vas a reventar oooo
Mi esposa estaba recibiendo en aquella posición, aquellos dos pollazos, que llenaban su coño y su culito al mismo tiempo. Estaba recibiendo una doble penetración.
Mis ojos no daban crédito a lo que estaba viendo. Aquellos dos hombre se estaba follando al mismo tiempo a mi esposa, quien pese a recibir los pollazos de ambos trabajadores, comenzó a maldecirles diciendo: oh cabrones os voy a matar…¡oh si carbonizados!... metedla mas fuerte, vamos tu recientemente el coño y el culo de una vez.
-claro putita. Oh jode que buen coño tienes…. me gusta follarteeeeee,. Que buen coño tiene esta casada…uf nena te vamos a llenar de lefa. Mi esposa estaba alcanzando un estado de auténtica posesión, de éxtasis increíble, mientras era clavada una y otra vez por ambos trabajadores, quienes no paraban de meter y sacar sus pollas del coño y culo de mi señora. No tenía conocimiento de que mi esposa hubiera participado nunca en ninguna doble penetración. Pero en esta ocasión, estaba siendo follada en mi propia casa por aquellos dos trabajadores.
Mi esposa, tuvo dos o tres orgasmos casi seguidos, mientras era penetrada por ambos hombres. Pronto el joven se aferró fuertemente a mi esposa, sujetándolas por las caderas, aumentando el grado de intensidad de sus penetraciones, mientras decía: Oh señora…me voy a correr…. Le voy a llenar su culo con mi lefa…. Oh siii
Observé como el joven le dio una fuerte embestida, para luego comenzar a venirse dentro del culito de mi esposa. Durante varios minutos la estuvo follando y viniéndose dentro de su trasero, hasta que por fin decidió salir de culito de mi mujer, retirando su larga verga, de la cual comenzó a fluir resto de semen.
Tras salirse de mi esposa, e albañil, tomó a mi esposa elevándola en brazos con toda su verga dentro de ella, hasta llevarla en alza hasta una mesa de madera que utilizamos en ocasiones para comer. Una vez la depositó de espaldas sobre dicha mesa, comenzó a penetrarla con más dureza, obligando a mi señora abrir las piernas al máximo, mientras la verga del hombre se hundía una y otra vez en la jugosa concha de mi señora.
Oh.. señora…que buen coño tiene… Le voy a reventar ese coño, ¿quiere que se lo reviente? ¿Verdad putita?-
Eso convulsionó a mi esposa, quien le manifestó presa de auténtica locura: -oh si cabron… así… reviéntame el coño… dame caña…
El hombre la tomo por la cintura y comenzó a embestirla con gran fuerza, hasta que mi esposa se dio cuenta de que aquel semental estaba a punto de venirse. En esos momentos, escucho a mi esposa decirle con agitación: ¡i no lo hagas dentro! No estoy protegida… tienes que hacerlo fuera….
Me percaté que aquel semental no estaba por la labor. Las fracciones de su rostro, y su sonrisa, me demostraron, tanto a mi esposa como a mí, que aquel cabronazo no tenía intención de hacerlo fuera. ¡se iba a correr dentro del coño de mi esposa!
Entre excitado y alterado, observó como el hombre la toma fuertemente de las caderas a mi esposa, y comienza a embestirla, dándole auténticas clavadas a su panocha. Tras unos instantes de frenética penetración, me percató que comienza a eyacular dentro de la vagina de mi mujer. Mientras se venía, abría mas y mas las piernas de mi mujer, aprovechando para lanzarle su semen dentro de ella. Sin poder contenerme, observó como mi semen comenzó a brotar igualmente de mi tranca, la cual me había sacado previamente de mi pantalón, viendo como salía disparado regando los alrededores. Mi descarga fue de las más copiosas que recordaba.
Mientras me limpiaba, observó que mi esposa intenta bajarse de la mesa, al tiempo que se gira hacia el hombre con intención de propinarle una cachetada. Pero el hombre estuvo avizor, la retuvo diciéndole: ¡quieta gatita! ¿No te has gustado mi leche? Pues, es lo que has venido buscando como una autentica hembra en celo.
Mi esposa se bajó de la mesa, observándose su coño, del cual goteaba semen, y pasando su mano por su ano, comprobando que aún fluía el semen del joven. Se dio cuenta que había sido horadada por ambos agujeros.
En ese momento, el albañil observa a su peón, que pese haberse corrido anteriormente, volvía a tener una erección notable. Le sonríe, y le dice a mi mujer: ¿Has visto al joven? ¡Vuelve a estar en forma! ¿Seguro que quiere follarte igualmente el coño?
-Oh mas no… -exclamó mi esposa temerosa, al ver como el joven se tocaba su mandarria, con una empalmadura bastante pronunciada.
Pese a las protestas de mi esposa, el hombre sujetó a mi mujer, colocándola recostada sobre la mesa, mostrando al joven su precioso culo. Le dio unas palmadas en el trasero, diciéndole: relájate putita. Vas a recibir la leche del joven en tu coño también. ¡Vamos Yuri, vuelve a clavar a esta puta casada!
El joven se acercó, colocó su verga entre las piernas de mi señora, abriendo con sus manos las nalgas, hasta que de un certero golpe de riñones le clavó su larga vara, esta vez, dentro de la vagina. Mientras el hombre sujetaba a mi esposa, el joven se la estuvo follando durante un buen rato, hasta que por fin éste de vino igualmente dentro del coño de mi mujer.
Note que mi esposa al terminar, se hallaba dolorida y con dificultades para caminar. Entonces el albañil le dijo: ahora señora mejor será que se vaya a duchar, que nosotros tenemos que terminar el trabajo de hoy.
Mi esposa le dirigió una mirada de autentico odio, mientras recogía su ropa y se metía dentro de la casa. Los obreros, volvieron al trabajo, y ante mi asombro continuaron trabajando.
No sabía como reaccionar. Sin embargo, salí y entré a la casa por la puerta principal. Justo en ese momento, mi esposa intentaba entrar en el baño.
-Natalia. ¿te acabas de levantar ahora?
-Oh Bruno. ¿Tú en casa? ¿no ibas a llegar tarde? Acabó de hacer un poco de gimnasia, y me iba a duchar- me contestó con los cachetes enrojecidos, intentando busca una disculpa.
No quise insistir. Mi esposa entró en la ducha, nerviosa. No obstante, me percaté de que por sus muslos fluía un liquido blanquecino, evidenciando que se trataba del semen de aquellos obreros. No se si ella de dio cuenta o no, pero note que pronto comenzó a echarse agua con la regadera en sus partes.
Nada más ocurrió ese día. Sin embargo, recordé que los trabajadores aún les quedaba un par de días de trabajo en la casa. Sospechaba que algún nuevo encuentro iba a ocurrir en los días posteriores. En la tarde, los trabajadores se marcharon, y mi esposa acudió a comprar.
continuara
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