La profesora de matemáticas 35
Alberto ha esperado este momento toda su vida. Su madre, Mariví, ha dejado de ser solo un objeto de deseo secreto para convertirse en una invitación clara. Esta noche, la barrera final se rompe y la familia se convierte en el escenario de una pasión que nunca debió existir.
Alberto aprovechó cada momento que pudo para meter mano a su madre. Mariví también le hizo alguna visita de placer. Pero no dijo nada de cuando lo haría. Alberto trataba de controlar su impaciencia y se desfogaba con Clara. Quien imaginaba también lo que le pasaba pero no le dijo nada. También ella disfrutaba de aquellos polvos.
Clara quería seguir siendo el centro de atención de su hermano. ¿Qué más podía hacer además de ser una lolita complaciente? El verano pasado le había entregado su virginidad. Seguía curioseando con su culito muchas noches.
Mariví se presentó soenriente y se sentó donde costumbre, al borde de la cama.
- Hijo, querría saber alguna cosa antes de… ya sabes.
- Sí. - Alberto estaba dispuesto a cualquier pregunta con tal de que le diera una fecha.
- Tu, hijo, ya no eres virgen, ¿verdad?
- No.
- Aquella novia, dime algo más.
- Bueno, era una novia un poco mayor que yo.
- Seguramente fue eso, la diferencia de edad a tu edad puede ser un problema. - Dijo inocente.
- No, fue por su mal carácter.
- Ah.
- Porque era muy guapa, pelo castaño, buena figura.
- Te entiendo.
- ¿Algo más?
- ¿Te enseñó bien? ¿Tuviste mucha ocasión de estar con ella o fue ocasional?
- Para el poco tiempo que estuvimos, lo hicimos bastante. Le gustaba el sexo. Mucho.
- Ah, pillín, ahora entiendo aquella temporada que estabas fuera de casa a esas horas.
- Sí.
- Te lo digo porque si eras virgen o inexperto, yo te llevaría poco a poco.
- Te lo agradezco.
- Ya veo que no es así.
- Mira si le gustaba que hasta me pidió sexo anal.
Alberto se lanzó un poco por jactancia y Mariví dio un respingo sorprendida.
- ¿Ya has probado eso? Yo nunca lo he hecho… Vaya con tu novia. Ahora entiendo mejor que la echaras en falta y buscases en mi…
- Un poco, te agradezco la comprensión. Bueno, al final te podría yo llevar poco a poco… - Dijo tanteando.
- Por partes. - Le cortó. - Te he ofrecido mi vagina, no mi culo.
- Sí.
Mariví salió algo aturdida. Vaya con su niño, ya había ido por ahí abriendo un culo. Y de una chica mayor que él. Es que era todo un reclamo para las chicas. Pero se sentía atraído por ella y eso le gustaba.
Clara se rió bien a gusto y le dio pie a lo que quería.
- Así que mamá no sabía que eras más experto que ella.
- Eso parece.
- ¿Y cómo es follar un culo?
- Nunca dejas de sorprenderme, hermanita.
- Joder, ¿con lo que hacemos te sorprende?
- Tienes razón. Pues eso. Como follar un coño pero cuesta más abrirse paso. Es muy gozoso.
- ¿Y para una chica? ¿Es tan doloroso?
- ¿Te dolió la primera vez?
- No. Fuiste muy caballeroso.
- Con el culo igual, poco a poco, y una vez abierto y que te la han metido, disfrutas igual.
- Vaya…
Clara se incorporó como un resorte y le enseñó el culo.
- ¿Qué te parece mi culo?
- Muy bonito y apetecible.
Alberto decidió por una vez parar él la cuestión sexual. Se entretuvo acariciando y besando el tierno y respingón culito que su hermanita le insinuaba.
Mariví aún fue una vez más a hablar con su hijo.
- Debo decirte algo. Llevo un tiempo que… que he tenido algún sueño húmedo contigo.
- Lo intuía, es muy normal, no te preocupes y más con lo que hacemos.
- No, si ya… solo para que lo supieras.
- Yo ya te he follado ahí y ahora quiero hacerlo en la realidad.
- Sí, yo también me he dejado… Bueno ya te diré. Será pronto.
Clara volvió a abrir mucho la boca.
- Joder con mamá.
- ¿Te sorprende? A mi no… es normal.
- Con lo que hacéis desde luego.
- ¿Tu no los tienes conmigo?
- Claro, hace tiempo.
A Clara la invitaron a un cumpleaños un sábado y había partido de fútbol. Por fin estabas solos en casa Mariví y Alberto.
- Este sábado por la tarde será el momento.
Le había anticipado Mariví durante un desayuno entre semana. Aderezado con enseñarle el coño velludo. Alberto estuvo descentrado en clase el resto de la mañana.
- Buena suerte. Aunque no la necesitas. - Dijo Clara.
- Gracias.
- Me alegro. Por los dos.
Alberto volvió a poner una excusa y consiguió quedar más tarde con sus amigos. Mariví también anduvo algo nerviosa pero trató de disimularlo esos días. Aun se lo repensó varias veces pero ya había tomado y sopesado mucho una decisión en firme.
Alberto se fue a su cuarto después de comer y esperó pacientemente. Sin que se le bajara la erección. Mariví recogió la cocina y después se puso a ver la televisión sin la intención de estar concentrada en algo por no ser capaz. Clara se despidió cariñosa de ella y su marido le dijo que se marchaba desde la puerta del salón sin acercarse a darle un beso.
Mariví esperó 15 minutos por precaución por si volvía alguien por algo que se hubiese olvidado. Sonrió y se fue a su cuarto. Luego se encaminó al cuarto de su hijo.
- Ha llegado el momento que tanto esperas. Y yo también. - Dijo con una sonrisa y gesto de ilusión.
- Sí. - Dijo incorporándose de la cama. - ¿Te puedo pedir algo?
- Dime.
- Me gustaría ser yo quien te penetre, al menos la primera vez.
- De acuerdo. - Respondió comprensiva y sonriente. - Estoy algo nerviosa, parezco una novata. - Dijo con una sonrisa nerviosa.
- Yo también.
Alberto le acarició el pelo y la besó con dulzura. Un beso largo, entremezclando sus lenguas.
- Vamos a mi cama, quiero que sea ahí. Además estaremos más cómodos.
A Alberto le agradó y sorprendió a partes iguales. No esperaba que Mariví dejara usar la cama de matrimonio. Al menos no la primera vez. Ahí se fueron.
- Quédate en calzoncillos, ya te lo quitaré yo. - Alberto se desnudó y Mariví no se perdió detalle. - Que cuerpo tan bonito y atlético tienes.
Mariví sonrió de manera adorable y se quitó la bata. Mostrando un conjunto de encaje color azul pastel.
- Buf, que guapa estás. Gírate que te vea entera.
- Me alegra que te guste.
- Como no iba a hacerlo. - Mariví volvió a sonreír – ¿Puedo?
Mariví afirmó con un gesto leve de cabeza y dejó que Alberto le quitara el sujetador. Contempló sus hermosas tetas, las acarició, besó y lamió con suavidad.
- Me encantan tus tetas.
- ¿Puedo?
Los dos se rieron y Alberto hizo el mismo gesto afirmativo. Mariví por fin liberó la polla de su hijo, más dura que nunca. La contempló con gusto libidinoso y se sentó al borde de la cama. Su hijo se la acercó a los labios y empezó a mamarla dulcemente.
- Me encanta tu pene, es tan bonito.
- Y a mi como me lo chupas.
Mariví seguía disfrutando del pene de su hijo, chupándolo como si fuera un helado con sus labios carnosos. Alberto le acarició el pelo y se sacó el pene de la boca. Cogió a su madre de la mano y la puso de pie. Disfrutando el momento, le bajó despacio las bragas. Le acarició el coño velludo y buscó los labios vaginales. Introdujo un dedo y lo sacó mojado, lo chupó, repitió operación y se lo dio a chupar a ella.
- Que bonita eres.
Mariví se tumbó en la cama y abrió ligeramente las piernas. Su hijo se aproximó recorriendo sus muslos torneados con las manos. Le lamió la parte interior de los mismos y bordeó el coño llegando al ombligo. Siguió hasta las tetas con la lengua y finalmente la besó en los labios. La segunda vez no hizo el rodeo sino que empezó a lamerle el coño de arriba a abajo. Ayudándose con los dedos para abrirlo. Encontró rápidamente el clítoris y se centró en el. Mariví gemía de placer y agarraba la cabeza de su hijo.
- No pares, no pares ahora.
Alberto no paró hasta que le provocó el primer orgasmo de la tarde. Entonces la besó con dulzura transmitiéndole su propio fluido. Y se dispuso al gran momento de penetrar a su propia madre. Algo que llevaba tanto tiempo esperando y deseando. Le llevó la polla a los labios y Mariví la acogió gustosa.
- Quiero penetrarte con tu saliva mojando mi pene.
Mariví sonrió y por su gesto ansiaba ya ser penetrada.
- Sí, cariño, penétrame bien, hasta el fondo, con tu gran pene.
Alberto sintió un escalofrío al acercar el glande a la entrada del coño. El mero roce con el vello púbico y los labios vaginales. Le hundió lentamente el pene, disfrutando al máximo el irrepetible momento de penetrar a su madre, sintiendo una sensación indescriptible de placer. Mariví abrió mucho la boca y exhaló un largo suspiro de placer mientras sentía el pene de su hijo entrando en su vagina.
- Aaaah, que placer mamá, ya está toda metida.
- Venga hijo, hazme disfrutar como nunca, seguro que tu puedes hacerlo, cariño.
Alberto empezó a moverse de manera suave y lenta, con penetraciones profundas. Disfrutaba viendo el rostro de placer de su madre. Tanto la quería. Cada embestida era un goce enorme, quería alargar esa sensación tan placentera. Por fin volvía a follar con una mujer y no una niña como su hermana o una chica de su edad como María. Por un momento se acordó de Nati pero estaba disfrutando mucho más aquel polvo con amor que los de castigo con Nati. Aumentó el ritmo del polvo, las tetas de Mariví se movían acompasadas, Alberto jugaba a cogerlas por un instante. Ambos gemían de placer llenando la habitación.
- Me voy a correr pronto, mamá.
- Córrete dentro, quiero sentir tu semen caliente, como me sube y guardarlo, cariño. Sigue, sigue, uuuuh, aaaah.
- Te quiero mamaaaaah.
Alberto eyaculó en el coño de su madre la corrida más copiosa de su vida. El orgasmo se alargaba y seguía brotando semen y más semen de su polla. Su madre tenía un gesto libidinoso y de absoluto goce recibiendo la corrida. Ambos quedaron abrazados, dándose besitos amorosos.
- Ha sido maravilloso, hijo, tal y como imaginaba.
- El mejor de mi vida, mamá. Eres maravillosa.
- Descansa un poco. Ahora quiero ser yo quien te penetre, cariño.
Siguieron unos minutos con las caricias y arrumacos. Por fin sacó la polla del coño e hizo salir algo del semen acumulado que se deslizó por un muslo. Mariví lo recogió en parte con los dedos y lo paladeó al tragárselo.
- Que rico, de verdad.
Alberto tenía una visión esplendorosa del coño de su madre, abierto y recién follado, con semen resbalando. Mariví se reclinó sobre su hijo y le chupó la polla hasta que en pocos momentos recuperó todo su vigor. Se situó encima de él y su rostro volvió a desprender placer cuando se introdujo la polla en su dilatado coño.
- Um, que bien otra vez dentro de mi.
- Sí. Fóllame bien.
Mariví inició el polvo cabalgando sobre el pene de su hijo. Sus tetas se movían aumentando la libidinosidad de su hijo, extasiado. Los movimientos de Mariví hacían que la polla se le clavara bien en el coño, exhalando un grito cada vez que pronto fueron los dos a la vez.
- Aaaarg.
- Aaaah.
Cuando alcanzaba Mariví el orgasmo empezó a mover la cadera adelante y atrás de manera frenética. Gritando ostensiblemente.
- ¡Aaaaah! ¡Aaaaah! ¡Of!
Desembocando en un espasmo final contenido hasta explotar.
- Mmmmmmmm. Mmmmmm. ¡Aaaaaaaaaaaaah!
- Aaaaah.
Mariví, sonriente y feliz, se tumbó sobre su hija, sudorosa y derrengada tras el mejor polvo de su vida.
- Joder como follas, mamá, como follas. Ya estoy deseando repetir.
- Y yo cariño, ha sido fabuloso, tu polla, grande, dura, cuanto placer me ha dado. ¿Sabes? Necesitaba algo así, sentirme deseada, disfrutar del sexo, y tu me los has dado todo, gracias.
- A ti, gracias, a ti.
- Hacer el amor me ha dado hambre. Vamos a merendar algo.
Los dos fueron desnudos a la cocina y tomaron un vaso de café con leche y una magdalena.
- Aún nos queda tarde de estar solos.
- ¿No has quedado con tus amigos?
- Esto es mucho mejor. He quedado pero más tarde.
- Que bien. - Dijo sonriendo.
Cuando dejaron los vasos en la pila dijo Alberto mientras acariciaba el suave culo de su madre.
- ¿Sabes una fantasía? Follar contigo en la cocina. En sueños ha sido así.
- En los míos también, cariño.
Mariví se apoyó en la encimera sintiendo en sus tetas la frialdad del material. Abrió ligeramente las piernas y sonrió al ser penetrada de nuevo por la polla de su hijo. Le elevó las tetas de la encimera con la fuerza del primer empujón. Le agarró de las tetas y la besó en los labios.
- Um, te follo también la cocina, por detrás.
- Sí, si, ummmmm.
Luego la giró y la folló frontalmente continuando apoyada en la encimera. Mariví le cogió de la mano y le hizo sentarse en una silla. Se situó encima de él y empezó a follar, arriba y abajo suavemente.
- Ponte como al principio, por favor, me quiero correr así.
Mariví fue de nuevo complaciente y Alberto le dio una palmada cariñosa en el culo y la penetró el coño de nuevo. Tras unas pocas embestidas vació el semen que le quedaba en los huevos..
- Buf, me has dejado vacío del todo. Que tres polvazos.
- Inolvidable.
- ¿Sabes? La de sitios que tenemos para follar en la casa, el salón, el baño, el pasillo, mi cuarto….
- Sí, pero para otro día. Anda, dúchate. Yo reharé la cama y me ducharé luego, cariño.
Alberto se fue muy feliz y satisfecho. Luego se fue con sus amigos que volvieron a abortarle cualquier posibilidad de ligue. Pero le dio igual. Si supieran lo que había hecho antes de estar con ellos.
Continúa en
- Relato #206447— title-regex: contiguous parts (34 -> 35)
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