La Amiga de mi hija
Nerea solo quería recoger ropa vieja, pero lo que encontró en la sala de estar fue una lección de placer que nunca imaginó. Con su hija lejos y la puerta cerrada, la tímica amiga de mi hija me pidió que le enseñara a sentir, y yo no pude negarme.
Mi hija Ana, de 20 años, se había ido a pasar el fin de semana con unos primos a la montaña. Ella había preferido vivir conmigo en vez de con su madre y estudiaba Ecónomicas. La verdad es que nos llevábamos muy bien. El viernes por la noche estábamos hablando por teléfono de como había ido el viaje, de lo que pensaba hacer y esas cosas, ya estábamos finalizando la conversación.
- Nada, Ana - le estaba diciendo yo - disfruta de los paisajes que son muy bonitos y pásalo bien con tus primos.
- Eso seguro, papá - me contestó ella - Antes de despedirnos tengo que pedirte una cosa.
- Tú dirás, hija.
- No se si te acuerdas de mi amiga Nerea.
- Creo que si, es la que estaba trabajando de cajera en el supermercado, ¿no?
- Esa misma, bueno, lleva unos meses yendo al gimnasio y se ha quitado unos kilitos de encima.
- ¡Qué obsesión tenéis las jóvenes con esas cosas!
- No empieces con eso otra vez, tenemos que cuidarnos.
- Si pero sin dejar de comer, ni esas cosas.
- Papá, por favor...
- Vale, Ana, ¿Qué pasa con Nerea?
- Pues que le voy a dar algo de mi ropa vieja, la que ya no me pongo, ahora a ella le vale y dice que le gusta mi estilo.
- ¿La ropa que te pones una vez y ya no te gusta?
- Hoy estás un poco pesadito, de verdad, menos mal que no estoy allí, jajajaja. Mira Nerea va a pasar por casa a buscar la ropa mañana, ¿A qué hora te viene bien?
- Ya sabes que yo después de comer ya no suelo salir.
- Menos cuando sales y no se sabe cuando vuelves, jajajaja. Le voy a mandar un mensaje a Nerea a ver a que hora puede pasar.
Estuve esperando un par de minutos hasta que Ana volvió a llamar.
- Dice Nerea que se pasara sobre las 6 o así, ¿Te va bien? - me preguntó mi hija.
- Ya te he dicho que si, que no voy a salir - le respondí.
- Muy bien, la ropa la he metido en unas cajas que están en mi habitación con su nombre puesto, que entre y la coja.
- De acuerdo, por lo menos alguien aprovechara esa ropa, así no se queda colgada en el armario.
- No te contestó nada, pesadito, jajajaja, que me llama mi primo.
- Ve y pásalo muy bien.
Así nos despedimos y pase muy tranquilo la noche del viernes, la mañana del sábado, como de costumbre, me iba con unos amigos a correr y hacer deporte y luego a tomar algo con ellos y, como le dije a Ana, aquella tarde no tenía ningún plan especial, estuve arreglando algunas cosas por casa y viendo un rato la tele, hasta que, un poco más tarde de las 6, sonó el timbre. Era Nerea que venía por su ropa. Esta chica era muy amiga de mi hija desde el instituto, eran de la misma edad, aunque ahora ya no se veían tanto como antes, Ana había decidido seguir estudiando y Nerea se había puesto a trabajar. Yo hacía algún tiempo que no la veía, antes si que venía mucho por aquí, y estaba bastante cambiada. Ana es bastante extrovertida mientras Nerea era todo lo contrario y eso se reflejaba en su forma de vestir, no se si esta chica se iba a adaptar a llevar la ropa de mi hija. A casa se presentó con un vestido negro y muy amplio que la cubría casi por completo, además llevaba recogido su largo cabello moreno en un moño que, en vez de 20 años, le hacía parecer mucho mayor. La verdad es que la chica era bastante guapa pero un tanto chapada a la antigua a la hora de vestir.
Nos saludamos dándonos 2 besos y la invité a pasar, tras preguntarnos mutuamente por lo que nos había pasado en ese largo tiempo en el que no nos veíamos, empezamos a hablar del tema de la ropa.
- Ana me ha dicho que te ha preparado la ropa en unas cajas que están en su habitación - le expliqué a Nerea.
La acompañe hasta la habitación donde Ana había dejado la ropa en un par de cajas, por el tamaño había bastantes cosas.
- Esta hija mía se compra la ropa, se la pone una vez o 2 y ya no vale, jajajaja. Espero que tú la aproveches mejor, Nerea
- Lo intentaré pero no se si podré - respondió ella - Normalmente, yo no me pongo la ropa tan corta como Ana pero quiero intentar cambiar de estilo.
- Déjame adivinar, Nerea, te ha convencido Ana para ello.
- Si, dice que como ahora se me ha quedado un cuerpo más bonito tengo que lucirlo bien, pero yo no lo veo tan claro.
- ¿Por qué no lo ves claro?
- Siempre me ha dado un poco de vergüenza vestir tan corta, la verdad.
- No te preocupes por eso, ahora la mayoría de las chicas visten así y no pasa nada.
- Eso dice Ana, una pregunta, ¿A usted le gusta que Ana se vista así?
- Pregunta complicada, jajajaja, A ver al principio no me gustaba nada pero ella ya es mayor y es cosa suya como se viste, lo importante es que es bastante responsable en todo. Y, una cosa, no me trates de usted que me haces muy mayor, jajajaja.
- Perdone..., esto, perdona, jajajaja.
- No pasa nada, lo que quiero decirte es que si a ti te gusta algo póntelo, eres tú la que te tienes que sentir bien con tu ropa, no importa lo que piensen los demás.
- ¿Usted... esto tú crees qué me quedará bien la ropa de Ana?
- Seguro que si, ¿Por qué no te pruebas algo? Elige lo que te guste.
Nerea asintió, yo salí de la habitación y me me senté en el sofá, un rato después salió ella y se presentó delante mío, llevaba un pantaloncito vaquero muy corto y un top blanco escotado que dejaba su ombligo al aire. Nerea parecía un poco avergonzada de vestir así.
- ¡Vaya cambio, Nerea! - exclamé yo - Estás mucho más guapa así.
- ¿Me lo dices de verdad? - me preguntó ella con voz temblorosa -
- Claro que si, aunque yo todavía le daría un toque más.
- ¿Qué quieres decir?
- Deberías soltarte ese moño y dejar tu pelo suelto, no te queda demasiado bien.
Nerea titubeo un poquito pero, finalmente, terminó haciéndome caso y dejó libre su larga melena.
- Mucho mejor, Nerea - le dije con tono de aprobación.
- Tienes razón, me veo mucho mejor así pero me da mucha vergüenza salir con esta ropa a la calle, se me ve casi todo.
- Si casi todas las chicas ahora visten así o incluso van enseñando más, jajajaja. Mira a Ana.
- Ya lo sé pero...
- Con lo guapa que eres y con esa ropa te van a mirar todos los chicos.
- Yo no quiero que me mire ningún chico.
- Perdona, no quería decir nada que te molestara, ¿No te gustan los chicos?
- Si que me gustan pero no...
Nerea intentaba explicarse pero se la veía muy incómoda.
- Si no quieres hablar de eso no pasa nada - le dije mientras le ofrecía un refresco.
- A ti se te ve que eres bastante enrollado, te voy a contar lo que me pasa a ver si puedes ayudarme, me da un poco de vergüenza pero lo voy a intentar.
- Tómate tu tiempo y cuéntame.
Ella respiró profundo durante unos segundos y se decidió a narrar su problema.
- Verás, si que me atraen los chicos... El problema es que he estado con 2 y no me ha gustado nada.
- ¿Has estado con 2... de forma íntima?
- ¡Ayy, qué vergüenza!
- Tranquila, Nerea, estamos entre amigos. Todos hemos tenido intimidad de ese tipo, es algo normal. Eso si, hay que tomar ciertas precauciones.
- Si las tomamos, ese no era el problema... es que no me quedé satisfecha... No se como explicarlo.
- Te estás explicando bien, tuviste sexo con un chico y no disfrutaste.
- No disfruté nada... Y me ocurrió 2 veces. Seré yo que tengo algún problema.
- No creo que tengas ningún problema. ¿Esos chicos llegaron, te lo hicieron, se... esto... se corrieron y ya está?
- Si, así fue, supongo que yo no supe hacerlo bien.
- No, Nerea, te repito que no es un problema tuyo. A ver como te lo explico bien.
Ella se quedó bastante intrigada y yo intenté estar a la altura porque ahora yo quien estaba algo avergonzado.
- Los que no sabían hacerlo bien eran esos chicos que no pensaron en ti, solo en satisfacerse ellos.
- Temo que no te entiendo bien.
- A ver como me explico, que tu amante tiene que acariciarte y estimularte y tú a él, claro, antes de... bueno de penetrarte. Así es como se disfruta.
- A mi no me acariciaron nada, bueno, uno de ellos un poquito pero nada más, fueron directos a eso.
- Normal que no disfrutaras casi nada pero eso no ha sido culpa tuya. A ver si la próxima vez no te pasa lo mismo.
- ¿Y cómo son esas caricias?
- No entiendo que quieres preguntar con eso.
- A ver, me gustaría saber que se siente con esas caricias.
- Buenos... es complicado de explicar pero lo intentaré.
- Estás siendo muy amable conmigo hablando de estas cosas pero no quiero que te sientas incómodo.
- Como te he dicho antes estamos entre amigos y quiero ayudarte, Nerea. Cuando te acaricían de una determinada manera te sientes muy bien y te vas poniendo a tono, estimulando para tener sexo, llega un momento que ya no quieres solo caricias, ¿Me voy explicando?
- Creo que lo voy entendiendo.
- No ha sido tan complicado, jajajaja.
- Te voy a pedir una cosa, espero que no te moleste, ¿Me puedes dar una muestra?
- ¿Una muestra?
- Si, de como me tienen que acariciar los chicos. No creo que pase nada por eso y yo me voy haciendo a la idea.
- No se... Supongo que tienes razón y no va a pasar nada. Siéntate aquí conmigo.
Nerea, que estaba frente a mí, se puso a mi lado, yo un poco nervioso, puse mi mano sobre su muslo y comence a subirla y bajarla por él, desde la rodilla hasta donde finalizaba el pantaloncito corto que llevaba. Ella me miraba y sonreía y yo también a ella.
- Así te tienen que acariciar, Nerea o por lo menos así lo hago yo.
- Ya veo, la verdad es que es una sensación muy agradable.
- Seguro que si te hacen esto y más cosas luego disfrutas mucho.
- ¿Y solo son las caricias en la pierna?
- No, mujer, son por todo tu cuerpo, también hay besos...
- ¿Solo en la boca?
- No, Nerea, en la boca, en tus pechos, por todo tu cuerpo, hasta donde tú ya imaginas, jajajaja.
Mi mano seguía acariciando el suave muslo de Nerea, yo ya le iba a decir que se acababa la muestra que había pedido, sin embargo, ella se anticipó con otra petición.
- Espero no incomodarte más, pero me gustaría que acariciaras un poco otras partes de mi cuerpo, a ver si me gusta también.
- No se si eso es buena idea, Nerea.
- Solo un poco, por favor.
Tras oír aquella súplica mi mano subió a su ombligo, que llevaba libre como he dicho, y mis dedos comenzaron a pasar por el con suavidad, despacio, una y otra vez. A ella parece que le estaba gustando como la tocaba, subí con mis dedos y los pasé suave por encima de aquel top que cubría sus pechos, la situación se comenzaba a poner muy peligrosa, a Nerea le gustaban mis caricias más de lo que ella pensaba y a mi acariciarla, ya no la veía como una amiga de mi hija sino como una hermosa mujer y el deseo me comenzaba a dominar, así que decidí que aquello tenía que parar, sin embargo, antes de que pudiera volver a decir nada, Nerea me volvió a hacer otra petición.
- Me gustaría probar a acariciarte yo a ti.
- No se, Nerea, creo que ya sabes como te tienen que acariciar, mejor lo dejamos aquí.
- Si pero no se como acariciar yo, por favor, déjame probar un poco.
Yo ya no sabía que hacer, quería cortar aquello pero accedí a la petición de Nerea, que metió su mano por dentro de mi camisa y comenzó a acariciar mi pecho.
- Me gusta tocarte pero así es un poco incómodo, ¿Puedes quitarte la camisa, por favor?
Y yo volví a acceder a su petición y me quité la camisa, quedando mi torso al descubierto mientras Nerea pasaba su mano por él una y otra vez.
- ¿Te acarició bien?
- Lo haces muy bien, Nerea.
- Es que me gusta acariciarte, la verdad. Quiero pedirte una última cosa y ya lo dejamos si quieres.
Aquello de dejarlo me sonó bastante bien porque la verdad es que que me estaba poniendo muy caliente pero la petición de Nerea no era para enfriarme precisamente.
- Me gustaría verte desnudo, pero desnudo del todo.
- ¿Desnudo? ¿Y por qué quieres verme así?
- Yo nunca he visto de cerca a un hombre totalmente desnudo, ni siquiera a aquellos chicos que te he contado ya que lo hicimos en un coche y a oscuras. Y me gustaría ver a uno delante mío, se que es un poco incómodo para tí y si no quieres hacerlo lo entenderé.
Lo pensé unos segundos y volví a complacer otra proposición de Nerea, así me quité los pantalones y los bóxer y quedé totalmente desnudo delante de ella que miraba sin perder detalle.
- ¡Madre mía! - exclamó ella - la verdad es que me gusta mucho ver tu cuerpo así.
Yo le sonreía y es que quedarme desnudo delante de ella había despertado definitivamente mi deseo.
- ¿De verdad te gusto, Nerea?
- Si, mucho.
- Puedes tocarme si quieres, puedes tocar lo que tu quieras de mi cuerpo.
Nerea pareció dudar un poco pero se levantó y se colocó frente a mí y sus manos comenzaron a acariciar mi pecho.
- Te lo repito, Nerea, puedes tocar lo que tu quieras.
Ella me miró y una de sus manos comenzó a tocar mi polla y a acariciar mi polla. Yo le seguía sonriendo mientras su mano se deslizaba por mi polla y mis huevos.
- ¿Te gusta tocarme, Nerea?
- Si, me gusta mucho, me produce una sensación muy bonita.
- Si quieres puedes besar mi cuerpo.
Nerea comenzó a besar mi torso sin dejar de acariciar mi polla.
- Lo haces muy bien, Nerea, sigue.
Mientras ella seguía, yo le quité su top y sus hermosos pechos quedaron al descubierto, la acerque más hacia mí y comencé a besar su cuello a acariciar esos pechos con mis manos, pasando mis dedos sobre sus pezones. A ella se le escapaban unos pequeños gemidos que iban a más a medida que incrementaba mis caricias.
- ¿Te gusta cómo toco tus tetas, Nerea?
- Si, mucho, quiero que sigas así.
- Son muy bonitas, quiero probarlas.
Así, acerqué mi boca a esos pechos y comencé a besarlos con suavidad, mientras Nerea seguía gimiendo y acariciaba mi pelo. Subí un instante para volver a besar su cuello antes de volver a centrarme en sus pechos, cogí uno con mis manos mientras mi lengua comenzaba a lamer su pezón, pasando por él, haciendo circulitos, mordiéndolo con suavidad, Nerea seguía gimiendo, cerraba los ojos y los abría con una mirada que transmitía mucho deseo, repetí la operación con el otro pecho, solo que esta vez solo lo sujeté con una mano, la otra fue bajando suave por su cuerpo hasta llegar al botón de su pantalón, que desabroché, mi mano entró dentro y pasó suave sobre sus braguitas, esto hizo que a Nerea se le escapara un gemido más fuerte, la miré con una sonrisa y mordí con mis labios su pezón que ya se había endurecido totalmente, lo que hizo que volviera a gemir con fuerza. Después le pedí que se sentara en una silla, me acerqué a ella, le quité sus pantalones y sus braguitas y comencé a besar sus muslos, primero uno y luego el otro, acercándome cada vez más a su coño, pero sin llegar a tocarlo, Nerea movía la cabeza y me miraba, su mirada denotaba que quería que probara su sexo y decidí complacerla. Abrí bien sus piernas y mi lengua pasó por sus labios vaginales, de arriba a abajo, que estaban empapados.
- ¡Ahhhhh, siiiiiiiiiiiii, ahhhhhhh! - exclamó Nerea al notar esa lengua allí.
Seguramente, era la primera vez que alguien se lo hacía de esta manera y ella nunca había sentido nada así, lo que hacía que no dejara de temblar, de gritar y de gemir mientras mi lengua subía y bajaba por su coño y se metía dentro de él.
- ¡Siiiiiiiiiiiií, asiiiiiií, maaaaaaaaás, por favor!
Después pase mi lengua suavecito por su clitoris y ella sujetó mi cabeza con mucha fuerza, apretándola con fuerza contra su coño.
-¡Ahhhhhhhh, ahhhhhhhhhhh, Qué locura!
Nerea nunca había disfrutado así y no iba a poder aguantar mucho más sin llegar al orgasmo, mientras todo aquello estaba haciendo que mi polla se empezara a poner bastante dura. Así fue, Nerea llegó por fin a ese orgasmo, comenzó a temblar, a extremecerse y a chillar.
- ¡Ahhhhhhhhhhh, siiiiiiiiiiiiiiiiií, siiiiiiiiiiiiiií!
Su enorme chorro de flujo cayó sobre mi boca y ella pareció quedar muy satisfecha.
- ¡Ha sido increíble, nunca había sentido nada tan bueno!
Mientras fui a coger un preservativo, me lo coloqué, cogí a Nerea de la mano, la levanté de la silla y me senté yo.
- Ahora, hermosa, siéntate sobre mí.
Ella se sentó y yo proseguí con mis peticiones.
- Coge mi polla y métela despacio dentro de tu coño.
Nerea sonrió e hizo lo que le solicité,
cuando introdujó mi polla dentro suyo, a los 2 se nos escapó un gemido.
- Ahora, abrázate fuerte a mi y comienza a moverte. Tienes que subir y bajar sobre ella. Nerea se abrazó muy fuerte a mi espalda y yo la cogí por su cintura, ella comenzó a hacer lo que le pedí, subía y bajaba sobre mí y mis manos ayudaban a empujar su cintura. Comencé de inmediato a sentir un intenso placer y a ella le sucedía lo mismo.
- ¡Así, nena, asiiiiiií, muévete sobre mí!
- ¡Esto es maravilloso, me gusta muchísimo, quiero maaaaas!
- ¡Muévete con más fuerza todavía, cariño!
Nerea se agarraba todavía más fuerte a mí y me miraba fijamente a los ojos, yo hacía lo mismo con ella.
- ¿Me muevo bien?
- ¡Ahhhhhhhh, lo haces perfecto, eres maravillosa, no pares! ¡Me encanta sentir como subes sobre mi polla!
- ¡Ahhhhhhhh, ahhhhhhhhhhh, me encanta esto, me vuelvo loca!
Así seguíamos, los 2 fuertemente abrazados, ella moviéndose con locura, yo apretándola fuerte y, de vez en cuando, mordiendo sus pechos, nos mirábamos con complicidad, nos sonreíamos y sobre todo, gritabamos y gemíamos, sintiendo el intenso placer que nos dábamos el uno al otro, cada segundo que pasaba llegaba una ola de placer todavía más fuerte hasta que nos llegó un intenso orgasmo a cada uno, primero a ella, que gritó todavía más fuerte que con el primero que tuvo y se abrazo a mi con tal intensidad que arañó mi espalda y, casi seguido yo, que apenas tuve tiempo para sacar mi polla, quitarme el preservativo y echar mi enorme flujo de semen sobre la boca de Nerea, que parecía encantada de que me corriera en su boca. Fue una experiencia intensa, la verdad. Nerea cogió enseguida la ropa, se vistió, me dió un pequeño beso en los labios y se marchó corriendo sin decir nada, sin darme tiempo a mi a decirle nada tampoco. Me lavé un poquito, me vestí y me quedé pensando en lo que había pasado. Entonces me di cuenta de una cosa, Nerea no había cogido las cajas de ropa que le había preparado Ana. ¿Volvería a por ellas? ¿Y qué pasaría si lo hacía?
Relatos similares
- Hetero: General
El nuevo trabajo de Ernesto
Ernesto nunca imaginó que su primer día como stripper lo llevaría a una sala privada con una mujer de cincuenta años.
Comparte:Erotismo romanticoIntercambio de parejasTransgresion moral
- Hetero: General
Un baile pagado y tequila blanco.
Paola lo contrató para que le enseñara a su amiga lo que significa ser mujer. Noemy nunca había tocado a un hombre, pero esa noche, con tequila y…
Comparte:Primera vezErotismo romanticoInocencia perdida
- Hetero: General
Gigolo (III: El desvirgamiento de Marta)
Ella solo quería perder la virginidad sin dolor; él solo quería enseñarle a gozar. En la intimidad de un hotel, la inexperiencia choca con la…
Comparte:Primera vezInocencia perdidaSumision como liberacion
- Hetero: General
Nuevo en la oficina
La oficina se vacía y el silencio solo lo rompe el sonido de sus respiraciones. Claudia sabe que él la desea, y esta noche decide dejar de insinuarlo…
Comparte:Erotismo romanticoPrimera vezInocencia perdida
- Hetero: General
Niña Lucía (Joan)
Lucía sabe que su inocencia es una mentira calculada. Cuando Joan llega a su casa, ella toma el control con una ferocidad que lo deja sin aliento,…
Comparte:Primera vezInocencia perdidaTransgresion moral
- Hetero: General
¿Cómo me convertí en una p*ta? Pt 2
A sus 18 años, nunca había pasado de besos nerviosos. Pero esa noche, en la casa de Roberto, la barrera de la inocencia se rompe.
Comparte:Primera vezErotismo romanticoInocencia perdida