Don Pablo
Pablo lleva años aguantando el silencio de su cama. Cristina solo quería arreglar una cerradura, pero encontró algo mucho más peligroso. Esta vez, la fachada de traje y corbata no va a protegerlo.
Doña Inés estaba orgullosa de su esposo.
Y cuando se mudaron al nuevo piso, creyó que presumir de esposo le abriría muchas puertas.
Pablo es un recién prejubilado de banca, con 52 años. Calvito, con gafas, pero musculado, muy bien mantenido. Si no fuera por la calva y las gafas, pasaría por alguien de 35-40 años. En su momento tenía un cargo alto-medio en la entidad y se ganaba bien la vida. Al prejubilarse, pues mejor incluso. Siempre se le ve con su traje, de punta en blanco, o con su mono azul, cuando tiene que hacer alguna chapucilla.
Pero es que aparte, Pablo sabe de informática, de electricidad, de electrónica, de sonido, de fontanería, de mecánica…y encima ayuda a su esposa en las tareas del hogar. Sale a la compra, lava los platos, friega los suelos.
Pablo acude diariamente a su gimnasio de toda la vida, que ahora le caía a 20 kms de su nueva casa.
Mientras, doña Inés acude a yoga, a pilates, a costura, a natación y a defensa personal. No falta su peluquería semanal, ni sus uñas, ni su cutis bien cuidado.
Doña Inés se cuidaba. Pero a quien tenía descuidado era a su esposo.
El sexo le era negado a menudo. Inés iba con poco. Ella con un polvito cada 10 días, ya iba servida.
Pablo es un hombre vigoroso, con una energía desbordante, la fuerza de un toro y un miembro de tamaño considerable.
En la primera reunión de la comunidad, Inés ofreció a Pablo para arreglar cositas de jardinería, cambiar cerraduras, pintar alguna pared. Cositas de un edificio nuevo.
Los vecinos empezaron a requerir a Pablo. Pero con Pablo, solía venir Inés, que no se cansaba de ensalzar las virtudes de su esposo. No paraba de hablar.
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La primera en darse cuenta del diamante en bruto que era Pablo, fue Cristina. La chica del 1°-A que estaba de alquiler.
Cristina es miope como un topo, pelirroja, con un pelo rebelde y con pecas hasta en el coño, del grupito de las feas del insti, con poca suerte en el amor. Su amado Jaime la dejó hace 6 meses por otra, más joven y más guapa…y ella tuvo que buscarse piso de alquiler.
La muchacha no se fiaba de su casero y decidió cambiar el bombín de la puerta. Pero se puso ella misma a la tarea.
Pasó Pablo por casualidad y la ayudó. Ella se lo quiso agradecer con una cerveza, o un café. Lo convenció y entraron en la casa a tomarse ese cafelito.
Frente a la mesa de la cocina, intercambiaron una sana conversación.
Mercedes tenía 24 años, estudios de ADE y vivió un par de años con Jaime, un aparejador con ínfulas de gran arquitecto, que terminó poniéndole los cuernos con la hija de otro arquitecto, pero de fama mundial.
Pablo estaba un poco hasta la polla de Inés. Pero si Pablo tenía dinero, los padres de Inés tenían 10 veces más. Y no era plan.
-Pero a ver, Pablo. Tu mujer dice que eres el mejor marido. En vertical y en horizontal.
-Mentira también. Guardo mi compostura por ella, voy siempre en traje por ella y follo casi nada, también por ella.
Nuestro hijos son abogados por ella…y por su familia.
Me hice la vasectomía hace 20 años, por ella. Y viajamos en cruceros carísimos…por ella. Al menos en esos cruceros se emborracha y se deja follar. O hace la vista gorda con mis aventuras a bordo.
-Joder, lo siento.
-Nada, niña. Ni te preocupes. Y buenísimo tu café.
-Me lo trae un amigo de Gran Canaria. Vale un pastizal.
Y levantándose de la mesa, la bandeja se movió, tirando el culito de su taza de café, manchándole la camisa a Pablo.
-Jooooooder lo siento.
-Bah, no pasa nada.
-Que sí, que vas de punta en blanco y que la mancha de café es muy cabrona. Te limpio la camisa en nada.
Y empezó, toda decidida, a sacarle la camisa.
-Pero…pero…¿qué?
-Nadanada. En 15 minutos tienes camisa nueva.
Cristina le desabrochó la camisa y lavó a mano la mancha, quedando perfecta. Luego la metió en la secadora.
-Listo…15 minutos y aquí no ha pasado nada.
Pero Pablo se vio en medio del salón, sin camisa, sus Calvin Klein a la vista y su cuerpo fitness total, a la vista de Cristina. Que cuando se dio cuenta, empezó a tartamudear.
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-Pe pe pero Pablo…¿Tú te ves?
-No te entiendo niña.
-No me llames niña…¿tú eres consciente de que tienes cuerpo de peli porno?
-Ahhh jajajaja. Me gusta mantenerme en forma.
-En forma dice, el hijoputa.
Y empezó a acariciarle el pecho, los hombros, los brazos, los abdominales marcados…
-Para quieta, que uno no es de piedra y llevo dos semanas sin…
-Hija de puta, con esto en casa y te tiene sin usar.
Y el sobeteo ya fue con dos manos. Cristina se estaba calentando. Sus manos ya llegaron sobre el pantalón y las pasó hacia su culo. Por supuesto, durísimo.
Iba depilado por completo.
-Me depilo porque el sudor me huele fuerte.
Se pegó a él.
-¿Lo tienes todo así de bonito? Según tu mujer, parece que sí.
Y le pasó la mano por la entrepierna. Estaba muy duro y parecía grande.
-¿Dónde está ahora tu mujercita?
-En pilates. Llega en una hora.
-Nos sobra tiempo.
Y metió sus manos por dentro del bóxer. Rodeó su culo y bajó bóxer y pantalón, a la vez. Arrodillándose. La polla le tocó en la barbilla.
-¡Madredelamorhermoso!
La polla de Pablo era de un tamaño más que respetable. Al menos para Cristina, era la más grande que había visto. Las pelotas le colgaban amenazadoras. Toda la entrepierna también estaba depilada.
-¿15 días llevas sin descargar, precioso?
-Bueno, hace una semana me casqué una paja.
Y sin apenas dejarle terminar la frase, Cristina empezó a mamar aquella maravilla.
-Joder, que bien la chupas.
Y Pablo puso sus manos sobre la cabeza de Cris.
-Mira…yo llevo meses sin follar. Podríamos ayudarnos.
-Pobrecita, ¿muchos meses?
-Demasiados…Ven conmigo, Adonis.
Y lo llevó de la mano a la cama. Lo tiró, quedando Pablo boca arriba, con la polla toda tiesa.
Cristina echó mano de la mesilla de noche, sacó un condón y se lo desenrolló a lo largo de la polla. Le faltaron unos 3-4 cms por cubrir.
-Ay dios mío, que el condón te queda corto. ¡Que me acaba de tocar la lotería!
-Yo es que nunca uso goma, como tengo la vasectomía.
-¿Y las venéreas, Pablito? Además estoy en días fértiles.
-A ver, tampoco me follo a cualquiera.
-Defíneme ‘cualquiera’
-La última fue una camarera del Royal Caribean Cruises, hace 6 meses. Muy mona. Me la estuve follando todo el crucero…desde que salimos de Aruba, hasta que llegamos a Miami.
-¿Más mona que yo?
-Fue modelo de Victoria Secrets.
-Hijo de puta, encima con suerte. Pues yo estoy de becaria en el Santander. ¿Te sirve?
-Eres muy joven, la cosa es si te sirvo yo a ti.
-Joooder si me sirves…
Y empezó a clavarse semejante aparato. Subiendo y bajando, despacito. Cada vez más adentro.
-Estás caliente, niña. Tu coño está chorreando.
-No me llames niñaaaaaaaaaa ohhh joderrrrr. Tú que lo ves…¿me queda mucha polla fuera?
-La mitad.
-¡Ohhhhh la mitad!
-Venga, túmbate, yo te ayudo.
Cristina se tumbó y Pablo se le puso encima de misionero. Y empezó a empujar.
-Ohhhh, ahhhh, bufffff…
-¿Nunca te quitas las gafas?
-Cuando me ducho y cuando duermo. Soy cegata.
-Pues estás infinitamente más sexy sin ellas.
-Déjamelas puestas, quiero ver tu cara cuando te corres.
-Yo, desde que me cargué unas comiendo un coño, siempre me las quito. Que me gusta follar a lo bruto.
Y, entonces, empezó a darle como cajón que no cierra. Cada empujón le metía más polla dentro…y más…y más…hasta que Cristina se corrió a gritos, arañando las sábanas.
-¡Jooooder que bueno! ¿Y tú?
-Yo, es que, llevo años sin ponerme un preservativo.
-Ay, es que me da cosa, no nos conocemos de nada.
-Pues entonces seguimos.
Y Pablo volvió a empotrarla sin piedad. Ya casi se la metía toda. Pero la matraca seguía. Más y más fuerte. Más y más a fondo.
Cristina volvió a correrse, pero Pablo no paraba. La puso de perrito. Sus pelvis empezaron a chocar plaspalasplas. Cristina se corrió por tercera vez.
-Para, para, no puedo, en serio. Estás hecho un animal.
Y Pablo se separó, con su polla tiesa, enfundada en un condón que chorreaba de los flujos de Cristina.
-Vale, me rindo…a tomar por culo el condón y mi ovulación.
Cristina le desenrolló la goma, quedando la polla al descubierto. Se la chupó hasta donde pudo. Se la llenó de babas. Se tumbó boca arriba, se abrió como una estrella de mar y se quitó las gafas.
-Lo que yo digo. Tremendamente sexy.
-Fóllame, úsame, lléname de semen, explota, haz que me salga la leche por las orejas.
Y eso hizo. Empezó a darle fuerte, muy fuerte. Cristina lo abrazó, lo rodeó con sus piernas. Se besaron. Pablo se agarró a sus hombros y se la clavó toda. Ambos se corrieron a gritos. Hacía más de medio año que Cristina no era inseminada por nadie y aquello no se parecía en nada a los dos chorritos que soltaba su ex. Aquel maduro disparaba semen con una energía que ella no conocía. Notaba como su fértil coño se llenaba de leche caliente.
-Aaaaggghhhh, diossssss que poooolvo…¿me das las gafas?
Con las gafas puestas, vio a Pablo sudando, encima de ella, besándole los pezones, dándole mordisquitos.
-Estás muy buena. ¿Lo sabes?
-Lo que estoy, es agotada. Espera…¿sigues dentro de mí?
-Sí, estoy muy a gusto.
-Espera, que me incorporo…ahora. Quiero ver como la sacas.
Y Pablo la sacó, seguida del semen que le acababa de meter.
-Joooder que pasada, ¡qué polla por favor¡
-Tus tetas son también fabulosas. Blanquitas, firmes.
Y Pablo siguió besándolas, mordisqueando esos pezones rojitos. Los besos fueron bajando. Llegaron al ombligo. Cristina volvía a jadear.
.
.
-¿Sigo?
-¿Cómo? Eso está lleno de semen.
-Sí, pero es mío.
-Joooder, encima es un depravado…
Y Pablo bajó y le machacó el clítoris a chupetones y a mordiscos. Cristina se corrió de nuevo. Estaba a merced de ese maduro. Le dio la vuelta, la puso de perrito, le separó los cachetes y empezó a chuparle el culo.
-Para, para, no, eso es sucio.
-El sexo es sucio.
Y siguió chupando, metiendo la lengua, intentando entrar en esa zona que parecía inexplorada. Cristina se relajó y empezó a disfrutar. Pablo le metió un dedo.
-¿Tenemos lubricante?
-Lo siento tío, acabo de mudarme. ¿Para?
-Para follarte el culo.
-¡Ah sí claro! A ver si te crees que me dejaré meter esa pedazo de polla en el culo.
-¿Eres virgen del culo?
-Sí.
-Pues entonces otro día.
Y notó como se movía detrás, le colocaba el culo y de un viaje se la metía de nuevo en el coño.
-¡Dioooooooooooosssssssssss! ¿No tuviste suficiente? Vas a reventarme a pollazos.
-La niña además de guapa, es adivina.
Y eso hizo exactamente Pablo. Reventarla a pollazos. La embistió como un animal, le sacó tres orgasmos más, las gafas de Cristina se cayeron, se aplastaron entre el colchón y el cabecero. Le dio de perrito, de misionero, de lado y terminó corriéndose encima de ella. En las tetas, la cara, el pelo, en la boca. Cristina era un monigote sin voluntad.
Pablo se incorporó… arregló, enderezó y limpió las gafas de la muchacha, se puso su camisa que estaba calentita de la secadora, su traje y salió de la casa impecablemente vestido.
Como si nada hubiera pasado.
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