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Amor filialsept 2023

La profesora de matemáticas 34

La paciencia ha sido clave para desbloquear los deseos ocultos de su madre. Ahora, con la complicidad de su hermana y la aceptación de Mariví, el juego ha escalado más allá de lo imaginado. Pero el deseo de penetrarla es la frontera final que Alberto está a punto de cruzar.

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Clara abrió mucho los ojos y la boca cuando Alberto le terminó de contar, con todo detalle, lo sucedido la noche anterior con Mariví.

- ¡Hala! - Exclamó.

- Ya ves, lo que es tener paciencia.

- Joder, ahora lo mismo te puede hacer ella que tu a ella.

- Sí, ¿no estarás celosa? - Bromeó.

- Bobo.

Sin embargo, Clara reaccionó y pensó que hacía un tiempo que no jugaba con su madre. A sabiendas la esperó cuando se estaba duchando el sábado siguiente por la mañana y se hizo la encontradiza en el pasillo.

- Ah, hija, buenos días, has madrugado hoy.

- Buenos días, sí, hoy me apetecía levantarme ya de la cama.

Mariví sonrió dulcemente y le dio un beso a Clara, que puso cara de apurada e inocente.

- ¿Te pasa algo, cariño?

- No, que te he visto así… me da un poco de apuro.

- Dime. No te preocupes.

- Quería verte de nuevo las tetas y tocarlas, si me dejas.

- Uy, que petición.

- Venga, si ya nos hemos visto todo… hay confianza. - Dijo más segura.

Mariví suspiró. No iba a negar a su hija lo que daba a su hijo, Aunque Clara no lo supiera, o eso pensaba Mariví.

- Anda pasa al baño conmigo, que tu padre aún no se ha levantado.

Mariví cerró la puerta y miró que no hubiera nadie más en el pasillo. A continuación se bajó la toalla hasta la cintura descubriendo sus tetas ante Clara, que sonrió complacida.

- Gracias, mamá.

Clara con gesto entre pícaro y curioso tocó las tetas. Mariví se dejó hacer y pensaba ya una excusa por si alguien llamaba a la puerta.

- Anda, quítate la toalla del todo.

- Hija…

- Venga, si ya te he visto y tu a mi…

Mariví puso gesto resignado, como de que voy a hacer, y se despojó de la toalla. Su hija le palpó el culo y hasta se atrevió a acariciarle levemente el vello púbico. Mariví dio un respingo y con la mirada hizo detenerse a su intrépida hija.

- Perdón, es tan bonito. Mira te voy a enseñar el mío.

- Hija, no tienes que…

Clara le puso un dedo con delicadeza en los labios y en un momento se quedó desnuda. Mariví intentó no parecer muy interesada pero no podía apartar la vista de un cuerpo tan juvenil y bello.

- Eres preciosa, hija.

- He salido a ti.

Clara sintió un impulso y juntó sus tetas a las de su madre hasta que se rozaron. Ambas sintieron un escalofrío. Entonces Clara acercó sus labios a los de Mariví y le dio un beso breve. Mariví imperceptiblemente entreabrió los labios y sintió el agradable sabor de los labios de su hija. Se ruborizó. Las manos de Clara estaban posadas una en cada teta.

- Hija, vístete.

Clara obedeció y Mariví se recompuso la toalla.

- Dime solo una cosa. ¿Te ha gustado el beso? - Preguntó Clara.

- Más de lo que podría creer.

Clara se lo contó todo a Alberto por la tarde.

- Vaya, un poco celosilla sí que estás.

- Bobo.

- ¿Te gustó besar a mamá?

- Sí, es muy dulce, un beso muy suave, agradable. - Dijo mientras lo evocaba con gesto sonriente y mirando al techo.

- Vaya, te van a acabar gustando también las mujeres.

- Sí, para ponerte a ti cachondo.

- No te enfades. Pero creo que mamá no accedería si no me estuviera dando eso a mi. Se siente en deuda si no te lo da. ¿Entiendes?

- Claro, ya lo he pensado. Pero yo soy mujer, le estoy dando algo que ella desconocía.

- A menos que sepamos. - Dijo riéndose.

- Tu eres un hombre, guapo, es normal que se sienta atraída por ti.

- Hombre, con la salvedad de ser su hijo, sí.

Mariví no pudo dejar de pensar en el beso con su hija en todo el día. Nunca había tenido uno tan suave y agradable. Deseaba repetirlo pero por otro lado quería retenerse. ¿Pero como hacerlo si le había hecho una mamada a su hijo?

Pasó el día de reyes y Alberto seguía pensando en Mariví. Le encantaba el poder asaltarla en cualquier momento y la expectación de cuando vendría ella a ofrecerse. Era una sensación extraordinariamente morbosa, atractiva y placentera. El domingo siguiente por la mañana se dio la situación que esperaba. Les había puesto una excusa a sus amigos y no había salido con ellos. Así que pudo madrugar. Su madre estaba ya en la cocina y ya había desayunado.

- Hola, hijo. Madrugas eh para ser domingo.

- Hola, ya sabes que me gusta levantarme pronto.

- Muy bien. Anda, ahí tienes para el desayuno.

- ¿Puedes venir un momento a mi cuarto?

- Sí, ¿que quieres?

- Ahí te lo digo.

Mariví fue pensando en que misterio sería hasta que su hijo, de camino, le palpó el culo por encima de la bata.

- Anda, desnúdate y túmbate.

- Hijo, ¿no irás a…?

- No te preocupes, haz lo que te digo.

Mariví obedeció y se quedó expectante.

- No te he hecho ningún regalo por reyes y tú ya me has hecho dos mamadas estupendas.

- Oh, no te preocupes. - Respondió sintiéndose algo ridícula de responder tumbada desnuda.

- Quiero hacerte un cunnilingus. Un día me hablaste de él. Imagino que te gusta y yo sé que lo hago bien.

- Hijo, pero…

- Nada, relájate y disfruta. Quiero hacerlo y darte un buen momento.

Mariví intentó relajarse y abrió levemente las piernas. Estaba ofreciendo su coño a su hijo. Alberto sintió el fino vello al llegar ahí, no le desagradó. Dio un largo y lento lametón de arriba a abajo haciendo estremecer a Mariví al sentir por ahí la lengua de su hijo. Prosiguió poco a poco, abriendo los labios del coño de su madre, que ya se había relajado totalmente. Le localizó pronto el clítoris y se centró en él, besos, lametones y mordisquillos. Mariví empezó a reprimir gemidos entrecortados de placer. Alberto se ayudó de uno y luego dos dedos para seguir trabajándose el dulce coño. Finalmente sintió la eyaculación del orgasmo. Satisfecho se tragó gustoso y se guardó una poca para besar a su madre.

- Tu propia eyaculación, mamá.

- Uy, que beso más sabroso. Ay, sí que sabes hacer bien un cunnilingus, nunca me habían dado tanto placer con uno, gracias.

- El gusto ha sido mío.

Mariví se incorporó sonriente y se vistió. Saliendo algo obnubilada del cuarto de Alberto. Desde luego que a partir de ahora dejaría que le hurgara por el coño más veces. Ella misma iría a ofrecérselo. Ya no sentía vergüenza. Alberto salió a continuación a desayunar. Todavía solos en la cocina le preguntó Mariví.

- ¿Cuándo has aprendido a hacerlo tan bien?

Alberto no dijo nada y sonrió. Se acercó y le dio un beso en los labios.

Mariví se pasó el resto del domingo pensando en las experiencias sexuales tan placenteras que estaba teniendo con Clara y Alberto. Mucho más que la monotonía con su marido. Poco preocupado en hacerla disfrutar y que solo se preocupaba de su goce.

El miércoles siguiente volvía a haber un partido y su marido estaba en el bar. Clara estaba haciendo un trabajo del instituto en casa de una amiga. Fue al cuarto de su hijo. Sonrió al entrar.

- Me has leído el pensamiento. Iba a verte yo ahora. - Dijo alberto.

- Ya estoy aquí.

- Enséñame las tetas.

Mariví se quitó la camiseta de manga larga y el sujetador y se quedó expectante.

- Quítate también el pantalón. Estaremos mejor.

Mariví volvió a obedecer. Alberto se desnudó con cierta parsimonia y le enseñó orgulloso su pene erecto.

- Así me la pones, mamá.

Mariví sonrió con cierto orgullo.

- ¿Quieres que te la vuelva a chupar?

- Por ahora sí, es muy agradable.

Mariví besó la polla de arriba a abajo y empezó con unos lametones recorriendo toda su longitud, antes de metérsela en la boca.

- Los testículos también, por favor.

Mariví giró su atención hacia ellos, los besó, lamió y chupó con cuidado. Luego volvió a centrarse en la polla.

- Túmbate en la cama.

Mariví temió ser penetrada vaginalmente. Algo para lo que se iba mentalizando poco a poco y que sabía que algún día tendría que afrontar. Sabía a donde desembocaba ese juego. Sin embargo, Alberto acercó su polla a sus tetas y empezó a masajeársela. Mariví sonrió casi aliviada.

- Um, que gusto sentir tu pene en mis tetas, mamá te ayuda.

Mariví se garró las tetas lateralmente y siguió haciéndole la cubana con entusiasmo. Casi estrujándole la polla y haciéndola desaparecer entre sus ubres.

- Aaah, me encantan tus tetas, mamá.

- Sí, disfrútalas, cariño. Deja tu semen en ellas. Quiero sentirlo.

- Abre la boca anda.

Mariví la abrió y poco después tenía la polla de su hijo en ella, que la había deslizado desde sus tetas. Alberto repitió varias veces la operación con gran placer. Sentía un gran morbo de follarse las tetas que había amamantado. Como una perversión. Mariví siguió con el mismo entusiasmo, sintiendo la dureza de la polla de Alberto en sus tetas. Todavía tersas, grandes y apetecibles. Alberto rozaba con su glande las grandes areolas. Haciendo que a Mariví se le endurecieran más los pezones. Finalmente cumplió los deseos de su madre y eyaculó una gran cantidad de semen, equitativamente sobre ambas tetas. El semen se desparramaba sobre ellas y el canalillo y le llegaba al ombligo.

- Ay que gusto, sentir tu pene y el semen caliente.

Alberto la hizo reír extendiendo con su polla el semen aún más sobre sus tetas. Mariví abrió la boca, ya conocedora del gusto de su hijo, y le dejó la polla reluciente. Alberto cogió un pañuelo de papel y le limpió el semen. Mariví sonrió agradecida.

- No hacía falta, no hay nadie más en casa, pero te lo agradezco.

- ¿Te gusta el sabor de mi semen?

- Sí, me parece agradable. Es algo… no sé como explicar.

- Te entiendo.

- Bueno, tú has hecho lo mismo cuando me hiciste tan bien el cunnilingus.

- Sí.

Mariví ni se vistió y fue directamente al baño a limpiarse. Luego regresó al dormitorio y se colocó la ropa.

- No me importa que vayas así si no hay nadie en casa. - Dijo medio en broma medio en serio.

- Si tú vas igual…

A Alberto le excitó y sorprendió aquella respuesta.

Al día siguiente le contó todo a Clara.

- Um, vaya como lo pasáis.

- Muy bien.

- ¿Mejor cubana que yo?

- Tu estás celosa, siempre estás comparando.

- Bobo.

- A ver, las tetas de mamá son más grandes que las tuyas, pueden abarcar más polla. Pero contigo es muy placentero, son dos tetas aún creciendo, muy firmes y suaves.

- Vamos a verlo.

Clara se desnudó rápidamente de cintura para arriba. Sentía sus tetas duras. Se tumbó y le incitó con la mirada. Sin más dilación previa pasó a frotarle la polla entre las tetas a su hermana. Clara se esforzaba en estrujar la polla entre sus incipientes tetas. Abrió la boca y recibió la polla ahí, la aprisionaba con fuerza y la dejaba salir rumbo a sus tetas, de las que de nuevo volvía a su boca. Alberto disfrutaba la tersura de sus tetas hasta que derramó de igual manera el semen sobre ellas, extendiéndolo también. Clara sonreía satisfecha y lasciva.

- ¿Qué tal, eh?

- De maravilla.

Clara le hizo un gesto para limpiarle la polla. Alberto buscó un pañuelo de papel y le limpió los restos de semen.

- No me lo voy a lavar hasta mañana. - Dijo divertida.

- Me parece muy bien.

Clara volvió a vestirse y le sacó la lengua burlona.

- ¿Sabes? También me dijo mamá que si estamos solos no le importaría ir desnuda. Yo se lo dije medio en broma. Salió así a lavarse al baño. Y me dice que si lo hago que no le importa.

- A mi tampoco, eh. - Respondió riéndose.

Alfonso estaba en el pasillo del instituto, que parecía desierto, Nati venía de frente y parecía centrada en sus quehaceres. Llevaba una carpeta bajo el brazo. Alfonso tomó aire y se acercó a ella.

- Hola, Nati.

- Hola.

- ¿Me puedes acompañar?

- No, dímelo aquí, tengo prisa. - Dijo en tono serio.

Alfonso la así con fuerza del brazo y la encaminó a los baños, que estaban cerca, en el mismo pasillo.

- ¿Pero qué haces? Suéltame ahora mismo. Te la estás jugando.

Nati acabó de entrar al baño masculino de un empujón y con otro empujón con la rodilla en la espalda, a un retrete.

- Te van a expulsar por esto, te van a expulsar. - Advertía Nati con su voz chillona.

Alfonso la besó en loa labios. Nati puso gesto de asco y rechazo, que excitó más a Alfonso. Trató de zafarse pero Alfonso le sujetó los brazos y luego le sacudió una bofetada.

- Harás lo que yo diga, pedazo de puta. - Dijo en tono amenazante.

Le desgarró la camisa de color rojo y miró con lujuria las tetas. Le bajó el sujetador y chupó con fuerza las tetas mientras aprisionaba a Nati contra la pared.

- Para, para ya.

Le arremangó la falda y le bajó las bragas. Le vio y le palpó el coño peludo. Se sacó la polla y la penetró de un golpe hasta el fondo. Follándola brutalmente.

- ¡Aaaah! ¡Aaay! Hijo de puta, hijo de putaaa.

Alfonso la intentó callar besándola de nuevo pero Nati giró la cara. Consiguió voltearla y le plantó la polla a la entrada del ano. Nati se lo temía y chilló histérica.

- ¡Noooo! ¡Por el culo noooo!

Justo cuando disfrutaba de la penetración y profanación anal se despertó. Con lo bien que lo estaba pasando con su profesora de matemáticas. Lamentó despertarse justo cuando empezaba a encularla. Estaba con la polla tiesa y aprovechó para hacerse una paja. No era la primera vez que soñaba con ella pero sí había sido la más placentera y excitante. Era aún de madrugada y volvió a dormirse. Tenía clase con Nati al día siguiente y no pudo evitar acordarse y regodearse en el suño de la noche anterior.

- Alfonso, ¿qué acabo de decir? Estás siempre en las nubes.

- Perdón, Nati.

- Pon atención de una vez.

Nati le echó una mirada de desaprobación y volvió a centrarse en la explicación.

Nati volvía a estar en clase. Pero notó unos cuchicheos y que se reían a hurtadillas. Entonces se dio cuenta. Estaba dando la clase totalmente desnuda. Alfonso la señaló y dijo jactándose.

- Ya os dije que conseguiría que la vierais desnuda.

- Iiiih.

Nati gritó e intentó taparse como pudo el coño y las tetas. Se despertó sobresaltada y sonrió. Solo había sido una absurda pesadilla. A lo que le llevaba pensar en lo que pasaba en clase. Se acomodó el edredón y se dio media vuelta con su cuerpo desnudo. Mañana era jueves y la visitaría Felipe.

Todos los jueves fue Felipe puntualmente y sin faltar ni uno a follarse a Nati, vaginal y analmente. Nati le recibía gustosa y complaciente. Sabía lo que le iba en ello.

Alberto cada vez tenía más ganas de hacer el amor con su madre. Así lo pensaba él. Lo haría de manera suave y cariñosa. Aunque deseaba ardientemente follarla salvajemente. La candidez de Mariví no hacía sino excitarle más. Furtivamente tuvieron escarceos. Repitiendo mamadas y cunnilingus. Estuvo cavilando cual sería la mejor manera de planteárselo. Si ir tanteándola poco a poco e insinuando, pensaba que ella también lo tendría en mente. O un día de sexo oral ir directamente al tema. Temía un rechazo y volver al punto de partida. Del que esta vez le sería más difícil salir y llegar a donde estaba. Se decidió finalmente por el plan conservador. Además ya tenía a su disposición a Clara, a la que usó, e incluso podía llamar a María.

- ¿Pero te vas a follar o no a mamá?

Le espetó un día Clara justo después de eyacular en su coño. Alberto, sin sacar la polla del interior de su hermana respondió.

- Todo a su tiempo. La paciencia me ha ido bien con mamá.

- Porque no sé si piensas demasiado en ella cuando me follas a mi.

- Cuando te follo a ti te aseguro que eres mi único pensamiento.

Alberto le mintió un poco por cuanto se imaginaba en ocasiones que se follaba de Mariví cuando era joven, dado el parecido que tenían.

- Bueno, mejor así.

- Es verdad que os parecéis pero nada más. Tu misma se lo dijiste que os parecíais.

Clara frunció el ceño justo cuando acabó de limpiar la polla y le sacó la lengua.

- Um.

Se tapó con la ropa de cama, cosa extraña en ella dado su gusto a exhibir su cuerpo juvenil y lozano. Alberto creyó conveniente salir sin alargar la conversación. Al salir, su hermana le sacó la lengua.

Un domingo por la mañana abordó a su madre en la cocina.

- Mamá, que bien lo pasamos y que bien esa confianza, ¿verdad?

- Si, pero es nuestro secreto.

- Algún día… - Su madre le inquirió con la mirada sin perder la sonrisa – algún día.

- ¿Qué?

- No, nada.

Mariví sonrió para sus adentros y bien sabía lo que quería decir. Pero también le gustó que tuviera paciencia y se lo planteara de aquella manera. Llevaba unos días que le tocaba el coño más que de costumbre. Sutilmente. Guardó silencio y se puso a fregar. Alberto acabó de desayunar en silencio y al acabar se acercó y le sobó el culo. Le dio un beso en los labios y se marchó sin decir palabra.

Mariví dejó pasar unos días y encontró un momento adecuado de hablar con su hijo. Se sentó al borde de la cama y le sonrió con dulzura.

- Hijo, ¿me querías decir algo el otro día?

- Um, no.

- Mira que te conozco. Tu mismo dices que tenemos confianza.

- Me gustaría pedirte algo pero no sé como.

- Anda, dime.

- Para expresarte lo mucho que te quiero, no te lo tomes a mal.

- Sigue, tranquilo.

- Ya lo hacemos cuando… ya sabes.

Mariví estaba disfrutando de las dificultades de su hijo para decírselo.

- Sí, ya sé a que te refieres.

- Seguir un poco más.

- Lo hacemos cuando no nos ve nadie, tiene que ser así. - Dijo haciéndose la tonta.

- Si ya lo sé, no es eso.

- Pues venga, dímelo y no des más rodeos.

- Me gustaría hacer el amor contigo.

Alberto se sintió aliviado al soltarlo y esperó, se había mentalizado para ello, una reacción negativa de su madre. Pero Mariví se rió ostensiblemente.

- ¿Tanto te ha costado? ¿Te crees que no lo sé hace tiempo?

- No si ya…

- Tanto apuro cuando te la chupo y dejo que me comas el coño.

A Alberto le sorprendió que dijera eso en vez de cunnilingus, en su siempre ponderado lenguaje.

- No, si el sexo oral es una cosa y meterla es otra.

- Ya lo sé, cariño. Todo llegará. Yo misma te diré el momento. Sé paciente como la vez anterior y tendrás tu recompensa.

Mariví se incorporó pero Alberto la retuvo.

- ¿Te vas a ir sin mas?

- Sí, ya me has dicho por fin lo que tenías que decirme.

- ¿Me dejas así?

- ¿Así como? Tengo mucha ropa que planchar, salvo que lo vayas a hacer tu.

- Así. - Alberto se bajó los pantalones y mostró su polla enhiesta. Mariví la miró y se rió. - Me pones así.

- Cariño, hazte una paja pensando en mamá, como haces tantas veces.

- Vale, pero quédate.

- ¿Para qué?

- Te desnudas y me masturbo.

- Tengo que planchar. - Haciendo ademán de irse.

- Anda, por favor.

- Vale, de acuerdo.

Mariví accedió por la paciencia de su hijo y lo mucho que le había costado decírselo. En silencio se desnudó y se quedó de pie frente a él. Observó con curiosidad la técnica de su hijo y como se congestionaba la polla en el momento de eyacular.

- Muy bien, ya está, ya te has quedado más relajado.

Mariví se fue a planchar y Alberto se fue muy ufano a contárselo a Clara.

Clara le escuchó con su atención y curiosidad habitual.

- Hala, te la vas a follar por fin.

- Sí, ya te decía yo que la paciencia.

- Ya veo.

- A follar como hago contigo.

- Bobo.

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