Xtories

Y los sueños, sueños son. - Cap. 17

Joan siempre confió en Sofía, pero las llamadas discretas y las miradas cómplices del nuevo doctor han encendido sus alarmas. Cuando decide entrar al despacho prohibido, la verdad lo espera detrás de la puerta cerrada.

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Joan – diciembre 2017 – (Sueños cumplidos… o no)

Era casi de noche cuando llegué cansado a casa y me encontré a Sofía sentada en un taburete de la cocina con cara de preocupación.

- Sofía, ¿te ocurre algo?

- Es Paula, ha llegado llorando y se ha encerrado en su habitación y no ha querido decirme nada. Tal vez sea cosa de amores… no lo sé.

- Voy a hablar con ella.

A través de la pasarela acristalada me trasladé hasta el cubo secundario donde se encontraba la habitación de Paula. Llamé a la puerta y le pedí si podía entrar. Ella contestó entre sollozos que entrara y así lo hice. Nada más verme se levantó de la cama y se lanzó a mi cuello para abrazarme mientras continuaba llorando.

- Tranquila mi amor, papá está aquí contigo. ¿Qué te pasa, cariño?

- Lo siento papá… lo siento mucho… perdóname…

- Cálmate mi vida, tranquilízate y cuéntame que te sucede, juntos encontraremos la solución, sea lo que sea…

- Mamá… se ha… mamá se ha marchado.

- ¿Cómo que se ha marchado?... explícate hija, pero ante todo intenta tranquilizarte.

- Papá, lo siento mucho… mamá me ha explicado lo que hizo… todo lo que hizo… las traiciones… todos esos hombres… y yo siempre te culpé por dejarla… perdóname papá… he sido tan cruel contigo… lo siento mucho…

- Tranquila mi amor, todo eso ya pasó, tú sentías cosas y tenías la necesidad de sacarlas, no te preocupes por mí, lo que importa es que nos queremos y que estamos juntos, tú no tienes ninguna culpa cariño. – no sabía que palabras emplear para calmarla -. ¿Pero qué es eso de que se ha ido?

- Mamá me contó cómo te engañó, cómo la descubriste y cómo decidiste divorciarte de ella sin contarnos nada a nosotros. He crecido pensando en que tú eras malo por no querer a mamá cuando ella siempre te quería a ti.

- Son cosas que pasan en la vida de los adultos y vosotros no tenéis que sufrir por los errores de los padres. ¿Pero por qué te lo ha contado precisamente ahora, te lo ha dicho?

- Mamá dijo que ya era mayor para entenderlo, que quería que la perdonase, que ya había perdido a Pol por el mismo motivo, pero que tenía que saber la verdad. Le dije que necesitaba tiempo para perdonarla pero que la quería mucho, que siempre había estado ahí para mí y que tenía que hablar contigo para pedirte perdón por lo mal que te he tratado tantos años. Pero entonces ella dijo que se marcharía para darme espacio, para que pudiese estar contigo todo el tiempo y eliminar mi resentimiento hacia ti. También dijo que ella necesitaba replantear su vida y que se iba de viaje al extranjero por tiempo indefinido. Me dio esta carta para ti.

Estaba muy sorprendido por todo lo que me estaba contando Paula, por qué había decidido precisamente ahora contárselo a nuestra hija, y lo de marcharse al extranjero de buenas a primeras, era como mínimo extraño. Tomé la carta que me ofrecía y me senté en la cama para leerla.

“Hola Joan, lamento tener que contarte esto de esta manera, sin previo aviso y sin hacerlo cara a cara, pero es que no tengo el valor para mirarte a los ojos y decirte que he conocido a un hombre que creo que me ayudará a reconducir mi vida. Vive en el extranjero por lo que me voy con él, pero no sé si volveré, tampoco sé sí todo será un nuevo fracaso como los muchos que he tenido en la vida a excepción de conocerte y el tener a nuestros hijos. Se lo he explicado todo a Paula, ya es mayor para entender y espero que con el tiempo perdone a su madre. No puedo seguir escribiendo porque la sensación de que esto es una despedida definitiva me destroza el alma. Cuida de nuestros hijos, los amo con todo mi corazón como siempre te amaré a ti. Adiós Joan.”

Paula, que leía la carta junto a mí incrementó el nivel de su llanto y tuve que abrazarla de nuevo para consolarla. No sabía cómo tomarme las palabras de Marta, si como una despedida definitiva o como que tal vez volvería algún día, ni tampoco como quedaba con todo esto la relación con Paula, con Berta o conmigo, ¿no pensaba comunicarse con nadie o solo con algunos? Todo me pareció muy ambiguo y extraño, pero después del comportamiento de Marta durante todos estos años, ya nada me sorprendía. Pensé que lo único que podía hacer era seguir con nuestras vidas y que su ausencia nos afectase lo menos posible, que en mi caso era bien poco. Ella era libre de tomar sus propias decisiones y de asumir las consecuencias. En cualquier caso, deseé que le fuese bien allí donde estuviese, mi vida era lo suficientemente feliz como para malgastarla guardándole rencor después del tiempo transcurrido.

Semanas más tarde llegaron las fiestas navideñas y las celebramos en casa, contentos porque Pol regresó de los EEUU acompañado de Claire, la que ya era su pareja. Era una chica muy guapa e inteligente, trabajaban juntos en la empresa de Felipe y se les veía muy enamorados. A Paula le cayó súper bien la novia de su hermano y rápidamente las dos chicas se volvieron inseparables, y Paula se atribuyó el papel de guía turística para pasearla por toda Barcelona, como si su hermano no fuese de la ciudad. A los tres se les veía felices y me alegré mucho por mi hija, ya que las revelaciones y la marcha de Marta la había dejado bastante tocada. Pol no quiso opinar nada sobre el asunto de su madre, manteniendo su postura de ignorarla completamente, aunque se notaba que sus defensas estaban menguando. Hablé una vez más con él para que se replanteara la relación con su madre, que ya era hora de olvidar los errores cometidos tanto tiempo atrás, y Pol pareció dudar de cómo actuar pero tampoco se comprometió a nada. Berta se nos unió en las celebraciones y a pesar de su tristeza por la ausencia de su hija, estuvo muy contenta al ver a sus nietos reunidos y felices. Durante la comida de Navidad Paula recibió una video llamada de Marta y nos preguntó a todos si queríamos participar para saludarla. Acabamos aceptando, algunos con más entusiasmo que otros y Paula envió la transmisión desde su móvil al TV del salón para que todos pudiésemos verla y oírla mejor que en el teléfono. Marta parecía algo desmejorada de cara, pero se mostró alegre al poder vernos reunidos.

- Os envió mis mejores felicitaciones para que paséis unas felices fiestas en familia. Estoy bien, replanteándome la vida y trabajando en ser mejor persona, en recomponerme del sufrimiento que siento por culpa de mis acciones y por el dolor que os he causado a todos y para conseguir algún día ser merecedora de vuestro perdón. Pero quiero que sepáis que os quiero y eso siempre estará por encima de todo, por encima de que podáis perdonarme o que me aceptéis. Muchas felicidades, os quiero a todos.

Berta y Paula estaban llorando y la primera que correspondió a las felicitaciones de Marta fue Sofía, a la que seguimos todos los demás, incluido Pol al que Claire estuvo animando a decirle algo a su madre durante toda la llamada. Marta al oír la felicitación de su hijo rompió a llorar emocionada y se despidió con la mano sin poder decir palabra y cortó la video llamada.

Todos estábamos en mayor o menor grado emocionados y de alguna forma coincidimos en que si Marta regresaba algún día a nuestras vidas, intentaríamos rehacer los puentes hacia una relación más cercana, con todo lo que eso podría conllevar. Acabamos de pasar las fiestas en harmonía y todos fuimos un poco más felices durante esos días tan emotivos. Estuve especialmente contento con la relación de mis hijos y Sofía, que se sentía orgullosa de que la aceptasen con tanto cariño, haciéndola sentir, salvando las distancias, como la madre que nunca había sido y que ya pensaba que jamás podría llegar a ser.

La noche de fin de año asistí a una fiesta en el hospital acompañando a Sofía, con la intención de recibir el nuevo año en un ambiente festivo y de diversión. Nos sentamos a cenar en una de las mesas que compartiríamos con todo el equipo de oncología y sus acompañantes. Mi esposa me presentó a su equipo médico, auxiliar y administrativo, y solo faltaban los pocos que desgraciadamente estaban de guardia esa noche. Era un grupo extenso y me parecía imposible recordar el nombre de todos, aunque sí el de las personas que nos sentamos cerca. Entre las personas que mi esposa me presentó, llamaban especialmente la atención una chica bajita y regordeta llamada Natalia y un hombre apuesto llamado Martino. Los dos acudieron sin acompañante y ella se sentó a mi lado mientras Martino lo hacía al lado de Sofía, cada pareja frente a la otra. Cenamos en buena sintonía, Natalia era la asistente administrativa de mi mujer y me pareció una chica encantadora e inteligente, con un sentido del humor muy destacado, que sirvió para que la cena fuese muy amena. El Dr. Martino Martinelli (hay padres que no merecen vivir por los nombres que escogen para sus hijos) era el nuevo adjunto de Sofía, su mano derecha, y por lo que pude apreciar había una buena sintonía entre ellos dos, tal vez demasiada para mi gusto. Tendría unos 35 años, era italiano, guapo como él solo, y se había incorporado al hospital tres meses atrás precedido de una gran reputación como cirujano oncólogo por diversos hospitales españoles. Aunque durante toda la noche se mostró muy simpático conmigo, me enseñó fotos de su hija, una niña preciosa de unos 6 años y no paraba de contar lo feliz que estaba siendo papá, me puse algo nervioso por las interacciones que le veía con Sofía y que no me gustaron en absoluto. Invadía continuamente el espacio personal de mi esposa y a ella parecía no importarle y lo toleraba con toda naturalidad.

Lo cierto es que, si comparaba objetivamente mi forma de interactuar con Katy y la de ellos dos, podrían parecer exactamente iguales, pero la diferencia es que Katy y yo, aparte del sexo compartido tiempo atrás, éramos amigos desde hacía más de 34 años y en el caso de Sofía y el apuesto doctor tan solo se conocían desde apenas 3 meses. Por suerte la simpatía de Natalia predominaba por encima de esos pensamientos extraños que mi subconsciente lanzaba de forma intermitente.

Al acabar la cena, la gente se levantaba de sus mesas para conversar con el resto de asistentes, a la espera de que llegara el momento de comer las uvas durante las 12 campanadas de fin de año. Cuando faltaban escasamente treinta minutos para la media noche, sucedieron tres episodios casi simultáneos que activaron mis alarmas. El primero fue ver como el Dr. Martino abandonaba disimuladamente el salón tras los biombos por donde entraba la comida del catering, el segundo fue que mi esposa, que estaba hablando con el director del hospital a poca distancia de donde me encontraba yo, recibió una llamada en su móvil. Al contestar, de inmediato miró hacia donde estaban los biombos y colgó la llamada al poco tiempo. El tercero fue ver como Sofía hacía una llamada mirando hacia donde estaba Natalia que no tardó en coger su teléfono y responder a una llamada. Vi como Natalia asentía con la cabeza mientras me miraba y tras colgar, se dirigió hacia mí a toda velocidad al tiempo que podía ver como Sofía se dirigía hacia los biombos y desaparecía tras ellos. Al momento Natalia llegó a mi lado y me ofreció una copa que llevaba en su mano.

A partir de ese instante no paró de hablar, cosa que le resultaba muy fácil por su carácter extrovertido, pero tuve la extraña sensación que toda esa cháchara solo pretendía entretenerme durante la ausencia de mi esposa. Natalia estuvo conversando conmigo por más de 25 minutos y cuando solo faltaban dos minutos para las campanadas, apareció mi mujer con cierto sofoco, que intentó disimular con su hermosa sonrisa. Treinta segundos más tarde apareció Martino tras los biombos y se incorporó a la mesa.

- ¿Dónde has estado? – le dije malhumorado a Sofía – casi empiezo el año sin ti.

- Perdona mi amor, ha surgido una urgencia con un paciente, pero ya está solventado, ¿estás enfadado?

- Bueno, muy contento no estoy. ¿Qué urgencia era tan importante para que la directora y el adjunto de oncología acudiesen en un día tan señalado? – dije con cierto retintín -.

- Joan, créeme si te digo que era importante. Pero ahora ya estamos aquí y te prometo que te compensaré durante toda la noche.

- Eso espero – dije a regañadientes – eso espero…

El resto de la noche no se separó de mí, nos besamos apasionadamente nada más finalizar las campanadas deseándonos un feliz año nuevo 2018 y luego no paramos de bailar y de reír. Ya en el coche de camino a casa, Sofía insistió en pedirme disculpas por su ausencia y yo le confesé mis preocupaciones por la situación.

- Es que te he visto desaparecer con ese guaperas y como me has enviado a la pobre de Natalia para entretenerme. Eso no lo niegues.

- No lo niego en absoluto mi amor, es exactamente lo que he hecho para que no estuvieses aburrido sin mí. Y eso del “guaperas”… ¿es que estás celoso de Martino? – la cabrona sonreía –.

- Pues un poco… sí que lo estoy, ponte en mi lugar…

- Métete por ese camino – dijo de pronto señalando un camino de tierra que se vislumbraba a la derecha de la carretera -.

- Pero que dices…

- ¡Que te metas! - ordenó y yo obedecí sin rechistar -, y detente allí, bajo el árbol – indicó con el índice -.

- ¿Y ahora qué? – dije al detener el coche -.

- Ahora me vas a follar, me he puesto muy cachonda al saber que mi amorcito está celoso, necesito tu polla ahora mismo.

No existía en el mundo una fuerza capaz de detener la calentura de esa mujer, me arrancó los pantalones y los boxers, y tras reclinar mi asiento hasta la horizontal, se empaló en mi polla y me cabalgó como una amazona poseída hasta que nos corrimos los dos jadeantes. Fue un polvo rápido pero de una intensidad devastadora, y pese a que nuestra edad ya no estábamos para determinados contorsionismos dentro de un coche, cumplimos sobradamente con el objetivo de calmar nuestra calentura, sobre todo la de Sofía.

Al llegar a casa repetimos en nuestra cama, en este caso haciendo el amor de forma pausada, alargando nuestro placer al máximo, con la ventaja que aportaba el conocimiento pleno de nuestros cuerpos y del sexo que compartía con esa mujer a la que tanto amaba.

A medida que el año transcurría fueron sucediendo diferentes episodios que, si bien no eran absolutamente nada por si solos, empezaron a sembrar en mí la duda sobre el comportamiento de Sofía. Lo cierto es que objetivamente nuestra relación no cambió en absoluto, mi esposa seguía siendo romántica, apasionada en el sexo, de un trato hacia mí tan detallista como siempre, abiertamente sincera en sus opiniones y comentarios, sin salidas extrañas ni nada que no fuera transparente, anteponiendo siempre mis necesidades a las suyas, atenta y cercana, pero…, en algunas de las visitas que periódicamente hacía al hospital para supervisar alguna actualización de nuestro software de gestión, pude observar que la conducta de Martino en relación a Sofía seguía siendo demasiado cercana y que la tocaba en exceso para mi gusto. En realidad no había nada inapropiado en su interacción, pero no pude evitar el que no me gustasen esos roces excesivamente cordiales, llamadme paranoico pero ya había pasado por dos terribles infidelidades en mi vida. He de decir también que la actitud de Sofía cuando los “pillaba” juntos no cambiaba en absoluto y actuaba con toda naturalidad y se mostraba muy cariñosa conmigo delante del apuesto doctor, y lo cierto es que él también actuaba de forma muy agradable conmigo.

Por lo que respecta al resto de familia hubo una gran noticia, Pol y Claire pensaban casarse en Barcelona en julio de 2019 y todos estábamos muy contentos por ello. Sofía tenía una especial relación con Pol y su novia, solía hablar con ellos más que yo mismo, y con Paula también tenía muy buen “feeling” ahora que Marta había desaparecido prácticamente de escena y sabíamos muy poco de su vida, aunque llamaba para hablar con su hija alguna que otra vez. Berta, con 77 años tenía de vez en cuando algún achuchón que otro y tanto Paula como yo la visitábamos con bastante frecuencia. Desde que Marta se fue, había perdido mucho en lo referente a su estado anímico y se le notaba que la echaba mucho de menos, y solo se animaba cuando recibía alguna de sus escasas llamadas. De mi tío Felipe sabía que a pesar de su edad y de haber perdido a su gran amor, disfrutaba de muy buena salud y seguía haciendo cosas en su trabajo, aunque a un ritmo más pausado. Katy y Frank se querían y estaban felices el uno con el otro, y eso se les notaba cada vez que los veía en el trabajo o en momentos de ocio. Su felicidad hacía que la mía fuese un poco mejor y daba gracias a la providencia haberlos conocido y que fuesen una parte tan importante en mi vida.

Se acercaba el final del año y tanto Sofía como yo estábamos pasando por una época de mucho estrés laboral. Aunque mi confianza en ella era plena, ocurrieron varios sucesos que volvieron a desempolvar en mí algunos fantasmas del pasado. En varios casos Sofía recibió algunas llamadas mientras estábamos juntos en casa y a diferencia de lo que habitualmente ocurría, no las contestaba de inmediato y se desplazaba a otra estancia para hablar, cuando siempre había contestado a cualquier llamada delante de mí y solía hablar con su interlocutor sin importarle que yo estuviese cerca. Aquella actitud con esas llamadas me tenía mosqueado, y ese mosqueo se incrementó cuando Katy me explicó en forma de anécdota un encuentro fortuito en la cafetería del hospital con Martino y mi esposa. Según Katy estaban sentados uno al lado del otro, muy pegados y hablando con mucha complicidad, y al acercarse Katy de improviso, rápidamente se separaron con cierto nerviosismo ante la presencia de mi socia. Luego la invitaron a sentarse en su mesa y estuvieron hablando de cosas triviales hasta que se despidieron. Katy me dijo en broma que vigilase a ese guaperas de doctor, que parecía estar muy interesado en Sofía. Mi amiga, sin proponérselo, me puso en alerta sobre algo que inconscientemente rondaba por mi cabeza y que me hacía sentir incómodo en mi relación con Sofía. Lo cierto es que no tenía ni un solo motivo real para pensar en que mi esposa estuviese siéndome infiel, pero era un pensamiento que no podía evitar.

El momento en que se dispararon todas las sirenas de alarma ocurrió una noche en la que estábamos los dos en el sofá mirando una película. Sofía recibió una llamada en su móvil y pude leer de refilón en la pantalla el nombre de “MART.” antes de que mi esposa cogiera el teléfono.

- Es una llamada de un paciente, tengo que contestar – dijo Sofía levantándose y alejándose hasta la habitación más lejana del salón para hablar en privado -.

Aquello me molestó, el que quisiera hablar con Martino sin mi presencia era una señal que no podía dejar pasar. Esperé unos minutos y me dirigí sigilosamente hacia la habitación para intentar escuchar la conversación entre esos dos. Desde luego no fue algo de lo que sentirse orgulloso, pero era lo que me pidió el cuerpo en ese momento. Me acerqué hasta la puerta y a pesar de que hablaba en voz baja pude oír claramente como Sofía decía a Martino:

- Mañana a las doce podemos vernos en mi despacho… nadie nos molestará… no… Joan no lo sabe… y no sospecha nada…

Entonces entré en la habitación y Sofía se sobresaltó por mi presencia y se despidió de inmediato:

- Tengo que colgar… adiós.

- ¿Todo bien, Sofía? – interrogué a mi esposa para ver su reacción -.

- No es nada Joan, una consulta de un paciente…

- ¿A estas horas?

- Si… - hablaba algo nerviosa respecto a la seguridad habitual en la que Sofía afrontaba cualquier situación – su caso ha sufrido algunas complicaciones y necesitaba que alguien le tranquilizara.

- Supongo que no puedes hablar de ello…

- Sabes que no puedo – dijo convencida – confidencialidad médico – paciente.

- Claro, lo entiendo. ¿seguimos viendo la peli?

- Vamos – dijo sonriente -.

Esa noche continuamos acurrucados en el sofá viendo la película y acabamos teniendo sexo en nuestra cama, donde Sofía se comportó tan apasionada y amorosa como siempre, aunque mi desempeño esa noche no fue precisamente de los mejores de mí vida.

Al día siguiente me presenté en el hospital con la intención de averiguar que estaba pasando entre esos dos, con sentimientos contrapuestos, por un lado, tenía plena confianza en Sofía, pero por otro lado necesitaba saber si mi esposa era merecedora de dicha confianza.

En la distancia pude ver al Dr. Martino que pasaba de largo de las zonas de consulta y de tratamiento de oncología, dirigiéndose hacia donde yo tenía previsto ir, el despacho de mi esposa. Decidí seguirle a una distancia prudencial, evitando que se percatara de mi presencia. Vi como pasaba delante de la mesa de la asistenta de mi esposa y oí claramente como le decía:

- Natalia, que no nos moleste nadie – la asistente asintió con la cabeza mientras él entraba en el despacho de Sofía y derraba la puerta tras de sí.

Esperé un tiempo prudencial y llamé a mi esposa para decirle que estaba en el hospital y quería verla.

- Lo siento Joan, estoy haciendo la ronda de visitas con el equipo, tengo para un par de horas.

- Bueno amor, puedo esperarte en tu despacho hasta que termines las visitas.

- ¡ Nooo ¡ – dijo de inmediato casi chillando – en mi despacho no…, quiero decir que es mejor que nos veamos más tarde en la cafetería y aprovechamos para comer juntos.

- Como prefieras, nos vemos luego. – colgué -.

Aquello me demostraba que algo estaba mal y no me iba a quedar de brazos cruzados mirando hacia otro lado, si tenía que descubrir la infidelidad de Sofía, cuanto antes, mejor. Me dirigí hacia la puerta del despacho de la directora de Oncología y Natalia rápidamente se levantó de su mesa para interponerse en mi camino.

- Hola Joan, ¿qué te trae por aquí? – dijo con evidente nerviosismo por mi presencia -.

- Vengo a ver a Sofía.

- Ahora no puedes entrar… está con un paciente, es mejor que la esperes en la cafetería. Le digo que vaya a verte cuando acabe.

- Natalia, los dos sabemos que está pasando en ese despacho, déjame pasar, por favor.

- Joan…, no puedo permitir que entres en este despacho, por favor Joan… no lo hagas – Natalia estaba empezando a llorar –

- Apártate de la puerta – le grité con cara de enfado – no lo hagas más difícil.

La pobre chica visiblemente asustada se apartó y sin pensarlo dos veces, golpeé con los nudillos la puerta y simultáneamente accioné el pomo para abrirla. Estaba concienciado de lo que posiblemente iba a ver en ese despacho, pero jamás pude imaginar la realidad que me esperaba allí.

Mientras escuchaba el grito de sorpresa que soltó Sofía pronunciando mi nombre, lo que mis ojos vislumbraron en ese momento hizo que el alma se me cayese al suelo.

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