Un despiste me condujo a mi sumisión (24)
Él no tiene voluntad propia, solo obediencia. Cuando sus amas lo entregan a un extraño en la oscuridad del cine, el precio de su dignidad se mide en euros y en semen tragado. ¿Hasta dónde está dispuesto a bajar para complacerlas?
Íbamos paseando por la calle, yo siempre tras de Ellas. No sabía dónde deseaban ir, no me lo habían dicho. Yo sentía el tampón en el interior de mi culo, que me hacía mantener una forma especial de andar acentuada por las caricias que mis Amas me regalaban pasando sus manos por mi trasero y mi pecho.
¿Donde te apetece ir, Carmen?
Pues podríamos ir al cine, creo que hay un estreno que nos puede gustar.
Está bien. Perro, adelántate y compra tres entradas para el próximo pase.
Fui al cine a comprar tres entradas como me habían mandado. Esperé a que llegaran y pasamos a la sala. Al llegar observé que había solo hombres sentados de forma dispersa por la sala. Mis Amas ocuparon unos asientos centrales, juntas Ellas y yo al lado de Merche.
¿Has visto algo raro?
Me ha chocado ver varios hombres en la sala dispersos.
Me gusta que seas tan observador.
Uno de ellos se acercó a Merche y le estuvo hablando al oído. Cuando terminó pude ver como le entregaba algo en un sobre.
¿Te has fijado en quien se ha acercado a mi, perro?
Si mi Ama. Se ha sentado unos asientos más allá de usted.
Bien.
Apagaron las luces y dio comienzo la proyección. En ese momento mi Ama Merche me indicó que me levantara y me sentara junto a él.
Te sientas a su lado y te muestras obediente en todo lo que te pida. Por lo que ha pagado creo que será muy exigente.
Pero, mi Ama.
¿Tienes algo que objetar, perro?
No mi Ama, perdón.
Me levanté para ir a sentarme junto al hombre que me había indicado. Estaba muy nervioso. Nunca imaginé que iba a ser tratado como una vulgar puta. Yo obedecía y complacía al cliente que había pagado por mis servicios. Sentado a su lado sentí su mano posarse sobre mis genitales. La reacción no se hizo de esperar, mi polla se endureció como nunca. Con la otra mano inició una masturbación sobre su pantalón.
¡Arrodíllate! Quiero que me la chupes hasta correrme y cuando lo haga quiero ver toda la leche en tu boca.
Obedecí su indicación y me arrodillé entre sus piernas. Aún no había sacado su polla del pantalón.
¡Sácala, vamos!
Desabroche la cremallera de su pantalón, baje su calzoncillo y extraje su endurecida polla para a continuación pasar mi lengua por todo su tronco de abajo a arriba y otra vez hacia abajo. Sus manos se posaron sobre mi cabeza dándome a entender que deseaba que la introdujera en mi boca. Era muy gorda y me costó abarcarla entera. La rodeé con mis labios y lamí su glande para poco a poco ir metiéndola en mi boca. En esos momentos solo podía pensar en que lo que estaba haciendo era por deseo de mi Ama Merche pues hacer una mamada a un desconocido era algo que nunca se me hubiera pasado por la mente y para más humillación habiéndole pagado a mi Ama por ello. Me estaba prostituyendo mi Ama.
Sigue así, estoy a punto de correrme. Has de saber que lo que he pagado incluye que lo tomes todo sin derramar una sola gota y me limpies al terminar.
Quiero indicar que aunque esta acción se llama prostituirme, como esclavo de mis Amas para mi solo suponía obediencia y humillación que como tal estaba obligado a recibir de buen gusto y de forma voluntaria por parte de Ellas.
¡Para, me voy a correr!
Dejé de mamar y apreté mis labios sobre su polla para que no se derramara su corrida. Unos chorros de leche chocaron contra el interior de mi boca. No fui capaz de tragármelo directamente. Sentí un poco de asco. Pero cumplí con lo demandado para terminar limpiando su polla y recomponiendo su vestimenta. Después me fui desplazando a cuatro patas junto a mi Ama para que no se me viera y pudiera alguien sospechar.
Hola esclavo, espero que lo hayas dejado satisfecho.
No podía contestar ya que aún tenía mi boca llena de la corrida.
¡Trágatelo todo!, te he preguntado.
Si mi Ama creo que le he dejado muy satisfecho.
Eso espero pues con lo que ha pagado no puede quedarse mal. ¿Sabes cuánto ha pagado?
No mi Ama.
Pues, cien euros. Creo que a partir de ahora te vamos a utilizar como una fuente de ingresos. Dadas tus características y tu obediencia permite que no tengas límites y eso facilitará poder usarte de cualquier manera. A partir de ahora serás un vulgar prostituto a nuestro servicio.
Me siento muy feliz y orgulloso por hacer que cada vez más pueda contribuir a su felicidad.
Bien, sigamos viendo la película.
Al terminar la proyección nos levantamos y cuando estábamos en el pasillo fuera de la sala el hombre al que había atendido se acercó a mis Amas.
Me dan ustedes envidia de poseer alguien como el. Les he de confesar que ha sido maravilloso el placer que me ha proporcionado.
El placer es nuestro por haberle atendido como usted desea y que se haya quedado así de satisfecho.
¿Como podría contactar con ustedes?
Pues, tomé una tarjeta nuestra en la que encontrara una dirección de email. Estaremos encantadas de atenderle cuando usted lo desee.
Gracias y encantado de haberlas conocido.
El hombre besó con reverencia la mano de mis Amas y me miró. En ese momento la mano de Merche apresó mis huevos a través del pantalón y tiró de ellos hacia abajo.
¿No sabes saludar?
Perdón.
Me arrodillé en el suelo y le besé sus zapatos dándole las gracias por su atención. Ya salimos a la calle y nos dirigimos al coche. Al arrancar Carmen me mandó ir al sex shop ya que había recibido un email con las novedades que habían recibido.
Quiero ir a ver lo que han traído. Ya sabes que Julio conoce nuestros gustos y si me ha mandado el email es porque ha recibido algo que puede gustarnos.
Ya sabía el camino. Al llegar paré el coche y les abrí la puerta para que salieran. Merche antes de entrar en el sex shop me colocó el collar al que sujeto con la correa.
Hola Julio, ¿Como estas? Ya ves que no tardamos en venir a verte. Enséñanos lo que has traído, anda.
Hola de nuevo. Veo que no habéis tardado en venir. Ayer os mande el email con las novedades.
Un bofetón de Carmen me mandó adoptar la postura de rodillas a su lado como cualquier perro.
Pues os voy a enseñar lo que ha venido.
¿Dónde puedo dejar al perro?
He colocado unas anillas allí para que podáis atar a vuestros perros cuando vengáis.
Carmen tiró de mi correa y me dejó atado a una de las argollas fijadas a la pared. La humillación fue brutal cuando tras dejarme atado pude ver que no estaba solo. Un perro estaba atado a otra de las anillas.
Mira que bien, no vas a estar solo. Ja, ja, ja, ja.
Así quedé mientras Ellas acompañaban a Julio a ver los artículos.
Me recosté en el suelo junto al perro que al igual que yo estaba amarrado a una de las anillas. El, al igual que yo nos sentíamos felices de saber que pronto volverían nuestras dueñas y que mientras debíamos portarnos bien.
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- Relato #204465— title-regex: contiguous parts (23 -> 24)
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