Un despiste me condujo a mi sumisión (23)
Merche y Carmen no solo se aman entre ellas, sino que también disponen de ti. Esta vez, tu función no es solo servir, sino aliviar sus necesidades más íntimas con tus propias manos. ¿Estás listo para ser su herramienta?
No podía creer lo que estaba viendo y escuchando. Sabía que mis Amas se amaban y compartían sus gustos por disponer de un esclavo como yo a su entero servicio pero nunca pude imaginar que Merche obligara y dominara a Carmen. Merche se encendió un cigarro que compartió con Carmen. Era Merche la que tras darle una calada al cigarrillo unía su boca a la de Carmen pasándole el humo que introducía en su boca y lo saboreaba. Realmente era muy excitante verles. Sus labios brillaban por la saliva que compartían con sus lenguas.
¡Acércate, cerdo!
Obedeciendo su orden abrí mi boca para que la usaran como cenicero.
Merche besaba la cara de Carmen y pasaba su lengua dejándola brillante por la película de saliva que iba dejándole. La cara de Carmen mostraba un grado de excitación y placer como nunca había visto yo. Una y otra vez la ceniza de su cigarrillo llenaba mi boca tragándola con ayuda de mi saliva.
¡Ve y prepáranos un refresco!
Me levanté y me dirigí a la cocina. Les preparé unos refrescos y se los llevé al dormitorio. Al llegar no estaban en la cama sino en el baño. Carmen, sentada en el wc y cogida de las manos por Merche.
Vamos cariño, haz un esfuerzo para que te sientas aliviada. ¿Quieres un cigarrillo que te ayude?
Si, por favor. Seguro que me ayudará.
¡Esclavo, ya has oído!
Fui al dormitorio y encendí un cigarrillo para Carmen. Ver a Carmen fumando, sentada en el wc y haciendo esfuerzos para cagar era una imagen que me provocó una excitación en mi brutal. Mientras les miraba mi pensamiento giraba en torno al deseo de que, al igual que con Merche, me dejaran participar de forma activa en sus esfuerzos. Daba caladas fuertes al cigarrillo. Merche me propinó una patada.
¿No sabes lo que has de hacer? ¿Necesitas que tu Ama Carmen te lo diga? ¡Vamos cerdo, suplícale!
¿Me permite usted ayudarle en sus esfuerzos? Será un placer para mi el ayudarle.
Está bien, me está costando bastante.
Carmen dio una fuerte calada al cigarrillo mientras yo introducía mi cara entre sus piernas.
¡Imbécil!, ¿crees que solo con tu cara entre mis piernas vas a ayudarme a que pueda cagar?
Merche tiró de mi pelo, escupió sobre mi cara y me abofeteó.
Ya has oído a tu Ama. Así no le ayudarás a aliviar su estómago. ¿A ver que se te ocurre, cerdo?
Introduje mi brazo entre sus piernas alcanzando con uno de mis dedos su clítoris y con el pulgar su ano. Los fluidos de su coño resbalaban untando el pulgar que en círculos fui acariciando su ano para que se relajara y así poder introducírselo con suavidad.
Ahora lo estás haciendo mejor, ¡sigue así, perro!
El pulgar fue abriéndose paso en su esfínter hasta alojarse en su cavidad anal. Seguí con mis movimientos circulares notando la cantidad de caca que contenía y que le estaba oprimiendo. Mi Ama Merche notó mi excitación y con sus pies comenzó a masturbarme. Mientras yo seguía frotando su clítoris cada vez más hinchado a la vez que sentía mi pulgar totalmente impregnado de caca espesa y maloliente.
Me gusta como lo haces cerdo mío. Quiero ahora que con tu dedo me folles fuerte mi culo. Estoy a punto de correrme.
Tal y como me había indicado dejé de mover mi pulgar en círculos para comenzar un mete y saca intenso. Cuando lo sacaba lo sentía totalmente impregnado de su caca que al introducírselo de nuevo en su culo la dejaba fuera para untárselo todo él.
Acércate Merche, bésame. Quiero compartir este placer contigo.
Merche dejó de masturbarme con sus pies y se fundió en un beso profundo con Carmen.
Siiiiii, ahora, más fuerte.
Una fuerte presión sentí en mi dedo pulgar que lo expulsó de su ano seguido de una gran masa de caca pastosa y de fuerte olor. Toda mi mano se llenó de ella. No me atrevía a sacarla del wc. Pasado un rato, Carmen se levantó del wc girándose de espaldas a mi.
¡Límpiame bien esclavo mío! Lo has hecho muy bien, creo que lo repetiremos en más de una ocasión. Me has proporcionado un orgasmo brutal.
Con mis manos fui limpiando su culo de su caca. Después se sentó en el bidé para que la lavara y secara.
Deja todo limpio perro. Si te apetece te autorizo a que te llenes de mi olor, pero no estás autorizado a probarla. ¿Entendido?
Si mi Ama.
Mientras Ellas salían del baño y se echaban en la cama yo procedí a limpiarlo todo y dejarlo preparado para Ellas. Como cerraron la puerta del baño al salir me dediqué a oler sus restos de caca una y otra vez. Tenía ganas de masturbarme a la vez que lo hacía pero no me atreví. Igualmente cuando me acercaba la mano llena de caca a mi nariz tuve deseos de lamerla y probar su sabor pero me lo había prohibido expresamente. Cuando todo estaba limpio a falta de tirar de la cisterna metí mi cara en el wc disfrutando un largo rato de su aroma.
¿Has terminado ya, perro?
Al oírlas salí inmediatamente del aseo presentándome ante Ellas.
Perro, has de saber que nunca imaginé que me llegara a gustar tanto el hacerlo. Merche si me había comentado en varias ocasiones que era algo que le encantaría probar pero siempre yo le negaba que pudiera atraerme. Pero esto es hasta hoy que lo he probado y que me ha encantado. Sobre todo el hecho de verte ahí arrodillado frente a mí mientras mi aroma te llenaba. Verte ahí lleno de mi caca es algo maravilloso e indescriptible. ¿Lo has disfrutado tu también?
Mucho mi Ama. El sentirme utilizado por usted para aliviar la presión de su intestino por estar todo lleno de algo tan intimo y tan suyo como es su caca me ha hecho sentir muy suyo. Solo puedo darle las gracias por permitírmelo.
Supongo que no la habrás probado, como te prohibí?
No mi Ama, no lo he hecho. Solo he de confesarle que si me he entretenido en oler su caca durante bastante tiempo.
Por to polla deduzco que te gustado mucho su olor.
Ni se lo imagina usted, mi Ama.
Bien ahora quiero que te duches, te laves bien que vamos a salir.
Me marché a mi habitación y me aseé muy bien con el fin de eliminar cualquier resto de caca de mis manos y mi cuerpo. Cuando iba a vestirme vi que sobre la cama había un tampón. Lo cogí y me fui hacía el dormitorio de mis Amas.
Mis Amas, he visto esto sobre mi cama y he supuesto que su deseo es que lo lleve puesto para salir.
Efectivamente, que listo eres, ja, ja, ja, Ponte en posición que te lo pongamos.
Me coloqué a cuatro patas de espaldas a Ellas con las piernas abiertas y estiradas para así facilitárselo mejor. Así me encontraba, esperando cuando sentí un fuerte latigazo en mi culo al que le siguió otro en mi espalda.
Sigue tu que voy a coger la fusta.
El látigo, con sus tiras de cuero, azotaba mi espalda y culo a la vez que lo hacía la fusta de mi Ama Merche. Toda mi piel se iba tornando rojiza y a la vez cada vez más sensible.
No creas que estamos enfadadas contigo. Todo lo contrario, es nuestra forma de agradecerte tu comportamiento con nosotras. ¿Lo entiendes así, esclavo?
Por supuesto y les doy las gracias por molestarse en agradecérmelo. Me hacen ser muy feliz a su lado.
Tras un buen rato de azotes las manos de Carmen se posaron en mis glúteos separándolos bien para que Merche introdujera el tampón en mi ano.
Estás precioso con ese hilito colgando de tu culo. Lo llevarás toda la tarde con nosotras. Ya puedes irte y terminar de arreglarte.
Mi ropa interior siempre componía de bragas faja de una talla menor que la mía para ir bien apretando. De la misma forma unas medias y un sujetador. Nada trascendía a la vista de la gente por la calle, pero si es cierto que me hacía sentir una auténtica puta, vestida y al lado de mis Amas. Ellas procuraban pasar sus manos por mi culo y por mi pecho, pellizcando mis pezones.
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